sábado, 29 de septiembre de 2012

Plegaria de un ángel

En homenaje a los Santos Arcángeles, en su día





Érase la melodía original
El tesoro mejor guardado.

Aliento del cielo,
intervalo de sombras,
curiosidad de ángeles,
dulce partitura dormida
en los bolsillos de Dios.

En confuso plenilunio
y a contraluz del alba,
se ha perdido un ángel remolón.

Ruega a la brisa, ruega al oriente
que el sueño no se apresure,
que no le acometan preces,
que la llovizna no sea lágrima,
que la lágrima no sea  noche,
y que, por una vez,
Dios toque el piano
a la hora en que en el cielo,
en la tierra y en los abismos,
toda rodilla se dobla.

Súplica esparcida al mar,
clamor del fuego.
Silencio de milagros,
arrestos de esperanza,
perdón y consuelo.

El ángel cree, espera y confía.

El piano envejece.

De pronto,
el mundo se ha vuelto hostil.

Lacrimosas teclas
sueltan penas al viento
que, de tanto gemir,
se ha hecho plegaria.

El ángel dormita acertijos.

El piano cree, espera y confía.

Un bolsillo
se abre en el cielo.
Tierna llovizna,
sagrado prodigio,
concierto inefable
en clave de soles.

El piano derrama su gracia.

De rodillas,
la creación enmudece.

El ángel es tiempo cumplido
entre los dedos de Dios.


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