lunes, 23 de marzo de 2015

Cinco visitas a Jesús Sacramentado



Primera visita – En vuestra presencia estoy, Señor, como un mendigo: dadme de limosna una parte de vuestra gracia.

Padre nuestro, Ave y gloria.

Segunda visita – En vuestra presencia estoy, Señor, como un reo delante de su juez; tened piedad de mí, perdonadme.

Padre nuestro, Ave y gloria.

Tercera visita – En vuestra presencia estoy, Señor, como un criado delante de su amo; dadme el alimento espiritual de vuestro cuerpo y sangre, y el vestido de caridad que cubra todos mis pecados.

Padre nuestro, Ave y gloria.

Cuarta Visita - En vuestra presencia estoy, Señor, como un amigo ante otro amigo; estrechadme con el lazo de vuestro divino amor, tan apretadamente que nunca me separe de Vos.

Padre nuestro, Ave y gloria.

Quinta Visita - En vuestra presencia estoy, Señor, como un hijo delante de su padre; no me neguéis la herencia paternal del cielo.

Padre nuestro, Ave y gloria.

Otro Padre nuestro, Ave y Gloria por las intenciones del Sumo Pontífice.

(300 días de indulgencia cada vez)

Tomado de “Mi guía espiritual: Devocionario popular” ordenado por los Padres Claretianos o Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, 3era edición, Editorial Claretiana, 1941



jueves, 19 de marzo de 2015

LOS SIETE DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

 "A otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; el Glorioso San José, tengo experiencia,  que socorre en todas. Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no creyere y verá por experiencia cuan gran bien es recomendarse a ese glorioso Patriarca y tenerle devoción". 
                             (Sta. Teresa de Jesús)


Oración a san José, protector de las familias

Glorioso San José, protector, modelo y guía
de las familias cristianas: 
Te ruego protejas a la mía.
Haz reinar en ella el espíritu de fe y de religión, 
la fidelidad a los mandamientos de Dios y de la Iglesia, 
la paz y la unión de los hijos, 
el desprendimiento de los bienes temporales 
y el amor a los asuntos del cielo.
Dígnate velar sobre todos nuestros intereses.
Ruega al Señor que bendiga nuestra casa.
Otorga la paz a la familia, 
acierto a los hijos en la elección de estado.
Concede a todos los miembros de nuestra
familia y de todas las familias de la tierra, la
gracia de vivir y morir en el amor de Jesús y
de María. Amén.


SIETE DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ
 I
¡Oh castísimo esposo de María Santísima, glorioso San José!, así como fue grande la aflicción y la angustia de vuestro corazón en la perplejidad de abandonar a vuestra purísima Esposa, así fue de inefable la alegría de cuando el Ángel os reveló el soberano misterio de la Encarnación. Por este dolor y este gozo os pedimos que consoléis nuestra alma ahora y en nuestros últimos dolores con la alegría de una vida justa y de una santa muerte semejante a la vuestra, asistidos de Jesús y María.  

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…


II
!Oh felicísimo Patriarca, glorioso San José, que fuisteis escogido para padre adoptivo del Verbo humanado!, el dolor que sentisteis viendo nacer al Niño Jesús en tanta pobreza se trocó súbitamente en celestial alegría al oír la armonía de los ángeles y ver la gloria de aquella noche tan resplandeciente. Por este dolor y este gozo os suplicamos nos alcancéis que, después del camino de esta vida, vayamos a escuchar las alabanzas de los ángeles y a gozar de los resplandores de la gloria celestial.  

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…


III

¡Oh ejecutor obedientísimo de las leyes divinas, glorioso San José, la sangre preciosísima que el Niño Redentor derramó en la Circuncisión os traspasó el corazón; mas el nombre de Jesús os lo confortó, llenándole de alegría. Por este dolor y este gozo alcanzadnos que, quitando de nosotros todo pecado en esta vida, expiremos gozosos, con el nombre santísimo de Jesús en el corazón y en los labios.  

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…


IV
¡Oh fidelísimo Santo, que tomasteis parte en los misterios de nuestra Redención, glorioso San José!, si la profecía de Simeón sobre lo que Jesús y María habían de padecer os causó una pena mortal, os colmó también de un santo gozo anunciándoos la salvación y resurrección que de ahí se seguiría para innumerables almas. Por este dolor y este gozo, alcanzadnos que seamos del número de aquellos que por los méritos de Jesús y la intercesión de la Virgen Madre, han de resucitar gloriosamente.  

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria...


V

¡Oh vigilantísimo Custodio del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José!, ¡cuánto padecisteis en sustentar y servir al Hijo del Altísimo, particularmente cuando tuvisteis que huir a Egipto! Pero, ¡cuánto también gozasteis teniendo siempre con Vos al mismo Dios, y viendo derribarse por tierra los ídolos de los egipcios! Por este dolor y este gozo, alcanzadnos que teniendo lejos de nosotros al tirano infernal, especialmente con huir de las ocasiones peligrosas, caiga de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, y ocupados del todo en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para ellos y muramos felizmente.  

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…


VI
!Oh Ángel de la tierra, glorioso San José !, que admirasteis al Rey del Cielo sujeto a vuestras órdenes: si vuestro gozo al traerle de Egipto se turbó con el temor de Arquelao, tranquilizado después por el Ángel, vivisteis gozoso en Nazaret con Jesús y María. Por este dolor y este gozo, alcanzadnos que, libre nuestro corazón de temores nocivos, gocemos de la paz de la conciencia, vivamos seguros con Jesús y María, y muramos en su compañía.  

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…


VII

!Oh modelo de toda santidad, glorioso San José!, perdido que hubisteis, sin culpa vuestra, al Niño Jesús, le buscasteis, para mayor dolor, durante tres días, y al cabo os gozasteis con sumo júbilo al hallarlo en el templo entre los doctores. Por este dolor y este gozo os suplicamos entrañablemente intercedáis para que no nos suceda jamás perder a Jesús por culpa grave; mas si, por desgracia, lo perdiésemos, haced que lo busquemos con incansable dolor, hasta hallarlo favorable, sobre todo, en nuestra muerte, para ir a gozarle en el Cielo y cantar eternamente con Vos sus divinas misericordias.

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…



lunes, 9 de marzo de 2015

Novena al Espíritu Santo


¿Quién es el Espíritu Santo?


El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, que procede del Padre y del Hijo, quienes lo enviaron al mundo para vivificar y santificar a los hombres.

El nos santifica por medio de la gracia, de las virtudes y de sus dones.
Los dones del Espíritu Santo son disposiciones permanentes, infundidas por Dios, que hacen al hombre dócil, para seguir los impulsos del Espíritu Santo.

¿Cuáles son los dones del Espíritu Santo?

Los dones son: SABIDURÍA, ENTENDIMIENTO, CONSEJO, FORTALEZA, CIENCIA, PIEDAD, Y TEMOR DE DIOS.




Novena al Espíritu Santo


Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. 
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.


Oraciones para empezar todos los días


¡Dios mío! Dios de amor y de verdad. Autor de la santificación de nuestras almas, postrado humildemente ante vuestra soberana Majestad, detesto en la amargura de mi corazón todos mis pecados, como ofensas hechas a Vos, digno de ser amado sobre todas las cesas. ¡Oh bondad infinita!

¡Quién jamás os hubiera ofendido! Perdonadme, Señor, Dios de gracia y de misericordia, perdonadme mis continuas infidelidades; el no haber tenido valor para ejecutar cosa alguna buena, después que tantas veces vuestra misericordia y gracia me han solicitado, reprendido, amenazado e inspirado amorosamente.

Me pesa, me arrepiento de la ingrata correspondencia e indigna ceguedad con que he resistido incesantemente a vuestros dulces y divinos llamamientos. Mas propongo firmemente con vuestro auxilio de no ser ya rebelde a Vos, de seguir en adelante vuestras tiernas inspiraciones con suma docilidad. A este fin, alumbrad, oh fuente de luz, mi entendimiento, fortaleced mi voluntad, purificad mi corazón, arreglad todos mis pensamientos, deseos y afectos, y hacedme digno de gustar los frutos bienaventurados que vuestros dones producen en las almas que os poseen. Concededme las gracias que os pido en esta Novena, si han de ser para mayor gloria vuestra, y para que yo os vea, ame y alabe sin fin en vuestra gloria. Amén.


Invocación al Espíritu Santo


Ven a nuestras almas
¡ Oh Espíritu Santo!
y del cielo envía
de tu luz un rayo.

Ven, padre de pobres,
ven, de dones franco,
ven, de corazones
lucido reparo.

Ven, consolador,
dulce y soberano,
huésped de las almas,
suave regalo.

En los contratiempos
descanso al trabajo,
templanza en lo ardiente
consuelo en el llanto.

Santísima luz de
todo cristiano,
lo intimo del pecho,
llena de amor casto.

En el hombre nada
se halla sin tu amparo,
y nada haber puede
sin Ti, puro y santo.

Con tus aguas puras
lava lo manchado,
riega lo que es seco
pon lo enfermo sano.

Al corazón duro
doblegue tu mano,
y ablande las almas
que manchó el pecado.

Vuelve al buen camino
al extraviado,
y al helado enciende
en tu fuego santo.

Concede a tus fieles
en Ti confiados
de tus altos dones
sacro setenario.

Aumento en virtudes
haz que merezcamos,
del eterno gozo
el feliz descanso.
Amén.



Oraciones finales para todos los días
(excepto el último día)



Himno al Espíritu Santo

¡Ven, oh Creador Espíritu!
nuestras almas visitad,
los pechos, que Vos criasteis,
llene gracia celestial.

Pues sois Paráclito Espíritu,
Don del Padre celestial,
fuente viva, sacro fuego,
unción santa, espiritual.

En tus dones setiforrnes,
tu promesa paternal,
dedo eterno de Dios Padre
nuestras lenguas inflamad.

Ilustrad nuestros sentidos,
el corazón inflamad,
nuestros cuerpos, que son flacos,
con vuestra virtud armad.

Apartad los enemigos,
danos la divina paz
y siendo Vos nuestra guía
huyamos toda maldad.

Par Vos al Padre y al Hijo,
en esta vida mortal
conozcamos, y creamos
siempre tu Divinidad.

A Dios PADRE sea gloria,
al HIJO gloria inmortal
y al Espíritu PARÁCLITO
por toda la Eternidad.
Amén.

Oración


¡Oh Espíritu Santo! Divinísimo consolador de mi alma, fuego, luz y celestial ardor de los corazones humanos, si es para gloria de vuestra Majestad que yo consiga lo que deseo y pido en este día, dignáos concedérmelo benignamente; y sino dirigid mi petición, dándome las gracias que ha de ser para vuestra mayor gloria y bien de la salvación de mi alma. Amén.

Ahora cada uno se recogerá interiormente y pedirá la gracia que más necesite. Hecha la petición, se concluirá todos los días con antífona, verso, respuesta y oración siguientes:

Antífona

No os dejaré huérfanos, aleluya; voy y vengo a vosotros, aleluya; y se alegrará vuestro corazón, aleluya, aleluya.

V. Enviad, Señor, vuestro Santo Espirito, y serán creados.
R. Y renovaréis la faz de la tierra.

Oración

Oh Dios, que habéis instruido los corazones de los fieles con la ilustración del Espíritu Santo, dadnos el sentir rectamente con este mismo Espíritu, y gozar siempre de su consolación. Por Jesucristo Señor nuestro, tu Hijo, que vive contigo y reina en la unidad del mismo Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

A continuación,  rezar la oración del día que corresponda:


Día Primero

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Fuente viva de divinas aguas que, en la creación del mundo, santificasteis las inmensas que rodeaban el mundo y las aguas del Jordán en el bautismo de Jesucristo, Señor nuestro; yo os suplico que seáis en mi espíritu, tan árido y seco, la Sagrada fuente de aguas vivas, que jamás se agote y salte hasta la vida eterna; y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días.

Día Segundo

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Que haciendo sombra con vuestra virtud altísima a la purísima Virgen María, y llenándola al mismo tiempo de gracia, obrasteis de un modo inefable y omnipotente la obra infinita de la Encarnación del Verbo eterno, en el seno virginal de vuestra celestial Esposa: haced sombra a mi alma y concededme la gracia necesaria para que yo sea digno de recibir al mismo Verbo divino hecho hombre y sacramentado por mi amor, y también la especial que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra, y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días

Día Tercero

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Celestial paloma que, abriendo de par en par los cielos, bajasteis sobre Jesús ya bautizado en el Jordán, simbolizando: que desde cl momento en que tomó la naturaleza humana, habitaba en él la plenitud de la Divinidad; bajad sobre la mía pobre y miserable y llenadla del don de sabiduría de consejo, de entendimiento y fortaleza, de ciencia, piedad y temor de Dios; y dadme la gracia que pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días.

Día Cuarto

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Nube lúcida que haciendo en el Tabor sombra a Jesús transfigurado y glorioso, ilustrasteis aquel Santo monte, y amparasteis en su excesivo temor a los Apóstoles, comunicándoles después de la Ascensión de su Divino Maestro mucha luz, fervor y gracia; ilustrad, proteged y fecundad mi alma para que yo sea digno discípulo de Jesús, y dadme la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días.

Día Quinto

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Suave viento que llenó el Cenáculo y dio fuerza y valor a los corazones de cuantos os esperaban, orando fervorosamente unidos con una alma y un corazón: ocupad ¡oh Espíritu de vida y amor! toda la casa de mi pequeño espíritu, mí memoria, entendimiento y voluntad: y dadme la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días.

Día Sexto

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

Oh Espíritu Santo! Luz clarísima que ilustró el entendimiento de los santos Apóstoles, comunicándoles, como Sol divino, toda la luz que necesitaban para su perfección y para la conversión del mundo: llenad ¡oh luz beatísima! todos los senos tenebrosos de mi interior, para que os conozca y dé a conocer a todo el mundo; y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días.

Día Séptimo

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Sagrado fuego que apareciendo visible sobre los Apóstoles el día de Pentecostés, inflamasteis divinamente sus corazones para que, abrasados en vuestro amor, encendiesen después a todo el mundo en las mismas sagradas llamas: encended en vuestros santísimos ardores mi corazón helado, para que, abrasado mi espíritu en ellos, encienda en vuestro divino amor a cuantos tratare; y dadme la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días.

Día Octavo

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Llama ardiente de caridad que con el fuego de vuestro amor inflamando el corazón de los santos Apóstoles y de todos los hombres Apostólicos, les comunicasteis el don de lenguas para la conversión del mundo; inflamad sagrado fuego de amor a mi corazón y mi lengua para que siempre hable gobernado por vuestro Espíritu, y fervoroso en la caridad, inflame a todos para que observen fielmente vuestros divinos mandamientos; y dadme la gracia que pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días.


Día Noveno

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Caridad esencial que, difundida en los corazones humanos, los divinizáis comunicándoles todas las divinas gracias que se incluyen en nuestros siete dones, y comprenden cuanto necesita la vida espiritual, propia de cada uno, y la que deseáis se comunique a todos los hombres: difundidlos, ¡oh Caridad santísima! en mi corazón tan pobre de vuestros siete dones, y que con ellos publique vuestras grandezas. ¡Oh Dios misericordioso! Vos, que antiguamente llenasteis en este dichoso día los pechos apostólicos de vuestra gracia, llenad los nuestros de vuestros divinos carismas, concedednos tranquilos tiempos, confirmad las gracias que os hemos pedido en esta Novena, si son para mayor gloria vuestra y bien de nuestras almas. Amén.

Después de esta oración, en lugar de la antífona, verso, respuesta y oración de todos los días, se dirán las siguientes:

Antífona para el día noveno: 
Hoy se completaron los días de Pentecostés, aleluya; hoy se reproducen los felices gozos, cuando el Espíritu Consolador bajó sobre sus Apóstoles, aleluya; hoy, rayando el resplandor del divino fuego, reposó el Espíritu Santo en forma de lenguas sobre ellos, aleluya; hoy les hace fecundos en palabras, les inflama de su amor y les llena de´ sus innumerables carismas, aleluya, aleluya.

V. Fueron todos llenos del Espíritu Santo, aleluya.
R. Y comenzaron a hablar en varias lenguas, aleluya.

Oración

Oh Dios, que habéis instruido en este día los Corazones de los fieles con la ilustración del Espíritu Santo, dadme el sentir rectamente con este mismo Espíritu, y gozar siempre de su consolación. Por Jesucristo Señor nuestro, tu Hijo, que vive contigo y reina en la unidad del mismo Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

martes, 3 de marzo de 2015

ORACIÓN A LA LLAGA DEL HOMBRO DE JESÚS


Preguntando San Bernardo al Divino Redentor, 
cuál fue el dolor que más sufrió en la Pasión 
y más desconocido por los hombres, 
Jesús le respondió:

"Yo tenía una llaga profundísima en el hombro sobre el cual cargué mi pesada cruz; esa llaga era la más dolorosa de todas. Los hombres no la conocen. Honrad pues esta llaga y haré todo lo que por ella pidas".

ORACIÓN


¡Oh, Amado Jesús! Manso Cordero de Dios, a pesar de ser yo una criatura miserable y pecadora, te adoro y venero esa llaga causada por el peso de tu Cruz, que abriendo tus carnes, desnudó los huesos de tu Hombro Sagrado y de la cual tu Madre Dolorosa tanto se compadeció. También yo, oh carísimo Jesús, me compadezco de Vos y desde el fondo de mi corazón te glorifico y te agradezco por esa llaga dolorosa de tu Hombro en la que quisiste cargar tu Cruz por mi salvación. ¡Ah!, por los sufrimientos que padeciste y que aumentaron el enorme peso de tu Cruz, ruégote con mucha humildad, ten piedad de mí, pobre criatura pecadora, perdona mis pecados y conducidme al cielo por el camino de la Cruz. 

Se rezan siete Avemarías y se agrega:


"Madre santísima, 
imprime en mi corazón 
las llagas de Jesucristo crucificado".

(Indulgencia de 200 días cada vez)



"¡Oh dulcísimo Jesús!, no seas mi juez, sí mi Salvador".

(Indulgencia de 100 días cada vez)


lunes, 2 de marzo de 2015

Virgen de Medjugorje - Mensaje del 2 de marzo de 2015

Mensaje del 2 de marzo de 2015

“Queridos hijos, vosotros sois mi fuerza. Vosotros, apóstoles míos, que con vuestro amor, humildad y el silencio de la oración, hacéis que mi Hijo sea conocido. Vosotros vivís en mí. Vosotros me lleváis en vuestro corazón. Vosotros sabéis que tenéis una Madre que os ama y que ha venido a traer amor. Os miro en el Padre Celestial, miro vuestros pensamientos, vuestros dolores, vuestros sufrimientos y se los presento a mi Hijo. No tengáis miedo, no perdáis la esperanza, porque mi Hijo escucha a su Madre. Él ama desde que nació, y yo deseo que todos mis hijos conozcan este amor; que regresen a Él quienes, a causa del dolor e incomprensión, lo han abandonado, y que lo conozcan todos aquellos que jamás lo han conocido. Por eso vosotros estáis aquí, apóstoles míos, y yo como Madre, estoy con vosotros. Orad para que tengáis la firmeza de la fe, porque el amor y la misericordia provienen de una fe firme. Por medio del amor y de la misericordia, ayudaréis a todos aquellos que no son conscientes de que eligen las tinieblas en lugar de la luz. Orad por vuestros pastores, porque ellos son la fuerza de la Iglesia que mi Hijo os ha dejado. Por medio de mi Hijo ellos son los pastores de las almas. ¡Os doy las gracias!”


viernes, 27 de febrero de 2015

Claves para vivir la Cuaresma



1. Acudir a la confesión
La Cuaresma es un muy buen momento del año para llevar a cabo una confesión preparada y de corazón. Revisa los mandamientos de Dios y de la Iglesia para poder hacer una buena confesión. Ayúdate de un libro para estructurar tu confesión. Busca el tiempo para llevarla a cabo.


2. Conversión del corazón
Analiza tu conducta para conocer en qué estás fallando. Establece propósitos para cumplir día a día y revisa en la noche si los lograste. Recuerda no ponerte demasiados porque te va a ser muy difícil cumplirlos todos. Que sean pocos, claros, posibles y, sobre todo, medibles. Que al final del día puedas ver claramente si los cumpliste o no.
Descubre o potencia una virtud y traza un plan para crecer en ella. Hay que subir las escaleras de un escalón en un escalón, no se puede subir toda de un brinco.


3. Sacrificios para vivir la caridad
La palabra sacrificio viene del latín “sacrum-facere”, que significa "hacer sagrado". Entonces, hacer un sacrificio es hacer una cosa sagrada, es decir, ofrecerla a Dios por amor. Hacer sacrificio es ofrecer a Dios, porque lo amas, cosas que te cuestan trabajo.
Por ejemplo, ser amable con el vecino que no te simpatiza o ayudar a otro en su trabajo. A cada uno de nosotros hay algo que nos cuesta trabajo hacer en la vida de todos los días. Si esto se lo ofrecemos a Dios por amor, estamos haciendo sacrificio.


4. Sé amigo de Dios
Aprovecha estos días para orar, para platicar con Dios, para decirle que lo quieres y que quieres estar con Él. Te puedes ayudar de un buen libro de meditación para Cuaresma. Puedes leer en la Biblia pasajes relacionados con la Cuaresma o meditar los salmos.



Read more: http://www.ewtnnoticias.com/noticias-catolicas/noticia.php?id=34758#ixzz3SuvBkq2w

jueves, 26 de febrero de 2015

Virgen de Medjugorje - Mensaje del 25 de febrero de 2015


Mensaje del 25 de febrero de 2015


“Queridos hijos, en este tiempo de gracia, os invito a todos: orad más y hablad menos. En la oración buscad la voluntad de Dios y vividla según los Mandamientos a los que Dios os invita. Yo estoy con vosotros y oro con vosotros. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”

domingo, 15 de febrero de 2015

LAS TRES MISERICORDIAS Y LAS CUATRO COMPASIONES - San Bernardo de Claraval



Sermón de San Bernardo de Claraval

1. ¡Perdóname, Señor, por tu inmensa misericordia! Así como hay pecados leves, medianos y graves, también existe la misericordia pequeña, mediana y grande. Un gran pecador necesita una gran misericordia, para que donde abundó el pecado sobreabunde la gracia. Una misericordia pequeña es para mí la penitencia, por la que, en vez de castigar al punto al pecador, se espera que haga penitencia. Es pequeña, pero no en sí misma, sino comparada con otras. Porque la paciencia del Señor es muy grande, una misericordia incalculable. Cuando pecó el ángel no esperó ni un momento y lo arrojó del cielo; y al primer hombre tampoco le consintió el pecar, sino que lo expulsó inmediatamente del paraíso.

 Ahora, en cambio, espera y tolera; espera diez, veinte años y hasta la vejez y las canas. Si pensamos cuántos y cuán graves pecados se cometen cada día, ¿no nos parecerán leves aquellos que recibieron una sentencia fulminante? No es de extrañar que el Profeta por poco diera un mal paso, y casi resbalaran sus pisadas al envidiar a los perversos y ver prosperar a los malvados que no cesan de gritar: ¿Es que Dios lo va a saber o se va a enterar el Altísimo? Pero contamos con la gracia de la cruz de Cristo y con su fuerza: Por mi vida, dice el Señor, que no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. A mi entender, esto es lo que dice Cristo resucitado: lo quiera o no lo quiera el judío, yo vivo; y no quiero la muerte del pecador, porque quise morir por los pecadores; quiero que mi muerte sea fecunda, y por ella abunde la redención.

2. Esta misericordia del Señor, por la que se muestra lento en castigar y pronto a perdonar, repito que no es pequeña en sí misma, sino comprada con las otras; y es que ella sola es incapaz de salvar, e incluso agrava la sentencia de condenación, como está escrito: Esto hiciste y callé. Escuchemos el trueno terrible del Apóstol: ¿Desprecias la grandeza de la benignidad y tolerancia de Dios? ¿No te das cuenta de que la paciencia de Dios te está empujando a la penitencia? Con la dureza de tu corazón impenitente estás acumulando tesoros de cólera para el día de la cólera. Dice que acumulas tesoros de cólera a cambio de los tesoros de misericordia que desprecias, y anulas en ti la misericordia de Dios. ¿Cuál es el motivo? Tu dureza y tu corazón impenitente. ¿Quién será capaz de cortar esa dureza, sino el que al morir quebró las rocas? ¿Quién concederá un corazón arrepentido, sino aquel de quienes proceden los dones más valiosos?

3. Esta es la segunda misericordia, mucho mayor que la anterior, ya que impide que sea infructuosa y se convierta en condena mortal. Concede la penitencia, sin la cual la paciencia de Dios, en lugar de aprovecharnos, nos perjudica mucho. Y puede ser suficiente para los pecados leves, porque el arrepentimiento de cada día basta para salvarnos de todo eso que no podemos evitar mientras vivimos en este mundo pecador. Pero en los pecados más graves, y en aquellos que llevan a la muerte, además de la penitencia se requiere también la continencia. Es muy difícil arrancarse de la cerviz el yugo del pecado previamente aceptado, y sólo es posible con el poder de Dios. Porque quien comete el pecado es esclavo del pecado, y sólo una mano más fuerte puede librarle de él. 

4. Esta es la gran misericordia, indispensable a los grandes pecadores, como dice la Escritura: Perdóname, Señor, por tu inmensa misericordia y por la multitud de tus compasiones, etcétera. Se ha dicho que las cuatro hijas de la inmensa misericordia son: reunir la amargura, evitar la ocasión, dar fuerza para resistir y curar los afectos. 

A veces el Señor infunde piadosamente cierta amargura en el que está encadenado al pecado, y por ese medio ocupa su espíritu y va ocupando los nefastos deleites del pecado. Otras veces le priva de las ocasiones, y no permite que su debilidad sufra la tentación. Otras le concede fuerzas para resistir; lo cual es mucho mejor, pues aunque siente la tentación es capaz de enfrentarse varonilmente y no consentir. Y otras veces sana el afecto -y esto es lo más perfecto-con lo que se arranca de toda raíz toda tentación, porque de esa manera ni se consiente ni se siente. 

RESUMEN
Cristo es misericordioso y no busca la muerte del pecador sino su conversión. Lo espera con paciencia. 

Esa paciencia se manifiesta también en el origen de nuestro deseo de arrepentimiento y agrava la situación del que la rechaza.

La primera misericordia es la paciencia de Dios. La segunda es el deseo de penitencia. La tercera, y mayor, es darnos fuerza para combatir el pecado, ya sea aumentando nuestro ánimo, evitando la ocasión o con la fuerza de la amargura que desplaza a  otros sentimientos. 

miércoles, 11 de febrero de 2015