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sábado, 5 de enero de 2019

Epifanía del Señor

LECTIO DIVINA: EPIFANÍA DEL SEÑOR


Lectio: 
 Domingo, 6 Enero, 2019
Visita de los Reyes de Oriente Mateo 2,1-12
1. En silencio delante de Dios
La escucha orante de la Palabra exige atención, exige que tu escuchar esté orientado a Dios sólo, con toda la disponibilidad de la que es capaz tu corazón. La calidad de la oración depende mucho de la atención que pongamos. Se ha dicho que la atención es “la esencia de la oración”. Si tu búsqueda de Dios es sincera, honesta, correcta, no podrás menos que encontrar a Dios. Hoy, en este domingo en el que Dios se manifiesta como luz de los hombres, queremos pedir al Señor “la pasión de escucharlo” con las palabras de la Beata Isabel de la Trinidad: “¡Oh Verbo eterno!, Palabra de mi Dios, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero hacerme toda docilidad para aprender todo de Vos. Luego, a través de todas las noches, todos los vacíos, todas las impotencias, quiero estar siempre pendiente de Vos y permanecer bajo vuestra gran Luz” (Elevación a la Santísima Trinidad, 21 noviembre 1904)
2. La Palabra se ilumina
a) El contexto del pasaje:
Si en el primer capítulo del evangelio de Mateo el intento del evangelista es mostrar la identidad de Jesús (quién es Jesús), en el segundo, el misterio de la figura de Jesús viene engarzado con algunos lugares que señalan el comienzo de su vida terrestre.
El pasaje litúrgico de este domingo contiene el principio del capítulo 2 de Mateo (2,1-29) al que le siguen otros tres cuadros narrativos: la fuga a Egipto (2,13-15): la matanza de los inocentes (2,16-18) y el regreso a Egipto (2,1923).
Para una mejor comprensión del mensaje en 2,1-13 resulta más provechoso subdividir el relato de los Magos en dos partes siguiendo el criterio de los cambios de lugar: Jerusalén (2,1-6) y Belén (2, 7-12). Debemos aclarar que en el corazón de la historia de los Magos encontramos una cita bíblica que focaliza la importancia de Belén en este período de la infancia de Jesús. “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá: pues de ti, saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo, Israel” (Mt 2,6).
Las dos ciudades constituyen el fondo de esta epopeya de los Magos y están unidas por dos hilos temáticos: la estrella (vv 2.7.9.10) y la adoración del Niño (vv 2.11).
b) El texto:
1 Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, 2 diciendo: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.» 3 Al oírlo el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. 4Convocando a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, les preguntaba dónde había de nacer el Cristo. 5 Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta:
6 Y tú, Belén, tierra de Judá,no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá;porque de ti saldrá un caudilloque apacentará a mi pueblo Israel.»7 Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. 8 Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.» 9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. 11 Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. 12 Y, avisados en sueños que no volvieran a Herodes, se retiraron a su país por otro camino.
3. En silencio delante de Dios
Sitúate con sencillez delante de Dios, inmerso en un profundo silencio interior; deja aparte toda otra consideración curiosa de pensamiento o imaginación; abre tu corazón a la fuerza de la Palabra de Dios.
4. Para una lectura atenta
a) El simbolismo de la estrella:
Los Magos, astrólogos orientales, dedicados a la astrología y a la predicción del destino, a veces interrogaban a los astros. Ahora, llegados a Jerusalén dicen que han “visto su estrella en su levantar”. El término “levantar”, en griego anatolê, significa, sin artículo, el Oriente (el punto cardinal por donde se levanta el sol); pero en el texto griego está el artículo y esto significa el surgir de un verdadero y propio astro. La confirmación de esto nos viene dada por un texto bíblico: “surgirá un astro de Jacob y se levantará un hombre de Israel” (Num 24,17). La estrella se convierte en figura del nuevo rey apenas nacido y les guía al lugar donde ha nacido y se encuentra. Interesante es anotar que esta estrella, no es visible en Jerusalén, sino que vuelve a aparecer a los Magos mientras ellos se alejan de la ciudad. La estrella es, verdaderamente el elemento más significativo del relato.
Primero de todo, los Magos en su largo caminar no han seguido a la estrella, sino más bien la han visto levantarse y enseguida la han asociado con el nacimiento del Mesías. Además el viaje no era hacia lo desconocido, sino que tenía como meta a Jerusalén, la ciudad a la cual acuden en peregrinación todos los pueblos de la tierra según el profeta Isaías.
La ciudad, a esta noticia de los Magos que vienen para adorar al Mesías, se conturba y se agita. Los habitantes de Jerusalén no parecen muy entusiastas y no se preocupan lo más mínimo de rendir homenaje al “nacido rey de los judíos”. Sino que, para colmo, Herodes proyecta matarlo.
Aunque en Is 1-6 la ciudad de Jerusalén está llamada a “levantarse y acoger la gloria del Señor”, ahora en Mateo se asiste a una reacción de rechazo por parte del rey y de Jerusalén con relación al Mesías nacido en Belén. Tal conducta prefigura el comienzo de las hostilidades que llevarán a Jesús a ser condenado precisamente en Jerusalén. No obstante tal reacción, que impide a los Magos acercarse a la salvación precisamente en la ciudad elegida para ser instrumento de comunión de todos los pueblos de la tierra con Dios, los acontecimientos del nacimiento de Jesús se trasladan a Belén. Dios que guía los sucesos de la historia hace que se vayan de Jerusalén los Magos, que se pongan en camino y encuentren al Mesías, en la ciudad que fue patria de David, Belén. En esta ciudad David había recibido la investidura real con la unción dada por Samuel, ahora, por el contrario, el nuevo rey recibe una investidura divina: no con óleo, sino en el Espíritu Santo (1,18.20). A esta ciudad suben ahora los pueblos, representados por los magos, para contemplar el Emmanuel, el Dios con nosotros, y para hacer experiencia de paz y de fe...
b) El simbolismo del camino de los magos:
i) Un camino lleno de dificultades, pero al final termina con éxito
El motor de su itinerario es el aparecer de una estrella, asociada enseguida al nacimiento de un nuevo rey: “ hemos visto su estrella en el Oriente” . La estrella es aquí sólo una señal, un indicio que comunica a los Magos la iniciativa de ponerse en camino. Al principio puede ser que estén movidos por la curiosidad, pero enseguida esta curiosidad se transformará en deseo de búsqueda y descubrimiento. Se da el hecho que aquel indicio de la estrella ha conmovido a los personajes y los ha empujado a buscar para encontrar una respuesta: ¿quizás a un profundo deseo? ¡Quién lo sabe! El texto muestra que los Magos tienen en el corazón una pregunta y que no temen repetirla, haciéndose inoportunos: “¿Dónde está el rey de los Judíos?”
La pregunta se la hacen al rey Herodes e, indirectamente, a la ciudad de Jerusalén. La respuesta viene dada por los expertos, sumos sacerdotes, escribas: es necesario buscar el nuevo rey en Belén de Judá, porque así lo ha profetizado Isaías: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no , la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel” (Mt 2,6). El texto profético sale al encuentro de las dificultades de los Magos: la Palabra de Dios se convierte en luz para su camino.
En fuerza de aquella información, sacada de la profecía isaiana, y confortados por el reaparecer de la estrella los Magos emprenden de nuevo el camino teniendo como meta, Belén. La estrella que los guía se para sobre la casa en la que se encuentra Jesús. Es extraño que los que viven en Belén o en los alrededores de la casa en la que se encuentra Jesús no vean aquella señal. Además, aquellos que poseen la ciencia de las Escrituras conocen la noticia del nacimiento del nuevo rey de Israel, pero no se mueven para ir a buscarlo. Al contrario, la pregunta de los Magos había, más bien, provocado en sus corazones miedo y turbación. En definitiva, aquellos que están cerca del acontecimiento del nacimiento de Jesús no se dan cuenta de los acaecido, mientras los lejanos, después de haber recorrido un accidentado camino, al final encuentran lo que buscaban. Pero, en realidad, ¿qué es lo que ven los ojos de los Magos? Un niño con su madre, dentro de una pobre casa. El astro que los acompañaba era aquel sencillo y pobre niño, en el cual reconocen al rey de los Judíos.
Se postran delante de Él y le ofrecen dones simbólicos: oro ( porque se trata de un rey); el incienso ( porque detrás de la humanidad del niño está presente la divinidad); mirra ( aquel astro es un hombre auténtico destinado a morir).
ii) El camino de los Magos: un camino de fe:
No es errado pensar, que lo realizado por los Magos haya sido un auténtico camino de fe, mucho más, ha sido el itinerario de aquéllos que, aunque no pertenecen al pueblo elegido, han encontrado a Cristo. Al comienzo de un camino hay siempre una señal que pide ser vista allí donde todo hombre vive y trabaja. Los Magos han escrutado el cielo, para la Biblia sede de la divinidad, y de allí han tenido una señal: una estrella. Pero para comenzar el recorrido de fe no basta escrutar los signos de la presencia de lo divino. Un signo tiene la función de suscitar el deseo, que necesita para realizarse un arco de tiempo, un camino de búsqueda, una espera. Es significativa la expresión con la que Edith Stein describe su camino de fe: “Dios es la verdad. Quien busca la verdad, busca a Dios, conscientemente o no”.
Un verdadero deseo provoca preguntas. Los Magos, por su parte, encuentran a Jesús porque tienen en su corazón fuertes interrogantes. Tal experiencia del encuentro con Jesús es, verdaderamente, una provocación para la pastoral: se impone la necesidad de no privilegiar una catequesis hecha de certezas o preocupada por ofrecer respuestas prefabricadas, cuanto de despertar en el hombre de hoy preguntas significativas sobre cuestiones cruciales de la humanidad. Es lo que sugiere un obispo del centro de Italia en una carta pastoral: “Presentar a Cristo y al Evangelio en conexión con los problemas fundamentales de la existencia humana (vida-muerte, pecado–mal; justicia-pobreza, esperanza-desilusión, amor–odio, relaciones interpersonales familiares, sociales, internacionales...), donde se evita lo desfasado entre las preguntas de la humanidad y nuestras respuestas”. (Mons. Lucio María Renna, O.Carm.)
La respuesta, como nos enseña la experiencia de los Magos, se encuentra en la Biblia. Y no se trata sólo de un conocimiento intelectual o de un saber acerca del contenido de las Escrituras, como en el caso de los escribas, sino en un acercarse a ella guiado por el deseo, por la pregunta. Para los Magos aquella indicación contenida en las S. Escrituras fue iluminadora para cumplir la última etapa de su camino: Belén. Además la Palabra de Dios les permitió ver en los sencillos y humildes signos de una casa, del niño con María, su madre, al rey de los judíos, el esperado de Israel.
Los Magos adoran y descubren en Jesús a aquel que habían con tanta ansia buscado. El lector, por un lado se sorprenderá por la desproporción existente entre los gestos y dones de los Magos y la humilde realidad que se presenta a sus ojos; pero, por otra parte, está seguro que aquel niño, que los Magos adoran es precisamente el Hijo de Dios, el esperado Salvador del mundo. Y así el itinerario se convierte en itinerario de todo lector que lee esta significativa historia de los Magos: quien busca, aunque parezca que Dios está lejos, puede encontrarlo. Aquéllos que, por el contrario, presumen de saber todo de Dios y creen tener asegurada la salvación, corren nel riesgo de privarse del encuentro con Él. En una catequesis habida en Colonia con ocasión de la XX Jornada de la Juventud así se expresaba el arzobispo Bruno Forte: “los Magos representan a todos los buscadores de la verdad, listos a vivir la existencia como un éxodo, en camino hacia el encuentro con la luz que viene de lo alto”
Además la experiencia de los Magos nos enseña que en toda cultura, en todo hombre hay esperanzas profundas que necesitan ser saciadas. De aquí la responsabilidad de leer los signos de Dios presentes en la historia de los hombres.
5. Para meditar
- Después de la lectura de este pasaje del evangelio ¿estoy disponible a revivir el camino de los Magos?
- ¿Qué dificultades encuentras en el profundo conocimiento de Jesucristo? ¿Cómo puedes superarlas?
- En tu búsqueda de la verdad ¿sabes confiarte, ponerte en camino y a la escucha de Dios?
- A la luz de la Palabra, ¿qué cosa puede cambiar en tu vida?
6. Salmo 72,1-11
Es un salmo real, compuesto para festejar al rey en el día de su subida al trono. La primitiva comunidad cristiana no ha tenido ninguna clase de dudas en ver en estas imágenes el retrato del Mesías.
Confía, oh Dios, tu juicio al rey,
al hijo de rey tu justicia:
que gobierne rectamente a tu pueblo,
a tus humildes con equidad.
Produzcan los montes abundancia,
justicia para el pueblo los collados.
Defenderá a los humildes del pueblo,
salvará a la gente pobre
y aplastará al opresor.
Durará tanto como el sol,
como la luna de edad en edad;
caerá como lluvia en los retoños,
como rocío que humedece la tierra.
Florecerá en sus días la justicia,
prosperidad hasta que no haya luna;
dominará de mar a mar,
desde el Río al confín de la tierra.
Ante él se doblará la Bestia,
sus enemigos morderán el polvo;
los reyes de Tarsis y las islas
traerán consigo tributo.
Los reyes de Sabá y de Seba
todos pagarán impuestos;
ante él se postrarán los reyes,
le servirán todas las naciones.
Doxología
También nosotros te damos gracias
Padre Santo cuyo nombre es sublime;
con el Hijo y el Espíritu Santo
siempre gloria por los siglos eternos.
7. Oración final
Sí, ¡Amén!
Te lo decimos ¡oh, Padre!
con todo el corazón
sintonizados con el corazón de tu Hijo
y de la Virgen María.
Te lo decimos con toda la Iglesia
y por todo el género humano.
Haz que, reunidos en el amor,
después del “sí” en la hora de la cruz
podamos con voz unánime,
en potente coro,
en silencioso esplendor,
cantarlo eternamente
en el santuario del cielo.
¡Amén! ¡Aleluya!
(Ana María Canopi)

Fuente: https://www.ocarm.org/es/node/12

martes, 4 de diciembre de 2018

Te alabo, Padre, por haber revelado estas cosas a los pequeños



 Junto al Papa Benedicto XVI reflexionamos sobre la oración de Jesús de alabanza al Padre por “por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños”. 

En esa oportunidad, Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana. (Mt 11,25-30).


Los evangelistas Mateo y Lucas (cf. Mt 11, 25-30 y Lc 10, 21-22) nos transmitieron una «joya» de la oración de Jesús, que se suele llamar Himno de júbilo o Himno de júbilo mesiánico. Se trata de una oración de reconocimiento y de alabanza, como hemos escuchado. En el original griego de los Evangelios, el verbo con el que inicia este himno, y que expresa la actitud de Jesús al dirigirse al Padre, es exomologoumai, traducido a menudo como «te doy gracias» (Mt 11, 25 y Lc 10, 21). Pero en los escritos del Nuevo Testamento este verbo indica principalmente dos cosas: la primera es «reconocer hasta el fondo» —por ejemplo, Juan Bautista pedía a quien acudía a él para bautizarse que reconociera hasta el fondo sus propios pecados (cf. Mt 3, 6)—; la segunda es «estar de acuerdo». Por tanto, la expresión con la que Jesús inicia su oración contiene su reconocer hasta el fondo, plenamente, la acción de Dios Padre, y, juntamente, su estar en total, consciente y gozoso acuerdo con este modo de obrar, con el proyecto del Padre. El Himno de júbilo es la cumbre de un camino de oración en el que emerge claramente la profunda e íntima comunión de Jesús con la vida del Padre en el Espíritu Santo y se manifiesta su filiación divina. Esto es clave para poder entender el texto que compartimos hoy.

Jesús se dirige a Dios llamándolo «Padre». Este término expresa la conciencia y la certeza de Jesús de ser «el Hijo», en íntima y constante comunión con él, y este es el punto central y la fuente de toda oración de Jesús.

Tal vez en este día podamos detenernos para distinguir en qué me siento realmente hijo del Padre Dios, qué aspectos de mi vida se saben abrazados por la paternidad de Dios y entonces allí me descubro serenamente pequeño para alabarlo y bendecirlo. Y en qué la rebeldía, la falta de aceptación de mis límites, no vivo como hijo del Padre, sino en el enojo y en la no compresión.

Lo vemos claramente en la última parte del Himno, que ilumina todo el texto. Jesús dice: «Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Lc 10, 22). Jesús, por tanto, afirma que sólo «el Hijo» conoce verdaderamente al Padre. Todo conocimiento entre las personas —como experimentamos todos en nuestras relaciones humanas— comporta una comunión, un vínculo interior, a nivel más o menos profundo, entre quien conoce y quien es conocido: no se puede conocer sin una comunión del ser. En el Himno de júbilo, como en toda su oración, Jesús muestra que el verdadero conocimiento de Dios presupone la comunión con él: sólo estando en comunión con el otro comienzo a conocerlo; y lo mismo sucede con Dios: sólo puedo conocerlo si tengo un contacto verdadero, si estoy en comunión con él. Por lo tanto, el verdadero conocimiento está reservado al Hijo, al Unigénito que desde siempre está en el seno del Padre (cf. Jn 1, 18), en perfecta unidad con él. Sólo el Hijo conoce verdaderamente a Dios, al estar en íntima comunión del ser; sólo el Hijo puede revelar verdaderamente quién es Dios.

La aceptación y el querer lo que el Padre quiere, en el mundo de la aceptación, de la sencillez y de la pobreza es donde también la buena noticia puede llegar. Es un pedirle al Padre que siga abrazando a todos con su ternura. La alabanza de Jesús se constituye en un clamor al Padre para que continúen la obra que están haciendo. Esta buena noticia solo es recibida por los pequeños porque saben en brazos del Padre, así como Él lo está en este vínculo de mutuo conocimiento.

Al nombre «Padre» le sigue un segundo título, «Señor del cielo y de la tierra». Jesús, con esta expresión, recapitula la fe en la creación y hace resonar las primeras palabras de la Sagrada Escritura: «Al principio creó Dios el cielo y la tierra» (Gn 1, 1). Orando, él remite a la gran narración bíblica de la historia de amor de Dios por el hombre, que comienza con el acto de la creación. Jesús se inserta en esta historia de amor, es su cumbre y su plenitud. En su experiencia de oración, la Sagrada Escritura queda iluminada y revive en su más completa amplitud: anuncio del misterio de Dios y respuesta del hombre transformado. Pero a través de la expresión «Señor del cielo y de la tierra» podemos también reconocer cómo en Jesús, el Revelador del Padre, se abre nuevamente al hombre la posibilidad de acceder a Dios.

Esta es la voluntad del Padre, y el Hijo la comparte con gozo. Dice el Catecismo de la Iglesia católica: «Su conmovedor “¡Sí, Padre!” expresa el fondo de su corazón, su adhesión al querer del Padre, de la que fue un eco el “Fiat” de su Madre en el momento de su concepción y que preludia lo que dirá al Padre en su agonía. Toda la oración de Jesús está en esta adhesión amorosa de su corazón de hombre al “misterio de la voluntad” del Padre (Ef 1, 9)» (n. 2603). De aquí deriva la invocación que dirigimos a Dios en el Padrenuestro: «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo»: junto con Cristo y en Cristo, también nosotros pedimos entrar en sintonía con la voluntad del Padre, llegando así a ser sus hijos también nosotros. Jesús, por lo tanto, en este Himno de júbilo expresa la voluntad de implicar en su conocimiento filial de Dios a todos aquellos que el Padre quiere hacer partícipes de él; y aquellos que acogen este don son los «pequeños».

Pero, ¿qué significa «ser pequeños», sencillos? ¿Cuál es «la pequeñez» que abre al hombre a la intimidad filial con Dios y a aceptar su voluntad? ¿Cuál debe ser la actitud de fondo de nuestra oración? Miremos el «Sermón de la montaña», donde Jesús afirma: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5, 8). Es la pureza del corazón la que permite reconocer el rostro de Dios en Jesucristo; es tener un corazón sencillo como el de los niños, sin la presunción de quien se cierra en sí mismo, pensando que no tiene necesidad de nadie, ni siquiera de Dios.

Es interesante también señalar la ocasión en la que Jesús prorrumpe en este Himno al Padre. En la narración evangélica de Mateo es la alegría porque, no obstante las oposiciones y los rechazos, hay «pequeños» que acogen su palabra y se abren al don de la fe en él. El Himno de júbilo, en efecto, está precedido por el contraste entre el elogio de Juan Bautista, uno de los «pequeños» que reconocieron el obrar de Dios en Cristo Jesús (cf. Mt 11, 2-19), y el reproche por la incredulidad de las ciudades del lago «donde había hecho la mayor parte de sus milagros» (cf. Mt 11, 20-24). Mateo, por tanto, ve el júbilo en relación con las expresiones con las que Jesús constata la eficacia de su palabra y la de su acción: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: lo ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!» (Mt 11, 4-6).

Hemos gustado por un momento la riqueza de esta oración de Jesús. También nosotros, con el don de su Espíritu, podemos dirigirnos a Dios, en la oración, con confianza de hijos, invocándolo con el nombre de Padre, «Abbà». Pero debemos tener el corazón de los pequeños, de los «pobres en el espíritu» (Mt 5, 3), para reconocer que no somos autosuficientes, que no podemos construir nuestra vida nosotros solos, sino que necesitamos de Dios, necesitamos encontrarlo, escucharlo, hablarle. La oración nos abre a recibir el don de Dios, su sabiduría, que es Jesús mismo, para cumplir la voluntad del Padre en nuestra vida y encontrar así alivio en el cansancio de nuestro camino.

Padre Javier Soteras

Material en base a la Catequesis del Papa Benedicto XVI en la Audiencia General del 7 de diciembre del 2011

Fuente: Radio María

lunes, 18 de junio de 2018

La consanguinidad sobrenatural


 "En aquel tiempo, 
20 Jesús llega a casa y de nuevo se junta tanta gente que no los dejaban ni comer. 
21 Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. 
22 Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: "Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios". 
23 Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: "¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? 24 Un reino dividido internamente no puede subsistir; 
25 una familia dividida no puede subsistir. 
26 Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. 
27 Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. 
28 En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; 
29 pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre". 
30 Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
31 Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. 
32 La gente que tenía sentada alrededor le dice: "Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan". 
33 Él les pregunta: "¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?" 
34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: "Éstos son mi madre y mis hermanos. 
35 El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre" 
(Mc 3, 20-35).

Comentario al Evangelio – X Domingo del tiempo ordinario - 

La consanguinidad sobrenatural

Autor : Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP

Ser pariente del Mesías sería, según nuestros criterios, una honra inigualable. Para el Hijo de Dios, en cambio, es más importante hacer la voluntad del Padre celestial que formar parte de su genealogía humana.

I - LOS SECRETOS DE LA VIDA OCULTA DE JESÚS

Cuando, meditando sobre los misterios de la vida del Señor, nos detenemos en los años transcurridos en la escondida existencia de Nazaret, nuestra imaginación es solicitada de un modo especial a contemplar aquellos caminos que recorrió en tantas ocasiones; aquel panorama con el monte Tabor al fondo y la llanura que llega hasta el mar, numerosas veces divisado por Él; aquella casa que habitó desde su regreso de Egipto, tan humilde, pero cuán impregnada de presencia sobrenatural... Allí vivió en una atmósfera de pobreza y olvido, aunque llena de grandeza; de amor, de paz, de un descanso suave, y al mismo tiempo de trabajo intenso. Allí "iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres" (Lc 2, 52), siendo preparado por una acción divina para su gran misión.

Un velo cubría a Jesús a los ojos de los suyos

¿Cómo se explica que el Hombre Dios pasara desapercibido en Nazaret? ¿Cómo parientes, vecinos y amigos no vislumbraron en Jesús su divinidad? ¿Cómo es posible que no vieran en Él, por lo menos, al Mesías? El plan divino exigía, por una alta sabiduría, que el Señor atravesara ese largo período de treinta años sin que se distinguiera, a los ojos de los suyos, del joven corriente: honrando el trabajo, exaltando la humildad, dando ejemplo en todo. Además de una gloria completa para el Hijo de Dios encarnado, la Providencia quería conferirle mayor mérito a María Santísima y someterles a una prueba a todos los que convivían con Él: la del esfuerzo y de la delicadeza de atención para descubrir que en Jesús había en relación con cualquier otro hombre algo mucho más importante. Por eso, Dios echó un velo sobre sus cualidades humanas y sobre su naturaleza divina.

Pero Él causaba admiración

Sin duda, hubo quienes correspondieron a esa invitación. Si con 12 años asombró a los propios doctores en el Templo, ¿no iba a causar admiración en las personas que lo conocían? Es inconcebible que algunos compañeros de infancia, familiares educados con Él o adultos que tuvieran trato con María y José no levantaran un tanto ese velo y se dieran cuenta en algo de quién era Él. Es probable que para ellos dejara traslucir, a unos más y a otros menos, algunos reflejos de su misteriosa divinidad, incomprensible para la razón humana.

Cuán diferente habrá sido para los que por infidelidad, ciertamente la mayoría, siempre lo consideraron únicamente como uno más de ellos, "el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón" (Mc 6, 3). Assueta vilescunt... La naturaleza humana, lamentablemente, se habitúa a todo y, con la rutina, hasta las cosas más extraordinarias se vuelven vulgares.

¿Cuáles habrán sido las reacciones de unos y de otros cuando llegó el momento en que el Señor se marchaba de la ciudad para dar inicio a su vida pública? Era el Hombre Dios que oía los gemidos de la Historia y abría sus brazos con amor para abarcar las miserias, no sólo de aquellas personas, sino de todo el género humano. Ante esta grandiosa manifestación de bienquerencia quedó patente el valor de los familiares y cercanos de Jesús de Nazaret que habían vencido aquella prueba que Dios les había mandado y que, como veremos en este Evangelio del décimo domingo del Tiempo Ordinario, nos trae una inestimable enseñanza.

II - VER EN EL HIJO DE DIOS SOLAMENTE AL HIJO DEL HOMBRE

En aquel tiempo, 
20a Jesús llega a casa...

Comentario al Evangelio¿Desde dónde "llega a casa" el divino Maestro? Viene del monte, después de haber escogido a los Doce (cf. Mc 3, 13-19). Para que éstos se convencieran de su nueva situación y de la responsabilidad inherente a la elección de la que habían sido objeto, Jesús hizo que en el contacto con el público comprobaran el cambio obrado en sus vidas: "tras haber sido elegidos en el monte, el Señor reconduce a los Apóstoles a la casa, como para advertirles de que, después de haber recibido la dignidad del apostolado, debían tomar conciencia de su misión".1

Jesús se encontraba en Cafarnaún, probablemente en la casa donde había curado a la suegra de Pedro (cf. Mc 1, 29-31; Lc 4, 38-39). Al ser un lugar ya conocido, por los muchos milagros allí realizados, la gente empezó a aglomerarse antes del amanecer, deseosa de ver al Mesías.

Evangelizar presupone olvidarse de sí mismo

20b "... y de nuevo se junta tanta gente 
que no los dejaban ni comer".

A diferencia de nuestros días, en aquella época las comidas se hacían a puertas abiertas. Esto tiene su razón de ser, ya que el comer es un momento propicio para conversar y relacionarse socialmente. El Señor también se adecuó a este uso, como en el banquete en casa de Simón, el fariseo; aquel en el que una pecadora arrepentida entró y le lavó los pies con sus lágrimas (cf. Lc 7, 36-38).

En el episodio narrado aquí, Jesús tenía delante de sí a una multitud que ansiaba convivir con Él y empaparse de sus enseñanzas, pues lo estimaba y se encantaba con su presencia; pero también estaban allí los que acudían por egoísmo, interesados tan sólo en conseguir la curación de alguna enfermedad u otros beneficios. Sin embargo, a pesar de la costumbre de las puertas abiertas, era completamente inusitado tanto alboroto y tamaña afluencia de gente, que abarrotaba la sala y llegaba hasta el diván donde Jesús estaba comiendo. Nos lo podemos imaginar alargando la mano para coger, por ejemplo, un racimo de uvas, mientras se le acerca un ciego, le toca impetuosamente su brazo y en ese instante recupera la vista; enseguida le cede el sitio a un sordo que suplica que le fuera restablecida la audición... Y así, gran cantidad de enfermos entrando y saliendo, hasta el punto de que el Maestro y sus discípulos se vieron imposibilitados de comer. En esa ocasión los Apóstoles comenzaron a experimentar el encargo que les había sido confiado en lo alto del monte.

El egoísta juzga insensata la Sabiduría

21 "Al enterarse su familia, 
vinieron a llevárselo, 
porque se decía que estaba fuera de sí".

Los prodigios y la palabra del Redentor habían difundido su fama por toda la región. Y, como era de esperar, empezaron a circular rumores, a veces lo más contradictorios y exagerados posibles. En esas circunstancias, este versículo relata algo dramático: ciertos parientes de Jesús, los que no habían percibido nada de su grandeza, comenzaron a decir que estaba desvariando. Al contrario de los días actuales, en aquel tiempo el sentido de lo familiar era fortísimo, lo cual es una cosa sana. Las familias, bien constituidas y muy unidas, formaban verdaderos batallones, tan cohesivos que la acción de uno de sus miembros repercutía en todo el conjunto. Por eso era incalculable la alegría y la honra de ser un pariente cercano del Mesías. No obstante, algunos familiares se reunieron para comentar lo que se decía de Él, de su doctrina y de sus milagros. Lo habían visto crecer en Nazaret, donde no había asistido a la escuela de ningún maestro, y de repente les llega la noticia de que sus prédicas arrebatan a las multitudes. ¿Dónde habría aprendido todo eso? Como no comprendían lo que pasaba, se indispusieron contra Él. Tal vez lo juzgaron ridículo y tenían recelo de que sus actitudes mancharan el nombre de su estirpe; incluso temían la mala repercusión ante las autoridades, pues Jesús podría ser considerado -como de hecho lo fue después- un rebelde. Ya habían surgido anteriormente revolucionarios, que, deseosos de liderar un movimiento para liberar a Israel del yugo romano y de sus impuestos, habían fracasado en su intento. Quizá esos parientes pensaran que también era ésa la intención del Señor y que por muchos prodigios que hiciera estaría condenado a la ruina por falta de medios. En el fondo, como venía contradiciendo las costumbres mundanas y estaba dedicado a una misión diferente de todo lo que era considerado normal, no lo aceptaban y pretendían tratarlo como a un loco.

Es de notar, en sentido opuesto, que esos mismos familiares que ahora buscaban apartarlo del apostolado, por creer que éste perjudicaba su reputación, más tarde, al constatar el éxito del Señor, le pedirán que se manifieste en Judea (cf. Jn 7, 3-5), sin duda para que el sumo pontífice y el sanedrín vieran la importancia de la familia que tenía en su seno tal profeta y taumaturgo: si Jesús subía en la escala social, elevaría a todos los suyos... Ahora bien, que en su ciudad, Nazaret, no hubiera sido admirado por la mayoría, es algo difícil de entender; pero que ante las maravillas realizadas al inicio de su vida pública no lo aceptaran ¡es ya inconcebible! "Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron" (Jn 1, 11)...

Con frecuencia, quien osa oponerse al mundo no es comprendido y puede ser rechazado y perseguido hasta por su familia, cuando ésta quiere a sus miembros para sí misma y no para Dios, de quien los recibió para después serles restituidos. Se trata de una apropiación injusta de algo que le pertenece al Creador. La vocación significa el sello divino que cobra lo que, de iure, es suyo. Por eso la maldición contra los padres que desvían a sus hijos del llamamiento religioso es de las peores que hay sobre la faz de la tierra. Robarle a un pobre trae consigo un castigo menor que el de arrancarle a Dios la persona designada por Él para su servicio. ¡Y cuántas veces hemos presenciado esto en la Historia! El padre del gran San Francisco de Asís, Pedro Bernardone, por ejemplo, en cierto momento lo desheredó y lo despojó de todos sus bienes, incluso de la propia ropa que vestía, porque no aceptaba la vida virtuosa de su hijo. Y la madre y los hermanos de Santo Tomás de Aquino lo encerraron en una torre para impedir que se hiciera fraile dominico. Ése es el problema de la familia que no está constituida con miras al amor a Dios, cuyos miembros tratan de sacarlo del trono que le pertenece, a fin de que los acontecimientos graviten en torno de cada uno de ellos.

El sentimiento de los familiares del Señor hacia Él es típicamente el del egoísta; de donde se concluye que todos los egoístas son parientes de aquellos parientes de Jesús. Como ellos, también nosotros, si buscamos colocarnos siempre en el centro de todo, consideraremos una insensatez las obras de Dios y exageradas las exigencias de la religión. He aquí una lección importante de esta liturgia: debemos evitar tal delirio, teniendo un cuidado enorme con la sed de elogios y el deseo de llamar la atención sobre nosotros, para que los demás nos adoren. Salgamos de nosotros mismos y sea la gloria de Dios el eje de nuestra existencia.

Por envidia, una acusación contradictoria

22 "Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: 
"Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios 
con el poder del jefe de los demonios".

Hombres sin fe, los maestros de la Ley mencionados en este versículo habían sido incapaces de comprender quién era Jesús. Expulsaba demonios, curaba todo tipo de enfermedades y resucitaba muertos, y esto les causaba envidia, porque a ellos les hubiera gustado tener igual poder; y como no lo poseían, temían perder la posición privilegiada que disfrutaban en aquella sociedad. Entonces empezaron, con supino mal espíritu, a atribuir el dominio del Salvador sobre los demonios a un contubernio con Belzebú.

Jesús ridiculiza a sus enemigos

23 "Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: 
"¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? 
24 Un reino dividido internamente no puede subsistir; 
25 una familia dividida no puede subsistir. 
26 Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, 
no puede subsistir, está perdido".

La respuesta del Maestro pretendía mostrar cuán infundada era la acusación levantada en su contra. Si dos ejércitos entran en contienda, ¿el general de uno de los bandos mandaría a sus soldados al campo de batalla para que combatieran contra sus propios compañeros? ¡Sería, sin duda, derrotado! Si Jesús realmente estuviera actuando por obra de Belzebú para expulsar los demonios, esto significaría que el infierno estaba en "guerra civil" y, en consecuencia, en poco tiempo los demonios se destrozarían. Cuando en una ciudad sus habitantes se pelean entre sí, el enemigo externo puede ahorrarse el envío de tropas para atacarla, ya que acabaría destruyéndose ella misma; cualquier estratega dejaría que esas luchas intestinas siguieran su curso, para sólo después subyugar a los sobrevivientes. Por lo tanto, los miembros del sanedrín no deberían preocuparse, pues toda la obra del Señor zozobraría rápidamente. ¿Por qué tendrían que estar inquietos? Con respecto a esto dice San Juan Crisóstomo: "¡Mirad cuánta ridiculez hay en la acusación, cuánta necedad, cuán íntima contradicción! Porque contradicción hay en decir primero que Satanás está firme y expulsa los demonios y luego que justamente está firme por lo que debía perecer". (2)

27 "Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo 
para arramblar con su ajuar, 
si primero no lo ata; 
entonces podrá arramblar con la casa".

Esta imagen ponía todavía más en evidencia la incoherencia de los maestros de la Ley. Todos sabían perfectamente que para robar en una casa era necesario inmovilizar antes al dueño. Entonces, ¿sería verosímil que, según decían los escribas y fariseos, Jesús repeliera a los espíritus malos por el poder de Belzebú, su príncipe, y, en combinación con él, destruyera a sus subalternos? "Mirad cómo", observa el propio Crisóstomo, "el Señor demuestra lo contrario de lo que sus enemigos intentaban asentar. [...] Él les demuestra que no sólo a los demonios, sino a su mismo capitán le tenía Él atado con absoluta autoridad".3 Una vez más, con una simple parábola, el divino Maestro desenmascaraba a sus adversarios.

Gravedad del pecado contra el Espíritu Santo

28 "En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: 
los pecados y cualquier blasfemia que digan; 
29 pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, 
cargará con su pecado para siempre". 
30 Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo".

El Señor argumenta con más gravedad aún añadiendo que al hacer esta acusación incurrían en un pecado contra el Espíritu Santo, para el cual no hay perdón. Sin embargo, si Jesucristo vino al mundo para rescatar a los pecadores, ¿cómo se explica que existan faltas irremisibles?

La primera condición para obtener el perdón es que Dios, siendo el ofendido, lo quiera dar; y Él lo quiere, hasta el punto de estar constantemente con las manos extendidas para acogernos. No obstante, otra exigencia esencial para ser absuelto es reconocer el error, seguido del dolor de haberlo cometido, pues sin éste tal acto no tiene sentido. La impenitencia final "excluye lo que causa la remisión del pecado",4 y el pecador acabará, en el fondo, atribuyendo su falta al propio Dios. Esta actitud "es el espíritu de blasfemia, que no se perdona ni en este siglo ni en el futuro. [...] Aunque la paciencia de Dios llama a penitencia, él [el pecador] por la dureza de su corazón, por su corazón impenitente, atesora ira para el día de la cólera y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno según sus obras".5

¿Debían ser perdonados esos escribas y fariseos, cuya maldad llegaba a tal extremo? Después de presenciar curaciones de ciegos, leprosos y paralíticos, así como la expulsión de los más terribles demonios -obras todas ellas indiscutiblemente mesiánicas-, al quedarse con odio y deseo de matar a Jesús, niegan la verdad conocida como tal declarando que actuaba a través del espíritu de las tinieblas. Y a pesar de haber sido vencidos en todas las trampas que le tendieron al divino Maestro, ni aún así admiten su desatino, y caen en la impenitencia y en la obstinación al pretender ser los poseedores de la razón. Finalmente, llenos de perfidia, rechazaban los carismas del Señor, la actuación del Espíritu Santo a través de su humanidad santísima y, por envidia de la gracia fraterna, desprecian los beneficios que Él derramaba a raudales por donde pasaba.

Con relación a la acción del Espíritu Santo, nos corresponde ser totalmente flexibles, sin la menor sombra de envidia. Debemos alegrarnos, pues, con los beneficios concedidos a los otros, "a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios", como nos enseña San Pablo en la segunda lectura (2 Cor 4, 13-18-5, 1). Si el Señor nos ha dado poco o mucho, es designio suyo; lo importante es que cada uno reciba todo lo que le está destinado por Dios para su mayor gloria. Si al ver a alguien favorecido con un don que no tenemos, sea natural o sobrenatural, admiramos la obra de Dios en aquella alma, progresaremos en la vida espiritual; pero si, por el contrario, procedemos a la manera de aquellos familiares de Jesús o de los fariseos, nos hundiremos como ellos.

María se presenta para enfrentar a los parientes

31 Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
 32 La gente que tenía sentada alrededor le dice: 
"Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan".

Según comentan determinados Padres de la Iglesia, María, al saber que algunos planeaban hacerle daño a Jesús, se presentó para enfrentarlos: "Como los que estaban cerca del Señor iban a apoderarse de Él porque le creían loco, llegó su madre movida por un sentimiento de amor y de piedad".6 Bonita interpretación, que muestra la combatividad de la Virgen, aspecto frecuentemente olvidado. Junto con Ella estaban los "hermanos", término que en el lenguaje bíblico designaba a los parientes en general, como primos y tíos.

Tan compacta era la muralla humana formada alrededor del Señor, que les impedía a María y a sus acompañantes entrar en la casa y aproximarse a Él. Los presentes, de acuerdo con el arraigado concepto familiar de la época, consideraban la maternidad como algo supremo, y por eso avisaron a Jesús de la llegada de su madre, juzgando normal que interrumpiría la predicación para atenderla.

Las relaciones sobrenaturales son mucho más fuertes que las de la sangre

33 "Él les pregunta: "¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?" 
34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
"Éstos son mi madre y mis hermanos. 
35 El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre".

Cristo, sin embargo, aprovechó la ocasión para oponerse a la tendencia del pueblo judío de tener un excesivo aprecio por la familia. Si se hubiera levantado para ir al encuentro de su madre y de sus hermanos, estaría respaldando y robusteciendo ese afán... En vez de eso, su respuesta deja clara la superioridad de la relación espiritual sobre la natural. ¡Se valoran tanto los vínculos de la sangre! Sin duda que tienen su peso, pero no constituyen lo esencial y sólo adquieren sentido si son considerados en función de Dios. Mientras los lazos humanos abarcan una pequeña cantidad de miembros, los sobrenaturales incluyen a numerosos hermanos "como las estrellas del cielo y como la arena de la playa" (Gén 22, 17). En este caso se aplica el bello principio de Santo Tomás: "Los bienes espirituales pueden ser poseídos por muchos a la vez, pero no los bienes corporales".7

El Hijo de Dios vino exactamente para hacernos partícipes de su familia, de forma que seamos sus hermanos e hijos, en una intimidad con Él mucho más estrecha que la que origina la sangre. "Porque no hay más que un parentesco legítimo, que es hacer la voluntad de Dios. Y este modo de parentesco es mejor y más importante que el de la carne".8 Así pues, el divino Maestro miró hacia los más fervorosos, es decir, a aquellos que pretendían acercarse a Él con el deseo de oírlo y ser instruidos, que estaban, por tanto, predispuestos a aceptar y abrazar sus enseñanzas, y afirmó: "Éstos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre". Incomparablemente más que a cualquier persona en esta tierra, por mucho que le debamos, hemos de ser agradecidos con Dios, abandonarnos en sus manos y obedecerle, ya que por Él fuimos creados. Él envió a su Hijo para redimirnos, a fin de que tengamos la vida -¡la propia vida de Dios!- y la tengamos en abundancia (cf. Jn 10, 10).

Por tal motivo, el Niño Jesús, a los 12 años de edad, cuando fue encontrado, después de tres días de búsqueda, por la Virgen María y San José en el Templo oyendo e interrogando a los doctores de la Ley, declaró: "¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?" (Lc 2, 49). Sus palabras nos recuerdan que nuestra filiación primera es la divina, y sólo en un segundo plano debemos considerar la de la sangre. Desde que es concebido, el niño depende totalmente de sus padres y mientras va creciendo continúa amparado, dirigido y gobernado por ellos hasta que se vuelve independiente. En el campo sobrenatural ocurre lo opuesto: a partir del nacimiento, o sea, del Bautismo, la relación con Dios y la sujeción a Él van aumentando, y alcanzan su máximo grado cuando el alma llega a la visión beatífica. Permanece entonces en una total y completa familiaridad con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Un altísimo elogio a su Santísima Madre

Lejos de despreciar a la Virgen -¡lo cual sería impensable!-, Jesús le hacía el mayor elogio posible, pues estaba afirmando que Ella era su Madre más por hacer la voluntad de Dios que por haberle transmitido la vida humana. "No habla así para negar a su madre, sino para manifestar que no sólo es digna de honra por haber engendrado a Cristo, sino también por todas sus virtudes".9 A lo largo de cerca de treinta años de convivir con su Hijo, María fue perfectísima en el cumplimiento de la voluntad de Él, guardando todas esas cosas en su corazón (cf. Lc 2, 51). Porque creía que Jesús era la Verdad, la Virgen Santísima - en contraste con aquellos que lo juzgaban loco- se mantenía siempre en una actitud de sumisión a Él, incluso ante aquello que no entendía.

III - SEAMOS PARIENTES DE JESÚS, COMO LO FUERON MARÍA Y JOSÉ

La liturgia de hoy es de una importancia fundamental para comprender el valor de esta "consanguinidad espiritual" con Jesucristo, a la que jamás podemos renunciar. ¡Cuántas veces, desgraciadamente, nos comportamos de manera egoísta, nos ponemos en el centro de todo y cometemos una falta! Hacer la voluntad de Dios significa ser rectísimos e íntegros, bajo todos los puntos de vista, a semejanza de la Madre de Jesús.

Para eso necesitamos admitir nuestra debilidad, conscientes de que, como nos enseña el divino Maestro, todas las maldades nacen dentro del hombre (cf. Mc 7, 21-23). En cambio, debemos sorprendernos cuando practicamos un acto bueno y reconocer que éste proviene de la filiación espiritual que Él nos concedió a través de la gracia. Si los fariseos hubieran sentido la miseria que manchaba su interior, tal vez habrían mirado al Señor con humildad y acogido en su alma la salvación. En el Cielo están, de hecho, no sólo los inocentísimos, sino también San Dimas -el buen ladrón, canonizado en vida por el Redentor (cf. Lc 23, 43)-, San Agustín, Santa María Magdalena... y tantos otros que se declararon culpables y obtuvieron el perdón. Al contrario, en el Infierno padecen todos los pecadores que, por orgullo, persistieron en el error. Este es el gran problema de la naturaleza humana caída.

Pidamos a María Santísima el don extraordinario de la humildad, para que nos sean abiertas las puertas de la eterna bienaventuranza y lleguemos a la plenitud de la intimidad con Nuestro Señor Jesucristo.

 Mons. Joao ScognamiglioClá Dias, EP 


1 SAN BEDA. In Marci Evangelium Expositio. L. I, c. 3: ML 92, 162.
2 SAN JUAN CRISÓSTOMO. Homilía XLI, n.º 1. In: Obras. Homilías sobre el Evangelio de San Mateo (1-45). 2.ª ed. Madrid: BAC, 2007, v. I, p. 795.
3 Ídem, n.º 2, p. 799.
4 SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. II-II, q. 14, a. 3.
5 SAN AGUSTÍN. Sermo LXXI, n.º 20. In: Obras. Madrid: BAC, 1983, v. X, p. 326.
6 TEOFILACTO, apud SANTO TOMÁS DE AQUINO. Catena Aurea. In Marcum, c. III, vv. 31-35.
7 SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. III, q. 23, a. 1, ad 3.
8 SAN JUAN CRISÓSTOMO. Homilía XLIV, n.º 1, op. cit., p. 841.
9 TEOFILACTO, op. cit.

Fuente: Heraldos del Evangelio

miércoles, 31 de mayo de 2017

VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA: 31 Mayo



LECTIO DIVINA: VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA -LC 1:39-56
Lectio:  Miércoles, 31 Mayo, 2017

1) Oración inicial
Concédenos tu ayuda, Señor, para que el mundo progrese, según tus designios; gocen las naciones de una paz estable y tu Iglesia se alegre de poder servirte con una entrega confiada y pacífica. Por nuestro Señor.

2) Lectura
Del santo Evangelio según Lucas 1,39-56
En aquellos días, se puso en camino María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, Isabel quedó llena de Espíritu Santo y exclamó a gritos: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que venga a verme la madre de mi Señor? Porque apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»
Y dijo María:
«Alaba mi alma la grandeza del Señor
y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador
porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava,
por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre
y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero.
Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías.
Acogió a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abrahán y de su linaje por los siglos.»
María se quedó con ella unos tres meses, y luego volvió a su casa.

3) Reflexión
• Hoy, fiesta de la visitación de Nuestra Señora, el evangelio habla de la visita de María a su prima Isabel. Cuando Lucas habla de María, él piensa en las comunidades de su tiempo que vivían dispersas por las ciudades del Imperio Romano y les ofrece en María un modelo de cómo deben relacionarse con la Palabra de Dios. Una vez, al oír hablar a Jesús, una mujer exclamó: "Feliz la que te dio a luz y felices los pechos que te amamantaron”. Elogió a la madre de Jesús. Inmediatamente, Jesús respondió: "¡Felices, pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan!" (Lc 11,27-28). María es el modelo de comunidad fiel que sabe escuchar y practicar la Palabra de Dios. Al describir la visita de María a Isabel, enseña qué deben hacer las comunidades para transformar la visita de Dios en servicio a los hermanos y a las hermanas.

• El episodio de la visita de María a Isabel muestra otro aspecto bien típico de Lucas. Todas las palabras y actitudes, sobre todo el cántico de María, forman una gran celebración de alabanza. Parece la descripción de una solemne liturgia. Así, Lucas evoca el ambiente litúrgico y celebrativo, en el cual Jesús fue formado y en el cual las comunidades tenían que vivir su fe.

• Lucas 1,39-40: María sale para visitar a Isabel. Lucas acentúa la prontitud de María en atender las exigencias de la Palabra de Dios. El ángel le habló de que María estaba embarazada e, inmediatamente, María se levanta para verificar lo que el ángel le había anunciado, y sale de casa para ir a ayudar a una persona necesitada. De Nazaret hasta las montañas de Judá son ¡más de 100 kilómetros! No había bus ni tren.

• Lucas 1,41-44: Saludo de Isabel. Isabel representa el Antiguo Testamento que termina. María, el Nuevo que empieza. El Antiguo Testamento acoge el Nuevo con gratitud y confianza, reconociendo en él el don gratuito de Dios que viene a realizar y completar toda la expectativa de la gente. En el encuentro de las dos mujeres se manifiesta el don del Espíritu que hace saltar al niño en el seno de Isabel. La Buena Nueva de Dios revela su presencia en una de las cosas más comunes de la vida humana: dos mujeres de casa visitándose para ayudarse. Visita, alegría, embarazo, niños, ayuda mutua, casa, familia: es aquí donde Lucas quiere que las comunidades (y nosotros todos) perciban y descubran la presencia del Reino. Las palabras de Isabel, hasta hoy, forman parte del salmo más conocido y más rezado en todo el mundo, que es el Ave María.

• Lucas 1,45: El elogio que Isabel hace a María. "Feliz la que ha creído que se cumplieran las cosas que le fueron dicha de parte del Señor". Es el recado de Lucas a las Comunidades: creer en la Palabra de Dios, pues tiene la fuerza de realizar aquello que ella nos dice. Es Palabra creadora. Engendra vida en el seno de una virgen, en el seno del pueblo pobre y abandonado que la acoge con fe.

• Lucas 1,46-56: El cántico de María. Muy probablemente, este cántico, ya era conocido y cantado en las Comunidades. Enseña cómo se debe cantar y rezar. Lucas 1,46-50: María empieza proclamando la mutación que ha acontecido en su propia vida bajo la mirada amorosa de Dios, lleno de misericordia. Por esto canta feliz: "Exulto de alegría en Dios, mi Salvador". Lucas 1,51-53: En seguida después, canta la fidelidad de Dios para con su pueblo y proclama el cambio que el brazo de Yavé estaba realizando a favor de los pobres y de los hambrientos. La expresión “brazo de Dios” recuerda la liberación del Éxodo. Esta es la fuerza salvadora de Dios que hace acontecer la mutación: dispersa a los orgullosos (1,51), destrona a los poderosos y eleva a los humildes (1,52), manda a los ricos con las manos vacías y llena de bienes a los hambrientos (1,53). Lucas 1,54-55: Al final recuerda que todo esto es expresión de la misericordia de Dios para con su pueblo y expresión de su fidelidad a las promesas hechas a Abrahán. La Buena Nueva viene no como recompensa por la observancia de la Ley, sino como expresión de la bondad y de la fidelidad de Dios a las promesas. Es lo que Pablo enseñaba en las cartas a los Gálatas y a los Romanos.

El segundo libro de Samuel cuenta la historia del Arca de la Alianza. David quiso colocarla en su casa, pero tuvo miedo y dijo: "¿Cómo voy a llevar a mi casa el Arca de Yavé?" (2 Sam 6,9) David mandó que el Arca fuera para la casa de Obed-Edom. "Y el Arca permaneció tres meses en casa de Obed-Edom, y Yavé bendijo a Obed-Edom y a toda su familia" (2 Sam 6,11). María, embarazada de Jesús, escomo el Arca de la Alianza que, en el Antiguo Testamento, visitaba las casas de las personas distribuyendo beneficios a las casas y a las personas. Va hacia la casa de Isabel y se queda allí tres meses. En cuanto entra en casa de Isabel, ella y toda la familia es bendecida por Dios. La comunidad debe ser como la Nueva Arca de la Alianza. Al visitar las casas de las personas tiene que traer beneficios y gracias de Dios para la gente.

4) Para la reflexión personal
• ¿Qué nos impide descubrir y vivir la alegría de la presencia de Dios en nuestra vida?
• ¿Dónde y cómo la alegría de la presencia de Dios está aconteciendo hoy en mi vida y en la vida de la comunidad?

5) Oración final
Bendice, alma mía, a Yahvé,
el fondo de mi ser, a su santo nombre.
Bendice, alma mía, a Yahvé,
nunca olvides sus beneficios. (Sal 103,1-2)

Fuente: http://ocarm.org/es

sábado, 25 de marzo de 2017

La Anunciación del arcángel Gabriel a la Virgen María

“Lo que guió a María hacia el ideal de la virginidad fue una inspiración excepcional del mismo Espíritu Santo - Juan Pablo II
P. Félix López, S.H.M.
anunciacion
El Cordero de Dios nace virginalmente de María por obra del Espíritu Santo, dando comienzo la plenitud de los tiempos.

Resulta para todos conocido el célebre pasaje de la Anunciación del ángel Gabriel a María, que recoge S. Lucas en el primer capítulo de su evangelio. Por su riqueza de contenidos teológicos y espirituales, la literatura sobre el tema es inmensa.
Digamos en primer lugar que S. Lucas utiliza la técnica del paralelismo entre la anunciación a Zacarías y el anuncio a María. Existen semejanzas y diferencias entre los dos pasajes, pero el paralelismo es obvio. Con el nacimiento de Juan Bautista se cumplen los tiempos de la preparación de la intervención definitiva de Dios a favor de su pueblo. Juan es el último profeta del Antiguo Testamento, el Precursor, que señalará con su mano al Cordero de Dios ya presente entre los hombres. Ese Cordero nace virginalmente de María por obra del Espíritu Santo, dando comienzo la plenitud de los tiempos.
Sobre el género literario del pasaje de la Anunciación, los autores se dividen. Algunos sostienen que se trata de un anuncio de nacimiento milagroso, que enlaza con los anuncios de nacimiento del Antiguo Testamento. Otros piensan que se trata de un relato de vocación o de un relato de alianza. Parece que es claro el sentido de vocación, donde María es invitada a tomar parte en el plan de salvación querido por Dios. 
Todo el pasaje está entretejido de referencias a citas del Antiguo Testamento, que anuncian la venida de Cristo, o la realización del plan salvífico de Dios. La escena se abre con una sencilla presentación de los personajes: María, una virgen (parthenos) desposada y el arcángel Gabriel. 
El ángel dirige una palabra a María: cai-re (jaire). Aunque algunos autores ven en esta palabra un saludo corriente, actualmente la mayoría reconocen en ella un sentido teológico profundo, y la traducen por alégrate. Tiene como raíz cara, (alegría) y S. Lucas une la alegría al anuncio del nacimiento (Lc 1, 14; 2, 10). Pero la razón más seria a favor de la traducción alégrate es de tipo estructural, ya que el relato presenta resonancias de una serie de profecías relacionadas todas en lo esencial: Sof 3, 14-17; Joel 2, 21-27; Zac 9, 9-10. Los tres textos se dirigen a la Hija de Sión y tienen por objeto el anuncio de la alegría mesiánica, porque Yahvé va a residir en medio de su pueblo como Rey y salvador. En todas ellas aparece como centro del anuncio la palabra alégrate, seguida de una palabra de ánimo: no temas. 
El paralelismo con el pasaje de Sofonías nos permite identificar a María con la Hija de Sión y a Jesús con Yahvé, Rey Salvador. En las entrañas de María, la Hija de Sión, se hará presente Dios mismo. Con este saludo comienza el evangelio, y su primera llamada es una llamada a la alegría, la nueva alegría que procede de Dios y es anunciada a la nueva Hija de Sión, la Iglesia naciente, María. 
La segunda palabra que el mensajero divino dirige a María es también tremendamente rica en contenido. Es la palabra kecaritome,nh (kejaritoméne). Esta palabra tiene su origen en un verbo que aparece sólo otra vez en el Nuevo Testamento en Ef 1, 6. La afinidad filológica entre los términos cai-re y kecaritome,nh hace pensar que la alegría  y la gracia provienen de una misma raíz. Allí donde irrumpe la gracia salvadora de Dios se encuentra la verdadera alegría.
Los autores, a lo largo de los siglos, han dado diversas traducciones al término kejaritoméne. Unas resaltan la gracia de la misión que Dios encomienda a la Virgen, y otras interpretan el término en el sentido de la gracia santificante que ha sido instaurada en el alma de María como una cualidad permanente. Juan Pablo II aúna los dos sentidos de la palabra: “Si el saludo y el nombre llena de gracia significa todo esto, en el contexto del anuncio del ángel se refieren ante todo a la elección de María como Madre del Hijo de Dios. Pero, al mismo tiempo, la plenitud de gracia indica la dádiva sobrenatural de la que se beneficia María, porque ha sido elegida y destinada a ser Madre de Cristo”(Redemptoris Mater, 7). 
Los estudiosos de la Escritura nos proporcionan algunos otros datos interesantes que nos ayudan a comprender el sentido del término que estudiamos. Procede del verbo carito,w (jaritóo). En griego, los verbos terminados en –o,w son causativos. Así, jaritóo indica la acción que produce la gracia en el sujeto que lo recibe. Como está en pasiva indica el efecto de la acción de Dios en su Sierva, no la acción de Dios en sí misma. Además, el verbo se encuentra en tiempo perfecto pasivo, indicando así una acción pasada pero que perdura en el tiempo. De ahí podemos deducir que la presencia de la gracia en María es una realidad antes de la anunciación.
La tradición de la Iglesia ha leído el término kejaritoméne en el sentido de plenitud de gracia. En este término encuentra su fundamento bíblico la Inmaculada Concepción de María, puesto que la única plenitud que corresponde a la dignidad de Madre de Dios, es aquella que se tiene desde el primer instante de la existencia, una santidad total que abarca toda su vida.


Parte II
Continuando con el comentario del pasaje de la Anunciación del ángel a María, recogido en el capítulo primero de S. Lucas, fijamos ahora nuestra atención en las palabras: El Señor es contigo (Lc 1, 30).
Estas palabras aparecen en otros lugares de la Escritura dirigidas a aquellas personas que reciben una misión especial en el plan salvador de Dios. Así puede verse en el caso de Isaac (Gen 26, 24), Jacob (Gen 28, 13), Moisés (Ex 3, 11-12), Gedeón (Jue 6, 12) o David (2 Sam 7, 9). En el Nuevo Testamento, Jesús promete su presencia a los discípulos cuando les encarga anunciar el Evangelio a todas las naciones (Mt 28, 20). A través de esta expresión, se promete la presencia dinámica de Dios en apoyo del hombre en situaciones especialmente difíciles o para llevar a cabo acciones que requieren necesariamente la ayuda de Dios. 
La expresión indica la iniciativa salvífica de Dios dirigida a una persona particular que ha sido elegida como mediadora de la salvación que viene del Señor en favor de su pueblo. La persona llamada es invitada a responder, a pesar de su pequeñez, con su consentimiento libre.


En María, estas palabras del ángel destacan la iniciativa de Dios en la misión encomendada, y su presencia activa para ayudarla a realizar su vocación del todo singular.
La turbación de María proviene de escuchar el mensaje completamente desconcertante que el ángel le ha transmitido, especialmente el saludo kejaritoméne que la Vulgata traduce por gratia plena (llena de gracia). Según la estructura de la frase, el término kejaritoméne ocupa el lugar que correspondería al nombre de la persona.Refuerza esta opinión el hecho de que aparezca sin artículo, como suele hacerse con los nombres propios. Parece tratarse del nombre nuevo que Dios mismo impone a María. En toda la tradición bíblica, el cambio de nombre es algo frecuente (Abram por Abraham, Simón por Pedro, etc.) e indica la novedad de una misión.
El ángel invita a María a dejar toda preocupación: No temas. Y aduce el motivo: porque has hallado gracia ante Dios. Esta expresión se dirige en el Antiguo Testamento a un grupo o a todo el Pueblo de Israel. La gracia a la que se refiere es un comportamiento especial de favor, de ayuda, de benevolencia. Noé, Moisés y David han hallado gracia ante Dios en conexión con su elección y vocación divina (Gen 6, 8; Ex 33, 12; Hc 7, 46). Dios concede siempre la gracia necesaria para que la persona elegida pueda llevar a cabo la misión que Él la confía.


En el v. 31 aparece una afirmación que es digna de estudio: concebirás en tu seno (e,n gastri.). El ángel le comunica a María el nacimiento de Jesús con la típica fórmula de tres miembros: concebirás, darás a luz, le impondrás el nombre. El texto de S. Lucas afirma: concebirás en tu seno. Esta expresión es un pleonasmo, es decir, una redundancia, puesto que se sobreentiende que la concepción tendrá lugar en el seno. Algunos estudiosos descubren aquí una referencia a un tema veterotestamentario: la presencia de Dios en el seno (en medio) de su pueblo. Esta opinión se refuerza si tenemos en cuenta que S. Lucas no usa la expresión e,n gastri (en gastrí) al hablar de la concepción que se va a realizar en Isabel (Lc 1, 13.24.36). Parece que S. Lucas usó intencionadamente estas palabras indicando que la presencia de Dios en medio de su pueblo que se había realizado por la Alianza como un anuncio, ha alcanzado ahora plenitud, su realidad completa.


Puede verse un paralelismo entre Is 16, 6 y el texto que nos ocupa: “¡Gritad de gozo y alegría, habitantes de Sión! Porque ha exultado en tu seno el santo de Israel”. Aparece nuevamente el tema de la Hija de Sión, que debe alegrarse porque Dios está en medio de su pueblo, en su seno. La presencia de Yahvé en el arca de la Alianza (Ex 33, 3), se trasforma en anuncio de plenitud futura en Sofonías 3, 15-17. En la nueva Sión, Yahvé habitará de nuevo. S. Lucas ve cumplida en la concepción de María esta promesa. Yahvé habitará en medio de Sión como salvador y el nombre que María debe imponer al niño es Jesús (Salva, ¡oh Yahvé!).
Parte III
Continuamos estudiando el rico pasaje de la Anunciación del ángel Gabriel a María. Los vv. 32-33 describen al niño que va a nacer con títulos claramente mesiánicos: Hijo del Altísimo y sucesor de David en un reino mesiánico perpetuo. Son profecías contenidas en el Antiguo Testamento que comienzan con el oráculo de Natán (2 Sam 7, 9-16) y que poseen una gran riqueza cristológica.
Vamos a estudiar detenidamente la afirmación del v. 34: ¿cómo puede ser esto si no conozco varón? Algunos autores piensan que esta afirmación es una interpolación añadida al relato original. Pero esta hipótesis se ha demostrado altamente improbable según la opinión de los estudiosos, ya que el versículo está perfectamente integrado en la estructura del relato. San Lucas nos presenta una mujer pensativa tras el saludo y que se pregunta por el significado de las palabras del ángel. Después formula la pregunta en voz alta. La expresión no conozco varón equivale a la exclusión de las relaciones sexuales. Por tanto, la pregunta que hace María tiene sentido, aunque se trate de una joven desposada.
Aunque el texto ha recibido diversas interpretaciones, la más extendida en la antigüedad, iniciada al parecer por S. Gregorio de Nisa y seguida después por S. Ambrosio y S. Agustín, interpreta el texto en el sentido de que María es virgen y tiene voto o propósito de virginidad. A esta interpretación se suele objetar que tal voto o propósito de virginidad es incomprensible en el ámbito judío de la época, que concebía la fecundidad como don de Dios y su carencia como una desgracia. Hay que decir, sin embargo, que en el ambiente que precede inmediatamente a la era cristiana, en algunos ambientes judíos se comienza a manifestar una orientación positiva hacia la virginidad. Por ejemplo, los esenios, de los que se han encontrado numerosos e importantes testimonios históricos en Qumrán,vivían en el celibato o limitaban el uso del matrimonio, a causa de la vida común y para buscar una mayor intimidad con Dios. Filón de Alejandría habla de una comunidad de mujeres conocidas con el nombre de Terapeutas que vivían en Egipto y guardaban la continencia para buscar la sabiduría.
Juan Pablo II en sus catequesis marianas ha afirmado que “la extraordinaria historia de la Virgen de Nazaret no debe, sin embargo, hacernos caer en el error de vincular completamente sus disposiciones íntimas a la mentalidad del ambiente, subestimando la unicidad del misterio acontecido en ella. En particular, no debemos olvidar que María había recibido, desde el inicio de su vida, una gracia sorprendente, que el ángel le reconoció en el momento de la Anunciación. María, llena de gracia (Lc 1, 28), fue enriquecida con una perfección de santidad que, según la interpretación de la Iglesia, se remonta al primer instante de su existencia: el privilegio único de su Inmaculada Concepción influyó en todo el desarrollo de la vida espiritual de la joven de Nazaret” (24-7-96).

Según el Pontífice, se debe afirmar que “lo que guió a María hacia el ideal de la virginidad fue una inspiración excepcional del mismo Espíritu Santo que, en el decurso de la historia de la Iglesia, impulsaría a tantas mujeres a seguir el camino de la consagración virginal. La presencia singular de la gracia en la vida de María lleva a la conclusión de que la joven tenía un compromiso de virginidad. Colmada de dones excepcionales del Señor desde el inicio de su existencia, está orientada a una entrega total, en alma y cuerpo, a Dios en el ofrecimiento de su virginidad” (Ib).

Fuente: Hogardelamadre.org