Mostrando entradas con la etiqueta Purgatorio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Purgatorio. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de octubre de 2022

Triduo por las Benditas Almas del Purgatorio

 TRIDUO

EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO

 

Con Licencia Eclesiástica

Guatemala, 1935

 


ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Oh Padre Eterno, que, para salvar a las almas, quisiste que vuestro Unigénito Hijo, hecho hombre, se sujetase a la vida más pobre y mortificada, y derramase en la cruz toda su sangre por nuestro amor, compadeceos de las pobrecitas Ánimas del Purgatorio, libradlas de aquellas horrorosas llamas. Por medio del Sagrado Corazón de Jesús y por los dolores de su Santísima Madre, os ofrezco en sufragio de todas ellas, las buenas obras y los actos heroicos de cuantos justos han existido en la tierra. Miradnos a todos con ojos de compasión y haced que celebremos un día vuestras misericordias en el eterno descanso de la gloria. Amén.

 

 

DÍA PRIMERO

ORACIÓN

¡Oh Señor y Dios Omnipotente, que contemplasteis a vuestro Hijo Santísimo, caminar hacia el Calvario con la Cruz a cuestas, en medio de dos malhechores, soldados y sayones en dos filas y entre oleadas de gente que de todas partes acudían a presenciar el sangriento espectáculo! Así, Jesús mío, quisiste expiar los malos pasos que yo di hacia el pecado con los dolorosos que Vos disteis hacia el sagrado monte, mis recaídas con vuestras lastimosas caídas, y mis liviandades con el sudor y sangre que derramasteis por nuestro amor. Aceptad ¡Oh Padre Eterno! Estos trabajos de vuestro dulcísimo Hijo, en satisfacción de mis pecados, y en sufragio de las benditas Ánimas del Purgatorio, y en particular de la más rica en méritos para con Vos, y llevadlas cuantos antes al descanso eterno. Amén.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

 

ORACIÓN FINAL

Oh Dios, que perdonas generosamente a los pecadores y deseas la salvación de los hombres, imploramos tu clemencia, a fin de que por la intercesión de la Virgen María y de todos los Santos, concedas a nuestros hermanos, parientes y bienhechores, que han salido de este mundo, llegar a la bienaventuranza. Amén.

  

DÍA SEGUNDO

ORACIÓN

¡Oh Señor y Padre mío amantísimo! Por el Precioso Cuerpo y Sangre de vuestro Santísimo Hijo, que, en la noche de su Pasión dolorosa, dio en comida y bebida a sus Apóstoles, y dejó a toda la Iglesia en sacrificio perpetuo y vivífico alimento de los fieles, os suplico humildemente que tengáis compasión de las pobrecitas almas del Purgatorio, y por las fervorosas oraciones de vuestros escogidos, las saquéis de aquellas voraces llamas, en especial a la que más se distinguió por su amor al Santísimo Sacramento, para que con vuestro Hijo Divino y el Espíritu Santo, os alaben y bendigan eternamente en la gloria. Amén.

  

DÍA TERCERO

ORACIÓN

¡Oh Dios de bondad y misericordia! ¡Que tormentos tan crueles fueron los de vuestro Santísimo Hijo en la cruz! Duros clavos taladraron sus pies y manos, agudas espinas traspasaron su sagrada cabeza, amargada con hiel la boca, abiertas cada vez más las heridas con el peso del sagrado cuerpo y hecho un retablo de dolores, fueronsele anublando los ojos y palideciendo el rostro con la palidez de la muerte, hasta que, por fin, exhalando un gran suspiro, entregó su espíritu en nuestras manos. Ahora, Dios mío, espero mas que nunca el perdón de mis pecados, y esperan las almas del Purgatorio su rescate y libertad. Concédesela Señor, y apagad la sed ardentísima que tienen de veros en el cielo, de reinar con Vos y bendeciros eternamente. Amén.

 Concedidos a las oraciones del Triduo, 100 día de indulgencia para cada día que lo conforma.

Fuente: apostoladopiedadpopular.blogspot.com/

La oración por las ánimas del purgatorio es, como varios santos atestiguan, sumamente efectiva para alcanzar las gracias que necesitamos, porque no solo nos vale la intercesión de cientos de almas a nuestro favor, sino que además es una práctica altamente premiada y alentada por Dios. Este triduo busca ser una forma breve de pedir la ayuda de la Iglesia Purgante para necesidades urgentes o importantes que tengamos.

Vi al Ángel de la Guarda que me ordenó seguirlo. En un momento me encontré en un lugar nebuloso, lleno de fuego y había allí una multitud de almas sufrientes. Estas almas estaban orando con gran fervor, pero sin eficacia para ellas mismas, solo nosotros podemos ayudarlas. Las llamas que las quemaban, a mí no me tocaban. Mi Ángel de la Guarda no me abandonó ni por un solo momento. Pregunté a estas almas ¿Cuál era su mayor tormento? Y me contestaron unánimemente que su mayor tormento era la añoranza de Dios.  -Santa Faustina Kowalska


sábado, 2 de noviembre de 2019

2 de noviembre: día de los Fieles Difuntos



"Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre 
su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios." 
                                        -San Agustín

"Cada uno se presentará ante el tribunal de Dios para 
darle cuenta de lo que ha hecho, de lo bueno y de lo malo." 
                                     - Santa Biblia


Las tres Iglesias: 

Se llama Iglesia a la asociación de los que creen en Jesucristo. La Iglesia se divide en tres grupos. Iglesia triunfante: los que ya se salvaron y están en el cielo (los que festejamos ayer). Iglesia militante: los que estamos en la tierra luchando por hacer el bien y evitar el mal. E Iglesia sufriente: los que están en el purgatorio purificándose de sus pecados, de las manchas que afean su alma.

El Catecismo de la Iglesia Católica, publicado por el Papa Juan Pablo II en 1992, es un texto de máxima autoridad para todos los católicos del mundo y dice cinco cosas acerca del Purgatorio:

1ª. Los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, sufren después de su muerte una purificación, para obtener la completa hermosura de su alma (1030).

2ª. La Iglesia llama Purgatorio a esa purificación, y ha hablado de ella en el Concilio de Florencia y en el Concilio de Trento. La Iglesia para hablar de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San Pablo que dice: "La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego". (1Cor. 3, 14).

3ª. La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2º. de los Macabeos en la S. Biblia dice: "Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados" (2Mac. 12, 46).

4ª. La Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos (Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: "No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma").

5ª. San Gregorio Magno afirma: "Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso".

De San Gregorio se narran dos hechos interesantes. El primero, que él ofreció 30 misas por el alma de un difunto, y después el muerto se le apareció en sueños a darle las gracias porque por esas misas había logrado salir del purgatorio. Y el segundo, que un día estando celebrando la Misa, elevó San Gregorio la Santa Hostia y se quedó con ella en lo alto por mucho tiempo. Sus ayudantes le preguntaron después por qué se había quedado tanto tiempo con la hostia elevada en sus manos, y les respondió: "Es que vi que mientras ofrecía la Santa Hostia a Dios, descansaban las benditas almas del purgatorio". Desde tiempos de San Gregorio (año 600) se ha popularizado mucho en la Iglesia Católica la costumbre de ofrecer misas por el descanso de las benditas almas.

La respuesta de San Agustín: a este gran Santo le preguntó uno: "¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?", y él le respondió: "Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él".

¿Vamos a rezar más por los difuntos? ¿Vamos a ofrecer por ellos misas, comuniones, ayudas a los pobres y otras buenas obras? Los muertos nunca jamás vienen a espantar a nadie, pero sí rezan y obtienen favores a favor de los que rezan por ellos.

Fuente: www.ewtn.com


Indulgencia plenaria en el día de los muertos

Aplicable solamente en favor de las almas del purgatorio




El día 2 de noviembre, cuando la Iglesia conmemora el día de los muertos, los fieles católicos que visiten piadosamente una iglesia o un oratorio podrán solicitar indulgencia plenaria para las almas del purgatorio.


La indulgencia podrá ser obtenida el propio día de los muertos o con el consentimiento de un obispo, en el domingo anterior o posterior, o en la solemnidad de Todos los Santos. Esta indulgencia está incluida en la Constitución apostólica Indulgencia doctrina, en la norma número 15.


Para obtener cualquier indulgencia plenaria son necesarios algunos requisitos: rezar un Padre Nuestro, un credo, un ave maría y un gloria por las intenciones del Santo Padre. Además de estas oraciones por el Sumo Pontífice, debe ser hecha una confesión sacramental y una comunión eucarística.



Con una sola confesión sacramental se pueden ganar muchas indulgencias plenarias; en cambio, con una sola comunión eucarística y con una sola oración por las intenciones del Sumo Pontífice solamente se puede ganar una indulgencia plenaria.



Las tres condiciones pueden cumplirse algunos días antes o después de la ejecución de la obra prescrita; sin embargo, es conveniente que la comunión y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice se realicen el mismo día en que se haga la obra.

Cada fiel puede rezar otra oración, según su devoción y piedad por el Romano Pontífice.





Enlaces relacionados: 

Coronilla de las Benditas Almas

 El juicio de Dios particular

La Mansión Eterna

Medios para sacar almas del Purgatorio

Las benditas almas del Purgatorio

jueves, 2 de noviembre de 2017

SOLEMNIDAD DE LOS FIELES DIFUNTOS

2 DE NOVIEMBRE




Imagen relacionada
"Cuando mis manos temblorosas, cuando mis manos
ya no puedan sujetar tu Cruz, 
Jesús mío ten piedad de mí. 
Cuando mi alma comparezca ante ti, 
dígnate acogerme entre tus brazos misericordiosos, ¡oh, Padre!”


domingo, 8 de octubre de 2017

Fray Daniele Natale y los tormentos del Purgatorio

Fray Daniele Natale y los tormentos del Purgatorio


Autor : P. Ramón Ángel Pereira, EP

Los pocos instantes que aquel discípulo de San Pío de Pietrelcina pasó en el Purgatorio le parecieron una eternidad. Y decidió recurrir a la Santísima Virgen...

Tarea nada fácil describir el estado de alboroto en que se encontraba la clínica Regina Elena, de Roma, aquel día de 1952. Había sido internado fray Daniele Natale, religioso capuchino de 33 años de edad, para someterse a la extirpación de un tumor canceroso en el bazo. El Dr. Ricardo Moretti se negaba a realizar la delicada operación por lo avanzada que estaba la enfermedad, pero la insistencia del paciente lo llevó a hacer un intento in extremis.

Infelizmente, los temores del médico se confirmaron: fray Daniele entró en coma tras la intervención quirúrgica y falleció tres días después. Una vez emitido el certificado de defunción, parientes y conocidos acudieron junto al cuerpo sin vida del capuchino para rezar por él. Hasta aquí, nada de anormal. Todo ocurrió dentro de la rutina de cualquier centro hospitalario.

El alboroto empezó, o mejor, estalló, tres horas después de haber sido declarada la muerte del religioso. Súbitamente, ¡el cadáver se desprendió de la sábana que lo cubría, se levantó con decisión y se puso a hablar!... Todos salieron corriendo de la sala aterrorizados, gritando por los pasillos. Una agitación sin par se apoderó del hospital. Y no era para menos.

Dos o tres horas de Purgatorio
El mismo fray Daniele narra, con la sencillez de los relatos evangélicos, lo que le pasó en ese intervalo de tres horas:
"Me presenté ante el trono de Dios. Vi a Dios, pero no como juez severo, sino como padre afectuoso y lleno de amor. Entonces comprendí que el Señor todo lo había hecho por amor a mí, que había cuidado de mí desde el primero hasta el último instante de mi vida, amándome como si fuera la única criatura existente en la tierra.

"También me di cuenta, sin embargo, de que no sólo no había correspondido a ese inmenso amor divino, sino que lo había descuidado completamente. Fui condenado a dos o tres horas de Purgatorio. ‘Pero, ¿cómo? -me pregunté- ¿Sólo dos o tres horas? ¿Y después permaneceré para siempre junto a Dios, eterno Amor? '. Di un salto de alegría y me sentía como un hijo predilecto".

Aunque el júbilo de fray Daniel no fue duradero...
"La visión desapareció y me encontré en el Purgatorio. La pena de dos o tres horas me había sido impuesta, sobre todo, por faltas contra el voto de pobreza. Eran dolores terribles que no se sabía de dónde venían, pero que las almas sentían intensamente. Los sentidos que más habían ofendido a Dios en este mundo sufrían mayores tormentos.

"Era algo increíble, porque allí uno se siente como si tuviera cuerpo, conoce y reconoce a los demás, como pasa en el mundo. No obstante, los pocos momentos de castigo transcurridos me parecían una eternidad. Lo que más hace sufrir en el Purgatorio no es tanto el fuego, bastante intenso realmente, sino el sentirse alejado de Dios. Y lo que más aflige es el haber tenido a disposición todos los medios para salvarse y no haber sabido aprovecharlos.

"Entonces fui a buscar a un fraile de mi convento para pedirle que rezara por mí. Éste, sorprendido porque oía mi voz, pero no me veía, decía: ‘¿Dónde estás? ¿Por qué no te veo?'. Yo insistía y, al ver que no tenía otro medio de conseguirlo, intenté tocarlo; sólo en ese momento me di cuenta de que estaba sin cuerpo. Me contenté con insistir que rezara mucho por mí y me fui".

La confusión se apoderó de la habitación
Fray Daniele NataleLa situación en la que el capuchino se encontraba parecía que no se correspondía al veredicto recibido durante su juicio particular.

"Me dije: ‘¿Cómo es esto? ¿No deberían ser sólo dos o tres horas de purgatorio...? ¡Y ya han transcurrido 300 años!'.

"De repente se me apareció la Bienaventurada Virgen María y le imploré: ‘¡Oh Virgen Santísima, Madre de Dios, obtenme del Señor la gracia de regresar a la tierra para vivir y actuar sólo por amor a Dios!'. También noté la presencia del Padre Pío y le supliqué: ‘Por tus atroces sufrimientos, por tus benditos estigmas de la Pasión de Cristo, Padre Pío, ruega por mí a Dios que me libere de estas llamas y me conceda continuar en la tierra lo que me queda de purgatorio'.

"A continuación no vi nada más. Observé que el Padre Pío hablaba con la Virgen. Unos instantes después Ella se me apareció de nuevo, inclinó la cabeza y me sonrió... En aquel preciso momento retomé posesión de mi cuerpo, abrí los ojos y estiré los brazos; luego, con un movimiento brusco, me deshice de la sábana que me cubría. Estaba muy contento. ¡Había recibido la gracia!".
Y no era imaginación suya...

"Los que me velaban y rezaban, asustadísimos, salieron corriendo de la habitación en busca de los médicos y enfermeros. En pocos minutos la clínica estaba toda alborotada. Todos creían que yo era un fantasma. El médico que había certificado mi fallecimiento entró precipitadamente en el cuarto y, con lágrimas en los ojos, dijo: ‘Sí, ahora creo. ¡Creo en Dios, creo en la Iglesia, creo en el Padre Pío!' ".

Cuatro décadas de apostolado y sufrimiento
Después de este episodio, fray Daniele retomó su vida de apostolado, como fiel discípulo de San Pío de Pietrelcina, quien le había hecho esta categórica promesa: "Donde tú estés, también estaré yo. [...] Lo que tú dices, también lo digo yo".2 Vivió cuarenta y dos años más y sintetizó en esta corta oración su ardiente deseo de salvar almas: "Envíame, Señor, todos los sufrimientos que os plazca, pero haced que un día encuentre en el Paraíso a todas las personas a las que me acerqué".

Y cuando alguien le manifestaba cualquier duda acerca del Purgatorio, sabía exponer con claridad la doctrina de la Iglesia, pero, sobre todo, podía agregar su testimonio personal: "¡Vi ese fuego! ¡Sentí el terrible ardor de esas llamas! ¡Mucho peor que el fuego, sufrí el pavoroso tormento de estar separado de Dios!".

Ante los castigos del Purgatorio, los sufrimientos del Siervo de Dios Fray Daniele Natale en esta tierra se volvieron dulces y tolerables.

1 Las palabras de fray Daniele han sido extraídas del libro: FIORE, Remigio. Fra Daniele Natale racconta... le sue esperienze con Padre Pio. San Giovanni Rotondo: Frati Cappuccini, 2001.
2 LEONE, Roberta. Fra Daniele Natale, il "riconquistatore di anime" prediletto da Padre Pio. In: Vatican Insider News: www.lastampa.it.
3 La fase diocesana de la causa de beatificación de fray Daniele Natale se inició el 5 de noviembre de 2016, con una ceremonia celebrada en la iglesia de Santa María de las Gracias, en San Giovanni Rotondo.


sábado, 2 de noviembre de 2013

Oración por los difuntos

"Tengan piedad de mí, tengan piedad de mí, 
por lo menos ustedes mis amigos, 
porque la mano del Señor me ha tocado" 
(Job 19:21).


Oración por los difuntos (dictada a María Valtorta)
Escrito del 24 de octubre de 1944.

Dice María Valtorta:    ...escribo todo lo que Jesús dicta:

"Llega el mes dedicado a los difuntos. Ruega así por ellos:

¡Oh Jesús!, que con tu gloriosa Resurrección nos has mostrado cómo serán eternamente los 'hijos de Dios', concede la santa resurrección a nuestros seres queridos, fallecidos en tu Gracia, y a nosotros, en nuestra hora. Por el sacrificio de tu Sangre, por las lágrimas de María, por los méritos de todos los Santos, abre tu Reino a sus espíritus.

¡Oh Madre!, cuya aflicción finalizó con la alborada pascual ante el Resucitado y cuya espera de reunirte con tu Hijo cesó en el gozo de tu gloriosa Asunción, consuela nuestro dolor librando de las penas a quienes amamos hasta más allá de la muerte, y ruega por nosotros que esperamos la hora de volver a encontrar el abrazo de quienes perdimos.

Mártires y Santos que estáis jubilosos en el Cielo, dirigid una mirada suplicante a Dios, y una fraterna a los difuntos que expían, para rogar al Eterno por ellos y para decirles a ellos: 'He aquí que la paz se abre para vosotros'.

Amados, tan queridos, no perdidos sino separados, que vuestras oraciones sean para nosotros el beso que añoramos, y cuando por nuestros sufragios estaréis libres en el beato Paraíso con los Santos, protegednos amándonos en la Perfección, unidos a nosotros por la invisible, activa, amorosa Comunión de los Santos, anticipo de la perfecta reunión de los 'benditos' que nos concederá, además de gozarnos con la visión de Dios, el encontraros como os tuvimos, pero sublimados por la gloria del Cielo".

sábado, 21 de septiembre de 2013

PURGATORIO: ROSARIO - CORONILLA POR LAS BENDITAS ALMAS (ANIMAS)


María, Reina del Purgatorio: te pedimos por las almas más abandonadas, necesitadas y olvidadas ¡Socórrelas más!


Les presentamos esta coronilla por las Almas del Purgatorio, breve y simple de rezar, para que nos unamos cada día al pedido que Jesús le hizo a tres almas Santas: 

1) a Santa Gertrudis la grande, 
2) a Santa Faustina Kowalska 
3) y a Sor Maria Consolata Betrone. 

A estas tres esposas Jesús les pidió:

a) ESPECIAL devoción por las almas purgantes, 

b) Les mostró los sufrimientos de las almas en el lugar de la purificación,

c) Les enseñó el Misterio del Purgatorio, 

d) y también les entregó Oraciones para rezar por las almas.


Conjugando las revelaciones que Jesús hizo a estas tres almas es que surge esta Coronilla:


Se reza con las cuentas de un Rosario tradicional.


OREMOS:

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. 

JACULATORIA DE INTRODUCCION: 

"Oh Sangre y Agua, que brotaste del Corazón de Jesús como una fuente de Misericordia para nosotros, en tí confío". (3 veces al iniciar)

PADRE NUESTRO:

Padre nuestro que estás en el Cielo, Santificado sea tu Nombre; 
venga a nosotros tu reino; hágase tu Voluntad en la Tierra como en el Cielo. 

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación,
y líbranos del Mal. Amen.

AVE MARÍA:

Dios te salve María, llena eres de Gracia, El Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

-Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

CREDO: 

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del Cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue Crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al Cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a, vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los Profetas.

Creo en la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén. 


Se inicia con la Jaculatoria de Introducción, un Padre Nuestro, Ave María y Credo.

En las cuentas del Padre Nuestro: 

"Padre Eterno, te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Tu Amadisimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, en unión con las Misas celebradas hoy en todo el mundo, por las Benditas Almas del Purgatorio, y por los pecados y pecadores del mundo entero."

En las cuentas del Ave Maria: 

"JESUS, MARIA OS AMO, SALVAD ALMAS". (10 veces en cada una de las 5 decenas)

Al final del Rosario: 

"SANTO DIOS, SANTO FUERTE, SANTO INMORTAL,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS Y DEL MUNDO ENTERO". (3 veces)

San José es el Santo Patrón de la Iglesia Universal: también de la Iglesia Purgante! San José: Ruega por ellas.




ORACIÓN POR LOS DIFUNTOS (dictada a María Valtorta):


Escrito del 24 de octubre de 1944.

...escribo todo lo que Jesús dicta:

"Llega el mes dedicado a los difuntos. Ruega así por ellos:

¡Oh Jesús!, que con tu gloriosa Resurrección nos has mostrado cómo serán eternamente los 'hijos de Dios', concede la santa resurrección a nuestros seres queridos, fallecidos en tu Gracia, y a nosotros, en nuestra hora. Por el sacrificio de tu Sangre, por las lágrimas de María, por los méritos de todos los Santos, abre tu Reino a sus espíritus.

¡Oh Madre!, cuya aflicción finalizó con la alborada pascual ante el Resucitado y cuya espera de reunirte con tu Hijo cesó en el gozo de tu gloriosa Asunción, consuela nuestro dolor librando de las penas a quienes amamos hasta más allá de la muerte, y ruega por nosotros que esperamos la hora de volver a encontrar el abrazo de quienes perdimos.

Mártires y Santos que estáis jubilosos en el Cielo, dirigid una mirada suplicante a Dios, y una fraterna a los difuntos que expían, para rogar al Eterno por ellos y para decirles a ellos: 'He aquí que la paz se abre para vosotros'.

Amados, tan queridos, no perdidos sino separados, que vuestras oraciones sean para nosotros el beso que añoramos, y cuando por nuestros sufragios estaréis libres en el beato Paraíso con los Santos, protegednos amándonos en la Perfección, unidos a nosotros por la invisible, activa, amorosa Comunión de los Santos, anticipo de la perfecta reunión de los 'benditos' que nos concederá, además de gozarnos con la visión de Dios, el encontraros como os tuvimos, pero sublimados por la gloria del Cielo".

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Misterios del Más Allá: El Juicio de Dios. Juicio Particular. La resurrección de la carne y el Juicio Universal


EL MISTERIO DEL MÁS ALLÁ 
Antonio Royo Marín, O.P. 

AL LECTOR 

Las siguientes páginas contienen el texto íntegro de una serie de Conferencias Cuaresmales pronunciadas por el autor en la Real Basílica de Atocha, de Madrid, que fueron retransmitidas a toda España por Radio Nacional en conexión con varias emisoras de provincias. 

La resonancia verdaderamente nacional que alcanzaron aquellas conferencias, nos ha impulsado a ofrecerlas en su texto taquigráfico, a fin de conservar en lo posible la espontaneidad y el ritmo oratorio con que fueron pronunciadas. 

I 

EXISTENCIA DEL MÁS ALLÁ

Comenzamos hoy, bajo el manto y la mirada maternal de la Santísima Virgen de Atocha, esta serie de conferencias cuaresmales, cuyo tema central lo constituye El misterio del más allá. 

Y, ante todo, os voy a decir por qué he escogido este tema. Son tres las principales razones que me han movido a ello:
En primer lugar, por su trascendencia soberana. Ante él, todos los demás problemas que se pueden plantear a un hombre sobre la tierra, no pasan de la categoría de pequeños problemas sin importancia. No voy a invocar una conversación tenida con un alto intelectual. Salid simplemente a la calle. Preguntadle a ese obrero que se dirige a su trabajo: 

–¿Adónde vas? 
Os dirá: ¿Yo?, a trabajar. 
–¿Y para qué quieres trabajar? 
–Pues para ganar un jornal. 
–Y el jornal, ¿para qué lo quieres? 
–Pues para comer. 
–¿Y para qué quieres comer? 
–Pues..., ¡para vivir! 
–¿Y para qué quieres vivir? 

Se quedará estupefacto creyendo que os estáis burlando de él. Y en realidad, señores, esa última es la pregunta definitiva; ¿para qué quieres vivir?, o sea, ¿cuál es la finalidad de tu vida sobre la tierra?, ¿qué haces en este mundo?, ¿quién eres tú? No me interesa tu nombre y tu apellido como individuo particular: ¿quién eres tú como criatura humana, como ser racional?, ¿por qué y para qué estás en este mundo?, ¿de dónde vienes?, ¿adónde vas?, ¿qué será de ti después de esta vida terrena?, ¿qué encontrarás más allá del sepulcro? 

Señores: éstas son las preguntas más trascendentales, el problema más importante que se puede plantear un hombre sobre la tierra. Ante él, vuelvo a repetir, palidecen y se esfuman en absoluto esa infinita cantidad de pequeños problemas humanos que tanto preocupan a los hombres. El problema más grande, el más trascendental de nuestra existencia, es el de nuestros destinos eternos. 

La segunda razón que me impulsó a escoger este tema es su enorme eficacia sobrenatural para orientar a las almas en su camino hacia Dios. Este tema interesantísimo no puede dejar indiferente a nadie, porque plantea los grandes problemas de la vida humana. No se trata de una cosa fugaz y perecedera. Se trata de nuestros destinos inmortales, y esto, a cualquier hombre reflexivo tiene que llegarle forzosamente hasta lo más hondo del alma. Para encogerse de hombros ante él es menester ser un loco o un insensato irresponsable. 

La tercera razón, señores, es su palpitante actualidad. Porque si este tema no puede envejecer jamás, por tratarse del problema fundamental de la vida humana, de una manera especialísima en estos tiempos que estamos atravesando adquiere caracteres de palpitante actualidad. No hay más que contemplar el mundo, señores, para ver de qué manera camina desorientado en las tinieblas por haberse puesto voluntariamente de espaldas a la luz. 

Es inútil que se reúnan las cancillerías, que se organicen asambleas internacionales. No lograrán poner en orden y concierto al mundo hasta que lo arrodillen ante Cristo, ante Aquél que es la Luz del mundo; hasta que, plenamente convencidos todos de que por encima de todos los bienes terrenos y de todos los egoísmos humanos es preciso salvar el alma, se pongan en vigor, en todas las naciones del mundo, los diez mandamientos de la Ley de Dios. 

Con sola esta medida se resolverían automáticamente todos los problemas nacionales e internacionales que tienen planteados los hombres de hoy; y sin ella será absolutamente inútil todo cuanto se intente. 

Precisamente porque el mundo de hoy no se preocupa de sus destinos eternos, porque no se habla sino del petróleo árabe, de la hegemonía económica mundial de ésta o de la otra nación, o de cualquier otro problema terreno materialista, en el horizonte cercano aparecen negros nubarrones que, si Dios no lo remedia, acabarán en un desastre apocalíptico bajo el siniestro resplandor y el estruendo horrísono de las bombas atómicas. 


Examinemos, señores, los datos fundamentales del problema. 

Desde la más remota antigüedad se enfrentan y luchan en el mundo dos fuerzas antagónicas, dos concepciones de la vida completamente distintas e irreductibles: la concepción materialista, irreligiosa y atea, que no se preocupa sino de esta vida terrena, y la concepción espiritualista, que piensa en el más allá. 

La primera podría tener como símbolo una sala de fiestas, un salón de baile, un cabaret, y sobre su frontispicio esta inscripción, estas solas palabras: No hay más allá. Por consiguiente, vamos a gozar, vamos a divertirnos, vamos a pasarlo bien en este mundo. Placeres, riquezas, aplausos, honores... ¡A pasarlo bien en este mundo! Comamos y bebamos, que mañana moriremos. Concepción materialista de la vida, señores. 

Pero hay otra concepción: la espiritualista, la que se enfrenta con los destinos eternos, la que podría tener como símbolo una grandiosa catedral en cuyo frontispicio se leyera esta inscripción: ¡Hay un más allá! O si queréis esta otra más gráfica y expresiva todavía: ¿Qué le aprovecha al hombre ganar el mundo entero si al cabo pierde su alma para toda la eternidad?

He aquí, señores, la disyuntiva formidable que tenemos planteada en este mundo. No podemos encogernos de hombros. No podemos permanecer indiferente ante este problema colosal, porque, queramos o no, lo tenemos todos planteado por le mero hecho de haber nacido: “estamos ya embarcados” y no es posible renunciar a la tremenda aventura. 

Yo comprendo perfectamente la risa y la carcajada volteriana del incrédulo irreflexivo que se hunde totalmente en el cieno, que no vive más que para sus placeres, sus riquezas y sus comodidades temporales. Lo comprendo perfectamente, porque es un insensato, un loco, que no se ha planteado nunca en serio el problema del más allá. Pero una persona que tenga un poquito de fe y otro poco de sentido común, que sepa reflexionar y que se plantee el problema del más allá, y se encoja de hombros ante él y diga: “La eternidad, ¿qué me importa eso?”, señores, eso no lo comprendo, eso no lo concibo. Ante el problema pavoroso del más allá no podemos permanecer indiferentes, no podemos encogernos de hombros. Tenemos que tomar una actitud firme y decidida, si no queremos renunciar, no ya a la fe cristiana, sino a la simple condición de seres racionales. 

Precisamente estos días vengo a hablaros de este gran problema de nuestros destinos eternos: del misterio del más allá.

Esta tarde, en las primeras de mis conferencias, voy a ceñirme exclusivamente a poner en claro la existencia del más allá. Nada más. 

No vengo en plan apologético. Tengo muy poca fe en la apologética, señores, como instrumento apto para convencer al que no está dispuesto a aceptar la verdad aunque brille ante él más clara que el sol. Ya lo supo decir admirablemente uno de los genios más portentosos que ha conocido la humanidad, una de las inteligencias más preclaras que han brillado jamás en el mundo: San Agustín. Un hombre que conocía maravillosamente el problema, que sabía las angustias, la incertidumbre de un corazón que va en busca de la luz de la verdad sin poderla encontrar, porque vivió los primeros treinta años de su vida en las tinieblas del paganismo. Conocía maravillosamente el problema y sabía muy bien que no hay ni pueden haber argumentos válidos contra la fe católica. No los hay, ni los puede haber, porque la verdad no es más que una, y esa única verdad no puede ser llamada al tribunal del error, para ser juzgada y sentenciada por él. Es imposible, señores, que haya incrédulos de cabeza, de argumentos, incrédulos que puedan decir con sinceridad: “yo no puedo creer porque tengo la demostración aplastante, las pruebas concluyentes de la falsedad de la fe católica”. ¡Imposible de todo punto! 

No hay incrédulos de cabeza, pero sí muchísimos incrédulos de corazón. No tienen  argumentos contra la fe, pero sí un montón de cargas afectivas. No creen porque no les conviene creer. Porque saben perfectamente que si creen tendrán que restituir sus riquezas mal adquiridas, renunciar a vengarse de sus enemigos, romper con su amiguita o su media docena de amiguitas, tendrán, en una palabra, que cumplir los diez mandamientos de la Ley de Dios. Y no están dispuestos a ello. Prefieren vivir anchamente en este mundo, entregándose a toda clase de placeres y desórdenes. Y para poderlo hacer con relativa tranquilidad se ciegan voluntariamente a sí mismos; cierran sus ojos a la luz y sus oídos a la verdad evangélica. ¡No les da la gana de creer! No porque tengan argumentos, sino porque les sobran demasiadas cargas afectivas. 

Señores: cuando el corazón está sano, cuando no tenemos absolutamente nada que temer de Dios, no dudamos en lo más mínimo de su existencia. ¡Ah, pero cuando el corazón está corrompido...! ...

San Agustín conocía maravillosamente esta psicología del corazón humano y por eso escribió esta frase lapidaria y genial: “Para el que quiere creer, tengo mil pruebas; para el que no quiere creer, no tengo ninguna”. 

Maravillosa frase, señores. Para el que quiere creer, para el hombre honrado, para el hombre sensato, para el hombre que quiere discurrir con sinceridad, tengo mil pruebas enteramente demostrativas de la verdad de la fe católica. Pero para el que no quiere creer, para el que cierra obstinadamente su inteligencia a la luz de la verdad, no tengo absolutamente ninguna prueba. 

A ese incrédulo del “corazón”, a ése que lanza su carcajada volteriana porque “no le interesan las cosas de los curas y de los frailes”, a ése no tengo que decirle absolutamente nada. Pero que no olvide, sin embargo, la frase magistral de San Agustín: “Para el que quiere creer, tengo mil pruebas; para el que no quiere creer, no tengo ninguna”. 

No me dirijo al incrédulo volteriano. Me dirijo, sencillamente, al hombre de la calle, que vive quizá olvidado de Dios, pero que posee un fondo honrado y un corazón recto; a ese hombre bueno, honrado, de corazón sincero, de corazón naturalmente cristiano, pero irreflexivo y atolondrado, que no se ha planteado nunca en serio el problema del más allá. Con éste quiero hablar. Con éste quiero entablar diálogo, y le digo: “amigo, escúchame, que estoy completamente seguro de que llegaremos a un acuerdo, porque te voy a hablar a la 
inteligencia y al corazón y tú tienes una inteligencia sana y un corazón noble y me vas a escuchar con sincera rectitud de intención”. 

Te voy a hablar de la existencia del más allá. Voy a proponerte tres argumentos. Sencillos, claros, al alcance de todas las fortunas intelectuales. En el primero, nos moveremos en el plano de las meras posibilidades. En el segundo, llegaremos a la certeza natural, o sea, a la que corresponde al orden puramente humano, filosófico, de simple razón natural. Y en tercero, llegaremos a la certeza sobrenatural, en torno a la existencia del más allá. 

jueves, 21 de febrero de 2013

La mansión eterna



Un día una señora falleció y llegó al cielo. Allí junto a las mas de cien mil personas que diariamente mueren, estaba haciendo cola para saber cuál sería su destino eterno. De pronto apareció San Pedro y le dijo:

"Vénganse conmigo y les mostraré en qué barrio está la casa que le corresponde a cada uno. Ello dependerá de la cantidad de amor que cada cual haya ofrecido a la tierra a los demás, aquí la única cuota inicial que se recibe para su habitación eterna es la caridad y el buen trabajo que hayan dado en la tierra y los fue guiando por barrios de lujo, como ella jamás pensó que pudiera existir".

Llegaron a un barrio hecho todo de oro, casas de oro, puertas doradas, paredes y techos de oro, una maravilla, y San Pedro exclamó: "Aquí están todos los que gastaron mucho dinero en ayuda de los necesitados, los que su amor hacia los demás sí les costó en vida, y fueron entrando todos los generosos, los que partieron el pan con el hambriento, los que regalaron sus vestidos a los pobres, consolaron a los presos y visitaron enfermos. La señora quiso entrar, pero un ángel la detuvo al tiempo que decía: "Perdóneme, pero usted en la tierra no dio ni migajas a los demás,  jamás dio nada que en verdad costara ni en tiempo ni en dinero, ni tampoco vestido. Este barrio es solamente para los de corazón generoso, y no la dejo entrar.

Pasaron luego a otro barrio de la eternidad. Todas las casas estaban construidas en marfil, todo blancura y elegancia nunca vista. La señora se apresuró a entrar en tan hermoso barrio, pero un ángel guardián la tomó del brazo y le dijo: "Me da pena, señora, pero este barrio es solamente para aquellos que tuvieron un trato limpio y sincero hacia los demás. Usted era una persona muy corriente en el hablar, dura, criticona y a veces hasta grosera en su trato. Y mientras los demás estaban gozosos en tomar posesión de sus lujosas casas, la pobre mujer se quedaba afuera mirando con envidia a aquellos que habían sido afortunados. Ella no pudo entrar, le faltaba la 
cuota inicial: haber tratado bien a los demás.

Siguieron luego a un tercer barrio. Todo era del más puro cristal, todo brillante y hermoso, la señora corrió a tomar posesión de una de aquellas maravillas pero el ángel portero la detuvo y le dijo muy serio: En su pasaporte dice que usted no se interesó ni poco, ni mucho por instruir a los demás y usted nunca se preocupó porque las personas con las que usted vivía se volvieran mejores, así que no hay casa para usted, le falta la cuota inicial de haber colaborado para que otros se instruyeran en las cosas del Señor.

Entristecida, la pobre mujer veía que entraban miles de personas muy alegres a tomar posesión de su casa, mientras ella, con un numeroso grupo de egoístas, era llevada, cuesta abajo hacia un barrio verdaderamente feo y asqueroso. Todas las habitaciones estaban construídas de desechos. El único material que se había utilizado para la construcción de aquellas casas eran objetos de basura. Las lechuzas sobrevolaban por ahí, ratones moraban en aquel lugar. Ella se tapó la nariz porque la fetidez era insoportable y quiso salir huyendo.

No obstante, el guardián del barrio le dijo muy seriamente: una de estas casas será su habitación. Venga a tomar posesión de ella. La mujer gritó angustiada que no, que eso era horrible, que jamás sería capaz de vivir en semejante montón de basura y el ángel le respondió: "Señora, esto es lo único que hemos podido construir con la cuota inicial que usted envió desde la tierra. Las habitaciones de la eternidad las hacemos con los materiales que las personas mandan desde el mundo. Usted solamente enviaba cada día egoísmo, malos tratos a los demás, murmuraciones, críticas, palabras hirientes, odios, tacañería y envidia, ¿Qué más hubiera podido construirle? 
Usted misma nos mandó el material para construirle su mansión, la mujer empezó a llorar y a decir que ella no quería vivir ahí y de pronto al hacer un esfuerzo para zafarse de las manos de quien quería hacerle vivir en semejante casa dio un salto...... y se despertó!

Tenía la almohada empapada en lágrimas. Sin embargo, aquella pesadilla le sirvió de examen de conciencia y desde entonces empezó a cambiar su vida y cuidar el material que enviaba como cuota inicial para la construcción de su casa eterna.

¿Te has preguntado qué clase de materiales estás enviando para que te construyan la casa donde vivirás eternamente? Aún estamos a tiempo de cambiar el tipo de material de nuestra cuota inicial. ¡Empecemos a amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos!