lunes, 12 de octubre de 2026

San Agustín: El Combate Cristiano - Capítulos XXVI a XXX

 

EL COMBATE CRISTIANO

Traductor: Lope Cilleruelo, OSA

Revisión: Domingo Natal, OSA


CAPÍTULO XXVI

Cristo está sentado a la derecha del Padre.
¿Qué es la derecha y la izquierda?

28. Ni escuchemos a los que niegan que el Hijo esté sentado a la derecha del Padre. Y dicen: ¿Es que acaso el Padre tiene costado derecho e izquierdo como los cuerpos humanos? Nosotros tampoco tenemos este pensamiento acerca del Padre, ya que Dios no se define ni encierra en forma alguna de cuerpo. La diestra del Padre es la bienaventuranza eterna que se promete a los santos, como, con razón, se llama siniestra la miseria perpetua que se otorga a los impíos, de modo que, como dijimos, se entienda que la derecha y la izquierda no se encuentra en Dios mismo, sino en las criaturas. El cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, ha de estar a la derecha, esto es, en la misma bienaventuranza, como lo dice el Apóstol, pues: juntos nos resucitó y juntos nos hizo sentar en los cielos 57. Y aunque nuestro cuerpo aún no esté allí, nuestra esperanza ya está allí. Por eso, el mismo Señor, después de la resurrección, mandó a los discípulos, que estaban pescando, que echaran la red a la derecha. Y cuando lo hicieron, cogieron unos peces que eran todos grandes 58, porque éstos simbolizaban a los justos a los que se promete la derecha. Esto mismo quiso dar a entender cuando dijo que en el juicio iba a poner a los corderos a la derecha y a los cabritos a la izquierda 59.

CAPÍTULO XXVII

El juicio final es cierto

29. Ni oigamos a los que niegan el día del juicio futuro, y recuerdan que en el Evangelio está escrito que el que cree en Cristo no será juzgado y que el que no cree en Él ya está juzgado 60. Dicen pues: Si el que cree no vendrá a juicio y el que no cree ya está juzgado, ¿dónde están los que han de ser juzgados el día del juicio? No entienden que las Escrituras hablan así para presentar el tiempo pasado como futuro, según arriba dijimos que el Apóstol dice, de nosotros, que juntos nos ha hecho sentar en los cielos, aunque todavía no se ha realizado. Como el mismo Señor dijo a sus discípulos: Todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer 61. Y poco después dice: muchas cosas tengo aún que deciros, pero no podéis llevarlas ahora 62. ¿Cómo ha dicho, pues: todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer, sino al dar por realizado lo que sin duda, un día, había de realizar por el Espíritu Santo? Del mismo modo, cuando oímos: el que cree en Cristo no vendrá a juicio, entendemos que no sufrirá la condenación. Pues se dice juicio por condenación, como cuando dice el Apóstol: el que no come no juzgue al que come 63, es decir, no piense mal de él. Y el Señor dice: no juzguéis y no seréis juzgados 64. Pero no nos quita la inteligencia para juzgar, pues el profeta dice: hijos de los hombres, si amáis de verdad la justicia, juzgad lo recto 65. Y el mismo Señor nos dice: no juzguéis según las personas, sino haced un juicio justo 66. En esto, en que nos prohíbe juzgar, nos advierte que no condenemos a nadie, porque no conocemos sus pensamientos o no sabemos cómo ha de ser más tarde. Del mismo modo, al decir que no vendrá a juicio, quiso decir que no sufrirá condena. Y, con: el que no cree ya ha sido juzgado 67, quiso decir que en la presciencia divina ya está condenado, pues Dios sabe lo que amenaza a los incrédulos.

CAPÍTULO XXVIII

El Espíritu prometido no vino con Pablo y Montano

30. No escuchemos tampoco a los que dicen que el Espíritu Santo que prometió el Señor en el Evangelio ha venido con Pablo, el apóstol; o con Montano y Priscila, como dicen los catafrigas; o con no sé qué Manés o Maniqueo, como dicen los maniqueos. Éstos están tan ciegos que no entienden las Escrituras más claras o viven tan olvidados de su salvación que no las leen en absoluto. Pues ¿quién, si lee el Evangelio, no entenderá lo que escribe, para después de la resurrección del Señor, cuando éste dice: yo envío el prometido de mi Padre sobre vosotros; quedaos, pues, aquí, en la ciudad, hasta que seáis revestidos de la virtud de lo alto? 68 Y no prestan atención a que, en los Hechos de los Apóstoles, después de desaparecer el Señor, al subir al cielo, de la vista de sus discípulos, pasados diez días, el día de Pentecostés, con toda claridad, vino el Espíritu Santo, y como estaban en la ciudad, como les había aconsejado, los llenó a todos de modo que hablaron lenguas 69. Pues de las diversas naciones que entonces estaban presentes, cada uno de los oyentes les entendía en su propia lengua. Pero estos hombres engañan a los que, sin atender a la fe católica, no quieren aprender de su fe, que en las Escrituras es universal, y, lo que es más grave y lamentable, son negligentes para entregarse a la fe católica y diligentes para acomodarse a los herejes.

CAPÍTULO XXIX

La unidad de la Iglesia y los donatistas

31. Ni escuchemos a los que niegan que la santa Iglesia, que es la única católica, esté difundida por todo el mundo, sino que piensan que solo es válida en África, esto es, en el partido de Donato. Éstos hacen oídos sordos al profeta que dice: tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy, pídeme y te daré todas las gentes como herencia tuya y como posesión tuya hasta los confines de la tierra 70. Y otros muchos pasajes, que están escritos tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que muy claramente declaran que la Iglesia de Cristo está difundida por todo el orbe de la tierra. Cuando les objetamos esto, dicen que eso se realizó ya antes de surgir el partido de Donato, pero que después pereció toda la Iglesia, y pretenden que solo quedaron sus restos en la parte de Donato. ¡Oh, lengua orgullosa y abominable!, ¡ojalá al menos viviesen de modo que entre ellos se mantuviese la paz! Pero ahora no se dan cuenta que ya ha ocurrido en el donatismo lo que está escrito: con la medida que midiereis seréis medidos 71.

Pues como Donato intentó dividir a Cristo, así él es dividido por los suyos con divisiones diarias. A esto también pertenece aquello que el Señor dice: el que a espada hiere, a espada morirá 72. En este pasaje, la espada, que tiene un sentido peyorativo, significa la lengua que siembra la discordia, con la que el infeliz Donato hirió a la Iglesia aunque no la asesinó. Porque no dijo el Señor: el que mate con la espada, a espada morirá, sino: quien usare de la espada, a espada morirá. Como él hirió a la Iglesia con la lengua contenciosa, también él es hoy dividido, por ella, hasta que se disgregue y muera definitivamente. Pues, aunque el apóstol Pedro, que no había obrado por propio orgullo sino por amor, aunque fuera carnal, al Señor, cuando fue amonestado guardó la espada, pero este Donato no la envainó ni aun vencido. Llevó al obispo Ceciliano ante el tribunal, ante los obispos de Roma que él había pedido; no pudo probar nada de lo que había intentado, pero se cerró en su cisma hasta morir con su espada. Su partido no escucha ni a los Profetas ni al Evangelio, en los que muy claramente está escrito que la Iglesia de Cristo está difundida entre todas las gentes. Y escucha a los cismáticos, no buscando la gloria de Dios sino la suya, y así manifiesta con claridad que es un esclavo, no un hombre libre, que tiene cortada la oreja derecha. Pues Pedro, equivocado por amor al Señor, cortó la oreja derecha a un siervo, no a un hombre libre, y eso significa que los que son heridos por la espada del cisma, son siervos de los deseos carnales y aún no han sido conducidos a la libertad del Espíritu Santo, de modo que ya no pongan la confianza en el hombre. Significa también que no oyen lo que es recto, esto es, la gloria del Señor muy ampliamente proclamada por la Iglesia católica, sino que solo oyen el error siniestro de la vanagloria humana.

Y si el Señor dice en el Evangelio que, cuando éste fuere predicado, en todos los países, vendrá el fin 73, ¿cómo dicen éstos que todas las demás gentes perdieron la fe, y que la Iglesia permaneció solo en la parte de Donato? Pues es notorio que, después de separarse su partido de la unidad, han creído nuevas gentes, y todavía quedan algunas sin recibir la fe, por lo que se les predica cada día, sin cesar, el Evangelio. ¿Y quién no se admiraría de alguien que quisiera llamarse cristiano y le arrastrase tan gran impiedad, contra la gloria de Cristo, que osare decir que todos aquellos pueblos que actualmente acceden a la Iglesia de Dios y se apresuran a creer en el Hijo de Dios, en vano lo hacen porque no los bautiza un donatista? Sin duda los hombres abominarían de todo esto y los abandonarían sin dilación, si buscasen a Cristo, si amasen a la Iglesia, si fuesen libres, y si tuviesen sana la oreja derecha.

CAPÍTULO XXX

Contra los luciferinos

32. Ni oigamos a los que, aunque no rebauticen a nadie, se separaron de la unidad y prefirieron llamarse luciferinos y no católicos. Hacen bien, en cuanto entienden que el bautismo de Cristo no se debe repetir. Sienten que el sacramento de la santa purificación no se da en parte alguna sino por la Iglesia católica, pues los sarmientos cortados mantienen en sí aquella forma que habían recibido de la vid antes que fueran cortados. Estos son, pues, de quienes dijo el Apóstol: tienen la apariencia de piedad, pero niegan su virtud 74. La gran virtud de la piedad es la paz y la unidad, porque Dios es uno. Pero ellos no la tienen porque fueron separados de la unidad. Y, por tanto, si alguno de ellos viene a la Católica, no renuevan la apariencia de piedad que tienen, sino que reciben la virtud de la piedad que no tienen. Pues claramente enseña el Apóstol que los ramos amputados pueden injertarse de nuevo si no permanecen en la incredulidad 75. Cuando los luciferinos lo entienden y no rebautizan no se lo condenamos, mas ¿quién no reconocerá que es detestable el que hayan preferido ser desarraigados? Máxime, porque lo que más les desagradó en la Iglesia católica fue el que su piedad fuese católica. Porque nunca en ninguna parte deben reinar las entrañas de misericordia, como en la Iglesia católica, para que, como auténtica madre, no insulte con orgullo a los hijos pecadores, y perdone, sin dificultad, a los arrepentidos. Pues, no sin causa, Pedro hace las veces de esta Iglesia católica entre todos los apóstoles. A esta Iglesia se le dieron las llaves del reino de los cielos cuando se las dieron a Pedro 76. Y cuando a él se le dijo, a todos se les dijo: ¿Me amas? Apacienta mis ovejas 77. Debe, pues, la Iglesia católica, por la firmeza de su piedad, perdonar con liberalidad a sus hijos, pues vemos que se le concedió perdón a Pedro, que hacía sus veces, cuando titubeó en el mar 78, cuando quería apartar al Señor de su pasión con la prudencia de la carne 79, cuando cortó la oreja de un siervo con la espada, cuando negó al Señor por tres veces 80 y, posteriormente, cuando cayó en una simulación supersticiosa 81. Pero una vez arrepentido y reformado, llegó hasta la gloria de la pasión del Señor.

Del mismo modo, después de la persecución que promovieron los herejes arrianos, y después que los príncipes seculares dieron a la Iglesia católica la paz, que ella tiene siempre en el Señor, muchos obispos, que habían consentido en la perfidia de los arrianos durante aquella persecución, arrepentidos, solicitaron entrar en la Católica y anatematizaron lo que habían creído o lo que habían simulado creer. A éstos, la Iglesia católica los recibió en su seno maternal como se recibió a Pedro, amonestado por el canto del gallo, después de llorar su negación y como a él mismo cuando, después de la simulación perversa, se corrigió, avisado por la voz de Pablo. Pero los luciferinos recibieron con soberbia la caridad de la madre y con impiedad la rechazaron. Por no haberse alegrado con Pedro cuando se levantó con el canto del gallo 82, merecieron caer con Lucifer que se rebelaba a la aurora 83.

12 de octubre: Nuestra Señora del Pilar

 



Según una venerada tradición, la Santísima Virgen María se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Esta tradición encontró su expresión cultual en la misa y en el Oficio que, para toda España, decretó Clemente XII. Pío VII elevó la categoría litúrgica de la fiesta. Pío XII otorgó a todas las naciones sudamericanas la posibilidad de celebrar la misma misa que se celebraba en España.

* El Pilar, lugar privilegiado de oración y de gracia  (Del Oficio Divino)


Historia de la Virgen del Pilar
La tradición, tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio. Se dice que, por entonces (40 AD), el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España. Aquellas tierras no habían recibido el evangelio, por lo que se encontraban atadas al paganismo. Santiago obtuvo la bendición de la Santísima Virgen para su misión.

Los documentos dicen textualmente que Santiago, "pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso".

En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando "oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol". La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que "permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio". 

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia 

en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.

Muchos historiadores e investigadores defienden esta tradición y aducen que hay una serie de monumentos y testimonios que demuestran la existencia de una iglesia dedicada a la Virgen de Zaragoza.  El mas antiguo de estos testimonios es el famoso sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza desde el siglo IV, cuando la santa fue martirizada. El sarcófago representa, en un bajo relieve, el descenso de la Virgen de los cielos para aparecerse al Apóstol Santiago.

Asimismo, hacia el año 835, un monje de San Germán de París, llamado Almoino, redactó unos escritos en los que habla de la Iglesia de la Virgen María de Zaragoza, "donde había servido en el siglo III el gran mártir San Vicente", cuyos restos fueron depositados por el obispo de Zaragoza, en la iglesia de la Virgen María. También está atestiguado que antes de la ocupación musulmana de Zaragoza (714) había allí un templo dedicado a la Virgen.

La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como "una antigua y piadosa creencia".

Numerosos milagros de la Virgen

 En 1438 se escribió un Libro de milagros atribuidos a la Virgen del Pilar, que contribuyó al fomento de la devoción hasta el punto de que, el rey Fernando el católico dijo: "creemos que ninguno de los católicos de occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Sta.y Purísima Virgen y Madre de Dios, Sta. María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros".

El Gran milagro del Cojo de Calanda (1640)  Se trata de un hombre a quien le amputaron una pierna.  Un día años mas tarde, mientras soñaba que visitaba la basílica de la Virgen del Pilar, la pierna volvió a su sitio.  Era la misma pierna que había perdido. Miles de personas fueron testigos y en la pared derecha de la basílica hay un cuadro recordando este milagro.

 El Papa Clemente XII señaló la fecha del 12 de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar, pero ya desde siglos antes, en todas las iglesias de España y entre los pueblos sujetos al rey católico , se celebraba la dicha de haber tenido a la Madre de Dios en su región, cuando todavía vivía en carne mortal.

Tres rasgos peculiares que caracterizan a la Virgen del Pilar y la distinguen de las otras:

1- Se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal. A diferencia de las otras apariciones la Virgen viene cuando todavía vive en Palestina: ¨Con ninguna nación hizo cosa semejante", cantará con razón la liturgia del 2 de enero, fiesta de la Venida de la Virgen.

2- La Columna o Pilar que la misma Señora trajo para que, sobre él se construyera la primera capilla que, de hecho, sería el primer Templo Mariano de toda la Cristiandad.

3- La vinculación de la tradición pilarista con la tradición jacobea (del Santuario de Santiago de Compostela). Por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido dos ejes fundamentales, en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de la patria española.


Simbolismo del pilar
El pilar o columna: la idea de la solidez del edificio-iglesia con la de la firmeza de la columna-confianza en la protección de María.

La columna es símbolo del conducto que une el cielo y la tierra, "manifestación de la potencia de Dios en el hombre y la potencia del hombre bajo la influencia de Dios". Es soporte de los sagrado, soporte de la vida cotidiana. María, la puerta del cielo, la escala de Jacob, ha sido la mujer escogida por Dios para venir a nuestro mundo. En ella la tierra y el cielo se han unido en Jesucristo.

 Las columnas garantizan la solidez del edificio, sea arquitectónico o social. Quebrantarlas es amenazar el edificio entero. La columna es la primera piedra del templo, que se desarrolla a su alrededor; es el eje de la construcción que liga entre si los diferentes niveles. María es también la primera piedra de la Iglesia, el templo de Dios; en torno a ella, lo mismo que los apóstoles reunidos el día de pentecostés, va creciendo el pueblo de Dios; la fe y la esperanza de la Virgen alientan a los cristianos en su esfuerzo por edificar el reino de Dios.

Vemos en Ex 13, 21-22, que una columna de fuego por la noche acompañaba al pueblo de Israel peregrino en el desierto, dirigiendo su itinerario.

En la Virgen del Pilar el pueblo ve simbolizada "la presencia de Dios, una presencia activa que, guía al pueblo de elegido a través de las emboscadas de la ruta".


Liturgia Eucarística del Pilar:
Los textos utilizados son: en la primera lectura, 1 Crónicas 15, donde se recuerda a la Virgen simbolizada por el arca de la alianza, la presencia de Dios en medio de su pueblo, a través de María, lo cual es gozo para la Iglesia. La segunda lectura (He 1, 12-14) y el evangelio (Lc. 11, 272-28) nos hablan también de la presencia de la Virgen en la iglesia y de las alabanzas que el pueblo le tributa. El prefacio celebra las maravillas que Dios ha realizado en María, "esperanza de los fieles y gozo de todo nuestro pueblo". Durante la oración colecta se pide por intercesión de la Virgen "fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor", así como en la oración de las ofrendas, donde se muestra el deseo de "permanecer firmes en la fe".

Antífona de entrada: se piensa en la Virgen como "la columna que guiaba y sostenía día y noche al pueblo en el desierto", y en el salmo responsorial se recuerda "el Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado".

En el aleluya: "afianzó mis pies sobre la roca y me puso en la boca una cántico nuevo".

Domina en la liturgia la idea de la presencia de María en la Iglesia y de la firmeza que su intercesión y su devoción procura al pueblo de Dios.

El día 12 de octubre de 1492, precisamente cuando las tres carabelas de Cristóbal Colon avistaban las desconocidas tierras de América, al otro lado del Atlántico, los devotos de la Virgen del Pilar cantaban alabanzas a la Madre de Dios en su santuario de Zaragoza, pues ese mismo día, conocido hoy como el Día de la Raza, era ya el día de la Virgen del Pilar.


La Basílica de la Virgen del Pilar es la mas extraordinaria que tiene España como prueba de una antiquísima y profunda devoción por la Santísima Virgen María. Esa gran basílica mariana con sus once cúpulas y sus cuatro campanarios es famosa en el mundo entero, puesto que en el año 40 AD se apareció ahí la Madre de Dios al Apóstol Santiago. La Virgen vino mientras aún vivía en la tierra. Es decir apareció en carne mortal. Desde entonces, a través de los siglos, ha mostrado su protección especial con repetidas gracias, milagros y portentos, ganándose la piedad de los españoles, que le tributan culto con gran devoción.

El interior de la Basílica es de una gran belleza y una serena grandiosidad. Toda la traza del templo está acomodada a la idea, siempre defendida por el Cabildo del Pilar, de no mover de su sitio la Sagrada Columna de la Virgen.

La Basílica de Nuestra Señora del Pilar es visitada por millares de personas cada día. Son los hijos que vienen a rezarle a su madre quien nunca los abandona.

Historia de la Basílica
Al principio del siglo XVI, el arzobispo Alonso de Aragón, hijo del rey católico, transformó en estilo gótico la iglesia anterior, erigida en el lugar mismo de la aparición de la Virgen, que quedó así incluida desde entonces dentro del templo; el lugar mas sagrado de esta capilla lo constituía y lo sigue constituyendo el que ocupa la santa columna, su mas preciada reliquia, en la que se asienta la imagen de la Virgen.
 Por la necesidad que se vio de cobijar a las inmensas muchedumbres de peregrinos y poder atender mejor a los numerosos asistentes en los actos de culto, en 1681 se puso la primera piedra del nuevo templo, donde se incluyó también la santa capilla, conservando intacto el lugar de asentamiento de la columna de la Virgen. En 1872 se concluyeron las diversas capillas y cúpulas, mas tarde se añadirán las cuatro torres, la última se concluyó en 1961.

Los sitios de Zaragoza, (1808) durante la guerra de independencia, dieron notoriedad a la devoción de la Virgen del Pilar. Junto a su manto se reunía el pueblo buscando en ella protección y aliento; se le representaba velando el sueño de los soldados y se le nombró: "capitana de la tropa aragonesa". Un siglo mas tarde en 1908, la devoción a la Virgen del Pilar, afianzo su dimensión hispánica con el tributo que se le ofreció de todas las banderas de las naciones hispanoamericanas, que cuelgan actualmente en los muros del Pilar.

El Papa Juan Pablo II en 1984, al hacer escala en su viaje a Santo Domingo para iniciar la conmemoración del descubrimiento de América, reconoció a la Virgen del Pilar como "patrona de la hispanidad".

 No nos podemos olvidar la importancia que tuvo en aumentar la devoción a la Virgen del Pilar, la guerra civil de 1936-1939. Las tres bombas que cayeron sobre el templo no estallaron y muchos vieron en este hecho un signo de la especial protección de la Virgen sobre las tropas nacionalistas. De toda España acudían peregrinos a pie a dar gracias a la Virgen por haberlos librado de los peligros de la guerra.  

Actividades en el Santuario del Pilar: Misas, confesiones, rezo del Santo Rosario en la capilla de la Virgen, paso de los niños (a la Virgen del Pilar) y museo pilarista.

Información para visitas al Pilar
Peregrinaciones marianas: Tel 976-39-58-63
Sacristía Mayor del Pilar: Tel 976-39-74-97
Cabildo de Zaragoza: Tel 976-29-12-31

Fuente: Corazones.org