sábado, 25 de julio de 2026

25 de julio: Fiesta de Santiago Apóstol

 Santiago Mayor, Apóstol


Estatua de Santiago
sobre el altar mayor,
Basílica de Santiago de
Compostela,
España

Santiago Mayor, Apóstol

Fiesta: 25 de julio

Ver también:
Santiago de Compostela -La tumba del Apóstol, centro mundial de peregrinación.

Oficio de lectura

Santiago es uno de los doce Apóstoles de Jesús; hijo de Zebedeo. El y su hermano Juan fueron llamados por Jesús mientras estaban arreglando sus redes de pescar en el lago Genesaret.

Recibieron de Cristo el nombre "Boanerges", significando hijos del trueno, por su impetuosidad.

En los evangelios se relata que Santiago tuvo que ver con el milagro de la hija de Jairo. Fue uno de los tres Apóstoles testigos de la Transfiguración y luego Jesús le invitó, también con Pedro y Santiago, a compartir mas de cerca Su oración en el Monte de los Olivos.

Los Hechos de los Apóstoles relatan que éstos se dispersaron por todo el mundo para llevar la Buena Nueva.  Según una antigua tradición, Santiago el Mayor se fue a España. Primero a Galicia, donde estableció una comunidad cristiana, y luego a la cuidad romana de Cesar Augusto, hoy conocida como Zaragoza. La Leyenda Aurea de Jacobus de Voragine nos cuenta que las enseñanzas del Apóstol no fueron aceptadas y solo siete personas se convirtieron al Cristianismo. Estos eran conocidos como los "Siete Convertidos de Zaragoza".  Las cosas cambiaron cuando la Virgen Santísima se apareció al Apóstol en esa ciudad, aparición conocida como la Virgen del Pilar. Desde entonces la intercesión de la Virgen hizo que se abrieran extraordinariamente los corazones a la evangelización de España.

En los Hechos de los Apóstoles descubrimos fue el primer apóstol martirizado. Murió asesinado por el rey Herodes Agripa I, el 25 de marzo de 41 AD (día en que la liturgia actual celebra La Anunciación). Según una leyenda, su acusador se arrepintió antes que mataran a Santiago por lo que también fue decapitado. Santiago es conocido como "el Mayor", distinguiéndolo del otro Apóstol, Santiago el Menor.

La tradición también relata que los discípulos de Santiago recogieron su cuerpo y lo trasladaron a Galicia (extremo norte-oeste de España).  Su restos mortales están en la basílica edificada en su honor en Santiago de Compostela. En España, Santiago es el mas conocido y querido de todos los santos.  En América hay numerosas ciudades dedicadas al Apóstol en Chile, República Dominicana, Cuba y otros países.

Ver: Fraude del "osario de Santiago", 2002

Santiago y la Virgen María

Santiago Apóstol preparó el camino para la Virgen María en España y también preparó su llegada al "Nuevo Mundo". El es el Apóstol de la Virgen María, también es conocido como el Apóstol de la Paz.

En 1519, Cortes llegó a Veracruz, y en Lantigua construyó la primera Iglesia dedicada a Santiago Apóstol en el continente Americano. También en 1521, cuando México fue conquistada, Cortes construyó una Iglesia en las ruinas de los Aztecas que al igual fue dedicada a Santiago Apóstol. A esta Iglesia era que Juan Diego se dirigía el 9 de diciembre de 1531, para recibir clases de catecismo y oír la Santa Misa, ya que era la fiesta de la Inmaculada Concepción.

En 1981, se reportó el comienzo de las apariciones de Nuestra Señora en Medjugorie bajo el titulo "Reina de la Paz". Ya Santiago Apóstol se había hecho presente. Unos años antes, se había construido una Iglesia en ese lugar dedicada a Santiago Apóstol. Santiago siendo el Apóstol de la Paz, lleva en sus manos las llaves para abrir la puerta que traería la paz a Medjugorie.

Santiago Apóstol ha preparado el camino para que el mundo reconozca a la Virgen Santísima como "Pilar" de nuestra Iglesia.

Ver: Palabras de Juan Pablo II y Benedicto XVI sobre el Apóstol Santiago

Audiencia General de S.S. Benedicto XVI
21 de junio, 2006

Queridos hermanos y hermanas: Hoy hablamos del apóstol Santiago. Las listas bíblicas de los Doce mencionan dos personas con este nombre: Santiago, el hijo de Zebedeo, y Santiago, el hijo de Alfeo (cf. Mc 3, 17-18; Mt 10, 2-3), que por lo general se distinguen con los apelativos de Santiago el Mayor y Santiago el Menor. Ciertamente, estas designaciones no pretenden medir su santidad, sino sólo constatar la diversa importancia que reciben en los escritos del Nuevo Testamento y, en particular, en el marco de la vida terrena de Jesús. Hoy dedicamos nuestra atención al primero de estos dos personajes homónimos.

El nombre Santiago es la traducción de Iákobos, trasliteración griega del nombre del célebre patriarca Jacob. El apóstol así llamado es hermano de Juan, y en las listas a las que nos hemos referido ocupa el segundo lugar inmediatamente después de Pedro, como en el evangelio según san Marcos (cf. Mc 3, 17), o el tercer lugar después de Pedro y Andrés en los evangelios según san Mateo (cf. Mt 10, 2) y san Lucas (cf. Lc 6, 14), mientras que en los Hechos de los Apóstoles es mencionado después de Pedro y Juan (cf. Hch 1, 13). Este Santiago, juntamente con Pedro y Juan, pertenece al grupo de los tres discípulos privilegiados que fueron admitidos por Jesús a los momentos importantes de su vida.

Santiago pudo participar, juntamente con Pedro y Juan, en el momento de la agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní y en el acontecimiento de la Transfiguración de Jesús. Se trata, por tanto, de situaciones muy diversas entre sí: en un caso, Santiago, con los otros dos Apóstoles, experimenta la gloria del Señor, lo ve conversando con Moisés y Elías, y ve cómo se trasluce el esplendor divino en Jesús; en el otro, se encuentra ante el sufrimiento y la humillación, ve con sus propios ojos cómo el Hijo de Dios se humilla haciéndose obediente hasta la muerte.

Ciertamente, la segunda experiencia constituyó para él una ocasión de maduración en la fe, para corregir la interpretación unilateral, triunfalista, de la primera: tuvo que vislumbrar que el Mesías, esperado por el pueblo judío como un triunfador, en realidad no sólo estaba rodeado de honor y de gloria, sino también de sufrimientos y debilidad. La gloria de Cristo se realiza precisamente en la cruz, participando en nuestros sufrimientos.

Esta maduración de la fe fue llevada a cabo en plenitud por el Espíritu Santo en Pentecostés, de forma que Santiago, cuando llegó el momento del testimonio supremo, no se echó atrás. Al inicio de los años 40 del siglo I, el rey Herodes Agripa, nieto de Herodes el Grande, como nos informa san Lucas, "por aquel tiempo echó mano a algunos de la Iglesia para maltratarlos e hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan" (Hch 12, 1-2). La concisión de la noticia, que no da ningún detalle narrativo, pone de manifiesto, por una parte, que para los cristianos era normal dar testimonio del Señor con la propia vida; y, por otra, que Santiago ocupaba una posición destacada en la Iglesia de Jerusalén, entre otras causas por el papel que había desempeñado durante la existencia terrena de Jesús.

Una tradición sucesiva, que se remonta al menos a san Isidoro de Sevilla, habla de una estancia suya en España para evangelizar esa importante región del imperio romano. En cambio, según otra tradición, su cuerpo habría sido trasladado a España, a la ciudad de Santiago de Compostela.

Como todos sabemos, ese lugar se convirtió en objeto de gran veneración y sigue siendo meta de numerosas peregrinaciones, no sólo procedentes de Europa sino también de todo el mundo. Así se explica la representación iconográfica de Santiago con el bastón del peregrino y el rollo del Evangelio, características del apóstol itinerante y dedicado al anuncio de la "buena nueva", y características de la peregrinación de la vida cristiana. Por consiguiente, de Santiago podemos aprender muchas cosas: la prontitud para acoger la llamada del Señor incluso cuando nos pide que dejemos la "barca" de nuestras seguridades humanas, el entusiasmo al seguirlo por los caminos que él nos señala más allá de nuestra presunción ilusoria, la disponibilidad para dar testimonio de él con valentía, si fuera necesario hasta el sacrificio supremo de la vida. Así, Santiago el Mayor se nos presenta como ejemplo elocuente de adhesión generosa a Cristo. Él, que al inicio había pedido, a través de su madre, sentarse con su hermano junto al Maestro en su reino, fue precisamente el primero en beber el cáliz de la pasión, en compartir con los Apóstoles el martirio.

Y al final, resumiendo todo, podemos decir que el camino no sólo exterior sino sobre todo interior, desde el monte de la Transfiguración hasta el monte de la agonía, simboliza toda la peregrinación de la vida cristiana, entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, como dice el concilio Vaticano II. Siguiendo a Jesús como Santiago, sabemos, incluso en medio de las dificultades, que vamos por el buen camino.

 

 

EXTRACTOS DEL DISCURSO DEL B. JUAN PABLO II
EN SU VISITA A
SANTIAGO DE COMPOSTELA
9 de noviembre, 1982

"Por esto, yo, Juan Pablo, hijo de la nación polaca que se ha considerado siempre europea, por sus orígenes, tradiciones,cultura y relaciones vitales; eslava entre los latinos y latina entre los eslavos; Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo.

Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelvea encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tus conquistas hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. Note deprimas por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por las crisis sociales y culturales que te afectan ahora. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo. Los demás continentes te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: «lo puedo».

 

 

CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA

La Catedral de Santiago es la Iglesia madre de la Archidiócesis Compostelana. En ella está la cátedra de su Arzobispo: de ahí el nombre de la Catedral. Su singularidad radica en poseer la tumba del Apóstol Santiago, por lo que la convierte a partir del siglo IX en uno de los más importantes santuarios de toda la cristiandad. En 1884 León XIII promulga la Bula "Deus omnipotens", confirmando la autenticidad de las reliquias del Apóstol Santiago y exhortando a peregrinar a Compostela. En el Año Santo de 1982 el B. Juan Pablo II terminó en Compostela su visita apostólica a España. Entonces se refirió a la Catedral Basílica como "uno de los lugares más célebres de la historia…que encierra la tumba de Santiago, el Apóstol que según la tradición fue el evangelizador de España…"

 

 

EL APÓSTOL SANTIAGO Y LA SANTÍSIMA VIRGEN
Por Madre Adela Galindo,sctjm

Santiago era uno de los 12 Apóstoles de Jesús; hijo de Zebedeo, él y su hermano Juan fueron llamados por Jesús mientras estaban arreglando sus redes de pescar en el lago Genesaret. Recibieron de Cristo el nombre “Boanerges”, significando hijos del trueno, por su impetuosidad. En los evangelios se relata que Santiago tuvo que ver con el milagro de la hija de Jairo, estaba durante la Transfiguración y luego acompañó a Jesús durante la oración en el Monte de los Olivos. En los Acotos de los Apóstoles se relata que estos se dispersaron por diferentes regiones para llevar la Buena Nueva al pueblo de Dios. Por las revelaciones de Jesús a Sor María de Jesús de Agreda, una hermana franciscana, se dio a conocer que Santiago, el Mayor, se fue a España a evangelizar. Primero a Galicia, donde estableció una comunidad cristiana, y luego a la ciudad romana de César Augusto, hoy conocida como Saragoza.

El 2 de enero del año 40, el Apóstol Santiago y sus discípulos estaban descansando en las orillas del río Egro y oyeron dulce voces que cantaban. Enseguida vieron como el cielo se llenaba de luces y muchos ángeles que se acercaban. Los ángeles cargaban un trono donde estaba sentada la Reina de los Cielos. María, en ese entonces, vivía en Jerusalén y fue bilocada a España. La Virgen le dijo a Santiago que construyera un santuario adonde Dios sería honrado y glorificado, y le dio un pilar con su imagen para que fuese puesto en el santuario. La Virgen también le dijo que el santuario duraría hasta los fines del tiempo y que ella bendeciría todas las oraciones hecha devotamente en ese lugar. Al final de la aparición, la Virgen le dijo a Santiago que cuando estuviera construido el santuario debería regresarse a Palestina a donde iba a morir.

El Apóstol Santiago cumplió los deseos de la Santísima Virgen y construyó la primera iglesia cristiana en el mundo entero. Santiago regresó a Palestina, donde fue decapitado por órdenes de Herodes el 25 de marzo del año 41 D.C. Sus discípulos recobraron su cuerpo y lo trasladaron a Galicia, en un bote milagroso, sin que nadie lo viera, guiado solamente por Dios.

vvvvvvvvvvvEn el Antiguo Testamento vemos como Jacob construyó un altar a Dios y lo llamo El Bethel, que significa “Casa de Dios” ( Gen. 35, 7). Jacob es un nombre griego, pero traducido en español es Santiago. Jacob construyó la “Casa de Dios” al igual que Santiago Apóstol construyo la primera “Casa de Dios”, la primera Iglesia en el mundo entero.

La tumba de Santiago Apóstol fue olvidada por más de 800 años. Bajo el reinado de Alfonso II (789-842), un ermitaño llamado Pelagio recibió un visión, en la cual el lugar donde se encontraban los restos del Apóstol se fue revelado. El día 25 de julio de 812, adonde supuestamente estaba la tumba, se llenó de una luz brillante y desde entonces se conoce como Compostela “Campo de Estrellas”. El obispo de Iria Flavia, Theodomir, después de investigaciones declaró que eran verdaderamente los restos y la tumba del Apóstol Santiago. Al igual que el Santo Padre, León XIII, en 1884, en forma de Bula Papal, confirmó que los restos en Santiago de Compostela pertenecían a Santiago Apóstol.

Santiago Apóstol también se conocía como el “Matamoros”, matador de los moros. Se dice que había aparecido en ayuda de su pueblo en varias ocasiones en contra de los Morros. Especialmente en el año 1492 cuando se logró la reconquista de España.

1492 fue también el año en el que Cristóbal Colón y sus conquistadores descubrieron las Américas. Colón y sus conquistadores tenían una devoción muy especial a una estatua de la Virgen que había aparecido en las Montañas de las Extremaduras en España, en ese mismo siglo. Se contaba que esta estatua fue hecha por Lucas, el evangelista. La advocación de la estatua era la “Virgen de Guadalupe” nombrada igual que el pequeño río que atravesaba la montaña, y que significaba “El Río de la Luz”. Los conquistadores, Colon y Cortés, visitaban el santuario de la Virgen de Guadalupe ante de irse a conquistar nuevas tierras.

En 1519, Cortés llegó a Veracruz, hoy en día conocido como Lantigua, y construyó la primera Iglesia dedicada a Santiago Apóstol. También en 1521, cuando México fue conquistada de los Aztecas, Cortés construyó una Iglesia en las ruinas de los Aztecas que al igual fue dedicada a Santiago Apóstol. A esta Iglesia era que Juan Diego se dirigía el 9 de diciembre de 1531, para recibir clases de catecismo y oír la Santa Misa, ya que era la fiesta de la Inmaculada Concepción.

Santiago Apóstol preparó el camino para la Virgen María en España y también preparó el camino para la llegada de María Santísima al “Nuevo Mundo”. El es el Apóstol que va delante de la Virgen María, abriéndole el camino; él es el Apóstol de la Virgen María, también es conocido como el Apóstol de la Paz.

En 1981, cuando Nuestra Señora se apareció en Medjugorie, bajo el título “Reina de la Paz”, ya Santiago Apóstol se había hecho presente. Unos años antes, una iglesia fue construida en ese lugar dedicada a Santiago Apóstol. Santiago, siendo el Apóstol de la Paz, lleva en sus manos las llaves para abrir la puerta que traería la paz a Medjugorie. Debemos rezarle al Apóstol por su intercesión.

Santiago Apóstol ha preparado el camino para que el mundo reconozca a la Virgen Santísima como un “Pilar” de nuestra Iglesia.

Fuente: Corazones.org 

viernes, 24 de julio de 2026

San Charbel: 24 de julio

 



San Chárbel

San Chárbel MAKHLOUF 1828-1898
 Ermitaño del rito maronita y primer santo oriental canonizado por la Sede Apostólica desde el siglo XIII.

Fiesta: 24 de julio

Gran amante de la Eucaristía y de la Virgen Santísima. Ejemplo de vida consagrada y de ermitaño.

Dios ha querido manifestar su gloria por medio de este humilde ermitaño.  Gran cantidad de milagros ocurren por su intercesión.  Numerosas de sus imágenes milagrosamente exudan aceite el cual se utiliza en la oración por los enfermos.  Además de ser bien conocido en el Medio Oriente y en toda la Iglesia, en América es, particularmente venerado en México a partir de la inmigración maronita que comenzó en el siglo XIX. Su devoción se propaga en la actualidad muy rápido por el aumento de milagros. Parece que Dios desea utilizar este santo como signo de su deseo de unificar el Oriente con el Occidente.

 

"Yo tomaré de lo mas escogido del Cedro, de lo alto de sus ramas y le plantaré sobre un monte alto...Y dará fruto y llegará a ser un Noble Cedro"  -Ezequiel 17:22-23

San Chárbel en México

Breve historia  y  Oración a San Chárbel
Nació en el pueblo de Beqakafra, a 140km. del Líbano, capital libanesa, el 8 de mayo, de 1828.  Era el quinto hijo de Antun Makhlouf y Brigitte Chidiac, una piadosa familia campesina. Fue bautizado a los ocho días en la Iglesia de Ntra. Señora en su pueblo natal, recibiendo por nombre Yusef (José). A los tres años el padre de Yusef fue inscrito en el ejército turco en la guerra contra los egipcios y muere cuando regresaba a casa. Su madre cuida de la familia siendo gran ejemplo de virtud y fe. Pasado un tiempo, ella se casa de nuevo con un hombre devoto quien eventualmente será ordenado sacerdote (en el rito maronita, hombres casados son elegibles al sacerdocio).

Yusef ayudó a su padrastro en el ministerio sacerdotal.  Ya desde joven era ascético y de profunda oración. Yusef estudió en la pequeña escuela parroquial del pueblo.  A la edad de 14 años fue pastor de ovejas y aumenta su oración. Se retiraba con frecuencia a una cueva que descubrió cerca de los pastizales para adentrarse en horas de oración.  Por ello recibió muchas burlas de otros jóvenes pastores. Dos de sus tíos maternos eran ermitaños pertenecientes a la Orden Libanesa Maronita. Yusef acudía a ellos con frecuencia para aprender sobre la vida religiosa y el monacato en especial.

Vocación

A los 20 años de edad, Yusef es el sostén de su casa. Es el tiempo de contraer matrimonio pero el se siente llamado a otra vida.  Después de tres años de espera, escuchó la voz del Señor: "Deja todo, ven y sígueme".  Así, una mañana del año 1851 se dirige al convento de Ntra. Señora de Mayfouq, donde fue recibido como postulante. Al entrar en el noviciado renuncia a su nombre bautismal y escoge como nombre de consagración: Chárbel. 

Un tiempo mas tarde lo envían al Convento de Annaya, en donde profesó los votos perpetuos como monje en 1853. Lo enviaron inmediatamente al Monasterio de San Cypriano de Kfifen, donde realizó sus estudios de filosofía y teología, llevando una vida ejemplar de obediencia y observancia.  Fue ordenado sacerdote el 23 de julio, de 1859 por Mons. José al Marid, bajo el patriarcado de Paulo Massad. Al poco tiempo regresó al Monasterio de Annaya por orden de sus superiores. Ahí pasó muchos años de vida ejemplar de oración y apostolado.  Entre estos, el cuidado de los enfermos, el pastoreo de almas y el trabajo manual en cosas muy humildes.

Ermitaño

Chárbel recibió autorización para la vida ermitaña el 13 de febrero, de 1875. Desde ese momento hasta su muerte, ocurrida en la ermita de los Santos Pedro y Pablo, la víspera de la Navidad del año 1898, se dedicó a la oración (rezaba 7 veces al día la Liturgia de las Horas), la ascesis, la penitencia y el trabajo manual.  Comía una vez al día y llevaba silicio.

Muerte y milagros

El padre Chárbel alcanzó la celebridad después de su muerte. Dios quiso señalar a este santo por numerosos prodigios: Su cuerpo se ha mantenido incorrupto, sin la rigidez habitual, con la temperatura de una persona viva. Suda sangre, ocurren prodigios de luz constatados por muchas personas. El pueblo lo veneraba como santo aunque la jerarquía y sus mismos superiores prohibieron su culto formal mientras la Iglesia no pronunciara su veredicto. 

En 1950, al pasarle un amito por la cara, quedó impresa en la prenda el rostro de Cristo como en el Sudario de Turín. 
(Ver "Leyendas Negras de la Iglesia" por Vittorio Messori pg. 210).

Beatificación y Canonización

Dado al constante culto del pueblo, el Padre Superior General Ignacio Dagher solicitó al Papa Pío XI en 1925, la apertura del proceso de beatificación del P. Chárbel.  Fue beatificado durante la clausura del Concilio Vaticano II, el 5 de diciembre, de 1965 por el Papa Pablo VI.  El Papa dijo: "Un ermitaño de la montaña libanesa está inscrito en el número de los Bienaventurados... Un nuevo miembro de santidad monástica enriquece con su ejemplo y con su intercesión a todo el pueblo cristiano. El puede hacernos entender, en un mundo fascinado por las comodidades y la riqueza, el gran valor de la pobreza, de la penitencia y del ascetismo, para liberar el alma en su ascensión a Dios".

El 9 de octubre de 1977, durante el Sínodo Mundial de Obispos, el Papa canonizó al P. Chárbel con la siguiente proclama: "En honor de la Santa e Individua Trinidad, para la exaltación de la fe católica y promoción de la vida cristiana, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, después de madura deliberación y tras implorar intensamente la ayuda divina... decretamos y definimos que el beato Chárbel Majluf es SANTO, y lo inscribimos en el catálogo de los santos, estableciendo que sea venerado como santo con piadosa devoción en toda la Iglesia. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo."

Es el primer santo oriental desde el siglo XIII.

Oración

Dios, infinitamente santo y glorificado en medio de tus santos. Tú que inspiraste al santo monje y ermitaño Chárbel para que viviese y muriese en perfecta unión con Jesús Cristo, dándose la fuerza para renunciar al mundo y hacer triunfar desde su ermita, el heroísmo de sus virtudes monásticas: pobreza, obediencia y santidad. Te imploramos nos concedas la gracia de amarte y servirte siguiendo su ejemplo.

Dios Todopoderoso, Tú que has manifestado el poder de la intercesión de San Chárbel a través de sus numerosos milagros y favores, concédenos   la gracia que te imploramos por su intercesión (....)  Amén.   (Padrenuestro, Ave María y Gloria).

Coronilla del santo


 Coronilla de San Charbel




La coronilla está compuesta de cinco grupos de cuentas: tres rojas, una blanca y una azul. Cinco cuentas negras separan los grupos. Una medalla del santo conecta la coronilla acompañada de una cuenta blanca.

Orden de Recitación.
Al inicio de la Coronilla, en la primera cuenta blanca se recita la plegaria: "Al Padre de la verdad". Esta es la más bella y querida plegaria de la Misa maronita. Es un poema de S. Jacobo de Sarug del siglo V.

Plegaria al Padre de la Verdad
Padre de la verdad, he aquí a tu Hijo, víctima agradable a ti. Acéptalo, Padre, ya que ha muerto por mí. He aquí su Sangre derramada en el Gólgota por mi salvación.  Ella clama por mi. Por sus méritos acepta mi oblación. Siendo tantos mis pecados mucho mas grande es tu misericordia.
Cuando es puesta en una balanza, tu misericordia sobrepasa el peso de los grandes montes, esos que solo tú conoces. Considera el pecado y considera la propiciación; el sacrificio de la Víctima excede a las deudas. Tu Amado Hijo sufrió los clavos y la lanza por  mis pecados, por lo tanto con sus sufrimientos satisface mi deuda y me da vida.
Gloria al Padre que envió a su Hijo por causa nuestra. Adoración al Hijo que a todos redimió por su crucifixión. Alabanza al Espíritu por quien fue consumado el misterio de nuestra salvación. Bendito sea quien nos vivificó, por su Amor. ¡A Él sea la gloria!

En cada cuenta negra recitar un Padre Nuestro.

Las cuentas rojas representan los votos de pobreza, de castidad y de obediencia. Virtudes por las cuales los religiosos se unen a la pasión de Cristo.
En el primer grupo de cuentas rojas recitar tres "Ave Marías"  en honor a la fidelidad de S. Charbel a su voto de pobreza.
En el segundo grupo de cuentas rojas recitar las tres "Ave María" en honor a la fidelidad de S. Charbel a su voto de castidad.
En el tercer grupo de cuentas rojas recitar las tres "Ave María" en honor a la fidelidad de S. Charbel a su voto de obediencia.

Las cuentas blancas simbolizan la devoción de San Charbel a la Sagrada Eucaristía.  Oramos pidiendo que por su intercesión, crezcamos en amor a Jesús Eucarístico.
Se rezan tres Ave Marías.

Las cuentas azules  simbolizan el amor y la devoción que San Charbel tenía a Ntra. Stsma. Madre. Que por su intercesión crezcamos en devoción a la Virgen.
Se rezan tres Ave Marías.

Concluir la coronilla, en la medalla de S. Chárbel, con la oración para obtener gracias especiales.

Oración:
Dios infinitamente santo y glorificado en tus santos, Tú inspiraste a San Chárbel a llevar una vida de unión perfecta con tu Hijo Jesucristo, según el Evangelio, y a desprenderse del mundo viviendo con heroísmo las virtudes monásticas: pobreza, obediencia y castidad, concédenos, te rogamos, la gracia de amarte y servirte siguiendo su ejemplo.

Señor Dios Todopoderoso, Tú que has manifestado el poder de la intercesión de San Chárbel a través de sus numerosos milagros y favores, como la conversión concédenos hoy la gracia que imploramos...................por su poderosa intercesión. Amén.
 


Para mas información y para obtener estampas: Email: olmmex@mpsnet.com.mx 

Bibliografía: Bustani, José; Charbel, Taumaturgo del Líbano. México: Orden Libanesa Maronita de México, 1998. 

Información para peregrinaciones al Líbano: Consejo Nacional del Turismo, Apartado 5344- Beirut.

Fuente: Corazones.org 

San Agustín: el Don de Perseverancia - Capítulos XVIII a XX

 

DEL DON DE LA PERSEVERANCIA

Traductor: Toribio de Castro, OSA

CAPÍTULO XVIII

A las veces, la predestinación se designa con el nombre de presciencia; así dice el Apóstol: No rechazó Dios a su pueblo, que conoció en su presciencia129. Esta palabra "praescivit", previo (presupo), no tiene otro significado que predestinar, como se ve por el contexto. Tratábase de las reliquias de los judíos, que habían sido salvas, dejando perecer a los demás, pues poco antes había dicho lo que el profeta decía a Israel: Todo el día tuve mis manos extendidas a ese pueblo incrédulo y rebelde130; y como si alguien hubiese respondido: "¿Dónde quedan entonces las promesas de Dios a Israel?", el Apóstol añade al punto: Y digo yo ahora: ¿Por ventura ha desechado Dios a su pueblo? No por cierto, porque yo mismo soy israelita, del linaje de Abrahán y de la tribu de Benjamín131; como si dijera: "Yo soy de esa misma plebe"; y por fin, añade la frase de que aquí tratamos: No rechazó Dios a su pueblo, que conoció en su presciencia132. Y para demostrar que la salvación de aquel pequeño número de israelitas fue gracia de Dios y no mérito de sus obras añade: No sabéis lo que de Elías refiere la Escritura, de qué modo dirige éla Dios sus quejas contra Israel133, etc., etc. ¿Mas qué le responde el oráculo divino? Heme reservado siete mil hombres, que no han doblado su rodilla ante Baal. Donde es de notar que no dice: "Me han reservado" o "Se me reservaron", sino Heme reservado134. Así, pues, en este tiempo, por elección de gracia, por elección gratuita, se ha salvado ese pequeño número residuo. Más si por gracia, es decir, gratuitamente, luego no por sus Obras; de otra manera, la gracia no sería gracia135. Y como conclusión de todo lo que acabamos de referir: ¿Qué, pues?, dice respondiendo a esta interrogación: Que Israel no ha hallado lo que buscaba (la justificación), pero la han hallado los escogidos, habiéndose cegado todos los demás136. Por estos escogidos y por este pequeño número de israelitas salvados por la elección de su gracia designa San Pablo al pueblo, que no rechazó, porque lo previo. Esta es aquella elección mediante la cual a los que quiso, escogió en Cristo antes de la creación del mundo para ser santos y sin mácula en su presencia, por caridad, habiéndolos predestinado a ser hijos suyos adoptivos137. Por consiguiente, a nadie que entienda estas cosas le está permitido dudar o negar que donde dice el Apóstol: No rechazó Dios al pueblo suyo, al cual conoció en su presciencia, quiso significar la predestinación. Conoció previamente el pequeño número de israelitas que por elección de su gracia se había de salvar, esto es, los predestinó. Sin duda, los conoció previamente (los presupo) si los predestinó, pues predestinar es saber previamente (presaber) lo que El mismo había de hacer.

CAPÍTULO XIX

48. Cuando los intérpretes de la Escritura divina nos hablan de la presciencia de Dios refiriéndose a la vocación de los elegidos, debemos entender la dicha predestinación, ya que, quizá, usaron de esta palabra porque choca menos y se entiende mejor, y, por otra parte, se adecúa perfectamente a la verdad, que se relaciona con la predestinación de la gracia. Lo que sé es que nadie ha podido, sin caer en error, contradecir esta doctrina que, fundados en la autoridad de la sagrada Escritura, defendemos sobre la predestinación. Y pienso que a los que quieren conocer la opinión de los santos Doctores en esta cuestión debe serles suficiente la autoridad de varones tan ilustres y conspicuos en la doctrina cristiana como los Santos Cipriano y Ambrosio, cuyos preclaros testimonios hemos aducido, y admitir, sin vacilaciones y epikeyas, ambas cosas, a saber: que la gracia de Dios es de todo en todo gratuita, y así hay que creerlo y enseñárselo a los fieles y que la predicación de esta doctrina no obsta a la exhortación de los perezosos ni a la corrección de los malos, puesto que dichos santos varones, al hablar de la gracia de Dios, afirman: "De nada debemos gloriarnos, porque nada es nuestro"; "Ni nuestro corazón m nuestros pensamientos están en nuestra potestad"; y, sin embargo, ni el uno ni el otro dejaron de exhortar ahincadamente a la observancia de los preceptos divinos. Sin duda que no temían que alguien les dijera: "¿A qué vienen vuestras exhortaciones y vuestras correcciones, si no hay bien alguno que provenga de nosotras, ni están en nuestro poder nuestro corazón ni nuestros pensamientos?" No temían esta objeción, aunque sabían muy bien que solamente a muy pocos se les concede recibir la doctrina de salvación directamente del mismo Dios o por ministerio de los ángeles, en tanto que la inmensa mayoría ha de recibirla por ministerio y predicación de los hombres. No obstante, de cualquier modo que se nos anuncie la palabra de Dios, siempre es efecto de su gracia el que la sigamos de manera que nos sometamos a ella.

49. Así, pues, dichos excelentísimos intérpretes de las santas letras, enseñando la doctrina de la verdadera gracia de Dios como debo ser enseñada, esto es, aquella a la que no precede ningún mérito humano, no cesaron de exhortar al cumplimiento de los divinos preceptos, a fin de que quienes recibiesen el don de obediencia oyesen los mandatos que debían obedecer. Si a la gracia precede algún mérito nuestro, ciertamente ese mérito provendrá de algún hecho, dicho o pensamiento, lo que implica alguna buena voluntad; pero con toda brevedad y concisión abarcó toda clase de méritos el que dijo: "De nada hornos de gloriarnos, porque nada es nuestro"; y quien dijo que "Ni nuestro corazón ni nuestros pensamientos están en nuestra mano", comprendió, sin duda, lo que podemos hacer o decir, ya que todas las acciones y palabras del hombre proceden del corazón o del pensamiento. ¿Qué más podía hacer el glorioso mártir y muy sabio Doctor San Cipriano que recomendarnos en la exposición de la oración dominical el orar por los enemigos de la fe cristiana? Y en el mismo lugar, nácenos ver que el initium fidei es don de Dios, como también, al demostrarnos que la Iglesia de Cristo pide todos los días la perseverancia final, nos enseña que Dios sólo es quien la da a los que perseveran. San Ambrosio, exponiendo lo que dice San Lucas Evangelista: Parecióme también a mí138, dice: "Este designio de San Lucas no procede únicamente de sí mismo, porque no ha sido formado por su sola voluntad, sino según agradó a aquel que habla de mí, Cristo, que hace que lo que es bueno en sí mismo, hace que nos parezca bien a nosotros, pues llama a aquel de quien se compadece, y, por tanto, quien sigue a Cristo, interrogado por qué quiso ser cristiano, puede responder: Parecióme a mí también". Y al decir esto no niega que Dios sea también el autor de ese designio: Dios prepara la voluntad de los hombres139, y todo lo que hacen los santos para honrar a Dios es efecto de la gracia divina. Demás de esto, al exponer la repulsa de los samaritanos, que no quisieron recibir a nuestro Señor Jesucristo cuando subía a Jerusalén, dice: "Nota que no quiso ser recibido por los que no estaban sinceramente convertidos; si hubiese querido, de indevotos los hubiese convertido en muy devotos y entregados a Él. El porqué no lo recibieron, el mismo evangelista nos lo dice: Porque su faz era de quien caminaba a Jerusalén. Los discípulos bien querían entrar en Samaria; pero Dios llama y santifica a los que le place. ¿Qué más evidente, qué más preciso podemos pedir a los intérpretes de la sagrada Escritura, si nos place oír lo que bien claramente nos dicen los sagrados textos? Más que suficientes son estos dos preclaros testimonios, pero añadamos el tercero. San Gregorio paladinamente afirma que nuestra fe en Dios y la confesión de esta fe es dádiva divina cuando dice: "Confesad la Trinidad en un solo Dios, o, si os agrada más, decid que las tres divinas personas tienen una misma naturaleza, y nosotros pediremos a Dios que os conceda profesar por su Santo Espíritu lo que creéis. "Sin duda que os lo concederá, estoy seguro; pues quien dio lo principal, dará lo secundario; quien dio el creer, dará el confesarlo.

50. Por ende, tan ilustres y santos doctores, que nos enseñan que no tenemos NADA de qué gloriarnos como de cosa nuestra y que Dios no nos haya dado; que ni siquiera nuestro corazón y nuestros pensamientos están en nuestra mano; que lo atribuyen todo, absolutamente todo a Dios y que confiesan que de Él recibimos la conversión y la perseverancia, que nos parezca bien y queramos aquello que es bueno, que honremos a Dios, que recibamos a Cristo para que de la infidelidad o indiferencia pasemos a la piedad y devoción, que creamos en la beatísima Trinidad y la confesemos pública, mente, todo esto lo atribuyen a la gracia de Dios, lo reconocen como dones del Señor, paladinamente atestiguan que proceden de Él, no de nosotros mismos; ¿y habrá, algunotanatrevido que ose afirmar que, reconociendo así el poder de la gracia divina, vengan a negar su presciencia, cuando hasta los más ignaros y rudos la confiesan y la palpan? Ciertamente, si sabían que Dios es el dador de estos dones, y que previo que los había de otorgar, y que no podía menos de saber a quién se los había de dar, no hay duda de que reconocían la predestinación, que contra los nuevos herejes nosotros tan laboriosa y diligentemente defendemos, y que nos fue enseñada por los mismos apóstoles, a quienes predicando la obediencia a Dios nuestro Señor y exhortando fervorosamente a la misma, nadie, sin embargo, podía decirles: "Si no queréis que esa obediencia a que tan ardorosamente nos exhortáis se entibie en nuestros corazones, no nos prediquéis la gracia de Dios diciendo que Dios da lo mismo que nos exhortáis que hagamos".

CAPÍTULO XX

51. Ahora bien: si los apóstoles y los doctores de la Iglesia que les sucedieron y han seguido sus huellas, enseñando y predicando ambas cosas, a saber: la gratuidad de los dones de Dios y su gracia, que no se da según nuestros méritos, y la devota obediencia a sus salvadores preceptos, ¿por qué estos nuestros hermanos, a despecho y pesar de la fuerza de la verdad, que les obliga a cerrar la boca, se atreven, no obstante, a decir que, aunque sea cierto lo que se dice de la predestinación, no se debe predicarlo al pueblo? Todo lo contrario; hay que predicarlo, y muy alto, para que el que tenga oídos de oír, que oiga140. ¿Y quién los tiene, si no los ha recibido de aquel que dice: Les daré corazón de conocer y oídos de oír?141 Quien no los haya recibido, que lo rechace si le place; pero el que lo entiende, que tome y beba; beba y viva. Así como se ha do predicar la piedad, para que el que tenga oídos de oír rinda a Dios el culto que le es debido, y se le ha de predicar la pureza, a fin de que no cometa pecado contra la preciosa virtud, y se le ha de predicar la caridad, para que ame a Dios y al prójimo, así también se ha de predicar y enseñar la predestinación, para que el que tenga oídos de oír, se gloríe no en sí mismo, sino en Dios nuestro Señor.

52. Dicen también esos hermanos que no había necesidad de discutir cosa tan incierta, con la que se ha turbado el corazón de los poco inteligentes, y que esta doctrina de la predestinación no ha sido necesaria para defender con celo y eficacia durante tantos años la fe católica contra los herejes, especialmente contra los pelagianos, en los libros de tantos escritores católicos y aun en los míos anteriores. Me admira sobre manera oír tales afirmaciones. Paren mientes, y no hablo más que de mis obras, en que fueron escritas antes de que Pelagio empezase a inocular el veneno de su herejía, y, sin embargo, no conociendo todavía la insidiosa herejía pelagiana, ¡cuán certeros golpes le asestamos al predicar y enseñar que la gracia, mediante la cual Dios nos libra de nuestros males, errores y costumbres, no se nos da en vista de nuestros buenos méritos, sino según su gratuita misericordia! Y de esto me di perfecta cuenta cuando al principio de mi episcopado escribí el tratado que dediqué a Simpliciano, Obispo de Milán, de feliz memoria, cuando también conocí y afirmé y demostré que el initium fidei es don gratuito de Dios.

53. De todos mis libros, el de las Confesiones es el más divulgado y el que mayor aceptación ha tenido; y aunque lo escribí y publiqué mucho antes de aparecer la herejía pelagiana, decía en ellos y muchas veces repetía a nuestro Dios y Señor: "Da lo que mandas y manda lo que quieras"142. En cierta ocasión, un querido hermano y coepíscopo, hablando con Pelagio en Roma, las recordó, y el hereje se puso tan furioso y descompuesto, que casi se viene a las manos con aquel hermano nuestro. ¿Qué es lo que primero y principalmente manda Dios sino que creamos en El? Por tanto, eso nos lo da El si justamente decimos: "Da lo que mandas". Demás de esto, en los libros III y IV, capítulos 11, 12 y 13, respectivamente, donde narro mi conversión143, obra de Dios, a esta fe que con miserable y furiosa locuacidad combatía, ¿no recordáis que al narrarlo manifesté bien claramente que lo que evitó mi perdición fueron las ardientes súplicas y las fieles y cotidianas lágrimas de mi buena madre? Con lo cual a la faz del mundo prediqué y expuse que Dios por su gracia gratuita no sólo convierte las voluntades de los hombres apartados de la sana fe, pero también las contrarias y rebeldes a la misma. Sabéis bien y podéis comprobar, si os place, cómo y cuánto ruego a nuestro Señor me conceda la perseverancia. ¿Quién se atreverá no digo a negar, pero ni a poner en duda, que Dios en su presciencia conoció que había de darme estos dones, que tanto deseé y alabé en mis Confesiones, y que, por tanto, El no sabía a quién se los había de dar? Esto es la mismísima predestinación do los santos, que después ha habido que defender con más diligencia y punto por punto contra la herejía pelagiana, porque cada nueva herejía suscita en la Iglesia cuestiones particulares, contra las que hay que defender con más cuidado y escrupulosidad la autoridad de las sagradas Escrituras. ¿Qué otra cosa nos ha forzado a exponer más minuciosa y claramente los textos en que se habla de la predestinación sino el que los pelagianos afirman que la gracia de Dios se da según nuestros méritos, lo que es negar en absoluto la gratuidad de la gracia?

Fuente: Augustinus.it