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sábado, 2 de noviembre de 2024

2 de noviembre: Conmemoración de los Fieles Difuntos

 


Esta fiesta responde a una larga tradición de fe en la Iglesia: orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrena y que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, pasan después de su muerte por un proceso de purificación, para obtener la completa hermosura de su alma. La Iglesia llama "Purgatorio" a esa purificación; y para hablar de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San Pablo que dice: "La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego". (1Cor. 3, 14). La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2º de los Macabeos en el Antiguo Testamento dice: "Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados" (2Mac. 12, 46); y siguiendo esta tradición, la Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos. Al respecto, San Gregorio Magno afirma: "Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso". Estos actos de piedad son constantemente alentados por la Iglesia.




Indulgencias plenarias en favor del alma de los fieles difuntos


El 2 de noviembre, en la conmemoración de todos los fieles difuntos, se puede ganar una indulgencia plenaria para el alma de un ser querido, un familiar o un amigo por ejemplo, que se encuentra en el purgatorio.

Para ganar una indulgencia plenaria por un difunto, debe seguir los siguientes pasos:

- El 2 de noviembre visite piadosamente una iglesia o un oratorio. Durante esta visita debe rezar un Padre Nuestro y el Credo. Además, debe formular la intención de querer evitar cualquier pecado mortal o venial.

- Debe confesarse, recibir la Santa Comunión y rezar un Padre Nuestro y un Ave María por las intenciones del Papa. Estas tres condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de la fiesta de Todos los Fieles Difuntos, pero es conveniente que la Comunión y la oración por las intenciones del Papa se realicen el mismo día.

Tras cumplir estas condiciones, la persona por la que usted pidió la indulgencia plenaria podrá entrar en el Cielo, por su acto de amor que borra la pena debida al pecado y que necesita ser purificada.

Así mismo, del 1 al 8 de noviembre se pueden ganar otras indulgencias por almas que se encuentren en el purgatorio. Vale precisar que la indulgencia plenaria únicamente se puede ganar una vez al día.

Para ganar estas indulgencias, puede visitar piadosamente un cementario y orar por los difuntos, al tiempo que se debe querer evitar cualquier pecado mortal o venial. También se deben cumplir las condiciones de confesión sacramental, Comunión Eucarística y oración por las intenciones del Papa.

Una misma confesión sirve para ganar varias indulgencias, pero se necesita una nueva Comunión, una nueva oración por las intenciones del Papa y una nueva visita al cementerio por cada indulgencia.

miércoles, 2 de noviembre de 2022

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS DIFUNTOS 2 de noviembre



Lectionario y homilías para la solemnidad

No "reencarnación", sino "resurrección" profesa la fe cristiana -Comentario del padre Cantalamessa a la conmemoración de todos los fieles difuntos, 2007
Muramos con Cristo, y viviremos con él -San Ambrosio sobre la muerte de su hermano. Del Oficio Divino.


En este día rezamos por los difuntos que están en el purgatorio. Los que han ido al cielo son santos y no necesitan oración. Los que están en el infierno no pueden beneficiarse de la oración ni la desean. Solo rezamos por las difuntas almas del purgatorio. Pero como no sabemos con seguridad si un difunto está en el purgatorio (a no ser que la Iglesia lo haya declarado santo en cuyo caso está en el cielo), es bueno rezar por todos los difuntos. 

Intercedemos por todos los difuntos, en especial nuestros familiares y conocidos, para que pronto se encuentren con el Señor en el cielo.  

Es antigua costumbre cristiana visitar los cementerios el día de los difuntos y llevar flores como signo de amor y honra. Recordamos nuestros ancestros sobre todo en la Santa Misa ofrecida por ellos.

Santo Tomás: rezar por los difuntos es la mayor obra de misericordia, aún más que rezar por los vivos, ya que éstos pueden valerse por sí mismos.


Indulgencia Plenaria por la octava de la Solemnidad de Todos los Santos
A favor de las almas del purgatorio:
Podemos pedir por alguien en especial pero Dios es quien decide a quién se aplica pensando en el mayor bien de la Iglesia y el nuestro. Se pueden ganar un máximo de una indulgencia plenaria por comunión (una por día).

Condiciones:
1-Visitar un cementerio y devotamente rezar, aunque sea mentalmente, por los difuntos desde el 1 al 8 de Noviembre (otros días del año la indulgencia es parcial)
2-Visitar una Iglesia el día de los fieles difuntos (desde la tarde del 1 de Noviembre hasta el 2 de Nov. inclusive) Al visitar la Iglesia rezar el Padre Nuestro y el Credo.

Se deben además satisfacer las siguientes condiciones:
-Confesión sacramental, ocho días antes o después.
-Comunión
-Rezar por las intenciones del Santo Padre (un Padre Nuestro y Ave María).

Las tres condiciones se pueden satisfacer varios días antes o después hacer de la visita. Sin embargo es apropiado que la comunión se reciba y la oración por la intención del Santo Padre se rece en el día de la visita.


La abadía de Cluny, origen de la fiesta litúrgica de los difuntos

Aunque la costumbre de orar por los difuntos y celebrar misa por ellos es tan antigua como la Iglesia, la fiesta litúrgica por los difuntos se remonta al 2 de noviembre de 998 cuando fue instituida por San Odilón, monje benedictino y quinto abad de Cluny en el sur de Francia.

En el siglo XIV, Roma adoptó esta práctica. La fiesta fue gradualmente expandiéndose por toda la Iglesia.

El Papa Juan Pablo II, en un mensaje que envió al obispo Raymond Séguy, abad titular de Cluny el 12 de octubre del 1998, señala que en ese año se celebra también el centenario de la fundación de la Archiconfraternidad de Nuestra Señora de Cluny, encargada de rezar por las almas del purgatorio, y el XL aniversario de la publicación del boletín «Lumière et vie» (Luz y Vida), que promueve la oración por los difuntos.

Juan Pablo II recordó que «San Odilón deseó exhortar a sus monjes a rezar de modo especial por los difuntos. A partir del Abad de Cluny comenzó a extenderse la costumbre de interceder solemnemente por los difuntos, y llegó a convertirse en lo que San Odilón llamó la Fiesta de los Muertos, práctica todavía hoy en vigor en la Iglesia universal».

Fuente: Corazones.org

lunes, 2 de noviembre de 2020

2 de noviembre: los fieles difuntos

 


Conmemoración de todos los fieles difuntos, 2 Noviembre

Muramos con Cristo, y viviremos con él
Del libro de san Ambrosio, obispo, sobre la muerte de su hermano Sátiro
Libro 2,40. 41. 132. 133

Vemos que la muerte es una ganancia, y la vida un sufrimiento. Por esto, dice san Pablo: Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Cristo, a través de la muerte corporal, se nos convierte en espíritu de vida. Por tanto, muramos con él, y viviremos con él.

En cierto modo, debemos irnos acostumbrando y disponiendo a morir, por este esfuerzo cotidiano, que consiste en ir separando el alma de las concupiscencias del cuerpo, que es como irla sacando fuera del mismo para colocarla en un lugar elevado, donde no puedan alcanzarla ni pegarse a ella los deseos terrenales, lo cual viene a ser como una imagen de la muerte, que nos evitará el castigo de la muerte. Porque la ley de la carne está en oposición a la ley del espíritu e induce a ésta a la ley del error. ¿Qué remedio hay para esto? ¿Quién me librará de este cuerpo presa de la muerte? Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, y le doy gracias.

Tenemos un médico, sigamos sus remedios. Nuestro remedio es la gracia de Cristo, y el cuerpo presa de la muerte es nuestro propio cuerpo. Por lo tanto, emigremos del cuerpo, para no vivir lejos del Señor; aunque vivimos en el cuerpo, no sigamos las tendencias del cuerpo ni obremos en contra del orden natural, antes busquemos con preferencia los dones de la gracia.

¿Qué más diremos? Con la muerte de uno solo fue redimido el mundo. Cristo hubiese podido evitar la muerte, si así lo hubiese querido; mas no la rehuyó como algo inútil, sino que la consideró como el mejor modo de salvarnos. Y, así, su muerte es la vida de todos.

Hemos recibido el signo sacramental de su muerte, anunciamos y proclamamos su muerte siempre que nos reunimos para ofrecer la eucaristía; su muerte es una victoria, su muerte es sacramento, su muerte es la máxima solemnidad anual que celebra el mundo.

¿Qué más podremos decir de su muerte, si el ejemplo de Cristo nos demuestra que ella sola consiguió la inmortalidad y se redimió a sí misma? Por esto, no debemos deplorar la muerte, ya que es causa de salvación para todos; no debemos rehuirla, puesto que el Hijo de Dios no la rehuyó ni tuvo en menos el sufrirla.

Además, la muerte no formaba parte de nuestra naturaleza, sino que se introdujo en ella; Dios no instituyó la muerte desde el principio, sino que nos la dio como remedio. En efecto, la vida del hombre, condenada, por culpa del pecado, a un duro trabajo y a un sufrimiento intolerable, comenzó a ser digna de lástima: era necesario dar fin a estos males, de modo que la muerte resituyera lo que la vida había perdido. La inmortalidad, en efecto, es más una carga que un bien, si no entra en juego la gracia.

Nuestro espíritu aspira a abandonar las sinuosidades de esta vida y los enredos del cuerpo terrenal y llegar a aquella asamblea celestial, a la que sólo llegan los santos, para cantar a Dios aquella alabanza que, como nos dice la Escritura, le cantan al son de la cítara: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos! ¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento; y también para contemplar, Jesús, tu boda mística, cuando la esposa en medio de la aclamación de todos, será transportada de la tierra al cielo –a ti acude todo mortal–, libre ya de las ataduras de este mundo y unida al espíritu.

Este deseo expresaba, con especial vehemencia, el salmista, cuando decía: Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida y gozar de la dulzura del Señor.

Oración

Escucha, Señor, nuestras súplicas, para que, al confesar la resurrección de Jesucristo, tu Hijo, se afiance también nuestra esperanza de que todos tus hijos resucitarán. Por nuestro Señor Jesucristo.



jueves, 2 de noviembre de 2017

SOLEMNIDAD DE LOS FIELES DIFUNTOS

2 DE NOVIEMBRE




Imagen relacionada
"Cuando mis manos temblorosas, cuando mis manos
ya no puedan sujetar tu Cruz, 
Jesús mío ten piedad de mí. 
Cuando mi alma comparezca ante ti, 
dígnate acogerme entre tus brazos misericordiosos, ¡oh, Padre!”