sábado, 27 de mayo de 2017

Acuérdate, ¡Oh!, piadosísima Virgen María

Acuérdate, oh piadosísima Virgen María ...

Medita detenidamente en cada parte del "Acordaos", antigua oración que nos hace buscar la intercesión siempre amorosa de nuestra Madre del cielo.
Cada oración a María Santísima nos adentra en su Corazón Dulcísimo, y, en consecuencia, en el Corazón de Cristo, Corazón de Dios.
Por Antonio Orozco
Una de las más antiguas plegarias
        La oración a la que ahora quiero referirme es muy antigua –más aún que San Bernardo– conocida por su primera palabra: «Acordaos»; o en latín: Memorare. Así comienza: "Acuérdate, oh piadosísima –oh, cariñosísima– Virgen María..." Decimos: ¡Acuérdate!, y quizá cabría esperar una respuesta de un estilo semejante a éste: —¿Que me acuerde, hijo? ¿Tú vas a recordarme a Mí algún asunto tuyo? ¿Puede olvidarse una madre del hijo de sus entrañas? Pues mira, aunque alguna se olvidara, yo jamás me olvidaré de ti [1] .
        Pero María no desdeña nuestros ingenuos modos. Sabe que somos niños en la vida espiritual, y los niños son olvidadizos. Sabe que nos conviene recordar que Ella no olvida, que es humanísima, la más humana de las criaturas. Por eso nos comprende bien y le gusta oírnos decir: "¡acuérdate...!". Así percibe el calor de nuestra filiación sentida. Ve que nos comportamos con la naturaleza del hijo: ¡mamá, no te olvides de comprarme aquello...! Y la madre sonríe y piensa: ¡qué sabes tú de la inmensidad de mi cariño!
Asombro sorpresa y alegría en la contemplación de la Madre de Dios
El ¡oh!

        Ciertamente, no sabemos bien las maravillas escondidas en el corazón de María. Pero nos bastan las de antiguo conocidas para enmudecer de asombro al mirarla: ¡Oh, cariñosísima Virgen María! Ese «¡oh!» del «Acordaos» –como el de tantas otras plegarias marianas– es la síntesis de un inconmensurable discurso, resumen de una inmensa biblioteca dedicada a la obra maestra de Dios. En latín, la nuestra es una "O" sin hache, interjección que los gramáticos entienden, no como una parte más de la oración, sino como una oración entera, elíptica, donde el sentimiento –asombro, sorpresa, alegría...– domina a quien habla y le obliga a suprimir palabras. Aquí una sola letra, la "O", las contiene todas, en un doble sentido, tanto invocativo como admirativo.
                 En nuestra indigencia, alzamos nuestra mirada al Cielo y –al verla–, invocar y admirar es todo uno. En un sólo instante, se concentra a la vista toda la belleza y gracia posible en una criatura, y el corazón sufre un dulce sobresalto: ¡Oh...! Es una «O» larga, rotunda –sin reservas, sin aristas, sin ángulos vacíos– como el mundo, como el universo, magna –en su intención– como Ella. En latín, la «O» anda solitaria; en castellano, seguida de hache muda, porque mudos quedamos en el asombro súbito.
        Conocemos un «¡Oh!» magnífico de Jesús: aquél ante la fe –encendida, ingeniosa, tenaz– de la encantadora madre cananea: O mulier!, ¡Oh mujer, grande es tu fe! [2] . Asombra la admiración de Cristo, perfecto Dios y perfecto Hombre.
        ¡Cómo no se admiraría Jesús, mucho más aún, ante la fe colosal, la esperanza, el Amor, la plenitud de gracia de su Madre Virgen! Qué profundidad y riqueza de matices tendrían sus «!Oh...!», íntimos, al mirarla en silencio. Así quisieran ser los nuestros. Y lo son, porque Jesús se nos da entero y nos presta, gustosísimo, todo lo suyo: «todo lo mío es tuyo», nos dice [3] .
        «Acuérdate, oh piadosísima –oh cariñosísima– Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti». Jamás se ha oído decir, jamás se dirá. Bastaría recordar aquellos Milagros de Nuestra Señora, narrados con encantadora ingenuidad por Gonzalo de Berceo, expresión poética de realísima experiencia universal. Sí, Ella, purísimo milagro de la gracia divina, no cesa de obrar milagros en las almas de sus hijos, y atiende toda súplica: es Omnipotencia suplicante, y Madre en plenitud de sentido.
Confiando en la infinita bondad de Dios
Un valioso título: «pecador contrito»

        Por eso, yo, animado, alentado, confortado con esa confianza, con esa fe esperanzada, a tí acudo Madre, Virgen la más excelsa de las vírgenes; ad te venio..., a ti vengo, sin perder un instante, corriendo, como un niño –lo que soy– a su madre, veloz en el peligro, en la necesidad, en el miedo o en la angustia, con segura certeza del «jamás» haberse oído contar excepción alguna a tus cuidados exquisitos sobre quienes admirados te invocan.
        En tu misericordia inaudita no nos tratas como merecen nuestros pecados, negligencias u olvidos. Al contrario, cuando te invoca un pecador le atiendes con particular solicitud. Para tí, «pecador» es como un título que demanda amor más grande. Por eso, coram te gemens peccator accedo, en el «Acordaos», de intento me presento como lo que soy: pecador, un pecador contrito, con un gemido de amor encendido en el dolor de haberte ofendido ofendiendo a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
        Acudo a tí sucio, roto, desastrado, sin ocultarte miseria alguna, persuadido de que una madre atiende primero al hijo más necesitado. Jamás se ha visto a un hijo tan sucio que no lo pueda limpiar una madre. Con esta firme confianza a ti acudo, a ti vengo. Vengo del lodo a la más pura nitidez; vengo de la miseria a la misericordia; de la indigencia al poder; de la fragilidad a la fortaleza; de la soberbia a la humildad; de la desgracia a la gracia en plenitud; de la ignorancia al Asiento de la Sabiduría.        
Sus divina maternidad origen de su poder y nuestra confianza
Madre del Verbo        

        Oh, Madre de Dios, no deseches mis humildes súplicas: Noli, Mater Verbi, verba mea despicere. Tú que eres la Madre del Verbo, porque el Espíritu Santo te cubrió con su sombra y el Verbo se hizo carne en tu seno Virginal; tú, en quien habitó corporalmente la Palabra subsistente, única, del Padre, en la que «se hallan escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia» [4] y es fuente y resumen de toda verdad [5] ; tú, la criatura que más y mejor ha comprendido la palabra suprema; que eres el Asiento de la Sabiduría, ¿cómo no vas a comprender mis palabras, éstas que de algún modo proceden de la Palabra única, como fruto de la moción del Espíritu, Espíritu de tu Hijo y Esposo tuyo? ¿Cómo no vas a escuchar mi verbo, Madre del Verbo? ¿Cómo no vas a poner toda tu sabiduría y omnipotencia suplicante al servicio de mi palabra llena de fe y de confianza, de esa sabiduría que en ti misma se aprende? ¡Oh, Madre de Dios, qué seguridad confiere esa oración de tan sabrosas remembranzas!
        ¿Será menester proseguir? Sed audi propitia et exaudi, escucha propicia mi plegaria, acógela indulgente, con benevolencia. Sé que no tienes otro modo de atender, pero una vez más te recuerdo a ti, para recordar yo; para tener en presente que para ti no hay pasado ni futuro, porque vives inmersa en Dios eterno. Tu memoria lo abarca todo. Y si yo recordara siempre el futuro, estaría siempre rezando el Acordaos, recordándome que recuerdas.
        ¡Acuérdate!, es un canto de confiado amor que quisiera vibrar en todos los corazones de la tierra. ¡Que todos se sientan seguros bajo tu amplísimo manto! ¡Que yo no pierda nunca esa confianza! ¡Que nadie la pierda! ¡que todo el mundo la gane! ¡que se acuerde de que jamás se ha oído decir y jamás se dirá que ninguno de los que a ti acuden haya sido abandonado! ¡que todos nos acordemos de recordártelo y te presentemos sin cesar humildes nuestras súplicas!
        A ti hemos de acudir en todas nuestras necesidades, y en las de las personas que amamos. Quizá se encuentran lejos en el espacio; quizá sufran alguna tribulación o desmayo, se agota su fe o su esperanza, se enfría el amor, se cimbrea su fidelidad, y nada podemos hacer... sino rezar. ¡No es poco! Es mucho, lo primero, lo más valioso y eficaz. Rezamos el Acordaos, y el sentimiento de impotencia cede ante la «Omnipotencia» patente; se abre paso la certeza de la proximidad, de la unión íntima en la Comunión de los Santos: somos uno, como el Padre y el Hijo son uno. Nuestra oración alcanza los extremos más lejanos, porque tu manto azul abraza el horizonte entero de la humanidad.
        Rezamos los unos por los otros –sobre todo por quienes más lo necesiten– y se cumple a menudo la graciosa seguiriya gitana:
Ar venir er díaYegan mis tormentos;
En yegando á las orasiones
Recobro el aliento.
        Es el aliento del Espíritu que nos alcanza por quien está del Espíritu Santo llena y es por eso Mediadora de todas las gracias, Consoladora de los afligidos, Refugio de los pecadores, Causa de nuestra alegría, Fortaleza en la batalla, Corazón que nos estrecha a todos con un lazo único.
Tradicional oración para pedir por otros
        Cara a la Iglesia universal

        Ciertamente, «no se puede tratar filialmente a María y pensar sólo en nosotros mismos, en nuestros propios problemas. No se puede tratar a la Virgen y tener egoístas problemas personales. María lleva a Jesús, y Jesús es «primogénito entre muchos hermanos». Conocer a Jesús, por tanto, es darnos cuenta de que nuestra vida no puede vivirse con otro sentido que con el de entregarnos al servicio de los demás. Un cristiano no puede detenerse sólo en problemas personales, ya que ha de vivir de cara a la Iglesia universal, pensando en la salvación de todas las almas.
        «(...) Impregnados de este espíritu, nuestros rezos, aun cuando comiencen por temas y propósitos en apariencia personales, acaban siempre discurriendo por los cauces del servicio a los demás. Y si caminamos de la mano de la Virgen Santísima, Ella hará que nos sintamos hermanos de todos los hombres: porque todos somos hijos de ese Dios del que Ella es Hija, Esposa y Madre» [6] .
        Rezar por otros el «Acordaos», es decirte a ti, Madre nuestra, lo que tú dijiste a Jesús: «No tienen vino» [7] . ¿Cómo podrías resistirte a tu misma oración? De nuevo habrá milagro. Quizá poquito a poco, pasito a paso, pero lo habrá. El sarmiento se unirá de nuevo a la cepa, o se unirá más –que en las viñas del alma no hay límite para la unión–, y a su tiempo brotarán racimos dorados, copiosos, sabrosos, de buen vino para el altar y para la alegría de la vida cotidiana; vino que, sobre el ara, se transformará en la Sangre redentora de tu Hijo, y recorrerá las venas de nuestras almas –en expresión de San Josemaría Escrivá– con el bullir limpio y sobrenatural de la sangre de familia.
Oh, Madre del Verbo
 –¡Oh...!–, escucha mi verbo.
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!,
que jamás se ha oído decir que ninguno
de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestra asistencia y reclamando
vuestro socorro, haya sido desamparado.
Animado por esta confianza, a Vos también acudo,
¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana.
¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas,
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente.
Amén.
  
          


[1] Cfr. Is 49, 14-15.
[2] Mt 15, 21.
[3] Lc 15, 31.
[4] Col 2, 3.
[5] Eccli 1, 5.
[6] SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Es Cristo que pasa, núm. 145.
[7] Jn 2, 3.


Acuérdate, oh piadosísima Virgen María ...



Medita detenidamente en cada parte del "Acordaos", antigua oración que nos hace buscar la intercesión siempre amorosa de nuestra Madre del cielo.

Cada oración a María Santísima nos adentra en su Corazón Dulcísimo, y, en consecuencia, en el Corazón de Cristo, Corazón de Dios.

Por Antonio Orozco

Una de las más antiguas plegarias
        La oración a la que ahora quiero referirme es muy antigua –más aún que San Bernardo– conocida por su primera palabra: «Acordaos»; o en latín: Memorare. Así comienza: "Acuérdate, oh piadosísima –oh, cariñosísima– Virgen María..." Decimos: ¡Acuérdate!, y quizá cabría esperar una respuesta de un estilo semejante a éste: —¿Que me acuerde, hijo? ¿Tú vas a recordarme a Mí algún asunto tuyo? ¿Puede olvidarse una madre del hijo de sus entrañas? Pues mira, aunque alguna se olvidara, yo jamás me olvidaré de ti [1] .

        Pero María no desdeña nuestros ingenuos modos. Sabe que somos niños en la vida espiritual, y los niños son olvidadizos. Sabe que nos conviene recordar que Ella no olvida, que es humanísima, la más humana de las criaturas. Por eso nos comprende bien y le gusta oírnos decir: "¡acuérdate...!". Así percibe el calor de nuestra filiación sentida. Ve que nos comportamos con la naturaleza del hijo: ¡mamá, no te olvides de comprarme aquello...! Y la madre sonríe y piensa: ¡qué sabes tú de la inmensidad de mi cariño!

Asombro sorpresa y alegría en la contemplación de la Madre de Dios
El ¡oh!


        Ciertamente, no sabemos bien las maravillas escondidas en el corazón de María. Pero nos bastan las de antiguo conocidas para enmudecer de asombro al mirarla: ¡Oh, cariñosísima Virgen María! Ese «¡oh!» del «Acordaos» –como el de tantas otras plegarias marianas– es la síntesis de un inconmensurable discurso, resumen de una inmensa biblioteca dedicada a la obra maestra de Dios. En latín, la nuestra es una "O" sin hache, interjección que los gramáticos entienden, no como una parte más de la oración, sino como una oración entera, elíptica, donde el sentimiento –asombro, sorpresa, alegría...– domina a quien habla y le obliga a suprimir palabras. Aquí una sola letra, la "O", las contiene todas, en un doble sentido, tanto invocativo como admirativo.

                 En nuestra indigencia, alzamos nuestra mirada al Cielo y –al verla–, invocar y admirar es todo uno. En un sólo instante, se concentra a la vista toda la belleza y gracia posible en una criatura, y el corazón sufre un dulce sobresalto: ¡Oh...! Es una «O» larga, rotunda –sin reservas, sin aristas, sin ángulos vacíos– como el mundo, como el universo, magna –en su intención– como Ella. En latín, la «O» anda solitaria; en castellano, seguida de hache muda, porque mudos quedamos en el asombro súbito.

        Conocemos un «¡Oh!» magnífico de Jesús: aquél ante la fe –encendida, ingeniosa, tenaz– de la encantadora madre cananea: O mulier!, ¡Oh mujer, grande es tu fe! [2] . Asombra la admiración de Cristo, perfecto Dios y perfecto Hombre.

        ¡Cómo no se admiraría Jesús, mucho más aún, ante la fe colosal, la esperanza, el Amor, la plenitud de gracia de su Madre Virgen! Qué profundidad y riqueza de matices tendrían sus «!Oh...!», íntimos, al mirarla en silencio. Así quisieran ser los nuestros. Y lo son, porque Jesús se nos da entero y nos presta, gustosísimo, todo lo suyo: «todo lo mío es tuyo», nos dice [3] .

        «Acuérdate, oh piadosísima –oh cariñosísima– Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti». Jamás se ha oído decir, jamás se dirá. Bastaría recordar aquellos Milagros de Nuestra Señora, narrados con encantadora ingenuidad por Gonzalo de Berceo, expresión poética de realísima experiencia universal. Sí, Ella, purísimo milagro de la gracia divina, no cesa de obrar milagros en las almas de sus hijos, y atiende toda súplica: es Omnipotencia suplicante, y Madre en plenitud de sentido.

Confiando en la infinita bondad de Dios
Un valioso título: «pecador contrito»


        Por eso, yo, animado, alentado, confortado con esa confianza, con esa fe esperanzada, a tí acudo Madre, Virgen la más excelsa de las vírgenes; ad te venio..., a ti vengo, sin perder un instante, corriendo, como un niño –lo que soy– a su madre, veloz en el peligro, en la necesidad, en el miedo o en la angustia, con segura certeza del «jamás» haberse oído contar excepción alguna a tus cuidados exquisitos sobre quienes admirados te invocan.

        En tu misericordia inaudita no nos tratas como merecen nuestros pecados, negligencias u olvidos. Al contrario, cuando te invoca un pecador le atiendes con particular solicitud. Para tí, «pecador» es como un título que demanda amor más grande. Por eso, coram te gemens peccator accedo, en el «Acordaos», de intento me presento como lo que soy: pecador, un pecador contrito, con un gemido de amor encendido en el dolor de haberte ofendido ofendiendo a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

        Acudo a tí sucio, roto, desastrado, sin ocultarte miseria alguna, persuadido de que una madre atiende primero al hijo más necesitado. Jamás se ha visto a un hijo tan sucio que no lo pueda limpiar una madre. Con esta firme confianza a ti acudo, a ti vengo. Vengo del lodo a la más pura nitidez; vengo de la miseria a la misericordia; de la indigencia al poder; de la fragilidad a la fortaleza; de la soberbia a la humildad; de la desgracia a la gracia en plenitud; de la ignorancia al Asiento de la Sabiduría.      

Sus divina maternidad origen de su poder y nuestra confianza
Madre del Verbo      


        Oh, Madre de Dios, no deseches mis humildes súplicas: Noli, Mater Verbi, verba mea despicere. Tú que eres la Madre del Verbo, porque el Espíritu Santo te cubrió con su sombra y el Verbo se hizo carne en tu seno Virginal; tú, en quien habitó corporalmente la Palabra subsistente, única, del Padre, en la que «se hallan escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia» [4] y es fuente y resumen de toda verdad [5] ; tú, la criatura que más y mejor ha comprendido la palabra suprema; que eres el Asiento de la Sabiduría, ¿cómo no vas a comprender mis palabras, éstas que de algún modo proceden de la Palabra única, como fruto de la moción del Espíritu, Espíritu de tu Hijo y Esposo tuyo? ¿Cómo no vas a escuchar mi verbo, Madre del Verbo? ¿Cómo no vas a poner toda tu sabiduría y omnipotencia suplicante al servicio de mi palabra llena de fe y de confianza, de esa sabiduría que en ti misma se aprende? ¡Oh, Madre de Dios, qué seguridad confiere esa oración de tan sabrosas remembranzas!

        ¿Será menester proseguir? Sed audi propitia et exaudi, escucha propicia mi plegaria, acógela indulgente, con benevolencia. Sé que no tienes otro modo de atender, pero una vez más te recuerdo a ti, para recordar yo; para tener en presente que para ti no hay pasado ni futuro, porque vives inmersa en Dios eterno. Tu memoria lo abarca todo. Y si yo recordara siempre el futuro, estaría siempre rezando el Acordaos, recordándome que recuerdas.

        ¡Acuérdate!, es un canto de confiado amor que quisiera vibrar en todos los corazones de la tierra. ¡Que todos se sientan seguros bajo tu amplísimo manto! ¡Que yo no pierda nunca esa confianza! ¡Que nadie la pierda! ¡que todo el mundo la gane! ¡que se acuerde de que jamás se ha oído decir y jamás se dirá que ninguno de los que a ti acuden haya sido abandonado! ¡que todos nos acordemos de recordártelo y te presentemos sin cesar humildes nuestras súplicas!

        A ti hemos de acudir en todas nuestras necesidades, y en las de las personas que amamos. Quizá se encuentran lejos en el espacio; quizá sufran alguna tribulación o desmayo, se agota su fe o su esperanza, se enfría el amor, se cimbrea su fidelidad, y nada podemos hacer... sino rezar. ¡No es poco! Es mucho, lo primero, lo más valioso y eficaz. Rezamos el Acordaos, y el sentimiento de impotencia cede ante la «Omnipotencia» patente; se abre paso la certeza de la proximidad, de la unión íntima en la Comunión de los Santos: somos uno, como el Padre y el Hijo son uno. Nuestra oración alcanza los extremos más lejanos, porque tu manto azul abraza el horizonte entero de la humanidad.

        Rezamos los unos por los otros –sobre todo por quienes más lo necesiten– y se cumple a menudo la graciosa seguiriya gitana:

Ar venir er día
Yegan mis tormentos;
En yegando á las orasiones
Recobro el aliento.

        Es el aliento del Espíritu que nos alcanza por quien está del Espíritu Santo llena y es por eso Mediadora de todas las gracias, Consoladora de los afligidos, Refugio de los pecadores, Causa de nuestra alegría, Fortaleza en la batalla, Corazón que nos estrecha a todos con un lazo único.

Tradicional oración para pedir por otros
        Cara a la Iglesia universal


        Ciertamente, «no se puede tratar filialmente a María y pensar sólo en nosotros mismos, en nuestros propios problemas. No se puede tratar a la Virgen y tener egoístas problemas personales. María lleva a Jesús, y Jesús es «primogénito entre muchos hermanos». Conocer a Jesús, por tanto, es darnos cuenta de que nuestra vida no puede vivirse con otro sentido que con el de entregarnos al servicio de los demás. Un cristiano no puede detenerse sólo en problemas personales, ya que ha de vivir de cara a la Iglesia universal, pensando en la salvación de todas las almas.

        «(...) Impregnados de este espíritu, nuestros rezos, aun cuando comiencen por temas y propósitos en apariencia personales, acaban siempre discurriendo por los cauces del servicio a los demás. Y si caminamos de la mano de la Virgen Santísima, Ella hará que nos sintamos hermanos de todos los hombres: porque todos somos hijos de ese Dios del que Ella es Hija, Esposa y Madre» [6] .

        Rezar por otros el «Acordaos», es decirte a ti, Madre nuestra, lo que tú dijiste a Jesús: «No tienen vino» [7] . ¿Cómo podrías resistirte a tu misma oración? De nuevo habrá milagro. Quizá poquito a poco, pasito a paso, pero lo habrá. El sarmiento se unirá de nuevo a la cepa, o se unirá más –que en las viñas del alma no hay límite para la unión–, y a su tiempo brotarán racimos dorados, copiosos, sabrosos, de buen vino para el altar y para la alegría de la vida cotidiana; vino que, sobre el ara, se transformará en la Sangre redentora de tu Hijo, y recorrerá las venas de nuestras almas –en expresión de San Josemaría Escrivá– con el bullir limpio y sobrenatural de la sangre de familia.

 
Oh, Madre del Verbo –¡Oh...!–, escucha mi verbo.

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, 
que jamás se ha oído decir que ninguno 
de los que han acudido a vuestra protección, 
implorando vuestra asistencia y reclamando 
vuestro socorro, haya sido desamparado. 
Animado por esta confianza, a Vos también acudo, 
¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!, 
y gimiendo bajo el peso de mis pecados 
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. 
¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas, 
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. 
Amén.

 
     



[1] Cfr. Is 49, 14-15.

[2] Mt 15, 21.

[3] Lc 15, 31.

[4] Col 2, 3.

[5] Eccli 1, 5.

[6] SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Es Cristo que pasa, núm. 145.

[7] Jn 2, 3.


Fuente: http://www.santorosario.info/Oracion/Acordaos-meditacion.htm

miércoles, 24 de mayo de 2017

María Auxiliadora: "Ella lo ha hecho todo"


ORACIÓN DE SÚPLICA

Santísima Virgen, Madre de Dios, yo aunque indigno pecador postrado a vuestros pies en presencia de Dios omnipotente os ofrezco este mi corazón con todos sus afectos. A vos lo consagro y quiero que sea siempre vuestro y de vuestro hijo Jesús.

Aceptad esta humilde oferta vos que siempre habéis sido la auxiliadora del pueblo cristiano.

Oh María, refugio de los atribulados, consuelo de los afligidos, ten compasión de la pena que tanto me aflige, del apuro extremo en que me encuentro.

Reina de los cielos, en vuestras manos pongo mi causa. Se bien que en los casos desesperados se muestra más potente vuestra misericordia y nada puede resistir a vuestro poder. Alcanzadme Madre mía la gracia que os pido si es del agrado de mi Dios y Señor. Amén.





viernes, 12 de mayo de 2017

Historia de las apariciones de la Virgen de Fátima



Como preparación a las apariciones de Nuestra Señora, un ángel quien se identificó como el "Ángel de Portugal", le habló en primer lugar a los niños diciéndoles: "No temáis. Yo soy el ángel de la Paz. Rezad conmigo".

Luego él se arrodilló, doblándose hasta tocar el suelo con su frente y rezó:

"Dios mío, yo creo, yo os adoro y yo os amo!, os pido perdón por aquellos que no creen, no os adoran, no confían y no os aman!"

Él dijo esta oración tres veces. Cuando acabó, le dijo a los niños:

"Rezad así. Los corazones de Jesús y María están atentos a la voz de vuestras súplicas".

Él dejó a los niños quienes empezaron a decir esta oración frecuentemente.


Las apariciones del Ángel de Portugal (1916)

En la Portugal rural del 1917 no es inusual el ver a los niños llevando a sus rebaños a pastorear. Esto es lo que los niños de la familia Marto y Santos, todos primos, hacían en estos días. Casi siempre eran Lucía Santos, Francisco Marto y su hermana Jacinta, los que con gusto tomaban esta responsabilidad, agradecidos por la suerte de estar al aire libre y de jugar mientras las ovejas pastoreaban en silencio. Ellos llevaban a pequeños grupos de ovejas a pastorear en parcelas pertenecientes a sus padres en diferentes partes de la sierra, el altiplano en el que se encontraba el pueblecito de Fátima (donde se encontraba la Iglesia parroquial ) y Aljustrel (donde vivían los niños). Dos miradores favoritos eran las colinas que miraban a Aljustrel, cerca de un campo llamado Loca do Cabeço (Lugar de la Cabeza) y la Cova da Iria (Ensenada de Irene) a una corta distancia de Fátima. En estos lugares ocurrieron las apariciones que cambiarían el curso de la vida de estos niños y de la historia del siglo XX.


La primera aparición del Ángel de Portugal

En la primavera de 1916 Lucía, Francisco y Jacinta tuvieron su primer encuentro con un mensajero celestial. Escribiendo en sus memorias, compuestas bajo obediencia a su obispo, Lucía nos cuenta sobre esa primera reunión:

Fuimos esa vez a la propiedad de mis padres, que está abajo del Cabeço, mirando hacia el este. Se llama Chousa Velha.

Como a mitad de mañana comenzó a lloviznar y subimos la colina, seguidos de las ovejas, en busca de una roca que nos protegiera. Así fue como entramos por primera vez en el lugar santo. Está en la mitad de una arboleda de olivos que pertenece a mi padrino, Anastasio. Desde allí uno puede ver la aldea donde yo nací, la casa de mi padre y también Casa Velha y Eira da Pedra. La arboleda de pinos, que en realidad pertenece a varias personas, se extiende hasta estos lugares.

Pasamos el día allí, ya que la lluvia había pasado y el sol brillaba en el cielo azul. Comimos nuestros almuerzos y comenzamos a rezar el rosario. Después de eso, comenzamos a jugar un juego con guijarros. Pasaron tan solo unos segundos cuando un fuerte viento comenzó a mover los árboles y miramos hacia arriba para ver lo que estaba pasando, ya que era un día tan calmado. Luego comenzamos a ver, a distancia, sobre los árboles que se extendían hacia el este, una luz más blanca que la nieve con la forma de un joven, algo transparente, tan brillante como un cristal en los rayos del sol. Al acercarse pudimos ver sus rasgos. Nos quedamos asombrados y absorbidos y no nos dijimos nada el uno al otro. Luego él dijo:

No tengáis miedo. Soy el ángel de la paz. Orad conmigo.

Él se arrodilló, doblando su rostro hasta el suelo. Con un impulso sobrenatural hicimos lo mismo, repitiendo las palabras que le oímos decir:

Dios mío, yo creo en Vos, yo os adoro, yo  espero y yo os amo. Os pido perdón por los que no creen, no os adoran, no  esperan y no os aman.

Después de repetir esta oración tres veces el ángel se incorporó y nos dijo:

Orad de esta forma. Los corazones de Jesús y María están listos para escucharos.

Y desapareció. Nos dejó en una atmósfera de lo sobrenatural que era tan intensa que estuvimos por largo rato sin darnos cuenta de nuestra propia existencia. La presencia de Dios era tan poderosa e íntima que aún entre nosotros mismos no podíamos hablar. Al día siguiente, también esta atmósfera nos ataba, y se fue disminuyendo y desapareció gradualmente. Ninguno de nosotros pensó en hablar de esta aparición o hacer ningún tipo de promesa en secreto. Estabamos encerrados en el silencio sin tan  siquiera desearlo.

El efecto intenso de esta aparición del Angel que tuvo sobre los niños, fue diferente a la experiencia un tanto más serena con la de la Virgen al año siguiente. Lucía dice:

No sé por que,  pero las apariciones de la Virgen produjeron en nosotros efectos muy diferentes que los de las visitas del ángel. En las dos ocasiones sentimos la misma felicidad interna, paz y gozo, pero en vez de la posición física de postrarse hasta el suelo que impuso el ángel, nuestra Señora trajo una sensación de expansión y libertad, y en vez de este aniquilamiento en la presencia divina, deseábamos solamente exultar nuestro gozo. No había dificultad al hablar cuando nuestra Señora se apareció, había más bien por mi parte un deseo de comunicarme.

Esta diferencia puede tal vez ser explicada de la siguiente manera. Los ángeles cualquiera que sea su coro tienen en común con Dios una naturaleza espiritual, no mezclada con la materia. La bondad de su ser, llena de justicia divina de acuerdo con el nivel de gloria dado a cada uno, irradia esa santidad sin mediación, por tanto proporcionada a la capacidad de los seres humanos para experimentarla. No sin razón las escrituras demuestran cuan fácil se puede confundir a un ángel apareciéndose a un hombre con el mismo Dios. (Apoc. 19:10, 22:9). Sin embargo, cuando se aparece nuestra Señora, aunque su gloria es mayor a la del más alto serafín, su naturaleza humana cubre esta gloria, así como pasó con la naturaleza de nuestro Señor, aún después de su Resurrección.

Aunque los ángeles también pueden aparecer en una forma más mundana, debe haber sido parte del propósito divino el revelarle a los niños algo de la Santidad de Dios. Lucía nos dice sobre este efecto que tardó en desaparecer:

Sus palabras se grabaron tan profundamente en nuestras mentes que nunca las olvidamos, hasta el punto en que pasábamos largos ratos de rodillas repitiéndolas, a veces hasta que nos caíamos exhaustos.


La Segunda Aparición del Ángel de Portugal

Durante el verano de 1916 los tres primos estaban jugando en el calor del día en el jardín cerca del pozo detrás de la casa de los Santos en Aljustrel. Lucía describe cómo el ángel se les apareció una vez más, regañándoles por su falta de seriedad espiritual.

De repente vimos al mismo ángel cerca de nosotros.

¿Que estáis haciendo? Teneis que rezar!. Rezar!. Los corazones de Jesús y María tienen designios Misericordiosos para vosotros. Debeis ofrecer vuestras oraciones y sacrificios a Dios, el Altísimo.

¿Pero cómo nos debemos sacrificar? Pregunté.

En todas las formas que podais ofrecer sacrificios a Dios en reparación por los pecados por los que Él es ofendido, y en suplicación por los pecadores. De esta forma vosotros traereis la paz a este país, ya que yo soy su ángel guardián, el Angel de Portugal. Además, aceptad y soportad con paciencia los sufrimientos que Dios os enviará.

Esta aparición renovó el mismo efecto profundo que tuvo el primero en ellos. Francisco, quien a lo largo de las apariciones del ángel y de nuestra Señora podía ver pero no escuchar, no tuvo éxito en obtener de las niñas las palabras que el ángel había dicho hasta el próximo día. Lucía nos dice:

Las palabras del ángel se sumieron en lo profundo de nuestras almas como llamas ardientes, mostrándonos quien es Dios, cual es su Amor por nosotros, y cómo Él quiere que nosotros le amemos también, el valor del sacrificio y cuanto Le agrada, cómo El lo recibe para la conversión de los pecadores. Es por eso que a partir de ese momento comenzamos a ofrecerle algunos sacrificios que nos mortificaran.


La Tercera Aparición del Ángel de Portugal

Lucía no está segura de cuando ocurrió la tercera aparición del ángel. Ella cree recordar que fue a finales de Septiembre u Octubre de 1916. Habiéndose dirigido a Cabeço con sus rebaños, y estando más atentos a las palabras del ángel, ellos se arrodillaron inmediatamente para orar la oración que les enseño el ángel: Dios mío, yo creo en ti, yo te adoro…etc.

Después de haber repetido esta oración no sé cuantas veces vimos a una luz extraña brillar sobre nosotros. Levantamos nuestras cabezas para ver que pasaba. El ángel tenía en su mano izquierda un cáliz y sobre él, en el aire, estaba una hostia de donde caían gotas de sangre en el cáliz. El ángel dejó el cáliz en el aire, se arrodilló cerca de nosotros y nos pidió que repitiesemos tres veces:

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente, y os ofrezco el precioso cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de las ingratitudes,  sacrilegios e indiferencia por medio de las cuales Él es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y por el del Inmaculado Corazón de María, os pido humildemente por la conversión de los pobres pecadores.

Después se levantó, tomó en sus manos el cáliz y la hostia. La hostia me la dio a mí y el contenido del cáliz se lo dio a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo:

Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo terriblemente agraviado por la ingratitud de los hombres. Ofreced reparación por ellos y consolad a Dios.

Una vez más él se inclinó al suelo repitiendo con nosotros la misma oración tres veces: Oh Santísima Trinidad…etc.,  y desapareció. Abrumados por la atmósfera sobrenatural que nos envolvía, imitamos al ángel en todo, arrodillándonos postrándonos como él lo hizo y repitiendo las oraciones como él las decía.

Fue de esta forma en la que fueron catequizados en oración, sufrimiento por reparación, y en la doctrina de la Santa Eucaristía, y fortalecidos por el Pan de los Angeles, como los niños de Fátima fueron preparados para la visita de la Reina de Portugal, la Inmaculada Virgen María.

Apariciones de la Santísima Virgen María en Fátima (1917)



Casi 8 meses pasaron desde la última aparición del Ángel. Lucía, Francisco y Jacinta continuaron haciendo lo que el ángel les había enseñado, orando y ofreciendo sacrificios al Señor. Lucía tenía ahora 10 años, Francisco nueve en Junio y Jacinta acababa de cumplir siete en marzo, cuando el 13 de mayo de 1917, decidieron llevar sus ovejas a unas colinas que pertenecían al padre de Lucía conocidas como Cova da Iria, o Ensenada de Irene. Fue ahí, solo con una excepción, donde la Santísima Virgen bajo el nombre de Nuestra Señora del Rosario se les apareció en seis ocasiones en 1917, y una novena vez en 1920 (sólo a Lucía).

Tan importante como el lugar y el momento eran la situación a nivel mundial. En esos momentos la Primera Guerra Mundial hacía estragos en Europa, conduciendo a la humanidad a la forma más salvaje de guerra vista hasta el día de hoy. En la lejanía de Moscu, Lenin preparaba la revolución que volcó el orden social Ruso en Noviembre de 1917 y en la que se sumergió eventualmente casi la mitad de los habitantes de esta tierra. Fue en este contexto en el que el cielo intercede por la tierra para proveer el antídoto para los males morales y sociales del mundo – el mensaje de Fátima.

Aparición de la Virgen de Fátima del 13 de mayo de 1917

Llevando a su rebaño fuera de Aljustrel en la mañana del 13 de mayo, la fiesta de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, los tres niños  pasaron  Fátima, donde se encontraban la parroquia y el cementerio, y prosiguieron más o menos un kilómetro hacia el norte a las pendientes de Cova. Aquí dejaron que sus ovejas pastorearan mientras ellos jugaban en la pradera que tenía algún  que otro árbol de roble. Después de haber tomado su almuerzo alrededor del mediodía decidieron rezar el rosario, aunque de una manera un poco trucada, diciendo sólo las primeras palabras de cada oración. Al instante, ellos sufrieron un sobresalto,  que después describieron como un "rayo en medio de un cielo azul". Pensando que una tormenta se acercaba se debatían si debían recoger las ovejas e irse a casa. Preparándose para hacerlo fueron nuevamente sorprendidos por una luz extraña.

Comenzamos a ir cuesta abajo llevando a las ovejas hacia el camino. Cuando estabamos en la mitad de la cuesta, cerca de un árbol de roble (el gran árbol que hoy en día está rodeado de una reja de hierro), vimos otro rayo, y después de dar unos cuantos pasos más vimos en un árbol de roble (uno más pequeño más abajo en la colina) a una señora vestida de blanco, que brillaba más fuerte que el sol, irradiando unos rayos de luz clara e intensa, como una copa de cristal llena de pura agua cuando el sol radiante pasa por ella. Nos detuvimos asombrados por la aparición. Estabamos tan cerca que quedamos en la luz que la rodeaba, o que ella irradiaba, casi a un metro y medio.

Por favor no temáis, no os voy a hacer daño.

Lucía respondió por parte de los tres, como lo hizo durante todas las apariciones

¿De dónde sois?

Yo vengo del cielo.

La Señora vestía con un manto puramente blanco, con un borde de oro que caía hasta sus pies. En sus manos llevaba las cuentas del rosario que parecían estrellas, con un crucifijo que era la gema más radiante de todas. Quieta, Lucía no tenía miedo. La presencia de la Señora le producía solo felicidad y un gozo confiado.

"¿Qué queréis de mi?"

Quiero que regreses aquí los días trece de cada mes durante los próximos seis meses a la misma hora. Luego te diré quien soy, y qué es lo que más deseo. Y volveré aquí una séptima vez.

" ¿Y yo iré al cielo?"

Sí, tu irás al cielo.

" ¿Y Jacinta?"

Ella también irá.

"¿Y Francisco?"

Él también,  pero primero debe rezar muchos Rosarios.

La Señora miró a Francisco con compasión por unos minutos, matizado con una pequeña tristeza. Lucía después se acordó de algunos amigos que habían fallecido.

"¿Y María Nieves está en el cielo?

Si, ella está en el cielo.

"¿Y Amelia?"

Ella está en el purgatorio.

Os ofreceréis a Dios y aceptaréis todos los sufrimientos que Él os envíe, en reparación por todos los pecados que Le ofenden y por la conversión de los pecadores.

"Oh sí, lo haremos"

Tendréis que sufrir mucho, pero la gracia de Dios estará con vosotros y os fortalecerá.

Lucía relata que mientras la Señora pronunciaba estas palabras, abría sus manos, y fuimos bañados por una luz celestial que parecía venir directamente de sus manos. La realidad de esta luz penetró nuestros corazones y nuestras almas, y sabíamos que de alguna forma esta luz era Dios, y podíamos vernos abrazada por ella. Por un impulso interior de gracia caímos de rodillas, repitiendo en nuestros corazones: "Oh Santísima Trinidad, te adoramos. Dios mio, Dios mio, te amo en el Santísimo Sacramento"

Los niños permanecían de rodillas en el torrente de esta luz maravillosa, hasta que la Señora habló de nuevo, mencionando la guerra en Europa, de la que tenían poca o  ninguna noción.

Rezad el Rosario todos los días, para traer la paz al mundo y el final de la guerra.

Después de esto Ella  comenzó a elevarse lentamente hacia el este, hasta que desapareció en la inmensa distancia. La luz que la rodeaba parecía que se adentraba entre las estrellas, es por eso que a veces decíamos que vimos a los cielos abrirse.

Los días siguientes estuvimos llenos de entusiasmo, aunque ellos no pretendían que fueran así. Lucía había prevenido a los otros de mantener  su visita en secreto, sabiendo correctamente las dificultades que ellos experimentarían si los eventos se supiesen. Sin embargo la felicidad de Jacinta no pudo ser contenida, cuando prontamente se olvidó de su promesa y se lo reveló todo a su madre, quien la escuchó pacientemente pero le dio poca credibilidad a los hechos. Sus hermanos y hermanas se metían con sus preguntas y chistes. Entre los interrogadores solo su padre, "Tio Marto",  estuvo inclinado a aceptar la historia como verdad. El creía en la honestidad de sus hijos, y tenía una simple apreciación de las obras de Dios, de manera que él se convirtió en el primer creyente de las apariciones de Fátima.

La madre de Lucía, por otro lado, cuando finalmente escuchó lo que había ocurrido, creyó que su propia hija no solo era la instigadora de un fraude, si no de una blasfemia. Lucía comprendió rápidamente lo que la Señora quería decir cuando dijo que ellos sufrirían mucho. María Rosa no pudo hacer que Lucía se retractara, aún bajo amenazas. Finalmente la llevó a la fuerza donde el párroco, el padre Ferreira, sin tener éxito. Por otro lado, el padre de Lucía, quien no era muy religioso, estaba prácticamente indiferente, atribuyendo todo a los caprichos de mujeres. Las próximas semanas, mientras los niños esperaban su próxima visita de la Señora en Junio, les revelaron que tenían pocos creyentes, y muchos en contra en Aljustrel y Fátima

Aparición de la Virgen de Fátima del 13 de junio de 1917

En Portugal, el trece de Junio es una gran fiesta, la fiesta de San Antonio de Lisboa, conocido comúnmente como San Antonio de Padua. Este milagroso franciscano nació en Lisboa y había entrado a la vida religiosa como un Canónigo Ragular de la Santa Cruz, residiendo primero en Lisboa y después en Coimbra antes de dejar la orden Portuguesa,  para ingresar a la nueva orden de Hermanos Franciscanos Menores y esperar el martirio en tierras lejanas de misión. Esta fecha citada del 13 de junio,  era y es, la fiesta de los niños en Portugal, de manera que los padres de Lucía naturalmente pensaron que las festividades de la parroquia de Fátima distraerían a Lucia de su cita en Cova. Sin embrago, no afectada por esta táctica Lucía y los Marto procedieron a ir al sitio de la aparición para cumplir con su cita al mediodía.

Cuando ellos llegaron vieron que había una pequeña multitud esperándolos.

Después de haber recitado el rosario con Jacinta y Francisco junto con las personas que estaban presentes, vimos otra vez, el reflejo de luz que se nos acercaba (solíamos decir que eran rayos) y después, a Nuestra Señora en el roble como en mayo.

" Por favor dígame, Señora, ¿qué es lo que quiere de mi?"

Quiero que vengais aquí el día trece del mes que viene. Quiero que continúeis diciendo el Rosario todos los días. Después de cada misterio, hijos mios, quiero que receisn de esta manera. "Oh mi buen Jesús, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno. Lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia". Quiero que aprendais a leer y a escribir, y luego os diré que más quiero de vosotros.

"¿Nos llevará al cielo?"

Si, me llevaré a Jacinta y a Francisco muy pronto, pero tú te quedarás un poco más, ya que Jesús desea que tu me hagas conocer y amar en la tierra. Él también desea que tú establezcas devoción en el mundo entero a mi Inmaculado Corazón.

"¿Debo permanecer en el mundo sola?"

No sola, hija mía, y no debes estar triste. Yo estaré contigo siempre, y mi Inmaculado Corazón será tu consuelo y el camino que te llevará hacia Dios.

En el momento en el que ella dijo las últimas palabras, abriendo sus manos, Ella nos transmitió por segunda vez, el reflejo de esa luz intensa. En ella sentíamos que estabamos sumergidos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar en la parte de la luz que se elevaba hacia los Cielos, y yo en la parte que se derramaba sobre la tierra. En frente de la palma de la mano derecha de Nuestra Señora estaba un corazón rodeado de espinas que parecían clavársele. Entendimos que era el Inmaculado Corazón de María ofrecido por los pecados de la humanidad, deseando ansiosamente reparación.

La aparición luego terminó como en la primera ocasión, con la Señora elevándose hacia el este y desapareciendo en la "inmensidad de los cielos".

A pesar del gozo de esos preciosos momentos el dolor de los niños continuó las siguientes semanas, moderado por la creencia de muy pocos de los presentes en Cova ese día. Ellos sabían que algo inusual había ocurrido – vieron los "rayos", algunos percibieron un cierto oscurecimiento del sol, otros una pequeña nube gris que iba y venía mientras ocurría la aparición y ellos creyeron. Sin embargo, las dificultades con sus familias no cesaron, especialmente con sus madres, quienes estaban verdaderamente alarmadas ya que los eventos no sólo continuaban sino que más bien se expandían. A ésto se le añadió la ardua cautela del párroco, que sospechaba que después de todo esto fuera a ser real,  pero de del demonio.

Aparición de la Virgen de Fátima del 13 de Julio de 1917

Mientras se acercaba la fecha de Julio, Lucía continuaba turbada por las palabras de su párroco que advertía que el diablo podría estar detrás de estas apariciones. Finalmente, ella le confió a Jacinta que su intención era de no ir. Pero cuando el día finalmente llegó, sus miedos y ansiedades desaparecieron, de manera que a las doce estaba en Cova con Jacinta y Francisco, esperando la llegada de la bella Señora.

La aparición del 13 de julio probó ser en muchas formas,  la parte más controvertida del mensaje de Fátima, proveyendo un secreto en tres partes que los niños guardaron celosamente. Las primeras dos partes, la visión del infierno y la profecía del futuro rol de Rusia y cómo prevenirlo, no serían reveladas hasta que Lucía las escribió en su tercer diario, en obediencia al obispo, en 1941. La tercera parte, comúnmente conocido como el Tercer Secreto, fue más tarde comunicado al obispo, quien lo envió sin leer al Papa Pío XII.

Unos minutos después de haber llegado a Cova da Iria, cerca de la encina, donde un gran número de personas estaban rezando el Rosario, vimos un flash de luz una vez más, y un momento después Nuestra Señora se apareció en la encina.

"Lucía", dijo Jacinta, "habla".  La Señora te está hablando".

"¿Si? Dijo Lucía. Ella habló humildemente, pidiendo perdón por sus dudas con todos sus gestos, y le dijo a la Señora "¿Qué queréis de mi?

Quiero que vengais aquí el día trece del mes que viene. Continúeis rezando el Rosario todos los días en honor a Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz del mundo y el final de la guerra, porque sólo el rosario puede obtenerlo.

"Sí, Sí".

"Yo quisiera preguntarle quién es usted, y si puede hacer un milagro para que todo el mundo sepa a ciencia cierta que se ha aparecido"

Debéis venir aquí todos los meses, y en octubre yo te diré quién soy y lo que quiero. Después haré un milagro para que todos crean.

Por tanto segura de lo que hacía, Lucia comenzó a poner ante la Señora las peticiones que todos le habían confiado. La Señora dijo muy gentilmente que ella curaría a algunos, pero que a otros  no los curaría.

"¿Y el hijo paralítico de Maria da Capelinha?"

No, no será curado ni de su enfermedad ni de su pobreza, y debe de asegurarse de rezar el Rosario junto a su familia todos los días.

Otro caso encomendado por Lucía a la Señora fue el de una mujer enferma de Atougia quien pidió que se la llevaran al cielo.

Dile que no tenga prisa. Dile que yo sé muy bien por qué, y  cuando yo vendré a buscarla.

Haced sacrificios por los pecadores, y decid seguido, especialmente cuando hagais un sacrificio: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por la conversión de los pecadores, y en reparación por las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María.

Mientras Nuestra Señora decía estas palabras abrió sus manos una vez más, como lo había hecho en los dos meses anteriores. Los rayos de luz parecían penetrar la tierra, y vimos como si fuera un mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban demonios y almas en forma humana, como tizones transparentes en llamas, todos negros o color bronce quemado, flotando en el fuego, ahora levantadas en el aire por las llamas que salían de ellos mismos junto a grandes nubes de humo, se caían por todos lados como chispas entre enormes fuegos, sin peso o equilibrio, entre chillidos y gemidos de dolor y desesperación, que nos horrorizaron y nos hicieron temblar de miedo. (debe haber sido esta visión la que hizo que yo gritara, como dice la gente que hice). Los demonios podían distinguirse por su similitud aterradora y repugnante a horrorosos animales desconocidos, negros y transparentes como carbones en llamas. Horrorizados y como pidiendo auxilio, miramos hacia Nuestra Señora, quien nos dijo, tan amablemente y tan tristemente:


Habeis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Es para salvarlos que Dios quiere establecer en el mundo una devoción a mi Inmaculado Corazón. Si vosotros haceisn lo que yo os diga, muchas almas se salvarán, y habrá paz. Esta guerra cesará, pero si los hombres no dejan de ofender a Dios, otra guerra más terrible comenzará durante el pontificado de Pio XI. Cuando veais una noche que será iluminada por una luz extraña y desconocida (esto ocurrió el 28 de  Enero de  1938) sabreis que ésta,  es la señal que Dios les dará y que indicará que está apunto de castigar al mundo con la guerra y el hambre, y con la persecución de la Iglesia y del Papa.

Para prevenir èsto, vengo al mundo para pedir que Rusia sea consagrada a mi Inmaculado Corazón, y pido que los primeros Sábados de cada mes se hagan comuniones en reparación por todos los pecados del mundo. Si mis deseos se cumplen, Rusia se convertirá y habrá paz, si no, Rusia repartirá sus errores alrededor del mundo, trayendo nuevas guerras y persecuciones a la Iglesia,  los justos serán martirizados y el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, ciertas naciones serán aniquiladas. Pero al final mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre consagrará a Rusia a Mi Inmaculado Corazón, y esta será convertida y el mundo disfrutará de un período de paz. En Portugal la fe siempre será preservada…(Aquí viene la parte del secreto que aún no ha sido revelado). Recordad,  no debeis decirle esto a nadie más que a Francisco.

Cuando recéis el Rosario, decid después de cada misterio: Oh  mi buen Jesús, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia.

" ¿Hay algo más que quiera de mi?"

No, no quiero nada más de ti hoy.

Luego, al igual que antes Nuestra Señora comenzó a ascender hacia el Este, hasta que finalmente desapareció en la inmensa oscuridad del firmamento.

La posesión del Secreto probó ser una gran prueba para los tres pequeños. La familia, los vecinos, seguidores de la aparición, hasta el clero, trató sin éxito que fuera revelado. Finalmente, en cuanto el día de la aparición se iba acercando,  hasta el gobierno civil que era secular y venenosamente anti clerical, alarmado por el número de personas que estaban interesándose en los eventos de Fátima, atentaron con arrebatárselos y en el proceso exponer a la Iglesia como colaboradora en un fraude.

Aparición de la Virgen de Fátima del 19 de agosto de 1917

Bajo el pretexto de proveerles de su propio automóvil, para que los niños pudieran trasladarse seguramente en medio de la multitud que rodeaba sus hogares, el administrador civil o alcalde del distrito en el que estaba ubicado Fátima, llegó a Aljustrel en la mañana del 13 de agosto. En un intento por conocer "la verdad" sin éxito, el 11 de agosto, Arturo Santos, un apóstata católico  había planeado una trampa que dejaría a los niños bajo su custodia para forzarlos a revelar todo. Como acto de buena fe, se ofreció para llevar a los tres niños y a sus padres a ver al párroco, quien él decía que quería verles, y así se fue a Cova. En la casa parroquial él abandonó esta artimaña así como a los padres llevándose solo a los niños hasta la sede del distrito en Vila Nova de Ourem, a unas 9 millas de distancia. Aquí el intentó comprarlos, los amenazó de muerte y encerrándolos en una celda con otros "criminales" para hacerlos retractar de su historia. Todo esto,  sin ningún resultado. A pesar de sus edades, su fe en la Señora y su coraje fueron imperturbables.

Mientras tanto en Cova al mediodía del día 13,  los signos externos característicos de la aparición se hicieron visibles para la multitud, la mayor multitud hasta eses momento. Después que estos signos terminaron la multitud se dispersó, sin saber nada de las trampas tendidas por el gobierno.

Sin embargo, el "juicio" de los niños continuó por dos días, preocupando de gran modo a sus familias. Finalmente, en la fiesta de la Asunción el 15 de agosto, el Administrador los condujo de nuevo a Fátima y los dejó a los pies de la rectoría. Aquí fueron vistos por la gente que salía de Misa tratando de sabera por parte del  Tio  Marto dónde habían estado los niños.  Este fue el único esfuerzo serio por parte de la autoridades para  intervenir en el tema de la Señora de Fátima.

En cuanto a los planes de la Señora, fueron retrasados un poco. El Domingo 19 Lucía, su hermano Juan y Francisco estaban pastoreando sus ovejas en un lugar llamado Valinhos. Estaba ubicado al lado de la misma colina opuesta a Aljustrel donde se les apareció el ángel dos veces, un poco más al norte. Alrededor de las 4 de la tarde, presintiendo que la Señora estaba apunto de aparecerce, Lucía trató sin éxito de convencer a su hermano Juan  que fuera a buscar a Jacinta, hasta que le ofreció unos cuantos centavos por ir a buscarla. Mientras ella y Francisco esperaban vieron la luz típica. El momento en el que Jacinta llegó,  se apareció la Señora.

"¿Que queréis de mí?"

Que vengáis otra vez a Cova da Iria el trece del mes que viene,  y continuéis rezando el Rosario todos los días. El último día yo haré un milagro para que todos crean.

"¿Qué debemos hacer con las ofrendas que deja la gente en Cova da Iria?"

Quiero que hagáis dos andas (para cargar estatuas) para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Quiero que tú y Jacinta llevéis una de ellas con otras dos  niñas. Vosotras dos os vestiréis de blanco. Y luego quiero que Francisco, con tres niños ayudándolo, cargue la otra. Los niños también han de vestir de blanco. Lo que quede de las ofrendas ayudará para la construcción de la capilla que ha de ser construida aquí.

Lucía luego preguntó por la curación de algunos enfermos

Algunos los curaré durante este año

(Y mirándolos tristemente, les dijo) Rezad, rezad, rezad mucho. Haced sacrificios por los pecadores. Muchas almas se van al infierno, porque nadie está dispuesto a ayudarlas con sacrificios.

Habiendo dicho esto se retiró como lo había hecho en otras ocasiones.

Aparición de la Virgen de Fátima del 13 de septiembre de 1917

A pesar del ridículo y las burlas causadas por la prensa secular y atea, más de 30.000 personas se reunieron en Cova para la aparición del mes de septiembre. Ahora mientras se rezaba el Rosario la multitud pudo ver a los niños ponerse de pie mirando hacia el este y ver como la admiración se apoderaba de sus rostros. Un momento mientras los niños esperaban, mirando y mirando, sus ojos en la  encina, su gozo encendido como una llama. Ya habían caído de rodillas de nuevo, y personas cerca de Lucía la escucharon decir:

"¿Qué queréis de mí?"

Continuad rezando el Rosario, hijitos mios. Hacedlo todos los días para que cese la guerra. En octubre vendrá nuestro Señor, así como Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y Nuestra Señora del Monte Carmelo. San José se aparecerá con el Niño Jesús para bendecir al mundo.

A Dios le agradan vuestros sacrificios, pero no quiere que os pongáis las cuerdas de noche para ir a dormir. Sólo ponéroslas durante el día.

"Tengo las peticiones de muchas personas que piden su ayuda. ¿Curaréis vos a una niña que es sordomuda?"

Ella mejorará en un año.

"¿Y las conversiones que algunos han pedido? ¿Las sanaciones de los enfermos?"

Algunas las curaré a otras no. Nuestro Señor no confía en todos ellos, pues algunos, recuperada su salud, volverían a caer en sus vicios y pecados.

"¿Quiere que se construya una capilla pequeña aquí con el dinero que las personas han dejado aquí?"

Sí, deseo que se construya una pequeña capilla en honor de Nuestra Señora del Rosario. Pero diles que se utilice sólo la mitad de ese dinero para esto.  La otra mitad será para las dos andas que ya os comenté y vosotros sabéis.

"Muchos creen que yo soy una impostora y un fraude, dicen que merezco ser colgada o quemada. ¿Podéis por favor hacer un milagro para que ellos crean?"

En Octubre haré un milagro que permitirá que todos crean.

La entrevista se había terminado. La visión se elevó como antes, y Lucía, señalando a la Señora,  le dijo a la multitud: " Si desean verla, ¡miren! ¡miren!"

Aparición de la Virgen de Fátima del 13 de octubre de 1917



Durante la noche del 12 al 13 de octubre había llovido toda la noche, empapando el suelo y a los miles de peregrinos que viajaban a Fátima de todas partes. A pie, por carro y en carretas venían, entrando a la zona de Cova por el camino de Fátima – Leiria, que hoy en día todavía pasa frente a la gran plaza de la Basílica. De ahí bajaban hacia el lugar de las apariciones. Hoy en día, en el sitio está la capillita moderna de vidrio, encerrando la primera que se construyó y la estatua de Nuestra Señora del Rosario de Fátima donde estaba la encina.

En cuanto  los niños, lograron llegar a Cova entre las adulaciones y el escepticismo que los había perseguido desde mayo. Cuando llegaron, encontraron críticos que cuestionaban su veracidad y la puntualidad de la Señora, quien había prometido llegar al medio día. Ya habían pasado las doce según la hora oficial del país. Sin embargo cuando el sol había llegado a su apogeo la Señora se apareció como había dicho.

"¿Qué queréis de mí?"

Quiero que se construya una capilla aquí en mi honor. Quiero que continuéis rezando el Rosario todos los días. La guerra pronto terminará, y los soldados regresarán a sus hogares.

"Sí, Sí"

"¿Me dirá su nombre?"

Yo soy la Señora del Rosario

"Tengo muchas peticiones de muchas personas. ¿Se las concederá?"

Algunas serán concedidas, y otras las debo negar. Las personas deben rehacer sus vidas y pedir perdón por sus pecados. No deben de ofender más a nuestro Señor, ¡ya es ofendido demasiado!

" ¿Y eso es todo lo que tiene que pedir?"

No hay nada más.

Mientras la Señora del Rosario se eleva hacia el este, ella tornó las palmas de sus manos hacia el cielo oscuro. Aunque la lluvia había cedido, nubes oscuras continuaban oscureciendo el sol, que de repente se escapa entre ellos y se ve como un suave disco de plata.

"¡Miren el sol!"

En este momento, dos distintas apariciones pudieron ser vistas: el fenómeno del sol presenciado por los 70,000 espectadores y aquella que fue vista solo por los niños. Lucía describe esta aparición en su diario.

Después que la Virgen desapareció en la inmensa distancia del firmamento, vimos a San José y al Niño Jesús que parecían estar bendiciendo el mundo, ya que hacían la señal de la cruz con sus manos. Un poco después cuando esta aparición terminó vi a Nuestro Señor y a Nuestra Señora, me parece que era lo Dolorosa. Nuestro Señor parecía bendecir al mundo al igual que lo había hecho San José. Esta aparición también desapareció y vi a Nuestra Señora una vez más, parecida a nuestra Señora del Carmen (Sólo Lucia vio la última aparición, como anticipando su entrada al Carmelo unos años después.

Estas serían las últimas apariciones en Fátima para Jacinta y Francisco. Sin embargo, a Lucía, nuestra Señora se la apareció una séptima vez en 1920, como lo había prometido la Señora el mes de mayo. Esta vez Lucía estaba en oración en la Cova, antes de dejar Fátima para ir a un internado de niñas. La Señora vino para alentarla a que se dedicara enteramente a Dios.

Mientras los niños veían las diversas apariciones de Jesús, María y San José, la multitud presenció un prodigio diferente, el ahora conocido como el famoso milagro del sol. Entre los testigos estaban los siguientes:

Testimonios sobre las apariciones de la Virgen de Fátima

O Seculo (un periódico de Lisboa pro gubernamental y anticlerical)

Desde el camino, donde estaban estacionados los vehículos donde cientos de personas se habían quedado,  ya que no querían pisar el lodo, uno podía ver la gran multitud volverse hacia el sol, que parecía sin nubes y estaba en su apogeo. Parecía una placa de pura plata y se podía mirar fijamente sin incomodar. Pudo haber sido un eclipse que sucedía en ese momento. Pero en ese mismo momento se produjo un gran grito, y uno podía escuchar a los espectadores más cercanos gritar: ¡un milagro! ¡un milagro!

Ante el asombro reflejado en los ojos de los espectadores, cuya semblanza era bíblica ya que todos tenían la cabeza descubierta, y que buscaban ansiosamente algo en el cielo, el sol temblaba, hizo ciertos movimientos repentinos fuera de las leyes cósmicas – el sol "danzaba" de acuerdo a las expresiones típicas de la gente.

Había un viejecito parado en las escaleras de un obús con su rostro girado hacia el sol que recitaba el credo en alta voz. Pregunté quien era y me dijeron que era el señor Joao da Cunha Vasconcelos. Lo vi después dirigiéndose a los que estaban a su alrededor con sus sombreros puestos y les imploró vehementemente que se descubrieran sus cabezas ante tan extraordinario milagro.

Las  gentes  se preguntaban los unos a los otros lo que habían visto. La gran mayoría admitió ver el sol danzando y temblando, otros afirmaban que habían visto el rostro de la Virgen Santísima. Otros juraron que vieron el sol girar como una rueda que se acercaba a la tierra como si fuera a quemarla con sus rayos. Algunos dijeron haber visto cambios de colores sucesivamente.

O Dia (otro diario de Lisboa, edición 17 de octubre de 1917)

"A la una en punto de la tarde, mediodía solar, la lluvia cesó, el cielo de color gris nacarado iluminaba la vasta región árida con una extraña luz. El sol tenía como un velo de gasa transparente que hacía fácil el mirarlo fijamente. El tono grisáceo madre perla en que se tornó en una lámina de plata,  que se rompió cuando las nubes se abrían y el sol de plata envuelto en el mismo velo de luz gris, se vio girar y moverse en el círculo de las nubes abiertas. De todas las bocas se escuchó un gemido y las personas cayeron de rodillas sobre el suelo fangoso…..

La luz se tornó en un azul precioso, como si atravesara el vitral de una catedral y esparció sus rayos sobre las personas que estaban de rodillas con los brazos extendidos. El azul desapareció lentamente y luego la luz pareció traspasar un cristal amarillo. La luz amarilla tiñó los pañuelos blancos, las faldas oscuras de las mujeres. Lo mismo sucedió en los árboles, las piedras y en la sierra. La gente lloraba y oraba con la cabeza descubierta ante la presencia del milagro que habían esperado. Los segundos parecían como horas, así de intensos eran.

Tio Marto (padre de Jacinta y Francisco)

Podíamos mirar con facilidad el sol, que por alguna razón no nos cegaba. Parecía tililar primero en un sentido y luego en otro. Sus rayos se esparcían en muchas direcciones y pintaban todas las cosas en diferentes colores, los árboles, la gente,  el aire y la tierra. Pero lo más extraordinario para mí,  era que el sol no lastimaba nuestros ojos. Todo estaba tranquilo y en silencio y todos miraban hacia arriba. De pronto, pareció que el sol dejó de girar. Luego comenzó a moverse y a danzar en el cielo, hasta que parecía desprenderse de su lugar y caer sobre nosotros. Fue un momento terrible.

María Capelinha (una de las primeras creyentes)

El sol transformó todo de diferentes colores – amarillo, azul y blanco, entonces se sacudió y tembló, parecía una rueda de fuego que caía sobre la gente. Empezaron a gritar "¡nos va a matar a todos!", otros clamaron a nuestro Señor para que los salvara, ellos recitaban el acto de contrición. Una mujer comenzó a confesar sus pecados en voz alta, diciendo que había hecho esto y aquello….

Cuando al fin el sol dejó de saltar y de moverse todos respiramos aliviados. Aún estábamos vivos, y el milagro predicho por los niños fue visto por todos.

Yo estaba mirando hacia el lugar de las apariciones, esperando serena y fríamente que algo sucediera, y con una curiosidad en descenso porque había pasado mucho tiempo sin que sucediera nada que me llamara la atención. Entonces escuché miles de voces gritar y vi que la multitud de pronto se giró hacia el lado contrario, sus espaldas en contra del sitio donde yo tenía dirigida mi atención y miré al cielo del lado opuesto.

La hora legal era cerca de las 2 de la tarde, alrededor del medio día solar. El sol unos momentos antes había aparecido entre unas nubes, las cuales lo ocultaban y brillaba clara e intensamente. Yo me volví hacia el magneto que parecía atraer todas las miradas y lo vi como un disco con un aro claramente marcado, luminoso y resplandeciente, pero que no hacía daño a los ojos. No estoy de acuerdo con la comparación que he escuchado que han hecho en Fátima y la de un pesado disco plateado. Era un color más claro, rico y resplandeciente que tenía algo del brillo de una perla. No se parecía en nada a la luna en una noche clara porque al verlo uno y sentirlo parecía un cuerpo vivo. No era una esfera como la luna ni tenía el mismo color o matiz. Parecía como una rueda de cristal hecha de la madre de todas las perlas. No se podía confundir con el sol visto a través de la neblina (porque no había neblina en ese momento), porque no era opaca, difusa ni cubierta con un velo. En Fátima daba luz y calor y aparentaba un claro cofre con un arco bien difundido.

Indulgencia plenaria durante el centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima

Para conmemorar el centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima en Portugal, acaecidas en 1917,  el Papa Francisco decidió conceder la indulgencia plenaria durante todo el Año Jubilar, que comenzó el pasado 27 de noviembre y terminará el 26 de noviembre de 2017.

El Santuario de Fátima indicó que para obtener las indulgencias plenarias los fieles deben  cumplir primero con las condiciones habituales: confesarse, comulgar y rezar por las intenciones del Santo Padre.

Las indulgencias plenarias podrán obtenerse durante todo el Año Jubilar y para ello existen tres maneras, detalladas a continuación:

1.- Peregrinar al Santuario

La primera forma es que “los fieles vengan en peregrinación al Santuario de Fátima en Portugal y que allí participen en una celebración u oración dedicada a la Virgen”.

Además de ello, los fieles deben rezar el Padrenuestro, recitar el Credo e invocar a la Madre de Dios.

2.- Ante cualquier imagen de la Virgen de Fátima en todo el mundo

La segunda forma se aplica para “los fieles piadosos que visitan con devoción una imagen de Nuestra Señora de Fátima expuesta solemnemente a la veneración pública en cualquier templo, oratorio o local adecuado en los días de los aniversarios de las apariciones, el 13 de cada mes desde mayo hasta octubre (de 2017), y participen allí devotamente en alguna celebración u oración en honor de la Virgen María”.

Esta visita a la imagen de la Virgen no tiene que ser necesariamente solo en Fátima o exclusivamente en Portugal, sino que puede ser en cualquier parte del mundo.

También se debe rezar un Padrenuestro, el Credo e invocar a la Virgen de Fátima.

3.- Ancianos y enfermos

La tercera forma de obtener una indulgencia se aplica a las personas que por la edad, enfermedad u otra causa grave estén impedidos de movilizarse.

Pueden rezar ante una imagen de la Virgen de Fátima y deben unirse espiritualmente en las celebraciones jubilares en los días de las apariciones, los días 13 de cada mes, entre mayo y octubre de 2017.

Además tienen que ofrecer con confianza a Dios misericordioso, a través de María, sus oraciones y dolores o los sacrificios de su propia vida.

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