SEÑOR: TE ADORO COMO PRIMER PRINCIPIO; TE DESEO COMO ÚLTIMO FIN; TE ALABO COMO BIENHECHOR PERPETUO; TE INVOCO COMO DEFENSOR PROPICIO. DIRÍGEME CONTU SABIDURÍA, ÁTAME CON TU JUSTICIA, CONSUÉLAME CON TU CLEMENCIA, PROTÉGEME CON TU PODER. TE OFREZCO, SEÑOR, MIS PENSAMIENTOS, PARA QUE SE DIRIJAN A TI, MIS PALABRAS PARA QUE HABLEN DE TI; MIS OBRAS PARA QUE SEAN TUYAS, MIS CONTRARIEDADES PARA QUE LAS LLEVE POR TI. QUIERO LO QUE QUIERAS, QUIERO PORQUE QUIERES, QUIERO COMO LO QUIERES, QUIERO HASTA QUE QUIERAS. (Oración del Papa Clemente XI).

martes, 2 de diciembre de 2014

Mensaje de conversión

Señales



En varias apariciones la Santísima Virgen ha prometido señales que dejará en el mundo, en los lugares de sus manifestaciones, para que la gente se convierta. Pero también nos dice María que trabajemos ya desde ahora en nuestra conversión personal, porque cuando lleguen esas señales ya quedará muy poco tiempo a nuestra disposición para convertirnos.

Así que no perdamos tiempo ni esperemos esas señales pasivamente, porque, además, no sabemos si llegaremos a ver dichas señales. ¿Quién nos garantiza que no moriremos pronto, antes de ver alguna señal del cielo? Y sabemos que siempre debemos estar preparados, es decir, en gracia de Dios, para partir hacia la eternidad, porque en el momento de la muerte tenemos lo que se llama el juicio particular, donde somos juzgados por Jesucristo Juez, y allí se decide nuestro destino eterno.

Seamos prudentes como las cinco vírgenes de la parábola, y no como las vírgenes necias, sino hagamos acopio del aceite para nuestras lámparas, es decir, practiquemos alguna devoción que tenga promesas de vida eterna, para asegurarnos nuestra muerte en gracia de Dios, porque cuando llegue el momento, el caos reinante no nos dejará tiempo y modo de convertirnos. Ahora que todo está en relativa paz aún, no desperdiciemos este precioso tiempo de gracia y preparación que el Cielo nos regala a través de María, para acercarnos a Dios definitivamente.

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