SEÑOR: TE ADORO COMO PRIMER PRINCIPIO; TE DESEO COMO ÚLTIMO FIN; TE ALABO COMO BIENHECHOR PERPETUO; TE INVOCO COMO DEFENSOR PROPICIO. DIRÍGEME CONTU SABIDURÍA, ÁTAME CON TU JUSTICIA, CONSUÉLAME CON TU CLEMENCIA, PROTÉGEME CON TU PODER. TE OFREZCO, SEÑOR, MIS PENSAMIENTOS, PARA QUE SE DIRIJAN A TI, MIS PALABRAS PARA QUE HABLEN DE TI; MIS OBRAS PARA QUE SEAN TUYAS, MIS CONTRARIEDADES PARA QUE LAS LLEVE POR TI. QUIERO LO QUE QUIERAS, QUIERO PORQUE QUIERES, QUIERO COMO LO QUIERES, QUIERO HASTA QUE QUIERAS. (Oración del Papa Clemente XI).

miércoles, 21 de octubre de 2015

Novena Perpetua a la Virgen de Medalla Milagrosa



ORACIONES PRELIMINARES (optativas)

¡Oh, Virgen Inmaculada! Madre de Dios y Madre nuestra, con la más viva confianza en tu poderosa intercesión tantas veces manifestada por medio de tu Medalla, te suplicamos humildemente te dignes alcanzarnos las gracias que pedimos por esta novena.


¿Oh Virgen de la Medalla Milagrosa que apareciste a santa Catalina Labouré en la actitud de Mediadora para el mundo entero y cada alma en particular, entregamos en tus manos y confiamos a tu Corazón nuestras súplicas! Dígnate presentarlas a tu Divino Hijo y conceder lo que pedimos si está conforme a la Voluntad Divina y es útil a nuestras almas. Y después de levantar hacia Dios tus manos suplicantes, bájalas hacia nosotros y envuélvenos en los rayos de tus gracias, iluminando nuestro espíritu y purificando nuestro corazón para que, guiados por Ti, alcancemos algún día la eterna bienaventuranza. Amén.


Oración de Juan Pablo II en la Capilla
«¡Oh María, sin pecado concebida! 
Rogad por nosotros que recurrimos a Ti »

¡Oh María, sin pecado concebida! Ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Ésta es, oh María, la oración que inspiraste a Santa Catalina Labouré en este mismo lugar, hace ciento cincuenta años. Y esta invocación, grabada ahora en la Medalla, la pronunciarán en adelante ¡tantos fieles en el mundo entero! ¡Bendita tú eres entre todas las mujeres! Has sido íntimamente asociada a toda la obra de nuestra Redención, asociada a la Cruz de nuestro Salvador: tu corazón fue traspasado junto a su Corazón. Y ahora, en la gloria de tu Hijo, no cesas de interceder por nosotros, pobres pecadores. Velas por la Iglesia, de la que eres la Madre. Velas por cada uno de tus hijos, y alcanzas de Dios, para cada uno de nosotros, todas las gracias que simbolizan los rayos de luz que emergen de tus manos abiertas, con la sola condición de que nos atrevamos a pedírtelas, de que nos acerquemos a Ti con la confianza, la osadía, la sencillez de un niño. Y así, nos llevas sin cesar hacia tu divino Hijo.
San Juan Pablo II (1980)


NOVENA PERPETUA A NUESTRA SEÑORA 
DE LA MEDALLA MILAGROSA


Acordaos  (Oración de San Bernardo)

 Acuérdate, ¡oh, piadosa Virgen María! que jamás se ha oído decir que ninguno de cuantos han acudido a tu protección e implorando tu asistencia, haya sido abandonado por ti. Animado por esta confianza, a ti también acudo, ¡oh, Virgen, Madre de las vírgenes! Y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana. ¡Oh dulce Madre del Verbo! No desprecies mis súplicas, antes bien, dígnate atenderlas y escucharlas benignamente. Amen.


Acto de Fe en la Inmaculada Concepción de María Santísima

¡Santísima Virgen! Yo creo y confieso tu santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Oh, purísima Virgen! Por tu pureza virginal, tu Inmaculada Concepción y tu gloriosa prerrogativa de Madre de Dios, alcánzame de tu amado Hijo la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, de cuerpo y de espíritu, una santa perseverancia en el bien, el don de oración, una buena vida y una santa muerte. Amen. 

(Menciónese aquí la petición que se desea obtener).


CONSAGRACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN 
DE LA MEDALLA MILAGROSA

Postrado ante tu imagen ¡Virgen de la Medalla Milagrosa!, y después de saludarte en el augusto misterio de tu concepción sin mancha, te elijo desde ahora y para siempre, por mi Madre, abogada, reina y señora de todas mis acciones y protectora e intercesora delante de Dios. Yo te prometo, Virgen purísima, no olvidarme jamás de ti, ni de tu culto, ni de los intereses de tu gloria, a la vez que también te prometo promover entre quienes me rodean el amor haca  ti. Recíbeme, tierna Madre, desde este momento y sé para mi un refugio en esta vida y un sostén en la hora de la muerte. Amen. 


¡Oh María, sin pecado concebida, 
ruega por nosotros que recurrimos a vos!


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