SEÑOR: TE ADORO COMO PRIMER PRINCIPIO; TE DESEO COMO ÚLTIMO FIN; TE ALABO COMO BIENHECHOR PERPETUO; TE INVOCO COMO DEFENSOR PROPICIO. DIRÍGEME CONTU SABIDURÍA, ÁTAME CON TU JUSTICIA, CONSUÉLAME CON TU CLEMENCIA, PROTÉGEME CON TU PODER. TE OFREZCO, SEÑOR, MIS PENSAMIENTOS, PARA QUE SE DIRIJAN A TI, MIS PALABRAS PARA QUE HABLEN DE TI; MIS OBRAS PARA QUE SEAN TUYAS, MIS CONTRARIEDADES PARA QUE LAS LLEVE POR TI. QUIERO LO QUE QUIERAS, QUIERO PORQUE QUIERES, QUIERO COMO LO QUIERES, QUIERO HASTA QUE QUIERAS. (Oración del Papa Clemente XI).

miércoles, 10 de febrero de 2016

Pecados contra el Espíritu Santo


LOS IMPERDONABLES PECADOS CONTRA EL ESPÍRITU
 SANTO Y LA MISERICORDIA DE DIOS

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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1. AL QUE LA DIGA CONTRA EL ESPÍRITU SANTO, NO SE LE PERDONARÁ

En los Evangelio Sinópticos, es decir Marcos, Mateo y Lucas, se nos dice que hay un pecado y blasfemia que no tendrá perdón nunca, ni en este mundo ni en el otro, ¿cuál es este pecado tan grave y que hay de verdad que nunca podrá ser perdonado?

Evangelio de san Marcos: “Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno”  (Marcos 3,28-29)

Evangelio de san Mateo: “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Por eso os digo: Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro”. (Mateo 12, 30-32)

Evangelio de san Lucas: “A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará”. (Lucas 12, 10)

Estas sentencias, corresponden a una respuesta del Señor a los fariseos, y el punto es si es para atemorizarlos o exhortarlos a que no se blasfeme contra el Espíritu Santo, dada la gravedad que está implícita en esta falta. Porque por otra parte, sabemos que nuestro Padre Dios perdona nuestros pecados, así lo afirma el Hijo: “Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial”, (Mt 6,14) y más adelante nos dice Jesús: “Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados”  (Mt 9, 6). Entonces porque esta obstinación de los Evangelios Sinópticos?,  o porque al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro?. La respuesta no parece tan sencilla, en especial para aquellos que no poseemos un estudio teológico tan afinado. Lo que queda claro, -como lo propone San Agustín, sermones, 71- es que el Señor nos pide, no mostrarnos rebelde al don del Espíritu Santo, por cuyo don se opera el perdón de los pecados.

2. REFLEXION DEL TEXTO BIBLICO

Se lo denomina “blasfemia” (Mt-Lc) o “pecado” (Mc) contra el Espíritu. Añadiéndose por los tres sinópticos que no será perdonado. ¿Por qué esto? ¿Cuál es su naturaleza? Está acusada en el contexto mismo, en el versículo de Mateo 12,24: “Mas los fariseos, al oírlo, dijeron: Este no expulsa los demonios más que por Belcebú, Príncipe de los demonios”.  Ante la expulsión de un demonio por Jesús, los fariseos atribuían este poder del Señor al Príncipe de los demonios, es decir al diablo; atribuían el bien al mal; atribuían la acción de Dios por facultad y obra del Espíritu Santo a una a acción satánica. En estas condiciones, el pecado contra el Espíritu Santo, es imperdonable por su misma naturaleza, aunque no en absoluto, pues Dios puede cambiar el corazón del hombre que por un instante piense y luego llevarlo por caminos  de rectitud y a una condición de perdón. Así nos relata Lucas en los Hechos de los Apóstoles, donde muchos que fueron fariseos, se convirtieron después de la resurrección de Cristo, y el mismo Pedro dice: “pero a mí me ha mostrado Dios que no hay que llamar profano o impuro a ningún hombre”  (Hechos 10,28)

En muchos casos la redacción en la Biblia expresa con extremismo algunas sentencias, como la de Mateo: “pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro”, que en cualquier caso significa nunca, pero por otra parte el mismo Mateo, igual como lo expresa Lucas, dice previamente; “Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará”. Esta contraposición no está en el Evangelio de Marcos. Entonces cual es la diferencia entre el pecado contra el Hijo del hombre en contraposición al del Espíritu Santo? El primero un pecado de ignorancia; el otro, de malicia y desprecio a Dios.

Antonio Royo Marín, O.P., en su Libro Teología Moral para Seglares (BAC), nos aclara sobre este pecado: “Los pecados contra el Espíritu Santo son aquellos que se cometen con refinada malicia y desprecio formal de los dones sobrenaturales que nos retraerían directamente del pecado. Se llaman contra el Espíritu Santo porque son como blasfemias contra esa divina persona, a la que se le atribuye nuestra santificación”.

Cristo calificó de blasfemia contra el Espíritu Santo la calumnia de los fariseos de que obraba sus milagros por virtud de Belcebú (Mt. 12,24-32). Era un pecado de refinadísima malicia, contra la misma luz, que trataba de destruir en su raíz los motivos de credibilidad en el Mesías.

3. NÚMERO (CANTIDAD) Y DESCRIPCIÓN DE LOS PECADOS CONTRA EL ESPÍRITU SANTO

En realidad, los pecados contra el Espíritu Santo no pueden reducirse a un número fijo y determinado. Todos aquellos que reúnan las características que acabamos de señalar, pueden ser calificados como pecados contra el Espíritu Santo. Pero los grandes teólogos medievales suelen enumerar los seis más importantes, la desesperación, la presunción, la impugnación, la envidia del provecho espiritual del prójimo,  la obstinación en el pecado y  la impenitencia deliberada, que se detalla a continuación:

La desesperación. Entendida en todo su rigor teológico, o sea, no como simple desaliento ante las dificultades que presenta la práctica de la virtud y la perseverancia en el estado de gracia, sino como obstinada persuasión de la imposibilidad de conseguir de Dios el perdón de los pecados y la salvación eterna. Fue el pecado del traidor Judas, que se ahorcó desesperado, rechazando con ello la infinita misericordia de Dios, que le hubiera perdonado su pecado si se hubiera arrepentido de él.

La presunción. Que es el pecado contrario al anterior y se opone por exceso a la esperanza teológica. Consiste en una temeraria y excesiva confianza en la misericordia de Dios, en virtud de la cual se espera conseguir la salvación sin necesidad de arrepentirse de los pecados y se continúa cometiéndolos tranquilamente sin ningún temor a los castigos de Dios. De esta forma se desprecia la justicia divina, cuyo temor retraería del pecado.

La impugnación de la verdad conocida. No por simple vanidad o deseo de eludir las obligaciones que impone, sino por deliberada malicia, que ataca los dogmas de la fe suficientemente conocidos, con la satánica finalidad de presentar la religión cristiana como falsa o dudosa. De esta forma se desprecia el don de la fe, ofrecido misericordiosamente por el Espíritu Santo, y se peca directamente contra la misma luz divina.

La envidia del provecho espiritual del prójimo. Es uno de los pecados más satánicos que se pueden cometer, porque con él -no sólo se tiene envidia y tristeza del bien del hermano, sino de la gracia de Dios, que crece en el mundo- (Santo Tomás). Entristecerse de la santificación del prójimo es un pecado directo contra el Espíritu Santo, que concede benignamente los dones interiores de la gracia para la remisión de los pecados y santificación de las almas. Es el pecado de Satanás, a quien duele la virtud y santidad de los justos.

La obstinación en el pecado. Rechazando las inspiraciones interiores de la gracia y los sanos consejos de las personas sensatas y cristianas, no tanto para entregarse con más tranquilidad a toda clase de pecados cuanto por refinada malicia y rebelión contra Dios. Es el pecado de aquellos fariseos a quienes San Esteban calificaba de “duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros siempre habéis resistido al Espíritu Santo” (Hech 7,51).

La impenitencia deliberada. Por la que se toma la determinación de no arrepentirse jamás de los pecados y de resistir cualquier inspiración de la gracia que pudiera impulsar al arrepentimiento. Es el más horrendo de los pecados contra el Espíritu Santo, ya que se cierra voluntariamente y para siempre las puertas de la gracia. “Si a la hora de la muerte—decía un infeliz apóstata—pido un sacerdote para confesarme, no me lo traigáis: es que estaré delirando”.

4. "CREO EN EL PERDÓN DE LOS PECADOS"

Es doctrina de fe, es lo que se nos ha enseñado y a lo cual estamos convencidos de esto, es en el poder de la Iglesia para perdonar todos los pecados, así es que rezamos en nuestra profesión de fe: “creo en el perdón de los pecados”. Al dar el Espíritu Santo a su Apóstoles, Cristo resucitado les confirió su propio poder divino de perdonar los pecados: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos" (Jn 20, 22-23).

La Iglesia: “ha recibido las llaves del Reino de los cielos, a fin de que se realice en ella la remisión de los pecados por la sangre de Cristo y la acción del Espíritu Santo. En esta Iglesia es donde revive el alma, que estaba muerta por los pecados, a fin de vivir con Cristo, cuya gracia nos ha salvado” (San Agustín, Sermón 214, 11).

Destaca nuestro Catecismo Católico: “No hay ninguna falta por grave que sea que la Iglesia no pueda perdonar. "No hay nadie, tan perverso y tan culpable que, si verdaderamente está arrepentido de sus pecados, no pueda contar con la esperanza cierta de perdón" (Catecismo Romano, 1, 11, 5). Cristo, que ha muerto por todos los hombres, quiere que, en su Iglesia, estén siempre abiertas las puertas del perdón a cualquiera que vuelva del pecado (cf. Mt 18, 21-22)” CIC 982.

“Dice san Agustín: “Si en la Iglesia no hubiera remisión de los pecados, no habría ninguna esperanza, ninguna expectativa de una vida eterna y de una liberación eterna. Demos gracias a Dios que ha dado a la Iglesia semejante don” (San Agustín, Sermón 213, 8, 8).

5. ENTONCES, ¿ES ABSOLUTAMENTE IMPERDONABLE ESTE PECADO?

Un aspecto que me parece importante reflexionar, es sobre los convertidos y, los paganos que por no conocer o no tener claridad, o empujados por otros, ofendieron al Espíritu Santo, los mismos judíos que sabían del Espíritu Santo, pero negaron la presciencia de éste en Cristo,  o en la misma Iglesia, o los que niegan que el Espíritu Santo sea la tercera persona de la Trinidad, pero luego al estar en conocimiento de la verdad, ¿acaso, deben estos ser abandonados y considerados como no tienen la posibilidad de salvación?, como dice el Señor: “no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane. (Mt 13, 15)

Entonces, ¿es absolutamente imperdonable este pecado? A pesar de que en el Evangelio se nos dice que: “al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro”. (Mt 12, 30-32), no hay que interpretar rectamente estas palabras. No hay, ni puede haber un pecado tan grave que no pueda ser perdonado por la misericordia infinita de Dios si el pecador se arrepiente debidamente de él en este mundo. Como lo expresa Lucas: “Arrepentíos, pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados”  (Hechos 3,19). Pero, como precisamente el que peca contra el Espíritu Santo rechaza la gracia de Dios y se obstina voluntariamente en su maldad, es imposible que, mientras permanezca en esas disposiciones y sin arrepentirse, se le perdone su pecado. Lo cual no quiere decir que Dios le haya abandonado definitivamente y esté decidido a no perdonarle.

6. LA CONVERSIÓN Y VUELTA A DIOS NO ES IMPOSIBLE

El caso peor, es el hecho del pecador que no desea arrepentirse de haber blasfemado, entonces morirá obstinado en su pecado. Sin embargo, la conversión y vuelta a Dios de hombres malos no es absolutamente imposible, quizá para los hombres sí, pero la Misericordia de Dios siempre será un atractivo, esto es un misterio que solo lo podemos reconocer en nuestros propios corazones. Recordemos que Dios le habló a Caín al corazón, en un dialogo cariñoso e íntimo,  (Génesis 4, 6-7). En efecto, conforme al relato del Génesis, Dios se comporta como un Padre amoroso e invita a Caín a cambiar sus sentimientos y le anima a levantar el rostro abatido, y para eso solo debe obrar bien. Este es un gran detalle que se pone en los labios de Dios, que nos invita a oír la voz de la conciencia del hombre, esta es la voz de Dios que nos susurra y que nos advierte que no debemos actuar mal, es la voz que nos invita a tomar siempre un buen camino. Lo triste es que Caín no quiso oír la voz de Dios, reflejada en la de su conciencia, que le prevenía contra el pecado o crimen, y se decide a lo peor.

Hemos sido creados por Dios, por tanto la amistad con Él se encuentra en nuestro corazón, y lo mejor que podemos tener, es la maravillosa oportunidad de dialogar con toda confianza con El, y si le hemos ofendido, confiar en su misericordia. El Concilio Vaticano II nos lo dice con toda certeza: “La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador" (GS 19,1).

En uno de sus aforismos, la Beata Carmelita Isabel de la Trinidad nos dice: “Vivamos con Dios como con un amigo, tengamos una fe viva para estar en todo unidos a Dios” (H, 576).

Al Señor de la misericordia, que hizo todo los creado con su palabra, le pedimos que al juzgar, tengamos en cuenta su bondad y, al ser juzgados, confiemos es misericordia. (Cfr. Sabiduría 12,22)

El Señor nos bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Fuentes:
www.caminando-con-jesus.org
Biblia de Jerusalén
Catecismo Católico
Diccionario Teológico Ravasi
Antonio Royo Marín, O.P., en su Libro Teología Moral para Seglares    (BAC), pagina 267

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