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domingo, 12 de enero de 2020

Solemnidad del Bautismo del Señor

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“Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección”.
Mc 1, 7-11
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.           Y SE PRESENTÓ A JUAN PARA SER BAUTIZADO POR ÉL.

Es notable el contraste de los relatos de Mateo, Lucas y Juan, con relación a lo que significó la presencia del Bautista en la preparación mesiánica, estos evangelistas le dedican mucha mayor amplitud que el relato de Marcos, que es algo más superficial.

Pero lo esencial, es el hecho de que Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!” Pero Jesús le respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. (Mt 3, 11-17) Y Juan se lo permitió. Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento, se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Se oyó entonces una voz que venía del cielo: “Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección”.

Como sabemos, la vida oculta de Cristo se desarrolló normalmente en Galilea, y la mayor parte seguramente en Nazaret. Después que Cristo fue anunciado en la predicación de su precursor, quiso manifestarse a los hombres el que por tanto tiempo había vivido oculto. Por eso se dice que Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él.

2.           EL SITIO EN QUE TUVO LUGAR EL BAUTISMO DE CRISTO

El sitio en que tuvo lugar el bautismo de Cristo es señalado desde el siglo IV, por el “Peregrino de Burdeos” (a.333), en la ribera occidental del Jordán, lo mismo que en el siglo VI lo señala la Carta de Madaba. Corresponde al lugar que hoy se señala, cerca de Jericó, no lejos del convento ortodoxo de San Juan Bautista. El bautismo de Jesús por Juan, es un hecho que tiene un gran misterio, observemos que tanto san Marcos, como san Mateo y san Lucas, con diferentes matices dicen lo mismo, confesar y obtener perdón por los pecados. (Mc 1,5 )Toda la provincia de Judea y el pueblo de Jerusalén acudían a Juan para confesar sus pecados y ser bautizados por él en el río Jordán. (Mt 3,6) Y junto con confesar sus pecados, se hacían bautizar por Juan en el río Jordán. (Lc 3,3) Juan empezó a recorrer toda la región del río Jordán, predicando bautismo y conversión, para obtener el perdón de los pecados.

3.           ¿CÓMO ES POSIBLE QUE JESÚS SE ACERQUE A ESTE BAUTISMO?

Los padres de la iglesia, nos resuelven este misterio de la siguiente forma: Pseudo-Crisóstomo; Se expresa el oficio cuando se sigue: "Para que fuese bautizado por él". No para que él mismo recibiese el perdón de sus pecados por medio del bautismo, sino para dejar santificadas las aguas a los que se bautizasen después.

San Agustín; El Salvador quiso bautizarse no para adquirir limpieza para sí, sino para dejarnos una fuente de limpieza. Desde el momento en que bajó Cristo a las aguas, el agua limpia los pecados de todos.

Dicen a demás que quiso bautizarse, porque quiso hacer lo que nos manda hacer, para que como buen maestro no sólo nos enseñase con su doctrina, sino también con su ejemplo.

Por esta razón quiso ser bautizado por San Juan: para que sepan sus siervos con cuánta alegría deben correr al bautismo del Señor, al ver como El no ha desdeñado recibir el bautismo del siervo.

San Juan Crisóstomo, agrega: Porque el bautismo de Juan era de arrepentimiento, y llevaba consigo la confesión de las culpas, pero para que no hubiese alguien que creyese que Cristo había venido a bautizarse por esta causa, el Bautista dijo al que venía: Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!. Como si dijese: Está bien que tú me bautices, esta razón es idónea (para que yo también sea justo, y me haga digno del cielo). Pero ¿qué razón hay para que yo te bautice? Todo lo bueno baja del cielo a la tierra y no sube de la tierra al cielo.

San Hilario, señala; Por último, el Señor no pudo ser bautizado por Juan como Dios, pero enseña que debe bautizarse como hombre. De donde se sigue que respondiéndole Jesús, le dice: Ahora déjame hacer esto.

San Jerónimo; Y hermosamente responde: Déjame ahora, para manifestar que Cristo debía ser bautizado por San Juan en el agua, y San Juan ser bautizado por Cristo en espíritu. O de otro modo: Déjame ahora, para que quien ha tomado la forma de siervo, manifieste su humildad. Sé consciente de que tú habrás de ser bautizado con mi bautismo en el día del juicio. O, déjame ahora, dice el Señor, porque tengo otro bautismo con el cual habré de ser bautizado. Tú me bautizas en agua para que yo te bautice por mí en tu sangre.

4.           APENAS FUE BAUTIZADO, JESÚS SALIÓ DEL AGUA.

En ese momento, se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él.

El Señor nos ha concedido el lavado del bautismo con la inmersión de su cuerpo, y en ello nos ha demostrado que puede abrirnos las puertas del cielo cuando recibimos el bautismo, y concedernos el Espíritu Santo.

Y se oyó una voz del cielo que decía: “Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección”. En el evangelio de Mateo se relata, “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. (Mt),

La voz del Padre que baja del cielo para proclamar a Cristo, en Mateo se dirige al pueblo, en cambio, en san Marco y en san Lucas se dirige a él (Jesús), mientras que en Juan esta voz no aparece ni se dirige a nadie; solamente se da el descenso de la paloma como contraseña a Juan de que Cristo es el Mesías.

El se abrieron los cielos es un elemento escenográfico para dar lugar, plásticamente, al paso de la paloma y a la voz del Padre. Al abrirse los cielos, en el contexto penitencial del Bautista, indica que Dios baja para iniciar el tiempo salvador prometido.

5.           COMO UNA PALOMA.

Esta forma dé como aparece en los tres sinópticos e incluso en Juan (Jn 1:32). La paloma aparece en la literatura bíblica y extra-bíblica simbolizando diversas cosas. Pero sugerido por el pasaje de Génesis en el que el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas, la paloma vino a ser símbolo del Espíritu Santo.

6.           LA VOZ DEL PADRE.

El Padre, pues, ama al Hijo, como un buen padre, por eso dice que tiene puesta toda su predilección, o tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco, y este es mi Hijo, para que se indicase especialmente a aquellos que oían, que Aquél mismo era el Hijo de Dios.

Esta voz proclama a Cristo “Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección”. Esta frase la traen los tres sinópticos. Se dice que ese Hijo es el Amado por excelencia. El Amado no indica que Jesús sea el primero entre los iguales, sino que indica una ternura especial; en el Antiguo Testamento, se dice que no hay gran diferencia entre amado y único. Es muy probable que aquí el Amado pueda ser equivalente del Único, o mejor, del Unigénito, puesto que habla el Padre. En el Nuevo Testamento, ese término se reserva al Mesías.

El en quien tengo puesta toda mi predilección, o Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco, es el gozo del Padre en su Hijo encarnado, en su Mesías.

7.           EL MISTERIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD SE DEMUESTRA EN EL BAUTISMO.

Toda la Santísima Trinidad, intervine en esta gran manifestación en el Jordán. Jesucristo (el Hijo), es bautizado, el Espíritu Santo baja en forma de paloma y se oye la voz del Padre, dando testimonio del Hijo. Aunque el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo sean una misma naturaleza. El Padre, quien dijo, Este es mi Hijo muy querido, el Hijo, sobre quien se oye la voz del Padre; y el Espíritu Santo, quien aparece en forma de paloma sobre el Hijo bautizado.

Dice San Agustín: Esta obra es la de toda la Trinidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, existen en una misma esencia, sin diferencias de tiempo ni de lugares. En estas palabras se distinguen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y no puede decirse que se presenten en una misma esencia. En cuanto a lo que se dice visiblemente en las sagradas letras, aparecieron separadamente en cuanto a los espacios que cada persona ocupaba. Desde luego se sabe que la Santísima Trinidad se conoce en sí misma inseparable, pero se puede mostrar separadamente por medio de aspectos materiales. Que sea sólo la voz propia del Padre, se demuestra por las palabras que dijo: Este es mi Hijo.

8.           “OH DIOS MÍO, TRINIDAD A QUIEN ADORO!”

La Beata carmelita Isabel de la Trinidad, nos enseña que el Dios trinitario, es el Dios que se comunica, el Dios Amor: “Hay un Ser que es el Amor y que nos invita a vivir en comunión con Él” (C 327). Dios no es algo, sino Alguien que nos ama, Alguien en quien se puede confiar, Alguien que nos habla y que nos invita a entrar en su compañía. No es el Dios de los filósofos, de los judíos o de los musulmanes; ni siquiera “el buen Dios” de muchos cristianos. Es el Dios Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios es familia, es intercambio, es don.

¡Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme totalmente de mi; para establecerme en Ti, inmóvil y serena, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti; mi Dios inmutable, sino que cada momento me sumerja más adentro en la profundidad de tu Misterio. Pacifica mi alma, haz en ella tu cielo, tu morada más querida y el lugar de tu descanso. Que nunca te deje solo allí sino que esté por entero allí contigo, bien despierta en mi fe, en total adoración y completamente entregada a tu Acción creadora (Beata Isabel de la Trinidad)

9.           UNGIDO CON EL ESPIRITU SANTO

Pedro, en el Bautismo a Cornelio, da testimonio: Vosotros sabéis lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, después que Juan predicó el bautismo; cómo Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder, y cómo él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él; (Hechos (SBJ) 10, 37-38)

En todos los textos Jesús es presentado lleno, “ungido” del Espíritu Santo. Así como su vida terrena habla comenzado por obra del Espíritu Santo, así ahora su vida apostólica comienza. Con una especial intervención del mismo Espíritu; de él es poseído totalmente y de él es guiado al cumplimiento de su misión.

De modo análogo sucede con el cristiano: por el bautismo nace a la vida en Cristo por la intervención del Espíritu Santo que lo justifica y renueva en todo su ser, formando en él a un hijo de Dios. Y luego cuando, creciendo en edad, debe abrazar de modo responsable y consciente los deberes de la vida cristiana, el Espíritu Santo interviene con una nueva efusión en la confirmación para corroborarlo en la fe y hacerlo valeroso testigo de Cristo. Toda la vida del cristiano se desenvuelve bajo el influjo del Espíritu Santo. (Fr G.Sta M.Magdalena OCD, Intimidad Divina)

10.       EL BAUTISMO

El Bautismo de Jesús, es como la solemnidad oficial de su misión como Salvador, observamos como el Padre y el Espíritu Santo nos garantizan su identidad de Hijo de Dios, presentándolo al mundo, para que el mundo acoja su mensaje.

El Señor nos ha concedido el lavado del bautismo con la inmersión de su cuerpo, y en ello nos ha demostrado que puede abrirnos las puertas del cielo cuando recibimos el bautismo, y concedernos el Espíritu Santo.

Nuestro deber ahora, es fructificar la gracia bautismal, es dejarnos guiar por el Espíritu Santo, hagámoslo con humildad buscando en todo que se haga la voluntad del Padre. 

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

domingo, 13 de enero de 2019

Bautismo de Jesús

 BAUTISMO DEL SEÑOR




Con la celebración del Bautismo del Señor se cierra la temporada de Navidad.


Pregunta: ¿Jesús, siendo Dios, necesita recibir el Espíritu Santo?, acaso no lo tuvo desde la eternidad?


Respuesta:  
Jesús no necesita recibir el Espíritu ya que El es uno con Padre y el Espíritu Santo desde la eternidad. En el bautismo se manifestó el Espíritu para beneficio nuestro, en una epifanía (manifestación) de la Trinidad.


Veamos que lo dicen los Padres de la Iglesia:

San Cirilo de Alejandría, siglo V: "El Hijo unigénito recibe el Espíritu Santo no para sí mismo –pues es suyo, habita en él, y por su medio se comunica, como ya dijimos antes–, sino para instaurar y restituir a su integridad a la naturaleza entera, ya que, al haberse hecho hombre, la poseía en su totalidad. Puede, por tanto, entenderse –si es que queremos usar nuestra recta razón, así como los testimonios de la Escritura– que Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo: pues por su medio nos vienen todos los bienes." Ver este texto


San Máximo de Turín, siglo V: «¿Por qué quiso bautizarse, si es santo?» Escucha. Cristo se hace bautizar, no para santificarse con el agua, sino para santificar el agua y para purificar aquella corriente con su propia purificación y mediante el contacto de su cuerpo. Pues la consagración de Cristo es la consagración completa del agua.

Y así, cuando se lava el Salvador, se purifica toda el agua necesaria para nuestro bautismo, y queda limpia la fuente, para que pueda luego administrarse a los pueblos que habían de venir a la gracia de aquel baño. Cristo, pues, se adelanta mediante su bautismo, a fin de que los pueblos cristianos vengan luego tras él con confianza.

Así es como entiendo yo el misterio: Cristo precede, de la misma manera que la columna de fuego iba delante a través del mar Rojo, para que los hijos de Israel siguieran intrépidamente su camino; y fue la primera en atravesar las aguas, para preparar la senda a los que seguían tras ella. Hecho que, como dice el Apóstol, fue un símbolo del bautismo. Y en un cierto modo aquello fue verdaderamente un bautismo, cuando la nube cubría a los israelitas y las olas les dejaban paso.

Pero todo esto lo llevó a cabo el mismo Cristo Señor que ahora actúa, quien, como entonces precedió a través del mar a los hijos de Israel en figura de columna de fuego, así ahora, mediante el bautismo, va delante de los pueblos cristianos con la columna de su cuerpo. Efectivamente, la misma columna, que entonces ofreció su resplandor a los ojos de los que la seguían, es ahora la que enciende su luz en los corazones de los creyentes: entonces, hizo posible una senda para ellos en medio de las olas del mar; ahora, corrobora sus pasos en el baño de la fe. Ver este texto

San Hipólito, siglo III:  Jesús fue a donde Juan y recibió de él el bautismo. Cosa realmente admirable. La corriente inextinguible que alegra la ciudad de Dios es lavada con un poco de agua. La fuente inalcanzable, que hace germinar la vida para todos los hombres y que nunca se agota, se sumerge en unas aguas pequeñas y temporales. Ver este texto

San Gregorio Nacianceno, siglo IV, lectura del día:  
Ojalá que estéis ya purificados, y os purifiquéis de nuevo. Nada hay que agrade tanto a Dios como el arrepentimiento y la salvación del hombre, en cuyo beneficio se han pronunciado todas las palabras y revelado todos los misterios; para que, como astros en el firmamento, os convirtáis en una fuerza vivificadora para el resto de los hombres; y los esplendores de aquella luz que brilla en el cielo os hagan resplandecer, como lumbreras perfectas, junto a su inmensa luz, iluminados con más pureza y claridad por la Trinidad, cuyo único rayo, brotado de la única Deidad, habéis recibido inicialmente en Cristo Jesús, Señor nuestro, a quien le sean dados la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Ver este texto