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El 2 de octubre

«Ángel santo de la guarda, compañero de mi vida, tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día. Aunque espíritu invisible, sé que te hallas a mi lado, escuchas mis oraciones, y cuentas todos mis pasos. En las sombras de la noche, me defiendes del demonio, tendiendo sobre mi pecho, tus alas de nácar y oro. Ángel de Dios, que yo escuche, tu mensaje y que lo viva, que vaya siempre contigo, hacia Dios, que me lo envía. Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga, gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía».
Así de hermosa es la poesía con que dan comienzo las laudes de este día. En ella ya se encuentra sintetizada la espiritualidad y sentido de esta fiesta.
La existencia de los ángeles está fuera de duda y siempre la Iglesia los veneró y difundió su culto. San Gregorio Magno llega a decir esta hipérbole: «En casi todas las páginas de las Sagradas Escrituras está contenida la existencia de los Ángeles». El Antiguo Testamento habla repetidas veces de su acción prodigiosa en favor de los hombres: Un ángel avisa a Lot del peligro que corre Sodoma y el castigo que va a recibir esta ciudad. Un ángel conforta a la criada de Abrahán, Agar, cuando es despedida y camina por el desierto. Un ángel socorre al Profeta San Elías y le alimenta con pan y agua fresca por dos veces cuando huye de la persecución de la reina Jezabel. Un ángel acompaña y colma de gracia al joven Tobías y a su padre y demás familiares. Casi todo el libro de Tobías está en torno al arcángel San Rafael. También en el Nuevo Testamento aparece el ángel liberando a Pedro de las cadenas y abriéndole la puerta de la cárcel...
En las vidas de los Santos, tanto antiguos, como Santa Inés, tanto de la Edad Media, como San Francisco de Asís, y, modernos, como Santa Micaela del Smo. Sacramento, Santa Gema Galgani y San Francisco de Sales, el Santo Padre Pío... la presencia del Ángel de su Guarda en sus vidas es como algo inseparable. Mucho lo vivió también el Beato Manuel Domingo y Sol.
Desde que tenemos uso de razón en nuestros hogares cristianos se nos infunde la devoción al Ángel de nuestra Guarda y se nos recomienda que no demos oído al ángel malo que nos instigará al pecado y que tratemos de oír siempre al Ángel bueno que nos inspirará lo que hemos de hacer y hemos de evitar.
Es doctrina comúnmente admitida que, al nacer, el Señor ya nos señala un ángel para nuestra custodia y que cada familia, cada pueblo, cada nación tienen su propio ángel. El sabio Orígenes ya decía algo parecido en el siglo III: «Sí, cada uno de nosotros tenemos un ángel que nos dirige, nos acompaña, nos gobierna, nos amonesta y presenta a Dios nuestras plegarias y buenas obras».
Santo Tomás de Aquino dividió los Coros angélicos en nueve categorías diferentes: «Los Serafines, Querubines y Tronos, forman la augusta corte de la Santísima Trinidad; las Dominaciones presiden el gobierno del Universo; las Virtudes, la fijeza de las leyes naturales; las Potestades refrenan el poder de los demonios; los Principados tienen bajo su amparo a los reinos y naciones; lo Arcángeles defienden a las comunidades menores, y los Ángeles guardan a cada uno de los hombres».
Los mismos Salmos hablan con frecuencia de los Ángeles. Jesucristo se refirió en varias ocasiones a la misión de estos Espíritus purísimos. San Agustín afirmaba en su tiempo que «el Ángel de la Guarda nos ama como a hermanos y está con una santa impaciencia por vernos ocupar en el cielo aquellas sillas de que se hicieron indignos los ángeles rebeldes». ¿Qué hacer nosotros por el Ángel, ya que tanto hace él por nosotros? Dice el Éxodo: «Respétale y escucha su voz... Si oyes su voz y ejecutas cuanto te ordene, seré enemigo de tus enemigos».
Fuente: Sanctoral.com
Santa Teresa del Niño Jesús nació en Alençon el 2 de enero de 1873, la última de nueve hermanos. Sobrevivieron cinco. Una hermana fue Visitandina. Teresa y las otras tres fueron carmelitas en el convento de Lisieux. Sus padres, Luis y Celia, que desearon ser religiosos, no pudieron conseguirlo por enfermedad, pero transmitieron a sus hijas la vocación.
Después de la muerte de la mamá, la familia se trasladó a Lisieux. Vivían en las afueras, en Los Buissonnets, un chalet lleno de recuerdos de la Santa. Allí se sintió curada por una sonrisa de la Virgen, y paseando una noche con su padre, vio su nombre escrito en el cielo por las estrellas: buen augurio.
Iba a cumplir 14 años cuando la noche de Navidad le sucedió lo que ella llama «la noche de mi conversión». Emplearía todo su empeño en entrar en el Carmelo -ya estaban sus hermanas mayores- a los 15 años de edad.
Fue una lucha titánica. No le permitían entrar tan joven. En una peregrinación a Roma se atrevió a pedirle a León XIII que le concediera esta gracia. El Papa le dio esperanzas. Entró a los 15 años y 3 meses de edad. Ya en el Carmelo escribió por obediencia su autobiografía, Historia de un alma, un regalo impagable para la humanidad. Teresa de Lisieux, con su bondad y dulzura, y su autobiografía, con su estilo lírico, pueden dar la impresión de una personalidad débil y acaramelada. Pero una mirada más atenta descubre un alma gigante, una voluntad y un carácter indomables.
El mensaje de Teresa es maravilloso. «He venido a salvar a las almas y a rogar por los sacerdotes. Como Moisés en la montaña, rezo por los que combaten». Deseó ir al Carmelo de Saigón. Pero, sin salir de su convento, es la Copatrona de las misiones, junto con San Francisco Javier.
El Kempis y San Juan de la Cruz eran sus lecturas preferidas. Pero luego se limita a la Sagrada Escritura. Jesús, dice, será mi guía y único Director. Le gusta «picar la Biblia»: abrir el libro al azar y oír la voz de Dios. «Si fuera sacerdote, estudiaría griego y hebreo para entender mejor».
Dijo una vez de niña: «Yo lo escojo todo». Igualmente ahora: «No quiero ser santa a medias. Sólo una cosa me asusta: conservar mi voluntad». Quería serlo todo. San Pablo le da la solución: «El amor encierra todas las vocaciones. Y clamé: Mi vocación es el amor. En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor. Así lo seré todo».
Después piensa que, más que querer ser santa, como tarea personal, ahora su tarea será dejar hacer a Dios, vivir la confianza y el abandono en sus manos, ofrecerse como víctima al Amor Misericordioso. No se desanima ante las propias imperfecciones. Descubre el camino de la infancia espiritual. Desea ir al cielo en el ascensor de los brazos de Dios, ser como un juguete del Niño Jesús. Practica las pequeñas virtudes, como sonreír a una anciana difícil. Enseña a las novicias a vivir el hoy.
Teresa cargó valerosamente con la cruz: la enfermedad de su padre, incomprensiones en el convento -suavizadas luego con la entrada de Celina-, dudas de fe, aridez espiritual, el terrible frío invernal de Normandía... Uno de los momentos cumbres de su vida es cuando descubre con gozo su enfermedad mortal. «El Esposo divino vendrá pronto a buscarme, pero no le temo, al contrario»... «Quiero pasar el cielo haciendo bien a la tierra».
La vida de Teresa fue una «existencia teológica». La Teresa celestial fue ocupando paso a paso a la terrestre, hasta vaciarla. Sus últimas palabras fueron: «Dios mío, os amo». Murió el 30 de septiembre de 1897 a los 24 años y 9 meses. Fue canonizada por Pío XI el Año Santo 1925.
El 20 de septiembre de 1898, M. Inés de Jesús y M. María de Gonzaga, priora en ejercicio, publicaban una circular necrológica, excepcionalmente larga - 476 páginas- que había sido enviada a todos los carmelos de Francia. Se hizo una tirada de 200.000 ejemplares. El precio: 4 francos. Su título : Historia de un alma.
En efecto , M. Inés compiló los manuscritos de su hermana (llamados más tarde A, B y C) escritos por « obediencia. »Además, corrigió las faltas de ortografía (frecuentes) y suprimió algunos párrafos. También dividió los escritos en capítulos e hizo algunas uniones en los párrafos De las tres destinatarias de los manuscritos, no quedó mas que una : M. María de Gonzaga. Según las exigencias de ésta, los escritos se habían completado con algunas poesías de Teresita y algunas cartas. El Carmelo temía que el libro, financiado sin entusiasmo por el generoso tío Guerin, no tuviera éxito. Ante la sorpresa general, se hizo una segunda edición seis meses más tarde (4000 ejemplares) y pronto una tercera…Fue como una explosión. En 1956 se contaban 40 ediciones, sin hablar de las traducciones que comenzaron en 1901. Hoy se sabe que son más de 50, cifra incontrolada siempre porque las ediciones piratas también existen…
El libro fue un instrumento de conversión y de curaciones diversas en todos los lugares del mundo. Su lectura animó a fervorosos peregrinos a venir a rezar a la « santita », como la llamaban, en su tumba del cementerio de Lisieux. Bien pronto, un guardia tuvo que proteger el lugar de piadosos deterioros.
Hasta 1956 no se publicaron los tres manuscritos originales. El hecho sucedió después de la muerte de M. Inés, que había rehecho prácticamente los escritos de su hermana y cuando el Papa Pío XII ordenó que se volviese a los textos originales.
La edición crítica -fototipiada- llevada a cabo por el padre carmelita Francisco de Santa María (muerto en 1961) con un equipo de carmelitas de Lisieux, fue un acontecimiento muy importante. Por fin, Teresita aparecía tal y como era.
A partir de 1969 un equipo preparó la siguiente y continuó el trabajo de la edición crítica de las 266 cartas encontradas, de 54 poesías (1979), de 8 representaciones teatrales (1985), de 21 oraciones (1988) y de sus Últimas Conversaciones(1971).
Este trabajo (1968 - 1988 ), que recibió el Gran Premio Cardenal Grente de la Academia Francesa en 1989, dio como resultado la Nueva Edición del Centenario en ocho volúmenes ( Cerf- DDB ).
La obra, reunida en un solo volumen « Obras Completas » ( cerf-DDB ) tiene 1600 páginas en papel biblia.
El conjunto se ofreció, el 18 de febrero de 1993, a Juan Pablo II y al entonces Cardenal Ratzinger, más tarde Papa Benedicto XVI.
DOCUMENTO EN PDF:
Historia de un Alma de Santa Teresa de Lisieux

El 30 de septiembre
Uno de los cuatro Doctores originales de la Iglesia Latina. Padre de las ciencias bíblicas y traductor de la Biblia al latín. Presbítero, hombre de vida ascética, eminente literato.
(347-420)
Ver de sus escritos:
Convertíos a mí -de su comentario sobre el profeta Joel
Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo

El IV siglo después de Cristo, que tuvo su momento importante en el 380 con el edicto del emperador Teodosio que ordenaba que la fe cristiana tenía que ser adoptada por todos los pueblos del imperio, está repleto de grandes figuras de santos: Atanasio, Hilario, Ambrosio, Agustín, Crisóstomo, Basilio y Jerónimo. Este último nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 340; estudió en Roma y allí fue bautizado. Su espíritu es enciclopédico: su obra literaria nos revela al filósofo, al retórico, al gramático, al dialéctico, capaz de pensar y escribir en latín, en griego, en hebreo; escritor rico, puro y robusto al mismo tiempo. A él se debe la traducción al latín del Antiguo y del Nuevo Testamento, que llegó a ser, con el título de Vulgata, la Biblia oficial del cristianismo.
Jerónimo es de una personalidad fortísima: en cualquier parte a donde va suscita entusiasmos o polémicas. En Roma fustiga los vicios y las hipocresías y también preconiza nuevas formas de vida religiosa, atrayendo a ellas a algunas mujeres influyentes patricias de Roma, que después lo siguen en la vida eremítica de Belén. La huída de la sociedad de este desterrado voluntario se debió a su deseo dé paz interior, no siempre duradero, porque de vez en cuando reaparecía con algún nuevo libro. Los rugidos de este "león del desierto" se hacían oír en Oriente y en Occidente. Sus violencias verbales iban para todos. Tuvo palabras duras para Ambrosio, para Basilio y hasta para su amigo Agustín que tuvo que pasar varios tragos amargos. Lo prueba la correspondencia entre los dos grandes doctores de la Iglesia, que se conservan casi en su totalidad. Pero sabía suavizar sus intemperancias de carácter cuando el polemista pasaba a ser director de almas.
Cuando terminaba un libro, iba a visitar a las monjas que llevaban vida ascética en un monasterio no lejos del suyo. El las escuchaba, contestando sus preguntas. Estas mujeres inteligentes y vivas fueron un filtro para sus explosiones menos oportunas y él les pagaba con el apoyo y el alimento de una cultura espiritual y bíblica. Este hombre extraordinario era consciente de sus limitaciones y de sus propias faltas. Las remediaba dándose golpes de pecho con una piedra. Pero también se daba cuenta de sus méritos, tan es así que la larga lista de los hombres ilustres, de los que hizo un breve pero precioso resumen (el De viris illustribus) termina con un capítulo dedicado a él mismo. Murió a los 72 años, en el 420, en Belén.
Fuente: Sanctoral.com
Santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael
Hay millones de millones de ángeles (cfr. Dn. 7,10), y sin embargo, solamente conocemos tres con nombre propio, aunque los “ángeles son criaturas personales” (cfr. Cat. 330) y por ello ante Dios tienen nombre.23).
Y estos tres arcángeles con sus respectivos nombres todos terminados en la partícula «el», que significa Dios. Dios está en sus nombres, Dios está inscrito en su naturaleza.
La fiesta de san Miguel, san Gabriel y san Rafael nos recuerda que ante Dios todos tenemos una identidad personal que es salvaguardada, cuidada y protegida por estas criaturas espirituales. Una identidad personal que será plena en la medida en que acojamos cada día más ser de Dios.
Así mismo, como lo enseña san Gregorio Magno, el nombre personal de los ángeles indica su misión particular y de ahí la importancia de conocer los nombres de estos tres arcángeles, pues sabiendo su nombre conocemos la misión específica para la cual nos son enviados.
¿Hay alguna razón por la cual solo conozcamos los nombres Miguel, Gabriel y Rafael, de los ángeles?
Se puede pensar que Dios mismo es quien ha querido que conozcamos a estos tres arcángeles, que los invoquemos con su nombre y que mantengamos una relación especial con ellos.
Esto es algo que debe ser acogido con profunda alegría y también con reverencia y humildad.
Cabe recordar que la Iglesia enseña que “hay que rechazar el uso de dar a los ángeles nombres particulares, excepto Miguel, Gabriel y Rafael, que aparecen en la Escritura” (Directorio de la Piedad Popular, 217).
Para una mejor relación con san Miguel, san Gabriel y san Rafael es necesario conocer sus actividades en favor del hombre, en favor de la historia de salvación. A continuación expondremos las actividades de estos tres arcángeles.

Su nombre significa ¿Quién como Dios?, y manifiesta que nadie puede hacer lo que sólo Dios puede hacer. Este nombre de san Miguel nos recuerda que solo se vence cuando se deja a Dios actuar. En este aspecto, san Miguel nos enseña a luchar permitiendo que sea el que Dios actúe, abandonarnos en el poder de Dios.
De esta manera este arcángel defiende la unicidad de Dios, así como su inviolabilidad: sólo hay un Dios que todopoderoso, al cual se le debe toda honra, honor y gloria.
Igualmente la Sagrada Escritura en el libro de Daniel 10,21 muestra que este glorioso arcángel es el protector del pueblo de Dios, por esta razón la Tradición lo invoca como protector y defensor del nuevo pueblo de Dios, la Iglesia.
San Miguel está al lado de la Iglesia de Dios para ayudarla y defenderla contra las iniquidades del demonio. En este sentido el arcángel Miguel nos da una gran ayuda para discernir entre el camino del bien y el camino del mal.
Esta ayuda de san Miguel es para toda la Iglesia, pero al mismo tiempo para cada persona humana. Este ángel defiende la grandeza de cada hombre contra el demonio que lo acusa y que quiere apartarlo de Dios (Ap. 12,10).
Esta ayuda se extiende hasta el momento en que el alma sale de este mundo, por ello este arcángel es considerado protector y defensor de los moribundos; la Iglesia recomienda el alma de los fallecidos a la protección de este arcángel.
Como se verá, la necesidad de acudir a este arcángel y de pedir su protección es de una gran actualidad.
Pío XII afirmaba que “extrañamente, recurrir al Arcángel es mucho más urgente que entonces. El mundo intoxicado por la mentira y por la deslealtad, herido por los excesos de la violencia, ha perdido la santidad moral y la alegría”.
Oración a San Miguel:
Querido San Miguel, Señor de la Espada, tú que custodias nuestros corazones, aparta de nosotros todo el mal, corta nuestros malos apegos, de tal forma que, libres de las pequeñeces y mediocridades de nuestro corazón, podamos percibir el Amor Infinito de Dios y podamos así conformar nuestra voluntad con la voluntad de Dios para vivir sumergidos en El y tener vida en abundancia. Amén.

Su nombre significa “Mensajero de Dios” o “Fortaleza de Dios”. Si bien es cierto que el evangelista san Lucas al hablar de él lo llama “ángel” (Lc. 1,26), también lo es que ha sido quien tuvo la tarea más importante de todos los tiempos: anunciar la Encarnación del Hijo de Dios, y por ello, en este sentido, puede ser llamado el primero de los Arcángeles.
San Gabriel recibe de Dios el misterio más grande que es la Encarnación y, unido a esto, tiene la misión de ser el primero en manifestar al mundo este misterio.
Este hecho de Dios hecho hombre es lo que ha traído la alegría al mundo y en este sentido Gabriel es el mensajero de la alegría: Dios con nosotros.
Al mismo tiempo, así como fortaleció a la Virgen Maria en el momento de la Anunciación, así también este arcángel fortalece nuestros sentidos corporales para abrirnos a las realidades trascendentes.
En el libro del profeta Daniel (8,15-25 ;9), san Gabriel le explica al profeta la visión que tiene y lo hace señalando un tiempo mesiánico, un “príncipe mesías” (Dn. 9,25). Asi este arcángel se encuentra muy unido a la presencia del Mesías, del Hijo de Dios, en Él está la fuente de la verdadera y eterna alegría.
Así mismo, san Gabriel es quien fortalece al profeta Daniel (Dn. 10,4-12, 13).
Por lo anterior san Gabriel nos fortalece y alegra con el mensaje de la presencia de Dios hecho hombre… ¡qué actualidad la misión de este arcángel cuando hoy se quiere desvirtuar la divinidad de Jesús y cuando el mismo Papa Francisco ha dicho que “con Jesucristo siempre nace y renace la alegría!” (EG, 1)
Oración a san Gabriel Arcángel:
Oh, excelso Arcángel san Gabriel, llamado justamente la fuerza de Dios, puesto que fuiste escogido para anunciar a María el misterio de la Encarnación en el que el Todopoderoso desplegó la fuerza de su brazo, haznos conocer los tesoros encerrados en la Persona del Hijo de Dios, sé nuestro abogado ante Él y su augusta Madre en el cielo, y nuestro guía y protector en la tierra. Amén.

Su nombre significa “Medicina de Dios”. Este arcángel se presenta como uno de los siete que se encuentra ante la faz de Dios (Tb. 12,15), por ello se debe pensar que debe ser uno de los principales Ángeles.
Si san Miguel manifiesta los derechos de Dios y san Gabriel la fortaleza de Dios, san Rafael viene a manifestar la activa caridad y esto se puede leer en el libro de Tobias.
Precisamente de los actos que realiza este arcángel es de donde viene su nombre: él le da una medicina a Tobías para curar la ceguera de su padre Tobit (Tb. 11,1-14) y brinda una medicina espiritual para librarse de los ataques del demonio (Tb. 6,1-9).
Este arcángel, además de ser considerado la medicina de Dios, es el arcángel que presenta nuestras oraciones ante Dios (Tb. 12,12), el que nos lleva a hacer buenas obras, el protector de los viajeros.
Algo de resaltar en este arcángel es que nos lleva a la acción de gracias. San Miguel nos lleva a los derechos de Dios, San Gabriel a la alegría y San Rafael a la acción de gracias y a manifestar en nuestras vidas lo que Dios ha hecho (Tb. 12,6-7).
De esta manera la fiesta de los santos arcángeles nos lleva a reconocer con alegría, confianza y gratitud la presencia de Dios en nuestras vidas.
Que cada uno de nosotros logre, en unión con ellos, ser cada día más de Dios.
Oración a San Rafael Arcángel:
Oh Dios, que diste al bienaventurado Arcángel Rafael como compañero de ruta a tu siervo Tobías: concédenos, a nosotros que somos también tus siervos, beneficiarnos siempre de su cuidado y su ayuda. Amén.
Oración
San Miguel, asístenos con tus santos Ángeles, ayúdanos y ruega por nosotrosSan Gabriel, asístenos con tus santos Ángeles, ayúdanos y ruega por nosotrosSan Rafael. asístenos con tus santos Ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros
Fuente: Aleteia.org
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