viernes, 16 de mayo de 2014

Novena a María Auxiliadora

NO DEJES PASAR ESTA GRACIA 

María Auxiliadora
(Se celebra el 24 de Mayo)

  Novena a María Auxiliadora
(Recomendada por San Juan Bosco)

1º  Rezar, durante nueve días seguidos, tres Padresnuestros, Avemarías y Glorias con la siguiente jaculatoria: "Sea alabado y reverenciado en todo momento el Santísimo y Divinísimo Sacramento" y luego tres Salves con la jaculatoria: "María Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros".

2º Recibir los Santos Sacramentos de Confesión y Comunión.

3º Hacer o prometer una limosna en favor de las obras de apostolado de la Iglesia o de las obras salesianas.

San Juan Bosco decía "Tened mucha fe en  Jesús Sacramentado y en María Auxiliadora y estad persuadidos de que la Virgen no dejará de cumplir plenamente vuestros deseos, si han de ser para la gloria de Dios y bien de vuestras almas. De lo contrario, os concederá otras gracia iguales o mayores".


NOVENA DE LA CONFIANZA

Madre mía de mi vida,
auxilio de los cristianos, 
la pena que me atormenta, 
pongo en tus benditas manos. 
(Ave María)

Tú que sabes mis secretos, 
pues todos te los confío, 
da la paz a los turbados 
y alivio al corazón mío. 
(Ave María)

Y aunque tu amor no merezco, 
nadie recurre a Ti en vano, 
pues eres Madre de Dios 
y Auxilio de los cristianos. 
(Ave María)



Finalmente, se reza la oración de San Bernardo:

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María! que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes! Y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡oh Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien, inclinad a ellas vuestros oídos y dignaos atenderlas favorablemente.




martes, 13 de mayo de 2014

13 de mayo: Apariciones de la Virgen en Fátima


APARICIONES DE FÁTIMA: cuando María quiso abreviar el dolor al mundo, pero no fue escuchada.




No puede entenderse Fátima si no se la interpreta como la materialización de lo anunciado en el libro del Apocalipsis, capítulo 12, escrito por San Juan Evangelista, a partir de visiones que tuvo durante su estancia en la isla griega de Patmos.

Allí se anuncia que “en ese tiempo una gran señal aparecerá en el cielo: Una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre Su cabeza. Está por dar a luz.” 

Fátima es un hito que señala una intervención más cercana de María en estos tiempos que vive el mundo, y a la cercanía del retorno de Jesús en Gloria, representado allí como Su segundo nacimiento, nuevamente en María, Su amada Madre.
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lunes, 12 de mayo de 2014

DEVOCIÓN DE LAS TRES AVE MARÍAS

DEVOCIÓN DE LAS TRES AVE MARÍAS


 ¿En qué consiste la devoción de las tres Avemarías?

En rezar tres veces el Avemaría a la Santísima Virgen, Madre de Dios y Señora nuestra, bien para honrarla o bien para alcanzar algún favor por su mediación.

¿Cuál es el fin de esta devoción?

Honrar los tres principales atributos de María Santísima, que son:
1.- El poder que le otorgó Dios Padre por ser su Hija predilecta.
2.- La sabiduría con que la adornó Dios Hijo, al elegirla como su Madre.
3.- La misericordia con que la llenó Dios Espíritu Santo, al escogerla por su Inmaculada Esposa.
De ahí viene que sean tres las Avemarías a rezar y no otro número diferente.

¿Cuál es la forma de rezar las tres Avemarías? 

“María Madre mía, líbrame de caer en pecado mortal.

1. Por el poder que te concedió el Padre Eterno

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

2. Por la sabiduría que te concedió el Hijo.

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

3. Por el Amor que te concedió el Espíritu Santo

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

¡Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre por los
siglos de los siglos. Amén!”

¿Cuál es el origen de la devoción de las tres Avemarías?

Santa Matilde, religiosa benedictina, suplicó a la Santísima Virgen que la asistiera en la hora de la muerte. La Virgen María le dijo lo siguiente: “Sí que lo haré; pero quiero que por tu parte me reces diariamente tres Avemarías. La primera, pidiendo que así como Dios Padre me encumbró a un trono de gloria sin igual, haciéndome la más poderosa en el cielo y en la tierra, así también yo te asista en la tierra para fortificarte y apartar de ti toda potestad enemiga. Por la segunda Avemaría me pedirás que así como el Hijo de Dios me llenó de sabiduría, en tal extremo que tengo más conocimiento de la Santísima Trinidad que todos los Santos, así te asista yo en el trance de la muerte para llenar tu alma de las luces de la fe y de la verdadera sabiduría, para que no la oscurezcan las tinieblas del error e ignorancia. Por la tercera, pedirás que así como el Espíritu Santo me ha llenado de las dulzuras de su amor, y me ha hecho tan amable que después de Dios soy la más dulce y misericordiosa, así yo te asista en la muerte llenando tu alma de tal suavidad de amor divino, que toda pena y amargura de muerte se cambie para ti en delicias.”

Y esta promesa se extendió en beneficio de todos cuantos ponen en práctica ese rezo diario de las tres Avemarías.

¿Cuáles son las promesas de la Virgen a quienes rezasen diariamente las tres avemarías?

Nuestra Señora prometió a Santa Matilde y a otras almas piadosas que quien rezara diariamente tres avemarías, tendría su auxilio durante la vida y su especial asistencia a la hora de la muerte, presentándose en esa hora final con el brillo de una belleza tal que con sólo verla la consolaría y le transmitiría las alegrías del Cielo.

María renueva su promesa de protección:

Cuando Sor María Villani, religiosa dominica (siglo XVI), rezaba un día las tres Avemarías, oyó de labios de la Virgen estas estimulantes palabras:

“No sólo alcanzarás las gracias que me pides, sino que en la vida y en la muerte prometo ser especial protectora tuya y de cuantos como tú PRACTIQUEN ESTA DEVOCIÓN”

También dijo la Santísima Virgen: “La devoción de las tres Avemarías siempre me fue muy grata… No dejéis de rezarlas y de hacerlas rezar cuanto podáis. Cada día tendréis pruebas de su eficacia…”

Fue la misma Santísima Virgen la que dijo a Santa Gertrudis que “quien la venerase en su relación con la Beatísima Trinidad, experimentaría el poder que le ha comunicado la Omnipotencia del Padre como Madre de Dios; admiraría los ingeniosos medios que le inspira la sabiduría del Hijo para la salvación de los hombres, y contemplaría la ardiente caridad encendida en su corazón por el Espíritu Santo”.

Refiriéndose a todo aquel que la haya invocado diariamente conmemorando el poder, la sabiduría y el amor que le fueron comunicados por la Augusta Trinidad, dijo María a Santa Gertrudis que, “a la hora de su muerte me mostraré a él con el brillo de una belleza tan grande, que mi vista le consolará y le comunicará las alegrías celestiales”.

¿Cuál es el fundamento de esta devoción?

La afirmación católica de que la Santísima Virgen poseyó, en el más alto grado posible a una criatura, los atributos de poder, sabiduría y misericordia.

Esto es lo que enseña la Iglesia al invocar a María como Virgen Poderosa, Madre de Misericordia y Trono de Sabiduría.


PARA REFORZAR ESTA DEVOCIÓN CONTAMOS UN BELLO TESTIMONIO DE FE 

En un país situado detrás del «telón de acero», en el que, en los primeros meses del año 1968, se recrudeció la persecución religiosa, uno de los Obispos allí radicados recibió una misiva comunicándole confidencialmente que se preparaba un atentado contra su vida, por lo cual debía huir sin pérdida de tiempo y ocultarse.

Obedeciendo la consigna recibida, el aludido señor Obispo salió de su residencia vestido de aldeano y huyó a campo traviesa, caminando durante todo un día, alcanzándole la noche, divisando una amplia vega.

Aprovechando la oscuridad, se aproximó a una casa que vio poco distante y pidió a sus habitantes le permitiesen descansar unas horas sentado en una silla.

Los ocupantes de la casa -un matrimonio con varios hijos pequeños- acogieron la petición de hospedaje del que consideraron labriego viajero, pero no sólo le ofrecieron silla, sino que le hicieron cenar con ellos y luego le acomodaron en una habitación con buena cama.

Durante la cena, como notase el huésped gran preocupación y visible tristeza en el matrimonio, no pudo silenciar su observación y preguntó el motivo de tal inquietud y congoja; informándosele entonces de que el anciano padre de uno de ellos no había podido sentarse a la mesa porque estaba enfermo de mucha gravedad desde hacía unos días, y aunque le insistían cariñosamente para que hiciera conveniente preparación para la muerte, por si el momento de ésta sobreviniera, él les contestaba que todavía no iba a morirse, y, por tanto, no se preparaba…

Hubo unos breves comentarios del caso, pero ninguno se atrevió a hacer mención del aspecto religioso del asunto.

Retirados a descansar todos y transcurrida la noche, se dispuso el visitante y huésped a proseguir su camino; y al despedirse y dar gracias a quienes con tanta amabilidad le habían tratado, preguntó si le permitían saludar al viejecito enfermo, para comprobar el estado actual de su dolencia, a lo que, gustosamente, se accedió y le acompañaron.

Una vez el labriego junto al anciano, y luego de una corta conversación afectuosa, éste último, adoptando un gesto y tono decidido, dijo: «Mire usted, yo sé que estoy muy malo y que ya no me restableceré; pero, también sé que por ahora no moriré».

Al oírle hablar tan seguro, todos sonrieron al enfermo. Y ante aquellas sonrisas, añadió éste: «Se ríen porque he dicho que tengo la seguridad de que no voy a morir por ahora… Pues bien; lo repito. ¿Y sabe usted por qué?… Mire, yo no sé quién es usted, ni cómo piensa, pero como en la situación en que estoy ya no temo a nadie, le voy a decir la verdad: Mi seguridad se apoya en que soy católico; los años de persecución religiosa no me han quitado la fe; y todos los días he rezado, y rezo, las Tres Avemarías, pidiéndole a la Virgen María que, a la hora de la muerte, esté asistido por un sacerdote que prepare mi alma para el tránsito, y usted comprenderá que habiéndole rogado tantas veces a la Santísima Virgen eso, la Virgen no consentirá que yo muera sin un sacerdote a mi lado; y como no lo tengo, por eso estoy tan seguro de que por ahora no me muero».

Emocionado el labriego por aquella declaración del ancianito, le tomó la mano y le dijo: «Esa gran fe que ha conservado, y esa súplica diaria a la Madre de Dios, rezándole las tres Avemarías, han atraído el favor del Cielo y ha sido la Providencia la que me dirigió hasta aquí… No es un sacerdote lo que la Virgen le manda, sino a su Obispo de usted… Porque yo soy el Obispo de esta Diócesis, que va hacia el exilio»

La impresión, y al propio tiempo el gozo, del anciano y sus hijos fue enorme. Tan grande, que no sabían cómo expresar su asombro y su reverencia…

Seguidamente, el señor Obispo realizó las confesiones, ofició la Santa Misa en la habitación del enfermo, y les dio a todos la comunión; dejando al viejecito espiritualmente dispuesto para emprender su postrer viaje con término en el Cielo…

Viaje que tuvo lugar dos días después de aquella Misa excepcional.

 Fuente: Heraldos del Evangelio 

sábado, 3 de mayo de 2014

Mayo mes de María

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, 
no desoigas la oración de tus hijos necesitados 
y líbranos de todo peligro, 
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

FLORES PARA LA VIRGEN
¿Por quién hizo Dios las flores, si no las hizo por Ti?

CÁNTICO: «VENID Y VAMOS TODOS»

Venid y vamos todos con flores a porfía
con flores a María
que Madre nuestra es.
De nuevo aquí nos tienes purísima doncella
más que la luna bella postrados a tus pies.
A ofrecerte venimos flores del bajo suelo
con cuánto amor y anhelo Señora Tú lo ves.



Devociones para cada día del mes de Mayo, cuya dueña bendita es la Santísima Virgen María:
Fuente: Aciprensa.com

domingo, 27 de abril de 2014

Domingo 27 de abril: Fiesta de la Divina Misericordia

LA FIESTA DE LA MISERICORDIA


La fiesta de la Misericordia se celebra el primer domingo después de Pascua, que actualmente se conoce como el Domingo de la Divina Misericordia.


A petición del Episcopado de Polonia, el Papa Juan Pablo II, en 1995, instituyó esta fiesta en todas las diócesis de Polonia. El día de la canonización de Sor Faustina, el 30 de abril de 2000, el Papa instituyó esta fiesta para toda la Iglesia.
   En la ciudad de Płock, Jesús expresó por primera vez el deseo de que se celebrara esta fiesta, donde trasmitió a Sor Faustina su voluntad de hacer pintar la imagen:
“YO DESEO – LE DIJO EN FEBRERO DE 1931 – QUE HAYA UNA FIESTA DE LA MISERICORDIA. QUIERO QUE ESTA IMAGEN QUE PINTARÁS CON EL PINCEL, SEA BENDECIDA CON SOLEMNIDAD EL PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE LA PASCUA DE RESURRECCIÓN; ESE DOMINGO DEBER SER LA FIESTA DE LA MISERICORDIA”. (DIARIO 49)
   La fiesta de la Misericordia no sólo es la expresión más elevada del culto de la Divina Misericordia por la posición que ocupa en la liturgia de la Iglesia, sino que también es un día de grandes gracias, puesto que el Señor asoció grandes promesas a este día.
“DESEO QUE LA FIESTA DE LA MISERICORDIA SEA REFUGIO Y AMPARO PARA TODAS LAS ALMAS Y, ESPECIALMENTE, PARA LOS POBRES PECADORES. ESE DÍA ESTÁN ABIERTAS LAS ENTRAÑAS DE MI MISERICORDIA.(DIARIO 699)
   Para preparar debidamente esta fiesta, el Señor nos propone una novena que consiste en rezar la Coronilla a la Divina Misericordia durante los 9 días que preceden al domingo de Pascua, empezándola el Viernes Santo. Durante esta novena – Jesús prometió – “concederé a las almas toda clase de gracias” (Diario 796). También se divulga la Novena a la Divina Misericordia escrita por santa Faustina en el “Diario”, en la que cada día presentamos a Dios un grupo diferente de almas para pedir por ellas.
“EL ALMA QUE SE CONFIESE Y RECIBA LA SANTA COMUNIÓN OBTENDRÁ EL PERDÓN TOTAL DE LAS CULPAS Y DE LAS PENAS. EN ESE DÍA ESTÁN ABIERTAS TODAS LAS COMPUERTAS DIVINAS A TRAVÉS DE LAS CUALES FLUYEN LAS GRACIAS”. (DIARIO 699)

LA INDULGENCIA PLENARIACLICK PARA VER

La fiesta de Jesús Misericordioso produce estos efectos en los fieles:
  1.  Confirma la fe católica: sentimos renacer la fe e inclinados por la inspiración del Espíritu Santo, damos testimonio de Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre para nuestra salvación.
  2. Conduce a la oración: descubrimos las maravillas del amor de Dios, que nos conoce y nos ama desde antes de nacer. Levantamos el corazón al Padre y abrimos una nueva perspectiva.
  3. Impulsa a una vida evangélica: experimentamos buenos deseos, sabiduría, justicia, valentía. Quedamos en paz y serenidad.
  4. Despierta el arrepentimiento: comprendemos bien como Dios nos libera de las culpas cuando nos arrepentimos y nos confesamos, y salimos aliviados.
  5. Transmite la dimensión sobrenatural: lo más importante es el contacto con Cristo en la Eucaristía, fuente de la Gracia de la caridad.
  6. Lleva a adorar en espíritu y en verdad: sentimos que debemos volver a encontrar a Dios en los que viven junto a nosotros, perdonando, esperando y teniendo paciencia. Dios viene a nosotros, si nuestro corazón está en condiciones de que Él venga a habitarlo.
  7. Ayuda a vivir la misericordia: la misericordia es, ante todo, el rechazo de todo lo que es daño para uno mismo y para el prójimo.

LA HISTORIA DEL CUADRO

El cuadro de Jesús Misericordioso es la representación iconográfica de la visión que tuvo Santa Faustina el 22 de febrero de 1931, en la que Cristo le pide que pinte su imagen tal como se revelaba. 
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“AL ANOCHECER, ESTANDO EN MI CELDA, VI AL SEÑOR JESÚS VESTIDO CON UNA TÚNICA BLANCA. TENÍA UNA MANO LEVANTADA PARA BENDECIR Y CON LA OTRA TOCABA LA TÚNICA SOBRE EL PECHO. DE LA ABERTURA DE LA TÚNICA EN EL PECHO, SALÍAN DOS GRANDES RAYOS: UNO ROJO Y OTRO PÁLIDO. EN SILENCIO, ATENTAMENTE MIRABA AL SEÑOR, MI ALMA ESTABA LLENA DE TEMOR, PERO TAMBIÉN DE UNA GRAN ALEGRÍA. DESPUÉS DE UN MOMENTO, JESÚS ME DIJO: PINTA UNA IMAGEN SEGÚN EL MODELO QUE VES, Y FIRMA* : JESÚS, EN VOS CONFÍO. DESEO QUE ESTA IMAGEN SEA VENERADA PRIMERO EN SU CAPILLA Y (LUEGO) EN EL MUNDO ENTERO.” (47)

 * Jesús exigía que la imagen llevase, como firma, y no como inscripción, estas palabras: “Jesús, en Vos confío”.
La tarea que le asignó Jesús a Sor Faustina no era fácil. Ella no tenía preparación artística para realizar la obra y, las hermanas con quienes convivía en el convento, fueron consultadas pero no demostraron interés.
Sólo en enero de 1934, tres años después de recibir el encargo de pintar el cuadro, Sor Faustina pudo cumplir con el deseo del Señor. Estando en la ciudad de Vilna y gracias a la ayuda de su confesor, el Padre Sopócko, toma contacto con el artista Eugenio Kazimirowski quien pintó el cuadro según las indicaciones de Faustina.
El cuadro pintado en la presencia de Santa Faustina (E. Kazimirowski, Vilna 1934.)


















Mientras el pintor realizaba la obra, Santa Faustina escribió en su Diario: 
“… FUI A LA CAPILLA Y LLORÉ MUCHÍSIMO. LE DIJE AL SEÑOR: ¿QUIÉN TE PINTARÁ TAN BELLO COMO TÚ ERES? COMO RESPUESTA OÍ ESTAS PALABRAS: NO EN LA BELLEZA DEL COLOR NI EN LA DEL PINCEL, ESTÁ LA GRANDEZA DE ESTA IMAGEN, SINO EN MI GRACIA”.(313)

Este cuadro fue expuesto por primera vez en Vilna durante el triduo antes del término de la Festividad del Jubileo de la Salvación del Mundo, los días 26, 27 y 28 de Abril de 1935 en el Templo de Ostra Brama. 
Providencialmente, dicha festividad tuvo lugar en el primer domingo después de la Semana de Resurrección, día en que se celebra la Fiesta de la Misericordia. 
Durante los festejos Santa Faustina “vio” cuántos fieles recibían las gracias: 
 “Al anochecer, estando en mi celda, Pedí a Dios la misericordia para las almas pecadoras. Cuando terminó el oficio y el sacerdote tomó el Santísimo Sacramento para impartir la bendición, súbitamente vi al Señor Jesús con el mismo aspecto que tiene en esta imagen. El Señor impartió la bendición y los rayos se extendieron sobre todo el mundo (…) Oí la voz: Esta Fiesta ha salido de las entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias. Toda alma que cree y tiene confianza en Mi misericordia, la obtendrá. Me alegré enormemente de la bondad y de la grandeza de mi Dios”. (420) 
 El 4 de abril de 1937, este cuadro, con el permiso del Arzobispo, quedó colocado en la Iglesia de San Miguel en Vilna. 
Después de la Segunda Guerra Mundial, el artista Adolfo Hyla, ofreció a la Congregación a la que había pertenecido Santa Faustina, pintar un cuadro para cumplir con una promesa que había hecho por haber sido salvado durante la guerra. 
 La oferta fue aceptada y, en otoño de 1943, el cuadro fue terminado y llevado a la Congregación de la Madre de la Misericordia en Cracovia.
El Cardenal Adam Sapieha, Arzobispo de Cracovia, bendijo el cuadro y mandó colocarlo en la Capilla, donde se encuentra actualmente y, donde también ahora, descansan los restos mortales de la “Secretaria y Apóstol de la Misericordia”, Santa Faustina.
Con el correr de los años, a medida que la Devoción fue creciendo en el mundo entero, se hicieron copias de este cuadro y se pintaron muchas imágenes de Jesús Misericordioso, manteniendo las características principales según lo detallado por Faustina en su Diario.



































































SENTIDO DE LA DEVOCIÓN

Lo esencial de la devoción a Jesús Misericordioso son las actitudes de Confianza y Misericordia.



CONFIANZA

La confianza en Dios, corresponde a la actitud bíblica de la fe y abandono en las manos de Dios. Esta confianza va unida a la búsqueda constante de cumplir su voluntad contenida en los mandamientos, las obligaciones de cada uno, y en las enseñanzas del Evangelio.



MISERICORDIA

La segunda actitud de esta devoción es la misericordia hacia el prójimo, que es lo que hace que la devoción a la Divina Misericordia no sea tan sólo una devoción, sino que exige la actitud evangélica del amor concreto hacia los demás.



Fuente: Jesusmisericordioso.org





sábado, 26 de abril de 2014

Nuestra Señora del Buen Consejo


Envuelta en una nube luminosa, la imagen de la Madre del Buen Consejo se trasladó de Albania a la ciudad de Genazzano (Italia), iniciando un desfile ininterrumpido de milagros y gracias.

Carmela Werner Ferreira

En las lejanas tierras de Albania, más allá del Adriático, se encuentra la pequeña ciudad de Scútari. Edificada en una escarpada colina a cuyos pies fluyen los ríos Drina y Bojana, desde el siglo XIII tenía en su poder un precioso tesoro: la hermosa imagen de “Santa María de Scútari”. El santuario que la albergaba era el centro de peregrinación más concurrido del país, un importante punto de referencia para los albaneses en materia de gracias y consuelo espiritual.

Nuestra Señora del Buen Consejo
de Genazzano

La imagen es una pintura realizada sobre una delgada capa de estuco, de 31 cm. de ancho por 42,5 cm. de largo. Una penumbra de misterio y milagro cubre los orígenes del sagrado fresco: nadie sabe cuándo ni por quién fue pintado.

Intimidad y unión de alma

Detengámonos un poco a contemplar esta maravillosa pintura.

Representa a la Santísima Virgen con inefable afecto maternal, amparando en sus brazos al Niño Jesús bajo un sencillo arco iris. Los colores son suaves, y finos los trazos de los admirables semblantes.

El Niño Jesús refleja el candor de su corta edad y la sabiduría de quien observa toda la obra de la creación como Señor del pasado, del presente y del futuro. Con indescriptible cariño, el Divino Infante presiona ligeramente su rostro contra el de su Madre. Entre ambos existe una atractiva intimi dad; la unión de almas se trasluce en el intercambio de miradas. La Virgen, en altísimo acto de adoración, parece es­tar ocupada en adivinar lo que sucede en lo íntimo del Hijo. Al mismo tiem­po, toma en consideración al fiel que se arrodilla afligido a sus pies, hacién­dolo partícipe, de alguna manera, en la celestial convivencia que el cuadro nos ofrece. No hace falta decir nada; bas­ta con que el necesitado se aproxime, y sentirá producirse en su alma una acción balsámica.

Scanderbeg, varón providencial

A mediados del siglo XIV Albania atravesaba grandes dificultades. Después de ser disputada durante siglos entre los pueblos vecinos, era invadida entonces por el poderoso imperio turco.

Sin estructura militar capaz de oponerse al enérgico adversario, el pueblo rezaba con angustia, confiándose al auxilio del cielo. La respuesta a tales oraciones no se hizo esperar: en la emergencia surgió un varón de Dios, de noble estirpe y devotísimo de María, decidido a luchar por la Patrona y por la libertad de su país. Su nombre fue Juan Castriota, en albanés llamado Scanderbeg.

Juan Castriota, Scanderbeg.
Estatua de la “Piazza 
Scanderbeg”, Roma

A costa de inmensos esfuerzos bélicos, logró mantener la unidad y la fe de su pueblo. Las crónicas de su tiempo exaltan las hazañas realizadas por él y por los valerosos albaneses que lucharon a su lado estimulados por su ardor.

Cuando los combates les daban tregua, se arrodillaban todos a los pies de “Santa María de Scútari”, de donde salían fortalecidos y obtenían portentosas y decisivas victorias contra el enemigo de la fe. En eso reluce una característica de aquella que el mundo conocería en el futuro como Madre del Buen Consejo: fortalecer a todos los que, combatiendo el buen combate, se le aproximan buscando aliento y valor.

Sin embargo… al cabo de 23 años de luchas, Scanderbeg fue llevado de esta vida. La falta del piadoso líder era irreparable.

Todos presentían que la derrota estaba próxima. El pueblo se encontraba ante la trágica encrucijada de abandonar la patria o someterse a la esclavitud turca.

Envuelta en una nube luminosa

En esa situación de perplejidad, la Virgen del fresco se aparece en sueños a dos valientes soldados de Scanderbeg, llamados Georgis y De Sclavis, para ordenarles que la sigan en un largo viaje. La imagen les inspiraba una gran confianza y arrodillarse a sus pies era motivo de gran consuelo para ellos.

Cierta mañana estando ambos sumidos en fervorosa oración, ven el más grande milagro de sus vidas.

El maravilloso fresco se desprende de la pared y, llevado por ángeles, envuelto en una blanca y luminosa nube, va retirándose suavemente del recinto. ¡Resulta fácil imaginar la reacción de los buenos hombres! Atónitos, siguen a la Virgen que avanza por los cielos de Scútari. Cuando se dan cuenta, están a orillas del Mar Adriático. ¡Habían recorrido treinta kilómetros sin sentir cansancio! Siempre rodeada por la blanca nube, la milagrosa imagen avanza mar adentro.

Georgis y De Sclavis caminan sobre el 
Mar Adriático, guiados por la propia 
"Estrella del Mar"

Perplejos, Georgis y De Sclavis no quieren dejarla; y entonces verifican, estupefactos y eufóricos, que bajo sus pies las aguas se convierten en sólidos diamantes, regresando al estado líquido tras su paso. ¡Qué milagro! Tal como san Pedro en el lago de Genezaret, estos dos hombres caminan sobre el Adriático guiados por la propia “Estrella del Mar”.

Sin saber decir cuánto tiempo caminaron, ni cuántos kilómetros dejaron atrás, los buenos devotos ven nuevas playas. ¡Estaban en la península itálica!
Pero… ¿dónde estaba Santa María de Scútari? Miran a uno y otro lado, escuchan otro idioma, sienten un ambiente tan diferente a su Albania ...

Pero ya no ven a la Señora de la luminosa nube. Había desaparecido. ¡Qué gran prueba! Comenzaron entonces una búsqueda infatigable. ¿Dónde estaría Ella?

Petruccia, una mujer de Fe

En esa misma época, en la pequeña ciudad de Genazzano, no lejos de Roma, vivía una piadosa viuda llamada Petruccia de Nocera.

Para entonces ya era una octogenaria mujer de mucha rectitud, terciaria de la orden agustina, y cuya modesta herencia apenas le alcanzaba para vivir.

Petruccia era muy devota de la Madre del Buen Consejo, venerada en una vieja iglesia de Genazzano. La piadosa señora recibió del Espíritu Santo la siguiente revelación: “María Santísima, en su imagen de Scútari, desea salir de Albania”. 

Si la comunicación sobrenatural la sorprendió, todavía más asombro causó en ella recibir de la Virgen misma la orden expresa de levantar el templo que debería recibir su fresco, así como la promesa de ser ayudada en el tiempo oportuno.

Comenzó, pues, Petruccia la construcción de la pequeña iglesia. Empleó todos sus recursos… que se terminaron cuando las paredes sólo llegaban al metro de altura. Los escépticos habitantes de la pequeña ciudad convirtieron a la viuda en blanco favorito de sus burlas y sarcasmos, llamándola loca, visionaria, imprudente y anticuada. Pero ella atravesó confiada esta prueba tal como Noé, de quien se mofaban todos mientras construía el arca.


“¡Un milagro! ¡Un milagro!”

Era el día 25 de abril de 1467, fiesta de san Marcos, patrono de Genazzano.

A las dos de la tarde, Petruccia parte camino a la iglesia, pasando por la bulliciosa feria donde se ofrece desde tejidos de Génova y Venecia hasta un elixir de eterna juventud o un “poderosísimo” licor contra cualquier tipo de fiebre.

En medio del vocerío, el pueblo siente una melodía de singular belleza venida del cielo. Se impone el silencio. Todos notan que la música proviene de una nubecita blanca, tan luminosa que ofusca los propios rayos del sol, la cual baja gradualmente hacia la pared in conclusa de una capilla lateral. La muchedumbre acude estupefacta, ocupa el pequeño recinto y ve deshacerse la nube.

El fresco de Nuestra Señora del Buen Consejo
es traído por los ángeles

Ahí estaba suspendido en el aire, sin ningún soporte visible el sagrado fresco, la Señora del Buen Consejo. “¡Un milagro, un milagro!”, gritan todos. ¡Qué alegría para Petruccia y qué consuelo para Georgis y De Sclavis cuando pudieran llegar allá! Se confirmaba el superior designio de la construcción iniciada, y empezaba en Genazzano un largo e ininterrumpido desfile de milagros y gracias obrados por la Virgen.

El Papa Pablo II, tan pronto como supo de los hechos, envió a dos prelados de confianza para investigarlos.

Éstos confirmaron la veracidad de lo que se decía, y atestiguaron diariamente innumerables curaciones, conversiones y prodigios realizados por la Madre del Buen Consejo. En los primeros 110 días después de la llegada, se registraron 161 milagros.

Consejo, corrección, orientación: grandes favores

Entre sus grandes devotos se destacan los papas san Pío V, León XIII –que introdujo a la Madre del Buen Consejo en la letanía lauretana–, san Pío X, Pablo VI y Juan Pablo II; y también numerosos santos como san Pablo de la Cruz, san Juan Bosco, san Alfonso de Ligorio o san Luis Orione. En el propio Santuario de Genazzano puede venerarse el cuerpo incorrupto del Beato Steffano Bellesini, uno de sus párrocos, gran propagandista de la devoción a la Madre del Buen Consejo.

También los Heraldos del Evangelio son devotos suyos. Tienen mucho que agradecerle por favores y gracias más importantes que la cura de enfermedades corporales.

El cuerpo incorrupto del Beato Steffano 
Bellesini es venerado en el propio
Santuario de Genazzano

Los milagros más grandes María los realiza en el interior del alma, 
aconsejando, corrigiendo, orientando.

Quien pueda venerar el milagroso cuadro de la Madre del Buen Consejo en Genazzano comprobará personalmente el torrente de gracias que brota de su semblante celestial, y comprenderá por qué razón quien haya estado alguna vez allá, sueña con regresar un día a esa sublime intimidad.

El fresco de Nuestra Señora del Buen Consejo de Genazzano

En la pequeña y bella ciudad de Genazzano, se encuentra un fresco de más de siete siglos de existencia. Hasta hoy se desconoce dónde y por quién fue pintado. ¿Habrá sido su autor un ángel? ¿Será originario del Paraíso? Son preguntas osadas. Se comprende que ellas surjan, cuando se conoce la historia de los efectos producidos por esa piadosísima imagen, a lo largo del tiempo.


El fresco causa la impresión de haber sido pintado hace pocos días, incluso si se observa de cerca. Entretanto, hace 535 años que se encuentra junto a la pared de una capilla lateral de la iglesia. Más aún: según atestiguan los documentos, ¡se ha mantenido suspendido en el aire durante todo ese tiempo! Fue él trasladado de Scutari, Albania, a Genazzano por acción angélica.

Así describe esos sobrenaturales acontecimientos uno de los mayores entendidos en la materia: “Traída por manos angélicas, se encontró [la imagen] suspendida allí en la rústica pared de la nueva iglesia, y con tres nuevos singularísimos prodigios entonces ocurridos. (…) La celeste pintura estaba sustentada por virtud divina a un dedo de la pared, suspendida sin fijarse en ella; y éste es un milagro tanto más estupendo si consideramos que la referida Imagen está pintada con colores vivos en una fina camada de revoque, con la cual se destacó por sí misma de la iglesia de Scutari, en Albania; como aún por el hecho, comprobado mediante experiencias y observaciones hechas, de que, al tocarse en la Santa Imagen, esta cede” (Fray Angelo María De Orgio, Istoriche di Maria Santísima del Buon Consiglio, nela Chiesa de´Padri Agostiniani di Genazzano, 1748, Roma, p. 20)

En el S. XIX, otro estudioso de renombre observó del celestial fenómeno: “Todas esas maravillas [de la Santa Imagen] se resumen, en fin, en el prodigio continuo que consiste en encontrar hoy esta Imagen en el mismo lugar y del mismo modo como ella fue ahí dejada por la nube en el día de su aparición, en la presencia de todo un pueblo que tuvo entonces la felicidad de verla por primera vez. Ella se posó a una pequeña altura del piso, a una distancia de aproximadamente un dedo de la pared nueva y rústica de la capilla de San Blas, y allí quedó, suspendida sin ningún soporte” (Raffaele Buonanno, Memorie Storiche della Immagine di Maria SS. Del Buon Consiglio che si venera in Genazzano, Tipografia dell´Immacolata, Nápoles, 20 ed., 1880, p. 44).

En la fiesta del bautismo de San Agustín y de San Marcos, patrono de Genazzano, el 25 de abril de 1467, alrededor de las cuatro de la tarde, una celeste melodía comienza a hacerse por los más variados rincones de la ciudad. Un gran número de personas, reunidas en la plaza del mercado, se ponen a indagar maravilladas de donde vienen los sublimes y arrebatadores acordes. Y he aquí que una divina sorpresa pasa delante de los ojos de todos: en medio de rayos de luz, una pequeña nube blanca desciende hasta una pared de la ya mencionada iglesia, cuyas campanas comienzan a repicar fuertemente y solas. Prodigio aún mayor: al unísono, la totalidad de las campanas de la ciudad tocan con energía.

Al deshacerse lentamente los rayos de luz y la nube, el bellísimo fresco que hasta hoy allí se encuentra pudo ser contemplado por el pueblo, y desde ese día no cesó de derramar copiosas gracias sensibles, haciendo justicia a la preciosa invocación de Madre del Buen Consejo.

La noticia de tan extraordinario acontecimiento se esparció por toda Italia, como un relámpago. Dos días más tarde, se inicia una verdadera avalancha de milagros: un poseso se libra de los demonios, un paralítico camina con naturalidad, una ciega recupera la vista, un joven empleado recién fallecido resucita… En los ciento diez primeros días, María del Buen Consejo distribuye ciento sesenta y un milagros a sus fieles devotos.

Peregrinos de todo el país se mueven para recibir los beneficios de la Madre de Dios.

Delante del santo fresco, una cosa es constante: ninguno de los pedidos que le son dirigidos deja la Virgen de atender de alguna manera. En la dudas, en las perplejidades e incluso en las pruebas, después de un cierto tiempo de oración—mayor o menor, dependiendo de cada caso—María Santísima hace sentir en el fondo del alma en dificultades su sapiencial y maternal consejo, acompañado de mudanzas de fisonomía y de color de la pintura. Es indescriptible ese especialísimo fenómeno.

Fue en Genazzano, a los pies del santo fresco de la Madre del Buen Consejo, que nacieron los Heraldos del Evangelio. Allí, Ella los inspiró, orientó y fortaleció. Por eso, a ejemplo de tantos otros, los Heraldos del Evangelio la consideran como su patrona. Además, por privilegio concedido por el Santo Padre, lucran en el día de su fiesta, 26 de abril, una indulgencia plenaria.

Fuente: Heraldos del Evangelio (Revista Heraldos del Evangelio, Abril/2002, n. 4, p. 24-25 y Abril/Mayo 2003, n. 5, p. 32 a 33)