martes, 12 de diciembre de 2017

Solemnidad de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe

Resultado de imagen de santa maría de guadalupe "No estoy yo aquí que soy tu madre?

¿Por qué el nombre de Guadalupe?

El origen del nombre Guadalupe siempre ha sido motivo de controversias

Por: www.sancta.org | Fuente: www.sancta.org 

"Manifestó su tío ser cierto que entonces le sanó y que la vio del mismo modo en que se aparecía a su sobrino; sabiendo por Ella que le había enviado a México a ver al Obispo. También entonces le dijo la Señora de cuando él fuera a ver al Obispo, le revelara lo que vio y de qué manera milagrosa le había sanado; y que bien le nombraría, así como bien había de nombrarse su bendita imagen, la siempre Virgen Santa María de Guadalupe". (Nican Mopohua)

¿Por qué habría la Virgen María, apareciéndose a un indio en el recientemente conquistado México y hablándole en su idioma nativo, Náhuatl, querer llamarse "de Guadalupe", un nombre español?

¿Quiso ella en todo caso ser llamada de Guadalupe por la estatua de Nuestra Señora de Guadalupe en Extremadura, España?

En sus apariciones a lo largo de los siglos la Santísima Virgen María se identificó a sí misma con su nombre o uno de sus Títulos, y fue generalmente luego conocida con el nombre del lugar donde ocurrieron las apariciones (Fátima, Lourdes, etc.).

¿Entonces por qué la Virgen, apareciéndose a un indio en el México recién invadido y hablándole en su idioma nativo, hubiera querido ser llamada con el nombre en español de Guadalupe?

¿Estaba Ella quizás refiriéndose a la milagrosa estatua de Nuestra Señora de Guadalupe, la que fue otorgada por el Papa Gregorio el Grande al Arzobispo de Sevilla, que estuvo perdida por 600 años y fue encontrada por Gil Cordero guiado por una aparición de Nuestra Señora? La milagrosa y muy venerada estatua fue nombrada de Guadalupe porque así se llamaba el poblado ubicado cerca al lugar del descubrimiento.

El origen del nombre Guadalupe siempre ha sido motivo de controversias, y muchas posibles explicaciones han sido dadas. Se cree sin embargo como la más acertada que el nombre es el resultado de la traducción del náhuatl al español de las palabras usadas por la Virgen durante su aparición a Juan Bernardino, el tío enfermo de Juan Diego.

Resultado de imagen de virgen santa maria de guadalupeSe cree que Nuestra Señora usó el término azteca (náhuatl) de coatlaxopeuh, el cual es pronunciado "quatlasupe" y suena extremadamente parecido a la palabra en español Guadalupe. Coa significando serpiente, tla el artículo "la", mientras xopeuh significa aplastar. Así Nuestra Señora se debió haber referido a ella misma como "la que aplasta la serpiente."

Debemos recordar que los aztecas ofrecían anualmente más de 20,000 hombres, mujeres y niños como sacrificios humanos a sus dioses, ritos que en muchos casos incluían el canibalismo de los cuerpos de las víctimas. En 1487, debido a la dedicación de un nuevo templo en Tenochtitlán, unos 80,000 cautivos fueron inmolados en sacrificios humanos en una sola ceremonia que duró cuatro días.

Ciertamente en México, con la conversión de millones de los habitantes al cristianismo, Ella aplastó la serpiente.


¡Feliz día, queridísima Madre, 
Santa María de Guadalupe, 
patrona de  México 
y Emperatriz de las Américas!

¡BENDICE AL CONTINENTE AMERICANO 
Y AL MUNDO ENTERO! 

viernes, 8 de diciembre de 2017

8 de diciembre:Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María


SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA


El don más excelso de todo el orden de la creación

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En María, Dios quiso unir la insuperable dignidad de la maternidad divina con el mayor don de la gracia, el cual restauró la belleza del universo creado e inició la Historia de nuestra Redención

En aquel tiempo, 26 en el mes sexto, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

28 El Ángel, entrando en su presencia, dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.

29 Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. 30 El Ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. 31 Con-cebirás en tu vientre y darás a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús. 32 Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su Reino no tendrá fin”.
34 Y María dijo al Ángel: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”.

35 El Ángel le contestó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. 36 También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, 37 porque para Dios nada hay imposible”.

38 María contestó: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

Y el Ángel se retiró (Lc 1, 26-38).



 I – La visión acertada de las cosas es la de Dios

Contemplar los acontecimientos a partir de una perspectiva divina es difícil para nosotros, criaturas humanas, mientras vivimos en la tierra. Por estar sujetos a las leyes del tiempo, nuestro raciocinio es discursivo, diferente del modo de pensar proprio de Dios, para quien sólo existe el presente. Pero cuando lleguemos a la eternidad y nos encontremos cara a cara con Él, todo será mucho más sencillo, porque nuestra inteligencia se volverá deiforme.

En este mundo, por el contrario, conocemos las cosas por los sentidos y tendemos a considerar como realidad sólo lo que ellos captan, porque pensamos que ése es el medio más eficaz para analizarla. Sin embargo, esa idea no es correcta, porque todo está en Dios, como enseñó San Pablo en el Areópago de Atenas: “en Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17, 28). Cada criatura estuvo en Dios desde siempre y al crearla también lo hizo dentro de sí mismo, pues nada existe fuera de Dios. Mientras nosotros vemos las cosas desde el exterior, Dios lo ve todo en sí mismo con absoluta perfección.

Dos modos de ver la realidad

Nada mejor que un ejemplo para ayudarnos a comprender esto. En el pasado, los observatorios astronómicos estaban equipados con grandes y pesadas lentes, también llamadas telescopios refractores. Además de ser de difícil manejo, su fabricación era bastante costosa por la necesidad de lentes apropiadas. Con los avances tecnológicos, esos aparatos fueron siendo sustituidos por otros más sencillos, eficientes y menos costosos, los telescopios reflectores, compuestos sobre todo por espejos en vez de lentes. Con este sistema, el observador no examina directamente los astros con las lentes, sino las imágenes de los cuerpos celestes reflejadas en los espejos. El resultado es un análisis más esmerado y preciso de la bóveda celeste.

Con nosotros sucede algo parecido: cuando nos atenemos a nuestra pobre visión humana, es como si estuviésemos usando una arcaica lente; si intentamos interpretar los hechos en Dios, en Él veríamos todo con mayor claridad y exactitud. He aquí la razón por la cual debemos empeñarnos en discernir las cosas en función de Dios, en vez de concluir por nosotros mismos.

La Historia vista desde la perspectiva divina

Ahora bien, está claro que vemos la Historia de un modo cronológico. Por ejemplo: se dio la creación de los Ángeles, uno de ellos se rebeló, arrastró tras de sí a una tercera parte de los espíritus celestiales y todos ellos fueron arrojados al infierno. Después fueron creados Adán y Eva e introducidos en el Paraíso, donde vivían felices hasta el momento en que, engañados por la serpiente, desobedecieron a Dios, manchando el universo con el pecado. Más tarde el Señor nos redimió. Tal sucesión de acontecimientos es verdadera, pero insuficiente y muy distante de la realidad completa. ¿Y ésta cuál es?

Evidentemente, lo que pasa en el seno de la Santísima Trini-dad es impenetrable para nosotros. ¿Cómo alcanzar la extraordinaria altura del pensamiento divino? Son tres Personas idénticas y, no obstante, se entretienen en una inmensa felicidad. Por más que queramos, nunca podremos formarnos una noción exacta de cómo se dio la idealización del orden del universo con todas las maravillas que lo componen. Sin embargo, nada nos impide meditar a ese respecto. Debido a nuestra naturaleza tenemos la necesidad de imágenes para entender mejor las cosas y, por eso, precisamos casi que “humanizar” a Dios. Imaginemos, pues, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo planeando la creación, durante una conversación entablada desde toda la eternidad. Concebir una cosa que no ha tenido principio, para nosotros ya es algo bastante complicado...




Los fundamentos del universo

Dios tiene en sí —usamos a propósito la palabra “tiene” porque, como hemos dicho, para Él no hay pasado ni futuro— infinitos universos posibles, Ángeles y hombres que no fueron creados, así como infinitas posibilidades de relaciones de los hombres entre sí, de los hombres con los Ángeles, etc. No obstante, elige y crea el mundo en el cual vivimos, ciertamente el mejor para la realización de sus designios, pues siendo Dios la Perfección no podría preferir algo inferior a lo que existe.1 Según nuestro concepto, la formación de ese universo sería semejante al proceso de construcción de un edificio: empezamos por los cimientos, afincados en el seno de la tierra, y sobre ellos alzamos las paredes, para sólo entonces preocuparnos de las partes más nobles. En la mente de Dios, al contrario, los cimientos son el punto más alto y sublime. Por ese motivo, el plan de la creación parte de la criatura princeps, Cristo, y en función de Él todo se construye, como enseña San Pablo en la segunda Lectura de hoy: “Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante Él por el amor. Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos” (Ef 1, 4-5).

Ahora bien, es doctrina común de la Iglesia que en el pro-yecto divino Jesús y la Virgen ocupan el mismo lugar.2 Por tanto, a partir de ambos Dios constituye el universo.

La más sublime de las criaturas

Siendo Jesús la Segunda Persona de la Santísima Trinidad encarnada, Hombre Dios, no tiene personalidad humana, sino divina; es el proprio Hijo, engendrado y no creado, consubstancial con el Padre, aunque haya asumido nuestra naturaleza. María, la Madre de Dios, sólo tiene personalidad humana, pero es la más sublime de las criaturas, la máxima realización en el mundo creado e incluso en el mundo de las criaturas posibles que no llegaron a ser creadas. Desde toda la eternidad fue causa de alegría para las tres Personas Divinas. Podemos imaginar que, al contemplarla, el Padre exclamase: “¡Ella será mi Hija!”; el Hijo dijese: “¡Ella será mi Madre!”; y el Espíritu Santo: “¡Ella será mi Esposa!”. Y, deteniéndose en el amor a Ella, la colmaron de todo cuanto le convenía entre las bellezas de la creación y de los tesoros de la gracia, coronándola con un singularísimo don: la Inmaculada Concepción.

Es importante recordar aquí que ésta, como todas las demás prerrogativas de la Santísima Virgen, fluye de su privilegio esencial, la maternidad divina, insuperable dignidad que la eleva de forma relativa, pero auténtica, al séptimo plan de la creación, o sea, el orden hipostático. Estos presupuestos nos permitirán comprender mejor la Liturgia de esta Solemnidad, la cual nos muestra en la primera Lectura y en el Evangelio, respectivamente, dos pasajes de la Sagrada Escritura alusivos a la Inmaculada Concepción: el célebre versículo del Génesis llamado Protoevangelio (cf. Gen 3, 15) y la salutación del Ángel a la Virgen (cf. Lc 1, 28). Como el texto de San Lucas3 ya ha sido comentado en otras ocasiones, aprovechemos para hilar algunas consideraciones sobre la Inmaculada Concepción a partir del episodio narrado en la primera Lectura (Gen 3, 9-15.20). En el plan de la creación  trazado por Dios, este hecho también estaba incluido como antípoda de Aquella que hoy celebramos.

II – “Pondré enemistad entre ti y la mujer”

El amor es eminentemente comunicativo: si alguien, por amor a Dios, ama a otro, desea darse por entero a quien ama. Así pues, Dios nos ama desde toda la eternidad.

Por eso, además de erigir al hombre como rey de la creación, poniendo a las criaturas bajo su dominio, le concedió toda suerte de dones naturales, preternaturales y sobrenaturales. Adán y Eva, con todo, aceptaron la oferta del demonio —“seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal” (Gen 3, 5)— y probaron el fruto prohibido, sufriendo enseguida las consecuencias de su desobediencia. Al sentirse vacíos —es decir, frustrados, una sensación inevitable derivada del pecado mortal—, intentaron esconderse de Dios. He aquí un error, consecuencia del pecado original, en el cual la humanidad viene incurriendo de generación en generación: huir de Dios cuando se comete una falta. Tal actitud es un verdadero suicidio espiritual. El ejemplo de David, de Santa María Magdalena, de San Agustín y de tantos otros Santos en la Historia, que fueron atendidos superabundantemente cuando, arrepentidos de sus errores, se presentaron ante Dios para pedir perdón, nos muestra qué equivocada fue la reacción de nuestros primeros padres. Dios está en todo momento a nuestra disposi-ción para perdonarnos.

El pecador siempre quiere justificarse

El Creador entonces le preguntó al hombre: “¿Dónde estás?” (Gen 3, 9). Está claro que Dios ya lo sabía... ¡Adán estaba dentro de Él! Pero era un modo de increpar a su conciencia llevándole a reconocer el pecado. Y Adán intentó explicarse: “Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo” (Gen 3, 10).

Una vez más el Señor le preguntó, a pesar de que conocía todo lo que estaba sucediendo: “¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?” (Gen 3, 11). Por medio de este diálogo, Dios se adaptaba al modo de raciocinar humano para hacer caer en sí a Adán, porque a esas alturas ya estaba intentando olvidar su culpa. El que comete un pecado mortal —en este caso, en ma-teria de obediencia— tiene la tendencia a crear enseguida una justificación de su acto. Nadie practica el mal por el mal.4 Adán y su mujer pecaron con la ilusión de obtener un bien: ser iguales a Dios. Por eso Adán se excusó: “¡La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí!” (Gen 3, 12). O sea, en vez de pedir perdón, atribuye a Dios la responsabilidad del cri-men, como diciendo: La culpa es tuya y no mía. Creaste a esta mujer, ella me trajo el fruto y comí. Eva, a su vez, tuvo la misma reacción al ser interpelada por Dios: “La serpiente me sedujo y comí” (Gen 3, 13). Cuando uno no asume su proprio error, termi-na por echarle la culpa a otro. 

Las consecuencias del pecado... y el plan de Dios

Terribles son las consecuencias del pecado original para la humanidad. Por haber entrado en la vía de la enemistad con Dios, Adán y Eva perdieron la gracia santificante y, con ella, todos los demás dones sobrenaturales. Y también los dones preternaturales, como, por ejemplo, el de la inmortalidad, el de la integridad —perfecto equilibrio entre las pasiones, la razón y la voluntad— y, en el caso de Adán, la ciencia infusa. Incluso la naturaleza humana se debilitó,5 pues la inteligencia se oscureció y la voluntad quedó con tendencia a elegir el mal. Adán y Eva se volvieron débiles en la lucha contra las tentaciones. Ésta es la herencia que recibimos de ellos, porque somos sus descendientes.

No existía ni una sola criatura humana capaz de saldar esa deuda. Y aunque Dios bien podría haber perdonado el pecado gratuita y libremente, puesto que Él es el ofendido y el juez, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad quiso ofrecer una reparación al Padre, encarnándose para obrar la Redención. Por eso, inmediatamente después de maldecir a la serpiente, usada por el demonio como instrumento de la tentación, Dios declaró: “Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; ésta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón” (Gen 3, 15). En estas palabras se encuentra sintetizado el mensaje del Evangelio, porque “con este divino oráculo, fue de antemano designado clara y patentemente el misericordioso Redentor del humano linaje, es decir, el unigénito Hijo de Dios, Cristo Jesús, y designada la Santísima Madre, la Virgen María, y al mismo tiempo brillantemente puestas de relieve las mismísimas enemistades de entrambos contra el diablo. [...] la Santísima Virgen, unida a Él con apretadísimo e indisoluble vínculo, hostigando con Él y por Él eternamente a la venenosa serpiente, y de la misma triunfando en toda la línea, trituró su cabeza con el pie inmaculado”.6

¿Cómo aplastó la Santísima Virgen la cabeza del demonio? Es lo que leemos en el Evangelio. Si Eva, al aceptar la petición de la serpiente, atrajo la maldición sobre el género humano, María, al decir “hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38) —consintiendo en ser utilizada como escenario de la lucha entre el Hijo de Dios y satanás— venció no sólo al pecado, sino también a la muerte.

III – La gloria de la Inmaculada Concepción

Según la expresión repetida por muchos santos, de Maria nunquam satis, de María nunca sabremos lo suficiente.7 Y así como nunca nos sentimos lo suficientemente satisfechos al oír hablar de Ella, tampoco nos contentaremos nunca cuando se trata de glorificarla. Establecida la Solemnidad de la Inmaculada Concepción en el tiempo de Adviento, la Iglesia suspende el carácter de austeridad de este tiempo litúrgico para celebrarlo con gran pompa y alegría. Entre la abundancia de comentarios a que tal conmemoración da lugar, recordemos que este don especialísimo de María es un triunfo del mismo Jesús, pues todo lo que Ella posee se debe al hecho de ser su Madre. Por tal razón, las alabanzas que tributamos a la Madre tienen como causa y término final al Hijo.

Y la maternidad divina fue precisamente uno de los argumentos en los cuales la piedad popular se apoyó para sustentar la Concepción Inmaculada, mucho antes de la proclamación del dogma. Por el proceso natural de la gestación, la Santísima Virgen dio su sangre para la constitución física del Salvador, de modo que la Carne y la Sangre de Jesús son la carne y la sangre de María. Sería absurdo imaginar al Hombre Dios siendo formado a partir de sangre impura, en un claustro materno manchado por el pecado original, porque de una fuente impura no puede brotar lo que es puro. En virtud de la Encarnación del Verbo, María tenía que estar exenta del pecado. Y si defendemos la divinidad de Jesucristo, es forzoso que defendamos también la Inmaculada Concepción de su Madre.

Otro hermoso aspecto de ese privilegio es la gloria que éste significa para la Iglesia, de la cual la Santísima Virgen es Madre. Siendo misión de la Iglesia combatir el pecado, disminuir sus efec-tos y distribuir la gracia a las almas, no puede haber honor más grande para ella que tener una Madre y Reina Inmaculada y llena de gracia. Pero, también con relación a María la Iglesia ejerció la función de santificar con una perfección imposible de ser igualada en cualquier otra criatura: durante los años en que la Santísima Virgen vivió después de la Ascensión de Jesús, orientando y amparando maternalmente a la Iglesia naciente, Ella se benefició del sacramento de la Eucaristía, y cada comunión aumentaba en Ella, en proporciones inmensas, el extraordinario tesoro de gracia recibido en su Concepción Inmaculada.

La proclamación del dogma

Le correspondió al Beato Pío IX —cuyo largo pontificado transcurrió en un período de gran tensión contra la Iglesia— incluir este título mariano entre los dogmas de Fe. El ambiente católico ya se encontraba preparado, sobre todo porque el Santo Padre y varios de sus predecesores desde hacía mucho venían promoviendo la devoción a la Inmaculada Concepción, incluso con prohibición de que se difundiesen tesis contrarias a esta doctrina. Se cuenta que, en cierta ocasión, estando el Papa desterrado en Gaeta, el Cardenal Lambruschini le dijo: “Santo Padre, Su Santidad no cambiará el mundo si no es declarando el dogma de la Inmaculada Concepción”. Poco después de esto, el 2 de febrero de 1849, el Papa lanzó la encíclica Ubi Primum, dirigida a los Patriarcas Primados, Arzobispos y Obispos de la Iglesia Universal, consultándoles sobre esta cuestión.8 Salvo poquísimas excepciones —menos del diez por ciento de un total de más de 600 cartas enviadas—, las respuestas fueron todas favorables. Y cuando volvió a Roma, en 1850, Pío IX convocó a todos los Obispos del mundo para que contribuyesen en el trabajo de la comisión encargada de preparar la bula de definición del dogma.9

Finalmente, el 8 de diciembre de 1854, a las once de la mañana, se reunieron en la Basílica de San Pedro doscientos dignatarios eclesiásticos, entre Cardenales, Arzobispos y Obispos, para la solemne Misa pontifical, durante la cual se llevó a cabo la ceremonia de definición del dogma. Antes del Ofertorio, el Cardenal Macchi, decano del Sacro Colegio, se acercó al trono pontificio donde se encontraba el Papa y, en nombre de la Iglesia, le dirigió la súplica, como prescribía el ceremonial: “Santísi-mo Padre, dignaos levantar vuestra voz apostólica en medio de la celebración del sacrificio incruento comenzado y pronuncie el decreto dogmático de la Inmaculada Concepción, que hará nacer nuevo júbilo en el Cielo y llenará de alegría todo el mundo”. Levantándose, Pío IX ordenó que se entonase el Veni Creator Spiritus, acompañado al unísono por todos los presentes. Concluido el cántico, el pueblo se puso de rodillas y el Papa, en pie, inició la lectura de la Bula Ineffabilis Deus, cuyo auge fueron las siguientes palabras:

“Después de ofrecer sin interrupción a Dios Padre, por medio de su Hijo, con humildad y penitencia, nuestras privadas oraciones y las públicas de la Iglesia, para que se dignase dirigir y afianzar nuestra mente con la virtud del Espíritu Santo, implorando el auxilio de toda la corte celestial, e invocando con gemidos el Espíritu Paráclito, e inspirándonoslo Él mismo, para honra de la santa e individua Trinidad, para gloria y prez de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la Fe Católica y aumento de la cristiana religión, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, con la de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, y con la nuestra:

“Declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y de consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Je-sucristo, Salvador del género humano”.10

Terminada la proclamación, el cañón del Castillo de Sant’Angelo tronó en salvas y las campanas de la Ciudad Eterna repicaron para festejar el reconocimiento oficial de la Iglesia a esta prerrogativa mariana, la cual hace que el Cielo se regocije, los infiernos tiemblen, llena de consolación a sus hijos en la tierra y de tristeza a sus adversarios. En una palabra, es un dogma que evidencia la enemistad entre el linaje de la Virgen y el de satanás.

Algunas consideraciones sobre la fórmula del dogma

Admirables son la belleza y la precisión de los términos usados en la fórmula dogmática. Por ejemplo, la expresión “en el primer instante de su concepción” indica que María fue exenta del pecado en el momento en que, por así decirlo, Dios pronunció el fiat para su creación y Ella empezó a existir en el tiempo tal como había sido idealizada desde toda la eternidad. Ya las palabras “por singular gracia y privilegio de Dios omni-potente” dejan claro que lo normal hubiera sido que la Santísima Virgen fuese concebida con la mancha del pecado, como cualquier hijo de Adán y Eva; pero como para Dios no hay nada imposible, Él quiso dispensar a su Madre de esa herencia de muerte. Y el argumento teológico fundamental del dogma se expresa así: “fue preservada inmune de toda mancha de culpa original [...] en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano”. Explicando esta doctrina, la teología recurre a una expresiva analogía:

Las dos maneras de redimir a un cautivo. Hay casos en que éste está en la cárcel y mediante el pago de un rescate es puesto en libertad. Sin embargo, hay otros en los que el individuo corre el riesgo de ser encarcelado, y antes que esto ocurra alguien paga el rescate. Llevando nuestra imaginación a aquella eterna conversación de la Santísima Trinidad, podemos suponer que el Hijo se habría dirigido al Padre, diciendo: “Antes que el pecado original toque a mi Madre, le aplico el precio de mi Sangre que será derramada en el Calvario”. Por haber sido objeto de esa Redención preventiva, “María tiene algo en común con todos los hombres, el haber sido rescatada por la Sangre de su Hijo; pero tiene de particular, que esa Sangre ha sido sacada de su casto cuerpo. [...] Tiene en común con nosotros que esa Sangre cae sobre Ella para san-tificarla; pero tiene de particular que Ella es la fuente. De tal modo que podemos decir que la concepción de María es como que el primer origen de la Sangre de Jesús. Aquí es donde este hermoso río comienza a extenderse, este río de gracias que corre en nuestras venas por los Sacramentos y que lleva el espíritu de vida a todo el cuerpo de la Iglesia”.11

Por consiguiente, en la concepción de la Santísima Virgen empezó la Historia de nuestra Redención. La solemnidad de hoy es la fiesta de la liberación de quien era esclavo del demonio y se entrega enteramente a Jesucristo, por las manos de la Santísima Virgen. ¡Somos hijos de María Inmaculada! Y si tenemos aprecio por nuestra madre natural, mucho mayor debe ser nuestro amor por la que es Madre de nuestra vida sobrenatural. Llenos de gratitud, pidámosle a Ella que, así como triunfó sobre el pecado, triunfe en nuestra alma, infundiéndole un rayo de su inmaculabilidad. Y que, purificados de todas nuestras miserias, seamos asistidos por su Divino Esposo y nos transformemos en instrumentos eficaces para la promoción de otro triunfo, por Ella prometido en Fátima y tan deseado por nosotros: el triun-fo de su Sapiencial e Inmaculado Corazón. 



ORACIÓN A LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Inmaculada Madre de Dios, Reina de los cielos, Madre de misericordia, abogada y refugio de los pecadores: he aquí que yo, iluminado y movido por las gracias que vuestra maternal benevolencia abundantemente me ha obtenido del Tesoro Divino, propongo poner mi corazón ahora y siempre en vuestras manos para que sea consagrado a Jesús.

A Vos, oh Virgen santísima, lo entrego, en presencia de los nueve coros de los ángeles y de todos los santos; Vos, en mi nombre, consagradlo a Jesús; y por la filial confianza que os tengo, estoy seguro de que haréis ahora y siempre que mi corazón sea enteramente de Jesús, imitando perfectamente a los santos, especialmente a San José, vuestro purísimo esposo. Amén.

San Vicente Pallotti (1)


ORACIÓN

¡Virgen Santísima, que agradaste al Señor y fuiste su Madre; inmaculada en el cuerpo, en el alma, en la fe y en el amor! Por piedad, vuelve benigna los ojos a los fieles que imploran tu poderoso patrocinio. La maligna serpiente, contra quien fue lanzada la primera maldición, sigue combatiendo con furor y tentando a los miserables hijos de Eva. ¡Ea, bendita Madre, nuestra Reina y Abogada, que desde el primer instante de tu concepción quebrantaste la cabeza del enemigo! Acoge las súplicas de los que, unidos a ti en un solo corazón, te pedimos las presentes ante el trono del Altísimo para que no caigamos nunca en las emboscadas que se nos preparan; para que todos lleguemos al puerto de salvación, y, entre tantos peligros, la Iglesia y la sociedad canten de nuevo el himno del rescate, de la victoria y de la paz. Amén.

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JACULATORIA

Bendita sea la santa e Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, Madre de Dios. Avemaría. 

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EJERCICIO PIADOSO A LA INMACULADA VIRGEN

Oh Dios, que por la Inmaculada Virgen, preparasteis digna morada a vuestro Hijo; os suplicamos que, así como a ella la preservasteis de toda mancha en previsión de la muerte del mismo Hijo, nos concedáis también que, por medio de su intercesión, lleguemos a vuestra presencia puros de todo pecado. Por el mismo Jesucristo, nuestro señor. Amén.

1. Bendita sea la santa e inmaculada Concepción de la gloriosa Virgen María, Madre de Dios. Avemaría.

2. Oh María, que entrasteis en el mundo sin mancha de culpa, obtenedme de Dios que pueda yo salir de él sin pecado. Avemaría.

3. Oh Virgen María, que nunca estuvisteis afeada con la mancha del pecado original, ni de ningún pecado actual, os encomiendo y confío la pureza de mi corazón. Avemaría.

4. Por vuestra Inmaculada Concepción, oh María, haced puro mi cuerpo y santa el alma mía. Avemaría.

5. Oh María, concebida sin pecado, rogad por nosotros, que recurrimos a Vos. Avemaría.


1. San Vicente Pallotti (Roma, 1795-1850) fue presbítero y fundador de la Sociedad del Apostolado Católico. El fin de esta sociedad era la de animar a todos los fieles católicos a emprender labores de apostolado entre los no católicos y católicos alejados de la fe. Fue beatificado en 1950 y canonizado por el papa Juan XXIII en 1963.



miércoles, 6 de diciembre de 2017

El combate espiritual - Padre Fortea

Efesios 6, 10-18

"10.Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en la fuerza de su poder. 

11.Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Diablo. 

12.Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. 

13.Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes. 

14.¡En pie!, pues; ceñida vuestra cintura con la Verdad y revestidos de la Justicia como coraza, 15.calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la paz, 

16.embrazando siempre el escudo de la Fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno. 

17.Tomad, también, el yelmo de la salvación y la la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios; 

18.siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos," 


miércoles, 29 de noviembre de 2017

29 de noviembre: Stella Maris (Estrella del Mar): Patrona de los Navegantes -Entrada dedicada a los 44 tripulantes del ARA "San Juan"

Por los 44 Tripulantes del ARA "San Juan"
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Nuestra Señora STELLA MARIS (Estrella del Mar) PATRONA de la Armada y Prefectura Naval Argentina. 


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STELLA MARIS PATRONA DE LA ARMADA ARGENTINA

Las primeras imágenes de Nuestra Señora “Stella Maris” debieron llegar al Río de la Plata con los descubridores. No transcurriría mucho tiempo sin que en cada puerto civil o militar hubiese una, a la que acudían los que iban a embarcarse. 

Pero más allá de la devoción a Ella, no comenzaría a difundirse sino mucho después, al iniciarse la actividad pesquera en la costa atlántica.

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Stella Maris (Estrella del Mar)

Como no podía ser menos, teniendo por jefes al Almirante Brown, que jamás descuidaba el rezo del Rosario, y a Juan Bautista Azopardo, que solía orar ante una imagen de María que trajera desde Cádiz. El culto se extendió a los hombres que compusieron las dotaciones de las primeras naves de guerra argentinas, en la lucha por la independencia.

Stella Maris (Estrella del Mar)

POR DECRETO OFICIAL FIRMADO POR EL PRESIDENTE AGUSTÍN P. JUSTO, FECHADO EN BUENOS AIRES EL 18 DE AGOSTO DE 1937, LA VIRGEN MARÍA, BAJO LA ADVOCACIÓN DE “STELLA MARIS” (ESTRELLA DEL MAR), HA SIDO DECLARADA PATRONA DE LA ARMADA ARGENTINA.

En el primer considerando de dicho decreto se expresa que
“La advocación de Nuestra Señora “Stella Maris” tiene singular significado para los hombres de mar, y que su culto es particular y profundamente grato al personal de nuestra Marina de Guerra”.
Si bien su festividad se celebra en la Armada Argentina el 18 de agosto, para los marinos, cada día es bueno para encomendarse a Ella y agradecerle tantas gracias recibidas.

Stella Maris bajo el agua

POESÍA DE LOPE DE VEGA (1562-1635)
Salve, del mar Estrella,
Salve, Madre sagrada
De Dios y siempre Virgen,

Tomando de Gabriel
El Ave, Virgen alma,
Mudando el nombre de Eva,
Paces divinas trata.

La vista restituye,
Las cadenas desata,
Todos los males quita,
Todos los bienes causa.

Muéstrate Madre, y llegue
Por Ti nuestra esperanza
A quien, por darnos vida,
Nació de tus entrañas.

Entre todas piadosa,
Virgen, en nuestras almas,
Libres de culpa, infunde
Virtud humilde y casta.

Vida nos presta pura,
Camino firme allana;
Que quien a Jesús llega,
Eterno gozo alcanza.

Al Padre, al Hijo, al Santo
Espíritu alabanzas;
Una a los tres le demos,
Y siempre eternas gracias.


Stella Maris (Estrella del Mar) - Armada Argentina

Presente siempre en los navegantes cristianos y en los marinos de antaño, la Estrella del Mar y su representación como Stella Maris surgió de estos mismos corazones. Fue así que en 1908 se colocó la piedra fundamental de la capilla en Mar del Plata.

Stella Maris (Estrella del Mar) 

La imagen de Stella Maris se encuentra entronizada en todas las embarcaciones y destinos en tierra de la Armada Argentina, además de la Prefectura y de la Marina Mercante.
Así como los antiguos navegantes miraban el curso de las estrellas para guiarse a buen puerto en medio del mar, también los hombres y mujeres de la Armada viven y trabajan confiando su protección espiritual a la “Estrella del Mar” que los orienta.

                  Prefectura naval Argentina - Stella Maris (Estrella del Mar)

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Nuestra Señora del Carmen (Stella Maris) 
ruega por los cuarenta y cuatro tripulantes 
del submarino ARA "SanJuan", 
para que sean encontrados
sanos y salvos, 
según la Voluntad de Dios.
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"Porque no hay nada imposible para Dios"

domingo, 26 de noviembre de 2017

Cristo Rey del Universo

26 DE NOVIEMBRE
SOLEMNIDAD DE CRISTO REY DEL UNIVERSO


Venga a nosotros tu reino
Del Opúsculo de Orígenes, presbítero, sobre la oración
Cap 25


Si, como dice nuestro Señor y Salvador, el reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí, sino que el reino de Dios está dentro de nosotros, pues la palabra está cerca de nosotros, en los labios y en el corazón, sin duda, cuando pedimos que venga el reino de Dios, lo que pedimos es que este reino de Dios, que está dentro de nosotros, salga afuera, produzca fruto y se vaya perfeccionando. Efectivamente, Dios reina ya en cada uno de los santos, ya que éstos se someten a su ley espiritual, y así Dios habita en ellos como en una ciudad bien gobernada. En el alma perfecta está presente el Padre, y Cristo reina en ella, junto con el Padre, de acuerdo con aquellas palabras del Evangelio: Vendremos a él y haremos morada en él.

Este reino de Dios que está dentro de nosotros llegará, con nuestra cooperación, a su plena perfección cuando se realice lo que dice el Apóstol, esto es, cuando Cristo, una vez sometidos a él todos sus enemigos, entregue a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos. Por esto, rogando incesantemente con aquella actitud interior que se hace divina por la acción del Verbo, digamos a nuestro Padre que está en los cielos: Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino.

Con respecto al reino de Dios, hay que tener también esto en cuenta: del mismo modo que no tiene que ver la luz con las tinieblas, ni la justicia con la maldad, ni pueden estar de acuerdo Cristo y el diablo, así tampoco pueden coexistir el reino de Dios y el reino del pecado.

Por consiguiente, si queremos que Dios reine en nosotros, procuremos que de ningún modo el pecado siga dominando nuestro cuerpo mortal, antes bien, mortifiquemos todo lo terreno que hay en nosotros y fructifiquemos por el Espíritu; de este modo, Dios se paseará por nuestro interior como por un paraíso espiritual y reinará en nosotros él solo con su Cristo, el cual se sentará en nosotros a la derecha de aquella virtud espiritual que deseamos alcanzar: se sentará hasta que todos sus enemigos que hay en nosotros sean puestos por estrado de sus pies, y sean reducidos a la nada en nosotros todos los principados, todos los poderes y todas las fuerzas.

Todo esto puede realizarse en cada uno de nosotros, y el último enemigo, la muerte, puede ser reducido a la nada, de modo que Cristo diga también en nosotros: 

"¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?" 

Ya desde ahora este nuestro ser, corruptible, debe vestirse de santidad y de incorrupción, y este nuestro ser, mortal, debe revestirse de la inmortalidad del Padre, después de haber reducido a la nada el poder de la muerte, para que así, reinando Dios en nosotros, comencemos a disfrutar de los bienes de la regeneración y de la resurrección.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Reliquias de la Pasión de Jesucristo

¿Dónde están las reliquias de la Pasión?
Riqueza y significado de la conservación de las reliquias de la Pasión


Por: P. Ignacio Acuña Duarte. S.J. | Fuente: Revista Cristiandad 




Desconocidas y poco veneradas

Para un mundo informado sólo por los ojos de la carne, Semana Santa apenas representa un espacio de "reflexión y purificación de la memoria".

Alguno más piadoso, quizás, sólo concentre la mirada en la fiesta de la Resurrección, obviando implícitamente los sufrimientos inenarrables de la Pasión y de la Cruz.

La ciencia, por su parte, se empeña en "desmitificar" la tradición y la fe, confundiendo con fraudes y engaños a los fieles poco instruidos con sensacionalismo barato. La prensa corre con gran parte de la responsabilidad al difundir semejantes sandeces y medias verdades. Con el correr del tiempo, es verdad, muchas de las "impresionantes revelaciones" caen en el olvido o el descrédito, pero en el corazón de las personas queda la sensación de desacralización. Un caso típico ha sido el montaje paracientífico y manipulador del Santo Sudario.

¿Cuántos ilusos aún repiten con tono seguro las irresponsables afirmaciones que la prensa se apresuró a divulgar sobre supuestos descubrimientos de fraude en el Santo Sudario de Turín? Evidentemente ninguno de estos personajes conoce los dictámenes de la ciencia profesional que concluyó certificando la autenticidad de la preciosa reliquia. Valga como referencia la conversión de investigadores tras el proceso de estudio y verificación.

Pero como el escándalo vende, aún queda quien asegure que se trata de una invención medieval realizada por medio de complejos procesos holográficos para producir el efecto 3D cuando en el siglo XIX se mirase el negativo y se ampliaran, por ejemplo, la zona de los ojos y se observase sobre ellos monedas romanas del año 30 según la costumbre local.

De todo eso y mucho más deberemos soportar cada Semana Santa, repetidos ad nauseam por todos los medios de comunicación esmerados en entrevistar desconocidos expertos en negar todo lo afirmado y en afirmar todo lo negado.


Las preciosas reliquias de la Pasión

Un silencio revelador es el que se hace en torno a todas las reliquias que se conservan de la Pasión. ¿Quien se ha enterado de su existencia o ha recibido la sugestión de visitarlas y venerarlas con piadoso amor?

La cristiandad cuenta con decenas de ellas. Todas son testimonios ciertos de la veracidad histórica de los Evangelios y obligan - forzosamente - a darles aceptación. Cosa aparte es la rebelión a la consecuencia que ello implica, esto es, la suprema virtud y verdad que de ellos emana y la necesidad de seguir a Cristo a riesgo de la condenación eterna.

Examinemos, en tanto, el glorioso panorama que nos ofrece la Santa Iglesia, Maestra infalible de la Verdad y depositaria de tan ricos dones.


Las columnas del Templo de Jerusalén

El magnífico templo que había en Jerusalén cuando murió nuestro divino Redentor fue destruido, y según el sagrado vaticinio pronunciado por sus labios sagrados, no quedó piedra sobre piedra. Constantino el grande hizo trasladar doce columnas de este templo destruido, para que se colocaran delante de la Confesión de San Pedro; hoy en día aún se ven ocho debajo de la magnífica cúpula del Vaticano, dos en el altar de San Mauricio, dentro de la capilla del Santísimo, y otra en la cámara inferior de la capilla della Pietá, que según la tradición es en la que estuvo apoyado el divino Jesús cuando de edad de doce años disputó con los doctores de la Ley.


Columnas del velo del templo

El velo del templo de Jerusalén, que se rasgó en dos partes al morir nuestro divino Salvador, era sostenido por dos columnas, las cuales hoy día se conservan en el claustro de la basílica de San Juan de Letrán, en Roma.


Mesa de la Cena

La mesa, en la cual el amabilísimo Jesús celebró la última Cena e instituyó el adorable Sacramento del altar, se conserva y venera en la misma basílica de San Juan de la Cruz.


Plato de la Cena

Se conserva uno en la santa iglesia de Génova


Toallas

De las que sirvieron, tanto para lavarse las manos al Salvador como para enjuagar los pies a sus Discípulos, se conserva una parte notable en la citada basílica de San Juan.


Asiento

Del que, en forma de cama, sirvió a nuestro amable Jesús en la última Cena, se conserva una gran parte en la capilla llamada Sancta Sanctorum, en Roma.


Cáliz 
El precioso cáliz de que se sirvió nuestro divino Redentor al instituir el augustísimo Sacramento del altar, tiene la imponderable dicha de conservarlo la santa y metropolitana Iglesia de Valencia: todos los años se coloca en el Monumento.


Monedas que recibió Judas

Se conservan tres en la catedral de Génova, y una en la basílica de Santa Cruz de Jerusalén, en Roma


Cenáculo

Ocupado hasta mediados del siglo XX por los musulmanes, este lugar, uno de los más santos en la tierra, puede ser visitado bajo las condiciones impuestas por el gobierno que actualmente rige Tierra Santa. Los cristianos pueden visitarlo y ganar las preciosas indulgencias concedidas por los Romanos Pontífices a cuantos orasen en tan santo sitio.


Huerto de Getsemaní

Tanto la gruta en donde oró nuestro divino Redentor, que se conserva en su estado natural, como algunos de los olivos, que se cree son los mismos que existían en tiempo de la Pasión del Señor, están bajo la custodia de los ejemplares hijos del patriarca de Asís, en Jerusalén.


Piedra del torrente del Cedrón

Habiendo prendido al Señor, y llevándolo a la casa de Anás, al pasar por el torrente de Cederrón, la tradición dice que tiraron al Señor al fondo del torrente, dejando impresas las huellas de sus pies, rodillas, manos y cabeza sobre la durísima piedra que aún hoy se muestra a los peregrinos.


Cuerdas con que fue atado el Señor

Un pedazo importante se conserva en España, en la basílica del Escorial, y otro en Italia, en la catedral de Anaghi.


Casa de Anás

En el lugar donde estuvo esta casa hay una iglesia y convento, ocupado por monjas armenias.


Casa de Caifás

En el lugar en que estuvo hay una iglesia, cuidada por los armenios: en ella se ve un calabozo muy reducido, en donde pasó algunas horas nuestro divino Salvador: allí mismo había una columna en la cual estuvo atado, y es la que hoy se venera en Roma, en la iglesia de santa Práxedes. En el altar que hay en el fondo del ábside de esa iglesia se ve la piedra que se puso a la puerta del sepulcro del Salvador.


Lienzo con que vendaron los ojos al Señor

Se venera una parte en la iglesia de San Francisco á Ripa, en Roma.


Pretorio de Pilatos

El lugar en donde estaba hoy día también estuvo ocupado por los musulmanes, pero los fieles ya pueden visitarle y ganar indulgencia plenaria orando allí.


Escala Santa

Se llama así la que estando en el pretorio de Pilatos fue santificada y regada con la sangre de nuestro amable Salvador: tiene veintiocho gradas; se conserva en Roma, en la iglesia que lleva su nombre. Los fieles la suben de rodillas.


Columna de la flagelación

La principal parte se conserva en Jerusalén en la capilla que los Padres Franciscanos tienen en el Santo Sepulcro; pero se veneran partes muy notables en las principales basílicas de Roma, en la basílica del Escorial en España y en la iglesia de San Marcos de Venecia.


Azotes

Se veneran en la catedral de Anagni y en la Iglesia de Santa María in vía lata en Roma.


Corona de Espinas

Se venera en la Santa Capilla de Paris, pero sin espinas que han sido distribuidas por toda la cristiandad: en Roma son cerca de veinte las que reciben veneración pública: las iglesias que tienen más son las de San Marcos y Santa Praxénedes, las cuales conservan tres. En el Vaticano hay dos; en San Juan de Letrán una, etc. En España son muchas las que reciben veneración en diversas iglesias: en el Escorial se veneran once; Barcelona tiene la dicha de venerar varias, y en el célebre santuario de Montserrat se custodian dos.


Clámide

Se conserva parte en las iglesias de San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Francisco à Ripa, en Roma


Columna de los improperios

Se conserva en la iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén.


Arco del Ecce Homo

Hoy día se ve gran parte de él en la magnífica iglesia que el celoso misionero Alfonso María de Ratisbona levantó en Jerusalén para las monjas de Sión, tras su conversión desde el judaísmo por gracia de Nuestra Señora.


Santa Faz

La tradición común es que fueron tres las imágenes que quedaron en el velo de la Verónica, pero son muchísimas mas las que se veneran en la cristiandad. Las auténticas son: la que se venera en Roma, en la basílica de San Pedro; en España, en la catedral de Jaén, y en Venecia, en la iglesia de San Marcos. Las demás, aunque milagrosas, son tenidas como facsímiles o tocadas al original.


Puerta judiciaria

Aún se ven en Jerusalén restos de esa Puerta, por donde pasó el divino Salvador yendo al Calvario.


Columna de la sentencia

Frente a la puerta judiciaria se ve hoy, guardada por los Padres Franciscanos, la gran columna donde, según la tradición, tuvieron a nuestro divino Salvador mientras hacían los preparativos para crucificarle.


Vestidos de Jesús

La túnica inconsútil se conserva en Argenteuil. Estudiada y contrastada con el Santo Sudario, las heridas coinciden y corroboran los relatos de la Pasión. Se guarda una similar en Tréveris, Alemania. El manto se repartió por la cristiandad, pero se conserva un importante trozo en la catedral de Anagni.


La santa Cruz

Pocas reliquias se han propagado por toda la tierra como la perteneciente al árbol santo en donde murió nuestro Redentor, pero de un modo especial se conservan aún partes insignes en las basílicas de San Pedro y santa Cruz de Jerusalén, en Roma; en la catedral de Anagni se venera también un pedazo muy notable, y en la cual se ve aun uno de los agujeros que se hicieron al crucificar a nuestro divino Salvador.


Clavos

La tradición enseña que fueron tres los que tuvieron suspendido al Salvador del mundo: uno entero se conserva en Santa Cruz de Jerusalén, en Roma; otro en la capilla del Palacio Real de Madrid, y otro se ha distribuido a diversas iglesias de la cristiandad. Además de esos clavos, se veneran otros que también eran de la cruz pues los brazos de la misma estaban clavados y el I.N.R.I. también.


I.N.R.I.

La principal parte se halla en la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén en Roma; en san Juan de Letrán y en San Marcos de la misma ciudad santa se ven pedazos notables.


Esponja

La principal parte se venera en la Santa capilla de París, pero se conservan partes en la basílica del Escorial, en España, y en las de San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y Santa María Transtévere, en Roma.


Lienzos que cubrieron al Señor estando en la cruz

Se veneran en San Juan de Letrán y en San Marcos, de la misma ciudad eterna.


La Lanza

Esta, sin la punta, se venera en San Pedro de Roma: la punta, según afirma el Papa Benedicto XIV, desde el tiempo de San Luis se conserva en la Santa capilla de Paris.


Sangre y agua

Es de fe que del costado se nuestro divino Salvador salió sangre y agua : entre las reliquias más insignes que se exponen a la pública veneración en la santa ciudad de Roma, se encuentra parte de la sangre, y agua que salió de su sagrado costado después de muerto, se conserva en la basílica de San Juan de Letrán. En la de San Marcos se expone un velo que se embebió en la misma sangre y agua.


Piedra de la unción

Se venera en Jerusalén, en la iglesia del Santo Sepulcro


Santo Sepulcro

Dios ha querido que permaneciera en Jerusalén, siendo bajo todos los conceptos el sepulcro más glorioso que ha habido y habrá sobre la tierra. Muchas iglesias se glorían de tener pequeñas partes de tan glorioso monumento.


Sudarios y lienzos del Señor en el Santo Sepulcro

Según la costumbre que tenían los hebreos al embalsama, varios eran los sudarios y lienzos que empleaban: así parece deducirse del evangelio de San Juan. En la iglesia de San Juan de Letrán se conserva uno de esos lienzos en que estuvo envuelta la cabeza del Señor en el Sepulcro. En las iglesias de San Marcos, de San Francisco á Ripa y en el Escorial, en España, se veneran partes de otros lienzos; pero los santos sudarios de Turín en Italia, Besancon en Francia y Santo Domingo de la Calzada en España, son los que de modo especial han sido venerados y admirados siendo el de Turín el que la ciencia certificó como autentificable por las notables corroboraciones históricas y prodigiosas cualidades del santo tejido.


Reflexión final

Si la emoción embarga nuestros corazones al contemplar la riqueza y significación de la presencia de tales reliquias, sólo cabe extender nuestro amor y comprensión a un paso más. Y es ineludible.

¡Cuánto daríamos en este momento por ser trasladados - como Daniel al etíope - hasta cualquiera de estas reliquias! ¡Con qué gusto pasaríamos horas de rodillas venerando esos preciosos recuerdos del Salvador, que acaso fueron bendecidos por el roce de su tacto o que contienen parte de su Divina Sangre!

Y olvidamos, a un mismo tiempo, que quizás a pasos de nosotros, no muy lejos, tenemos al mismo Cristo presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. ¡A pocos minutos tenemos al mismo Cristo presente y tan vivo como cuando regó de gracias las preciosas reliquias que comentamos!

Contemplémosle ahora allí, donde le tenemos cerca. Meditemos en lo sólo y abandonado que se encuentra. Nadie peregrina hasta allí, nadie se arrodilla ante su sagrada Presencia. Pocos, muy pocos, parecen tener conciencia cabal de Él.

Vemos a tantos comulgar sin respeto, sin la debida compenetración que tal acto merece ¡Acto envidiado por los mismos ángeles, que no pueden comulgar! Es el mismo Cristo que viene a nosotros. ¡Cuántos comulgan con la mano, tocando con sus manos indignas e impuras el sagrado Cuerpo del Redentor! Duele pensar en semejante irreverencia, que a causa de la extensión y frecuencia ha sido indultada por la Iglesia. Imaginar tan sólo las divinas partículas olvidadas en la mano y llevadas al bolsillo, o caídas al suelo. Tiemblo al pensar en ello, en la tristeza y escándalo de los santos ángeles.

Mártires y santos, los mismos cruzados ofrecieron sus vidas por la conservación de las reliquias y lugares sagrados. Muchos prefirieron morir antes que verlas profanadas. ¿Cómo no querremos nosotros, hermanos en la fe e hijos de la Iglesia como ellos, ya no venerar las reliquias sino adorar a nuestro dulce y amable Salvador presente día y noche en la Sagrada Eucaristía?