martes, 26 de noviembre de 2024

27 de Noviembre: Festividad de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa - Consagración a María

                     




LA MEDALLA MILAGROSA



APARICIONES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN A SANTA CATALINA LABOURÉ

A Santa Catalina Labouré,  propagadora de la Medalla Milagrosa, la Santa Virgen María se le apareció tres veces en el año 1830, en la casa madre de la comunidad en París. Santa Catalina Labouré fue canonizada en 1947 por el Papa Pío XII.

La primera de estas apariciones ocurrió el 18 de julio; la segunda, el 27 de noviembre, y la tercera, poco tiempo después. En la segunda ocasión, la Hermana Catalina registra que la Bendita Virgen se le apareció como parada sobre un globo y llevando otro globo en sus manos. De sus dedos emanaban rayos de luz que parecían salir de anillos fijados con perlas preciosas. «Estos, dijo ella, eran símbolos de las gracias que se le concederían a todos los que las pidieran».

La Hermana Catalina añade que alrededor de la figura apareció un óvalo que llevaba en letras doradas las palabras «Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos»; en la parte de atrás aparecía la letra M coronada con una Cruz y con un travesaño debajo, y abajo los Sagrados Corazones de Jesús y María, el primero rodeado por una corona de espinas y el segundo atravesado por una espada.

En la segunda y tercera de estas visiones se le dio una orden de que mandase a acuñar una medalla según el modelo revelado y se le hizo la promesa de que se concederían grandes gracias a los que la usaran después de bendecida. Luego de una investigación cuidadosa, M. Aladel, el director espiritual de la Hermana Catalina, obtuvo la aprobación de Monseñor de Quelen, arzobispo de París, y el 30 de junio de 1832 se hicieron las primeras Medallas. Con su distribución, la devoción se extendió rápidamente.

 

INSTRUCCIONES QUE LE DIO LA SANTÍSIMA VIRGEN A LA SANTA

Fueron muchas las confidencias que Sor Catalina recibió de los labios de María Santísima, pero no podremos conocerlas todas, porque, respecto a algunas de ellas, le fue impuesto el más absoluto secreto.

La Virgen le dio algunos consejos para su particular provecho espiritual. La Santísima Virgen es Madre y Maestra:

1. Cómo debía comportarse con su Director Espiritual: humildad profunda y obediencia. Esto a pesar de que su Confesor, el Padre Juan María Aladel, no creyó sus visiones y le dijo que las olvidara.

2. La manera de comportarse en las penas: paciencia, mansedumbre, gozo.

3. Acudir siempre, mostrándole con la mano izquierda, a arrojarse al pie del Altar y desahogar su corazón, pues allí recibiría todos los consuelos de  los que tuviese necesidad. (Corazón indiviso, no consuelos humanos).

 

LA APARICIÓN DEL 27 DE NOVIEMBRE DE 1830

La tarde del 27 de noviembre  de 1830, sábado, víspera del primer Domingo de Adviento, en la capilla, estaba Sor Catalina haciendo su meditación, cuando creyó oír el roce de un traje de seda (que le hacía recordar la aparición anterior).

Aparece la Virgen Santísima, vestida de blanco con mangas largas y túnica cerrada hasta el cuello. Cubría su cabeza un velo blanco que, sin ocultar su figura, caía por ambos lados hasta los pies. Cuando Catalina quiso describir su rostro, solo acertó a decir que era la Virgen María en su mayor belleza.

Sus pies posaban sobre un globo blanco, del que únicamente se veía la parte superior, y aplastaban una serpiente verde con pintas amarillas. Sus manos elevadas a la altura del corazón sostenían otro globo pequeño de oro, coronado por una crucecita.

La Santísima Virgen mantenía una actitud suplicante, como ofreciendo el globo. A veces miraba al Cielo y a veces a la tierra. De pronto, sus dedos se llenaron de anillos adornados con piedras preciosas que brillaban y derramaban su luz en todas direcciones, circundándola en este momento de tal claridad que no era posible verla.

Mientras Sor Catalina la contemplaba, la Santísima Virgen la miró y dijo a su corazón:

«Este globo que ves (a los pies de la Virgen) representa al mundo entero, especialmente, a Francia y a cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no piden». Con estas palabras la Virgen se da a conocer como la Mediadora de las Gracias que nos vienen de Jesucristo.

El globo de oro (la riqueza de gracias) se desvaneció de entre las manos de la Virgen Santísima. Sus brazos se extendieron abiertos mientras los rayos de luz seguían cayendo sobre el globo blanco de sus pies.

 

LA MEDALLA MILAGROSA

En este momento, se apareció una forma ovalada en torno a la  Santísima Virgen y en el borde interior apareció escrita la siguiente invocación: «Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos».

Estas palabras formaban un semicírculo que comenzaba a la altura de la mano derecha, pasaba por encima de la cabeza de la Madre de Dios y terminaba a la altura de la mano izquierda .

La Santa oyó de nuevo la voz en su interior: «Haz que se acuñe una medalla según este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán mas abundantes para los que la lleven con confianza».

La aparición, entonces, dio media vuelta y quedó formado en el mismo lugar el reverso de la Medalla. En él aparecía una M, sobre la cual había una Cruz descansando sobre una barra que atravesaba la letra hasta un tercio de su altura, y debajo de ella estaban los Corazones de Jesús y de María, el primero circundado de una corona de espinas y el segundo traspasado por una espada. En torno había doce estrellas.

La misma aparición se repitió, con las mismas circunstancias, hacia el fin de diciembre de 1830 y a principios de enero de 1831. La Virgen dijo a Catalina: «En adelante, ya no verás, hija mía, pero oirás mi voz en la oración».

Un día que Sor Catalina estaba inquieta por no saber qué inscripción poner en el reverso de la medalla. Durante la oración, la Virgen le dijo: «La M y los dos Corazones son bastante elocuentes».

SÍMBOLOS Y SIGNIFICADO DE LA MEDALLA MILAGROSA

En el anverso de la Medalla encontramos lo siguiente:

  • María Santísima aplastando la cabeza de la serpiente que está sobre el mundo. Ella, la Inmaculada, tiene todo poder en virtud de su gracia para triunfar sobre Satanás.
  • El color de su vestuario y las doce estrellas sobre su cabeza. Símbolo de la mujer del Apocalipsis vestida del Sol.
  • Sus manos extendidas, transmitiendo rayos de gracia. Señal de su misión de Madre y Mediadora de las Gracias, las cuales derrama sobre el mundo y a quienes se las pidan.
  • La jaculatoria. Dogma de la Inmaculada Concepción (antes de la definición dogmática de 1854). Misión de intercesión. Confiar y recurrir a la Madre.
  • El globo bajo sus pies.  Reina de Cielos y tierra.
  • El globo en sus manos. El mundo ofrecido a Jesús por sus manos.

En el reverso:

  • La Cruz.  El misterio de la Redención (precio que pagó Cristo por nosotros). Obediencia, sacrificio, entrega.
  • La letra M. Símbolo de María y de su maternidad espiritual.
  • La barra es una letra del alfabeto griego, «iota» o Ι, que es monograma del nombre «Jesús».
  • Agrupados ellos. La Madre de Jesucristo Crucificado, el Salvador.
  • Las doce estrellas. Signo de la Santa Iglesia que Cristo funda sobre los Apóstoles y que nace en el Calvario de su Corazón traspasado.
  • Los dos Corazones. La Corredención. Unidad indisoluble. Futura devoción a los dos y su reinado sin fin.

 

¿CÓMO DEBE USARSE O LLEVARSE LA MEDALLA MILAGROSA?

Se suele llevar en el cuello, previamente bendecida por un Sacerdote, y con mucho fervor y devoción. Es importante hacer la  oración jaculatoria que Nuestra Señora misma se dignó enseñarnos para que la recemos muchas veces al día:

¡Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!

 

¿POR QUÉ SE LE DIO ESTE NOMBRE A LA MEDALLA?

La Medalla Milagrosa se llamaba originalmente «De la Inmaculada Concepción», pero al expandirse la devoción y al haber tantos milagros concedidos a través de ella, se le llamó popularmente «La Medalla Milagrosa». Varios Papas la dotaron de muchas indulgencias.

 

TESTIMONIOS

El siguiente ejemplo, que ocurrió en 1837, prueba el poder de este Sacramental y la bondad de la Santa Virgen María:

Un fraile había estado sufriendo por mucho tiempo de un pie malo, que ningún remedio podía curar. Su enfermedad se agravaba cada día que pasaba. El cirujano juzgó que era necesario amputar. Asustado por la posibilidad de esta operación, el paciente recurrió a la oración, mas sintió poco alivio. Una noche, cuando sufría más de lo normal, pensó recurrir a la Medalla Milagrosa que tenía alrededor del cuello. Se la quitó y deslizó la Medalla entre las vendas que envolvían su pie, de tal manera que tocara la parte enferma. También rezó la pequeña oración: «Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Vos».

Inmediatamente, sintió que el dolor pasaba y cayó en un sueño profundo. Así quedó hasta las cinco de la mañana. Al despertar, se maravilló de encontrarse libre del dolor. Tocó su pie, lo movió, lo extendió: sin sufrir nada; la enfermedad había desaparecido totalmente. Corrió con su Superior y le contó la historia de su milagrosa cura. La comunidad religiosa se unió a él en oraciones de acción de gracias (1).

Uno de los hechos más notables gracias a María Santísima y su Medalla Milagrosa  es la conversión de un judío:

Alfonso Tobie Ratisbonne (1812-1884), abogado, banquero muy rico, judío pero libertino. Despreciaba particularmente a la Iglesia Católica y al clero. Resentía que su hermano Teodoro se había convertido y ordenado Sacerdote.

En 1842, Ratisbonne se encontraba en Roma. Allí se encontró con el barón de Bussiéres, francés converso del protestantismo, hombre devoto y consciente de su responsabilidad de evangelizar. Este le contó de los milagros que estaban ocurriendo por medio de la Medalla Milagrosa. Pero Ratisbonne lo rechazó, tildándolo de supersticioso.

El barón no se dio por vencido y desafió a Ratisbonne a someterse a una simple prueba sobre la eficacia de la Medalla. Debía llevarla y rezar el Memorare todos los días. Ratisbonne, ante la insistencia del barón y para demostrar que nada le iba a persuadir a convertirse, se puso la Medalla.  El barón y un grupo de amigos se comprometieron a rezar por la conversión de Ratisbonne, entre ellos, el conde Laferronays, que estaba muy enfermo y ofreció su vida por la conversión del joven judío.  Ese mismo día el conde entró en la iglesia y rezó 20 Memorares por esa intención, sufrió un ataque al corazón, recibió los Sacramentos y murió.

El día siguiente, el 20 de enero de 1842, el Barón se encontró con Ratisbonne cuando iba a la iglesia de Sant’ Andrea delle Fratte, cerca de la Plaza de España en Roma, para hacer los arreglos de un funeral. Los dos entraron en la iglesia y Ratisbonne se quedó mirando las obras de arte mientras su amigo estaba en la rectoría. De pronto, el altar, dedicado a San Miguel Arcángel, se llenó de luz y se le apareció, majestuosa, la Santísima Virgen María, tal como en la imagen de la Medalla que llevaba en el cuello. Él se arrodilló y se convirtió.

Mas tarde escribió: «Una fuerza irresistible me llevó hacia Ella. Me pidió que me arrodillara. Ella no dijo nada, pero yo lo entendí todo».  Cuando el barón regresó de la rectoría, se encontró a su amigo orando de rodillas con gran fervor frente al altar de San Miguel. Ratisbon entonces le dijo que deseaba confesarse y prepararse para entrar en la Iglesia.El 31 de enero recibió el Bautismo, la Confirmación y la Comunión de manos del Cardenal Patrizi.

La conversión de Ratisbonne fue muy famosa y tuvo gran impacto en una cultura muy influenciada por el racionalismo que rechaza las realidades espirituales. En 1847, Alfonso Ratisbonne fue ordenado Sacerdote jesuita. Su hermano  inspirado por su conversión fundó la congregación de «Nuestra Señora del Sión», con sede en Israel, cuyo carisma es la evangelización del pueblo judío (Romanos 11, 25-26).

El San Miguel del altar del milagro en San Adreas de Fratte ha sido reemplazado por una gran pintura de la Virgen, según Ratisbonne la describió. (San Miguel Arcángel fue movido a otro lugar de la misma iglesia).

 

FRUTOS Y FESTIVIDADES

En 1847, M. Etienne, superior general de la Congregación de Sacerdotes de la Misión, obtuvo del Papa Pío IX el privilegio de establecer en las escuelas de las Hermanas de la Caridad una confraternidad bajo el título de la Inmaculada Concepción, con todas las indulgencias anexas a una sociedad similar establecida para sus estudiantes, en Roma, por la Compañía de Jesús. Esta confraternidad adoptó la Medalla Milagrosa como su emblema, y los miembros, conocidos como los «Hijos de María», la usan colgada de una cinta azul.

El 23 de julio de 1894, el Papa León XIII, luego de que la Sagrada Congregación de Ritos hiciera un examen minucioso de los hechosinstituyó una fiesta con un Oficio y Misa especiales de la Manifestación de la Inmaculada Virgen bajo el título de «La Medalla Milagrosa», para que los Sacerdotes de la Congregación de la Misión la celebraran anualmente el día 27 de noviembre, con un rito de doble de segunda clase. Para las comunidades de ordinarios y religiosos que pidieran el privilegio de celebrar la festividad, su rango sería de Fiesta Mayor Doble. Un decreto posterior, datado 7 de septiembre de 1894, permite que cualquier Sacerdote diga una Santa Misa propia a la fiesta en cualquier capilla unida a una casa de las Hermanas de la Caridad.

(1)No debemos olvidar la acción de gracias debida a Dios y, además, a su Santísima Madre, pues esto agrada muchísimo a la Santísima Trinidad. Solemos pedir muchas gracias y favores, pero raras veces nos acordamos de agradecerlas, incluso sin que eso implique haberlas recibido aún. ¡Sed agradecidos!

¡SANTÍSIMA VIRGEN DE LA MEDALLA MILAGROSA, RUEGA POR NOSOTROS, PECADORES!

Fuentes: http://www.corazones.org/maria/medalla_milagrosa.htm
http://www.corazones.org/maria/ratisbonne_medalla_milagrosa.htm
http://www.cmri.org/span-05-miraculousmedal.html
http://ec.aciprensa.com/wiki/Medalla_Milagrosa

lunes, 18 de noviembre de 2024

HOY COMIENZA LA NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LA MEDALLA MILAGROSA

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE 
LA MEDALLA MILAGROSA

 1. Oraciones | 2. Triduo | 3. Novena breve

4. Novena (1/3) | 5. Novena (2/3) | 6. Novena (3/3)
7. Historia | 8. La medalla

 



ORACIÓN PREPARATORIA

Virgen y Madre Inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a Ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección, y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa.

Creo y espero en tu Medalla, Madre mía del Cielo, y la amo con todo mi corazón, y tengo la plena seguridad de que no me veré desatendido. Amén.

Leer la reflexión del día correspondiente:

DÍAS
1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9


DÍA PRIMERO [Ir al principio de esta página]



Comenzar con la oración preparatoria.

En una medianoche iluminada con luz celeste como de Nochebuena -la del 18 de julio de 1830- aparecióse por primera vez la Virgen Santísima a Santa Catalina Labouré, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl.

Y le habló a la santa de las desgracias y calamidades del mundo con tanta pena y compasión que se le anudaba la voz en la garganta y le saltaban las lágrimas de los ojos.

¡Cómo nos ama nuestra Madre del Cielo! ¡Cómo siente las penas de cada uno de sus hijos! Que tú recuerdo y tu medalla, Virgen Milagrosa, sean alivio y consuelo de todos los que sufren y lloran en desamparo.

 

ORACIONES FINALES

Después de unos momentos de pausa para meditar el punto leído y pedir la gracia o gracias que se deseen alcanzar en esta Novena, se terminará rezando:

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

Rezar tres avemarías con la jaculatoria: OH MARÍA, SIN PECADO CONCEBIDA, ROGAD POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A VOS.

__________

DÍA SEGUNDO [Ir al principio de esta página]



Comenzar con la oración preparatoria.


En su primera aparición, la Virgen Milagrosa enseñó a Santa Catalina la manera como había de portarse en las penas y tribulaciones que se avecinaban.

"Venid al pie de este altar -decíale la celestial Señora-, aquí se distribuirán las gracias sobre cuantas personas las pidan con confianza y fervor, sobre grandes y pequeños."

Que la Virgen de la santa medalla y Jesús del sagrario sean siempre luz, fortaleza y guía de nuestra vida.

Meditar y terminar con las oraciones finales.

__________

DÍA TERCERO [Ir al principio de esta página]




Comenzar con la oración preparatoria.

En sus confidencias díjole la Virgen Milagrosa a Sor Catalina: "Acontecerán no pequeñas calamidades. El peligro será grande. Llegará un momento en que todo se creerá perdido. Entonces yo estaré con vosotros: tened confianza…"

Refugiémonos en esta confianza, fuertemente apoyada en las seguridades que de su presencia y de su protección nos da la Virgen Milagrosa. Y en las horas malas y en los trances difíciles no cesemos de invocarla: "Auxilio de los cristianos, rogad por nosotros".

Meditar y terminar con las oraciones finales.

__________

DÍA CUARTO [Ir al principio de esta página]



Comenzar con la oración preparatoria.


En la tarde del 27 de noviembre de 1830, baja otra vez del Cielo la Santísima Virgen para manifestarse a Santa Catalina Labouré.

De pie entre resplandores de gloria, tiene en sus manos una pequeña esfera y aparece en actitud extática, como de profunda oración. Después, sin dejar de apretar la esfera contra su pecho, mira a Sor Catalina para decirle: "Esta esfera representa al mundo entero.., y a cada persona en particular".
Como el hijo pequeño en brazos de su madre, así estamos nosotros en el regazo de María, muy junto a su Corazón Inmaculada. ¿Podría encontrarse un sitio más seguro?

Meditar y terminar con las oraciones finales.

__________

DÍA QUINTO [Ir al principio de esta página]

Comenzar con la oración preparatoria.

De las manos de María Milagrosa, como de una fuente luminosa, brotaban en cascada los rayos de luz. Y la Virgen explicó: "Es el símbolo de las gracias que Yo derramo sobre cuantas personas me las piden", haciéndome comprender -añade Santa Catalina- lo mucho que le agradan las súplicas que se le hacen, y la liberalidad con que las atiende.

La Virgen Milagrosa es la Madre de la divina gracia que quiere confirmar y afianzar nuestra fe en su omnipotente y universal mediación. ¿Por qué, pues, no acudir a Ella en todas nuestras necesidades?

Meditar y terminar con las oraciones finales.

__________

DÍA SEXTO [Ir al principio de esta página]


Comenzar con la oración preparatoria.

Como marco "¡Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!".

Y enseguida oyó una voz que recomendaba llevar la medalla y repetir a menudo aquella oración-jaculatoria, y prometía gracias especiales a los que así lo hiciesen.

¿Dejaremos nosotros de hacerlo?. Sería imperdonable dejar de utilizar un medio tan fácil de aseguramos en todo momento el favor de la Santísima Virgen.

Meditar y terminar con las oraciones finales.

__________

DÍA SÉPTIMO [Ir al principio de esta página]


Comenzar con la oración preparatoria.

Nuestra Señora ordenó a Sor Catalina que fuera acuñada una medalla según el modelo que Ella misma le había diseñado.

Después le dijo: "Cuantas personas la lleven, recibirán grandes gracias que serán más abundantes de llevarla al cuello y con confianza".

Esta es la Gran Promesa de la Medalla Milagrosa. Agradezcámosle tanta bondad, y escudemos siempre nuestro pecho con la medalla que es prenda segura de la protección de María.


Meditar y terminar con las oraciones finales.

__________

DÍA OCTAVO [Ir al principio de esta página]


Comenzar con la oración preparatoria.

Fueron tantos y tan portentosos los milagros obrados por doquier por la nueva medalla (conversiones de pecadores obstinados, curación de enfermos desahuciados, hechos maravillosos de todas clases) que la voz popular empezó a denominarla con el sobrenombre de la medalla de los milagros, la medalla milagrosa; y con este apellido glorioso se ha propagado rápidamente por todo el mundo.

Deseosos de contribuir también nosotros a la mayor gloria de Dios y honor de su Madre Santísima, seamos desde este día apóstoles de su milagrosa medalla.

Meditar y terminar con las oraciones finales.

__________

DÍA NOVENO [Ir al principio de esta página]


Comenzar con la oración preparatoria.

Las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa constituyen indudablemente una de las pruebas más exquisitas de su amor maternal y misericordioso.

Amemos a quien tanto nos amó y nos ama. "Si amo a María -decía San Juan Bérchmans- tengo asegurada mi eterna salvación".

Como su feliz vidente y confidente, Santa Catalina Labouré, pidámosle cada día a Nuestra Señora, la gracia de su amor y de su devoción.

Meditar y terminar con las oraciones finales.

Fuente: Devocionario Catolico

sábado, 16 de noviembre de 2024

16 de noviembre: Santa Margarita de Escocia

 Santa Margarita de Escocia

Reina y patrona de Escocia


Santa Margarita es recibida por el rey Malcolm III de Escocia, su futuro esposo


Por maravillosos designios de Dios, llegó al trono de Escocia. Perfeccionó el esplendor de las iglesias y de la corte, aliando admirablemente una profunda piedad con mucha firmeza.


Plinio María Solimeo


Cuando el rey de Inglaterra Edmundo II fue asesinado en 1017, Canuto II, el Grande, rey de Dinamarca, aprovechó la ocasión para tratar de concluir la conquista de ese país, del cual ya ocupaba algunas provincias. Envió a los dos hijos del fallecido rey, Edmundo y Eduardo, a Suecia con la intención de que allí encontraran la muerte. Pero el rey sueco no quiso manchar sus manos con sangre inocente y mandó a los dos huérfanos a Hungría, donde reinaba el gran San Esteban. Éste los recibió con gran afecto y se encargó de darles una educación acorde con su cuna. Edmundo murió sin sucesión, pero Eduardo, llamado “de Ultramar” o “el Proscrito”, se casó con Agata, sobrina del Emperador San Enrique y hermana de Gisela, esposa del rey San Esteban. De ese matrimonio nacieron tres hijos: Edgard, Cristina y Margarita, ésta en 1046.

En 1041 sube al trono de Inglaterra San Eduardo III, el Confesor. Tan pronto se afirmó en el trono, sabiendo que su pariente vivía exiliado en la corte de Hungría, lo invitó a volver con su familia a Inglaterra. Volvieron en 1054, siendo recibidos con pruebas de estima y afecto.

La princesa Margarita, entonces en la albor de la adolescencia, encantó a todos por su piedad y modestia. Era devotísima de la Santa Madre de Dios y extremadamente caritativa con los pobres y necesitados.

Designio de la Divina Providencia

El padre de la santa falleció en 1057, y su hermano Edgard se convirtió en heredero directo del santo rey, que no tenía descendientes. Siendo aún menor de edad y habiendo nacido en tierra extranjera, colocaron en su lugar al conde Haroldo. Guillermo, el Conquistador, atravesó el Canal de la Mancha en 1066 e invadió Inglaterra. En la batalla de Hastings, mató a Haroldo y se apoderó del trono inglés. Para escapar de la tiranía del conquistador, Edgard y Margarita, ésta con 20 años de edad, huyeron en una embarcación, pretendiendo llegar a Hungría, donde sabían que serían bien recibidos. Pero otro era el designio de la Providencia, y durante una tempestad el barco fue lanzado a las costas de Escocia.

En ese país fueron bien recibidos por el rey Malcolm III que, encantado con las cualidades de Margarita, le propuso matrimonio. Ésta desde hacía mucho tiempo alimentaba el deseo de hacerse religiosa como su hermana Cristina. Pero su confesor le hizo ver que podría auxiliar más a la religión subiendo al trono. Así, se realizó en el año de 1070 el matrimonio y la coronación de Margarita como reina de Escocia. A los 24 años de edad, era reconocida como la más hermosa princesa de su siglo.

Una reina que aliaba piedad y firmeza

Aunque Malcolm era un tanto rudo, tenía muy buena índole y disposición para la virtud. Sobre todo amaba tiernamente a la reina y tenía por ella una confianza sin límites. Así, Margarita, por una conducta llena de respeto y condescendencia, se hizo dueña de su corazón; y se sirvió del ascendiente que tenía sobre el rey para hacer florecer la religión y la justicia, procurar la felicidad de sus súbditos e inspirar a su marido los sentimientos que lo volvieron uno de los más virtuosos reyes de Escocia. Amenizó su carácter, cultivó su espíritu, pulió sus maneras y lo inflamó de amor hacia la práctica de las máximas evangélicas. La reina se empeñaba en ese apostolado, pues no dudaba que la transformación y mejora de las costumbres del pueblo dependían en gran medida del ejemplo del rey y de la corte. Así, toda Escocia progresó, haciendo del reinado de Malcolm uno de los más felices y prósperos de Escocia.

En suma, Margarita era una reina “piadosa y varonil al mismo tiempo. Cabalgaba gentilmente entre los magnates, tejía y bordaba entre las damas, rezaba entre los monjes, discutía entre los sabios, y entre los artistas, planeaba proyectos de catedrales y monasterios”.1

Dios bendijo sus matrimonio con ocho hijos, seis hombres y dos mujeres, habiendo seguido todos la senda de su madre. Dos de ellos —una hija, también llamada Margarita, casada con el rey de Inglaterra, y un hijo, David I, rey de Escocia— fueron elevados a la honra de los altares.

Santa Margarita compra la libertad de algunos prisioneros

Celo por el esplendor tanto en la casa de Dios y como en la corte

Uno de los cuidados de Margarita fue el de establecer en todo el reino sacerdotes virtuosos y predicadores celosos. Fue convocado así un sínodo, y las más importantes reformas instituidas en él fueron la regulación del ayuno durante la Cuaresma y la observancia de la comunión pascual, entonces casi olvidados, y la remoción de ciertos abusos concernientes al matrimonio dentro de los grados de parentesco prohibidos.

La reina procuró también organizar la Iglesia en Escocia. En consecuencia, por sus consejos, el reino fue dividido en diócesis, con una demarcación claramente determinada. Fueron creados cabildos en las catedrales, con su correspondiente clero, y establecidas parroquias. Atrajo a las órdenes religiosas, principalmente de Francia y de Inglaterra, con miras a contribuir eficazmente al incremento de la vida litúrgica, pues deseaba el esplendor en la casa de Dios. Para eso, construyó magníficas iglesias y restauró otras, dotándolas con lo que había de mejor para el servicio divino. Aunque era poco exigente hacia su propia persona, la reina quería que la corte fuese espléndida, a fin de valorizar la autoridad real; que la nobleza se vistiera muy bien, y que los reyes se ataviasen con pompa. Protegió también las ciencias y las artes y fundó diversos establecimientos de cultura.

“Oh reina santa, socorrednos”, “Oh madre nuestra, asistidnos”

Sobresalió también por la caridad hacia el prójimo. En nuestra época, en que se hace tanta demagogia y poco de concreto por los pobres, el ejemplo de Margarita de Escocia es paradigmático.

Servía diariamente con sus propias manos la comida a nueve niñas huérfanas y a 24 ancianos. Durante el Adviento y la Cuaresma, atendía con el rey —ambos de rodillas por respeto a Nuestro Señor Jesucristo en sus miembros padecientes— a 300 pobres, sirviéndoles la comida en la mesa real. También todos los días la reina salía por las calles, siendo rodeada por innumerables huérfanos, viudas y necesitados de toda especie, que clamaban: “Oh reina santa, socorrednos”“Oh madre nuestra, asistidnos”.

Y ella a todos socorría, aunque para eso tuviese que pedir a los miembros de su comitiva algo con que asistir a aquella gente. Regularmente visitaba los hospitales para socorrer a los enfermos pobres. Los deudores insolventes encontraban en ella su auxilio. Rescataba a cautivos, no sólo escoceses, sino también de otras nacionalidades. En fin, no hubo miseria física o moral que ella no hubiese socorrido.

Profundamente humilde y austera

Santa Margarita, como todos los santos, tenía una profunda humildad. Pedía frecuentemente a su confesor que la advirtiese de cualquier falta que la viese practicar. Y le reclamaba —pues éste no encontraba qué advertir— alegando que no estaba cumpliendo su misión.

Dormía poco y rezaba mucho. Su alimentación era tan parca, que se restringía apenas a lo necesario. Comenzó a sentir el organismo minado, con terribles dolores de estómago. Se privaba de todo pasatiempo fútil y huía de todo cuanto pudiese alimentar la sensualidad. Poseía también un vivo espíritu de compunción y tenía el don de las lágrimas. Guardaba silencio absoluto en la iglesia, por respeto a la Presencia Real, y bastaba verla rezar para conocer cómo es que se practica la oración.

Margarita observaba dos Cuaresmas, la de Navidad y la de Pascua, aumentando aún más sus austeridades.

Su confesor y biógrafo dice que no es necesario constatar si practicó milagros, pues su vida entera fue un prodigio.

Ultima privación y santa muerte

Cuando la reina estaba en cama durante su última enfermedad, tuvo que pasar por una prueba durísima. Habiendo el rey Guillermo, el Rojo, de Inglaterra, invadido la Northumbria escocesa, Malcolm organizó un ejército para reconquistarla. La reina le insistió en que no fuese personalmente a esa campaña, pero él resolvió ir con sus hijos Eduardo y Edgard, juzgando que el temor de la reina se debía a la bondad de su corazón.

Capilla de Santa Margarita en el castillo de Edimburgo

Cuatro días antes de su muerte, ella dijo a los presentes: “Hoy tal vez haya sucedido una gran infelicidad para Escocia, como ella no veía hace muchos años”. Entretanto su hijo Edgard regresó de la guerra, y ella le pidió noticias de su padre y de su hermano. Temiendo que la verdad le fuese fatal, el joven respondió que estaban bien. “¡Ah! Hijo mío, sé muy bien lo que ha pasado; por eso no tienes que negarme la verdad”, respondió ella. Edgard entonces relató la muerte de su padre y hermano en una emboscada durante la campaña. Margarita, elevando los ojos al cielo exclamó: “Dios todopoderoso, os agradezco por haberme enviado tan grande aflicción en los postreros momentos de mi vida. Espero que, con vuestra misericordia, servirá para purificarme de mis pecados”.

Por fin, su alma quedó libre de los lazos del cuerpo el día 16 de noviembre de 1093, a los 47 años de edad. Se volvió así patrona de Escocia.

Algún tiempo después, al caer este país en la herejía protestante, los católicos recogieron secretamente las reliquias de la reina santa y de su esposo, a quien también consideraban santo, y las enviaron al rey Felipe II de España, quien les dio refugio seguro en el monasterio de El Escorial, que acababa de construir en las cercanías de Madrid.2     


Oración por las familias a Santa Margarita de Escocia

Santa Margarita de Escocia, alma virtuosa, que amando tanto a Jesús fuiste misericordiosa con los que menos tenían y te ocupaste personalmente de sus necesidades con tanto amor. Este fervoroso amor por Dios hizo que fueras ejemplo para tu esposo y tus hijos como también para el pueblo que te conoció. Cambiaste sus corazones, los hiciste blandos y llenos de amor, transformaste sus vidas y llevaste la paz verdadera a tu familia. Haz que por tu intercesión nuestro Señor me dé la gracia de amar como tu amaste, dando testimonio con el ejemplo, que no es más que dedicar mi vida a amar a Dios y a todos mis hermanos. Llena de paz y conocimiento de Dios a todos las almas de mi familia, para que todos hagamos  su voluntad y podamos dar gloria a Dios por los siglos de los siglos en el cielo. Amén.