domingo, 12 de abril de 2015

Domingo de la Divina Misericordia


LA MISERICORDIA DIVINA

¡Feliz Pascua de Resurrección! El Señor ha resucitado de entre los muertos, como lo había dicho, alegrémonos y regocijémonos todos, porque reina para siempre. ¡Aleluya! 

Nuestro Señor pidió a Santa Faustina, rezar y trabajar para establecer la Fiesta de la Divina Misericordia el domingo siguiente a la Pascua de Resurrección. El le dijo: 

“Ese día, la plenitud de Mi tierna Misericordia estará abierta. Verteré un océano de gracias sobre las almas que se acerquen a la Fuente de Mi Misericordia. El alma que se confiese y comulgue obtendrá completo perdón de sus pecados y del castigo merecido” (Diario de Santa Faustina, 699)

Es un día en que la Iglesia celebra el Misterio Pascual enfocándonos en el pacto de misericordia de Dios. Un día de completo olvido y perdón, como el día de expiación del Antiguo Testamento (Levítico 16): todas nuestras culpas y el castigo merecido será expiado. 

Nosotros podemos celebrar este Domingo de Misericordia confesándonos (preferentemente antes del Domingo) y comulgando ese día. Hagamos honor a la Misericordia del Señor mediante obras de misericordia y rezando con la “Coronilla”: 

“Padre Eterno, yo te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, en expiación por nuestros pecados y los del mundo entero. Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”. 

Con Cristo y María, ¡Paz y Alegría! 


Reflexión: La Misericordia Divina

San Pablo llama a Dios Padre de las misericordias (Corintios 1, 1-7), llamando a nuestra atención su infinita compasión por los hombres, a quienes ama entrañablemente.

La Sagrada Escritura nos enseña que la misericordia de Dios es eterna, es decir, sin límites en el tiempo (Salmo 100); es inmensa, sin límites de lugar ni espacio; es universal, pues no se reduce a un pueblo o a una raza, y es tan extensa y amplia como son las necesidades del hombre.

La Encarnación del Verbo, del Hijo de Dios, es prueba de esta misericordia divina.

Vino a perdonar, a reconciliar a los hombres entre sí y con su Creador.

La bondad de Jesús con los hombres, con todos nosotros, supera las medidas humanas.

Debemos acudir delante del Sagrario y decirle: Jesús, ten misericordia de mí.

De modo particular el Señor ejerce su misericordia a través del sacramento del Perdón porque allí es donde nos limpia los pecados, nos cura, lava nuestras heridas, nos alivia... nos sana plenamente y recibimos nueva vida.

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5, 7).

Hay una especial urgencia de Dios para que sus hijos tengamos esa actitud con nuestros hermanos, y nos dice que la misericordia con nosotros guardará proporción con la que nosotros ejercitamos.

Pero si nuestro corazón se endurece ante las miserias y flaquezas ajenas, más difícil y estrecha será la puerta para entrar en el Cielo y para encontrar al mismo Dios. 


La misericordia es la plenitud de la justicia, según enseña Santo Tomás de Aquino en su obra “Suma Teológica”, porque cuando se actúa con misericordia se hace algo que está por encima de la justicia: después de dar a cada cual lo suyo, lo que por justicia le pertenece, la actitud misericordiosa nos lleva mucho más lejos, como -por ejemplo- a perdonar con prontitud a quienes nos ofenden. 

La misericordia es, como dice su etimología, una disposición del corazón que lleva a compadecerse, como si fueran propias, de las miserias que encontramos cada día.

Un corazón compasivo y misericordioso se llena de alegría y de paz porque “hay más gozo en dar que en recibir” (Hechos 20, 35).

Así alcanzamos esa misericordia que tanto necesitamos, y se lo debemos a aquellos que nos han dado la oportunidad de hacer algo por ellos mismos y por el Señor.


Acudamos a nuestra Madre, pues Ella “es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es. 

En este sentido la llamamos también Madre de la Misericordia” (Juan Pablo II).





Fuente: adorasi.com

Santa Faustina Kowalska

Domingo 22 de febrero de 1931 en el convento de Plock, Polonia


"Al anochecer, estando yo en mi celda -escribe en el Diario - vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma Jesús, en Ti confío (Diario, 47). Quiero que esta imagen sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia"(Diario, 49).
Extracto del libro: "la Divina Misericordia en mi alma", por Santa Faustina Kowalska.

Santa Faustina Kowalska, Apóstol de la Divina Misericordia, Nacida el 25 de agosto de 1905 y fallecida el 5 de octubre de 1938. Fue canonizada el 30 de abril del 2000, año jubilar.



Coronilla de la Divina Misericordia



jueves, 9 de abril de 2015

Virgen de Medjugorje - Mensaje del 2 de abril de 2015

Mensaje del 2 de abril de 2015


«¡Queridos hijos! Os he elegido, apóstoles míos, porque todos lleváis dentro de vosotros algo hermoso. Vosotros me podéis ayudar a fin de que el amor por el cual murió mi Hijo, y luego resucitó, venza nuevamente. Por eso os invito, apóstoles míos, a que en toda criatura de Dios, en todos mis hijos, procuréis ver algo bueno y a que intentéis comprenderlos. Hijos míos, todos vosotros sois hermanos por el mismo Espíritu Santo. Llenos de amor hacia mi Hijo, podéis hablar de lo que sabéis a todos aquellos que no han conocido ese amor. Vosotros habéis conocido el amor de mi Hijo, habéis comprendido su Resurrección y ponéis vuestros ojos con alegría en Él. Mi deseo maternal es que todos mis hijos estén unidos en el amor a Jesús. Por eso os invito, apóstoles míos, a vivir la Eucaristía con alegría, porque en la Eucaristía mi Hijo se os da siempre de nuevo, y con su ejemplo os muestra el amor y el sacrificio por el prójimo. ¡Os doy las gracias!»


domingo, 5 de abril de 2015

"Al tercer día resucitó de entre los muertos"

ICONO DEL DESCENSO A LOS INFIERNOS. 
(Icono de Theófanes de Creta.1546. Monasterio Stavronikita. Monte Athos. Grecia)

LA ANASTASIS O ELEVAMIENTO DE LA CAÍDA. 
LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO


Texto bíblico: Marcos 16, 1-9; 1ª Pedro 3 , 18-22

INTRODUCCION

“Cristo ha resucitado de entre los muertos; con la muerte ha derrotado a la muerte y a aquéllos que yacían en los sepulcros les ha dado la vida”. (Himno Pascual de la Ortodoxia, repetido infinitas veces hasta la Ascensión).

“Asumió la carne para ofrecer abundantes gracias y su cuerpo como cebo arrojado en brazos de la muerte para que, mientras el dragón infernal esperaba devorarle, tuviera en cambio que vomitar a aquellos que ya había devorado. En efecto, Él arrojó a la muerte para siempre y secó las lagrimas de todos los ojos”. Cirilo de Jerusalén. Catequesis XII, 15.

“Ha entrado en las fauces de la muerte y como Jonás en el vientre del cetáceo, ha estado entre los muertos no por estar vencido, sino para recuperar la dracma perdida, la oveja perdida: Adán.

Llama portadora de luz, la carne de Dios, bajo tierra disipa las tinieblas del infierno. La Luz resplandece entre las tinieblas” Orígenes. Comentario a San Juan.

“¡ Día de la Resurrección, resplandezcamos de luz, oh pueblos! ¡Es la Pascua del Señor, Pascua¡ ¡De la vida a la muerte, de la tierra al cielo, Cristo Dios nos ha hecho pasar cantando el himno de la victoria¡”. Himno de Pascua.

“Nadie llore por sus pecados: el perdón se ha levantado del sepulcro. Nadie tema a la muerte pues nos ha liberado la muerte del Salvador; la ha destruido cuando yacía preso de ella. Ha castigado al Infierno Aquél que ha bajado a las profundidades; lo ha amargado porque tocó su carne. El Infierno fue amargado cuando se encontró contigo en los abismos.

Fue amargado porque fue destruido, fue amargado, porque fue engañado, fue amargado porque fue encadenado. Tomó un cuerpo y se encontró frente a un Dios; tomó un puñado de tierra y encontró el cielo; tomó lo visible y se vió enfrentado  al Invisible”. Juan Crisostomo. Homilía de Pascua.

“¿Dónde está muerte tu aguijón? ¿Dónde está infierno tu victoria?” 1ª Cor. 15, 53-58


CRISTO Y ADAN


             Cristo aparece como el Dueño de la Vida y el Cosmos. Su cuerpo resucitado, vencedor del abismo de la muerte, está animado por el Dios-Trinidad, principalmente el Espíritu Santo, de ahí ese resplandor de energías divinas (rayos de oro) y ese dinamismo expresado en su avanzar hacia Adán.

            Su ser entero “todo luz” anuncia la aurora del nuevo día que nunca tendrá ocaso. Es el día de la Resurrección, el Domingo sin fin donde la creación es recreada para siempre. 

Los ropajes de Cristo son amarillo oro, es la vestimenta del rey victorioso o pueden ser blancos deslumbrantes como los de la Transfiguración.

            A veces las ropas ondean a sus espaldas, dando la sensación del movimiento, del descenso.

En nuestro icono Cristo ya está iluminando los infiernos y la muerte con su Presencia. El color amarillo que es pan de oro en el icono lo llena todo de esa luz increada

            A los pies de Cristo y dentro de la cueva, se distinguen las puertas del infierno rotas y todos sus pestillos, cadenas y clavos esparcidos

            En este icono no aparece la cruz como estandarte de victoria. Cristo es ya el Rey de la Gloria que lo llena todo con su Resurrección, la muerte, de la que es señal la cruz, ya esta derrotada, no existe.

            La cruz aparece en el nimbo que rodea la cabeza de Cristo, pero tenuemente sugerida, transfigurada por la potencia de la Resurrección, ya que ha sido el medio por el que ha conseguido su señorío sobre la muerte y el pecado.

            Cristo camina sobre el abismo con la libertad y el poder del Vencedor, casi parece flotar sobre las fauces de la ballena de Jonás, sugerida por la cueva sobre la que Jesús pasea

Su cuerpo espiritual, transfigurado por la resurrección,  escapa a las leyes del mundo, a la gravedad marcada de corruptibilidad y muerte.

            Él está a la cabeza de la humanidad, es a partir de ahora todo transparencia, apertura y comunión.

            Toma de la mano a Adán a quien vigorosamente arranca de las tinieblas de la muerte. Este cara a cara del primero y del nuevo Adán adquiere una significación particular. Lo que esta segunda creación ha conseguido es muy superior a la primera. La Vida dada por el Segundo Adán nunca perecerá.

La mirada de Cristo va hacia todos, pues es el Salvador de la humanidad entera. Este se agacha para levantar Adán; Dios se abaja y rebaja. Despojándose de su divinidad, se revistió de nuestra carne para subirnos y exaltarnos a la condición divina por su Resurrección.

            Cristo anuncia la resurrección a los muertos, de ahí la estrecha unión entre la silueta  de Cristo resucitado y la de Adán a quien él incorpora en su propia resurrección. Con Adán es arrastrada toda la humanidad heredera de él.

            Adán agotado por el despertar del sueño de la muerte (del pecado), contempla a su Liberador con mirada gozosa, llena de fatiga y suplicándole con la otra mano la ayuda necesaria para levantarse de la situación caída y desgraciada del pecado y la muerte.

            Adán tiende su mano libre en un gesto que expresa acogida y plegaria, atraído hacia su Dios igual que la flor es atraída por el sol.

            Como dicen los maitines del Sábado Santo en la tradición ortodoxa: “ Has venido a la tierra para salvar a Adán, al no encontrarlo, oh Señor, has ido a buscarlo hasta en el infierno”



EL INFIERNO O HADES


 Siempre de color negro representación de la muerte y a los pies de Cristo. En el se ven a veces figuras grotescas o una figura atada que representa al Hades que es encadenado por ángeles o por el mismo Cristo, así como llaves, clavos, cerrojos y goznes de las puertas rotas del infierno y la muerte por la potencia del Resucitado y que este pisa.

            El infierno se abre en forma de cueva negra y oscura como la cueva del icono de Navidad, como las aguas del Jordán en el icono del Bautismo, sepulcro liquido y en la cueva oscura bajo la cruz en el icono de la Crucifixión. “La carne de Dios bajo la tierra, disipa las tinieblas del Hades, como antorcha portadora de Luz”.

            Las cumbres de los montes subrayan la profundidad de la sima, los abismos. Pero ya transfigurados por la Resurrección, de ahí que sean brillantes hasta las piedras.

            Las puertas de la muerte yacen rotas y esparcidas por el infierno dando salida a los que retenía y los sepulcros vacíos y abiertos proclaman la victoria de Cristo vivo.


EL QUIROGRAFO


             En el centro esta Cristo ataviado con ropajes dorados o blancos y lleva en sus manos un rollo.
Es el símbolo del pecado, de la deuda contraida por Adán y Eva, una letra que se tenia que pagar.

            También se atribuye a este rollo la predicación de Cristo entre los muertos.

            En algunos iconos el rollo se muestra desplegado y rasgado en el centro.

“Quien condona las deudas  a todos los hombres, queriendo perdonar antiguas ofensas, espontáneamente vino a los desertores de su gracia y rasgado el quirógrafo del pecado... guía a todos  hacia el conocimiento divino, iluminando de esplendor las mentes”. Himno Akatistos.



LOS JUSTOS


             Cristo camina victorioso hacia Adán que es cogido de la mano y sacado de la postración de la muerte. Eva tiende sus manos hacia la Vida, que perdió en el Paraíso. Está vestida de rojo. El rojo simboliza la carne, la humanidad: ella es la madre de los vivientes. Cuando lleva las manos cubiertas, es señal de adoración al Liberador.

            Detrás de los primeros padres sigue una procesión de justos,

Al otro lado de la representación aparecen David barbado y Salomón que señala a Cristo como uno de su linaje y van ataviados con vestidos reales, Juan el Bautista asoma por detrás señalando al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y otros.

Todo el Antiguo Testamento está dirigido a la venida de Cristo. Su Encarnación y Resurrección son la última realización del Antiguo testamento y el comienzo de algo totalmente nuevo y definitivo.

            Ambos grupos constituyen una representación del pueblo sumergido en las tinieblas, los que moran en la tierra y en sombras de muerte, sobre los que se ha elevado la Luz de la Vida. Todos tienden sus manos hacia Él, esperanza de toda la humanidad

            A veces los justos esperan en la sombra como aparecen representadas las dos figuras, dentro de la gruta en la parte inferior, que están saliendo de sus oscuros sepulcros hacia la Vida.


NOSOTROS

            Al igual que en el icono, Cristo desciende a lo más profundo de nuestro ser y nos arranca de las tinieblas, pues fuimos sepultados con él por el bautismo a fin de resucitar en él de entre los muertos. Col. 2, 12.

            La Vida requiere la muerte de la persona vieja, el abandono y la superación del mal original que la corroe. Consecuencias tangibles de esta huella tenebrosa son nuestras angustias, limitaciones, fracasos, la opacidad hacia el otro (egocentrismo) y hacia la belleza de la creación.

            Todo se encuentra asumido por el torbellino liberador en la medida en que nos adherimos al Muerto-Resucitado que nos hace pasar (Pascua=paso) del imperio de la muerte que son las tinieblas a la Luz, fuente de toda vida.

            “No temas, soy yo, el Primero y el Ultimo, el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades” (Ap. 1, 17-18).

           
EL ICONO

             En la tradición bizantina hay dos iconos de la Pascua: El Descenso a los Infiernos y Las Mujeres que llevan aromas al sepulcro (Las Miróforas). 

Si bien este último icono ha quedado relegado litúrgicamente al segundo domingo de Pascua donde se hace memoria de las pías mujeres.

            Otro tanto ocurre con el icono de la Aparición de Cristo Resucitado a la Magdalena.

            Aquí nos ocuparemos del Descenso a los Infiernos. Las representaciones no difieren sustancialmente entre ellas, aunque hay unas ciertas variantes.

            Por ejemplo: Cristo con el rollo en las manos, sin la cruz, esta representación es la del icono que meditamos.

Cristo con la cruz a hombros. O sostenida por ángeles.

            Toma de la mano sólo a Adán, tal como muestra este icono; o también a Eva, colocados ambos laterales o simétricamente a su derecha e izquierda.

            Cristo lleva los colores de la Encarnación: túnica roja (hombre) y manto azul (Dios, viene del cielo), todo lleno de oro símbolo de la Presencia divina, es el Resucitado.

            La representación del mundo infernal bajo sus pies, más o menos poblado y escenograficamente más pintoresco.

            Todo esto no cambia el planteamiento compositivo de la imagen ni comporta añadidos significativos al valor simbólico y teológico de la escena principal. 

            En los vestidos de los personajes, dominan los colores rojos y verdes, señal de la humanidad y de la esperanza y la vida, respectivamente.

            En el ámbito bizantino-eslavo hay otra composición que no viene al caso.

            ¿Por qué en el ámbito bizantino se ha preferido la representación del Descenso a los Infiernos respecto a la del Cristo triunfante que sale del sepulcro ante los guardias?

            Por la evidencia misterica de la victoria sobre la muerte y el pecado: CRISTO, NUEVO ADAN, DESCIENDE A LOS INFIERNOS PARA LIBERAR LAS ALMAS DE LOS JUSTOS Y CON ELLOS A TODA LA HUMANIDAD.

            Esta es la síntesis del icono del Descenso a los Infiernos.

            Santas y felices fiestas de Pascua, Fiesta de las fiestas, fundamento de nuestra fe.



viernes, 3 de abril de 2015

PERDÓN



PERDÓN

Porque:     


…Te emboscó mi traición como la niebla apura el avance de la luz.

… Sembré aridez en la corteza de tus manos.


Y fuiste noche y ofrenda; clamor y umbral de eternidad.


… Soy la herida de tus pasos que trillan, que trituran, que agotan el madero del indulto conclusivo.

…Te desnudé en sangre, Tu sangre que oscurece, y es claustro y luto, entrega y cobijo.


Desconsolado de ángeles, el cielo se desploma.


… Soy lágrima y prisa en tus altares desiertos de Esperanza y Caridad.

… Olvidé la Piedad y la Ternura en la hora de Tu tristeza final.


Largo es el sueño de Getsemaní.


… Solo agua y sangre supe darte por abrigo.

… Miserables, se lamentan mis horas sumidas en ahogo, mudanza y soledad.


Arrasado en llanto, Dios se ha llevado el Tiempo.



… Tragas mis tinieblas como el olvido apura la suerte del dolor.


Los ángeles agonizan en ríos de pecado universal.


… En el árbol sometido, eres Perdón y Creación que se derrama y que recoge.


Del Rosario




martes, 31 de marzo de 2015

Medjugorje: Comentario del P. Francisco Verar al mensaje anual dado a Mirjana el 18 de marzo de 2015

Virgen de Medjugorje - Mensaje del 25 de marzo de 2015 -


Mensaje del 25 de marzo de 2015

“Queridos hijos, también hoy el Altísimo me permite estar con vosotros y guiaros por el camino de la conversión. Muchos corazones se han cerrado a la gracia y hecho oídos sordos a mi llamada. Vosotros, hijos míos, orad y luchad contra las tentaciones y contra todos los planes malvados que el diablo os ofrece a través del modernismo. Sed fuertes en la oración y con la cruz en las manos, orad para que el mal no os utilice y no venza en vosotros. Yo estoy con vosotros y oro por vosotros. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”


domingo, 29 de marzo de 2015

ANTE UN CRUCIFIJO



I


Incienso, luz, armonía
Llevar quiero a tus altares,
¡Oh Dios! Que enfrenas los mares
Y enciendes de un beso el día:
Así, que mi alma te envía
Al altar del firmamento,
Como armonía un acento,
Lleno de santo fervor,
Como perfume el amor,
Como luz, el pensamiento.

II


Cuando ante ti reverente
A orar me postro de hinojos,
Asoma el llanto a mis ojos
Y lo infinito a mi mente:
Y siento sobre mi frente,
Nublada por el desvelo,
Bajar en callado vuelo
El hilo de luz fecundo,
Por donde vienen al mundo
Las bendiciones del cielo.

III


No pretendo comprenderte,
Ni llegar a definirte;
Tan solo aspiro a sentirte,
A admirarte y a quererte.
Quien vaya a ti de otra suerte,
Luchará con la impotencia;
Te busca la inteligencia
De los astros en el fondo,
¡Y tú habitas lo más hondo
Y oculto de la conciencia!

IV


Sin ternura y sin amor
La mente desatentada
Te busca en lo que anonada,
En lo que infunde terror:
En el rayo asolador,
En la batalla cruenta,
En el volcán que revienta,
En el esquilón que brama,
En el torrente, en la llama,
En la noche, en la tormenta.

V


Y el corazón te va a hallar
A donde ve sonreír,
Y hay que amar, y bendecir,
Y lágrimas que enjugar;
Y te mira palpitar,
Prestando vida y calor,
En cuanto respira amor,
En el iris, en la bruma,
En la aroma, en la espuma,
En el nido y en la flor.

VI



No te anuncia el huracán.
Ni del trueno el alboroto,
Como el sordo terremoto
La aparición del volcán.
Tus pasos por doquier van,
Difundiendo la alegría,
Nuncios de luz y armonía;
¡Que sólo la bella aurora
Puede ser la precursora
Del astro que enciende el día!

VII


Cuando los cielos escalas
Llevas soles por joyel,
Y te forman un dosel
Los ángeles con sus alas;
Los mundos te ofrecen galas,
Y tú los huellas triunfal,
Envuelto en leve cendal
Del color de los zafiros,
Y en música de suspiros
Y de liras de cristal.

VIII


Como en el yermo la palma,
Como el astro en el vacío,
Pones en la flor rocío
Y sentimiento en el alma.
Truecas la tormenta en calma,
Y en dulce sonrisa el lloro,
Y llevando tu tesoro
A donde el hombre el estrago.
Con flores de jaramago
El erial bordas de oro.

IX



Mas ¡ay! que mi fantasía
De pintarte forjó el sueño,
Y no te alcanza en su empeño
Por ser humana y ser mía;
Que si a ti sus alas guía,
Y cual la nube ondulando
Altiva se va ensanchando
Y a grandes alturas sube,
Al fin, como sólo es nube,
Se va al subir disipando.

X


¿Y ante ti cuál no se abruma,
Si la de más poderío
Tan sólo encierra el vacío
Como el crespón de la espuma?
¡Qué el filósofo presuma
Alcanzar tu majestad!
¡Qué te niegue la impiedad!
El pensamiento atrevido,
Como en el aire el sonido,
Se pierde en tu inmensidad.

XI


Si alguien quiere tu creencia
Arrojar del pensamiento,
Eres tú el remordimiento
Y te lleva en la conciencia;
Con ansia busca en la ciencia
Cómo empañar tu corona,
Mas la ciencia no le abona,
Y entre dudas y entre asombros
Ve que deshecha en escombros
Su Babel se desmorona..

XII


En vano te envuelve en luz 
Y te da pomposo nombre,
Cuando de ti sabe el hombre
No alcanza a más de la Cruz;
Y si extiende su capuz
La noche en su corazón,
Que no busque salvación
En sus abstracciones fijo,
Que mire hacia el crucifijo;
Allí está la redención.

XIII


Tú, Dios, formaste, al crear
Del universo el espacio,
Con un suspiro el espacio,
Con una lagrima el mar:
Y queriéndonos probar
Que quien te adora te alcanza,
Como señal de bonanza,
Has dibujado en el cielo
La aurora, que es el consuelo,
Y el iris, que es la esperanza.

XIV


Tu purísimo esplendor
El universo colora,
Como el beso de la aurora
Los pétalos de la flor;
Y si tu soplo creador
En el caos se derrama,
El mismo caos se inflama,
Y entre nubes y arreboles,
Brotan estrellas y soles,
Como chispas de la llama.

XV


Así, cuando nada era,
A tu voz jamás oída,
Tomó movimiento y vida
La naturaleza entera;
Surcó el río la pradera,
Dio la flor fragancia suma,
La luz disipó la bruma,
Y tu aliento soberano
La ola hinchó en el Océano
Y la coronó de espuma.

XVI


Mas con ser la suma esencia,
Es tu arrogancia humildad,
Tu riqueza caridad
Y tu justicia clemencia;
Pues quiso tu omnipotencia
Las flores por incensario,
El monte por santuario,
Por águilas golondrinas,
Por toda corona espinas,
Por todo trono el Calvario.

José Velarde

Este poema se publicó en la Ilustración Española y Americana el 22 de noviembre de 1877 y como podrá apreciar tiene algunas modificaciones cuando se publica en el libro

viernes, 27 de marzo de 2015

Virgen de Medjugorje: rezar los misterios Gloriosos del santo Rosario todos los días de Cuaresma, de rodillas y en familia

La Santísima Virgen pidió rezar los misterios Gloriosos del Santo Rosario todos los días, durante esta Cuaresma, de rodillas en familia. (Mensaje recibido por Vicka, el 10 de marzo de 2015, en San Giovanni Rotondo)


Hay una gran diferencia entre cómo reciben los mensajes de la Santísima Virgen la gente de Medjugorje y la mayoría de nosotros, y ello se pone de manifiesto en mensajes como éste. Recuerdo cuando, por los fines de los años ochenta, Mirjana risueñamente reconvenía a los italianos porque preguntaban porqué había que ayunar y porqué dos días. Ella decía “Ustedes hacen preguntas, nosotros no. Para nosotros es suficiente que lo haya pedido la Virgen para que lo hagamos sin cuestionarnos nada”. Me parece que muchos de nosotros, como aquellos peregrinos italianos a quienes se dirigía Mirjana, nos hemos preguntado: ¿por qué pide en Cuaresma rezar los misterios gloriosos y no los dolorosos? Y puestos en tren de preguntar caben otras cuestiones: por qué de rodillas y por qué en familia y hasta por qué todos los días que restan de la Cuaresma.

El porqué rezar el Rosario es, en cambio, evidente por ser la oración mariana por excelencia, su oración preferida y por la que acude intercediendo y atrayendo las gracias de Dios sobre nosotros. En el Rosario clamamos su intercesión cuando más de cincuenta veces repetimos “ruega por nosotros pecadores ahora…”

El Rosario es un compendio del Evangelio en el que vamos repasando la historia de la salvación contemplada desde el corazón de María. Es el rezo que tiene a Cristo en el centro, donde repetimos la oración que el Señor nos enseñó y lo que los Evangelios dicen de María, agregando a ello nuestra petición de su intercesión en el momento actual y a la hora de nuestra muerte. Es la oración que parte de nosotros hacia la Madre de Dios y de Ella al corazón de Cristo. De allí viene toda su eficacia porque es la oración nuestra que la Santísima Virgen hace suya ante su Hijo, que es Dios.

¿Por qué rezar los misterios gloriosos en Cuaresma, en familia y todos los días?

Ante todo es de suponer que al pedir rezar los misterios gloriosos no está por ello excluyendo otros misterios ni prácticas cuaresmales. Tal suposición es lógica porque desde los primeros años nos pide rezar el Rosario completo (los tres clásicos misterios) y aunque no lo repita, eso no ha cambiado. Por tanto nos está diciendo que de todos los misterios sean los gloriosos en especial los que hagamos de rodillas y en familia.

La respuesta del porqué en familia hay que buscarla en mensajes antiguos y repetidos. La Reina de la Paz siempre ha pedido y, toda vez que fuera posible, privilegiado la oración en familia, sea ésta la familia natural o la religiosa. La familia natural es la Iglesia doméstica, esa Iglesia que -en sitios como Medjugorje y en donde imperó o impera el comunismo o totalitarismos religiosos perseguidores del cristianismo- hizo y hace que preserve la fe. Además, como nunca antes de ahora, la familia está expuesta a todo tipo de ataques en este llamado mundo libre; y necesita defenderse con la oración, particularmente con el Rosario. San Juan Pablo II recordaba que “la familia que reza unida permanece unida”. Recordaba también el Santo Padre que la Iglesia recurrió al Rosario en momentos de peligro y de gran dificultad. Por el Rosario se conjuraron guerras y se ganaron batallas decisivas, baste recordar la de Lepanto contra los turcos. En Fátima, la Santísima Virgen pidió a los pastorcitos que rezaran el Rosario por la conversión de los pecadores y por la paz del mundo. En Medjugorje pidió rezar el Rosario completo (en la época los tres misterios) para la paz personal, familiar y del mundo.

¿Por qué de rodillas?

Porque el cuerpo también participa de la oración y de la adoración y el arrodillarse es gesto de humildad, haciéndonos pequeños ante Dios. Es también gesto de súplica intensa y penitente.

¿Por qué los misterios gloriosos?

Porque aún en medio de la dolorosa Pasión y Muerte de nuestro Señor nuestros ojos, los de la fe, deben estar siempre puestos en la victoria de la Resurrección, recordando que Jesucristo está vivo, glorioso y que es Dios Todopoderoso. En este pedido encontramos una similitud con la práctica actual del Via Crucis. Antiguamente el Via Crucis concluía en la decimocuarta estación, o sea en la sepultura del Señor. Luego se le agregó una decimoquinta, la de la Resurrección para que resulte evidente que la sepultura no es la última etapa sino la victoria definitiva del Señor sobre la muerte y el mal. La Resurrección ilumina todo el misterio de la salvación comenzado en la Encarnación.

Hay Resurrección porque antes hubo muerte y esa fue atravesada por el poder de Dios en Cristo Jesús. Esa es la Pascua del Señor, cuando pasa de este mundo al Padre. Por eso, nuestra mirada no debe apartarse de la meta y del mismo hoy del Señor glorioso y resucitado, que ha llamado a su Madre a la gloria, de donde Ella viene a completar nuestra rescate en este tiempo de la historia. Los misterios concluyen con la coronación de María, las letanías que siguen a la recitación del Santo Rosario con la invocación a la Reina de la Paz. Pues, así es como se presenta en Medjugorje, lo que nos indicaría la culminación de la historia de la salvación. O sea, el tan esperado triunfo del Corazón Inmaculado de María. Todo ello alimenta nuestra esperanza en tiempos que se vuelven cada vez más confusos y duros. Estos son los tiempos de la Madre de Dios.

Los gloriosos de rodillas significa clamar al Cielo por el triunfo del Corazón Inmaculado de María.

Todos los días.

Sí, todos los días para que tengamos siempre presente, en el tiempo fuerte que dura la Cuaresma, la victoria definitiva sobre el mal, especialmente cuando el mal y la persecución a los cristianos y a todo lo que es santo arrecian. A Satanás le queda poco tiempo y por eso está cada vez más agresivo y anda con menos sutilezas. Ante la patética realidad nuestra oración debe ser insistente, ferviente, movida desde la fe y la esperanza.

El Rosario que la Reina de la Paz nos pide es oración del corazón, ésa que parte de la humildad y pureza del corazón para elevarse a Dios. Es la oración con el corazón henchido de amor y de gratitud por el Señor que nos ama de amor eterno y por su Madre que viene hasta nosotros por amor, para conducirnos por el camino que lleva a su Hijo, a la gloria.

Que nuestras intenciones sean -como lo pidió el 9 de noviembre por medio de Vicka y a las puertas de Roma- por la Iglesia, porque “está muy necesitada de vuestras oraciones” y por el mundo, especialmente por las familias destruidas y atacadas y por los jóvenes desorientados y atrapados por el Enemigo, para que todos conozcan el amor de Dios.

Al día siguiente dio a la misma vidente este otro mensaje:

“Queridos hijos, los invito una vez más a rezar más y hablar menos, especialmente durante esta Cuaresma. Recen para que se lleve a cabo mi plan que aún está lejos de realizarse. Les pido especialmente orar por las familias y los jóvenes que se encuentran en una situación muy difícil. Los bendigo” (mensaje a Vicka en Monte Sant’Angelo, el 11 de marzo de 2015)

Luego la Virgen partió y, como siempre, saludó diciendo “Vayan en la paz de Dios”. Y mientras la Virgen desaparecía la vidente vio, como cada vez que se va, tres signos: la cruz, el corazón y el sol. Al comentar brevemente las palabras de la Virgen, Vicka subrayó que el plan de la Virgen está lejos de realizarse porque “las oraciones no llegan”.

Huelgan palabras, sobre todo cuando dice que mucho hablamos y poco rezamos. Si el plan de la Virgen está lejos de realizarse es porque no rezamos lo suficiente y no lo hacemos de veras con el corazón (por eso no llegan), recordando además que la oración no está sólo hecha de palabras sino sustentada por obras que la acompañen y sacrificios que se ofrezcan.

P. Justo Antonio Lofeudo

Fuente: virgendemedjugorje.org

miércoles, 25 de marzo de 2015

Corona Franciscana de los Siete Gozos de María


El Rosario franciscano
 
   San Francisco "circundaba de amor indecible a la Madre del Señor Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad y haber tenido misericordia de nosotros. En ella sobre todo, después de Cristo, ponía toda su confianza y por eso la hizo abogada suya y de sus hermanos. Ayunaba en su honor con gran devoción, desde la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo hasta la fiesta de la Asunción" (Buenaventura, Leyenda Mayor, 9,3).

       Los siete gozos de la Virgen es una devoción franciscana parecida al Rosario. Se remonta al siglo XV y está en el origen de la corona de siete misterios que muchos franciscanos y franciscanas llevan colgada en el cordón. Es una oración muy sencilla, asequible para todos los que desean honrar a la Virgen María, reviviendo con ella algunos misterios de la vida de su Hijo Jesucristo.

     La corona franciscana consta de 72 avemarías, con la meditación de las siete principales alegrías que la Virgen experimentó a lo largo de los 72 años que, según la tradición, duró su peregrinación por este mundo.

Introducción
- Dios mío, ven en mi auxilio.
- Señor, date prisa en socorrerme.

- Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Primer gozo - El ángel Gabriel anuncia a María el Nacimiento de Jesús.

- Lc 1,30-31.38 y reflexión

- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria


Oh María, Virgen de la escucha, tú eres la llena de gracia,
tú eres la humilde esclava del Señor. 
Tú has dado libremente tu sí al anuncio del ángel 
y te has convertido en madre del Hijo de Dios hecho hombre.
Enséñanos a decir siempre sí al Señor, aunque nos cueste.


Segundo gozo - María visita a su pariente Isabel

- Lc 1,39-42 y reflexión

 - Padre nuestro, 10 avemarías y gloria


Tú, María, madre del Señor, llevando a Jesús, que ha tomado cuerpo
en ti, vas a visitar con gozosa premura a la anciana prima Isabel,
para ponerte a su servicio. A tu saludo, su hijo es santificado 
por la presencia del Salvador. Enséñanos, Madre de Dios, 
a anunciar y llevar siempre a Jesús a los demás.


Tercer gozo - Jesús, Hijo de Dios, nace de la Virgen María.

- Lc 2,6-7 y reflexión

- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria


Oh María, madre siempre Virgen, en la pobreza de una cueva 
has dado a luz a Jesús, venido al mundo para nuestra salvación.
Tú adoras como Hijo de Dios al que has engendrado.
Guíanos por el camino de una fe viva en Jesús, nuestro Señor y Salvador.


Cuarto gozo - Unos magos de Oriente adoran al niño Jesús en Belén.

- Mt 2,1.11 y reflexión

- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria


Oh María, pobre y humilde de corazón, enséñanos a no juzgar,
sino a confiar únicamente en la misericordia de Dios,
que no hace distinción de personas. Porque, si nuestra fe 
no se traduce en obras, muchos "magos" nos irán por delante
en el reino de los cielos.


Quinto gozo - María y José encuentran al niño Jesús en el Templo.

- Lc 2,43.46.48-49 y reflexión


- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria


Oh María, Virgen del silencio, tú saltas de gozo al encontrar
a Jesús en el templo de Jerusalén, y adoras el misterio
del Hijo de Dios Creador, que en Nazaret vive obediente a sus criaturas.
Enséñanos a buscar siempre a Jesús y a vivir en su obediencia.


Sexto gozo - Jesús resucita victorioso de la muerte y se aparece a los suyos

- Hc 1,14; 2,1-4 y reflexión

- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria


Oh María, fuente del gozo, tú eres la madre del Señor resucitado.
Él es quien ha vencido la muerte. El es nuestra esperanza
en el camino de la vida. Enséñanos, María, a vencer la muerte del
egoísmo, para vivir en la resurrección del amor.


Séptimo gozo - María es elevada al cielo y coronada como reina y primicia de la humanidad redimida.

- Ap 11,19; 12,1 y reflexión

- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria


Oh María, Reina de los ángeles y de los santos, coronada 
de gloria y honor en el gozo sin fin del paraíso,
tú brillas delante de nosotros como estrella de la mañana.
Enséñanos, Madre, a caminar por el mundo con la mirada puesta
allá donde está el gozo auténtico y definitivo.



Letanías de nuestra Señora

Se recitan las Letanías Lauretanas u otras semejantes.


Saludo a la Virgen

 Se puede decir la Salve, o el siguiente Saludo de San Francisco:


Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios,
que eres Virgen hecha Iglesia,
y elegida por el Santísimo Padre del Cielo,
consagrada por él con su santísimo Hijo amado
y el Espíritu Santo Paráclito,
en la que estuvo y está toda la plenitud de la gracia, y todo bien.

Salve, palacio suyo; salve, tienda suya;
salve, casa suya, salve, vestidura suya; 
salve, sierva suya; salve, madre suya,
y todas vosotras, virtudes santas, que por la gracia y la iluminación
del Espíritu Santo sois infundidas en el corazón de los creyentes,
para que de infieles se vuelvan fieles a Dios.



Conclusión

Oremos: Oh Dios, que en la gloriosa resurrección de tu Hijo has devuelto la alegría al mundo entero, concédenos por intercesión de la Virgen María poder gozar de las alegrías sin fin de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor. Amén.