jueves, 25 de junio de 2020

25 de junio: María, Reina de la Paz

 ¿Qué nos pide la Virgen?

LAS CINCO PIEDRAS DE MEDJUGORJE


La Virgen María en Medjugorje parece pedir a los peregrinos que la visitan, que lleven a sus comunidades y parroquias de origen, la importancia de lo que allí han visto y aprendido: la vivencia de la oración y de la Adoración Eucarística, de la lectura de la Palabra de Dios, de la confesión y del ayuno.

Muchos católicos que han peregrinado a Medjugorje han sentido una responsabilidad muy grande a la hora de transmitir lo que allí han vivido: una oración seria y exigente, unida a un ayuno importante y todo ello, para contribuir al Plan de Salvación que tiene Dios para toda la Humanidad, oración y ayuno que pretende mover los corazones de aquellos que aún no conocen el amor de Jesús.


LAS CINCO PIEDRAS DE MARÍA REINA DE LA PAZ

Las 5 piedras: La oración con el corazón, el ayuno, la lectura de la Biblia, la confesión y la Eucaristía son los medios que María nos da para recorrer un camino de santidad, de paz, de transformación interior totalmente asegurado, un camino sencillo, accesible a todos.

1. LA ORACIÓN


La Santísima Virgen invita al rezo del Santo Rosario diariamente en los Misterios Gozosos, Dolorosos y Gloriosos. 

“hijos, orad, la oración es el fundamento de vuestra paz” Si no tenéis paz en vuestros corazones poco importa todo lo demás. Podéis perder la paz un momento como dice San Serafín de Sarov, pero poniéndoos en oración enseguida, hundiéndoos en la oración encontraréis la paz nuevamente. “Si vivís angustiados, con estrés, es que todavía no oráis con el corazón.” Esta expresión “con el corazón” nunca acabaremos de entenderla, no se trata de cumplir: de oír Misa, de rezar el rosario rápidamente, no se trata de eso. “Dedicad tiempo a Dios” Dios nunca vendrá a nosotros rezando de esta manera; para que Dios establezca su morada en nosotros, para que la unción del Espíritu Santo y su soplo nos visiten, hay que tomar tiempo. Hoy, muy poca gente va a la Iglesia durante una hora para orar frente al Santísimo Sacramento.

Orar con el corazón es esta disposición interior, como dice Santa Teresita: “la oración es un grito de amor hacia el cielo”. Tomad tiempo con Dios.

Marija, una de las videntes, regresando de Rusia, estaba totalmente sorprendida y comentó en Europa: La gente en aquel país como en cualquier otro, pide egoístamente, sus oraciones se refieren a ellos mismos, a sus intereses, “reza por mí, por mi abuelo, por mi país”, yo, yo, yo, esto no es posible, esto no es oración. 

La Virgen María dijo: “Hijos, rezad por mis intenciones y yo me encargaré de vuestras preocupaciones, de vuestros dolores”, esa es la verdad. La gente no cree porque no se abre realmente al Espíritu Santo, no se abre a la paz de Dios. La oración del corazón es la clave para aprender junto con María a orar.

2. EL AYUNO


La Santísima Virgen invita al ayuno a pan y agua los días martes y viernes.
  
Tenéis que perseverar en la oración y el ayuno. Ayunar a pan y agua, los miércoles y viernes. Podéis comenzar absteniéndoos de las comidas o del desayuno, vosotros veréis la forma en que podéis comenzar poco a poco a hacer vuestros ayunos. No os preocupéis por la falta de alimento, no moriréis. Vivimos en un mundo en que todos comemos compulsivamente, como adicción, nos sobrealimentamos, por eso hay tantas enfermedades: colesterol, cáncer, etc. porque la gente come, come y come. El ayuno nos purifica el alma, el ayuno nos permite tener dominio sobre nosotros mismos, fruto del Espíritu Santo. (Carta a los Gálatas).

María dijo: “La Iglesia Católica olvidó el ayuno. Por la oración y el ayuno hijitos, podéis obtener cualquier cosa”. ¿Deseáis la conversión de alguien de vuestra familia?, poneos a orar, a ayunar y veréis el cambio. Por supuesto, Jesús lo había dicho en el Evangelio a sus discípulos, cuando se quejaron ante Él: “no hemos podido sacar este demonio. Y Jesús dijo: hay demonios que solamente salen con la oración y el ayuno”.

Si queréis vivir en paz hijitos, tened una vida sencilla. El ayuno repara, es muy poderoso en la intercesión. Conozco muchos matrimonios que descubrieron en Medjugorje el ayuno, y los miércoles y viernes ayunan fielmente. No se trata de pasar hambre, dice la Virgen, podéis comer pan y beber agua. Veréis la fuerza del ayuno en la transformación interior, si tenéis problemas, rencores, amarguras, resentimientos contra algunas personas y tenéis problemas para reconciliaros, la Virgen nos dice: para reconciliarse hay que creer, orar, ayunar y confesarse.

Todos los mensajes son muy sencillos y si tú los vives, actúa en ti el Espíritu Santo.

3. LA LECTURA DE LA BIBLIA


La Santísima Virgen invita a la lectura diaria de la Palabra de Dios.  

Vicka le preguntó a la Virgen: ¿por qué lloras? Y la Virgen le respondió: “porque los cristianos dejaron de leer la Palabra de Dios”. La Virgen pide que leamos la Biblia diariamente, aunque empecemos haciéndolo sólo 10 minutos ¿Cómo queréis descubrir la verdad? ¿Cómo podemos ubicarnos en este mundo lleno de ideologías, si no leemos el único libro que nos trae al alma la luz del cielo?, ¿cómo podemos pasar dos horas o más frente al televisor, que nos presenta una visión totalmente equivocada del mundo y no sé cuántas inmoralidades? Sin embargo, no somos capaces de pasar una hora junto al Santísimo. ¿Cómo podemos conocer la voluntad de Dios sobre nuestra vida? ¿Cómo podemos discernir cuando tenemos que tomar decisiones si no conocemos la Palabra de Dios? “Tu Palabra Señor es una luz sobre mi camino”.

Nuestra mente y nuestro corazón deberían tener continuamente presentes las palabras de Jesús y los versículos de San Pablo, de sus cartas, para que, frente a cualquier situación difícil nos surja del espíritu la palabra adecuada. ¿Cómo queréis que Dios nos hable si no conocemos su Palabra? ¡Es imposible! Hay una ignorancia muy grande que nos arroja al pecado y a la muerte espiritual y viene de que los que se llaman católicos no conocen la Palabra de Dios.

¡Ah!, pero las revistas que nos ofrece el mundo como “vanidades”, esas sí las conocemos y estamos esperando con ansia leer el siguiente número, y la Palabra de Dios, la Biblia, la tenemos en un rincón de casa.

La Virgen dice: “Poned la Biblia en el centro de vuestras casas, para que os acordéis de leerla en familia todos los días”. Cosas muy sencillas, claro. Un corazón que no recibe todos los días el Pan de la Palabra, se muere. Se trata de vivir el Evangelio, no de vivir en la ignorancia,causa de tantos males.

4. LA CONFESIÓN


La Santísima Virgen invita que acudamos al Sacramento de la Confesión por lo menos una vez al mes.  

“Hijos si no os confesáis mensualmente, será muy difícil para vosotros convertiros”. La confesión, pero la verdadera confesión, no como el 80% de los casos en que nos acercamos al sacerdote y decimos esto y aquello y nos “limpiamos”, nos quitamos la ropa sucia, la ponemos en la lavadora, pulsamos el botón y listo. Eso no es confesarse. La confesión necesita el arrepentimiento; por ejemplo, si he faltado a Misa el domingo,el pecado no es esto, el pecado es que no amo a Dios e incluso llego a no tener ninguna clase de arrepentimiento por no haber ido a Misa, no hay arrepentimiento porque no hay amor, entonces, tampoco hay auténtica confesión.

Esto es muy evidente en Semana Santa, cuando todos quieren confesarse porque es el deber anual; gente que “dice” sus pecados y al terminar la semana empieza de nuevo su vida de pecado. Es posible que nosotros también nos parezcamos a estas personas.

La confesión es ir con arrepentimiento: perdón Señor, como dice la Palabra de Dios: “te he matado, te he crucificado en mi debilidad, en mi pecado, en mi tibieza. Hay que llorar los pecados, pero si no hay vida de oración con el corazón, no hay verdadera confesión. El Espíritu Santo es el motor de todo, la oración con el corazón es una comunicación con Dios, “durante la oración, Dios os llena, os transforma”,nos dice la Virgen. Si no hay oración con el corazón no hay verdadera confesión con arrepentimiento porque nos falta el Espíritu Santo.

En primer lugar, no vemos nuestros pecados;muy a menudo confesamos culpabilidades o tonterías, porque hay que decir algo; pero el verdadero pecado escondido son los egoísmos, los rencores, los apegos materiales y todo eso lo olvidamos. Dice el salmo: “Señor, líbrame de mi pecado escondido”, especialmente de ese pecado que yo no veo, porque yo no lo quiero ver y no lo veo porque he puesto tantas defensas y justificaciones bajo una apariencia de piedad, que impiden que la luz del Espíritu Santo llegue hasta mí. Hay que volver a educar a la gente en la confesión con el corazón, con un verdadero arrepentimiento.

Son nuestros pecados los que clavaron a Cristo sobre la Cruz y eso no es un chiste, como dijo Jesús a Santa Catalina: “¡No es para reír que he muerto sobre la cruz para ti!” La confesión es para descubrir mis pecados y corregirme, no solamente confesarme por confesarme, tener un mes o quince días para volver a pecar y seguir en lo mismo ya que a fin de cuentas me confesaré el mes siguiente.

5. LA SANTA MISA

 

La Santísima Virgen invita a la Santa Misa y Comunión diaria.

Vuelvo a insistir sobre lo mismo, recibir la Eucaristía con el corazón. Es terrible ver cómo viven la Misa muchas personas. La Virgen dice: “Si no os preparáis para vivir la Misa con un corazón abierto, mejor quedaos en casa”. A Misa hay que llegar con tiempo, prepararse, disponerse a la oración 10 minutos antes, no llegar tarde, corriendo. “En ningún otro lugar mi hijo derrama tantas gracias como en la Eucaristía, comulgar es más que ser vidente”, dice la Virgen. Aquí tenéis que meditar los mensajes sobre la Eucaristía, podríamos hablar más de una hora sobre la Eucaristía porque es un tema muy extenso. A Misa hay que llegar a tiempo, recogerse y prepararse para recibir a Jesús. Después de la comunión, debemos entrar en nuestro corazón, orar y dar gracias a Dios. Esta es la verdadera espiritualidad. Entonces veréis cómo cambian las cosas. Nos dice María: “Si en lugar de llegar corriendo a Misa podéis llegar un poco antes para prepararos y después de haber comulgado, si os podéis quedar, tomad tiempo con Jesús para hablarle, si hacéis esto hijitos, veréis muchos milagros en vuestras vidas y menos enfermos de la mente, del corazón y del cuerpo en medio de vosotros.”

Recibimos el gran Sacramento de la Salvación como un billete de avión o de metro. La Eucaristía debe ser el centro de nuestra vida, y ¿sabéis qué dice la Virgen?: “Hijos, asistid a Misa cada vez que las circunstancias lo permitan”. Hoy en día el mundo vive en una situación de agonía y desesperación, necesita portadores de luz, de amor y de paz. La Eucaristía es el lugar donde Dios nos transforma. Todos los Sacramentos, toda la devoción, toda la vida espiritual nos conducen a la Eucaristía, es el lugar donde nuestra alma encuentra sustancialmente el cuerpo y la sangre de Jesús: “El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida en Mí” y de comunión en comunión Dios va transformando nuestra alma, nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra afectividad. Es increíble, pero si lo recibimos, sabemos que la Eucaristía actúa en nosotros en la medida de nuestra fe y de nuestro deseo de Dios. Si lo recibimos de una manera distraída, hablando con nuestro vecino, no surtirá ningún efecto en nosotros, Jesús necesita nuestro permiso para actuar, nos respeta.

En Medjugorje muchos mensajes nos conducen a centrarnos en la Eucaristía, en Jesús vivo. La Virgen nos pide que la Misa sea el centro de nuestra vida: “… Que la Santa Misa, hijitos, no sea una costumbre sino vida. Viviendo cada día la Santa Misa sentiréis la necesidad de santidad y creceréis en la santidad…” (25/01/1998).


CÓMO CUMPLIR LOS MENSAJES DE MARÍA REINA DE LA PAZ: LAS CINCO PIEDRAS


Al final del tercer día de las apariciones, la Gospa comunicó el primer y fundamental mensaje diciendo: “¡Paz, Paz, Paz y sólo Paz!”. Y posteriormente, repitió: “La paz debe reinar entre Dios y los hombres, y entre los hombres”.
¿Cómo conseguirlo? Al padre Jozopárroco de Medjugorje en el momento de las apariciones, le gustaba aludir al pasaje bíblico en el que David se enfrenta al gigante Goliat y de cómo fue capaz de vencerlo con sólo una onda y una piedrecita. Era su forma de mostrar cómo la Virgen, mediante la extraordinaria pedagogía de sus mensajes, nos enseña cómo nosotros podemos también empezar a transformar nuestro interioremprender el camino de la santidad y la paz, y llegar a ser invencibles por medio de cinco armas que el padre denominó “las cinco piedras”:


sábado, 20 de junio de 2020

Solemnidad del Inmaculado Corazón de María



Inmaculado Corazón de María
Sábado posterior al segundo domingo después de Pentecostés.


Por: Teresa Vallés | Fuente: Catholic.net



La devoción al Inmaculado Corazón de María, junto con la del Sagrado Corazón de Jesús, fue promovida por San Juan Eudes en el siglo 17.

El Papa Pío VII y Pío IX sugirieron su celebración como Purísimo Corazón de María.
En 1944, el Papa Pío extendió esta devoción a toda la Iglesia fijando la celebración del Inmaculado Corazón de María el 22 de agosto, ocho días después de la Asunción.

Con la renovación litúrgica, se le restó importancia a esta fiesta para dársela a las principales fiestas marianas y, se cambió la fecha para un día después de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

San Juan Eudes, decía que el Corazón de María es la fuente y el principio de todas las grandezas y excelencias que la adornan y que la hacen estar por encima de todas las creaturas; por ser hija predilecta de Dios Padre, madre muy amada de Jesús y esposa fiel del Espíritu Santo.
Y que ese santísimo Corazón de María es fuente de todas las virtudes que practicó.

También San Antonio María Claret, fundador de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María, profesó un inmenso amor a esta advocación.
Quiso que sus misioneros, salieran por todo el mundo extendiendo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Fue un profeta de Fátima, porque en Fátima la Virgen personalmente nos manifestó que Dios quería salvar al mundo, por medio de su Inmaculado Corazón.

La fiesta del Inmaculado Corazón de María sigue a la del Sagrado Corazón de Jesús. El corazón expresa y es símbolo de la intimidad de la persona. La primera vez que se menciona en el Evangelio el Corazón de María es para expresar toda la riqueza de esa vida interior de la Virgen: “María conservaba estas cosas en su corazón”

El corazón de María conservaba como un tesoro el anuncio del Ángel sobre su Maternidad divina; guardó para siempre todas las cosas que tuvieron lugar en la noche de Belén, o la adoración de los pastores ante el pesebre, y la presencia, un poco más tarde, de los Magos con sus dones,... y la profecía del anciano Simeón, y las preocupaciones del viaje a Egipto.

Más tarde, el corazón de María sufrió por la pérdida de Jesús en Jerusalén a los doce años de edad, según lo relata San Lucas en el evangelio de hoy.
Pero María conservaba todas estas cosas en el corazón....
Jamás olvidaría los acontecimientos que rodearon a la muerte de su Hijo en la Cruz, ni las palabras que le oyó decir: “Mujer, he ahí a tu hijo”. Y al mirar a Juan ella nos vio a todos nosotros. Vio a todos los hombres. Desde aquel momento nos amó con su Corazón de madre, con el mismo Corazón que amó a Jesús.

Pero María ejerció su maternidad desde antes que se consumase la redención en el Calvario, pues Ella es madre nuestra desde que prestó su colaboración a la salvación de los hombres en la Anunciación.

En el relato de las bodas de Cana, San Juan nos revela un rasgo verdaderamente maternal del Corazón de María: su atenta disposición a las necesidades de los demás. Un corazón maternal es siempre un corazón atento, vigilante.

La devoción al Corazón de María no es una devoción más. Nos lleva a aprender a tratar a nuestra Madre con más confianza, con la sencillez de los niños pequeños que acuden a sus madres en todo momento: no sólo se dirigen a ellas cuando están en gravísimas necesidades, sino también en los pequeños apuros que le salen al paso. Las madres les ayudan a resolver los problemas más insignificantes. Y ellas – las madres – lo han aprendido de nuestra Madre del Cielo.

Hoy queremos encontrarnos con María, con nuestra madre. Si recurrimos confiados a ella, ella nos va a decir qué debemos hacer y sentiremos su amor por nosotros. Ese mismo amor que Jesús tiene por cada uno de nosotros. y ella nos dirá que nos quiere, que nos quiere con toda su alma.

Pidamos a Dios que preparó en el Corazón de María, una morada digna al Espíritu Santo, que haga que nosotros, por intercesión de la Santísima Virgen lleguemos a ser templos dignos de su gloria.

Consagración al Sagrado Corazón de María

Oh Corazón Inmaculado de María, por tu perfecta comunión de amor con el Corazón de Jesús, eres la escuela viviente de total consagración y dedicación a Su Corazón.

En tu Corazón, Oh Madre, queremos vivir para aprender a amar, sin divisiones, al Corazón de Jesús; a obedecerle con diligencia y exactitud; servirle con generosidad y a cooperar activa y responsablemente en los designios de Su Corazón.

Deseamos consagrarnos totalmente a tu Corazón Inmaculado y Doloroso que es el camino perfecto y seguro de llegar al Corazón de Jesús. Tu Corazón, es también refugio seguro de gracia y santidad, donde nos vamos liberando y sanando de todas nuestras oscuridades y miserias.

Deseamos pertenecer a tu Corazón, Oh Virgen Santísima, sin reservas y en total disponibilidad de amor a la voluntad de Dios, que se nos manifestará a través de tu mediación maternal.

En virtud de esta consagración, Oh Inmaculado Corazón, te pedimos que nos guardes y protejas de todo peligro espiritual y físico. Qué nuestros corazones ardan con el fuego del Espíritu como arde tu Corazón.

Qué unidos a ti, que eres la portadora por excelencia de Cristo para el mundo, y ungidos por el poder del Espíritu Santo, seamos instrumentos para dar a un mundo tan árido y frío, el amor, la alegría y la paz del Corazón de Jesús.

Consulta también al P. Jesus Martí Ballester en su artículo El Inmaculado Corazón de María y Fiesta del Inmaculado Corazón de María.

Fuente: Catholic.net

viernes, 19 de junio de 2020

19 de junio: solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús - Diez oraciones para consagrarse al Sagrado Corazón

Oración al Sagrado Corazón de Jesús para una necesidad


¿Qué significa la imagen del Sagrado Corazón de Jesús?

El Sagrado Corazón está relacionado con los sentimientos de Jesucristo, de los que hablan los otros símbolos que aparecen en la imagen

El Sagrado Corazón representa los sentimientos de Jesucristo. La imagen de este corazón aparece junto a otros elementos: una corona de espinasuna herida y una cruz rodeada de llamas. Pero, ¿qué significan estos componentes que acompañan al Corazón de Cristo?

La imagen representa un Corazón rodeado de una corona de espinas, del que sale sangre en uno de sus costados y tiene una cruz rodeada de de fuego.  Julián Lozano, sacerdote y delegado de medios de la Diócesis de Getafe, ha recurrido para explicarlo al testimonio de una de las personas que lo vio por primera vez: Santa Margarita María de Alacoque. La santa tuvo esta experiencia el 27 de diciembre de 1673 cuando Margarita tenía 26 años, mientras rezaba ante el Santísimo Sacramento.
“La representación del Corazón de Jesús tal como la conocemos desde hace cuatro siglos es como se le mostró a Santa Margarita María de Alacoque. Se le aparece Jesús, nuestro Señor... su corazón se le sale del pecho, es un corazón que tiene la Cruz y del que sale fuego. El Corazón está rodeado por una corona de espinas, con una herida en el lateral, que es la herida de la lanzada”, explica.

El significado del Sagrado Corazón de Jesús


La presencia de la herida en el corazón procede de la Muerte de Jesús. Longino, un soldado romano, se lo traspasó con una lanza para comprobar que estuviese muerto. Por esa llaga, brotó la salvación, como dice el delegado de medios de Getafe: “La herida del costado es un Corazón que se derrama, que se entrega, de ahí brota la salvación, la sangre y el agua, los sacramentos, la vida nueva, la vida eterna...la Iglesia".
Archivo:Ángeles adorando el Corazón de Jesús (Museo de Bellas ...Con la imagen y la devoción del Sagrado Corazón de Jesús, se puede ayudar a comprender Su Amor a la humanidad. Por ello, aparecen esos símbolos relacionados con su camino al Calvario y la Cruxifición: corona de espinas, la cruz rodeada de llamas y la herida de su costado. El sacerdote asegura que se trata de un amor que ama, pero está herido por nuestros pecados. 
"Es la forma visual de ver y entender cómo es el amor de Jesucristo, que es un amor ardiente, de un fuego inextinguible, por eso las llamas. Un Corazón que ama es un amor herido, porque le tocan nuestros pecados, por eso la corona de espinas”, afirma el padre Julián Lozano.
Cuando Jesucristo se le apareció a Santa Margarita de Alacoque se presentó como "Este corazón que tanto ama a los hombres y que solo recibe (ingratitudes)", cuenta el sacerdote. Por ello, se trata de un Corazón que muestra cómo Jesús se entregó por los hombres, sacrificándose hasta el extremo, aunque muchas veces se encuentre con ingratitudes". 
La devoción del Sagrado Corazón representa el "Amor en Cruz, un corazón que se ha entregado, ofrecido hasta el mundo", concluye el sacerdote.

Diez oraciones para consagrarse 

al Sagrado Corazón de Jesús

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1. Primera Consagración al Sagrado Corazón

Escrita por Santa María de Alacoque:
"Yo, __________, me doy y consagro al Sagrado Corazon de Nuestro Señor Jesucristo, mi persona y mi vida, mis oraciones, penas y sufrimientos, para no querer servirme de ninguna parte de mi ser sino para honrarlo, amarlo y glorificarlo. Es mi voluntad irrevocable ser toda de El y hacer todo por su amor, renunciando de todo corazón a todo lo que pueda disgustarle.
Yo os tomo, pues, Oh Sagrado Corazón, por el único objeto de mi amor, el protector de mi vida, la seguridad de mi salvación, el remedio de mi fragilidad y de mi inconstancia, el reparador de todos los defectos de mi vida, y mi asilo en la hora de mi muerte.
Sed, por tanto, ¡Oh Corazón de bondad! mi justificación para con Dios vuestro Padre, y alejad de mi los rayos de su justa cólera. ¡Oh Corazón de amor! yo pongo toda mi confianza en vos, pues todo lo temo de mi malicia y de mi debilidad, pero todo espero de vuestra bondad. ¡Extinguid pues en mí todo lo que os pueda desagradar o resistir! Que vuestro puro amor os imprima con tanta presteza en mi corazón que no pueda jamás olvidaros, ni estar separada de vos, a quien conjuro, por todas vuestras bondades, que mi nombre sea escrito en vos, pues yo quiero hacer construir mi gloria en vivir y morir en calidad de esclava vuestra. Amen".
2. La oración de Consagración al Sagrado Corazón de Jesús del beato Bernardo de Hoyos 
El beato Bernardo de Hoyos escribió en 1733 una oración para consagrarse al Sagrado Corazón de Jesús. Lo hizo en latín y la tradujo al castellano el Padre Juan de Loyola:
"¡Oh Corazón de mi amantísimo Jesús! ¡Corazón dignísimo de toda mi adoración y amor! Yo. __________, inflamado en el deseo de compensar y borrar tantas y tan graves injurias cometidas contra vos, y para huir, cuanto está de mi parte, el vicio de ingrato, os entrego y consagro del todo mi corazón con todos sus afectos, y a mí mismo con todo cuanto soy enteramente. Protesto que es mi deseo puro y sincero olvidarme del todo desde esta hora y momento de mí mismo y de todas mis cosas, para que, quitados todos los impedimentos, pueda entrar en vuestro sacrosanto Corazón, que con singular misericordia me habéis abierto, y habitar en él vivo y muerto con vuestros fieles siervos". 
3. Consagración al Sagrado Corazón de Jesús 

de San Juan Pablo II

Señor Jesucristo, Redentor del género humano, nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza, con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza. Señor Jesucristo, Salvador del mundo, te damos las gracias por todo lo que eres y todo lo que haces. Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de Tu Sagrado Corazón, que fue traspasado por nosotros y ha llegado a ser fuente de nuestra alegría, manantial de nuestra vida eterna. Reunidos juntos en Tu nombre, que está por encima de todo nombre, nos consagramos a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad. Al consagrarnos a Ti, los fieles (persona o de lugar) renovamos nuestro deseo de corresponder con amor a la rica efusión de tu misericordioso y pleno amor. Señor Jesucristo, Rey de Amor y Príncipe de la Paz, reina en nuestros corazones y en nuestros hogares. Vence todos los poderes del maligno y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón. ¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos! Amén.

4. Acto de confianza:
¡Oh Corazón de Jesús! Pongo toda mi confianza en Ti. De mi debilidad todo lo temo, pero todo lo espero de tu bondad. A tu Corazón confío... (petición). ¡Jesús mío!, yo cuento contigo, me fío de Ti, descanso en Ti. ¡Estoy seguro en tu Corazón! 

5. Consagración al Sagrado Corazón de Jesús 

por Alfonso XIII

Postrándose ante el altar del Cerro de los Ángeles de Getafe, el rey Alfonso XIII rezó una oración que puede resumirse así:
Corazón de Jesús Sacramentado, Corazón del Dios – Hombre, Redentor del Mundo, Rey de Reyes y Señor de los que dominan: España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra hoy reverente ante ese trono de tus bondades que para Ti se alza en el centro de la Península... Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras, y en nuestras leyes e instituciones patrias.

6. Oración de la Renovación de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús

Escrita por el obispo de la diócesis de Getafe, Mons Ginés Beltrán y Mons. José Rico Pavés, obispo auxiliar :
Señor Jesucristo, Redentor del género humano, Sacerdote eterno y Rey del Universo: nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza, con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza. Señor Jesucristo, Salvador del mundo, al cumplirse el centenario de la consagración de España a tu Sagrado Corazón, los fieles católicos volvemos a postrarnos en este lugar donde se levanta este trono de tus bondades, para expresar nuestra inmensa gratitud por los bienes innumerables que has derramado sobre este pueblo de tu herencia y de tus predilecciones. Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón, el cual, traspasado por nosotros, es fuente de nuestra alegría y manantial del que brota la vida eterna. Reunidos en tu Nombre, que está por encima de cualquier otro nombre, renovamos la consagración que fue hecha aquí hace cien años a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad. Al renovar la consagración de España, los fieles católicos expresamos nuestro ferviente deseo de corresponder con amor a la rica efusión de tu misericordia, impulsando, en comunión con toda la Iglesia, una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría del Evangelio. Cuando la Iglesia nos llama por la voz del Sucesor de Pedro a impulsar una nueva evangelización, concédenos salir valerosos al encuentro de las heridas de nuestros contemporáneos para llevar a todos el bálsamo de la misericordia que brota de tu Corazón traspasado. Que a todos anunciemos con mansedumbre y humildad: ¡sus heridas nos han curado! Venga, pues, a nosotros Vuestro Santísimo Reino, que es Reino de justicia y de amor. Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras, y en nuestras leyes e instituciones. Concédenos permanecer siempre junto a María, Madre tuya y Madre nuestra, como en la víspera de Pentecostés, para que el Espíritu Santo produzca un profundo rejuvenecimiento de la fe en España. Que nuestro pueblo, tierra de María, sepa recibir y custodiar los frutos santos de su herencia católica para que pueda hacerlos crecer afrontando con valentía los retos evangelizadores del presente y del futuro. Líbranos del maligno y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón. Que al consagraros nuestra vida, merezcamos recibir como premio de ella el morir en la seguridad de vuestro amor y en el regalado seno de vuestro Corazón adorable.

¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos! Amén.


7. Oración al Sagrado Corazón de Jesús:

¡Oh Sagrado Corazón de Jesús! Te adoro con toda mi alma y te consagro para siempre jamás, todos mis pensamientos, mis palabras y obras.
¡Ojalá pudiera, oh divino Corazón, consagrarte tantas adoraciones, tanto amor y tanta gloria como Tú consagras a tu eterno Padre! Sé el reparador de mis defectos, el protector de mi vida y mi amparo en la hora de mi muerte. Esta gracia te la pido también para los pobres pecadores, los corazones afligidos, los enfermos y los agonizantes; para mis parientes y bienhechores, amigos y enemigos; por las personas que se encomiendan a mis oraciones, especialmente por aquellas por quien tengo obligación de pedir y, en fin, para todos los hombres que existen en la tierra, a fin de que los méritos de tu preciosa Sangre no se pierdan para ellos. Haz también que sean aplicados en sufragio por las almas del Purgatorio, para que todos en el Cielo podamos bendecirte, adorarte y amarte. Amén.
8. Alabanza al Sagrado Corazón de Jesús
¡Alabado sea el sagrado Corazón de Jesús en el santísimo sacramento del Altar! ¡Sea por siempre bendito y alabado! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío! Confío: El pasado a vuestra Misericordia,
El presente a vuestro Amor Y el futuro a vuestra Providencia.

9. Petición de ayuda con esta devoción

Acordaos ¡oh Sagrado Corazón de Jesús! de todo lo que habéis hecho por salvarnos. Acordaos del eterno e inmenso amor que habéis tenido por todos los hombres; que tu Corazón acoja a los que a ti acuden y se conmueva ante nuestras debilidades. Llenos de confianza y amor, venimos a tu Corazón, como el corazón del mejor de los padres, del más fiel y bueno de los amigos. Recíbenos, ¡oh Corazón sagrado! en tu infinita ternura; haznos sentir los efectos de tu amor; se nuestro apoyo, nuestro mediador ante nuestro Padre, y concédenos la fuerza en nuestra debilidad, consuelo en nuestras penas, y la gracia de amarte en el tiempo y de poseerte en la eternidad. Corazón de Jesús, acudo a Ti porque eres mi refugio, mi esperanza; el remedio de todos mis males, el alivio de mis miserias, la reparación de todas mis faltas, la seguridad de todas mis peticiones, la fuente inagotable para mí, y para todos la luz, fuerza, constancia, paz y bendición. Estoy seguro que no te cansarás de mí y que no cesarás de amarme, protegerme y ayudarme, porque me amáis con un amor infinito. Ten piedad de mí, según tu gran misericordia, y haz de mí, por mí, y en mí todo lo que quieras, porque yo me abandono a tu Corazón con la entera confianza de que no me abandonarás jamás. Así sea.
10: Oración al Sagrado Corazón de Jesús
 para una grave necesidad
  Oh Divino Jesús que dijiste: "Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra, y a quien llama se le abre". Mírame postrado a tus plantas suplicándote me concedas una audiencia. Tus palabras me infunden confianza, sobre todo ahora que necesito que me hagas un favor: (se pide con mucha humildad lo que se necesita). 
¿A quién he de pedir, sino a Ti, cuyo Corazón es un manantial inagotable de todas las gracias y dones? ¿Dónde he de buscar sino en el tesoro de tu corazón, que contiene todas las riquezas de la clemencia y generosidad divinas? ¿A dónde he de llamar sino a la puerta de ese Corazón Sagrado, a través del cual Dios viene a nosotros, y por medio del cual vamos a Dios? A Ti acudimos, oh Corazón de Jesús, porque en Ti encontramos consuelo, cuando afligidos y perseguidos pedimos protección; cuando abrumados por el peso de nuestra cruz, buscamos ayuda; cuando la angustia, la enfermedad, la pobreza o el fracaso nos impulsan a buscar una fuerza superior a las fuerzas humanas. Creo firmemente que puedes concederme la gracia que imploro, porque tu Misericordia no tiene límites y confío en que tu Corazón compasivo encontrará en mis miserias, en mis tribulaciones y en mis angustias, un motivo más para oír mi petición.
Quiero que mi corazón esté lleno de la confianza con que oró el centurión romano en favor de su criado; de la confianza con que oraron las hermanas de Lázaro, los leprosos, los ciegos, los paralíticos que se acercaban a Ti porque sabían que tus oídos y tu Corazón estaban siempre abiertos para oír y remediar sus males. Sin embargo... dejo en tus manos mi petición, sabiendo que Tú sabes las cosas mejor que yo; y que, si no me concedes esta gracia que te pido, sí me darás en cambio otra que mucho necesita mi alma; y me concederás mirar las cosas, mi situación, mis problemas, mi vida entera, desde otro ángulo, con más espíritu de fe. Cualquiera que sea tu decisión, nunca dejaré de amarte, adorarte y servirte, oh buen Jesús. Acepta este acto mío de perfecta adoración y sumisión a lo que decrete tu Corazón misericordioso. Amén.
Al concluir se reza: "Padre Nuestro, Ave María y Gloria". Después, se repite 3 veces: "Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío". 
Fuente: Cope.esAngels Loving the Heart of Jesus | Cordero de dios, Imagenes del ...

domingo, 14 de junio de 2020

Hoy celebramos la Solemnidad del Corpus Christi

Hoy celebramos la Solemnidad del Corpus Christi
Un milagro eucarístico del siglo XIII fue el origen de la Fiesta del Corpus Christi, que la Iglesia celebra el jueves siguiente a la Solemnidad de la Santísima Trinidad; aunque en algunos países las Iglesias locales deciden trasladarla para el domingo por una cuestión pastoral.
En esta solemnidad la Iglesia tributa a la Eucaristía un culto público y solemne de adoración, gratitud y amor, siendo la procesión del Corpus Christi una de las más importantes en toda la Iglesia Universal.
A mediados del siglo XIII el P. Pedro de Praga dudaba sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía y realizó una peregrinación a Roma para rogar sobre la tumba de San Pedro una gracia de fe. Al retornar, mientras celebraba la Santa Misa en Bolsena, en la Cripta de Santa Cristina, la Sagrada Hostia sangró manchando el corporal.
La noticia llegó rápidamente al Papa Urbano IV, que se encontraba muy cerca en Orvieto, y mandó que se le lleve el corporal. Más adelante el Pontífice publicó la bula “Transiturus”, con la que ordenó que se celebrara la Solemnidad del Corpus Christi en toda la Iglesia el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad.
El Santo Padre encomendó a Santo Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico para la fiesta y la composición de himnos, que se entonan hasta el día de hoy: Tantum Ergo, Lauda Sion.
El Papa Clemente V en el Concilio general de Viena (1311) ordenó una vez más esta fiesta y publicó un nuevo decreto en el que incorporó el de Urbano IV. Posteriormente Juan XII instó su observancia.
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Fuente: Aciprensa