sábado, 28 de abril de 2018

San Luis María Grignon de Montfort

San Luis María
Grignon de Montfort

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"A quien Dios quiere hacer muy santo, 
lo hace muy devoto de la Virgen María".
                                 - San Luis de Montfort


El libro de San Luis, "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen María", se ha propagado por todo el mundo con enorme provecho para sus lectores. El Papa Juan Pablo II tomó como lema una frase que repetía mucho este gran santo:  

              "Soy todo tuyo Oh María, y todo cuanto tengo, tuyo es".


SU VIDA

Es el fundador de los padres Montfortianos y de las Hermanas de la  Sabiduría. Nació en Montfort, Francia, en 1673. Era el mayor de una familia de ocho hijos. Desde muy joven fue un gran devoto de la Santísima Virgen. A los 12 años ya la gente lo veía pasar largos ratos arrodillado ante la estatua de la Madre de Dios. Antes de ir al colegio por la mañana y al salir de clase por la tarde, iba a arrodillarse ante la imagen de Nuestra Señora y allí se quedaba como extasiado. Cuando salía del templo después de haber estado rezando a la Reina Celestial, sus ojos le brillaban con un fulgor especial.

Luis no se contentaba con rezar. Su caridad era muy práctica. Un día al ver que uno de sus compañeros asistía a clase con unos harapos muy humillantes, hizo una colecta entre sus compañeros para conseguirle un vestido y se fue donde el sastre y le dijo: "Mire, señor: los alumnos hemos reunido un dinero para comprarle un vestido de paño a nuestro compañero, pero no nos alcanza para el costo total. ¿Quiere usted completar lo que falta?". El sastre aceptó y le hizo un hermoso traje al joven pobre.

El papá de Luis María era sumamente colérico, un hombre muy violento. Los psicólogos dicen que si Montfort no hubiera sido tan extraordinariamente devoto de la Virgen María, habría sido un hombre colérico, déspota y arrogante porque era el temperamento que había heredado de su propio padre. Pero nada suaviza tanto la aspereza masculina como la bondad y la amabilidad de una mujer santa. Y esto fue lo que salvó el temperamento de Luis. Cuando su padre estallaba en arrebatos de mal humor, el joven se refugiaba en sitios solitarios y allí rezaba a la Virgen amable, a la Madre del Señor. Y esto lo hará durante toda su vida. En sus 43 años de vida, cuando sea incomprendido, perseguido, insultado con el mayor desprecio, encontrará siempre la paz orando a la Reina Celestial, confiando en su auxilio poderoso y desahogando en su corazón de Madre, las penas que invaden su corazón de hijo.

Con grandes sacrificios logró conseguir con qué ir a estudiar al más famoso seminario de Francia, el seminario de San Suplicio en París. Allí sobresalió como un seminarista totalmente mariano. Sentía enorme gozo en mantener siempre adornado de flores el altar de la Santísima Virgen.

Luis Grignon de Montfort será un gran peregrino durante su vida de sacerdote. Pero cuando él era seminarista concedían un viaje especial a un Santuario de la Virgen a los que sobresalieran en piedad y estudio. Y Luis se ganó ese premio. Se fue en peregrinación al Santuario de la Virgen en Chartres. Y al llegar allí permaneció ocho horas seguidas rezando de rodillas, sin moverse. ¿Cómo podía pasar tanto tiempo rezando así de inmóvil? Es que él no iba como algunos de nosotros a rezar como un mendigo que pide que se le atienda rapidito para poder alejarse. El iba a charlas con sus dos grandes amigos, Jesús y María. Y con ellos las horas parecen minutos.

Su primera Misa quiso celebrarla en un altar de la Virgen, y durante muchos años la Catedral de Nuestra Señora de París fue su templo preferido y su refugio.

San Luis María de Montfort dedicó todas sus grandes cualidades de predicador y de conductor de multitudes a predicar misiones para convertir pecadores. Grandes multitudes lo seguían de un pueblo a otro, después de cada misión, rezando y cantando. Se daba cuenta de que el canto echa fuera muchos malos humores y enciende el fervor. Decía que una misión sin canto era como un cuerpo sin alma. El mismo componía la letra de muchas canciones a Nuestro Señor y a la Virgen María y hacía cantar a las multitudes. Llegaba a los sitios más impensados y preguntaba a las gentes: "¿Aman a Nuestro Señor? ¿Y por qué no lo aman más? ¿Ofenden al buen Dios? ¿Y porqué ofenderlo si es tan santo?".

Era todo fuego para predicar. Donde Montfort llegaba, el pecado tenía que salir corriendo. Pero no era él quien conseguía las conversiones. Era la Virgen María a quien invocaba constantemente. Ella rogaba a Jesús y Jesús cambiaba los corazones. Después de unos Retiros dejó escrito: "Ha nacido en mí una confianza sin límites en Nuestro Señor y en su Madre Santísima". No tenía miedo ni a las cantinas, ni a los sitios de juego, ni a los lugares de perdición. Allí se iba resuelto a tratar de quitarse almas al diablo. Y viajaba confiado porque no iba nunca solo. Consigo llevaba el crucifijo y la imagen de la Virgen, y Jesús y María se comportaban con él como formidables defensores.

A pie y de limosna se fue hasta Roma, pidiendo a Dios la eficacia de la palabra, y la obtuvo de tal manera que al oír sus sermones se convertían hasta los más endurecidos pecadores. El Papa Clemente XI lo recibió muy amablemente y le concedió el título de "Misionero Apostólico", con permiso de predicar por todas partes.

En cada pueblo o vereda donde predicaba procuraba dejar una cruz, construida en sitio que fuera visible para los caminantes y dejaba en todos un gran amor por los sacramentos y por el rezo del Santo Rosario. Esto no se lo perdonaban los herejes jansenistas que decían que no había que recibir casi nunca los sacramentos porque no somos dignos de recibirlos. Y con esta teoría tan dañosa enfriaban mucho la fe y la devoción. Y como Luis Montfort decía todo lo contrario y se esforzaba por propagar la frecuente confesión y comunión y una gran devoción a Nuestra Señora, lo perseguían por todas partes. Pero él recordaba muy bien aquellas frases de Jesús: "El discípulo no es más que su maestro. Si a Mí me han perseguido y me han inventado tantas cosas, así os tratarán a vosotros". Y nuestro santo se alegraba porque con las persecuciones se hacía más semejante al Divino Maestro.

Antes de ir a regiones peligrosas o a sitios donde mucho se pecaba, rezaba con fervor a la Santísima Virgen, y adelante que "donde la Madre de Dios llega, no hay diablo que se resista". Las personas que habían sido víctimas de la perdición se quedaban admiradas de la manera tan franca como les hablaba este hombre de Dios. Y la Virgen María se encargaba de conseguir la eficacia para sus predicaciones.

San Luis de Montfort fundó unas Comunidades religiosas que han hecho inmenso bien en las almas. Los Padres Montfortianos (a cuya comunidad le puso por nombre "Compañía de María") y las Hermanas de la Sabiduría.

Murió San Luis el 28 de abril de 1716, a la edad de 43 años, agotado de tanto trabajar y predicar.

ORACIÓN
San Luis Grignon de Montfort, ruega a la Virgen Santísima 
que nos envíe muchos apóstoles que, como tú, se dediquen 
a hacer y a amar más y más a Jesús.




Sobre la tumba de San Luis de Montfort dice:

¿Qué miras, caminante? Una antorcha apagada, un hombre a quien el fuego del amor consumió, y que se hizo todo para todos, Luis María Grignon Montfort.

¿Preguntas por su vida? No hay ninguna más íntegra, ¿Su penitencia indagas? Ninguna más austera. ¿Investigas su celo? Ninguno más ardiente. ¿Y su piedad Mariana? Ninguno a San Bernardo más cercano. 

Sacerdote de Cristo, a Cristo reprodujo en su conducta, y enseñó en sus palabras. Infatigable, tan sólo en el sepulcro descansó, fue padre de los pobres, defensor de los huérfanos, y reconciliador de los pecadores.


Su gloriosa muerte fue semejante a su vida. Como vivió, murió.

Maduro para Dios, voló al cielo a los 43 años de edad.

Fuente: EWTN

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jueves, 19 de abril de 2018

El corazón del Padre Pío en la Argentina

Todo listo para recibir el corazón del Padre Pío en la Argentina




Buenos Aires (AICA): El corazón de San Pío de Pietrelcina recorrerá la Argentina del 19 al 25 de abril. Se prevé que miles de fieles y devotos se acercarán a venerar la reliquia santo, en el marco del 50º aniversario de la muerte del santo y del centenario de la aparición de los estigmas de la Pasión de Jesucristo en su cuerpo. 

Devotos y fieles se preparan para recibir el corazón de San Pío de Pietrelcina que llegará a la Argentina desde san Giovanni Rotondo, Italia, el jueves 19 de abril. 

La reliquia, que será expuesta a la veneración hasta el 25 de abril, recorrerá diferentes lugares, en el marco del 50º aniversario de la muerte del santo y del centenario de la aparición de los estigmas de la Pasión de Jesucristo en su cuerpo. 

A continuación el cronograma: 

Desde su llegada y hasta el 20 de abril, la reliquia permanecerá en la catedral metropolitana de la Santísima Trinidad, en Buenos Aires. El jueves 19 será recibida con una misa a las 12.30. A las 16 se rezará el rosario con meditaciones del Padre Pío y, luego, a las 17.30, misa por los enfermos. El viernes 20 se celebrarán misan a las 7.45, 8.30, 12.30 y 17.30, con rosario meditado a las 16. 

El sábado 21 será expuesta en la basílica y santuario nacional Nuestra Señora de Luján. Será recibido con la celebración de la misa a las 10. Se podrá venerar en el altar del Sagrado Corazón. Se celebrarán misas a las 11, a las 15 y a las 17, de despedida. Al mediodía habrá bautismos y, a las 16, el rosario meditado. 

El domingo 22 de abril, el corazón del Padre Pío llegará al santuario Nuestra Señora del Rosario de Pompeya (avenida Sáenz y Esquiú). Se celebrarán misas a las 10, 11.30, 17.30. El rosario con meditaciones del Padre Pio se rezará a las 16.30. 



El lunes 23 estará expuesto en la basílica Nuestra Señora de la Piedad (Bartolomé Mitre 1524). Será recibido a las 9 con una misa. A las 10, se realizará una “plática para niños”, a cargo de la Animación Argentina de los grupos de oración del Padre Pío. Luego, se celebrarán misas a las 12 y las 19, y se rezará el rosario, a las 18. 

El martes 24 de abril la reliquia visitará la capilla Divino Niño del hospital de Pediatría “Profesor Doctor Juan Pedro Garrahan”, en la ciudad de Buenos Aires. Habrá misas a las 10, 12 y 17 y una “plática para niños” a las 11, a cargo de la Animación nacional, y una “plática para las familias”, a las 16, a cargo de Fray Carlos María Laborde OFMCap. 

Finalmente, el miércoles 25, último día de su estadía en el país, volverá a la catedral de Buenos Aires, donde se celebrarán misas a las 7.45, 8.30, 12.30 y 17.30, y se rezará el rosario meditado a las 16. 

Sobre la reliquia que visitará la Argentina 
La reliquia del corazón del Santo, una parte del miocardio venerado por separado desde la visita papal de Benedicto XVI a San Giovanni Rotondo, tiene un significado especial porque recuerda el fenómeno místico de transverberación, experimentado por San Pío en 1918. 

El religioso sintió que su corazón fue traspasado por un dardo encendido que dejó una "herida de amor", que fue el preludio de los estigmas. 

"Estaba yo confesando a nuestros muchachos en la tarde del día cinco, cuando, de repente, me sentí dominado por un extremo terror a la vista de un personaje celeste que se me presentaba ante la vista de la inteligencia", relató el Santo en su epistolario. "Tenía en su mano una especie de arnés, instrumento semejante a una larga lámina de hierro, con una punta muy afilada y que parecía que de esta punta saliese fuego. Ver todo esto y observar cómo dicho personaje lanzaba dicho arnés con gran violencia sobre el alma, fue todo una misma cosa. Lancé un muy apurado lamento; me sentí morir. Dije al niño que en aquellos momentos estaba confesando, que se retirase porque me sentía mal y no podía seguir las confesiones". 

San Pío de Pietrelcina, recordado devotamente como "Padre Pío", nació en Pietrelcina, Italia, el 25 de mayo de 1887. Vivió una vida religiosa discreta como capuchino, pero las manifestaciones sobrenaturales de diversos dones atrajeron numerosos fieles a quienes servía sobre todo en el Sacramento de la penitencia. Sufrió graves incomprensiones y acusaciones, pero finalmente la Iglesia reconoció la veracidad de sus dones. Su fiesta se celebra el 23 de septiembre. 

La reliquia será traída por el padre guardián de san Giovanni Rotondo, Fray Carlos María Laborde OFMCap. 

Los grupos del Padre Pío 
Estos grupos están en la Argentina desde hace 20 años. Se reúnen al menos una vez al mes para orar ante el Santísimo Sacramento por la Iglesia, el Santo Padre, los sacerdotes, las vocaciones, los enfermos y dolientes, por la Argentina y las intenciones de quienes se encomiendan por diversas vías. 

Informes, pedidos de oración y orientación para la formación de nuevos grupos a santopadrepio23@gmail.com o a través de la página de Facebook “Reliquias Padre Pio”. Página de internet: www.san-pio.org.+ 

Fuente: AICA

lunes, 16 de abril de 2018

Santa Bernardita Soubirous

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Festividad: 16 de abril
18 de febrero (Culto local)
Santa Bernardita Soubirous
(1879)

Velas

Santa Bernardette nació en Lourdes (Francia) en 1844. Hija de padres supremamente pobres. En el bautismo le pusieron por nombre María Bernarda (nombre que ella empleará después cuando sea religiosa) pero todos la llamaban Bernardita.

Era la mayor de varios hermanos. Sus padres vivían en un sótano húmedo y miserable, y el papá tenía por oficio botar la basura del hospital. La niña tuvo siempre muy débil salud a causa de la falta de alimentación suficiente, y del estado lamentablemente pobre de la habitación donde moraba. En los primeros años sufrió la enfermedad de cólera que la dejó sumamente debilitada. A causa también del clima terriblemente frío en invierno, en aquella región, Bernardita adquirió desde los diez años la enfermedad del asma, que al comprimir los bronquios produce continuos ahogos y falta de respiración.

Esta enfermedad la acompañará y la atormentará toda su vida. Al final de su existencia sufrirá también de tuberculosis. En ella se cumplieron aquellas palabras de Jesús: "Mi Padre, el árbol que más quiere, más lo poda (con sufrimientos) para que produzca más frutos" (Jn. 15).

En Bernardita se cumplió aquello que dijo San Pablo: "Dios escoge a lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir las vanidades del mundo". Bernardita a los 14 años no sabía leer ni escribir ni había hecho la Primera Comunión porque no había logrado aprenderse el catecismo. Pero tenía unas grandes cualidades: rezaba mucho a la Virgen y jamás decía una mentira. Un día ve unas ovejas con una mancha verde sobre la lana y pregunta al papá: ¿Por qué tienen esa mancha verde? El papá queriendo chancearse, le responde: "Es que se indigestaron por comer demasiado pasto". La muchachita se pone a llorar y exclama: "Pobres ovejas, se van a reventar". Y entonces el señor Soubirous le dice que era una mentirilla. Una compañera le dice: "Es necesario ser muy tonta para creer que eso que le dijo su padre era verdad". Y Bernardita le responde: ¡Es que como yo jamás he dicho una mentira, me imaginé que los demás tampoco las decían nunca!

Desde el 11 de febrero de 1859 hasta el 16 de julio del mismo año, la Sma. Virgen se le aparece 18 veces a Bernardita. Las apariciones las podemos leer en detalle en el día 11 de febrero. Nuestra Señora le dijo: "No te voy a hacer feliz en esta vida, pero sí en la otra". Y así sucedió . La vida de la jovencita, después de las apariciones estuvo llena de enfermedades, penalidades y humillaciones, pero con todo esto fue adquiriendo un grado de santidad tan grande que se ganó enorme premio para el cielo.

Las gentes le llevaban dinero, después de que supieron que la Virgen Santísima se le había aparecido, pero ella jamás quiso recibir nada. Nuestra Señora le había contado tres secretos, que ella jamás quiso contar a nadie. Se conservó siempre muy pobre y apartada de toda exhibición. Ella no era hermosa, pero después de las apariciones, sus ojos tenían un brillo que admiraba a todos.

Le costaba mucho salir a recibir visitas porque todos le preguntaban siempre lo mismo y hasta algunos declaraban que no creían en lo que ella había visto. Cuando la mamá la llamaba a atender alguna visita, ella se estremecía y a veces se echaba a llorar. "Vaya ", le decía la señora, ¡tenga valor! Y la jovencita se secaba las lágrimas y salía a atender a los visitantes demostrando alegría y mucha paciencia, como si aquello no le costara ningún sacrificio.

Para burlarse de ella porque la Virgen le había dicho que masticara unas hierbas amargas, como sacrificio, el sr. alcalde le dijo: ¿Es que la confundieron con una ternera? Y la niña le respondió: ¿Señor alcalde, a usted si le sirven lechugas en el almuerzo? "Claro que sí" ¿Y es que lo confunden con un ternero? Todos rieron y se dieron cuenta de que era humilde pero no era tonta.

Bernardita pidió ser admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. Demoraron en admitirla porque su salud era muy débil. Pero al fin la admitieron. A los 4 meses de estar en la comunidad estuvo a punto de morir por un ataque de asma, y le recibieron sus votos religiosos, pero enseguida curó.

En la comunidad hizo de enfermera y de sacristana, y después por nueve años estuvo sufriendo una muy dolorosa enfermedad. Cuando le llegaban los más terribles ataques exclamaba: "Lo que le pido a Nuestro Señor no es que me conceda la salud, sino que me conceda valor y fortaleza para soportar con paciencia mi enfermedad. Para cumplir lo que recomendó la Sma. Virgen, ofrezco mis sufrimientos como penitencia por la conversión de los pecadores".


Uno de los medios que Dios tiene para que las personas santas lleguen a un altísimo grado de perfección, consiste en permitir que les llegue la incomprensión, y muchas veces de parte de personas que están en altos puestos y que al hacerles la persecución piensan que con esto están haciendo una obra buena.

Bernardita tuvo por superiora durante los primeros años de religiosa a una mujer que le tenía una antipatía total y casi todo lo que ella hacía lo juzgaba negativamente. Así, por ejemplo, a causa de un fuerte y continuo dolor que la joven sufría en una rodilla, tenía que cojear un poco. Pues bien, la superiora decía que Bernardita cojeaba para que la gente al ver las religiosas pudiera distinguir desde lejos cuál era la que había visto a la Virgen. Y así en un sinnúmero de detalles desagradables la hacía sufrir. Y ella jamás se quejaba ni se disgustaba por todo esto. Recordaba muy bien la noticia que le había dado la Madre de Dios: "No te haré feliz en esta vida, pero sí en la otra".

Duró quince años de religiosa. Los primeros 6 años estuvo trabajando, pero fue tratada con mucha indiferencia por las superioras. Después los otros 9 años padeció noche y día de dos terribles enfermedades: el asma y la tuberculosis. Cuando llegaba el invierno, con un frío de varios grados bajo cero, se ahogaba continuamente y su vida era un continuo sufrir.

Deseaba mucho volver a Lourdes, pero desde el día en que fue a visitar la Gruta por última vez para irse de religiosa, jamás volvió por allí. Ella repetía: "Ah quién pudiera ir hasta allá, sin ser vista. Cuando se ha visto una vez a la Sma. Virgen, se estaría dispuesto a cualquier sacrificio con tal de volverla a ver. Tan bella es".

Al llegar a la Comunidad reunieron a las religiosas y le pidieron que les contara cómo habían sido las apariciones de la Virgen. Luego le prohibieron volver a hablar de esto, y en los 15 años de religiosa ya no se le permitió tratar este tema. Son sacrificios que a los santos les preparan altísimo puesto en el cielo.

Cuando ya le faltaba poco para morir, llegó un obispo a visitarla y le dijo que iba camino de Roma, que le escribiera una carta al Santo Padre para que le enviara una bendición, y que él la llevaría personalmente. Bernardita, con mano temblorosa, escribe: "Santo Padre, qué atrevimiento, que yo una pobre hermanita le escriba al Sumo Pontífice. Pero el Sr. Obispo me ha mandado que lo haga. Le pido una bendición especial para esta pobre enferma". A vuelta del viaje el Sr. Obispo le trajo una bendición especialísima del Papa y un crucifijo de plata que le enviaba de regalo el Santo Padre.

El 16 de abril de 1879, exclamó emocionada: "Yo vi la Virgen. Sí, la vi, la vi ¡Que hermosa era!" Y después de unos momentos de silencio exclamó emocionada: "Ruega Señora por esta pobre pecadora", y apretando el crucifijo sobre su corazón se quedó muerta. Tenía apenas 35 años.

A los funerales de Bernardita asistió una muchedumbre inmensa. Y ella empezó a conseguir milagros de Dios en favor de los que le pedían su ayuda. Y el 8 de diciembre de 1933, el Santo Padre Pío Once la declaró santa.


Santa Bernardette

Bernardita: tú que tuviste la dicha de ver a la Sma. Virgen aquí en la tierra, haz que nosotros tengamos la dicha de verla y acompañarla para siempre en el cielo.



Nevers, el «otro» Lourdes: allí Bernadette 
vivió sus últimos años 
Nevers, el «otro» Lourdes: allí Bernadette vivió sus últimos años y reposa incorrupta
En Nevers descansa el cuerpo incorrupto de Bernadette... 
pasa medio millón de peregrinos al año

Cada año cinco millones de personas peregrinan a Lourdes, pero "sólo" medio millón lo hacen también -o, sencillamente, lo hacen- al convento de las Hermanas de la Caridad y la Instrucción Cristiana en Nevers, el el corazón geográfico de Francia. 

Bernadette buscó en ese convento alejarse del protagonismo que indudablemente habría rodeado su vida en la aldea donde nació y donde, entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, vio dieciocho veces a Nuestra Señora. Aun siendo ya el siglo del ferrocarril, en el siglo XIX los setecientos kilómetros de distancia entre ambos enclaves eran lo bastante disuasorios para quien buscaba la soledad del amor de Dios. A pesar de lo cual miles de personas acudieron a visitarla en vida bajo su nueva condición de consagrada.

Bernardita llegó a Nevers en 1866 y nunca regresó a su tierra, muriendo el 16 de abril de 1879 a los 35 años de edad. La escritora católica Marcelle Auclair, al redactar la biografía de la Santa a partir de sus testimonios y escritos, compuso el que se conoce como su testamento espiritual (ver abajo). Lo es en la medida en que refleja su alma sencilla y las huellas del sufrimiento que en ella dejaron la miseria y el hambre, las afrentas e incomprensiones, no menores entre algunas compañeras de convento que las que había conocido cuando empezó a anunciar que la Santísima Virgen se le aparecía.


El convento de St Gildard en Nevers,
 donde pasó la santa sus últimos trece años de vida.

Santa Bernardette, ya como Hermana María Bernarda, sólo habló ante sus hermanas una vez de las apariciones, y la superiora no consintió que el tema volviera a salir en las conversaciones del claustro, con objeto de no distraer la vida conventual y, sobre todo, de permitir a la joven novicia continuar en paz su camino hacia el Señor. En 1867 profesó como religiosa, y pasó los años de su vocación en todo tipo de trabajos, en ocasiones los más duros, de limpieza y enfermería, minada por el asma y la tuberculosis. 

La exhumación
Cuando se abrió el féretro en 1909, treinta años después de su muerte, los forenses lo encontraron incorrupto. Lo mismo sucedió en 1919 y en 1929. El rosario que anudaba sus manos se había podrido y oxidado, y el hábito aparecía deshecho, y sin embargo el hígado, uno de los órganos que primero se descomponen, estaba intacto al cabo de tres décadas de su muerte, e intactos aparecían también los dientes y las uñas. Incluso en su organismo se encontraron líquidos...


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Así describieron los doctores David y Jordan lo que se encontraron en la primera exhumación:

"Se abrió el féretro. No percibimos ningún olor. El cuerpo estaba revestido por los hábitos de la Orden, bastante húmedos. Sólo el rostro, las manos y parte de los antebrazos estaban descubiertos. La cabeza estaba inclinada a la izquierda, el rostro era de un blanco pálido. La piel, pegada a los músculos, y los músculos pegados a los huesos. Los párpados, hundidos, cubrían los ojos. La nariz estaba apergaminada y afilada. La boca, ligeramente abierta, dejaba ver los dientes todavía juntos. Las manos, cruzadas sobre el pecho y perfectamente conservadas junto con las uñas, apretaban un rosario comido por el óxido. En los antebrazos se veía el relieve de las venas. También los pies, como las manos, habían conservado totalmente las uñas. Después de haberle quitado el hábito y el velo de la cabeza, se vio todo el cuerpo apergaminado, rígido y sonoro en todas sus partes. Se constató que el cabello, corto, estaba aún en el cráneo y unido al cuero cabelludo; que las orejas estaban en perfecto estado de conservación; que el lado izquierdo del cuerpo, desde la cadera, era más alto que el derecho. Las partes inferiores del cuerpo estaban un poco ennegrecidas. Esto parece deberse al carbono que se encontró en gran cantidad en el féretro".

En 1925 empezó a exponerse públicamente el cuerpo, primero en un jardín del convento y posteriormente en la capilla. Las manos y el rostro aparecen recubiertos por una fina capa de cera que se le aplicó ese año para paliar su decoloración. El aspecto de la santa impresiona por la dulzura del gesto y la cercanía de una imagen de María, compañía en la estancia ahora que su alma ya anda en coloquios cotidianos con la Señora, como aquellas dieciocho veces hace 157 años, que tan a poco le supieron.





Testamento espiritual de Santa Bernadette en Nevers, redactado por Marcelle Auclair

Por la pobreza en la que vivieron papá y mamá, por los fracasos que tuvimos, porque se arruinó el molino, por haber tenido que cuidar niños, vigilar huertos frutales y ovejas y por mi constante cansancio... te doy gracias, Jesús.

Te doy gracias, Dios mío, por el fiscal y por el comisario, por los gendarmes y por las duras palabras del padre Peyramale...

No sabré cómo agradecerte, si no es en el paraíso, por los días en que viniste, María, y también por aquellos en los que no viniste. Por la bofetada recibida y por las burlas y ofensas sufridas, por aquellos que me tenían por loca, y por aquellos que veían en mí a una impostora; por aquel que trataba de hacer un negocio... te doy gracias, Madre. 

Por la ortografía que jamás aprendí, por la mala memoria que siempre tuve, por mi ignorancia y por mi estupidez, te doy las gracias.

Te doy las gracias porque si hubiese existido en la tierra un niño más ignorante y estúpido, tú lo hubieses escogido.

Porque mi madre haya muerto lejos. Por el dolor que sentí cuando mi padre, en vez de abrazar a su pequeña Bernardita, me llamó "Hermana María Bernarda"... te doy las gracias.

Te doy las gracias por el corazón que me has dado, tan delicado y sensible, y que colmaste de amargura.

Porque la Madre Josefa anunciase que no sirvo para nada, te doy las gracias. Por el sarcasmo de la madre maestra, por su dura voz, por sus injusticias, por su ironía y por el pan de la humillación... te doy las gracias.

Gracias por haber sido como soy, por que la Madre Teresa pudiese decir de mí: "Jamás le cedáis lo suficiente".

Doy las gracias por haber sido una privilegiada en la indicación de mis defectos y que otras hermanas pudieran decir: ¡Qué suerte que no soy Bernardita!

Agradezco haber sido la Bernardita a la que amenazaron con llevar a la cárcel porque te vi a ti, Madre... Agradezco que fui una Bernardita tan pobre y tan miserable que, cuando me veían, la gente decía: "¿Esa cosa es ella?". La Bernardita que la gente miraba como si fuese el animal más exótico. 

Por el cuerpo que me diste, digno de compasión y putrefacto... por mi enfermedad que arde como el fuego y quema como el humo, por mis huesos podridos, por mis sudores y fiebre, por los dolores agudos y sordos que siento... te doy las gracias, Dios mío. 


Y por el alma que me diste, por el desierto de mi sequedad interior, por tus noches y tus relámpagos, por tus rayos... por todo. Por ti mismo, cuando estuviste presente y cuando faltaste... te doy las gracias, Jesús...

lunes, 9 de abril de 2018

La Anunciación


¿Quién es Ésta que va subiendo cual aurora naciente, 

bella como la luna, brillante como el sol,

terrible como un ejército formado en batalla? 


Proclama mi alma la grandeza del Señor, 
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, 
porque ha mirado la humillación de su esclava.


Desde ahora todas las generaciones
me llamarán bendita
porque el Todopoderoso 
ha hecho obras grandes en mí. 
Su nombre es Santo 
y su misericordia llega a sus fieles 
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo, 
dispersa a los soberbios de corazón. 
Derriba del trono a los poderosos 
y enaltece a los humildes. 
A los hambrientos los colma de bienes 
y a los ricos despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo, 
acordándose de su misericordia 
según lo había prometido a nuestros padres 
en favor de Abrahán 
y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en principio 
ahora y siempre por los siglos de los siglos.
Amen.

domingo, 8 de abril de 2018

Fiesta de la Divina Misericordia: 1er. Domingo después de Pascua: Remisión total de las culpas

Tal y como Jesús lo deseaba, esta Fiesta es enaltecida con la indulgencia plenaria:  

“El alma que acuda a la Confesión y que reciba la Santa Comunión,  obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. Que ningún alma tema acercarse" (Diario 699).

“El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud” (Diario, 1448)



Fiesta instituida por el Papa Juan Pablo II quien, al canonizar a Santa Faustina el 30 de Abril del 2000,  declaró el segundo domingo de Pascua (domingo posterior al de Resurrección) como el “Domingo de la Misericordia Divina”:

En su homilía, el Papa pronunció las siguientes palabras: 

“Así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de "Domingo de la Divina Misericordia". 


Con la institución de esta Fiesta, el Papa concluyó la tarea asignada por Nuestro Señor Jesús a Santa Faustina en Polonia, 69 años atrás, cuando en Febrero de 1931 le dijo:  “Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia”.

Tal y como Jesús lo deseaba, esta Fiesta es enaltecida con la indulgencia plenaria:  “El alma que acuda a la Confesión y que reciba la Santa Comunión,  obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. Que ningún alma tema acercarse" (Diario 699).

“El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud” (Diario, 1448)

La Fiesta de la Divina Misericordia ocupa el primer lugar entre todos los elementos de la devoción a la Divina Misericordia pedida por Nuestro Señor a través de Santa Faustina. La voluntad del Señor respecto al establecimiento de esta Fiesta fue manifestada desde Sus primeras revelaciones a la Santa. En total, fueron catorce las revelaciones sobre esta Fiesta.




Esta Fiesta marcó la muerte del Papa Juan Pablo II.  Nuestro Señor quiso darle gran importancia a esta Fiesta, destacándola con la partida del Papa a la vida eterna, por ser un gran promotor y difusor de la Misericordia, tanto con su enseñanza como con su vida, ya que el mismo afirmaba  que “la Misericordia es la única esperanza para el mundo”, tal y como Jesús lo manifestó. Juan Pablo II   había preparado un mensaje para que fuera leído con motivo de la oración mariana del «Regina Caeli» en ese Domingo de la Misericordia. El mensaje póstumo, fué leído tras la Misa en sufragio del Santo Padre en la plaza de San Pedro del Vaticano.

 La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos ... "y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia" (Diario, 723). En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones... "porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil" (Diario, 742).

Con el fin de celebrar apropiadamente esta Fiesta, se recomienda rezar La Coronilla y La Novena a la Divina Misericordia (iniciando la Novena el Viernes Santo); confesarse -para lo cual es indispensable realizar primero un buen examen de conciencia-, y recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta de la Divina Misericordia.


Toda la vida terrena del Siervo de Dios Karol Wojtyla se ha desarrollado en la entrega a la Divina Misericordia y se ha concluido en la vigilia de la Fiesta de este misterio, que él mismo había instituido. Gracias a su beatificación, que llevó a cabo su sucesor  el Papa Benedicto XVI, el 10 de Mayo 2011, día de la Fiesta de la Misericordia, resplandeció de nuevo, de modo poderoso, la bondad de Dios hacia los hombres y continuará resplandeciendo, aún más, con la canonización de Juan Pablo II, también en la Fiesta de la Divina Misericordia,  el 27 de Abril  del año 2014,  fecha elegida por el Papa Francisco.



Promesas del Señor de la Divina Misericordia

En revelaciones a Santa Faustina Kowalska (Polonia 1931-1938), Jesús hizo promesas extraordinarias, que quedan expresadas en el Diario de la Santa:

 A quienes veneren la Imagen de la Divina Misericordia:

"Yo prometo al alma que venere esta Imagen  que no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo, el Señor, la protegeré como a Mi propia Gloria” (Diario, 48)

“Por medio de esta imagen colmaré a las almas con muchas gracias, por eso que cada alma tenga acceso a ella” (Diario, 570)

“Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la firma: Jesús en Ti confío”(Diario, 327)

“Estos rayos  protegen a las almas de la indignación de Mi padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios” (Diario, 299)

Jesús dijo que preservaría a las ciudades y casas en las cuales se encontrase esta Imagen. (Nota: Las importantes poblaciones de Cracovia y Vilna, donde estaba establecida esta devoción, fueron preservadas de la destrucción casi total de Polonia en la Segunda guerra mundial.)

A las almas que Confían:

“El alma que confía en Mi misericordia es la más felíz porque yo tengo cuidado de ella” (Diario, 1273)

“Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro que pidan mucho porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo” (Diario, 1578)

“He abierto Mi corazón como una fuente viva de misericordia. Que todas las almas tomen vida de ella. Que se acerquen con gran confianza a este mar de misericordia. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en Mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con Mi paz divina” (Dario, 1520)

“Ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en Mi bondad.” (Diario, 1541)

“Quien confía en mi misericordia no perecerá porque todos sus asuntos son Míos y los enemigos se estrellarán a los pies de Mi escabel” (Diario, 723)

A quienes propaguen la Divina Misericordia:

"A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas el Juez, sino el Salvador Misericordioso" (Diario, 1075)

“...a todos los que proclamen esta gran misericordia Mía. Yo mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche” (Diario, 379)

“ Todas las almas que Adoren Mi misericordia y propaguen la devoción invitando a otras almas a confiar en Mi misericordia no experimentarán terror en la hora de la muerte. Mi misericordia las protegerá en ese último combate” (Diario, 1540).


A quienes recen a la hora de la misericordia (3:00 pm):

" En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión..."(Diario, 1320)

“En esa hora puedes obtener todo lo que pides para ti y para los demás.  En esa  hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia” (Diario, 1572)


A quienes recen la Coronilla a  la Divina Misericordia:

 "Defenderé como Mi gloria a cada alma que rece esta coronilla en la hora de la muerte, o cuando los demás la recen junto al agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón. Cuando cerca de un agonizante es rezada esta Coronilla, se aplaca la ira divina y la insondable Misericordia envuelve al alma y se conmueven las entrañas de Mi Misericordia por la dolorosa Pasión de Mi Hijo" (Diario, 811)

“Cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador Misericordioso.” (Diario, 1541)

"Reza incesantemente esta Coronilla que te he enseñado. Quienquiera que la rece recibirá gran Misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes se la recomendarán a los pecadores como la última tabla de salvación" (Diario, 687)

“Cuando la recen los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz.” (Diario, 1541)

"A través de ella  obtendrás todo, si lo que pides está  de acuerdo con Mi Voluntad." (Diario, 1731)

A quienes recen la Novena a la Divina Misericordia:

“Durante este novenario concederé a las almas toda clase de gracias” (Diario, 796)

A los sacerdotes:

“Diles a mis sacerdotes que los pecadores más empedernidos se ablandarán bajo sus palabras cuando ellos hablen de Mi misericordia insondable, de la compasión que tengo por ellos en Mi Corazón.  A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones a los cuales hablen” (Diario, 1521)

Para los pecadores:

“Cuando reces esta oración con corazón contrito y con fe por algún pecador, le concederé la gracia de la conversión. Esta oración es la siguiente:
Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como una fuente de Misericordia para nosotros, en Ti Confío"

En La Fiesta de la Divina Misericordia, segundo Domingo de Pascua (Domingo posterior al de Resurrección):

“Di a las almas que les doy Mi misericordia como defensa, lucho por ellas Yo solo y soporto la justa ira de Mi padre.., esta Fiesta ha brotado de las entrañas de Mi misericordia para el consuelo del mundo entero” (Diario, 1517)

“..refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de la penas.. Que ningún alma tenga miedo de acercarse a Mi, aunque sus pecados sean como escarlata. La humanidad no conocerá la paz hasta que no se dirija a la fuente de Mi misericordia” (Diario, 699)