jueves, 6 de agosto de 2015

La Transfiguración de Jesús


 La Transfiguración de Cristo representa uno de los acontecimientos centrales en su vida terrenal que se encuentra relatado en los Evangelios. Inmediatamente después de que el Señor fue reconocido por sus apóstoles como “el Cristo (Mesías)”, “el Hijo del Dios viviente”, les dijo que “le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.” (Mateo 16,21). La reacción de los apóstoles a este anuncio de Cristo acerca de su próxima pasión y muerte fue de indignación. Y luego, después de reprocharles, el Señor tomó a Pedro, a Santiago y a Juan “aparte a un monte Alto”, de acuerdo a la tradición el Monte de Tabor, y “se transfiguró delante de ellos.”

"… y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas; una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: 'Este es mi Hijo Amado, en quien tengo complacencia; escuchadlo'. Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor.

Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: "Levantaos y no temáis". Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús sólo. Cuando descendieron del monte,  Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos". (Mateo 17,1-9; ver también Marcos 9,1-9; Lucas 9,28-36; II Pedro 1,16-18)

La fiesta judía de las Tiendas era una celebración de la morada de Dios con los seres humanos, y la transfiguración de Cristo revela que Dios “habita” en el Mesías y se manifiesta por él, hombre de carne y huesos. No hay dudas de que la transfiguración de Cristo sucedió en el tiempo de la Fiesta de las Tiendas, y que la celebración del acontecimiento en la Iglesia Cristiana llegó a ser el cumplimiento neotestamentario de esta fiesta del Antiguo Testamento, de manera muy similar a las fiestas de la Pascua y Pentecostés.

En la Transfiguración, los apóstoles se dieron cuenta que en Cristo verdaderamente “habita corporalmente toda la plenitud de la Divinidad”, que “agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (Colosenses 1,19; 2,9). Jesús les permite ver todo esto antes de la Crucifixión, a fin de que ellos sepan quién es el que sufrirá por ellos, y qué es lo que Él, que es Dios, ha preparado para aquellos que le aman. Esto es lo que la Iglesia celebra en la fiesta de la Transfiguración.

Cuando te transfiguraste, oh Cristo Dios, en el Monte Tabor, revelaste tu gloria a tus discípulos según la pudieron captar. Haz resplandecer sobre nosotros pecadores Tu Luz Eterna, por la Intercesión de la Madre de Dios. Tú que concedes la Luz, gloria a Ti. (Tropario)

Te transfiguraste en el Monte, oh Cristo Dios, y tus discípulos vieron tu gloria en cuanto pudieron; para que cuando Te vieran crucificado, comprenderían que Tu sufrimiento era voluntario, y proclamarían al mundo que Tú en verdad Eres el Esplendor del Padre. (Kontakion)
                       
Además del significado fundamental que el acontecimiento de la Transfiguración posee dentro del contexto de la vida y misión de Cristo, del tema de la gloria de Dios que es revelada en todo su esplendor en el rostro de Cristo el Salvador, la presencia de Moisés y Elías es también de gran importancia para la comprensión y celebración de esta fiesta. Muchos de los himnos hacen referencia a estas dos figuras centrales de la Antigua Alianza, tal como lo hacen las tres lecturas de las Escrituras designadas para el oficio de Vísperas, que hablan de la manifestación de la gloria de Dios a estos santos varones de antaño. (24,12-18; 33,11-34,8; I Reyes 19,3-16)

Moisés y Elías, según los versos litúrgicos, no son solamente las más grandes figuras del Antiguo Testamento quienes vienen ahora para adorar al Hijo de Dios en gloria, ni tampoco son meramente dos de los varones santos a quienes Dios se reveló en las teofanías prefigurativas de la Antigua Alianza de Israel. Estas dos figuras en verdad representan el Antiguo Testamento mismo: Moisés representa a la Ley, y Elías a los Profetas. Y Cristo es el cumplimiento de la Ley y de los Profetas (Mateo 5,17)

Ellos también representan a los vivos y a los muertos, pues Moisés falleció y se conoce su lugar de sepultura, mientras Elías fue llevado al cielo vivo para aparecer nuevamente a anunciar el tiempo de la salvación de Dios en Cristo.

 Entonces, apareciendo juntos a Jesús en el Monte de la Transfiguración,  Moisés y Elías confirman que el Mesías-Salvador está aquí, y que Él es el Hijo de Dios de quien el Padre mismo da testimonio, el Señor de la Creación, del Antiguo Testamento y del Nuevo, de los vivos y de los muertos. La Transfiguración de Cristo en sí es el cumplimiento de todas las teofanías  y manifestaciones de Dios, una consumación perfeccionada y completada en la persona de Jesucristo. La Transfiguración de Cristo nos revela nuestro propio destino como cristianos, el destino final de todos los seres humanos y de la creación entera, el de la transformación radical del ser y su glorificación por el majestuoso esplendor de Dios.

Lo más probable es, que originalmente la fiesta de la Transfiguración de Cristo pertenecía al periodo pre-Pascual de la Iglesia. Tal vez se celebraba en uno de los domingos anteriores a la Pascua de Resurrección. Existe cierta evidencia histórica que lo indica; además, tenemos el hecho de que hoy en día San Gregorio Palamás, el gran maestro de la Transfiguración de Cristo, es conmemorado durante la Gran Cuaresma (en el cuarto domingo). Además, el acontecimiento propiamente tal está definitivamente relacionado con la muerte y resurrección del Salvador que se aproximan: … para que cuando Te vieran crucificado, comprenderían que Tu sufrimiento era voluntario… (Kontakion)

Hoy en día, la fiesta de la Transfiguración de Cristo se celebra en el día 6 de agosto, probablemente debido a alguna razón histórica. En algunas iglesias, se acostumbra a bendecir uvas y otras frutas y verduras en este día. Esto simboliza  la transfiguración de toda la creación en Cristo. Significa la fructificación de la creación entera en el paraíso del eterno Reino de Vida de Dios, cuando todo será transformado por la gloria del Señor.



martes, 4 de agosto de 2015

Novena a la Virgen de Fátima

NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
 

NOVENA 
Empieza el 5 de cada mes para terminar el día 13. 
 
ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS

OFRECIMIENTO
¡Oh, Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.

¡Oh santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Yo os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes con que El es ofendido; y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón e intercesión del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pecadores.

   
ORACIÓN PREPARATORIA
Oh santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de misericordia, que te dignaste manifestar en Fátima la ternura de vuestro Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y de paz. Confiados en vuestra misericordia maternal y agradecidos a las bondades de vuestro amantísimo Corazón, venimos a vuestras plantas para rendiros el tributo de nuestra veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente vuestro mensaje de amor, y la que os pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honra vuestra y provecho de nuestras almas. Así sea.

Rezar la oración del día correspondiente...  

ORACIÓN FINAL
¡Oh Dios, cuyo Unigénito, con su vida, muerte y resurrección, nos mereció el premio de la salvación eterna! Os suplicamos nos concedas que, meditando los misterios del santísimo rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el premio que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.


DÍA PRIMERO 
Penitencia y reparación

Comenzar con el Ofrecimiento y la Oración Preparatoria.

Oración
¡Oh santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores!, que apareciendo en Fátima, dejaste transparentar en vuestro rostro celestial una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que os causan los pecados de los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a vuestro Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas que se infieren a vuestro Divino Hijo y a vuestro Corazón Inmaculado.

Meditar y rezar la Oración Final.


DÍA SEGUNDO 
Santidad de vida

Comenzar con el Ofrecimiento y la Oración Preparatoria.

Oración
¡Oh santísima Virgen María, Madre de la divina gracia, que vestida de nívea blancura te apareciste a unos pastorcitos sencillos e inocentes, enseñándonos así cuánto debemos amar y procurar la inocencia del alma, y que pediste por medio de ellos la enmienda de las costumbres y la santidad de una vida cristiana perfecta. Concédenos misericordiosamente la gracia de saber apreciar la dignidad de nuestra condición de cristianos y de llevar una vida en todo conforme a las promesas bautismales.

Meditar y rezar la Oración Final.

DÍA TERCERO 
Amor a la oración

Comenzar con el Ofrecimiento y la Oración Preparatoria.

Oración
¡Oh santísima Virgen María, vaso insigne de devoción!, que te apareciste en Fátima teniendo pendiente de vuestras manos el santo Rosario, y que insistentemente repetías: «Orad, orad mucho», para alejar por medio de la oración los males que nos amenazan. Concédenos el don y el espíritu de oración, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del gran precepto de orar, haciéndolo todos los días, para así poder observar bien los santos mandamientos, vencer las tentaciones y llegar al conocimiento y amor de Jesucristo en esta vida y a la unión feliz con Él en la otra.

Meditar y rezar la Oración Final.


DÍA CUARTO 
Amor a la Iglesia

Comenzar con el Ofrecimiento y la Oración Preparatoria.

Oración
¡Oh santísima Virgen María, Reina de la Iglesia!, que exhortaste a los pastorcitos de Fátima a rogar por el Papa, e infundiste en sus almas sencillas una gran veneración y amor hacia él, como Vicario de vuestro Hijo y su representante en la tierra. Infunde también a nosotros el espíritu de veneración y docilidad hacia la autoridad del Romano Pontífice, de adhesión inquebrantable a sus enseñanzas, y en él y con él un gran amor y respeto a todos los ministros de la santa Iglesia, por medio de los cuales participamos la vida de la gracia en los sacramentos.

Meditar y rezar la Oración Final.


DÍA QUINTO 
María, salud de los enfermos

Comenzar con el Ofrecimiento y la Oración Preparatoria.

Oración
¡Oh santísima Virgen María, salud de los enfermos y consoladora de los afligidos!, que movida por el ruego de los pastorcitos, obraste ya curaciones en vuestras apariciones en Fátima, y habéis convertido este lugar, santificado por vuestra presencia, en oficina de vuestras misericordias maternales en favor de todos los afligidos. A vuestro Corazón maternal acudimos llenos de filial confianza, mostrando las enfermedades de nuestras almas y las aflicciones y dolencias todas de nuestra vida. Echad sobre ellas una mirada de compasión y remediadlas con la ternura de vuestras manos, para que así podamos serviros y amaros con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser.

Meditar y rezar la Oración Final.


DÍA SEXTO  
María, refugio de los pecadores

Comenzar con el Ofrecimiento y la Oración Preparatoria.

Oración
¡Oh santísima Virgen María, refugio de los pecadores!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar incesantemente al Señor para que esos desgraciados no caigan en las penas eternas del infierno, y que manifestaste a uno de los tres que los pecados de la carne son los que más almas arrastran a aquellas terribles llamas. Infundid en nuestras almas un gran horror al pecado y el temor santo de la justicia divina, y al mismo tiempo despertad en ellas la compasión por la suerte de los pobres pecadores y un santo celo para trabajar con nuestras oraciones, ejemplos y palabras por su conversión.

Meditar y rezar la Oración Final.


DÍA SÉPTIMO 
María, alivio de las almas del purgatorio

Comenzar con el Ofrecimiento y la Oración Preparatoria.

Oración
¡Oh santísima Virgen María, Reina del purgatorio!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar a Dios por las almas del purgatorio, especialmente por las más abandonadas. Encomendamos a la inagotable ternura de vuestro maternal Corazón todas las almas que padecen en aquel lugar de purificación, en particular las de todos nuestros allegados y familiares y las más abandonadas y necesitadas; alíviales sus penas y llévalas pronto a la región de la luz y de la paz, para cantar allí perpetuamente vuestras misericordias.

Meditar y rezar la Oración Final.


DÍA OCTAVO 
María, Reina del Rosario

Comenzar con el Ofrecimiento y la Oración Preparatoria.

Oración
¡Oh santísima Virgen María!, que en vuestra última aparición te diste a conocer como la Reina del Santísimo Rosario, y en todas ellas recomendaste el rezo de esta devoción como el remedio más seguro y eficaz para todos los males y calamidades que nos afligen, tanto del alma como del cuerpo, así públicas como privadas. Infundid en nuestras almas una profunda estima de los misterios de nuestra Redención que se conmemoran en el rezo del Rosario, para así vivir siempre de sus frutos. Concédenos la gracia de ser siempre fieles a la práctica de rezarlo diariamente para honraros a Vos, acompañando vuestros gozos, dolores y glorias, y así merecer vuestra maternal protección y asistencia en todos los momentos de la vida, pero especialmente en la hora de la muerte.

Meditar y rezar la Oración Final.


DÍA NOVENO 
El Inmaculado Corazón de María

Comenzar con el Ofrecimiento y la Oración Preparatoria.

Oración
¡Oh santísima Virgen María, Madre nuestra dulcísima!, que escogiste a los pastorcitos de Fátima para mostrar al mundo las ternuras de vuestro Corazón misericordioso, y les propusiste la devoción al mismo como el medio con el cual Dios quiere dar la paz al mundo, como el camino para llevar las almas a Dios, y como una prenda suprema de salvación. Haced, ¡oh Corazón de la más tierna de las madres!, que sepamos comprender vuestro mensaje de amor y de misericordia, que lo abracemos con filial adhesión y que lo practiquemos siempre con fervor; y así sea vuestro Corazón nuestro refugio, nuestro consuelo y el camino que nos conduzca al amor y a la unión con vuestro Hijo Jesús.

Meditar y rezar la Oración Final.



lunes, 3 de agosto de 2015

Virgen de Medjugorje - Mensaje del 2 de agosto de 2015

Mensaje del 2 de agosto de 2015


“Queridos hijos, Yo, como Madre que ama a sus hijos, veo qué difícil es el tiempo en el que vivís. Veo vuestro sufrimiento. Pero debéis saber que no estáis solos. Mi Hijo está con vosotros. Está en todas partes: es invisible, pero lo podéis ver si lo vivís. Él es la luz que os ilumina el alma y os concede la paz. Él es la Iglesia que debéis amar y por la que siempre debéis orar y luchar; pero no solo con las palabras sino con las obras de amor. Hijos míos, haced que todos conozcan a mi Hijo, haced que sea amado, porque la verdad está en mi Hijo nacido de Dios, Hijo de Dios. No perdáis el tiempo en reflexionar demasiado, os alejaréis de la verdad. Con un corazón simple aceptad Su Palabra y vividla. Si vivís Su Palabra, amaréis con un amor misericordioso. Os amaréis los unos a los otros. Cuanto más améis, más lejos estaréis de la muerte. Para aquellos que vivan la Palabra de mi Hijo y la amen, la muerte será la vida. ¡Os doy las gracias! Orad para que podáis ver a mi Hijo en sus pastores, orad para que lo podáis abrazar en ellos.”

Comentario del Padre Francisco Verar

El mensaje de este dos de agosto comienza diciendo “Yo como Madre que ama a sus hijos, veo cuan difícil es el tiempo en el que viven. Veo su sufrimiento”. Estas palabras de María, expresan su solidaridad con todos sus hijos que pasan una especie de noche oscura. La “noche oscura” siempre trae bendición, porque es una purificación del alma, pero también trae sufrimiento, dolor. Pero en el mensaje la Virgen se refiere que es a causa de los tiempos en los que estamos viviendo: son tiempos de “lucha”. Lo ha dicho muchas veces la Virgen. Esta es una de las razones del porqué Ella está con nosotros: nos quiere ayudar.

En el mensaje, la Virgen dice que, en el tiempo del sufrimiento, causado por los tiempos que se viven, no estamos solos: Jesús está con nosotros. “Él es invisible”, ha dicho la Virgen, pero también nos ha dicho cómo se puede ver: solo si lo vivimos en el corazón, porque viviéndolo nos da la luz que necesita el alma, y de esta manera nos concede la paz. Entonces, el mensaje de este 2 de mes, más que una invitación a abrirle el corazón a María, es una invitación a abrirle el corazón a Jesús, para que Él nos dé su luz y nos enseñe a vivir estos tiempos difíciles. Si no le abrimos el corazón a Jesús y Él no vive en nosotros, el sufrimiento puede aplastar a cualquiera. Esta es la razón por la que muchos en el sufrimiento y en el dolor, pueden pensar en quitarse la vida, divorciarse, irse a vivir a otro país, dejar un trabajo, dejar de servir a la Iglesia, etc. Todos estos serían caminos equivocados. Ni la Virgen ni Jesús nos quitarán el sufrimiento, jamás, pero nos enseñan cómo el sufrimiento le da sentido a la vida cuando se le abre el corazón a Jesús. Es entonces, cuando el mismo sufrimiento se llena de luz, en lugar de la oscuridad que trae naturalmente. Los santos llenaron el sufrimiento de luz y por eso anhelaron hasta el martirio. Cuando el sufrimiento no se llena de luz el alma se llena del espíritu derrotista de Satanás.

En el mensaje también la Virgen nos dice que Jesús es la Iglesia. No dice que está en la Iglesia ni que fundó la Iglesia, sino que es la Iglesia misma, porque Jesús está presente en todos los que conformamos la Iglesia: jerarquía, quienes abrazaron la vida religiosa y laicos. Y la Virgen nos dice que debemos amar a la Iglesia y que debemos orar siempre por Ella, que debemos luchar por Ella. Pero también especifica que no se lucha por la Iglesia con palabras, sino con obras de amor. Es decir, con la santidad. Si no hay amor no hay santidad y sin santidad no hay amor verdadero.

En el mensaje de este 2, la Virgen nuevamente nos ha invitado a la evangelización. Tiene más de un año invitando a sus hijos, en el mensaje del día 2, a la evangelización. Es obvio que a la Madre le preocupa la salvación de las almas. Recordemos que ya San Pablo dijo que la fe entra por el oído. Pero la fe no puede entrar por el oído si los bautizados no hablamos de Jesús. Quienes más pueden hablar de Jesús son quienes optan por la vida consagrada, porque su vida se hace palabra de Jesús viviente, aunque no hablen. Pero también los laicos pueden hablar de Jesús y deben hablar de Jesús. La Virgen dice “hagan que todos conozcan a mi Hijo, hagan que sea amado porque la Verdad está en mi Hijo nacido de Dios”. “No pierdan el tiempo en reflexionar demasiado, se alejarán de la Verdad”.


Reflexionar es importante pero también reflexionar demasiado hace daño, porque entre más una persona reflexiona, más se puede alejar de la Verdad. Y de esta manera la razón no ayudará. Jesús no nos enseñó tanto a reflexionar sino a confiar en Dios. A abandonarnos en Él. La razón por la que muchos se han apartado de Dios es por haber reflexionado demasiado. La razón es un don de Dios, pero cuando la razón se coloca por encima de la fe y de la misma Palabra de Dios, deja de ser un don para convertirse en enemigo de Dios. Puede luchar incluso hasta con el mismo Dios. Satanás usó la razón para hacer caer a Eva y a Adán; y también hoy usa la razón para alejar a multitudes de Dios. La razón es buena pero también es frágil y peligrosa. Hitler utilizó la razón para justificar el exterminio de multitudes, como también los que defienden hoy el Estado Islámico, las mujeres y médicos que abortan, los matrimonios homosexuales con adopción de niños, el alquiler de vientres, el consumo de drogas, etc.

La Virgen en el mensaje dice con claridad: “con un corazón simple acepten la Palabra de Jesús y vívanla. Si viven la Palabra de Jesús, amarán con un amor misericordioso. Se amarán los unos a los otros. Cuanto más amen estarán más lejos de la muerte. Para aquellos que vivan la Palabra de mi Hijo y la amen, la muerte será la vida”. Cuando la Virgen pide aceptar la Palabra de Jesús con un corazón simple, está invitando a todos sus hijos a abrirse con sencillez a cuanto Jesús nos ha enseñado, que está por encima de cualquiera palabra humana. Y el medio para acoger la Palabra de Jesús es siempre la humildad. Entre más orgullosa es una persona más le costará encontrarse con Dios porque Dios es humilde, a pesar de su omnipotencia.

En el mensaje la Virgen nos dice que la Palabra de Jesús nos lleva al amor y a la misericordia, y la muerte se transforma en vida. Pero aquel que la rechaza, por haberla rechazado, se acerca cada vez más a la muerte. Esta muerte de la que la Virgen habla es la muerte espiritual, la muerte del alma. Hay muchos que la conocen, porque aún rodeados de afectos humanos y de bienes materiales se sienten vacíos, se sienten siempre heridos: es la muerte del alma. La Escritura nos dice que lo que conduce a la muerte del alma es siempre el pecado. Aunque la Virgen no lo haya mencionado en esta ocasión, la manera también de vencer la muerte del alma, es pidiendo perdón a Dios por los pecados cometidos por medio de la confesión sacramental, luego hay que comenzar a orar y abrirse a Jesús.

Al final, una vez más, la Virgen nos ha invitado a algo práctico: orar para ver a Jesús en los pastores de la Iglesia. No criticarlos, no juzgarlos, sino ver a Jesús en ellos. Cuando se ve a un Obispo, a un Sacerdote, a un Diácono, se debe ver a Jesús en ellos, pero si no hay oración se nos puede olvidar que en ellos está Jesús. Por otro lado, la Virgen ha dicho algo por primera vez: quien ora frecuentemente por los pastores, no solo ve a Jesús en los pastores, sino que es capaz de abrazarlos toda vez que abrazándolos a ellos se abraza al mismo Jesús. Luego en este mensaje la Virgen nos invita a orar mucho por los pastores de la Iglesia y luego abrazarlos. Es decir, manifestarle cariño por medio del abrazo, porque el abrazo a ellos es abrazo a Jesús.

P. Francisco A. Verar

martes, 28 de julio de 2015

Reflexión del P. Gustavo Jamut al Mensaje del 25 de julio de 2015 dado por la Sma. Virgen en Medjugorje

25/07/2015
“Queridos hijos, también hoy con alegría estoy con ustedes y los invito a todos, hijitos: oren, oren, oren para que comprendan el amor que tengo hacia ustedes. Mi amor es más fuerte que el mal, por eso, hijitos, acérquense a Dios para que puedan sentir mi gozo en Dios. Sin Dios, hijitos, no tienen futuro, no tienen esperanza ni salvación, por eso dejen el mal y elijan el bien. Yo estoy con ustedes y con ustedes intercedo ante Dios por todas sus necesidades. ¡Gracias por haber respondido mi llamado!”


La Reina de la Paz te dice: “hoy con alegría estoy con ustedes”.

¡Qué maravilloso es poder tomar conciencia de que la Virgen Santísima se alegra de estar contigo, conmigo y con cada uno de aquellos que quieren recibirla en su casa y en el propio corazón!

Estas palabras de María, en lo personal me conmueven profundamente, ya que en este día 25, yo me encuentro predicando a más de dos mil inmigrantes hispanos en la ciudad de Los Ángeles, muchos de ellos en situaciones extremas y de mucho dolor. Y al reencontrarme con algunos de ellos a quienes no veía desde hacía varios años, mi primer sentimiento es de alegría al poder reencontrarnos; y luego mis palabras expresan lo que hay en mi corazón, por lo que también les digo: “que alegría poder verte y reencontrarnos”. Y ellos se alegran de que los recuerde, y que también recuerde algunas situaciones de vida por la cual atravesaron.

Pero si nos ponemos a pensar en el hecho de que la misma Madre de Dios siente alegría de encontrarse con cada uno de nosotros, entonces nuestra alma no puede más que llenarse de gozo, de gratitud y de la sensación de pequeñez, por lo que deberíamos comprender lo que sintió su pariente Isabel, y también nosotros decirle a María: “¿Quién soy yo, para que la Madre de mi Señor venga a visitarme?” (Lucas 1:43)

Estas visitas de la Madre de Dios no son solo para quienes están en Medjugorje o que han ido en alguna ocasión, no son solo para quienes están presente en alguna de las apariciones, no son solo para los católicos apostólicos Romanos, no son solo para los piadosos, virtuosos y santos… estas visitas que la Reina de la Paz hace al Ain Karem de nuestras vidas, es para encontrarse de manera especial para quienes nos reconocemos pecadores, necesitados del perdón de Dios y de su misericordia. Ella sale a buscar a quienes -como dice el Papa Francisco-, se encuentran en las periferias de la vida; Ella es copartícipe de la misión de Jesús Buen Pastor, quien deja a las 99 ovejas del rebaño en el redil y sale a buscar a la oveja perdida.

Por lo tanto, también nosotros debemos ser copartícipes de tan grande misión, ya que no podemos quedarnos encerrados en nuestros grupos, debemos ser discípulos como María y a la vez misioneros, tal como lo inspiró el Espíritu Santo a través de los Obispos de América Latina en Aparecida, Brasil, cuando nos recuerdan que estamos llamados a ser: “Discípulos y Misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos, en él, tengan vida”.

La fuerza de la oración

Solo la verdadera oración, aquella que es hecha con el corazón, nos llena del Espíritu Santo, que es la expresión tangible de Dios Amor. Por eso la Madre nos dice: “oren, oren, oren para que comprendan el amor que tengo hacia ustedes”. Y también agrega: “Mi amor es más fuerte que el mal”. Sobre todo el mal que puede esconderse agazapado en algún rincón de nuestros corazones, ya que sin la oración no hay conversión permanente; sin oración y reconocimiento de lo que necesito cambiar, solo hay estancamiento, y el agua estancada termina pudriéndose.

La oración diaria debe mover permanentemente las aguas de nuestra alma para que estas no se estanquen y para que no proliferen en nosotros las bacterias de la pereza, de la indiferencia, del egoísmo y de la mediocridad, de la avaricia, del resentimiento, de la envidia, de la incomunicación, de las desconfianzas, de las críticas y de todo aquello que son grietas o ventanas abiertas por las cuales Satanás puede entrar y tomar autoridad en nuestras vidas, si nosotros se lo permitimos y le damos ocasión.

Solo por medio de la verdadera oración: “los invito a todos, hijitos: oren, oren, oren”, podremos llegar a comprender el verdadero amor: “comprendan el amor que tengo hacia ustedes”; y a través del amor que brota desde adentro hacia afuera, podremos tener victoria contra el príncipe del mal: “Mi amor es más fuerte que el mal”.

El amor de la Gospa es más fuerte que el mal, que intentará por todos los medios, de llevarnos a ser manantiales de agua estancada; el mal que tratará de dividir y destruir a nuestras familias y comunidades; el mal que intentará impedir la obra de Dios y los planes de la Reina de la Paz.

Sin embargo, no dudemos: con Dios y con María somos más que vencedores. Por lo tanto, aunque tengamos mil batallas, no nos demos nunca por vencidos; aunque caigamos una y mil veces, levantémonos nuevamente, reconociendo que hemos pecado, y digamos con confianza: “Con la ayuda de tu gracia Señor y con la intercesión de tu Madre, hoy comienzo de nuevo”. Entonces las palabras de la Reina de la Paz, que nos dice: “acérquense a Dios para que puedan sentir mi gozo en Dios” cobrarán nuevo sentido y también entenderemos el mensaje de Dios a través del apóstol San Pablo, cuando dice: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?... Pero en todo esto salimos más que vencedores gracias a aquel que nos amó.” (Rom 8:35 y 37). Y experimentaremos una paz y un gozo tan profundo, que nada, ni nadie nos lo podrá quitar. Amén.

Unidos en el amor de Jesús y María le pido a Nuestro Buen Dios que te Bendiga, y me encomiendo a tus oraciones.

P. Gustavo E. Jamut
Oblato de la Virgen María

jueves, 23 de julio de 2015

Nunca dudes de su presencia


Cuando entres en el camino de la oración, piensa que merced a la gratuidad del amor del Padre has sido invitado a introducirte en el encuentro de comunión y de amor con Él.

Él te ha llamado porque quiere que conozcas su rostro de amor, Cristo Jesús, y junto a Él, con Él y en Él puedes entrar en la gran fiesta de comunión que es la Trinidad.

La Santa Trinidad te acoge en su seno. Allí tú, envuelto en presencia, inundado de amor, vives en la comunión incesante, participas en el proyecto salvador, compartes la plenitud de vida.

La Santa Trinidad está en tu corazón. Acógela con amor, sé testigo del don de ser habitado por Dios por medio de la misericordia, la comprensión, la ternura y la disponibilidad con las que acoges a los hermanos.

Expresa el don de Dios en tu disponibilidad para el servicio y el compromiso con los más necesitados. Son siempre los predilectos de Dios y han de ser, también, los tuyos.

Verás que, en la oración, Él va conduciendo tu alma y tu vida a vivir siempre en la presencia. Él vive en ti, Él quiere transformarte con su amor. Vive tú siempre en Él, abandónate a la obra del Espíritu en tu alma.

Nunca digas “No” al amor. Nunca dudes de su presencia. Abre tu alma y tu vida a los dones del Espíritu Santo. Para ello, vete haciendo la ruta del silencio con paciencia. Busca el silencio pero, sobre todo, espéralo, pues el silencio verdadero, el silencio interior, es un don del Espíritu Santo.

Que no falten en tu vida espacios de atención y escucha en los que te abandones al amor. Cuando ores, habla al Señor, pero nunca olvides que debes escucharlo. Él quiere hablarte al corazón para indicarte, incesantemente, las sendas que Él quiere que recorras en la vida.

Calla a ti mismo, calla a tus cosas, calla a tus proyectos. Vive sumergido en el proyecto de amor que Dios tiene para ti. Acepta todo cuando vayas recibiendo del Señor y de los hermanos en la vida.

En el Espíritu Santo, vive en la entrega plena y total a la voluntad del Padre.

Confía en el Espíritu, que te irá conduciendo hacia la realización plena del amor de Dios en tu vida. Busca en todo ser en Él y vivir en Él.

Que día a día puedas crecer en amor. Por ello, déjate de palabras, despójate de oraciones, que tu vida toda sea una oración inagotable, pues estás plenamente en la onda del Espíritu Santo.

No desees la oración para sentirla. Añora la súplica que sale de la vida y te envía, nuevamente, al compromiso de la vida. Para ello, que tu día se desenvuelva siempre en la alabanza, la acción de gracias y la súplica.

Alaba, sí, alaba al Señor. Que todos tus pasos vayan construyendo una ruta de alabanza, pues te mueves en Dios y por Él, vives en Él gracias al don del Espíritu Santo que mora en ti.

Nunca dudes de su presencia. Él siempre está. Busca reconocer sus pasos en la vida, su bondad y su ternura derramada en la creación y en los hombres.

Con Él serás capaz de transformar el mundo. Si estás lleno de la paz del Espíritu en tu alma, serás, aunque no te lo propongas, testigo y sembrador de paz.

Si eres nómada, viajero de geografías y culturas, y permites que los vientos de Dios rocen e impregnen tu piel y lleguen hasta la médula de tus huesos, serás testigo de la presencia de Dios en el mundo.

Si tu patria y tu casa es el camino, si vives en la añoranza de la verdadera Patria (el rostro del Señor), si no te instalas ni estableces tu domicilio en la provisionalidad de todo aquí en la tierra, estarás diciendo, con la palabra de tu vida, que todo ha de ser una gran peregrinación hacia el encuentro con Dios. Serás, entre tus hermanos, sacramento del encuentro en el Amor. Después ya podrás decir que este milagro no es obra tuya, sino obra del Espíritu que te habita.

Si te sabes buscado y sientes que una presencia está brotando en lo más hondo de tu ser como don inefable, inmaculado, transparente, podrás ofrecer a tus hermanos la invitación a dejarse invadir por el Espíritu que ya los habita. Ayudarás a descubrir el tesoro escondido en el amplio campo del alma, en las inmensas estepas de la tierra, en el corazón del bullicio en el que suele desenvolverse la vida de los hombres.

Si descubres que de ti nace una fuente, como un río donde todos pueden beber hasta saciarse, entenderás que ha sido el Señor quien ha llenado tu alma de esta agua viva que salta hasta la eternidad de vida que todos añoran. Esta vida que tú pudiste intuir en el Monte de Dios.

Si crees que en el más extraño de los rostros alguien aguarda veladamente a desvelarse y en tu disponibilidad lo acoges con la paz y la alegría con la que esperas cada amanecer, ayudarás a sembrar en el mundo la semilla de la esperanza.

Si sientes que de tu corazón brota a borbotones el torrente de la súplica; si el Espíritu te ha llenado de solidaridad y compasión, no apagues la llama de la súplica, no ceses de orar, intercede por todos y por todo. Que en tu alma tengan cabida todos, y que tu súplica alcance a todos los que peregrinan bajo el amplio techo del cielo.

Si en los éxodos cotidianos sabes que Él está ahí, que tú también estás ahí en las horas de calma y en el estruendo de la agitación, no olvides que esta realidad se produce en tu alma gracias al don del Espíritu. Abandónate a su influencia y piensa que has de ser testigo del Señor Jesús. Has contemplado su rostro en el Tabor: Él es el Hijo de Dios hecho hombre, que vive en la vida de los hombres y comparte sus inquietudes y problemas, sus ilusiones y esperanzas por amor. Siéntete invitado a ser testigo de Cristo. Hazlo con la encarnación y compromiso con el que vives tu relación con los hermanos.

Si nada te retiene ni eres prisionero de nadie. Si vives libre y desasido para atarte al compromiso de Cristo que se entrega en la cruz, recuerda que Él te liberó para que vivas en una plena y total libertad de entrega, en un abandono incondicional en las manos del Padre.

Si redimes el amor perseguido y encarcelado en los egoísmos y en los odios, en las opresiones y en las guerras, en las luchas y las falsas treguas, irás haciendo camino para que el Amor sea conocido, amado, buscado y deseado como cumbre final de toda ansia de amor.

Si descubres que todos los latidos, el del mar, el de las estrellas, el del fuego, el de la tierra entera es tu latido, tu único latido, verás que todo te lleva a reconocer que el alma de todos los latidos de la naturaleza y de la creación es el amor de Dios.

Si olvidas tu edad, las debilidades de tu cuerpo y la flaqueza de tu alma. Si te dejas absorber hacia dentro, vivirás la plenitud del encuentro primero que ha de realizase en tu vida: el encuentro contigo mismo y el encuentro con el Señor que está en la raíz de tu alma. Pudiste contemplar su rostro en el Tabor.

Si en lugar de inventariar diferencias te das cuenta de que, a la luz de tu mirada, se van borrando todas las separaciones y todo regresa a la unidad original, vete pensando que estás abriendo camino para que cada hermano pueda descubrir que el aliento que lo mueve todo es el soplo del Espíritu del Dios Amor.

Pudiste contemplar el rostro de Cristo Transfigurado en el Monte de Dios. En Cristo Jesús, el Señor, en el Espíritu Santo, que todo lo vivifica y en el Padre del amplio cielo de la misericordia puedes encontrarte a ti mismo. Lo encuentras a Él, se va realizando tu encuentro con los hermanos, y vas caminando hacia el “nosotros” de la comunión de todas las criaturas en Dios.

Abandónate en las manos del Padre.

Vive inundado por la presencia del Hijo.

Que el Espíritu Santo guíe y acompañe y mueva toda tu vida.

Que María, rostro femenino de Dios, misericordia convertida en ternura materna te conduzca hacia el corazón de la Trinidad.

Dios siempre está. En él, por Él y con Él vives y te renuevas en el encuentro de amor.


Fuente: abandono.com

martes, 21 de julio de 2015

"Señor, dame lo que me pides y pídeme lo que quieras"·(San Agustín)

Señor, ¿dónde te hallé para conocerte —porque cier­tamente no estabas en mi memoria antes que te co­nociese—, dónde te hallé, pues, para conocerte, sino en Ti mismo, lo cual estaba muy por encima de mis fuerzas? Pero esto fue independientemente de todo lugar pues nos apartamos y nos acercamos, y, no obstante, esto se lleva a cabo sin importar el lugar. ¡Oh verdad!, tú presides en todas partes a todos los que te consultan y, a un mismo tiempo, respondes a todos los que te interrogan sobre las cosas más di­versas. Tú respondes claramente, pero no todos te escuchan con claridad. Todos te consultan sobre lo que quieren, mas no todos oyen siempre lo que quie­ren. Óptimo servidor tuyo es el que no atiende tanto a oír de ti lo que él quisiera, cuanto a querer aque­llo que de ti escuchare.

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nue­va, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba con­tigo. Reteníanme lejos de Ti aquellas cosas que, si no estuviesen en Ti, no existirían. Me llamaste y cla­maste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu per­fume y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de Ti, y ahora siento hambre y sed de Ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de Ti.

Cuando yo me adhiera a Ti con todo mi ser, ya no habrá más dolor ni trabajo para mí, y mi vida será realmente viva, llena toda de Ti. Tú, al que llenas deTi lo elevas, mas, como yo aún no me he llenado de Ti, soy todavía para mí mismo una carga. Contienden mis alegrías, dignas de ser lloradas, con mis triste­zas, dignas de ser aplaudidas, y no sé de qué parte está la victoria.

¡Ay de mí, señor! ¡Ten misericordia de mí! Con­tienden también mis tristezas malas con mis gozos buenos, y no sé a quién se ha de inclinar el triun­fo. ¡Ay de mí, señor! ¡Ten misericordia de mí! Yo no te oculto mis llagas. Tú eres médico, y yo estoy enfermo; tú eres misericordioso, y yo soy mise­rable.

¿Acaso no está el hombre en la tierra cumpliendo un servicio militar? ¿Quién hay que guste de las mo­lestias y trabajos? Tú mandas tolerarlos, no amarlos. Nadie ama lo que tolera, aunque ame el tolerarlo. porque, aunque goce en tolerarlo más quisiera, sin embargo, que no hubiese que tolerar. En las cosas adversas deseo las prósperas, en las cosas prósperas temo las adversas. ¿Qué lugar intermedio hay entre estas cosas, en el que la vida humana no sea una lu­cha? ¡Ay de las prosperidades del mundo, pues están continuamente amenazadas por el temor de que so­brevenga la adversidad y se esfume la alegría! ¡Ay de las adversidades del mundo, una, dos y tres veces, pues están continuamente aguijoneadas por el deseo de la prosperidad, siendo dura la misma adversidad y poniendo en peligro la paciencia! ¿Acaso no está el hombre en la tierra cumpliendo sin interrupción un servicio militar? Pero toda mi esperanza estriba sólo en tu muy grande misericordia. ¡Dame lo que me pi­des y pídeme lo que quieras!

San Agustín, Confesiones, libro 10, 26, 37-29, 40

domingo, 19 de julio de 2015

Novena a la Virgen de Guadalupe

NOVENA
en honor de
NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE
Patrona de las Americas

Comienza los días 3 de cada mes para terminar el día 12. 


Oración para todos los días: 

Puesto de rodillas delante de María Santísima, hecha la Señal de la Cruz, se dice el siguiente:
Acto de Contrición


"Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Propongo  enmendarme y confesarme a su tiempo y ofrezco cuanto hiciere en satisfacción de mis pecados, y confío por vuestra bondad y misericordia infinita, que me perdonaréis y me daréis gracia para nunca más pecar. Así lo espero por intercesión de mi Madre, nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén. "

Hágase la petición: …

Récese cuatro Salves en memoria de las cuatro apariciones y luego se reza la oración de cada día.

Primer Día

"¡Oh Santísima Señora de Guadalupe! Esa corona con que ciñes tus sagradas sienes publica que eres Reina del Universo. Lo eres, Señora, pues como Hija, como Madre y como Esposa del Altísimo tienes absoluto poder y justísimo derecho sobre todas las criaturas.

Siendo esto así, yo también soy tuyo; también pertenezco a ti por mil títulos; pero no me contento con ser tuyo por tan alta jurisdicción que tienes sobre todos; quiero ser tuyo por otro título más, esto es, por elección de mi voluntad.

Ved que, aquí postrado delante del trono de tu Majestad, te elijo por mi Reina y mi Señora, y con este motivo quiero doblar el señorío y dominio que tienes sobre mí; quiero depender de ti y quiero que los designios que tiene de mí la Providencia divina, pasen por tus manos. Dispón de mí como te agrade; los sucesos y lances de mi vida quiero que todos corran por tu cuenta. Confío en tu benignidad, que todos se enderezarán  al bien de mi alma y honra y gloria de aquel Señor que tanto complace al mundo. Amén. 

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.


Segundo Día

¡Oh Santísima Virgen de Guadalupe! ¡Qué bien se conoce que eres Abogada nuestra en el tribunal de Dios, pues esas hermosísimas manos que jamás dejan de beneficiarnos las juntas ante el pecho en ademán de quien suplica y ruega, dándonos con esto a ver que desde el trono de gloria como Reina de los Ángeles y hombres haces también oficio de abogada, rogando y procurando a favor nuestro.

¿Con qué afectos de reconocimiento y gratitud podré pagar tanta fineza? Siendo que no hay en todo mi corazón suficiente caudal para pagarlo.

A ti recurro para que me enriquezcas con los dones preciosos de una caridad ardiente y fervorosa, de una humildad profunda y de una obediencia pronta al Señor.

Esfuerza tus súplicas, multiplica tus ruegos, y no ceses de pedir al Todopoderoso me haga suyo y me conceda ir a darte las gracias por el feliz éxito de tu intermediación en la gloria. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.



Tercer Día

¡Oh Santísima Virgen María de Guadalupe! ¡Qué puedo creer al verte cercada de los rayos del sol, sino que estás íntimamente unida al Sol de la Divinidad, que no hay en tu casa ninguna cosa que no sea luz, que no sea gracia y que no sea santidad!

¡Qué puedo creer sino que estás anegada en el piélago de las divinas perfecciones y atributos, y que Dios te tiene siempre en su Corazón! Sea para bien, Señora, tan alta felicidad.

Yo, entre tanto, arrebatado del gozo que ello me causa, me presento delante del trono de tu soberanía, suplicándote te dignes enviar uno de tus ardientes rayos hacia mi corazón: ilumina con su luz mi entendimiento; enciende con su luz mi voluntad; haz que acabe yo de persuadirme de que vivo engañado todo el tiempo que no empleo en amarte  ti y en amar a mi Dios: haz que acabe de persuadirme que me engaño miserablemente cuando amo alguna cosa que no sea mi Dios y cuando no te amo a Ti por Dios. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.



Cuarto Día

¡Oh Santísima María de Guadalupe! Si un ángel del cielo tiene por honra tan grande suya estar a tus pies y que en prueba de su gozo abre los brazos y extiende las alas para formar con ellas repisa a tu Majestad, ¿qué deberé yo hacer para manifestar mi veneración a tu persona, no ya la cabeza, ni los brazos, sino mi corazón y mi alma para santificándola con tus divinas plantas se haga trono digno de tu soberanía?

Dígnate, Señora, de admitir este obsequio; no lo desprecies por indigno a tu soberanía, pues el mérito que le falta por mi miseria y pobreza lo recompenso con la buena voluntad y deseo

Entra a registrar mi corazón y verás que no lo mueven otras alas sino las del deseo de ser tuyo y el temor de ofender a tu Hijo divinísimo. Forma trono de mi corazón, y ya no se envilecerá dándole entrada a la culpa y haciéndose esclavo del demonio. Haz que no vivan en él sino Jesús y María. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.



Quinto Día

¿Qué correspondía a quien es un cielo por su hermosura, sino uno lleno de estrellas? ¿Con qué podía adornarse una belleza toda celestial, sino con los brillos de unas virtudes tan lúcidas y tan resplandecientes como las tuyas?

Bendita mil veces la mano de aquel Dios que supo unir en ti hermosura tan peregrina con pureza tan realzada, y gala tan brillante y rica con humildad tan apacible. Yo quedo, Señora, absorto de hermosura tan amable, y quisiera que mis ojos se fijaran siempre en ti para que mi corazón no se dejara arrastrar en otro afecto que no sea el amor tuyo.

No podré lograr este deseo si esos resplandecientes astros con que estás adornada no infunden una ardiente y fervorosa caridad, para que ame de todo corazón y con todas mis fuerzas a mi Dios, y después de mi Dios a Ti, como objeto digno de que lo amemos todos. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.



Sexto Día

¡Oh Santísima Virgen María de Guadalupe! ¡Qué bien dice a tu soberanía ese tapete que la luna forma a tus sagradas plantas! Hollaste con invicta planta las vanidades del mundo, y quedando superior a todo lo creado jamás padeciste el menguante de la más ligera imperfección: antes de tu primer instante estuviste llena de gracia.

Miserable de mí, Señora, que no sabiéndome mantener en los propósitos que hago, no tengo estabilidad en la virtud y sólo soy constante en mis viciosas costumbres.

Duélete de mí, Madre amorosa y tierna; ya que soy como la luna en mi inconstancia, sea como la luna que está a tus pies, esto es, firme siempre en tu devoción y amor, para no padecer los menguantes de la culpa. Haz que esté yo siempre a tus plantas por el amor y la devoción, y ya no temeré los menguantes del pecado sino que procuraré darme de lleno a mis obligaciones, detestando de corazón todo lo que es ofensa de mi Dios. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.



Séptimo Día

¡Oh Santísima Virgen María de Guadalupe! Nada, nada veo en este hermosísimo retrato que no me lleve a conocer las perfecciones de que te dotó el Señor a tu alma inocentísima. Ese lienzo grosero y despreciable; ese pobre pero feliz ayate en que se ve estampada tu singular belleza, dan claro a conocer la profundísima humildad que le sirvió de cabeza y fundamento a tu asombrosa santidad.

No te desdeñaste de tomar la pobre tilma de Juan Diego, para que en ella estampase tu rostro, que es encanto de los ángeles, maravilla de los hombres y admiración de todo el universo. Pues, ¿cómo no he de esperar yo de tu benignidad, que la miseria y pobreza de mi alma no sean embarazo para que estampes en ella tu imagen graciosísima?

Yo te ofrezco las telas de mi corazón. Tómalo, Señora, en tus manos y no lo dejes jamás, pues mi deseo es que no se emplee en otra cosa que en amarte y amar a Dios. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.



Octavo Día

¡Oh Santísima Virgen de Guadalupe! ¡Qué misteriosa y qué acertada estuvo la mano del Artífice Supremo, bordando tu vestido con esa orla de oro finísimo que le sirve de guarnición! Aludió sin duda a aquel finísimo oro de la caridad y del amor de Dios con que fueron enriquecidas tus acciones. Y ¿quién duda, Señora, que esa tu encendida caridad y amor de Dios estuvo siempre acompañada del amor al prójimo y que no, por verte triunfante en la patria celestial, te has olvidado de nosotros? 

Abre el seno de tus piedades a quien es tan miserable; dale la mano a quien caído te invoca para levantarse; tráete la gloria de haber encontrado en mí una misericordia proporcionada, más que todas, a tu compasión y misericordia. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.



Noveno Día

¡Oh Santísima Virgen de Guadalupe! ¿Qué cosa habrá imposible para ti, cuando multiplicando los prodigios, ni la tosquedad ni la grosería del ayate le sirven de embarazo para formar tan primoroso tu retrato, ni la voracidad del tiempo en más de cuatro siglos ha sido capaz de destrozarle ni borrarle?

¡Qué motivo tan fuerte es este para alentar mi confianza y suplicarte que abriendo el seno de tus piedades, acordándote del amplio poder que te dio  la Divina Omnipotencia del Señor, para favorecer a los mortales, te dignes estampar en mi alma la imagen del Altísimo que han borrado mis culpas!

No embarco a tu piedad la grosería de mis perversas costumbres, dígnate sólo mirarme, y ya con esto alentaré mis esperanzas; porque yo no puedo creer que si me miras no se conmuevan tus entrañas sobre el miserable de mí. Mi única esperanza, después de Jesús, eres tú, Sagrada Virgen María. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.