sábado, 16 de abril de 2022

Examen de conciencia en la Pasión del Señor

 Por Jorge de la Cueva (fallecido en 2020), cortesía de la revista Magníficat.

NdR: Los misterios de la pasión que vivimos estos días santos son ocasión privilegiada para confrontar nuestras vidas con quien ha dado la suya por nosotros. El examen de conciencia es mucho más mirar y dejarnos mirar por Cristo que mirarnos a nosotros mismos. Es la mirada redentora de Cristo la que suscitará en nosotros el movimiento de conversión y amor a él.

Institución de la Eucaristía: Perdón por los pecados contra la Eucaristía: rutina, indiferencia, falta de atención y de preparación, falta de vida eucarística.

Oración en Getsemaní: Perdón por mis fallos en la oración: desgana, distracciones, abandono en la sequedad. 

Sudor de Sangre: Perdón por la huida ante el dolor y las dificultades, por no valorar el sufrimiento de Jesucristo, por no acompañarlo en su agonía.

Los apóstoles dormidos: Perdón por la desidia, por la facilidad de apelar al cansancio como excusa, por la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.

Prendimiento: Perdón por las faltas contra la justicia, contra la caridad, por las ofensas, la falta de consideración, las groserías y desplantes.

Huida de los discípulos: Perdón por mis cobardías, respetos humanos, anti-testimonios, por no seguir a Cristo hasta el final.

Juicio del Sanedrín: Perdón por la inclinación a juzgar y condenar, las faltas de misericordia, detracciones, calumnias.

Las negaciones de Pedro: Perdón las negaciones de mi ser de cristiano con palabras, obras, actitudes, silencios culpables.

Noche triste: Perdón por mi falta de compañía y ayuda al triste, al necesitado, al solo, al que sufre.

Juicio de Pilato: Perdón por la condescendencia ante las presiones injustas, ante las corrientes de la mayoría, ante los criterios del mundo.

Juicio de la multitud: Perdón por la ira, los arrebatos, odios, ataques a las personas.

Jesús pospuesto a Barrabás: Perdón por rebelarme a ser pospuesto, minusvalorado, por el rechazo sistemático de la humillación, por la vanidad, por la soberbia.

Juicio de Herodes: Perdón por no callar cuando debo, por no soportar las injurias o el ridículo; por los desprecios y humillaciones que causo a otros.

Flagelación: Perdón por mi falta de consideración al Cuerpo eucarístico de Cristo y mi irreverencia ante el sagrario.

Coronación de de espinas: Perdón por los pecados de pensamiento, de deseo, de malas intenciones, por el afán desmedido de coronas de éxito ante un Cristo coronado de espinas.

El rey de burlas: Perdón por las burlas y bromas hirientes, por las críticas y comentarios punzantes.

«Ecce homo»: Perdón por no considerar la gravedad de mi pecado ante un Cristo deshecho en el cuerpo y en la fama.

Lavatorio de manos: Perdón por los pecados de hipocresía, por los disimulos culpables.

Sentencia de cruz: Perdón por no reaccionar ante las injusticias sociales o infligidas a otros y sí hacerlo enseguida cuando son contra nosotros.

La cruz a cuestas: Perdón por la huida sistemática de cualquier cruz, olvidado de su sentido redentor y santificador.

El cirineo: Perdón por no compartir los pesos que soportan mis hermanos, sin ver en ello el privilegio de participar en la cruz de Cristo.

Caídas: Perdón por rehusar levantarme de mis caídas y mi falta de afán de enmienda, por los propósitos quebrantados, por la facilidad de desistir y abandonar el buen empeño, por olvidar la llamada continua de Dios a caminar hacia la santidad.

Mujeres de Jerusalén: Perdón por no ser solidarios y compasivos con los males del mundo.

Expolio: Perdón por los pecados de impureza en pensamientos, miradas, curiosidades, palabras y obras; por las faltas de pudor, por las concesiones a modas y costumbres inmorales, por admitir fácilmente la permisividad del mundo.

Crucifixión: Perdón por las infidelidades a las obligaciones de todo género, por las negligencias en el cumplimiento del deber.

 Cristo levantado en la cruz: Perdón por las faltas de dolor, arrepentimiento de los pecados y firme propósito de la enmienda.

Reparto de las vestiduras: Perdón por mi codicia, por la falta de respeto a lo ajeno.

«Padre, perdónalos»: Perdón por los rencores y resistencia a perdonar las ofensas.

El ladrón perdonado: Perdón por la dureza en reconocerme culpable, por no acudir a recibir el perdón, por las negligencias en el sacramento de la penitencia.

«Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»: Perdón por mi deserción y abandono en la desolación y en la oscuridad de las tribulaciones.

María al pie de la cruz: Perdón por las faltas a la fidelidad y al testimonio cristiano, por no tomar en serio el compromiso de la fe.

«He ahí a tu Madre»: Perdón por la falta de una intensa devoción mariana y su irradiación a los demás.

«Tengo sed»: Perdón por el olvido de las obras de misericordia, por la falta de mortificaciones, especialmente en comida y bebida.

Hiel y vinagre: Perdón por amargar a otros con mis palabras y obras, por las frases hirientes.

«Todo lo he cumplido»: Perdón por no buscar con empeño la voluntad de Dios, por el olvido de la vocación y misión que el Señor nos asigna en este mundo.

Muerte: Perdón por no morir al amor propio, por no hacer muerte en mí a través del vencimiento y olvido de mí mismo.

La lanzada: Perdón por esos pecados que más hieren el Corazón de Cristo y de su Iglesia.

Sangre y agua: (Símbolo de los sacramentos) Perdón por la poca estima de la vida sacramental, por no valorar mi condición de bautizado y ser fiel a sus consecuencias.

«Pietá»: Perdón por no unirme a María en su dolor, ni ser su consuelo con una entrega total.

Sepultura: Ante un Cristo aniquilado y vencido, aparece en terrible contraste nuestra soberbia, altanería, autosuficiencia y orgullo.

Fuente: Infovaticana



viernes, 15 de abril de 2022

Hoy se inicia la Novena a la Divina Misericordia

 


El próximo 24 de abril, Segundo Domingo de Pascua, 

la Iglesia celebrará la Fiesta de la Divina Misericordia, 

que tiene como objetivo principal hacer llegar 

a los corazones de las personas el mensaje de que 

Dios es Misericordioso.

Eso quiere decir que siempre está dispuesto a perdonar 

y ama a todos: 

"y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande 

es el derecho que tiene a Mi misericordia" (Diario, 723).

“Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio 
y amparo para todas las almas y, especialmente, 
para los pobres pecadores”, le dijo Jesús 
a Santa Faustina Kowalska,
la Apóstol de la Divina Misericordia.
 
“Las almas mueren a pesar de mi amarga Pasión. 
Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, 
la Fiesta de mi Misericordia. Si no adoran mi misericordia 
morirán para siempre”, le dijo Cristo 
a la santa en otra ocasión.

A pocos días de esta gran fiesta, 

aquí una novena en su honor:

Fuente: Aciprensa

Viernes Santo: Vía Crucis desde el Coliseo - Homilía del cardenal capuchino Raniero Cantalamessa




Predicación del Viernes Santo del cardenal Cantalamessa:

 «¿Qué es la verdad?»

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Todo comienza con la pregunta de Pilato: «¿Eres tú el rey de los judíos?» (Jn 18,33). Jesús quiere que Pilato entienda que la pregunta es más seria de lo que cree, pero que tiene un significado solo si no repite simplemente una acusación de otros. Por eso, pregunta a su vez: «¿Dices esto por ti mismo, o te han dicho otros de mí?».

Trata de llevar a Pilato a una visión más elevada. Le habla de su reino, un reino que «no es de este mundo». El procurador solo entiende una cosa: que no se trata de un reino político. Si se quiere hablar de religión, él no quiere entrar en este tipo de asuntos. Por eso, pregunta con ironía evidente: «Entonces, ¿tú eres Rey?» «Jesús respondió: Tú lo dices: yo soy rey» (Jn 18,37).

Al declarar que es rey, Jesús se expone a la muerte; pero en lugar de disculparse negándolo, lo afirma fuertemente. Revela su origen superior: «Vine al mundo…»: por lo tanto, misteriosamente existía antes de la vida terrenal, viene de otro mundo. Vino a la tierra ser testigo de la verdad. Trata a Pilato como un alma que necesita luz y verdad y no como a un juez. Se interesa en el destino del hombre Pilato, más que en el suyo personal. Con su llamada a recibir la verdad, quiere inducirle a entrar en sí mismo, a mirar las cosas con un ojo diferente, a colocarse por encima de la contienda momentánea con judíos.

El procurador romano capta la invitación que Jesús le dirige, pero sobre este tipo de especulaciones es escéptico e indiferente. El misterio que barrunta en las palabras de Jesús le da miedo y prefiere terminar la conversación. Murmura dentro de sí, encogiéndose de hombros: «¿Qué es la verdad?» y sale del pretorio.

¡Qué actual es esta página del Evangelio! Incluso hoy, como en el pasado, el hombre se pregunta: «¿Qué es la verdad?». Pero, como Pilato, da la espalda distraídamente al que dijo: «He venido al mundo para dar testimonio de la verdad» y «¡Yo soy la Verdad!» (Jn 14,6). 

A través de Internet he seguido innumerables debates sobre religión y ciencia, sobre fe y ateísmo. Una cosa me ha llamado la atención: horas y horas de diálogo, sin mencionar nunca el nombre de Jesús. Y si la parte creyente a veces se atrevía a nombrarlo y aducir el hecho de su resurrección de entre los muertos, inmediatamente se trataba de cerrar el discurso no pertinente al tema. Todo sucede «etsi Christus non daretur»: como si nunca hubiera existido en el mundo un hombre llamado Jesucristo. 

¿Cuál es el resultado de ello? La palabra «Dios» se convierte en un recipiente vacío que cada uno puede llenar a su antojo. Pero precisamente por esta razón Dios se preocupó por dar contenido a su nombre mismo. «El Verbo se hizo carne».  ¡La Verdad se hizo carne! De ahí el arduo esfuerzo por dejar a Jesús fuera del discurso sobre Dios: ¡Él quita al orgullo humano cualquier pretexto para decidir, él, lo que Dios es! 

«¡Ah, ciertamente: Jesús de Nazaret!», se objeta. «¡Pero si alguno duda si ha existido!» Un conocido escritor inglés del siglo pasado —conocido por el gran público por ser el autor del ciclo de novelas y películas «El Señor de los Anillos», John Ronald Tolkien— en una carta, dio esta respuesta a su hijo que le presentaba la misma objeción: 

Se necesita una sorprendente voluntad de no creer para suponer que Jesús nunca existió o que no dijo las palabras que se le atribuyen, pues son imposibles de inventar por cualquier otro ser en el mundo: «Antes de que Abraham existiera, yo soy» (Jn 8,58); y «El que me ve a mí ve al Padre» (Jn 14,9).

La única alternativa a la verdad de Cristo, agregaba el escritor, es que se trata de «un caso de megalomanía demente y fraude gigantesco». ¿Podría tal caso, sin embargo, resistir veinte siglos de feroz crítica histórica y filosófica, y producir los frutos que ha producido?

Hoy se va más allá del escepticismo de Pilato. Hay quien piensa que ni siquiera se debe uno plantear la pregunta «¿Qué es la verdad?», ¡porque la verdad, simplemente, no existe! «¡Todo es relativo, nada es cierto! ¡Pensar lo contrario es una presunción intolerable!» Ya no hay espacio para «los grandes relatos sobre el mundo y la realidad», incluidos aquellos sobre Dios y sobre Cristo.

Hermanos y hermanas ateos, agnósticos o todavía en búsqueda (si hay alguien escuchando): no es un pobre predicador como yo quien ha pronunciado las palabras que estoy a punto de pronunciar; él es uno de vosotros, uno a quien muchos de vosotros admiráis, de quien escribís y de quien, tal vez, también os consideráis, de alguna manera, discípulos y continuadores: ¡Søeren Kierkegaard! 

Se habla mucho —dice él—. de miserias humanas; se habla mucho de vidas desperdiciadas. Pero desperdiciada es sólo la vida de ese hombre que nunca se dio cuenta, porque nunca tuvo, en el sentido más profundo, la impresión de que hay un Dios y que él —precisamente él, su yo—, está ante este Dios.

Se dice: ¡hay demasiada injusticia, demasiado sufrimiento en el mundo como para creer en Dios! Es cierto, pero pensemos en cuánto más absurdo y desesperanzador se vuelve el mal que nos rodea, sin fe en un triunfo final del bien. La resurrección de Jesús de entre los muertos es la promesa y la garantía cierta de que el triunfo existirá, porque ya ha comenzado con Él. 

Si tuviera el coraje de san Pablo, también yo debería gritar: «¡Os lo ruego: Dejaos reconciliar con Dios!» (2 Cor 5,20). ¡No desperdicies tampoco vuestra vida! No abandonéis este mundo como Pilato salió del Pretorio, con esa pregunta en suspenso: «¿Qué es la verdad?» Es demasiado importante. Se trata de saber si hemos vivido para algo, o en vano.

El diálogo de Jesús con Pilato ofrece, sin embargo, la ocasión para otra reflexión dirigida esta vez a nosotros los creyentes y hombres de Iglesias, no a los de fuera:  «¡Tu gente y tus sacerdotes me han entregado!»: Gens tua et pontifices tradiderunt te mihi (Jn 18,35). ¡Los hombre de la Iglesia, tus sacerdotes te han abandonado; han descalificado tu nombre con crímenes horrendos! ¿Y deberíamos seguir creyendo en ti todavía?

También a esta terrible objeción me gustaría responder con las palabras que el mismo escritor recordado escribía al hijo:

Nuestro amor se podrá enfriar y nuestra voluntad rasguñar por el espectáculo de las deficiencias, la locura y los pecados de la Iglesia y sus ministros, pero no creo que quien ha creído de verdad una vez abandone la fe por estas razones, y menos aún quien tiene algún conocimiento de la historia… Esto es cómodo porque nos empuja a apartar la vista de nosotros mismos y de nuestras faltas y encontrar un chivo expiatorio… Creo que soy tan sensible a los escándalos como lo eres tú y cualquier otro cristiano. He sufrido mucho en mi vida a causa de sacerdotes ignorantes, cansados, débiles y, a veces, incluso malos.

Por lo demás, era de esperar un resultado de este tipo. Comenzó antes de la Pascua con la traición de Judas, la negación de Simón Pedro, la huida de los apóstoles… ¿Llorar, entonces? Sí —recomendaba Tolkien al hijo—, pero por Jesús —por lo que debe soportar— antes que por nosotros. Lloramos –agregamos hoy– con las víctimas y por las víctimas de nuestros pecados.

Una conclusión para todos, creyentes y no creyentes. Este año celebramos la Pascua no con el sonido de las campanas, sino con el ruido en nuestros oídos de bombas y explosiones no lejanas de aquí. Recordemos lo que Jesús respondió una vez a la noticia de la sangre que Pilato había hecho correr, y del derrumbe de la torre de Siloé: «Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera» (Lc 13,5). Si no cambiáis vuestras lanzas en guadañas, vuestras espadas en arados (Is 2,4) y vuestros misiles en fábricas y casas, ¡todos pereceréis de la misma manera! 

Los acontecimientos nos han recordado de repente algo. Los arreglos del mundo cambian de un día para otro. Todo pasa, todo envejece; todo —no sólo «la bendita juventud»—, falla. Solo hay una forma de escapar de la corriente del tiempo que arrastra todo detrás de ti: ¡pasar a lo que no pasa! ¡Pon tus pies en tierra firme! Pascua significa tránsito. Tengamos todos este año una verdadera Pascua: Venerados Padres, hermanos y hermanas: ¡pasemos a Aquel que no pasa! ¡Pasemos ahora con el corazón, antes de pasar un día con el cuerpo!

©Traducido del original italiano por Pablo Cervera Barranco

Fuente: Infovaticana

Semana Santa 2022: Viacrucis en el Coliseo de Roma con el papa Francisco I

domingo, 10 de abril de 2022

Domingo de Ramos: entrada mesiánica de Jesús a Jerusalén

 Significado del Domingo de Ramos

Vamos con el pensamiento a Jerusalén, Jesús entra como Rey pacífico, Mesías aclamado y condenado después


Por: . | Fuente: Mercaba.org



En este día, se entrecruzan las dos tradiciones litúrgicas que han dado origen a esta celebración: la alegre, multitudinaria, festiva liturgia de la iglesia madre de la ciudad santa, que se convierte en mimesis, imitación de los que Jesús hizo en Jerusalén, y la austera memoria -anamnesis- de la pasión que marcaba la liturgia de Roma. Liturgia de Jerusalén y de Roma, juntas en nuestra celebración. Con una evocación que no puede dejar de ser actualizada.

Vamos con el pensamiento a Jerusalén, subimos al Monte de los olivos para recalar en la capilla de Betfagé, que nos recuerda el gesto de Jesús, gesto profético, que entra como Rey pacífico, Mesías aclamado primero y condenado después, para cumplir en todo las profecías. .

Por un momento la gente revivió la esperanza de tener ya consigo, de forma abierta y sin subterfugios aquel que venía en el nombre del Señor. Al menos así lo entendieron los más sencillos, los discípulos y gente que acompañó a Jesús, como un Rey.

San Lucas no habla de olivos ni palmas, sino de gente que iba alfombrando el camino con sus vestidos, como se recibe a un Rey, gente que gritaba: "Bendito el que viene como Rey en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en lo alto".

Palabras con una extraña evocación de las mismas que anunciaron el nacimiento del Señor en Belén a los más humildes. Jerusalén, desde el siglo IV, en el esplendor de su vida litúrgica celebraba este momento con una procesión multitudinaria. Y la cosa gustó tanto a los peregrinos que occidente dejó plasmada en esta procesión de ramos una de las más bellas celebraciones de la Semana Santa.

Con la liturgia de Roma, por otro lado, entramos en la Pasión y anticipamos la proclamación del misterio, con un gran contraste entre el camino triunfante del Cristo del Domingo de Ramos y el Viacrucis de los días santos.

Sin embargo, son las últimas palabras de Jesús en el madero la nueva semilla que debe empujar el remo evangelizador de la Iglesia en el mundo.

"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Este es el evangelio, esta la nueva noticia, el contenido de la nueva evangelización. Desde una paradoja este mundo que parece tan autónomo, necesita que se le anuncie el misterio de la debilidad de nuestro Dios en la que se demuestra el culmen de su amor. Como lo anunciaron los primeros cristianos con estas narraciones largas y detallistas de la pasión de Jesús.

Era el anuncio del amor de un Dios que baja con nosotros hasta el abismo de lo que no tiene sentido, del pecado y de la muerte, del absurdo grito de Jesús en su abandono y en su confianza extrema. Era un anuncio al mundo pagano tanto más realista cuanto con él se podía medir la fuerza de la Resurrección.

La liturgia de las palmas anticipa en este domingo, llamado pascua florida, el triunfo de la resurrección; mientras que la lectura de la Pasión nos invita a entrar conscientemente en la Semana Santa de la Pasión gloriosa y amorosa de Cristo el Señor.

sábado, 2 de abril de 2022

Alientan a vivir una semana de oración y ayuno para que “Europa redescubra a Dios”

 


El movimiento internacional Mater Fátima alentó a vivir una semana de oración y ayuno “para que Europa redescubra a Dios y vuelva a sus raíces católicas”.

La convocatoria apunta a que del 4 al 10 de abril, los católicos en todo el mundo se unan en una semana especial de oración.

Estos días de ayuno y oración, indicó Mater Fátima en un comunicado remitido a ACI Prensa, serán “en reparación de nuestros pecados y los del mundo entero, especialmente los de Europa”.

Además, pedirán a Dios “que el Espíritu Santo ilumine las conciencias para que se recupere el sentido justo del pecado, se reconozca la necesidad de la propia conversión, de la oración y reparación; y que se identifiquen los signos de estos tiempos”.

Entre otras intenciones se ofrecerá la oración y el ayuno “para que se respete la vida, el matrimonio y la familia como Dios los creó, y sea protegida la pureza de los niños y jóvenes”.

Entre las oraciones que se proponen para este día se encuentran el Santo Rosario, el Ángelus, la Coronilla de la Divina Misericordia, el Via Crucis, y Sitios de Jericó.

“Pueden rezarse de manera individual, en el horario que a cada persona resulte conveniente o unirse a las transmisiones que Mater Fátima ofrece a través de sus distintos canales”, señaló el movimiento.

Para más información, puede ingresar a: https://materfatima.org/wp-content/uploads/2022/03/SEMANA-DE-ORACION-Y-AYUNO-POR-EUROPA.pdf

Fuente: Aciprensa

Marzo 31 de 2022: Semana de oración y ayuno por Europa 

«Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor. No endurezcáis vuestro corazón» (Salmo 94) 

Para que Europa redescubra a Dios y vuelva a sus raíces católicas, Mater Fátima lanza una llamada a los fieles para participar en una semana de oración a la cual Dios no pueda resistirse, y a través de la Santísima Virgen María y San José, nos conceda las gracias que le pedimos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre … «Ya el Señor había convidado a Sus discípulos a juntarse para orar prometiéndoles venir a estar en medio de ellos para dar fuerza a sus peticiones: “Donde dos o tres estén reunidos en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos". Si esto es verdad con respecto a una reunión de solos dos o tres, ¿cuánto más no lo será, si se reunieren gran número de gentes para alabar oficialmente a Dios? 

Santo Tomás dice ser entonces irresistible la eficacia de la oración: “impossibile est preces multorum non exaudiri, si ex multis orationibus fiat quasi una". 

Así como un padre, que se mantiene firme ante las súplicas de uno solo de sus hijos, se enternece cuando los ve a todos unidos en la misma petición, también nuestro Padre celestial no puede resistirse a la dulce violencia que le hace la oración común de gran número de sus hijos.» P. Adolphe Tanquerey. 

Esta semana de oración se llevará a cabo del 4 al 10 de Abril con las siguientes intenciones: 

- En reparación de nuestros pecados y los del mundo entero, especialmente los de Europa. - Que el Espíritu Santo ilumine las conciencias para que se recupere el sentido justo del pecado, se reconozca la necesidad de la propia conversión, de la oración y reparación; y que se identifiquen los signos de estos tiempos. 

- Que la Inmaculada Virgen María y San José protejan e intercedan por Europa, para que no puedan llevarse a cabo los planes que Satanás tiene para destruirla, sobre todo a través de la masonería y el comunismo. 

- Que la verdadera Paz que solo Dios puede dar reine en los corazones y naciones. 

- Por la renovación constante de la Iglesia Católica de Europa, en el amor, la santidad y la unidad. 

- Para que se respete la vida, el matrimonio y la familia como Dios los creó, y sea protegida la pureza de los niños y jóvenes. Los representantes de Mater Fátima en España, Alemania, Austria, Inglaterra, Escocia, Dinamarca, Noruega, Italia, Grecia, Israel y Australia, principalmente, estarán participando en esta ocasión y quedan invitados todos los demás países y fieles que deseen sumarse. 

Las oraciones que se proponen son las siguientes, pueden rezarse de manera individual, en el horario que a cada persona resulte conveniente o unirse a las transmisiones que Mater Fátima ofrece a través de sus distintos canales. 

ORACIÓN HORA EUROPA CENTRAL CANAL DE YOUTUBE 

Trisagio a la Santísima Trinidad 

7:00 Hrs. Juventud Mater Fátima Oraciones y Rosario al Espíritu Santo 8:00 Hrs. Sitio de Jericó Mater Fatima Sitios de Jericó. (Sólo se puede rezar estando en estado de gracia). Español: 08:30 Hrs. / 20:00 Hrs. Italiano: 21:30 Hrs. Inglés: 21:30 Hrs. Sitio de Jericó Mater Fatima Sitio de Jericó Mater Fatima Mater Fatima International English Santo Rosario 16.30 Hrs. Sitio de Jericó Mater Fatima Ángelus y rosario de alabanzas a la Santísima Virgen 12:00 Hrs. Sitio de Jericó Mater Fatima Coronilla de la Divina Misericordia y Coronilla de Reparación 15:00 Hrs. Sitio de Jericó Mater Fatima Oración a San José 17:30 Hrs. (Sólo miércoles 6 de Abril) Sitio de Jericó Mater Fatima Vía Crucis 17:30 Hrs. (Sólo viernes 8 de Abril) Sitio de Jericó Mater Fatima Coronilla a San Miguel Arcángel 18:30 Hrs. Sitio de Jericó Mater Fatima Cada persona podrá rezar algunas o todas las oraciones propuestas y podrán encontrar el manual de oraciones en la página web www.materfatima.org. Asimismo, podrán unirse siguiendo las transmisiones en el canal indicado. Además se invita a participar en la Santa Misa diaria, hacer ayuno de 7 días a pan y agua o algún día de esa semana, mortificaciones, buenas obras, etc. Las personas que ya los estén llevando a cabo, se pueden unir ofreciéndolos también por las intenciones de esta jornada. 

“¡Oh Jesús! es por tu amor y por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María.” 



Mater Fátima Todo para gloria de Dios y el Triunfo del Inmaculado Corazón de María

viernes, 25 de marzo de 2022

Acto de Consagración de Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María

 



Acto de Consagración al Corazón Inmaculado de María

 Oh María, Madre de Dios y Madre nuestra, nosotros, en esta hora de tribulación, recurrimos a ti. Tú eres nuestra Madre, nos amas y nos conoces, nada de lo que nos preocupa se te oculta. Madre de misericordia, muchas veces hemos experimentado tu ternura providente, tu presencia que nos devuelve la paz, porque tú siempre nos llevas a Jesús, Príncipe de la paz.

 Nosotros hemos perdido la senda de la paz. Hemos olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado, el sacrificio de millones de caídos en las guerras mundiales. Hemos desatendido los compromisos asumidos como Comunidad de Naciones y estamos traicionando los sueños de paz de los pueblos y las esperanzas de los jóvenes. Nos hemos enfermado de avidez, nos hemos encerrado en intereses nacionalistas, nos hemos dejado endurecer por la indiferencia y paralizar por el egoísmo. Hemos preferido ignorar a Dios, convivir con nuestras falsedades, alimentar la agresividad, suprimir vidas y acumular armas, olvidándonos de que somos custodios de nuestro prójimo y de nuestra casa común. Hemos destrozado con la guerra el jardín de la tierra, hemos herido con el pecado el corazón de nuestro Padre, que nos quiere hermanos y hermanas. Nos hemos vuelto indiferentes a todos y a todo, menos a nosotros mismos. Y con vergüenza decimos: perdónanos, Señor.

 En la miseria del pecado, en nuestros cansancios y fragilidades, en el misterio de la iniquidad del mal y de la guerra, tú, Madre Santa, nos recuerdas que Dios no nos abandona, sino que continúa mirándonos con amor, deseoso de perdonarnos y levantarnos de nuevo. Es Él quien te ha entregado a nosotros y ha puesto en tu Corazón inmaculado un refugio para la Iglesia y para la humanidad. Por su bondad divina estás con nosotros, e incluso en las vicisitudes más adversas de la historia nos conduces con ternura.

 Por eso recurrimos a ti, llamamos a la puerta de tu Corazón, nosotros, tus hijos queridos que no te cansas jamás de visitar e invitar a la conversión. En esta hora oscura, ven a socorrernos y consolarnos. Repite a cada uno de nosotros: “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”. Tú sabes cómo desatar los enredos de nuestro corazón y los nudos de nuestro tiempo. Ponemos nuestra confianza en ti. Estamos seguros de que tú, sobre todo en estos momentos de prueba, no desprecias nuestras súplicas y acudes en nuestro auxilio.

 Así lo hiciste en Caná de Galilea, cuando apresuraste la hora de la intervención de Jesús e introdujiste su primer signo en el mundo. Cuando la fiesta se había convertido en tristeza le dijiste: «No tienen vino» (Jn 2,3). Repíteselo otra vez a Dios, oh Madre, porque hoy hemos terminado el vino de la esperanza, se ha desvanecido la alegría, se ha aguado la fraternidad. Hemos perdido la humanidad, hemos estropeado la paz. Nos hemos vuelto capaces de todo tipo de violencia y destrucción. Necesitamos urgentemente tu ayuda materna.

 Acoge, oh Madre, nuestra súplica.

 Tú, estrella del mar, no nos dejes naufragar en la tormenta de la guerra.

Tú, arca de la nueva alianza, inspira proyectos y caminos de reconciliación.

Tú, “tierra del Cielo”, vuelve a traer la armonía de Dios al mundo.

Extingue el odio, aplaca la venganza, enséñanos a perdonar.

Líbranos de la guerra, preserva al mundo de la amenaza nuclear.

Reina del Rosario, despierta en nosotros la necesidad de orar y de amar.

Reina de la familia humana, muestra a los pueblos la senda de la fraternidad.

Reina de la paz, obtén para el mundo la paz.

 Que tu llanto, oh Madre, conmueva nuestros corazones endurecidos. Que las lágrimas que has derramado por nosotros hagan florecer este valle que nuestro odio ha secado. Y mientras el ruido de las armas no enmudece, que tu oración nos disponga a la paz. Que tus manos maternas acaricien a los que sufren y huyen bajo el peso de las bombas. Que tu abrazo materno consuele a los que se ven obligados a dejar sus hogares y su país. Que tu Corazón afligido nos mueva a la compasión, nos impulse a abrir puertas y a hacernos cargo de la humanidad herida y descartada.

 Santa Madre de Dios, mientras estabas al pie de la cruz, Jesús, viendo al discípulo junto a ti, te dijo: «Ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26), y así nos encomendó a ti. Después dijo al discípulo, a cada uno de nosotros: «Ahí tienes a tu madre» (v. 27). Madre, queremos acogerte ahora en nuestra vida y en nuestra historia. En esta hora la humanidad, agotada y abrumada, está contigo al pie de la cruz. Y necesita encomendarse a ti, consagrarse a Cristo a través de ti. El pueblo ucraniano y el pueblo ruso, que te veneran con amor, recurren a ti, mientras tu Corazón palpita por ellos y por todos los pueblos diezmados a causa de la guerra, el hambre, las injusticias y la miseria.

 Por eso, Madre de Dios y nuestra, nosotros solemnemente encomendamos y consagramos a tu Corazón inmaculado nuestras personas, la Iglesia y la humanidad entera, de manera especial Rusia y Ucrania. Acoge este acto nuestro que realizamos con confianza y amor, haz que cese la guerra, provee al mundo de paz. El “sí” que brotó de tu Corazón abrió las puertas de la historia al Príncipe de la paz; confiamos que, por medio de tu Corazón, la paz llegará. A ti, pues, te consagramos el futuro de toda la familia humana, las necesidades y las aspiraciones de los pueblos, las angustias y las esperanzas del mundo.

 Que a través de ti la divina Misericordia se derrame sobre la tierra, y el dulce latido de la paz vuelva a marcar nuestras jornadas. Mujer del sí, sobre la que descendió el Espíritu Santo, vuelve a traernos la armonía de Dios. Tú que eres “fuente viva de esperanza”, disipa la sequedad de nuestros corazones. Tú que has tejido la humanidad de Jesús, haz de nosotros constructores de comunión. Tú que has recorrido nuestros caminos, guíanos por sendas de paz.

 Amén.

25 de marzo: Solemnidad de la Anunciación del ángel a María

 La Anunciación del ángel a María...momento solemne para la historia

Vida Oculta de Jesús.


Por: P. Enrique Cases | Fuente: Catholic.net



Nada se sabía de la Madre de Jesús. Vivía en Nazaret. Oculta a los ojos de los hombres, pero no a los ojos de Dios. Más adelante contará Ella misma los hechos que la llevan a la maternidad, y a descubrir su vocación y su misión en la vida y en los planes de Dios. Hasta la anunciación del arcángel Gabriel, María de Nazaret era una mujer israelita perfectamente desconocida. Su vida trasciende la historia por el libre y amoroso cumplimiento de la misión que le fue asignada desde la eternidad y que Ella conoció a través del arcángel.

Infancia de María
Nace en una familia de la tribu de Judá; sus padres se llaman Joaquín y Ana. Diversas tradiciones nos la sitúan muy pequeña en el Templo donde aprende la Sagrada Escritura a un nivel no usual a las mujeres de Israel. Pero lo importante era su trato con Dios desde el principio. En su infancia, o primera adolescencia, es cuando percibe con claridad que Dios le pide vivir virgen por amor a Dios. Su vida de oración es intensa para poder descubrir algo infrecuente: la entrega total prescindiendo de algo tan bueno, y tan bendecido por Dios en todos los libros santos y en la conciencia de los humanos, como el matrimonio y la maternidad. Pero Dios quería de Ella ese modo de vivir que es amar con el corazón indiviso, sin anticipos de cosas buenas, en oblación total. Más adelante, Jesús dirá que no todos entienden estas cosas. Pero Ella entiende porque, aunque no lo sepa, desde su concepción tiene un privilegio especialísimo: no estar afectada por el pecado original y estar, por tanto, llena de la gracia de Dios. Ella es amada de Dios de un modo nuevo, en previsión de los méritos del que será su Hijo. Ella no lo sabe, pero sí sabe que tiene una gran intimidad con Dios, que le ama de un modo pleno, que bebe sus palabras y sintoniza plenamente con el querer divino.

Los planes de Dios
Cuando cumple trece años, sus familiares, siguiendo las costumbres del momento, deciden poner los medios para que se case del mejor modo posible. Para eso miran entre los varones de la tribu, y descubren uno que tiene todas las condiciones: José, vecino también de Nazaret. Era justo, es decir, cumplidor de la ley, honrado, trabajador, piadoso. Un buen hombre a ojos de todos, que puede encajar muy bien con el carácter de María. Los planes de Dios siguen su curso. Ahora podrá ser Madre virginal protegida a los ojos de todos por el Matrimonio con José.

El saludo del ángel
Al poco tiempo acontece uno de los momentos culmen de la historia de los hombres. María está en su casa, probablemente, recogida en oración. Cuando, de repente entró un ángel. Quizá es una aparición con el resplandor de los que están en la vida eterna cerca de Dios, quizá es más sencillo. Poco importa el modo; pues lo sorprendente son sus palabras: "Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué significaría esta salutación"(Lc).

Momento solemne para la historia
Aquel fue un momento solemne para la historia de la humanidad: se iba a cerrar el tiempo del pecado para entrar en el tiempo de la gracia; se pasa del tiempo de la paciencia de Dios al de mayor misericordia. La creación entera está pendiente del sí de una joven israelita. Es un momento de gran alegría en los cielos y en la tierra, llega al mundo un gran amor divino. Dios habita en su alma de un modo pleno, gozoso, amoroso. Ella es la hija de Dios Padre que siempre ha correspondido al querer de Dios. María se sorprende, pero sin perder la serenidad, pues reflexiona sobre el significado de estas palabras. Respeto y sorpresa. “¿Es de Dios lo que oigo?”.

No temas
El ángel, llamado Gabriel, nombre que significa "fuerte ante Dios", espera; y tras un breve silencio, pronuncia las palabras de su embajada: "No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su Reino no tendrá fin"(Lc).

El "no temas" es la introducción que usa la Escritura para las vocaciones de divinas, es como decir: escucha con atención, lo que vas a oír es Palabra de Dios. Y luego la gran sorpresa: por especial gracia de Dios concebirá, dará a luz, pondrá por nombre al futuro rey de Israel, al Hijo de David que tendrá un reino eterno. El momento tan esperado en Israel de la venida de un salvador ha llegado. La virgen profetizada por Isaías es Ella. Comienzan, si María quiere, los tiempos tan esperados de la gran misericordia de Dios.
María escucha, piensa, y pone una objeción no de resistencia, sino de no entender como Dios le puede pedir dos cosas que son incompatibles para el ser humano: la virginidad y la maternidad. ¡Era tan clara la llamada a ser virgen!

La respuesta de María
"María dijo al ángel: ¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?". "Respondió el ángel y le dijo: El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá Santo, será llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que era llamada estéril, hoy cuenta ya el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible"(Lc). El ángel ha respondido a la duda, María ve, ahora, la llamada anterior compatible con la maternidad que se le pide. Dios quiere que su Hijo no sea un hijo de la carne con un padre humano, sino sólo de Mujer. La única Mujer totalmente dócil a su querer.

"He aquí la esclava del Señor"
El tiempo se detiene. María reconoce el querer de Dios para Ella: su colaboración libre en una empresa divina. Percibe que su maternidad va ser de una calidad especial; ser la madre del Rey de Reyes, del Salvador, pero sobre todo ser madre del Hijo del Altísimo, ser madre de Dios; porque la maternidad hace referencia a la persona, y Ella introducirá al Hijo sempiterno en la vida de los hombres. María tuvo que ser plenamente consciente de lo que estaba pasando y de lo que se le pedía: no será un elemento pasivo en la gran tarea de la redención. Y, desde una inteligencia preclara, sin la tiniebla del pecado, ve con claridad meridiana la grandeza de lo que se le pide. Aunque tendrá conocimiento más claro en la profecía de Simeón. Pero ve, sobre todo, el gran derroche de Amor en el mundo. El mundo espera su respuesta. La espera Adán y Eva desde el seol, la esperan los patriarcas, los ángeles, el cielo está en suspenso ante la respuesta de María. Los segundos se hacen eternos. Cuando de pronto surge de su boca el sí con acentos de entrega y fe consciente y amorosa:

"Dijo entonces María: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró de su presencia"(Lc).

Y el Verbo se hizo carne en sus entrañas virginales. El Espíritu forma la humanidad de Jesús y la une al Verbo. La Humanidad llega a su punto más alto: Dios se ha unido al hombre en Jesús. No hay cumbre mayor a partir de entonces. Y el gozo embarga el corazón de María llena de Dios, que además de hija de Dios Padre, es, desde entonces, Madre de Dios Hijo.



sábado, 19 de marzo de 2022

19 de marzo: San José

 

Conságrate hoy a San José con esta hermosa oración




Hoy 19 de marzo se elevan las oraciones al cielo para celebrar a San José, padre adoptivo de Jesús.

Una de ellas, es la oración de consagración compuesta en 2012 por el Obispo de Fréjus-Toulon (Francia), Mons. Dominique Rey.

En ella el Prelado consagra a los “sacerdotes, diáconos, consagrados, todas las familias y todos los habitantes” de su diócesis al Santo Custodio de la Familia de Nazareth.

En la oración, Mons. Rey destaca la defensa de la vida, desde la concepción hasta la muerte natural; y alienta a la santificación del trabajo junto con el surgimiento de nuevos testigos del Evangelio.

A continuación la adaptación de la hermosa plegaria para que pueda ser rezada por todos los fieles.

Oración de consagración a San José

Señor Jesús, venimos a solicitar la ayuda y la protección de San José, para confiar su solicitud paternal sobre nuestra Iglesia, sus sacerdotes, sus diáconos, sus consagrados, todas las familias y todos sus miembros.

San José, casto esposo de la Virgen María, ayuda a las parejas a reencontrar el fervor de su primer amor y la gracia del sacramento con el que se donaron mutuamente. Asístelos para superar los conflictos, ábrelos al perdón recíproco.

Confiamos a tu paternal solicitud a las parejas estériles. Protege a los prometidos en su deseo de darse uno al otro, en el respeto de cada uno y en toda libertad. Que su corazón se abra ampliamente a acoger a los niños que nacerán de su amor.

San José, padre adoptivo de Jesús en Belén, enséñanos a defender la vida humana desde la concepción. Te confiamos a todos los seres que han sido asesinados en el seno de sus madres, la angustia de las mamás, la inconsciencia trágica de quienes han practicado un aborto.

Tú que has protegido a Jesús de la masacre de los Santos Inocentes, haz que nosotros y nuestras autoridades seamos protectores de la vida humana. Protege a los huérfanos y a los niños ante los comportamientos violentos y torcidos de los adultos.

San José, Patrono de la buena muerte, haz que nos dispongamos a encontrar con toda tranquilidad al Señor el día que nos llame a dejar esta tierra. Libera a nuestra sociedad de la tentación mortífera de practicar o promover la eutanasia y el suicidio.

San José, guardián de la Sagrada Familia, te presentamos a cada una de nuestras familias. Te imploramos, por el ejemplo de tu valentía y de tu docilidad al Espíritu Santo, que asumamos con fidelidad y sabiduría las responsabilidades educativas y familiares que se les has confiado.

Te pedimos que podamos enseñar la fe a nuestros niños comenzando por nuestra manera de vivir. Por la oración de San José, Señor, bendice a todas las familias de la tierra, bendice a todas las comunidades, bendice y protege a nuestro país.

San José, en el tiempo de la prueba, recordamos que tú encontraste al Niño Jesús tras varios días de haberlo buscado angustiosamente. A la hora de la duda y en medio del desaliento, ven en nuestro auxilio para buscar a Cristo sin cesar y encontrarlo.

Confiamos a tu intercesión la situación de los cristianos perseguidos, en particular los de Medio Oriente, protégelos de todas las formas de terrorismo, la violencia y la guerra civil en Siria.

San José, servidor prudente de Jesús y María en las rutas del éxodo, haz que seamos cercanos a los excluidos, a los errantes, a los extranjeros. Ayúdanos a comprender que el amor no tiene fronteras y que cada uno de nosotros es responsable de nuestros hermanos y hermanas.

San José, humilde artesano de Galilea, te confiamos nuestra profesión, con la cual y para la cual trabajamos, también te confiamos a los que no tienen empleo ni recursos.

Enséñanos a santificarnos y a santificar al Señor mediante nuestro trabajo. Ayúdanos a compartir sus frutos. Y a ti que cubriste las necesidades materiales de la Sagrada Familia, ponemos bajo tu mirada la vida temporal de nuestras familias, de nuestras comunidades y de nuestras diócesis.

San José, doctor del silencio en el seguimiento de Jesús, te presentamos la vitalidad misionera de nuestra Iglesia, de nuestras parroquias, de nuestras familias, de nuestras comunidades.

Te suplicamos fervientemente que hagas surgir una nueva generación de testigos del Evangelio. Por tu oración, suscita vocaciones sacerdotales y religiosas.

Sostén la fidelidad de las personas que se han consagrado mediante los consejos evangélicos así como el compromiso misionero de las familias en el corazón de nuestro mundo.

San José, en este día, te consagramos a la Iglesia, nuestras familias y nuestras comunidades, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Fuente: Aciprensa.com