jueves, 15 de octubre de 2020

Santa Teresa de Ávila

 SANTA TERESA DE JESÚS, LA SANTÍSIMA VIRGEN Y SAN JOSÉ

 ©  Escrito por SCTJM
 



"Dios no ha de forzar nuestra voluntad; toma lo que le damos; mas no se da a sí del todo

hasta que nos damos del todo". (Santa Teresa de Jesús)

Breve

Nace Teresa en Ávila el 28 de marzo de 1515. A los dieciocho años, entra en el Carmelo. A los cuarenta y cinco años, para responder a las gracias extraordinarias del Señor, emprende una nueva vida cuya divisa será: «O sufrir o morir». Es entonces cuando funda el convento de San José de Ávila, primero de los quince Carmelos que establecerá en España. Con san Juan de la Cruz, introdujo la gran reforma carmelitana. Sus escritos son un modelo seguro en los caminos de la plegaria y de la perfección. Murió en Alba de Tormes, al anochecer del 4 de octubre de 1582. Pablo VI la declaró doctora de la Iglesia el 27 de septiembre de 1970.


La gran española carmelita reformadora, Sta. Teresa de Ávila ha sido justamente llamada "una de las mujeres mas grandes, mas atractivas y apreciadas, que el mundo haya conocido". Sus amigos exclamaban: "Gracias a Dios que nos ha permitido ver a una santa a quien podemos imitar".  Además de su santidad, dones espirituales y místicos, la santa tenía un gran sentido del humor.

 Ella fue una de esas almas apostólicas, como Catalina de Siena, que tuvo una intensa devoción a Jesucristo y alcanzó grandes alturas de comunión mística con El. En sus maravillosos escritos también nos revela que la Madre de Dios no solo la ayudó en muchas ocasiones a llevar a cabo sus grandes empresas apostólicas, sino que recompensó su ferviente devoción, manifestándosele en muchas de sus significantes experiencias místicas.

En su autobiografía, Sta. Teresa escribió que su madre le enseñó, ya desde muy niña a "orar y ser devota de Nuestra Señora".  Cada tarde después de cena la familia se reunía a rezar juntos, y así se iba despertando en ella y en su hermano un gran amor por el Señor, la Virgen, los  santos y los mártires.  A tal punto que llegaron a desear morir mártires a manos de los moros.  Incluso, construyeron una ermita en el jardín, en la cual rezaban el rosario y jugaban a ser monjes y monjas. 

Cuando Teresa en su juventud se encontraba en conflictos interiores, tenía como costumbre ir a la capilla de un hospital cercano y pasar grandes ratos frente a una estatua de la Virgen, que le evocaba consuelo y paz.

La madre de Teresa murió cuando esta tenia tan solo 13 años.  Muchos años después la Santa escribió: "Cuando empecé a comprender lo que esta pérdida significó para mi, en mi aflicción fui a una imagen de Nuestra Señora y con muchas lágrimas en mis ojos, le imploré que fuera mi Madre.  Hice esto con toda sencillez de corazón, y creo que me ayudo grandemente, ya que por experiencia he descubierto que la Virgen Santísima ha venido en mi auxilio cada vez que me he encomendado a Ella."

Teresa había perdido muchas horas, noches y días leyendo novelas románticas, que la llevaron poco a poco a la vanidad y a las conversaciones frívolas.  Pero pronto su padre la envió a un convento- escuela de las Agustinas llamado: "Nuestra Señora de la Gracia".

Gradualmente por la gracia de Dios concedida a Teresa  a través de María Santísima y después de un gran conflicto interior, Teresa se decidió ser religiosa.  No pensaba que tenía madera para ser una santa, pero por lo menos una buena religiosa.

Cuando cumplió los 20 años, a pesar de la oposición de su padre, Teresa se fue de la casa y entro en un convento carmelita conocido por ser bastante flexible, el convento de "Nuestra Señora de la Encarnación" en Ávila.  En Noviembre 2, 1537, profesó y tomó el hábito de la gloriosa Virgen del Monte Carmelo.

El  siguiente verano, después de meses de enfermedad y de oración solitaria, un poco antes de la fiesta de la Asunción, la joven religiosa aparentemente murió; cavaron su tumba, y cuando iba a empezar el funeral, abrió los ojos y dijo a sus afligidos familiares: ")estoy de  regreso?.  Acababa de tener su primera e inolvidable experiencia mística, en la cual tuvo una visión del horror del infierno y de su propio futuro.  Vio también comunidades de monjas organizadas con su esfuerzo, muchas almas entrando al cielo y finalmente su propia muerte.

En los próximos tres años, Teresa estaba parcialmente paralizada y sufrió intensamente, hasta que tomó a Sn. José como su especial patrón y el Señor le concedió el milagro de la sanación total a través de su padre virginal. Por el resto de su vida, Teresa seria gran devota de San José hasta llegar a decir: "no puedo recordar que le haya pedido alguna vez algo, que el no me haya concedido".  Es precisamente por este ejemplo de Santa Teresa, que la devoción ha San José ha aumentado grandemente en los tiempos modernos.

 Aunque todavía Teresa se complacía en las conversaciones y visitas del mundo, ya comenzaba a avanzar en la vida de oración y poco a poco Jesús la iba atrayendo más íntimamente hacia Su Corazón. 

Pronto, Teresa recibiría más favores sobrenaturales. Nuestro Señor se le aparecía y conversaba con ella muy frecuentemente, mientras iba haciendo una obra interior de transformación en Teresa.  Al principio sus confesores y directores espirituales, pensaban que estaba siendo engañada por el demonio, y por ello tuvo que sufrir gran soledad e incomprensión; angustia y tribulación interior.

Buscando el consuelo de la Virgen, Teresa emprendió una difícil peregrinación a través de las montañas hacia el Santuario español de Nuestra Señora de Guadalupe. Finalmente, después de casi 20 anos de sufrimiento interior y purificación a través de la penitencia y la oración, fue liberada de esta tribulación cuando el gran místico y reformador franciscano Sn. Pedro de Alcántara, la visitó y declaró que ella estaba ciertamente inspirada por Dios.  Sta. Teresa se confesó por primera vez con este santo hombre en la Iglesia de la Anunciación y agradeció a la Virgen María por esta valiosa asistencia. 

Fue en este período de su vida, que Teresa escribió: "en la fiesta de la Asunción de Nuestra Señora, reina de los ángeles, nuestro Señor se complació en darme esta gracia: en éxtasis El me hizo contemplar a María subiendo al cielo.  Pude contemplar el gozo y la solemnidad al ser recibida allá, y así como pude ver el lugar donde ella se encuentra ahora.  El describirlo va mucho mas allá de lo que yo puedo decir.  El gozo que llenó mi alma al ver tan grande gloria era excesivo.  Los efectos de esta visión fueron grandiosos: me hizo desear padecer muchas mas grandes tribulaciones, y tuve un gran e intenso deseo de servir a nuestra Señora por sus grandes méritos".

De ahí en adelante muchos eventos importantes en la vida de Teresa ocurrieron en fiestas de la Virgen María, que ella escribió una vez: "hoy es la vigilia de Nuestra Señora de Agosto.  Nuestros gozos y sufrimientos vienen a nosotros en sus fiestas, como si vinieran de Ella".  Y en la fiesta de la Asunción de 1561, cuando la santa de 46 años de edad, planeaba contrarrestar la guerra protestante en contra de la Iglesia de Cristo, fundando una pequeña comunidad de santas monjas contemplativas, bajo la estricta regla carmelita primitiva, Teresa experimentó una decisiva manifestación sobrenatural, la cual marcó el punto de partida: de una vida de purificación interior intensa, a una vida de actividad apostólica.

"Yo estaba en la Iglesia del monasterio del glorioso Sto. Domingo, pensando en los eventos de mi desolada vida y de los muchos pecados, los cuales en tiempos pasados yo había confesado. en esa Iglesia.  Caí en un éxtasis tan profundo.  Me senté y parecía que no podía ni siquiera ver la elevación, ni escuchar la Misa.  Yo pensé entonces que me vi a mi misma vestida de un manto de gran blancura y esplendor.  Al principio no vi quien me lo estaba poniendo.  Después vi a Nuestra Señora a mi derecha y a mi padre Sn. José a mi izquierda, vistiéndome con este manto.  Se me concedió comprender que en ese momento estaba limpia de mis pecados.  Cuando estuve revestida, estaba llena de gran alegría y nuestra Señora parecía que me tomaba de las dos manos.  Ella dijo que yo la había complacido grandemente al ser bien devota del glorioso Sn. José y que podía confiar que mis deseos relacionados al convento se llevarían a cabo, que no debía temer ningún fracaso porque ellos velarían sobre nosotros y por que su Hijo prometió estar con nosotras, y como prueba de esto, Ella me iba a dar esta joya.  Entonces, pareció que ella me ponía alrededor de mi cuello un espléndido collar de oro, del cual colgaba una cruz de mucho valor...  la belleza que vi en nuestra Señora era extremadamente grande, aun cuando no podía definir sus facciones, pero era toda la forma de su cara, revestida de blanco,

con un gran y suave esplendor. No vi a Sn. José claramente pero sabía que estaba allí. Nuestra Señora parecía ser bastante joven...  Cuando la Virgen María y San José estuvieron conmigo por bastante tiempo, yo experimentaba el mas grande gozo que hubiera sentido y no hubiera querido salir de el.  Los vi entonces subir al cielo con una multitud de ángeles.  Yo me quedé en gran soledad, aun cuando estaba confortada y animada, me quedé tan recogida, que por algún tiempo no pude moverme, ni hablar.  Yo estaba poseída por un fuerte deseo de ser consumida por el amor de Dios. Nunca he tenido la duda que  fue una visión que vino de Dios.  Me dejó en gran consolación y paz."

 "En otro momento vi a Nuestra Señora poniendo una capa de intensa blancura en cierto padre dominico.  Ella me dijo que le dio esa capa en consideración al servicio que le había prestado al ayudar a fundar esta casa y que era un signo de que Ella (la Virgen)le preservaría siempre su alma pura y que el no caería en pecado mortal".

Finalmente Teresa estaba lista para comenzar su dramática campaña de 20 años por la reforma de la orden carmelita.  Durante este período, sin importarle la incomprensión, la persecución y las tremendas dificultades prácticas, esta gran reformadora  apostólica de María y de San José, fundo 17 pequeñas comunidades de fervientes monjas contemplativas, 11 de las cuales dedicadas a Sn. José y 4 a la Santísima Virgen.  

Teresa inspiró al joven sacerdote Sn. Juan de la Cruz, a hacer lo mismo con los frailes carmelitas.

Teresa una vez expresó la filosofía básica de esta su reforma en estas palabras: "cuando veo las grandes necesidades de la Iglesia, soy tan afligida por ellas, que me parece burla estar preocupada por otra cosa..  pues veo que una sola persona completamente perfecta, con verdadero fervor, y amor por Dios, valdría mas que muchos que están tibios"

En el principio de su misión, tuvo esta experiencia: "un día después de la comunión, nuestro Señor me mandó a trabajar con todas mis fuerzas por este fin. El me hizo grandes promesas, que el convento sería ciertamente construido, que El se complacería en el y Sn. José haría de custodio en una puerta y nuestra Señora de custodia en la otra.  Que Cristo estaría en medio de nosotras".

Después de su primera fundación en Ávila, de un pequeño y pobre convento reformado, sin ninguna seguridad, "mientras oraba en la capilla vi a Cristo, quien me recibió con gran afecto, puso una corona en mi cabeza y me agradeció lo que había hecho por su Madre."

"En otra ocasión cuando todas estábamos rezando en el coro después de las completas, vi a Nuestra Señora en grandiosa gloria, en un manto blanco con el cual parecía que nos cubría a todas.  Comprendí por esto el tan alto grado de gloria al cual Nuestro Señor elevaría a las religiosas de esta casa."

Y la humilde santa agradecida a la Virgen, con lágrimas en sus ojos, dijo a sus hijas: "alábenlo, mis hijas, que ustedes sean verdaderamente las hijas de Nuestra Señora y ustedes no tienen porque avergonzarse de que yo soy una mala persona, ya que ustedes tienen tan buena Madre.  Imítenla y reflexionen que la grandeza de esta Señora y el bien de tenerla a Ella como patrona ha sido tal que mis pecados y el yo ser como soy, no han sido suficiente para arruinar esta santa orden.  Mis hijas, imitemos en cierta medida la gran humildad de la Santísima Virgen, cuyo hábito llevamos por vestido, para que seamos dignas de llamarnos sus hijas.  Mientras mas parezca que nos humillamos, nos quedamos cortas en ser dignas hijas de tan gran Madre."

 Como prueba de su intensa devoción y gratitud a María, Teresa no solo puso sobre la puerta del nuevo convento, una estatua de Nuestra Señora,  pero también tenía una estatua de Sta. Ana con la Virgen y el niño, Cristo en las escaleras, y en su celda, tenia una estatua de la Virgen María. Además de haberle mandado una a su hermano que iba para América Central.  Para honrar a la Madre de Dios aun mas, Teresa dedicó una de las ermitas en el patio del convento a Nuestra Señora de Nazaret, y después insistió, sin importarle los obstáculos que se le presentaban, en fundar algunas comunidades en la fiesta de la Asunción.

Santa Teresa atribuyó un inesperado permiso para los primeros frailes reformados, a la intercesión de la Virgen María, y nombró a su primer pequeño monasterio con el nombre de Concepción de Nuestra Señora del Carmen.

Es de notar que esta Santa que viajó sobre esos rudos y montañosos caminos de España central, en calor, lluvia o nieve, en carreta o en mula, una vez compasivamente urgió a una señora noble antes de un viaje a que se recordara de los sufrimientos de la Virgen María en sus viajes.

"Es maravilloso cuan agradable es a nuestro Señor cualquier servicio hecho a su Madre, y su misericordia es grande para los que los ofrecen".  De hecho, Cristo le reveló a la Santa que un joven que ella había conocido y que había muerto en  grave peligro de perdición eterna, se había salvado por que El había tenido compasión de el por la buena obra que el había hecho por la Virgen María en darle su casa a los frailes carmelitas para un monasterio".

Mientras las tribulaciones de Teresa aumentaban, nuestro Señor animaba a su fiel sierva con estas palabras: "se fuerte, por que ves como yo cuento contigo.Tu verás la orden de la Virgen avanzar grandemente en tus días".

Cuando Santa Teresa fue hecha priora de un gran convento no reformado en donde fue recibida con gritos de insulto y de odio, en la primera reunión del capítulo, con su típica humildad y carisma, ella puso una imagen de Nuestra Señora de la Merced en la silla de la priora, con la llave del convento en sus manos, mientras Teresa se sentó modestamente a los pies de María.  En pocos meses sus enemigas fueron ganadas, ante todo por haber puesto a la Virgen como Madre y superiora del convento, y por su especial combinación de caridad santa, habilidad práctica y contagioso buen sentido del humor. Ella dio todo el crédito de este cambio a la Virgen María diciendo con su encantadora sonrisa: "Mi priora hace estas maravillas".

 Y como prueba divina de que la Santísima Virgen era realmente la priora celestial del convento, una noche durante el coro: "al comienzo de la Salve vi a la Madre de Dios descender con una multitud de ángeles al lugar de la priora donde la imagen de Nuestra Señora está y sentarse en la  silla.. se quedo ahí durante la Salve y me dijo: 'has hecho bien en ponerme aquí.  Yo estaré presente cuando las hermanas canten las alabanzas de mi Hijo, y yo se las ofreceré a El. Después de esto permanecí en oración... y me pareció que la persona del Padre me atrajo hacia sí y me hablo con palabras que me confortaron. Me decía mientras me mostraba cuanto me amaba: "Yo te doy a Mi Hijo, al Espíritu Santo y a la Santísima Virgen, qué me puedes dar tu?"

Una vez la santa tuvo: "un gozo  especial en la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora. Cuando llegó este día, pensé que sería bueno renovar nuestros votos y entonces vi a Nuestra Señora. Me pareció como si los estuviéramos haciendo frente a Ella y que le eran agradables. Tuve esta visión constantemente por varios días y Nuestra Señora estaba a mi lado izquierdo.

Durante los últimos años de su vida, Nuestro Señor llevo a Santa Teresa a través del camino de la Cruz. Teresa sufrió una oposición que se incrementaba y una cruel persecución. Y aun cuando sus enemigos la acusaron a la Inquisición, llamándole hereje, María Santísima le dijo:" no sufras, porque esta causa es mía". Y la Santa tuvo una gran razón de escribir que nuestra Señora: "tiene como costumbre ayudar a aquellos que desean ponerse bajo su protección".

Cuando parecía que la abolición formal de las comunidades reformadas de Teresa, se acercaba y era casi inevitable, después de estar tan roto su corazón que lloró durante todo el día antes de la Navidad y la Misa de Medianoche, pidiendo la ayuda de su amado patrón San José: "mientras estaba en oración... ella vio a San José en una visión junto con la Virgen, orando a su Hijo por la reforma".

Siguiendo la orden del Señor, ella le escribió directamente al rey Felipe II: "Yo estoy convencida que Nuestra Señora ha decidido servirse de vuestra majestad y tomarle como su defensor para librar a esta orden..."  En pocas semanas, las altas autoridades de la Iglesia y del estado aprobaron y reconocieron el movimiento de la reforma de Santa Teresa como una orden independiente de carmelitas descalzos, de monjas y frailes.

Al final de la vida de Teresa una noche, "en maitines Nuestro Señor se acostó en mis brazos así como es pintado en los cuadros de la Madre Dolorosa. Él me dijo: "no tengas miedo, porque la unión de mi Padre con tu alma es incomparablemente mas cercana que esto". En otra ocasión Jesús le dijo que cuando El resucitó se le apareció a su Madre, porque ella estaba en gran sufrimiento y que permaneció bastante tiempo con Ella para consolarla.

Santa Teresa habiendo cumplido la misión que el Señor le encomendó con la ayuda de su gracia, la mediación materna de la Virgen Santísima y de San José, murió el día de San Francisco de Asís, en el año de 1582.

Santa Teresa repetía: "Parece que Jesucristo quiere demostrar que así como San José lo trató tan sumamente bien a El en esta tierra, El le concede ahora en el cielo todo lo que le pida para nosotros. Pido a todos que hagan la prueba y se darán cuenta de cuán ventajoso es ser devotos de este santo Patriarca".

 


Precisamente al día siguiente, entró en vigor la reforma gregoriana del calendario, que suprimió diez días, de suerte que la fiesta de la santa fue fijada, más tarde, el 15 de octubre.

Santa Teresa fue sepultada en Alba de Tormes, donde reposan todavía sus reliquias.

Su canonización tuvo lugar en 1622.

El 27 de septiembre de 1970 Pablo VI le reconoció el título de Doctora de la Iglesia.

En la actualidad, las carmelitas descalzas son aprox. 14.000 en 835 conventos en el mundo. Los carmelitas descalzos son 3.800 en 490 conventos.


POESÍAS LÍRICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS


Mi Amado para mí

Hermosura de Dios

Muero porque no muero

Ayes del destierro

Búscate en mí

Loas a la Cruz

Vuestra Soy

La Cruz


Mi Amado para mí

Ya toda me entregué y di

Y de tal suerte he trocado

Que mi Amado para mi

Y yo soy para mi Amado.

 

Cuando el dulce Cazador

Me tiró y dejó herida

En los brazos del amor

Mi alma quedó rendida,

Y cobrando nueva vida

De tal manera he trocado

Que mi Amado para mí

Y yo soy para mi Amado.

 

Hirióme con una flecha

Enherbolada de amor

Y mi alma quedó hecha

Una con su Criador;

Ya yo no quiero otro amor,

Pues a mi Dios me he entregado,

Y mi Amado para mí

Y yo soy para mi Amado.


Muero porque no muero

Vivo sin vivir en mí

Y tan alta vida espero

Que muero porque no muero.


Vivo ya fuera de mí

Después que muero de amor,

Porque vivo en el Señor

Que me quiso para Sí.

Cuando el corazón le di

Puso en él este letrero:

Que muero porque no muero.


Esta divina prisión

Del amor con que yo vivo

Ha hecho a Dios mi cautivo

Y libre mi corazón;

Y causa en mí tal pasión

Ver a Dios mi prisionero,

Que muero porque no muero.


¡Ay, que larga es esta vida,

Qué duros estos destierros,

Esta cárcel y estos hierros

En que el alma esta metida!

Sólo esperar la salida

Me causa dolor tan fiero,

Que muero porque no muero.


iAy, que vida tan amarga

Do no se goza el Señor!

Porque si es dulce el amor,

No lo es la esperanza larga:

Quíteme Dios esta carga

Más pesada que el acero,

Que muero porque no muero.


Sólo con la confianza

Vivo de que he de morir,

Porque muriendo el vivir

Me asegura mi esperanza.

Muerte do el vivir se alcanza,

No te tardes, que te espero,

Que muero porque no muero.


Mira que el amor es fuerte;

Vida, no me seas molesta,

Mira que sólo te resta,

Para ganarte, perderte;

Venga ya la dulce muerte,

Venga el morir muy ligero,

Que muero porque no muero.


Aquella vida de arriba,

Que es la vida verdadera,

Hasta que esta vida muera

No se goza estando viva.

Muerte, no seas esquiva;

Viva muriendo primero,

Que muero porque no muero.


Vida, ¿que puedo yo darle

A mi Dios que vive en mí,

Si no es perderte a ti

Para mejor a El gozarle?

Quiero muriendo alcanzarle,

Pues a El solo es al que quiero.

Que muero porque no muero.


Búscate en mí

Alma, buscarte has en Mí,

Y a Mí buscarme has en ti.


De tal suerte pudo amor,

Alma, en Mí te retratar,

Que ningún sabio pintor

Supiera con tal primor

Tal imagen estampar.


Fuiste por amor criada

Hermosa, bella, y ansí

En mis entrañas pintada,

Si te pierdes, mi amada,

Alma, buscarte has en Mí.


Que Yo sé que te hallarás

En mi pecho retratada

Y tan al vivo sacada,

Que si te ves te holgarás

Viéndote tan bien pintada.


Y si acaso no supieres

Donde me hallarás a Mí,

No andes de aquí para allí,

Sino, si hallarme quisieres

A Mí, buscarme has en ti.


Porque tú eres mi aposento,

Eres mi casa y morada,

Y ansí llamo en cualquier tiempo,

Si hallo en tu pensamiento

Estar la puerta cerrada.


Fuera de ti no hay buscarme,

Porque para hallarme a Mí,

Bastará solo llamarme,

Que a ti iré sin tardarme

Y a Mí buscarme has en ti.


Vuestra Soy

Vuestra soy, para Vos nací,

¿Qué mandáis hacer de mí? 

Soberana Majestad,

Eterna sabiduría,

Bondad buena al alma mía,

Dios, alteza, un ser, bondad,

La gran vileza mirad

Que hoy os canta amor ansí.

¿Qué mandáis hacer de mí?


 Vuestra soy, pues me criastes;

Vuestra, pues me redimistes;

Vuestra, pues que me sufristes;

Vuestra, pues que me llamastes;

Vuestra, pues me conservastes;

Vuestra, pues no me perdí.


¿Qué mandáis hacer de mí?

¿Que mandáis, pues, buen Señor,

Que haga tan vil criado?

¿Cuál oficio le havéis dado

A este esclavo pecador?


Veisme aquí, mi dulce Amor,

Amor dulce, veisme aquí,

¿Qué mandáis hacer de mí?

Veis aquí mi corazón,

Yo le pongo en vuestra palma

Mi cuerpo, mi vida y alma,

Mis entrañas y afición;


Dulce Esposo y redención,

Pues por vuestra me ofrecí

¿Qué mandáis hacer de mí?


 Dadme muerte, dadme vida:

Dad salud o enfermedad,

Honra o deshonra me dad,

Dadme guerra o paz cumplida,

Flaqueza o fuerza a mi vida,

Que a todo digo que sí.


¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme riqueza o pobreza,

Dadme consuelo o desconsuelo,

Dadme alegría o tristeza,

Dadme infierno o dadme cielo,

Vida dulce, sol sin velo,

Pues del todo me rendí.

¿Qué mandáis hacer de mí?


 Si queréis, dadme oración,

Si no, dadme sequedad,

Si abundancia y devoción,

Y si no esterilidad.


Soberana Majestad,

Sólo hallo paz aquí.

¿Qué mandáis hacer de mí?


 Dadme, pues, sabiduría,

O por amor ignorancia.

Dadme años de abundancia

O de hambre y carestía,


Dad tiniebla o claro día,

Revolvedme aquí o allí.

¿Qué mandáis hacer de mí?


 Si queréis que este holgando,

Quiero por amor holgar,

Si me mandáis trabajar,

Morir quiero trabajando.

Decid, dónde, cómo y cuándo.


Decid, dulce Amor, decid.

¿Qué mandáis hacer de mí?


 Dadme Calvario o Tabor,

Desierto o tierra abundosa,

Sea Job en el dolor,

O Juan que al pecho reposa;

Sea viña fructuosa

O estéril, si cumple ansí.


¿Qué mandáis hacer de mí?

Sea Josef puesto en cadenas

O de Egipto Adelantado,

O David sufriendo penas,

O ya David encumbrado.

Sea Jonás anegado,

O libertado de allí.


¿Qué mandáis hacer de mí?

Esté callando o hablando,

Haga fruto o no le haga,

Muéstreme la Ley mi llaga,

Goce de Evangelio blando,

Esté penando o gozando,

Sólo Vos en mí vivid.


¿Qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, para Vos nací,

¿Qué mandáis hacer de mí?


Hermosura de Dios

 ¡Oh, Hermosura que excedéis

 a todas las hermosuras!

 Sin herir dolor hacéis,

 Y sin dolor deshacéis

 El amor de las criaturas.

 

 ¡Oh, ñudo que así juntáis

 Dos cosas tan desiguales!

 No sé por qué os desatáis,

 Pues atado fuerza dais

 A tener por bien los males.

 

 Juntáis quien no tiene ser

 Con el Ser que no se acaba:

 Sin acabar acabáis,

 Sin tener que amar amáis,

 Engrandecéis vuestra nada


Ayes del destierro

¡Cuán triste es, Dios mío;

La vida sin ti!

Ansiosa de verte

Deseo morir.


Carrera muy larga

Es la de este suelo,

Morada penosa,

Muy duro destierro.

¡Oh dueño adorado,

Sácame de aquí!

Ansiosa de verte

Deseo morir.


Lúgubre es la vida,

Amarga en estremo;

Que no vive el alma

Que está de ti lejos.

¡Oh dulce bien mío,

Que soy infeliz!

Ansiosa de verte

Deseo morir.


iOh muerte benigna,

Socorre mis penas!

Tus golpes son dulces,

Que el alma libertan.

iQue dicha, oh mi amado,

Estar junto a Ti!

Ansiosa de verte

Deseo morir.


El amor mundano

Apega a esta vida;

El amor divino

Por la otra suspira.

Sin ti, Dios eterno,

¿Quien puede vivir?

Ansiosa de verte

Deseo morir.


La vida terrena

Es continuo duelo;

Vida verdadera

La hay sólo en el cielo.

Permite, Dios mío,

Que viva yo allí.

Ansiosa de verte

Deseo morir.


¿Quién es el que teme

La muerte del cuerpo,

Si con ella logra

Un placer inmenso?

¡Oh, sí, el de amarte,

Dios mío, sin fin!

Ansiosa de verte

Deseo morir.


Mi alma afligida

Gime y desfallece.

iAy! ¿Quién de su amado

Puede estar ausente?

Acabe ya, acabe

Aqueste sufrir.

Ansiosa de verte

Deseo morir.


El barbo cogido

En doloso anzuelo

Encuentra en la muerte

El fin del tormento.

iAy!, también yo sufro,

Bien mío, sin ti.

Y Ansiosa de verte

Deseo morir.


En vano mi alma

Te busca, ioh mi dueño!;

Tu siempre invisible

No alivias su anhelo.

iAy!, esto la inflama

Hasta prorrumpir:

Ansiosa de verte

Deseo morir.


iAy!, cuando te dignas

Entrar en mí pecho,

Dios mío, al instante

El perderte temo.

Tal pena me aflige

Y me hace decir:

Ansiosa de verte

Deseo morir.


Haz, Señor, que acabe

Tan larga agonía,

Socorre a tu sierva

Que por ti suspira.

Rompe aquestos hierros

Y sea feliz.

Ansiosa de verte

Deseo morir.


Mas no, dueño amado,

Que es justo padezca;

Que expíe mis yerros,

Mis culpas inmensas.

iAy!, logren mis lágrimas

Te dignes oír

Ansiosa de verte

Deseo morir.


Loas a la Cruz

Cruz, descanso sabroso de mi vida,

Vos seáis la bienvenida.


iOh bandera, en cuyo amparo

El más flaco será fuerte!

iOh, vida de nuestra muerte,

Que bien la has resucitado!

AI león has amansado,

Pues por ti perdió la vida.

Vos seáis la bienvenida.


Quien no os ama está cautivo

Y ajeno de libertad;

Quien a vos quiere allegar

No tendrá en nada desvío.

iOh dichoso poderío

Donde el mal no halla cabida!

Vos seáis la bienvenida.


Vos fuisteis la libertad

De nuestro gran cautiverio;

Por vos se reparó mi mal

Con tan costoso remedio,

Para con Dios fuiste medio

De alegría conseguida.

Vos seáis la bienvenida.


La Cruz

En la cruz esta la vida

Y el consuelo,

Y ella sola es el camino

Para el cielo.


En la cruz esta el Señor

De cielo y tierra

Y el gozar de mucha paz,

Aunque haya guerra,

Todos los males destierra

En este suelo,

Y ella sola es el camino

Para el cielo.


De la cruz dice la Esposa

A su Querido

Que es una palma preciosa

Donde ha subido,

Y su fruto le ha sabido

A Dios del cielo,

Y ella sola es el camino

Para el cielo.


Es una oliva preciosa

La santa cruz,

Que con su aceite nos unta

Y nos da luz.

Toma, alma mía, la cruz

Con gran consuelo,

Y ella sola es el camino

Para el cielo.


Es la cruz el árbol verde

Y deseado

De la Esposa que a su sombra

Se ha sentado

Para gozar de su Amado,

El Rey del cielo,

Y ella sola es el camino

Para el cielo.


El alma que a Dios está

Toda rendida,

Y muy de veras del mundo

Desasida

La cruz le es árbol de vida

Y de consuelo,

Y un camino deleitoso

Para el cielo.


Después que se puso en cruz

El Salvador,

En la cruz esta la gloria

Y el honor,

Y en el padecer dolor

Vida y consuelo,

Y el camino mas seguro

Para el cielo.


 Poesías tomadas del libro "Santa Teresa de Jesús, Obras Completas". BAC, Madrid, 1986.

Bibliografía:

Butler, Vida de los Santos

Sálesman, Eliécer; Vida de los Santos.

Sgarbossa, Mario y  Luigi Giovannini, Un Santo Para Cada Dia


 Otros Escritos:

De sus obras

-Dichos de Santa Teresa

-Poesía lírica de Sta. Teresa

-Acordémonos del amor de Cristo + Necesidad de la oración

-Venga a nosotros tu reino -De Camino de Perfección

-Santa Teresa, la Virgen y San José


En otras páginas:

La Orden del Carmelo

Enlaces  Obras Completas    SantaTeresaDeAvila.com


 


 



 

martes, 13 de octubre de 2020

13 de mayo: el milagro del sol, en Fátima, Portugal

Con deslumbrante humildad, Dios nos dio cuatro grandes lecciones en el “Milagro del Sol”

La Santísima Madre se apareció a tres niños de un pequeño pueblo de Portugal en 1917, llamando al mundo a arrepentirse y rezar el Rosario. Al principio, la única persona que los creyó fue Ti Marto, padre de dos de los niños.

Pero entonces, el 13 de octubre, un milagro prometido, el “Milagro del Sol”, fue presenciado por 70.000 personas, incluyendo escépticos y científicos.

Después de aquello, todos creyeron.

“El sol pintó el mundo de diferentes colores”, describió Ti Marto, que debió de alegrarse tanto como los niños al verlo. “¡Se movió y bailó en el cielo!”.

A partir de entonces, las experiencias en Fátima se convirtieron en un elemento central definitorio de la Iglesia, incluyendo todos los papados hasta Francisco, que canonizó a los niños Marto.

La razón es que Dios gritó un mensaje aquel 13 de octubre que es imposible de ignorar.

Primero: El milagro habló al mundo de la inmensa humildad de Dios

©Domaine Public

Es difícil exagerar la extraña naturaleza del Milagro del Sol: un milagro público espectacular que fue anunciado con antelación.

Dios casi nunca obra de esa manera. Dios es todopoderoso, tiene toda la realidad en su mano. Él es el artista de todo atardecer, el inventor de toda maravilla de la naturaleza y el autor de la historia. No necesita hacer un gran despliegue para demostrar nada; el cosmos es bastante grande, gracias.

Pero a veces lo hace igualmente.

“El sol plateado (…) fue visto dando vueltas y revoloteando entre las nubes que lo rodeaban”, informó un periódico de Lisboa. “La gente lloraba y rezaba con la cabeza descubierta, en presencia de un milagro que habían esperado”.

El significado inconfundible de este milagro es que Dios es más grande que todo lo que conocemos. No solo es más grande que el sol, es más grande que las leyes que gobiernan el movimiento del sol.

Pero el milagro también deja claro que Dios es también el “sabueso del paraíso”, el Dios humilde que no se detendrá ante nada para ganar nuestro amor.

Él es el Dios que te ofrece la Estrella de Belén y el eclipse del Viernes Santo recogido en los Evangelios; y si no crees en los Evangelios, te ofrece el Milagro del Sol recogido en los periódicos.

Segundo: Dejó claro que podemos confiar en María

Fátima no es la primera vez que María mueve cielo y tierra.

En el Evangelio de Lucas, capítulo 1, el inicio de la redención de Dios del hombre depende de una palabra de María.

En el Evangelio de Juan, capítulo 2, es María quien da pie al primer milagro público de Jesús, el inicio de su ministerio. En Juan, capítulo 19, ese ministerio termina también con María.

Para la Iglesia, sucede lo mismo. En Hechos, capítulo 1, María está ahí cuando se forma la Iglesia. En Apocalipsis, capítulo 12, ella está ahí en su apogeo.

No debería sorprender que María permanezca en el centro de los planes de Dios hoy en día. Las consagraciones al Inmaculado Corazón de María, desde san Luis de Montfort al padre Michael Gaitley, han proliferado desde que María dijera al mundo en Fátima que “al final, mi Inmaculado Corazón triunfará”.

Tercero: Dios mostró la importancia de la familia

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Mientras lo testigos veían el Milagro del Sol, los tres niños pastores vieron algo diferente: vieron la imagen de un padre y un hijo. San José y el Niño Jesús aparecieron en el cielo, con Jesús bendiciendo al mundo entero.

Es como si María, después de atraer la atención del mundo al llamamiento de Dios al arrepentimiento y la oración, quisiera resaltar lo que es más importante. No ella, no el infierno y no el Santo Padre o la jerarquía, que aparecieron todos en anteriores visiones; lo más importante era Jesús, el hijo que Dios confió al cuidado de José. Lo más importante es la familia humana.

Según escribiría sor Lucía más tarde en una carta a un cardenal: “La batalla final entre el Señor y el reino de Satanás será acerca del Matrimonio y de la Familia. No teman, porque cualquiera que actúe a favor de la santidad del Matrimonio y de la Familia siempre será combatido y enfrentado en todas las formas, porque esta es la cuestión decisiva”.

Cuarto: Ella nos mostró que los niños, y también todos nosotros, podemos cambiar el mundo con el poder de la oración.

El Milagro del Sol quedará señalado por todo el mundo en grandes celebraciones como procesiones de luz de velas en muchísimas ciudades, cada año en torno al 13 de mayo.

Han pasado más de 100 años de la experiencia de Fátima, 100 años de católicos rezando por la conversión de Rusia y rezando para salvarse del “fuego del infierno”.

Todo comenzó porque Nuestra Señora de Fátima contactó con tres niños y ellos dijeron al mundo que el destino de la humanidad descansa no en los presidentes o los consejos internacionales, sino en cada uno de nosotros, en que recemos y nos sacrifiquemos por los pecadores.

Justo como ha sido desde el mismo comienzo.


LAS APARICIONES

 En Fátima ocurrió una intervención divina a través del rostro materno de María que dio un mensaje de parte de Dios para la humanidad del siglo XX, un mensaje que es una palabra profética en sí mismo”.

Era el 13 de mayo de 1917. Los protagonistas son tres niños. Lucía de Jesús, más tarde religiosa del Carmelo de Santa Teresa en Coimbra, Francisco y Jacinta Marto, tres pequeños pastores que cuidaban un rebaño en Cova da Iría, hoy diócesis de Leiría-Fátima.

Alrededor del mediodía, vieron una luz brillante; pensando que era un relámpago y decidieron marcharse, pero más abajo otro relámpago iluminó el espacio y vieron encima de una pequeña encina, donde se encuentra ahora la Capilla de las Apariciones, una “Señora más brillante que el sol”; que de sus manos pendía un rosario blanco.

Aquella brillante Señora dijo a los niños que era necesario rezar mucho y los invitó a volver a Cova da Iría durante otros cinco meses consecutivos, en los días 13 a la misma hora.

“Estas apariciones fueron preparadas por las apariciones de Anjo da Paz (ángel de la paz), como decía la hermana Lucía, preparó a los niños a entrar en el misterio de Dios y después comprenderían que de parte de Dios venía un mensaje encomendado a ellos”.

En la última aparición del 13 de octubre, estando presentes cerca de 70.000 personas, la Virgen les dijo que era la “Señora del Rosario” y que hicieran allí una Capilla en su honor.

En seguida, un fenómeno en el cielo convenció a los presentes del milagro prometido pues al sol, pareciéndose a un “disco” de plata, se le podía mirar sin dificultad alguna y giraba sobre sí mismo como si fuese una rueda de fuego que fuera a precipitarse sobre la tierra.

“El mensaje tiene muchos aspectos, pero ella sintetizó aquello que comúnmente es conocido como el secreto de Fátima”.

Según el obispo Marto el mensaje de Fátima tiene tres aspectos: la visión del infierno como advertencia a la humanidad de sacudir las conciencias, la devoción al inmaculado corazón de María, y la presencia de sufrimientos, persecuciones y martirios en la Iglesia.

«Es un mensaje de esperanza y perseverancia en medio de las dificultades en el mundo. De acuerdo al Documento oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Sor Lucía tenía claro que “el objetivo de todas las apariciones era el de hacer crecer siempre más en la fe, en la esperanza y en la caridad. Todo el resto era sólo para conducir a esto”. (Comentario teológico al tercer “secreto” de Fátima).

El 13 de octubre de1930 el obispo de Leiría declaró dignas de fe las apariciones y autorizó el culto de Nuestra Señora de Fátima.

El 28 de abril de 1919 se inició la Construcción de la Capilla de las Apariciones.

Reprodução/Youtube

Este santuario también atrae a personas de otros credos. En el mundo islámico, por ejemplo, Fátima es la hija de Mahoma, de la cual el profeta escribe: “Tú serás la más bendita entre todas las mujeres del paraíso, después de María”.

Algunas interpretaciones aseguran que María escogió ser conocida como Nuestra Señora de Fátima para dar esperanza al pueblo musulmán, que ocupó los territorios de Portugal durante siglos.

Fue también un 13 de mayo de 1981 cuando Mehmet Ali Ağca atentó contra Juan Pablo II en Roma. El Papa ofreció la bala que le traspasó el cuerpo en señal de agradecimiento a la Virgen por salvarle la vida.

La beatificación de dos videntes de Fátima, Francisco y Jacinta Marto tuvo lugar el 13 de mayo de 2000 en Fátima. El apa Benedicto XVI autorizó abreviar el plazo canónico para el inicio de las diligencias para la apertura del proceso de beatificación de Lucía de Jesús, que tomó el nombre hermana Maria Lucia del Corazón Inmaculado.

El papa Francisco canonizó a los dos pastorcitos videntes en el Santuario de Fátima.


Oración

“Oh, Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra,
Reina del Rosario, dulce Virgen de Fátima
me consagro a tu Inmaculado Corazón
para estar plenamente disponible y consagrado al Señor.
Acepta por favor, tenerme bajo tu protección maternal,
defenderme contra los peligros,
ayudarme a vencer las tentaciones, a huir de los pecados,
y te suplico que veles de la pureza de mi cuerpo y de mi alma.

Que tu Inmaculado Corazón sea mi refugio
y el camino que conduce a Dios.
Dame la gracia de rezar y sacrificarme por el amor de Jesús,
por la conversión de los pecadores
y en reparación de los pecados cometidos en contra de tu Inmaculado Corazón.

Confiando en ti y en unión con el Corazón de tu Divino Hijo,
quiero vivir para la Santísima Trinidad
en quien creo, adoro, espero y amo.
Que así sea”.


Fuente: es.aleteia.org

San Eduardo III Rey de Inglaterra

 El 13 de octubre

Ramillete espiritual:
«Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.»
Gal. 1, 10
  

San Eduardo III

Rey de Inglaterra
(1002-1066)

San Eduardo III
San Eduardo III
O.D.M. pinxit

No fueron fáciles aquellos años de la Edad Media en los que abundaban las intrigas, las muertes violentas y los saqueos de toda clase... Al rey Eduardo le tocó de cerca tanta desgracia. Nació cerca de Oxford, en Inglaterra, por el año 1004. Cuando apenas sabrá distinguir el mal y el bien de las cosas, ya se verá obligado a cargar con los sinsabores de su pertenencia a la alta alcurnia de su patria. Son años difíciles para Inglaterra. Quizá los más trágicos de su historia.

No tenía más de diez años cuando su padre un día le manda que vista el traje más bonito y que se disponga para partir a lejanas tierras. ¿Motivo? Su padre Etelberto teme que el usurpador de su patria dé muerte a él y a toda su familia. Por lo menos, piensa, vamos a salvar a ésta, y manda a su esposa Emma que con los dos hijos menores, Eduardo y Alfredo, parta para Normandía donde tiene buenos amigos, hablan su idioma y se sentirán como en casa.

He aquí a Eduardo en tierra extranjera y solitario. Pronto llegan malas noticias: Su padre ha muerto y su hermano mayor, Edmundo, que era el príncipe heredero, también. Los campos son arrasados, los labriegos y nobles muertos a espada. Toda Inglaterra está sumida en el caos más espantoso. Por si fuera poco para el joven Eduardo, un día llegan unos emisarios que dicen venir con muy buenas intenciones para llevarse a Inglaterra a los dos hermanos. Alfredo se lo cree y cae en sus patrañas recibiendo la muerte. Para colmo de males aquella mujer, su madre Emma, que parecía amar a sus hijos y a su patria, un día desaparece y es que ha ido a contraer matrimonio con el mismo usurpador. Eduardo queda solo y huérfano. Pero no se desalienta. Se refugia en la oración que es donde espera la luz y la fuerza para resistir y vencer. Acudió a Dios con toda confianza de hijo y le habló así:

- «Señor, Padre mío, no tengo a quien volver los ojos en la tierra. Por ello acudo a Ti, seguro de que vas a venir en mi ayuda. Mi padre murió después de una vida de desgracias. La crueldad ha destruido a mis hermanos. Mi madre me ha dado un padrastro en mi mayor enemigo. Mis amigos me han vuelto la espalda. Estoy solo, Señor, y mientras tanto buscan mi vida. Pero tú eres el protector del huérfano y en Ti está la defensa del pobre. Ayúdame, Señor».

Eduardo era de temperamento recogido, taciturno, amante de la justicia, aunque no quería derramamiento de sangre. No hay mal que dure cien años. Los ingleses una vez muerto el usurpador fueron a buscar a Eduardo y volvió en olor de multitudes a su patria donde fue coronado rey, el día de Pascua, 3 de abril de 1043. Eduardo nada supo de venganzas contra los que habían hecho tanto mal a él y a su patria. Perdonó. Enderezó todos los entuertos que había cometido el usurpador. Quitó los impuestos, protegió a los pobres y trabajó con todas sus fuerzas por la prosperidad material y espiritual de su patria. Tomó como lema: «Ser más padre que rey; Servir más que mandar». Y este otro: «Ser rey de sí mismo y súbdito de Dios».

Recomendó a su madre que ingresara en un Monasterio como así lo hizo. El casó con la virtuosa Edit que era «rosa que floreció entre espinas»: piadosa, culta, hermosa, prudente. Hicieron voto de virginidad de vivir como hermanos y se amaron con toda el alma. Ella fue un buen puntal para el gobierno de Eduardo. A tantos males siguieron más bienes. En dos palabras podíamos resumir su largo reinado: Paz y justicia. Y al haber esto, siguió la tercera: prosperidad y bien espiritual. Era muy piadoso y gran devoto de la Eucaristía y de la Virgen María. Era el 5 de enero de 1066 cuando expiró. Le lloró toda Inglaterra. Habían perdido a un padre y al mejor de todos los reyes de su milenaria historia.


Fuente: Sanctoral.com 

lunes, 12 de octubre de 2020

12 de octubre: Nuestra Señora del Pilar

 



Según una venerada tradición, la Santísima Virgen María se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Esta tradición encontró su expresión cultual en la misa y en el Oficio que, para toda España, decretó Clemente XII. Pío VII elevó la categoría litúrgica de la fiesta. Pío XII otorgó a todas las naciones sudamericanas la posibilidad de celebrar la misma misa que se celebraba en España.

El Pilar, lugar privilegiado de oración y de gracia  (Del Oficio Divino)


Historia de la Virgen del Pilar
La tradición, tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio. Se dice que, por entonces (40 AD), el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España. Aquellas tierras no habían recibido el evangelio, por lo que se encontraban atadas al paganismo. Santiago obtuvo la bendición de la Santísima Virgen para su misión.

Los documentos dicen textualmente que Santiago, "pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso".

En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando "oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol". La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que "permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio"

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia 

en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.

Muchos historiadores e investigadores defienden esta tradición y aducen que hay una serie de monumentos y testimonios que demuestran la existencia de una iglesia dedicada a la Virgen de Zaragoza.  El mas antiguo de estos testimonios es el famoso sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza desde el siglo IV, cuando la santa fue martirizada. El sarcófago representa, en un bajo relieve, el descenso de la Virgen de los cielos para aparecerse al Apóstol Santiago.

Asimismo, hacia el año 835, un monje de San Germán de París, llamado Almoino, redactó unos escritos en los que habla de la Iglesia de la Virgen María de Zaragoza, "donde había servido en el siglo III el gran mártir San Vicente", cuyos restos fueron depositados por el obispo de Zaragoza, en la iglesia de la Virgen María. También está atestiguado que antes de la ocupación musulmana de Zaragoza (714) había allí un templo dedicado a la Virgen.

La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como "una antigua y piadosa creencia".

La imagen y su santuario

La imagen de la Virgen es una talla en madera dorada; mide treinta y seis centímetros y medio de altura y descansa sobre una columna de jaspe forrada de bronce y plata y cubierto, a su vez, por un manto desde los pies de la imagen de la virgen hasta la base vista de la columna o pilar, a excepción de los días dos, doce y veinte de cada mes en que aparece la columna visible en toda su superficie. En la fachada posterior de la capilla se abre el Humilladero, donde los fieles pueden venerar la Santa Columna a través de un óculo abierto.​

Se trata de una escultura de estilo Gótico tardío franco-borgoñón de hacia 1.435 atribuida a Juan de la Huerta, imaginero de Daroca. En cuanto a su iconografía, se observa a María coronada y con túnica y manto, que recoge con su mano derecha, contemplando a Jesús niño que agarra el manto de su madre con la mano derecha y un pájaro con la izquierda. El Niño puede haber sido objeto de una restauración poco cuidadosa.​

La Virgen del Pilar según cuadro de Ramón Bayeu (1780).

Probablemente fue una imagen donada por Dalmacio de Mur con el mecenazgo de la reina Blanca I de Navarra, mujer de Juan II de Aragón, a raíz de la curación de una enfermedad que aquejó a la reina por entonces.​

Descripción y estilo

La imagen representa a la Virgen coronada y ataviada con un vestido gótico abotonado. Se trata de una vestidura ceñida por un cinturón con hebilla que llega hasta los pies que permite observar el derecho más que el izquierdo. Una gran pieza de paño le cubre la cabeza y muestra un peinado ondulado. La mano derecha sostiene un pliegue de la ropa, que cubre todo su abdomen y la mayor parte de sus extremidades inferiores. El Niño Jesús se encuentra en la mano izquierda, desnudo. Su figura gira hacia la izquierda y su cabeza apunta al cinturón de la Virgen. La escultura, de fábrica gótica, se restauró en 1990 por el Instituto del Patrimonio Histórico Español, a iniciativa del Cabildo Metropolitano de Zaragoza.​

La Santa Columna está hecha de jaspe, tiene 1,77 metros de altura, un diámetro de 24 centímetros y un forro de bronce y plata. La tradición pilarista afirma que jamás ha variado su ubicación desde la visita de María a Santiago.​

El 24 de marzo de 1596 se recibió en el santuario del Pilar el obsequio de Felipe II, que consistía en dos ángeles de plata —obra de Diego Arnal— que sirven de guardia a la Virgen. Son los únicos elementos de la colegiata gótico-mudéjar de Santa María la Mayor que se conservan en la actual basílica barroca.​

Numerosos milagros de la Virgen

 En 1438 se escribió un Libro de milagros atribuidos a la Virgen del Pilar, que contribuyó al fomento de la devoción hasta el punto de que, el rey Fernando el católico dijo: "creemos que ninguno de los católicos de occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Sta.y Purísima Virgen y Madre de Dios, Sta. María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros".

El Gran milagro del Cojo de Calanda (1640)  Se trata de un hombre a quien le amputaron una pierna.  Un día años mas tarde, mientras soñaba que visitaba la basílica de la Virgen del Pilar, la pierna volvió a su sitio.  Era la misma pierna que había perdido. Miles de personas fueron testigos y en la pared derecha de la basílica hay un cuadro recordando este milagro.

 El Papa Clemente XII señaló la fecha del 12 de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar, pero ya desde siglos antes, en todas las iglesias de España y entre los pueblos sujetos al rey católico , se celebraba la dicha de haber tenido a la Madre de Dios en su región, cuando todavía vivía en carne mortal.

Tres rasgos peculiares que caracterizan a la Virgen del Pilar y la distinguen de las otras:

1- Se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal. A diferencia de las otras apariciones la Virgen viene cuando todavía vive en Palestina: ¨Con ninguna nación hizo cosa semejante", cantará con razón la liturgia del 2 de enero, fiesta de la Venida de la Virgen.

2- La Columna o Pilar que la misma Señora trajo para que, sobre él se construyera la primera capilla que, de hecho, sería el primer Templo Mariano de toda la Cristiandad.

3- La vinculación de la tradición pilarista con la tradición jacobea (del Santuario de Santiago de Compostela). Por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido dos ejes fundamentales, en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de la patria española.


Simbolismo del pilar
El pilar o columna: la idea de la solidez del edificio-iglesia con la de la firmeza de la columna-confianza en la protección de María.

La columna es símbolo del conducto que une el cielo y la tierra, "manifestación de la potencia de Dios en el hombre y la potencia del hombre bajo la influencia de Dios". Es soporte de los sagrado, soporte de la vida cotidiana. María, la puerta del cielo, la escala de Jacob, ha sido la mujer escogida por Dios para venir a nuestro mundo. En ella la tierra y el cielo se han unido en Jesucristo.

 Las columnas garantizan la solidez del edificio, sea arquitectónico o social. Quebrantarlas es amenazar el edificio entero. La columna es la primera piedra del templo, que se desarrolla a su alrededor; es el eje de la construcción que liga entre si los diferentes niveles. María es también la primera piedra de la Iglesia, el templo de Dios; en torno a ella, lo mismo que los apóstoles reunidos el día de pentecostés, va creciendo el pueblo de Dios; la fe y la esperanza de la Virgen alientan a los cristianos en su esfuerzo por edificar el reino de Dios.

Vemos en Ex 13, 21-22, que una columna de fuego por la noche acompañaba al pueblo de Israel peregrino en el desierto, dirigiendo su itinerario.

En la Virgen del Pilar el pueblo ve simbolizada "la presencia de Dios, una presencia activa que, guía al pueblo de elegido a través de las emboscadas de la ruta".


Liturgia Eucarística del Pilar:
Los textos utilizados son: en la primera lectura, 1 Crónicas 15, donde se recuerda a la Virgen simbolizada por el arca de la alianza, la presencia de Dios en medio de su pueblo, a través de María, lo cual es gozo para la Iglesia. La segunda lectura (He 1, 12-14) y el evangelio (Lc. 11, 272-28) nos hablan también de la presencia de la Virgen en la iglesia y de las alabanzas que el pueblo le tributa. El prefacio celebra las maravillas que Dios ha realizado en María, "esperanza de los fieles y gozo de todo nuestro pueblo". Durante la oración colecta se pide por intercesión de la Virgen "fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor", así como en la oración de las ofrendas, donde se muestra el deseo de "permanecer firmes en la fe".

Antífona de entrada: se piensa en la Virgen como "la columna que guiaba y sostenía día y noche al pueblo en el desierto", y en el salmo responsorial se recuerda "el Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado".

En el aleluya: "afianzó mis pies sobre la roca y me puso en la boca una cántico nuevo".

Domina en la liturgia la idea de la presencia de María en la Iglesia y de la firmeza que su intercesión y su devoción procura al pueblo de Dios.

El día 12 de octubre de 1492, precisamente cuando las tres carabelas de Cristóbal Colon avistaban las desconocidas tierras de América, al otro lado del Atlántico, los devotos de la Virgen del Pilar cantaban alabanzas a la Madre de Dios en su santuario de Zaragoza, pues ese mismo día, conocido hoy como el Día de la Raza, era ya el día de la Virgen del Pilar.


La Basílica de la Virgen del Pilar es la mas extraordinaria que tiene España como prueba de una antiquísima y profunda devoción por la Santísima Virgen María. Esa gran basílica mariana con sus once cúpulas y sus cuatro campanarios es famosa en el mundo entero, puesto que en el año 40 AD se apareció ahí la Madre de Dios al Apóstol Santiago. La Virgen vino mientras aún vivía en la tierra. Es decir apareció en carne mortal. Desde entonces, a través de los siglos, ha mostrado su protección especial con repetidas gracias, milagros y portentos, ganándose la piedad de los españoles, que le tributan culto con gran devoción.

El interior de la Basílica es de una gran belleza y una serena grandiosidad. Toda la traza del templo está acomodada a la idea, siempre defendida por el Cabildo del Pilar, de no mover de su sitio la Sagrada Columna de la Virgen.

La Basílica de Nuestra Señora del Pilar es visitada por millares de personas cada día. Son los hijos que vienen a rezarle a su madre quien nunca los abandona.

Historia de la Basílica
Al principio del siglo XVI, el arzobispo Alonso de Aragón, hijo del rey católico, transformó en estilo gótico la iglesia anterior, erigida en el lugar mismo de la aparición de la Virgen, que quedó así incluida desde entonces dentro del templo; el lugar mas sagrado de esta capilla lo constituía y lo sigue constituyendo el que ocupa la santa columna, su mas preciada reliquia, en la que se asienta la imagen de la Virgen.
 Por la necesidad que se vio de cobijar a las inmensas muchedumbres de peregrinos y poder atender mejor a los numerosos asistentes en los actos de culto, en 1681 se puso la primera piedra del nuevo templo, donde se incluyó también la santa capilla, conservando intacto el lugar de asentamiento de la columna de la Virgen. En 1872 se concluyeron las diversas capillas y cúpulas, mas tarde se añadirán las cuatro torres, la última se concluyó en 1961.

Los sitios de Zaragoza, (1808) durante la guerra de independencia, dieron notoriedad a la devoción de la Virgen del Pilar. Junto a su manto se reunía el pueblo buscando en ella protección y aliento; se le representaba velando el sueño de los soldados y se le nombró: "capitana de la tropa aragonesa". Un siglo mas tarde en 1908, la devoción a la Virgen del Pilar, afianzo su dimensión hispánica con el tributo que se le ofreció de todas las banderas de las naciones hispanoamericanas, que cuelgan actualmente en los muros del Pilar.

El Papa Juan Pablo II en 1984, al hacer escala en su viaje a Santo Domingo para iniciar la conmemoración del descubrimiento de América, reconoció a la Virgen del Pilar como "patrona de la hispanidad".

 No nos podemos olvidar la importancia que tuvo en aumentar la devoción a la Virgen del Pilar, la guerra civil de 1936-1939. Las tres bombas que cayeron sobre el templo no estallaron y muchos vieron en este hecho un signo de la especial protección de la Virgen sobre las tropas nacionalistas. De toda España acudían peregrinos a pie a dar gracias a la Virgen por haberlos librado de los peligros de la guerra.  

Actividades en el Santuario del Pilar: Misas, confesiones, rezo del Santo Rosario en la capilla de la Virgen, paso de los niños (a la Virgen del Pilar) y museo pilarista.




Oficio de Lectura, 12 de Octubre, Nuestra Señora del Pilar

El Pilar, lugar privilegiado de oración y de gracia

Según una piadosa y antigua tradición, ya desde los albores de su conversión, los primitivos cristianos levantaron una ermita en honor de la Virgen María a las orillas del Ebro, en la ciudad de Zaragoza. La primitiva y pequeña capilla, con el correr de los siglos, se ha convertido hoy en una basílica grandiosa que acoge, como centro vivo y permanente de peregrinaciones, a innumerables fieles que, desde todas las partes del mundo, vienen a rezar a Virgen y a venerar su Pilar.

La advocación de nuestra Señora del Pilar ha sido objeto de un especial culto por parte de los españoles: difícilmente podrá encontrarse en el amplio territorio patrio un pueblo que no guarde con amor la pequeña imagen sobre la santa columna. Muchas instituciones la verán también como patrona.

Muy por encima de milagros espectaculares, de manifestaciones clamorosas y de organizaciones masivas, la virgen del Pilar es invocada como refugio de pecadores, consoladora de los afligidos, madre de España. Su quehacer es, sobre todo, espiritual. Y su basílica, en Zaragoza, es un lugar privilegiado de oración, donde sopla con fuerza el Espíritu.

La devoción al Pilar tiene una gran repercusión en Iberoamérica, cuyas naciones celebran la fiesta del descubrimiento de su continente el día doce de octubre, es decir, el mismo día del Pilar. Como prueba de su devoción a la Virgen, los numerosos mantos que cubren la sagrada imagen y las banderas que hacen guardia de honor a la Señora ante su santa capilla testimonian la vinculación fraterna que Iberoamérica tiene, por el Pilar, con la patria española.

Abierta la basílica durante todo el día, jamás faltan fieles que llegan al Pilar en busca de reconciliación, gracia y diálogo con Dios.

O bien:

Eficacia pastoral del culto tributado a la Virgen
De la exhortación apostólica Mariális cultus del papa Pablo VI, sobre el culto a la Virgen María

La piedad de la Iglesia hacia la santísima Virgen María es un elemento intrínseco del culto cristiano. La veneración que la Iglesia ha dado a la Madre del Señor en todo tiempo y lugar –desde el saludo y la bendición de Dios hasta las expresiones de alabanza y súplica de nuestro tiempo– constituye un sólido testimonio de que la lex orandi de la Iglesia es una invitación a reavivar el conciencias su lex credendi. Y viceversa: la lex credendi de la Iglesia requiere que por todas partes florezca lozana su lex orandi en relación con la Madre de Cristo. Culto a la Virgen de raíces profundas en la palabra revelada de sólidos fundamentos dogmáticos.

La misión maternal de la Virgen empuja al pueblo de Dios a dirigirse con filial confianza a aquella que está siempre dispuesta a acoger sus peticiones con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora; por eso los cristianos la invocan desde antiguo como «Consoladora de los afligidos», «Salud de los enfermos», «Refugio de los pecadores», para obtener consuelo en la tribulación, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora de la esclavitud del pecado; porque ella, libre de toda mancha de pecado, conduce a sus hijos a vencer con enérgica determinación el pecado. Y, hay que afirmarlo una y otra vez, esta liberación del mal y de la esclavitud del pecado es la condición previa y necesaria para toda renovación de las costumbres cristianas.

La santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar los ojos hacia María, «que brilla ante toda la comunidad de los elegidos como modelo de virtudes». Virtudes sólidas, evangélicas: la fe y la dócil aceptación de la palabra de Dios; la obediencia generosa; la humildad sincera; la caridad solícita; la sabiduría reflexiva; la piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de los deberes religiosos, agradecida por los bienes recibidos, que ofrece en el templo, que ora en la comunidad apostólica; la fortaleza en el destierro, en el sufrimiento; la pobreza llevada con dignidad y confianza en el Señor; el vigilante cuidado hacia el Hijo desde la humildad de la cuna hasta la ignominia de la cruz; la delicadeza previsora; la castidad virginal; el fuerte y casto amor conyugal. De estas virtudes de la Madre se adornarán los hijos que con tenaz propósito contemplan sus ejemplos para reproducirlos en la propia vida. Y tal progreso en la virtud aparecerá como consecuencia y fruto maduro de aquella eficacia pastoral que brota del culto tributado a la Virgen.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar, concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

Información para visitas al Pilar
Peregrinaciones marianas: Tel 976-39-58-63
Sacristía Mayor del Pilar: Tel 976-39-74-97
Cabildo de Zaragoza: Tel 976-29-12-31


Fuente: Corazones.org