sábado, 3 de mayo de 2014

Mayo mes de María

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, 
no desoigas la oración de tus hijos necesitados 
y líbranos de todo peligro, 
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

FLORES PARA LA VIRGEN
¿Por quién hizo Dios las flores, si no las hizo por Ti?

CÁNTICO: «VENID Y VAMOS TODOS»

Venid y vamos todos con flores a porfía
con flores a María
que Madre nuestra es.
De nuevo aquí nos tienes purísima doncella
más que la luna bella postrados a tus pies.
A ofrecerte venimos flores del bajo suelo
con cuánto amor y anhelo Señora Tú lo ves.



Devociones para cada día del mes de Mayo, cuya dueña bendita es la Santísima Virgen María:
Fuente: Aciprensa.com

domingo, 27 de abril de 2014

Domingo 27 de abril: Fiesta de la Divina Misericordia

LA FIESTA DE LA MISERICORDIA


La fiesta de la Misericordia se celebra el primer domingo después de Pascua, que actualmente se conoce como el Domingo de la Divina Misericordia.


A petición del Episcopado de Polonia, el Papa Juan Pablo II, en 1995, instituyó esta fiesta en todas las diócesis de Polonia. El día de la canonización de Sor Faustina, el 30 de abril de 2000, el Papa instituyó esta fiesta para toda la Iglesia.
   En la ciudad de Płock, Jesús expresó por primera vez el deseo de que se celebrara esta fiesta, donde trasmitió a Sor Faustina su voluntad de hacer pintar la imagen:
“YO DESEO – LE DIJO EN FEBRERO DE 1931 – QUE HAYA UNA FIESTA DE LA MISERICORDIA. QUIERO QUE ESTA IMAGEN QUE PINTARÁS CON EL PINCEL, SEA BENDECIDA CON SOLEMNIDAD EL PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE LA PASCUA DE RESURRECCIÓN; ESE DOMINGO DEBER SER LA FIESTA DE LA MISERICORDIA”. (DIARIO 49)
   La fiesta de la Misericordia no sólo es la expresión más elevada del culto de la Divina Misericordia por la posición que ocupa en la liturgia de la Iglesia, sino que también es un día de grandes gracias, puesto que el Señor asoció grandes promesas a este día.
“DESEO QUE LA FIESTA DE LA MISERICORDIA SEA REFUGIO Y AMPARO PARA TODAS LAS ALMAS Y, ESPECIALMENTE, PARA LOS POBRES PECADORES. ESE DÍA ESTÁN ABIERTAS LAS ENTRAÑAS DE MI MISERICORDIA.(DIARIO 699)
   Para preparar debidamente esta fiesta, el Señor nos propone una novena que consiste en rezar la Coronilla a la Divina Misericordia durante los 9 días que preceden al domingo de Pascua, empezándola el Viernes Santo. Durante esta novena – Jesús prometió – “concederé a las almas toda clase de gracias” (Diario 796). También se divulga la Novena a la Divina Misericordia escrita por santa Faustina en el “Diario”, en la que cada día presentamos a Dios un grupo diferente de almas para pedir por ellas.
“EL ALMA QUE SE CONFIESE Y RECIBA LA SANTA COMUNIÓN OBTENDRÁ EL PERDÓN TOTAL DE LAS CULPAS Y DE LAS PENAS. EN ESE DÍA ESTÁN ABIERTAS TODAS LAS COMPUERTAS DIVINAS A TRAVÉS DE LAS CUALES FLUYEN LAS GRACIAS”. (DIARIO 699)

LA INDULGENCIA PLENARIACLICK PARA VER

La fiesta de Jesús Misericordioso produce estos efectos en los fieles:
  1.  Confirma la fe católica: sentimos renacer la fe e inclinados por la inspiración del Espíritu Santo, damos testimonio de Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre para nuestra salvación.
  2. Conduce a la oración: descubrimos las maravillas del amor de Dios, que nos conoce y nos ama desde antes de nacer. Levantamos el corazón al Padre y abrimos una nueva perspectiva.
  3. Impulsa a una vida evangélica: experimentamos buenos deseos, sabiduría, justicia, valentía. Quedamos en paz y serenidad.
  4. Despierta el arrepentimiento: comprendemos bien como Dios nos libera de las culpas cuando nos arrepentimos y nos confesamos, y salimos aliviados.
  5. Transmite la dimensión sobrenatural: lo más importante es el contacto con Cristo en la Eucaristía, fuente de la Gracia de la caridad.
  6. Lleva a adorar en espíritu y en verdad: sentimos que debemos volver a encontrar a Dios en los que viven junto a nosotros, perdonando, esperando y teniendo paciencia. Dios viene a nosotros, si nuestro corazón está en condiciones de que Él venga a habitarlo.
  7. Ayuda a vivir la misericordia: la misericordia es, ante todo, el rechazo de todo lo que es daño para uno mismo y para el prójimo.

LA HISTORIA DEL CUADRO

El cuadro de Jesús Misericordioso es la representación iconográfica de la visión que tuvo Santa Faustina el 22 de febrero de 1931, en la que Cristo le pide que pinte su imagen tal como se revelaba. 
image description
“AL ANOCHECER, ESTANDO EN MI CELDA, VI AL SEÑOR JESÚS VESTIDO CON UNA TÚNICA BLANCA. TENÍA UNA MANO LEVANTADA PARA BENDECIR Y CON LA OTRA TOCABA LA TÚNICA SOBRE EL PECHO. DE LA ABERTURA DE LA TÚNICA EN EL PECHO, SALÍAN DOS GRANDES RAYOS: UNO ROJO Y OTRO PÁLIDO. EN SILENCIO, ATENTAMENTE MIRABA AL SEÑOR, MI ALMA ESTABA LLENA DE TEMOR, PERO TAMBIÉN DE UNA GRAN ALEGRÍA. DESPUÉS DE UN MOMENTO, JESÚS ME DIJO: PINTA UNA IMAGEN SEGÚN EL MODELO QUE VES, Y FIRMA* : JESÚS, EN VOS CONFÍO. DESEO QUE ESTA IMAGEN SEA VENERADA PRIMERO EN SU CAPILLA Y (LUEGO) EN EL MUNDO ENTERO.” (47)

 * Jesús exigía que la imagen llevase, como firma, y no como inscripción, estas palabras: “Jesús, en Vos confío”.
La tarea que le asignó Jesús a Sor Faustina no era fácil. Ella no tenía preparación artística para realizar la obra y, las hermanas con quienes convivía en el convento, fueron consultadas pero no demostraron interés.
Sólo en enero de 1934, tres años después de recibir el encargo de pintar el cuadro, Sor Faustina pudo cumplir con el deseo del Señor. Estando en la ciudad de Vilna y gracias a la ayuda de su confesor, el Padre Sopócko, toma contacto con el artista Eugenio Kazimirowski quien pintó el cuadro según las indicaciones de Faustina.
El cuadro pintado en la presencia de Santa Faustina (E. Kazimirowski, Vilna 1934.)


















Mientras el pintor realizaba la obra, Santa Faustina escribió en su Diario: 
“… FUI A LA CAPILLA Y LLORÉ MUCHÍSIMO. LE DIJE AL SEÑOR: ¿QUIÉN TE PINTARÁ TAN BELLO COMO TÚ ERES? COMO RESPUESTA OÍ ESTAS PALABRAS: NO EN LA BELLEZA DEL COLOR NI EN LA DEL PINCEL, ESTÁ LA GRANDEZA DE ESTA IMAGEN, SINO EN MI GRACIA”.(313)

Este cuadro fue expuesto por primera vez en Vilna durante el triduo antes del término de la Festividad del Jubileo de la Salvación del Mundo, los días 26, 27 y 28 de Abril de 1935 en el Templo de Ostra Brama. 
Providencialmente, dicha festividad tuvo lugar en el primer domingo después de la Semana de Resurrección, día en que se celebra la Fiesta de la Misericordia. 
Durante los festejos Santa Faustina “vio” cuántos fieles recibían las gracias: 
 “Al anochecer, estando en mi celda, Pedí a Dios la misericordia para las almas pecadoras. Cuando terminó el oficio y el sacerdote tomó el Santísimo Sacramento para impartir la bendición, súbitamente vi al Señor Jesús con el mismo aspecto que tiene en esta imagen. El Señor impartió la bendición y los rayos se extendieron sobre todo el mundo (…) Oí la voz: Esta Fiesta ha salido de las entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias. Toda alma que cree y tiene confianza en Mi misericordia, la obtendrá. Me alegré enormemente de la bondad y de la grandeza de mi Dios”. (420) 
 El 4 de abril de 1937, este cuadro, con el permiso del Arzobispo, quedó colocado en la Iglesia de San Miguel en Vilna. 
Después de la Segunda Guerra Mundial, el artista Adolfo Hyla, ofreció a la Congregación a la que había pertenecido Santa Faustina, pintar un cuadro para cumplir con una promesa que había hecho por haber sido salvado durante la guerra. 
 La oferta fue aceptada y, en otoño de 1943, el cuadro fue terminado y llevado a la Congregación de la Madre de la Misericordia en Cracovia.
El Cardenal Adam Sapieha, Arzobispo de Cracovia, bendijo el cuadro y mandó colocarlo en la Capilla, donde se encuentra actualmente y, donde también ahora, descansan los restos mortales de la “Secretaria y Apóstol de la Misericordia”, Santa Faustina.
Con el correr de los años, a medida que la Devoción fue creciendo en el mundo entero, se hicieron copias de este cuadro y se pintaron muchas imágenes de Jesús Misericordioso, manteniendo las características principales según lo detallado por Faustina en su Diario.



































































SENTIDO DE LA DEVOCIÓN

Lo esencial de la devoción a Jesús Misericordioso son las actitudes de Confianza y Misericordia.



CONFIANZA

La confianza en Dios, corresponde a la actitud bíblica de la fe y abandono en las manos de Dios. Esta confianza va unida a la búsqueda constante de cumplir su voluntad contenida en los mandamientos, las obligaciones de cada uno, y en las enseñanzas del Evangelio.



MISERICORDIA

La segunda actitud de esta devoción es la misericordia hacia el prójimo, que es lo que hace que la devoción a la Divina Misericordia no sea tan sólo una devoción, sino que exige la actitud evangélica del amor concreto hacia los demás.



Fuente: Jesusmisericordioso.org





sábado, 26 de abril de 2014

Nuestra Señora del Buen Consejo


Envuelta en una nube luminosa, la imagen de la Madre del Buen Consejo se trasladó de Albania a la ciudad de Genazzano (Italia), iniciando un desfile ininterrumpido de milagros y gracias.

Carmela Werner Ferreira

En las lejanas tierras de Albania, más allá del Adriático, se encuentra la pequeña ciudad de Scútari. Edificada en una escarpada colina a cuyos pies fluyen los ríos Drina y Bojana, desde el siglo XIII tenía en su poder un precioso tesoro: la hermosa imagen de “Santa María de Scútari”. El santuario que la albergaba era el centro de peregrinación más concurrido del país, un importante punto de referencia para los albaneses en materia de gracias y consuelo espiritual.

Nuestra Señora del Buen Consejo
de Genazzano

La imagen es una pintura realizada sobre una delgada capa de estuco, de 31 cm. de ancho por 42,5 cm. de largo. Una penumbra de misterio y milagro cubre los orígenes del sagrado fresco: nadie sabe cuándo ni por quién fue pintado.

Intimidad y unión de alma

Detengámonos un poco a contemplar esta maravillosa pintura.

Representa a la Santísima Virgen con inefable afecto maternal, amparando en sus brazos al Niño Jesús bajo un sencillo arco iris. Los colores son suaves, y finos los trazos de los admirables semblantes.

El Niño Jesús refleja el candor de su corta edad y la sabiduría de quien observa toda la obra de la creación como Señor del pasado, del presente y del futuro. Con indescriptible cariño, el Divino Infante presiona ligeramente su rostro contra el de su Madre. Entre ambos existe una atractiva intimi dad; la unión de almas se trasluce en el intercambio de miradas. La Virgen, en altísimo acto de adoración, parece es­tar ocupada en adivinar lo que sucede en lo íntimo del Hijo. Al mismo tiem­po, toma en consideración al fiel que se arrodilla afligido a sus pies, hacién­dolo partícipe, de alguna manera, en la celestial convivencia que el cuadro nos ofrece. No hace falta decir nada; bas­ta con que el necesitado se aproxime, y sentirá producirse en su alma una acción balsámica.

Scanderbeg, varón providencial

A mediados del siglo XIV Albania atravesaba grandes dificultades. Después de ser disputada durante siglos entre los pueblos vecinos, era invadida entonces por el poderoso imperio turco.

Sin estructura militar capaz de oponerse al enérgico adversario, el pueblo rezaba con angustia, confiándose al auxilio del cielo. La respuesta a tales oraciones no se hizo esperar: en la emergencia surgió un varón de Dios, de noble estirpe y devotísimo de María, decidido a luchar por la Patrona y por la libertad de su país. Su nombre fue Juan Castriota, en albanés llamado Scanderbeg.

Juan Castriota, Scanderbeg.
Estatua de la “Piazza 
Scanderbeg”, Roma

A costa de inmensos esfuerzos bélicos, logró mantener la unidad y la fe de su pueblo. Las crónicas de su tiempo exaltan las hazañas realizadas por él y por los valerosos albaneses que lucharon a su lado estimulados por su ardor.

Cuando los combates les daban tregua, se arrodillaban todos a los pies de “Santa María de Scútari”, de donde salían fortalecidos y obtenían portentosas y decisivas victorias contra el enemigo de la fe. En eso reluce una característica de aquella que el mundo conocería en el futuro como Madre del Buen Consejo: fortalecer a todos los que, combatiendo el buen combate, se le aproximan buscando aliento y valor.

Sin embargo… al cabo de 23 años de luchas, Scanderbeg fue llevado de esta vida. La falta del piadoso líder era irreparable.

Todos presentían que la derrota estaba próxima. El pueblo se encontraba ante la trágica encrucijada de abandonar la patria o someterse a la esclavitud turca.

Envuelta en una nube luminosa

En esa situación de perplejidad, la Virgen del fresco se aparece en sueños a dos valientes soldados de Scanderbeg, llamados Georgis y De Sclavis, para ordenarles que la sigan en un largo viaje. La imagen les inspiraba una gran confianza y arrodillarse a sus pies era motivo de gran consuelo para ellos.

Cierta mañana estando ambos sumidos en fervorosa oración, ven el más grande milagro de sus vidas.

El maravilloso fresco se desprende de la pared y, llevado por ángeles, envuelto en una blanca y luminosa nube, va retirándose suavemente del recinto. ¡Resulta fácil imaginar la reacción de los buenos hombres! Atónitos, siguen a la Virgen que avanza por los cielos de Scútari. Cuando se dan cuenta, están a orillas del Mar Adriático. ¡Habían recorrido treinta kilómetros sin sentir cansancio! Siempre rodeada por la blanca nube, la milagrosa imagen avanza mar adentro.

Georgis y De Sclavis caminan sobre el 
Mar Adriático, guiados por la propia 
"Estrella del Mar"

Perplejos, Georgis y De Sclavis no quieren dejarla; y entonces verifican, estupefactos y eufóricos, que bajo sus pies las aguas se convierten en sólidos diamantes, regresando al estado líquido tras su paso. ¡Qué milagro! Tal como san Pedro en el lago de Genezaret, estos dos hombres caminan sobre el Adriático guiados por la propia “Estrella del Mar”.

Sin saber decir cuánto tiempo caminaron, ni cuántos kilómetros dejaron atrás, los buenos devotos ven nuevas playas. ¡Estaban en la península itálica!
Pero… ¿dónde estaba Santa María de Scútari? Miran a uno y otro lado, escuchan otro idioma, sienten un ambiente tan diferente a su Albania ...

Pero ya no ven a la Señora de la luminosa nube. Había desaparecido. ¡Qué gran prueba! Comenzaron entonces una búsqueda infatigable. ¿Dónde estaría Ella?

Petruccia, una mujer de Fe

En esa misma época, en la pequeña ciudad de Genazzano, no lejos de Roma, vivía una piadosa viuda llamada Petruccia de Nocera.

Para entonces ya era una octogenaria mujer de mucha rectitud, terciaria de la orden agustina, y cuya modesta herencia apenas le alcanzaba para vivir.

Petruccia era muy devota de la Madre del Buen Consejo, venerada en una vieja iglesia de Genazzano. La piadosa señora recibió del Espíritu Santo la siguiente revelación: “María Santísima, en su imagen de Scútari, desea salir de Albania”. 

Si la comunicación sobrenatural la sorprendió, todavía más asombro causó en ella recibir de la Virgen misma la orden expresa de levantar el templo que debería recibir su fresco, así como la promesa de ser ayudada en el tiempo oportuno.

Comenzó, pues, Petruccia la construcción de la pequeña iglesia. Empleó todos sus recursos… que se terminaron cuando las paredes sólo llegaban al metro de altura. Los escépticos habitantes de la pequeña ciudad convirtieron a la viuda en blanco favorito de sus burlas y sarcasmos, llamándola loca, visionaria, imprudente y anticuada. Pero ella atravesó confiada esta prueba tal como Noé, de quien se mofaban todos mientras construía el arca.


“¡Un milagro! ¡Un milagro!”

Era el día 25 de abril de 1467, fiesta de san Marcos, patrono de Genazzano.

A las dos de la tarde, Petruccia parte camino a la iglesia, pasando por la bulliciosa feria donde se ofrece desde tejidos de Génova y Venecia hasta un elixir de eterna juventud o un “poderosísimo” licor contra cualquier tipo de fiebre.

En medio del vocerío, el pueblo siente una melodía de singular belleza venida del cielo. Se impone el silencio. Todos notan que la música proviene de una nubecita blanca, tan luminosa que ofusca los propios rayos del sol, la cual baja gradualmente hacia la pared in conclusa de una capilla lateral. La muchedumbre acude estupefacta, ocupa el pequeño recinto y ve deshacerse la nube.

El fresco de Nuestra Señora del Buen Consejo
es traído por los ángeles

Ahí estaba suspendido en el aire, sin ningún soporte visible el sagrado fresco, la Señora del Buen Consejo. “¡Un milagro, un milagro!”, gritan todos. ¡Qué alegría para Petruccia y qué consuelo para Georgis y De Sclavis cuando pudieran llegar allá! Se confirmaba el superior designio de la construcción iniciada, y empezaba en Genazzano un largo e ininterrumpido desfile de milagros y gracias obrados por la Virgen.

El Papa Pablo II, tan pronto como supo de los hechos, envió a dos prelados de confianza para investigarlos.

Éstos confirmaron la veracidad de lo que se decía, y atestiguaron diariamente innumerables curaciones, conversiones y prodigios realizados por la Madre del Buen Consejo. En los primeros 110 días después de la llegada, se registraron 161 milagros.

Consejo, corrección, orientación: grandes favores

Entre sus grandes devotos se destacan los papas san Pío V, León XIII –que introdujo a la Madre del Buen Consejo en la letanía lauretana–, san Pío X, Pablo VI y Juan Pablo II; y también numerosos santos como san Pablo de la Cruz, san Juan Bosco, san Alfonso de Ligorio o san Luis Orione. En el propio Santuario de Genazzano puede venerarse el cuerpo incorrupto del Beato Steffano Bellesini, uno de sus párrocos, gran propagandista de la devoción a la Madre del Buen Consejo.

También los Heraldos del Evangelio son devotos suyos. Tienen mucho que agradecerle por favores y gracias más importantes que la cura de enfermedades corporales.

El cuerpo incorrupto del Beato Steffano 
Bellesini es venerado en el propio
Santuario de Genazzano

Los milagros más grandes María los realiza en el interior del alma, 
aconsejando, corrigiendo, orientando.

Quien pueda venerar el milagroso cuadro de la Madre del Buen Consejo en Genazzano comprobará personalmente el torrente de gracias que brota de su semblante celestial, y comprenderá por qué razón quien haya estado alguna vez allá, sueña con regresar un día a esa sublime intimidad.

El fresco de Nuestra Señora del Buen Consejo de Genazzano

En la pequeña y bella ciudad de Genazzano, se encuentra un fresco de más de siete siglos de existencia. Hasta hoy se desconoce dónde y por quién fue pintado. ¿Habrá sido su autor un ángel? ¿Será originario del Paraíso? Son preguntas osadas. Se comprende que ellas surjan, cuando se conoce la historia de los efectos producidos por esa piadosísima imagen, a lo largo del tiempo.


El fresco causa la impresión de haber sido pintado hace pocos días, incluso si se observa de cerca. Entretanto, hace 535 años que se encuentra junto a la pared de una capilla lateral de la iglesia. Más aún: según atestiguan los documentos, ¡se ha mantenido suspendido en el aire durante todo ese tiempo! Fue él trasladado de Scutari, Albania, a Genazzano por acción angélica.

Así describe esos sobrenaturales acontecimientos uno de los mayores entendidos en la materia: “Traída por manos angélicas, se encontró [la imagen] suspendida allí en la rústica pared de la nueva iglesia, y con tres nuevos singularísimos prodigios entonces ocurridos. (…) La celeste pintura estaba sustentada por virtud divina a un dedo de la pared, suspendida sin fijarse en ella; y éste es un milagro tanto más estupendo si consideramos que la referida Imagen está pintada con colores vivos en una fina camada de revoque, con la cual se destacó por sí misma de la iglesia de Scutari, en Albania; como aún por el hecho, comprobado mediante experiencias y observaciones hechas, de que, al tocarse en la Santa Imagen, esta cede” (Fray Angelo María De Orgio, Istoriche di Maria Santísima del Buon Consiglio, nela Chiesa de´Padri Agostiniani di Genazzano, 1748, Roma, p. 20)

En el S. XIX, otro estudioso de renombre observó del celestial fenómeno: “Todas esas maravillas [de la Santa Imagen] se resumen, en fin, en el prodigio continuo que consiste en encontrar hoy esta Imagen en el mismo lugar y del mismo modo como ella fue ahí dejada por la nube en el día de su aparición, en la presencia de todo un pueblo que tuvo entonces la felicidad de verla por primera vez. Ella se posó a una pequeña altura del piso, a una distancia de aproximadamente un dedo de la pared nueva y rústica de la capilla de San Blas, y allí quedó, suspendida sin ningún soporte” (Raffaele Buonanno, Memorie Storiche della Immagine di Maria SS. Del Buon Consiglio che si venera in Genazzano, Tipografia dell´Immacolata, Nápoles, 20 ed., 1880, p. 44).

En la fiesta del bautismo de San Agustín y de San Marcos, patrono de Genazzano, el 25 de abril de 1467, alrededor de las cuatro de la tarde, una celeste melodía comienza a hacerse por los más variados rincones de la ciudad. Un gran número de personas, reunidas en la plaza del mercado, se ponen a indagar maravilladas de donde vienen los sublimes y arrebatadores acordes. Y he aquí que una divina sorpresa pasa delante de los ojos de todos: en medio de rayos de luz, una pequeña nube blanca desciende hasta una pared de la ya mencionada iglesia, cuyas campanas comienzan a repicar fuertemente y solas. Prodigio aún mayor: al unísono, la totalidad de las campanas de la ciudad tocan con energía.

Al deshacerse lentamente los rayos de luz y la nube, el bellísimo fresco que hasta hoy allí se encuentra pudo ser contemplado por el pueblo, y desde ese día no cesó de derramar copiosas gracias sensibles, haciendo justicia a la preciosa invocación de Madre del Buen Consejo.

La noticia de tan extraordinario acontecimiento se esparció por toda Italia, como un relámpago. Dos días más tarde, se inicia una verdadera avalancha de milagros: un poseso se libra de los demonios, un paralítico camina con naturalidad, una ciega recupera la vista, un joven empleado recién fallecido resucita… En los ciento diez primeros días, María del Buen Consejo distribuye ciento sesenta y un milagros a sus fieles devotos.

Peregrinos de todo el país se mueven para recibir los beneficios de la Madre de Dios.

Delante del santo fresco, una cosa es constante: ninguno de los pedidos que le son dirigidos deja la Virgen de atender de alguna manera. En la dudas, en las perplejidades e incluso en las pruebas, después de un cierto tiempo de oración—mayor o menor, dependiendo de cada caso—María Santísima hace sentir en el fondo del alma en dificultades su sapiencial y maternal consejo, acompañado de mudanzas de fisonomía y de color de la pintura. Es indescriptible ese especialísimo fenómeno.

Fue en Genazzano, a los pies del santo fresco de la Madre del Buen Consejo, que nacieron los Heraldos del Evangelio. Allí, Ella los inspiró, orientó y fortaleció. Por eso, a ejemplo de tantos otros, los Heraldos del Evangelio la consideran como su patrona. Además, por privilegio concedido por el Santo Padre, lucran en el día de su fiesta, 26 de abril, una indulgencia plenaria.

Fuente: Heraldos del Evangelio (Revista Heraldos del Evangelio, Abril/2002, n. 4, p. 24-25 y Abril/Mayo 2003, n. 5, p. 32 a 33)

viernes, 18 de abril de 2014

Viernes Santo



La tarde del Viernes Santo presenta el drama inmenso de la muerte de Cristo en el Calvario. La cruz erguida sobre el mundo sigue en pie como signo de salvación y de esperanza.

Con la Pasión de Jesús según el Evangelio de Juan contemplamos el misterio del Crucificado, con el corazón del discípulo Amado, de la Madre, del soldado que le traspasó el costado. 

San Juan, teólogo y cronista de la pasión nos lleva a contemplar el misterio de la cruz de Cristo como una solemne liturgia. Todo es digno, solemne, simbólico en su narración: cada palabra, cada gesto. La densidad de su Evangelio se hace ahora más elocuente.

Y los títulos de Jesús componen una hermosa Cristología. Jesús es Rey. Lo dice el título de la cruz, y el patíbulo es trono desde donde el reina. Es sacerdote y templo a la vez, con la túnica inconsútil que los soldados echan a suertes. Es el nuevo Adán junto a la Madre, nueva Eva, Hijo de María y Esposo de la Iglesia. Es el sediento de Dios, el ejecutor del testamento de la Escritura. El Dador del Espíritu. Es el Cordero inmaculado e inmolado al que no le rompen los huesos. Es el Exaltado en la cruz que todo lo atrae a sí, por amor, cuando los hombres vuelven hacia él la mirada.

La Madre estaba allí, junto a la Cruz. No llegó de repente al Gólgota, desde que el discípulo amado la recordó en Caná, sin haber seguido paso a paso, con su corazón de Madre el camino de Jesús. Y ahora está allí como madre y discípula que ha seguido en todo la suerte de su Hijo, signo de contradicción como El, totalmente de su parte. Pero solemne y majestuosa como una Madre, la madre de todos, la nueva Eva, la madre de los hijos dispersos que ella reúne junto a la cruz de su Hijo. Maternidad del corazón, que se ensancha con la espada de dolor que la fecunda.

La palabra de su Hijo que alarga su maternidad hasta los confines infinitos de todos los hombres. Madre de los discípulos, de los hermanos de su Hijo. La maternidad de María tiene el mismo alcance de la redención de Jesús. María contempla y vive el misterio con la majestad de una Esposa, aunque con el inmenso dolor de una Madre. Juan la glorifica con el recuerdo de esa maternidad. Ultimo testamento de Jesús. Ultima dádiva. Seguridad de una presencia materna en nuestra vida, en la de todos. Porque María es fiel a la palabra: He ahí a tu hijo.

El soldado que traspasó el costado de Cristo de la parte del corazón, no se dio cuenta que cumplía una profecía y realizaba un último, estupendo gesto litúrgico. Del corazón de Cristo brota sangre y agua. La sangre de la redención, el agua de la salvación. La sangre es signo de aquel amor más grande, la vida entregada por nosotros, el agua es signo del Espíritu, la vida misma de Jesús que ahora, como en una nueva creación derrama sobre nosotros.

La celebración

Hoy no se celebra la Eucaristía en todo el mundo. El altar luce sin mantel, sin cruz, sin velas ni adornos. Recordamos la muerte de Jesús. Los ministros se postran en el suelo ante el altar al comienzo de la ceremonia. Son la imagen de la humanidad hundida y oprimida, y al tiempo penitente que implora perdón por sus pecados.
Van vestidos de rojo, el color de los mártires: de Jesús, el primer testigo del amor del Padre y de todos aquellos que, como él, dieron y siguen dando su vida por proclamar la liberación que Dios nos ofrece.

Acción litúrgica en la muerte del Señor

1. La Entrada

La impresionante celebración litúrgica del Viernes empieza con un rito de entrada diferente de otros días: los ministros entran en silencio, sin canto, vestidos de color rojo, el color de la sangre, del martirio, se postran en el suelo, mientras la comunidad se arrodilla, y después de un espacio de silencio, dice la oración del dia.

2. Celebración de la Palabra

Espectacular realismo en esta profecía hecha 800 años antes de Cristo, llamada por muchos el 5º Evangelio. Que nos mete en el alma sufriente de Cristo, durante toda su vida y ahora en la hora real de su muerte. Dispongámonos a vivirla con Él.

En este Salmo, recitado por Jesús en la cruz, se entrecruzan la confianza, el dolor, la soledad y la súplica: con el Varón de dolores, hagamos nuestra esta oración.

El Sacerdote es el que une a Dios con el hombre y a los hombres con Dios... Por eso Cristo es el perfecto Sacerdote: Dios y Hombre. El Único y Sumo y Eterno Sacerdote. Del cual el Sacerdocio: el Papa, los Obispos, los sacerdotes y los Diáconos, unidos a Él, son ministros, servidores, ayudantes...

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre".

Como siempre, la celebración de la Palabra, después de la homilía, se concluye con una ORACIÓN UNIVERSAL, que hoy tiene más sentido que nunca: precisamente porque contemplamos a Cristo entregado en la Cruz como Redentor de la humanidad, pedimos a Dios la salvación de todos, los creyentes y los no creyentes.

3. Adoración de la Cruz

Después de las palabras pasamos a una acción simbólica muy expresiva y propia de este dia: la veneración de la Santa Cruz es presentada solemnemente la Cruz a la comunidad, cantando tres veces la aclamación:

Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. VENID A ADORARLO", y todos nos arrodillamos unos momentos cada vez; y entonces vamos, en procesión, a venerar la Cruz personalmente, con una genuflexión (o inclinación profunda) y un beso (o tocándola con la mano y santiguándonos); mientras cantamos las alabanzas a ese Cristo de la Cruz:
"Pueblo mío, ¿qué te he hecho...?" "Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza..." "Victoria, tú reinarás..."

4. La Comunión

Desde 1955, cuando lo decidió Pío Xll en la reforma que hizo de la Semana Santa, no sólo el sacerdote -como hasta entonces - sino también los fieles pueden comulgar con el Cuerpo de Cristo.

Aunque hoy no hay propiamente Eucaristía, pero comulgando del Pan consagrado en la celebración de ayer, Jueves Santo, expresamos nuestra participación en la muerte salvadora de Cristo, recibiendo su "Cuerpo entregado por nosotros".

Recursos para el Viernes Santo:


Fuente: Aciprensa,com

sábado, 12 de abril de 2014

María al pie de la Cruz



Evangelio según San Juan 19, 25-27.

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.

Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo".

Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.



Al pie de la Cruz, copartícipes con María de la gracia de la redención

El autor del cuarto evangelio suele resumir toda una categoría de persona en un solo personaje que de esta forma adquiere rasgos en cierta forma simbólicos. En este caso, al pie de la cruz está una Mujer que es llamada la “Madre” de Jesús, y un hombre que es designado como “el discípulo amado de Jesús”. Se entiende que la Madre es María, pero el autor del evangelio calla su nombre y se detiene en su aspecto de Madre, ya que en ese momento deja de ser solo la Madre de Jesús para convertirse en Madre del discípulo amado. Ignoramos quien es este discípulo. Una extendida tradición ha dicho que era San Juan, aunque el evangelio no revela esa identidad. Es un discípulo al que Jesús ama. De manera que todos los que nos llamamos discípulos y nos sentimos amados por Jesús, nos encontramos representados por él.

Al pie de la Cruz el vínculo de maternidad de María con nosotros brota de su doloroso parto el que en el evangelio de Lucas, Simeón, le había profetizado: “a ti mujer una espada te atravesará el corazón”. En el texto de Juan como en el de Lucas la figura de María aparece como tipo de la Iglesia que en las palabras de Pablo ve reflejada su acción materna en clave de engendrar con dolor la vida de Cristo en los discípulos como participación de la gracia pascual del Señor. Col 1,24 “ahora me alegro por los padecimientos que soporto por ustedes y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo a favor de su cuerpo que es la Iglesia”.

En este sentido cada uno de nosotros concientes de compartir la pascua de Jesús nos hacemos con Cristo y María coparticipes de la gracia de la redención en la medida que lo que nos toca de cruz lo asociamos en carácter redentor al plan de Dios.

María es una carta viviente escrita por la mano del Padre, una carta hecha de tan pocas palabras que no podemos dejar caer en saco roto ninguna de ellas. En este evangelio se nos muestra a María junto a la cruz. Junto a ella está el discípulo. Ese es el lugar del discípulo junto a Maria al pie de la cruz, de Jesús.


Estar junto a la Cruz

¿Qué es estar junto a la cruz de Jesús? Lo determinante no es estar solo cargando el peso de la propia cruz, sino hacerlo en comunión con Cristo. Ese estado de comunión lo determina la fe. La fe es el camino para estar en comunión con Cristo. No es el sufrir sino el hacer por este camino como propio el sufrimiento de Cristo.

Dice el apóstol Pablo que la predicación de la cruz es la fuerza de Dios y la sabiduría de Dios para los llamados en Cristo (1Cor 1,18-24). Esta fuerza y sabiduría es para todos aquellos que creen, no para los que sufren sin sentido, sino en Cristo como María.

En la fe compartida con María al pie de la cruz está toda la fecundidad de la Iglesia. La fuerza de la Iglesia viene de la predicación de la Cruz.

Esta predicación con poder nace del asumir la propia cruz, participando de sus sufrimientos, estar crucificado con El, completar por los propios sufrimientos lo que falta a la pasión de Cristo. Toda la vida del cristiano debe ser un sacrificio vivo.

Es la fe en la Cruz de Cristo la que pasando a través del sufrimiento pueda ser purgada como el oro en el crisol. Decía Juan Pablo II: “sufrir significa hacerse particularmente receptivos y abiertos a las fuerzas salvíficas de Dios, ofrecidas a la humanidad en Cristo SD 23.
El verdadero sufrir con Cristo libera de toda vanagloria, como de hecho lo puede hacer la verdadera fe. Dice San Pablo: “me glorío de mis debilidades, sobre todo de mis flaquezas, por eso de mis persecuciones y las angustias sufridas por Cristo, ahí cuando soy débil entonces soy fuerte.” 2 Cor 12, 9


Fuente: http://www.radiomaria.org.ar/