viernes, 20 de abril de 2018
jueves, 19 de abril de 2018
El corazón del Padre Pío en la Argentina
Todo listo para recibir el corazón del Padre Pío en la Argentina
Buenos Aires (AICA): El corazón de San Pío de Pietrelcina recorrerá la Argentina del 19 al 25 de abril. Se prevé que miles de fieles y devotos se acercarán a venerar la reliquia santo, en el marco del 50º aniversario de la muerte del santo y del centenario de la aparición de los estigmas de la Pasión de Jesucristo en su cuerpo.
Devotos y fieles se preparan para recibir el corazón de San Pío de Pietrelcina que llegará a la Argentina desde san Giovanni Rotondo, Italia, el jueves 19 de abril.
La reliquia, que será expuesta a la veneración hasta el 25 de abril, recorrerá diferentes lugares, en el marco del 50º aniversario de la muerte del santo y del centenario de la aparición de los estigmas de la Pasión de Jesucristo en su cuerpo.
A continuación el cronograma:
Desde su llegada y hasta el 20 de abril, la reliquia permanecerá en la catedral metropolitana de la Santísima Trinidad, en Buenos Aires. El jueves 19 será recibida con una misa a las 12.30. A las 16 se rezará el rosario con meditaciones del Padre Pío y, luego, a las 17.30, misa por los enfermos. El viernes 20 se celebrarán misan a las 7.45, 8.30, 12.30 y 17.30, con rosario meditado a las 16.
El sábado 21 será expuesta en la basílica y santuario nacional Nuestra Señora de Luján. Será recibido con la celebración de la misa a las 10. Se podrá venerar en el altar del Sagrado Corazón. Se celebrarán misas a las 11, a las 15 y a las 17, de despedida. Al mediodía habrá bautismos y, a las 16, el rosario meditado.
El domingo 22 de abril, el corazón del Padre Pío llegará al santuario Nuestra Señora del Rosario de Pompeya (avenida Sáenz y Esquiú). Se celebrarán misas a las 10, 11.30, 17.30. El rosario con meditaciones del Padre Pio se rezará a las 16.30.
El lunes 23 estará expuesto en la basílica Nuestra Señora de la Piedad (Bartolomé Mitre 1524). Será recibido a las 9 con una misa. A las 10, se realizará una “plática para niños”, a cargo de la Animación Argentina de los grupos de oración del Padre Pío. Luego, se celebrarán misas a las 12 y las 19, y se rezará el rosario, a las 18.
El martes 24 de abril la reliquia visitará la capilla Divino Niño del hospital de Pediatría “Profesor Doctor Juan Pedro Garrahan”, en la ciudad de Buenos Aires. Habrá misas a las 10, 12 y 17 y una “plática para niños” a las 11, a cargo de la Animación nacional, y una “plática para las familias”, a las 16, a cargo de Fray Carlos María Laborde OFMCap.
Finalmente, el miércoles 25, último día de su estadía en el país, volverá a la catedral de Buenos Aires, donde se celebrarán misas a las 7.45, 8.30, 12.30 y 17.30, y se rezará el rosario meditado a las 16.
Sobre la reliquia que visitará la Argentina
La reliquia del corazón del Santo, una parte del miocardio venerado por separado desde la visita papal de Benedicto XVI a San Giovanni Rotondo, tiene un significado especial porque recuerda el fenómeno místico de transverberación, experimentado por San Pío en 1918.
El religioso sintió que su corazón fue traspasado por un dardo encendido que dejó una "herida de amor", que fue el preludio de los estigmas.
"Estaba yo confesando a nuestros muchachos en la tarde del día cinco, cuando, de repente, me sentí dominado por un extremo terror a la vista de un personaje celeste que se me presentaba ante la vista de la inteligencia", relató el Santo en su epistolario. "Tenía en su mano una especie de arnés, instrumento semejante a una larga lámina de hierro, con una punta muy afilada y que parecía que de esta punta saliese fuego. Ver todo esto y observar cómo dicho personaje lanzaba dicho arnés con gran violencia sobre el alma, fue todo una misma cosa. Lancé un muy apurado lamento; me sentí morir. Dije al niño que en aquellos momentos estaba confesando, que se retirase porque me sentía mal y no podía seguir las confesiones".
San Pío de Pietrelcina, recordado devotamente como "Padre Pío", nació en Pietrelcina, Italia, el 25 de mayo de 1887. Vivió una vida religiosa discreta como capuchino, pero las manifestaciones sobrenaturales de diversos dones atrajeron numerosos fieles a quienes servía sobre todo en el Sacramento de la penitencia. Sufrió graves incomprensiones y acusaciones, pero finalmente la Iglesia reconoció la veracidad de sus dones. Su fiesta se celebra el 23 de septiembre.
La reliquia será traída por el padre guardián de san Giovanni Rotondo, Fray Carlos María Laborde OFMCap.
Los grupos del Padre Pío
Estos grupos están en la Argentina desde hace 20 años. Se reúnen al menos una vez al mes para orar ante el Santísimo Sacramento por la Iglesia, el Santo Padre, los sacerdotes, las vocaciones, los enfermos y dolientes, por la Argentina y las intenciones de quienes se encomiendan por diversas vías.
Informes, pedidos de oración y orientación para la formación de nuevos grupos a santopadrepio23@gmail.com o a través de la página de Facebook “Reliquias Padre Pio”. Página de internet: www.san-pio.org.+
Fuente: AICA
lunes, 16 de abril de 2018
Santa Bernardita Soubirous
Festividad: 16 de abril
18 de febrero (Culto local)
Santa Bernardita Soubirous
(1879)
Santa Bernardette nació en Lourdes (Francia) en 1844. Hija de padres supremamente pobres. En el bautismo le pusieron por nombre María Bernarda (nombre que ella empleará después cuando sea religiosa) pero todos la llamaban Bernardita.
Era la mayor de varios hermanos. Sus padres vivían en un sótano húmedo y miserable, y el papá tenía por oficio botar la basura del hospital. La niña tuvo siempre muy débil salud a causa de la falta de alimentación suficiente, y del estado lamentablemente pobre de la habitación donde moraba. En los primeros años sufrió la enfermedad de cólera que la dejó sumamente debilitada. A causa también del clima terriblemente frío en invierno, en aquella región, Bernardita adquirió desde los diez años la enfermedad del asma, que al comprimir los bronquios produce continuos ahogos y falta de respiración.
Esta enfermedad la acompañará y la atormentará toda su vida. Al final de su existencia sufrirá también de tuberculosis. En ella se cumplieron aquellas palabras de Jesús: "Mi Padre, el árbol que más quiere, más lo poda (con sufrimientos) para que produzca más frutos" (Jn. 15).
En Bernardita se cumplió aquello que dijo San Pablo: "Dios escoge a lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir las vanidades del mundo". Bernardita a los 14 años no sabía leer ni escribir ni había hecho la Primera Comunión porque no había logrado aprenderse el catecismo. Pero tenía unas grandes cualidades: rezaba mucho a la Virgen y jamás decía una mentira. Un día ve unas ovejas con una mancha verde sobre la lana y pregunta al papá: ¿Por qué tienen esa mancha verde? El papá queriendo chancearse, le responde: "Es que se indigestaron por comer demasiado pasto". La muchachita se pone a llorar y exclama: "Pobres ovejas, se van a reventar". Y entonces el señor Soubirous le dice que era una mentirilla. Una compañera le dice: "Es necesario ser muy tonta para creer que eso que le dijo su padre era verdad". Y Bernardita le responde: ¡Es que como yo jamás he dicho una mentira, me imaginé que los demás tampoco las decían nunca!
Desde el 11 de febrero de 1859 hasta el 16 de julio del mismo año, la Sma. Virgen se le aparece 18 veces a Bernardita. Las apariciones las podemos leer en detalle en el día 11 de febrero. Nuestra Señora le dijo: "No te voy a hacer feliz en esta vida, pero sí en la otra". Y así sucedió . La vida de la jovencita, después de las apariciones estuvo llena de enfermedades, penalidades y humillaciones, pero con todo esto fue adquiriendo un grado de santidad tan grande que se ganó enorme premio para el cielo.
Las gentes le llevaban dinero, después de que supieron que la Virgen Santísima se le había aparecido, pero ella jamás quiso recibir nada. Nuestra Señora le había contado tres secretos, que ella jamás quiso contar a nadie. Se conservó siempre muy pobre y apartada de toda exhibición. Ella no era hermosa, pero después de las apariciones, sus ojos tenían un brillo que admiraba a todos.
Le costaba mucho salir a recibir visitas porque todos le preguntaban siempre lo mismo y hasta algunos declaraban que no creían en lo que ella había visto. Cuando la mamá la llamaba a atender alguna visita, ella se estremecía y a veces se echaba a llorar. "Vaya ", le decía la señora, ¡tenga valor! Y la jovencita se secaba las lágrimas y salía a atender a los visitantes demostrando alegría y mucha paciencia, como si aquello no le costara ningún sacrificio.
Para burlarse de ella porque la Virgen le había dicho que masticara unas hierbas amargas, como sacrificio, el sr. alcalde le dijo: ¿Es que la confundieron con una ternera? Y la niña le respondió: ¿Señor alcalde, a usted si le sirven lechugas en el almuerzo? "Claro que sí" ¿Y es que lo confunden con un ternero? Todos rieron y se dieron cuenta de que era humilde pero no era tonta.
Bernardita pidió ser admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. Demoraron en admitirla porque su salud era muy débil. Pero al fin la admitieron. A los 4 meses de estar en la comunidad estuvo a punto de morir por un ataque de asma, y le recibieron sus votos religiosos, pero enseguida curó.
En la comunidad hizo de enfermera y de sacristana, y después por nueve años estuvo sufriendo una muy dolorosa enfermedad. Cuando le llegaban los más terribles ataques exclamaba: "Lo que le pido a Nuestro Señor no es que me conceda la salud, sino que me conceda valor y fortaleza para soportar con paciencia mi enfermedad. Para cumplir lo que recomendó la Sma. Virgen, ofrezco mis sufrimientos como penitencia por la conversión de los pecadores".
Bernardita tuvo por superiora durante los primeros años de religiosa a una mujer que le tenía una antipatía total y casi todo lo que ella hacía lo juzgaba negativamente. Así, por ejemplo, a causa de un fuerte y continuo dolor que la joven sufría en una rodilla, tenía que cojear un poco. Pues bien, la superiora decía que Bernardita cojeaba para que la gente al ver las religiosas pudiera distinguir desde lejos cuál era la que había visto a la Virgen. Y así en un sinnúmero de detalles desagradables la hacía sufrir. Y ella jamás se quejaba ni se disgustaba por todo esto. Recordaba muy bien la noticia que le había dado la Madre de Dios: "No te haré feliz en esta vida, pero sí en la otra".
Duró quince años de religiosa. Los primeros 6 años estuvo trabajando, pero fue tratada con mucha indiferencia por las superioras. Después los otros 9 años padeció noche y día de dos terribles enfermedades: el asma y la tuberculosis. Cuando llegaba el invierno, con un frío de varios grados bajo cero, se ahogaba continuamente y su vida era un continuo sufrir.
Deseaba mucho volver a Lourdes, pero desde el día en que fue a visitar la Gruta por última vez para irse de religiosa, jamás volvió por allí. Ella repetía: "Ah quién pudiera ir hasta allá, sin ser vista. Cuando se ha visto una vez a la Sma. Virgen, se estaría dispuesto a cualquier sacrificio con tal de volverla a ver. Tan bella es".
Al llegar a la Comunidad reunieron a las religiosas y le pidieron que les contara cómo habían sido las apariciones de la Virgen. Luego le prohibieron volver a hablar de esto, y en los 15 años de religiosa ya no se le permitió tratar este tema. Son sacrificios que a los santos les preparan altísimo puesto en el cielo.
Cuando ya le faltaba poco para morir, llegó un obispo a visitarla y le dijo que iba camino de Roma, que le escribiera una carta al Santo Padre para que le enviara una bendición, y que él la llevaría personalmente. Bernardita, con mano temblorosa, escribe: "Santo Padre, qué atrevimiento, que yo una pobre hermanita le escriba al Sumo Pontífice. Pero el Sr. Obispo me ha mandado que lo haga. Le pido una bendición especial para esta pobre enferma". A vuelta del viaje el Sr. Obispo le trajo una bendición especialísima del Papa y un crucifijo de plata que le enviaba de regalo el Santo Padre.
El 16 de abril de 1879, exclamó emocionada: "Yo vi la Virgen. Sí, la vi, la vi ¡Que hermosa era!" Y después de unos momentos de silencio exclamó emocionada: "Ruega Señora por esta pobre pecadora", y apretando el crucifijo sobre su corazón se quedó muerta. Tenía apenas 35 años.
A los funerales de Bernardita asistió una muchedumbre inmensa. Y ella empezó a conseguir milagros de Dios en favor de los que le pedían su ayuda. Y el 8 de diciembre de 1933, el Santo Padre Pío Once la declaró santa.
Cada año cinco millones de personas peregrinan a Lourdes, pero "sólo" medio millón lo hacen también -o, sencillamente, lo hacen- al convento de las Hermanas de la Caridad y la Instrucción Cristiana en Nevers, el el corazón geográfico de Francia.
Bernadette buscó en ese convento alejarse del protagonismo que indudablemente habría rodeado su vida en la aldea donde nació y donde, entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, vio dieciocho veces a Nuestra Señora. Aun siendo ya el siglo del ferrocarril, en el siglo XIX los setecientos kilómetros de distancia entre ambos enclaves eran lo bastante disuasorios para quien buscaba la soledad del amor de Dios. A pesar de lo cual miles de personas acudieron a visitarla en vida bajo su nueva condición de consagrada.
Bernardita llegó a Nevers en 1866 y nunca regresó a su tierra, muriendo el 16 de abril de 1879 a los 35 años de edad. La escritora católica Marcelle Auclair, al redactar la biografía de la Santa a partir de sus testimonios y escritos, compuso el que se conoce como su testamento espiritual (ver abajo). Lo es en la medida en que refleja su alma sencilla y las huellas del sufrimiento que en ella dejaron la miseria y el hambre, las afrentas e incomprensiones, no menores entre algunas compañeras de convento que las que había conocido cuando empezó a anunciar que la Santísima Virgen se le aparecía.
Santa Bernardette, ya como Hermana María Bernarda, sólo habló ante sus hermanas una vez de las apariciones, y la superiora no consintió que el tema volviera a salir en las conversaciones del claustro, con objeto de no distraer la vida conventual y, sobre todo, de permitir a la joven novicia continuar en paz su camino hacia el Señor. En 1867 profesó como religiosa, y pasó los años de su vocación en todo tipo de trabajos, en ocasiones los más duros, de limpieza y enfermería, minada por el asma y la tuberculosis.
La exhumación
Cuando se abrió el féretro en 1909, treinta años después de su muerte, los forenses lo encontraron incorrupto. Lo mismo sucedió en 1919 y en 1929. El rosario que anudaba sus manos se había podrido y oxidado, y el hábito aparecía deshecho, y sin embargo el hígado, uno de los órganos que primero se descomponen, estaba intacto al cabo de tres décadas de su muerte, e intactos aparecían también los dientes y las uñas. Incluso en su organismo se encontraron líquidos...
Así describieron los doctores David y Jordan lo que se encontraron en la primera exhumación:
"Se abrió el féretro. No percibimos ningún olor. El cuerpo estaba revestido por los hábitos de la Orden, bastante húmedos. Sólo el rostro, las manos y parte de los antebrazos estaban descubiertos. La cabeza estaba inclinada a la izquierda, el rostro era de un blanco pálido. La piel, pegada a los músculos, y los músculos pegados a los huesos. Los párpados, hundidos, cubrían los ojos. La nariz estaba apergaminada y afilada. La boca, ligeramente abierta, dejaba ver los dientes todavía juntos. Las manos, cruzadas sobre el pecho y perfectamente conservadas junto con las uñas, apretaban un rosario comido por el óxido. En los antebrazos se veía el relieve de las venas. También los pies, como las manos, habían conservado totalmente las uñas. Después de haberle quitado el hábito y el velo de la cabeza, se vio todo el cuerpo apergaminado, rígido y sonoro en todas sus partes. Se constató que el cabello, corto, estaba aún en el cráneo y unido al cuero cabelludo; que las orejas estaban en perfecto estado de conservación; que el lado izquierdo del cuerpo, desde la cadera, era más alto que el derecho. Las partes inferiores del cuerpo estaban un poco ennegrecidas. Esto parece deberse al carbono que se encontró en gran cantidad en el féretro".
En 1925 empezó a exponerse públicamente el cuerpo, primero en un jardín del convento y posteriormente en la capilla. Las manos y el rostro aparecen recubiertos por una fina capa de cera que se le aplicó ese año para paliar su decoloración. El aspecto de la santa impresiona por la dulzura del gesto y la cercanía de una imagen de María, compañía en la estancia ahora que su alma ya anda en coloquios cotidianos con la Señora, como aquellas dieciocho veces hace 157 años, que tan a poco le supieron.
Te doy gracias, Dios mío, por el fiscal y por el comisario, por los gendarmes y por las duras palabras del padre Peyramale...
No sabré cómo agradecerte, si no es en el paraíso, por los días en que viniste, María, y también por aquellos en los que no viniste. Por la bofetada recibida y por las burlas y ofensas sufridas, por aquellos que me tenían por loca, y por aquellos que veían en mí a una impostora; por aquel que trataba de hacer un negocio... te doy gracias, Madre.
Por la ortografía que jamás aprendí, por la mala memoria que siempre tuve, por mi ignorancia y por mi estupidez, te doy las gracias.
Te doy las gracias porque si hubiese existido en la tierra un niño más ignorante y estúpido, tú lo hubieses escogido.
Porque mi madre haya muerto lejos. Por el dolor que sentí cuando mi padre, en vez de abrazar a su pequeña Bernardita, me llamó "Hermana María Bernarda"... te doy las gracias.
Te doy las gracias por el corazón que me has dado, tan delicado y sensible, y que colmaste de amargura.
Porque la Madre Josefa anunciase que no sirvo para nada, te doy las gracias. Por el sarcasmo de la madre maestra, por su dura voz, por sus injusticias, por su ironía y por el pan de la humillación... te doy las gracias.
Gracias por haber sido como soy, por que la Madre Teresa pudiese decir de mí: "Jamás le cedáis lo suficiente".
Doy las gracias por haber sido una privilegiada en la indicación de mis defectos y que otras hermanas pudieran decir: ¡Qué suerte que no soy Bernardita!
Agradezco haber sido la Bernardita a la que amenazaron con llevar a la cárcel porque te vi a ti, Madre... Agradezco que fui una Bernardita tan pobre y tan miserable que, cuando me veían, la gente decía: "¿Esa cosa es ella?". La Bernardita que la gente miraba como si fuese el animal más exótico.
Por el cuerpo que me diste, digno de compasión y putrefacto... por mi enfermedad que arde como el fuego y quema como el humo, por mis huesos podridos, por mis sudores y fiebre, por los dolores agudos y sordos que siento... te doy las gracias, Dios mío.
Y por el alma que me diste, por el desierto de mi sequedad interior, por tus noches y tus relámpagos, por tus rayos... por todo. Por ti mismo, cuando estuviste presente y cuando faltaste... te doy las gracias, Jesús...
Bernardita: tú que tuviste la dicha de ver a la Sma. Virgen aquí en la tierra, haz que nosotros tengamos la dicha de verla y acompañarla para siempre en el cielo.
Nevers, el «otro» Lourdes: allí Bernadette
vivió sus últimos años

En Nevers descansa el cuerpo incorrupto de Bernadette...
pasa medio millón de peregrinos al año
Cada año cinco millones de personas peregrinan a Lourdes, pero "sólo" medio millón lo hacen también -o, sencillamente, lo hacen- al convento de las Hermanas de la Caridad y la Instrucción Cristiana en Nevers, el el corazón geográfico de Francia.
Bernadette buscó en ese convento alejarse del protagonismo que indudablemente habría rodeado su vida en la aldea donde nació y donde, entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, vio dieciocho veces a Nuestra Señora. Aun siendo ya el siglo del ferrocarril, en el siglo XIX los setecientos kilómetros de distancia entre ambos enclaves eran lo bastante disuasorios para quien buscaba la soledad del amor de Dios. A pesar de lo cual miles de personas acudieron a visitarla en vida bajo su nueva condición de consagrada.
Bernardita llegó a Nevers en 1866 y nunca regresó a su tierra, muriendo el 16 de abril de 1879 a los 35 años de edad. La escritora católica Marcelle Auclair, al redactar la biografía de la Santa a partir de sus testimonios y escritos, compuso el que se conoce como su testamento espiritual (ver abajo). Lo es en la medida en que refleja su alma sencilla y las huellas del sufrimiento que en ella dejaron la miseria y el hambre, las afrentas e incomprensiones, no menores entre algunas compañeras de convento que las que había conocido cuando empezó a anunciar que la Santísima Virgen se le aparecía.
El convento de St Gildard en Nevers,

donde pasó la santa sus últimos trece años de vida.
La exhumación
Cuando se abrió el féretro en 1909, treinta años después de su muerte, los forenses lo encontraron incorrupto. Lo mismo sucedió en 1919 y en 1929. El rosario que anudaba sus manos se había podrido y oxidado, y el hábito aparecía deshecho, y sin embargo el hígado, uno de los órganos que primero se descomponen, estaba intacto al cabo de tres décadas de su muerte, e intactos aparecían también los dientes y las uñas. Incluso en su organismo se encontraron líquidos...
Así describieron los doctores David y Jordan lo que se encontraron en la primera exhumación:
"Se abrió el féretro. No percibimos ningún olor. El cuerpo estaba revestido por los hábitos de la Orden, bastante húmedos. Sólo el rostro, las manos y parte de los antebrazos estaban descubiertos. La cabeza estaba inclinada a la izquierda, el rostro era de un blanco pálido. La piel, pegada a los músculos, y los músculos pegados a los huesos. Los párpados, hundidos, cubrían los ojos. La nariz estaba apergaminada y afilada. La boca, ligeramente abierta, dejaba ver los dientes todavía juntos. Las manos, cruzadas sobre el pecho y perfectamente conservadas junto con las uñas, apretaban un rosario comido por el óxido. En los antebrazos se veía el relieve de las venas. También los pies, como las manos, habían conservado totalmente las uñas. Después de haberle quitado el hábito y el velo de la cabeza, se vio todo el cuerpo apergaminado, rígido y sonoro en todas sus partes. Se constató que el cabello, corto, estaba aún en el cráneo y unido al cuero cabelludo; que las orejas estaban en perfecto estado de conservación; que el lado izquierdo del cuerpo, desde la cadera, era más alto que el derecho. Las partes inferiores del cuerpo estaban un poco ennegrecidas. Esto parece deberse al carbono que se encontró en gran cantidad en el féretro".
En 1925 empezó a exponerse públicamente el cuerpo, primero en un jardín del convento y posteriormente en la capilla. Las manos y el rostro aparecen recubiertos por una fina capa de cera que se le aplicó ese año para paliar su decoloración. El aspecto de la santa impresiona por la dulzura del gesto y la cercanía de una imagen de María, compañía en la estancia ahora que su alma ya anda en coloquios cotidianos con la Señora, como aquellas dieciocho veces hace 157 años, que tan a poco le supieron.
Testamento espiritual de Santa Bernadette en Nevers, redactado por Marcelle Auclair
Por la pobreza en la que vivieron papá y mamá, por los fracasos que tuvimos, porque se arruinó el molino, por haber tenido que cuidar niños, vigilar huertos frutales y ovejas y por mi constante cansancio... te doy gracias, Jesús.Te doy gracias, Dios mío, por el fiscal y por el comisario, por los gendarmes y por las duras palabras del padre Peyramale...
No sabré cómo agradecerte, si no es en el paraíso, por los días en que viniste, María, y también por aquellos en los que no viniste. Por la bofetada recibida y por las burlas y ofensas sufridas, por aquellos que me tenían por loca, y por aquellos que veían en mí a una impostora; por aquel que trataba de hacer un negocio... te doy gracias, Madre.
Por la ortografía que jamás aprendí, por la mala memoria que siempre tuve, por mi ignorancia y por mi estupidez, te doy las gracias.
Te doy las gracias porque si hubiese existido en la tierra un niño más ignorante y estúpido, tú lo hubieses escogido.
Porque mi madre haya muerto lejos. Por el dolor que sentí cuando mi padre, en vez de abrazar a su pequeña Bernardita, me llamó "Hermana María Bernarda"... te doy las gracias.
Te doy las gracias por el corazón que me has dado, tan delicado y sensible, y que colmaste de amargura.
Porque la Madre Josefa anunciase que no sirvo para nada, te doy las gracias. Por el sarcasmo de la madre maestra, por su dura voz, por sus injusticias, por su ironía y por el pan de la humillación... te doy las gracias.
Gracias por haber sido como soy, por que la Madre Teresa pudiese decir de mí: "Jamás le cedáis lo suficiente".
Doy las gracias por haber sido una privilegiada en la indicación de mis defectos y que otras hermanas pudieran decir: ¡Qué suerte que no soy Bernardita!
Agradezco haber sido la Bernardita a la que amenazaron con llevar a la cárcel porque te vi a ti, Madre... Agradezco que fui una Bernardita tan pobre y tan miserable que, cuando me veían, la gente decía: "¿Esa cosa es ella?". La Bernardita que la gente miraba como si fuese el animal más exótico.
Por el cuerpo que me diste, digno de compasión y putrefacto... por mi enfermedad que arde como el fuego y quema como el humo, por mis huesos podridos, por mis sudores y fiebre, por los dolores agudos y sordos que siento... te doy las gracias, Dios mío.
Y por el alma que me diste, por el desierto de mi sequedad interior, por tus noches y tus relámpagos, por tus rayos... por todo. Por ti mismo, cuando estuviste presente y cuando faltaste... te doy las gracias, Jesús...
viernes, 13 de abril de 2018
Novena a San Francisco de Asís
- Segundo Día de la Novena a San Francisco de Asís
- Tercer Día de la Novena a San Francisco de Asís
- Cuarto Día de la Novena a San Francisco de Asís
- Quinto Día de la Novena a San Francisco de Asís
- Sexto Día de la Novena a San Francisco de Asís
- Séptimo Día de la Novena a San Francisco de Asís
- Octavo Día de la Novena a San Francisco de Asís
- Noveno Día de la Novena a San Francisco de Asís
lunes, 9 de abril de 2018
La Anunciación
¿Quién es Ésta que va subiendo cual aurora naciente,
bella como la luna, brillante como el sol,
terrible como un ejército formado en batalla?
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador,
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora todas las generaciones
me llamarán bendita
porque el Todopoderoso
ha hecho obras grandes en mí.
Su nombre es Santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo,
dispersa a los soberbios de corazón.
Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos despide vacíos.
Auxilia a Israel su siervo,
acordándose de su misericordia
según lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán
y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en principio
ahora y siempre por los siglos de los siglos.
Amen.
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domingo, 8 de abril de 2018
Fiesta de la Divina Misericordia: 1er. Domingo después de Pascua: Remisión total de las culpas
Tal y como Jesús lo deseaba, esta Fiesta es enaltecida con la indulgencia plenaria:
“El alma que acuda a la Confesión y que reciba la Santa Comunión, obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. Que ningún alma tema acercarse" (Diario 699).
“El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud” (Diario, 1448)
En su homilía, el Papa pronunció las siguientes palabras:
“Así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de "Domingo de la Divina Misericordia".
Con la institución de esta Fiesta, el Papa concluyó la tarea asignada por Nuestro Señor Jesús a Santa Faustina en Polonia, 69 años atrás, cuando en Febrero de 1931 le dijo: “Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia”.
Tal y como Jesús lo deseaba, esta Fiesta es enaltecida con la indulgencia plenaria: “El alma que acuda a la Confesión y que reciba la Santa Comunión, obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. Que ningún alma tema acercarse" (Diario 699).
“El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud” (Diario, 1448)
La Fiesta de la Divina Misericordia ocupa el primer lugar entre todos los elementos de la devoción a la Divina Misericordia pedida por Nuestro Señor a través de Santa Faustina. La voluntad del Señor respecto al establecimiento de esta Fiesta fue manifestada desde Sus primeras revelaciones a la Santa. En total, fueron catorce las revelaciones sobre esta Fiesta.
Esta Fiesta marcó la muerte del Papa Juan Pablo II. Nuestro Señor quiso darle gran importancia a esta Fiesta, destacándola con la partida del Papa a la vida eterna, por ser un gran promotor y difusor de la Misericordia, tanto con su enseñanza como con su vida, ya que el mismo afirmaba que “la Misericordia es la única esperanza para el mundo”, tal y como Jesús lo manifestó. Juan Pablo II había preparado un mensaje para que fuera leído con motivo de la oración mariana del «Regina Caeli» en ese Domingo de la Misericordia. El mensaje póstumo, fué leído tras la Misa en sufragio del Santo Padre en la plaza de San Pedro del Vaticano.
La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos ... "y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia" (Diario, 723). En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones... "porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil" (Diario, 742).
Con el fin de celebrar apropiadamente esta Fiesta, se recomienda rezar La Coronilla y La Novena a la Divina Misericordia (iniciando la Novena el Viernes Santo); confesarse -para lo cual es indispensable realizar primero un buen examen de conciencia-, y recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta de la Divina Misericordia.
Toda la vida terrena del Siervo de Dios Karol Wojtyla se ha desarrollado en la entrega a la Divina Misericordia y se ha concluido en la vigilia de la Fiesta de este misterio, que él mismo había instituido. Gracias a su beatificación, que llevó a cabo su sucesor el Papa Benedicto XVI, el 10 de Mayo 2011, día de la Fiesta de la Misericordia, resplandeció de nuevo, de modo poderoso, la bondad de Dios hacia los hombres y continuará resplandeciendo, aún más, con la canonización de Juan Pablo II, también en la Fiesta de la Divina Misericordia, el 27 de Abril del año 2014, fecha elegida por el Papa Francisco.
En revelaciones a Santa Faustina Kowalska (Polonia 1931-1938), Jesús hizo promesas extraordinarias, que quedan expresadas en el Diario de la Santa:
A quienes veneren la Imagen de la Divina Misericordia:
"Yo prometo al alma que venere esta Imagen que no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo, el Señor, la protegeré como a Mi propia Gloria” (Diario, 48)
“Por medio de esta imagen colmaré a las almas con muchas gracias, por eso que cada alma tenga acceso a ella” (Diario, 570)
“Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la firma: Jesús en Ti confío”(Diario, 327)
“Estos rayos protegen a las almas de la indignación de Mi padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios” (Diario, 299)
Jesús dijo que preservaría a las ciudades y casas en las cuales se encontrase esta Imagen. (Nota: Las importantes poblaciones de Cracovia y Vilna, donde estaba establecida esta devoción, fueron preservadas de la destrucción casi total de Polonia en la Segunda guerra mundial.)
A las almas que Confían:
“El alma que confía en Mi misericordia es la más felíz porque yo tengo cuidado de ella” (Diario, 1273)
“Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro que pidan mucho porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo” (Diario, 1578)
“He abierto Mi corazón como una fuente viva de misericordia. Que todas las almas tomen vida de ella. Que se acerquen con gran confianza a este mar de misericordia. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en Mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con Mi paz divina” (Dario, 1520)
“Ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en Mi bondad.” (Diario, 1541)
“Quien confía en mi misericordia no perecerá porque todos sus asuntos son Míos y los enemigos se estrellarán a los pies de Mi escabel” (Diario, 723)
A quienes propaguen la Divina Misericordia:
"A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas el Juez, sino el Salvador Misericordioso" (Diario, 1075)
“...a todos los que proclamen esta gran misericordia Mía. Yo mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche” (Diario, 379)
“ Todas las almas que Adoren Mi misericordia y propaguen la devoción invitando a otras almas a confiar en Mi misericordia no experimentarán terror en la hora de la muerte. Mi misericordia las protegerá en ese último combate” (Diario, 1540).
A quienes recen a la hora de la misericordia (3:00 pm):
" En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión..."(Diario, 1320)
“En esa hora puedes obtener todo lo que pides para ti y para los demás. En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia” (Diario, 1572)
A quienes recen la Coronilla a la Divina Misericordia:
"Defenderé como Mi gloria a cada alma que rece esta coronilla en la hora de la muerte, o cuando los demás la recen junto al agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón. Cuando cerca de un agonizante es rezada esta Coronilla, se aplaca la ira divina y la insondable Misericordia envuelve al alma y se conmueven las entrañas de Mi Misericordia por la dolorosa Pasión de Mi Hijo" (Diario, 811)
“Cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador Misericordioso.” (Diario, 1541)
"Reza incesantemente esta Coronilla que te he enseñado. Quienquiera que la rece recibirá gran Misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes se la recomendarán a los pecadores como la última tabla de salvación" (Diario, 687)
“Cuando la recen los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz.” (Diario, 1541)
"A través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con Mi Voluntad." (Diario, 1731)
A quienes recen la Novena a la Divina Misericordia:
“Durante este novenario concederé a las almas toda clase de gracias” (Diario, 796)
A los sacerdotes:
“Diles a mis sacerdotes que los pecadores más empedernidos se ablandarán bajo sus palabras cuando ellos hablen de Mi misericordia insondable, de la compasión que tengo por ellos en Mi Corazón. A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones a los cuales hablen” (Diario, 1521)
Para los pecadores:
“Cuando reces esta oración con corazón contrito y con fe por algún pecador, le concederé la gracia de la conversión. Esta oración es la siguiente:
Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como una fuente de Misericordia para nosotros, en Ti Confío"
En La Fiesta de la Divina Misericordia, segundo Domingo de Pascua (Domingo posterior al de Resurrección):
“Di a las almas que les doy Mi misericordia como defensa, lucho por ellas Yo solo y soporto la justa ira de Mi padre.., esta Fiesta ha brotado de las entrañas de Mi misericordia para el consuelo del mundo entero” (Diario, 1517)
“..refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de la penas.. Que ningún alma tenga miedo de acercarse a Mi, aunque sus pecados sean como escarlata. La humanidad no conocerá la paz hasta que no se dirija a la fuente de Mi misericordia” (Diario, 699)
domingo, 1 de abril de 2018
sábado, 31 de marzo de 2018
Sábado santo: la soledad y el dolor de María, madre del Amor crucificado
Sermón del siervo de Dios, el agustino recoleto padre Mariano Gazpio (+1989) –cuyo proceso de beatificación-canonización está en su andadura–, que invita a contemplar a la virgen María, en pie junto a la Cruz, unida al sacrificio redentor de su Hijo Jesús y como consoladora de los afligidos.
"Stabant autem iuxta crucem Jesu mater eius et soror matris eius Maria Cleophæ et Maria Magdalena. Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre y la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena" (Jn 19, 25).
El sagrado Evangelio, con la sencillez y sublimidad propia del Espíritu Santo, nos presenta a nuestro divino Redentor, Cristo Jesús, pendiente de la cruz y, en expresión del apóstol San Pablo, "ofreciendo al eterno Padre plegarias y súplicas con grande clamor y lágrimas".
A la vez nos presenta a María santísima, madre de Jesús, acompañada del discípulo amado san Juan, de María de Cleofás y de María Magdalena, puesta de pie junto a la cruz de Jesús con santa modestia y gravedad, atenta a cuanto su amado Hijo hacía y decía, fija su mente en el divino misterio que se realizaba, y tomando con el corazón traspasado de pena y de dolor pero en todo sumisa a la divina voluntad y repitiendo desde lo íntimo de su ser como en otro tiempo: "Ecce ancilla Domini, fiat mihi secundum verbum tuum - He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra", la parte que le correspondía en aquella divina ofrenda y santo sacrificio. (...).
Mucha e importante es la materia que nos ofrece este inolvidable misterio, pero tan solo voy a hablarles brevemente del martirio de María santísima, de su conformidad con la divina voluntad y de su oficio de consoladora de los afligidos.
Imploremos antes la ayuda de la divina gracia
por mediación de nuestra Reina y Señora,
saludándola con el ángel… Ave María.
Martirio de María santísima
Las palabras, que un día dirigió en Jerusalén el anciano Simeón a la madre de Jesús, "Mira, este niño está destinado para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para blanco de contradicción, y una espada traspasará tu propia alma", cumpliéronse fielmente durante toda la vida de nuestro Señor Jesucristo y sobre todo en el tiempo de su sacratísima pasión y muerte de cruz.
Quién podrá apreciar y comprender, fuera de Dios, nuestro Señor, la extensión, la profundidad y la amargura de los sufrimientos del corazón de la santísima virgen María, al ver a Jesús niño perseguido por el rey Herodes, al no encontrar a su hijo Jesús entre los suyos a la vuelta de Jerusalén pasada la fiesta, al contemplar a Jesús en su casita de Nazaret ignorado de todos y por tanto tiempo; y en la vida pública, viendo a Jesús pasar por todas partes haciendo el bien y, sin embargo, ser espiado y criticado, blasfemado y perseguido por escribas y fariseos, príncipes de los sacerdotes y ancianos del pueblo; y en el tiempo de su pasión y muerte de cruz lo ve escupido y abofeteado, escarnecido y vilipendiado, flagelado y coronado de espinas como rey de burlas, pospuesto a Barrabás, condenado a muerte, cargando él mismo con la cruz a cuestas, crucificado y pendiente de la cruz.
Otra causa además, amadísimos fieles, contribuía a aumentar su pena y dolor sin límites: ver la situación que tomaba su propio pueblo, el pueblo llamado de Dios, el pueblo de los patriarcas y de los profetas, que, cifrando su gloria en el Esperado de las gentes, en el anunciado Mesías, ahora, lleno de odio y enloquecido, clama y grita contra Jesús: "Crucifícale, crucifícale… Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos…"
El apóstol san Pablo, enamorado del misterio de Cristo crucificado, exclamaba diciendo: "No soy yo el que vivo, sino que Cristo vive en mí, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí"; pues este santo apóstol, al palpar en su predicación evangélica la incredulidad y dureza de corazón de los judíos, con gran sentimiento y pena nos dice en su epístola a los Gálatas: "estoy poseído de una profunda tristeza y de continuo dolor en mi corazón, hasta desear yo mismo el ser apartado de Cristo por mis hermanos, los israelitas"; consideren ahora, amadísimos fieles, qué tristeza, angustia y congoja sentiría el bondadoso corazón de María santísima al presenciar este crimen tan horrendo de su pueblo, esta apostasía tan cínica de su gente, por lo cual la divina Justicia le enviaría un castigo ejemplar y "tribulación tal que no la hubo semejante desde el principio del mundo".
Esta fue la espada de dos filos que traspasó el alma de esta Virgen dolorosísima, a quien con sobrada razón nuestra santa madre Iglesia titula en la letanía con el nombre de "Regina martirum, Reina de los mártires".
"Mide la grandeza de sus dolores y tormentos", dice san Jerónimo, por la grandeza de su amor y de aquí infiere que, habiendo amado María santísima a su hijo Jesús más que todos los mártires, debió padecer al pie de la cruz más dolor que todos ellos. Además advierte que "los mártires lo fueron muriendo por Cristo, pero la madre de Jesús lo fue sufriendo juntamente con Cristo".
"No se admiren, amadísimos fieles, exclama san Bernardo, que se diga que María, madre de Jesús, fue mártir en el alma, pues la fuerza del dolor traspasó su santísima alma, y con sobrada razón la llamamos Reina de los mártires".
El martirio de la santísima virgen María fue lento, pues duró toda su vida; fue penosísimo por ser martirio del corazón; y fue intensísimo en proporción al amor que profesaba a Cristo Jesús, su Hijo amado y único, su Creador y Redentor, su Dios y Señor, su Vida, su Amor.
La caridad infinita que nos profesaba el Hijo de María hízole morir en una cruz por librarnos del pecado y de la muerte eterna, y alcanzarnos la dicha de ser hijos de Dios con derecho a la patria celestial; y la caridad de María, madre de Dios, le condujo al martirio del corazón por amor a su Hijo y compasión de todo el género humano. Agradezcamos a Cristo Jesús tal fineza de amor y a María, nuestra madre, su generosísima compasión. Veamos ahora cómo soportó esta Virgen dolorosísima el martirio del corazón.
Conformidad con la voluntad de Dios: Leemos en la epístola [de san Pablo] a los Hebreos estas palabras: "El Hijo de Dios, al entrar en el mundo, dice a su eterno Padre: Heme aquí que vengo, según está escrito de mí… para cumplir, oh Dios, tu voluntad"; y en el evangelio de san Juan dice Jesús a sus apóstoles: "mi comida es hacer la voluntad del que me ha enviado y dar cumplimiento a su obra"; en la oración del Huerto repetidas veces dice Jesús a su eterno Padre: "Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya"; y poco antes de morir dijo: "Todo se ha cumplido", a saber, "se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz". La norma o regla de vida de nuestro Señor Jesucristo fue la obediencia, "factus obediens usque ad mortem, mortem autem crucis", como dice el apóstol san Pablo.
De igual manera, la norma o regla de vida de la santísima Virgen fue la expresión dirigida al arcángel san Gabriel, dando su consentimiento para ser Madre de Dios: "Ecce ancilla Domini, fiat mihi secundum verbum tuum - He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra".
La Madre de Dios durante toda su vida, copiando en sí todas y cada una de las virtudes que su divino hijo Jesús practicaba en la vida retirada de Nazaret, en la vida pública de evangelización y en su sacratísima pasión, cumplió perfectísimamente la voluntad del Altísimo; por eso la invoca nuestra santa madre Iglesia en la letanía con el título de "Speculum justitiæ - Espejo de justicia", en que se refleja perfectamente la vida y virtudes del divino maestro Jesús.
María santísima, estando al pie de la cruz de su Hijo, supo entrelazar admirablemente sus angustias y aflicciones, sus penas y dolores, su admirable martirio del corazón, con el ejercicio de virtudes sublimes y caridad suma de Dios y del prójimo. En medio de tantas injurias, desprecios, sarcasmos y tormentos, que veía sufrir a su divino Redentor, Cristo Jesús, esta Virgen Dolorosa, asemejándose al divino maestro, muestra profunda humildad, heroica paciencia, inalterable fortaleza, completa resignación a la voluntad de Dios y compasión del género humano ilimitada, diciendo en su bondadoso corazón al eterno Padre a una con Jesucristo, rogando por todos los pecadores: "Padre mío, perdónalos, porque no saben lo que hacen".
Nuestro divino Redentor, que en la última cena se nos da como manjar y bebida, que en su sacratísima pasión derrama por nosotros toda su preciosísima sangre, que estando pendiente en la cruz ruega encarecidamente a su Padre por nosotros pecadores, no contento aún de tales finezas de amor para con el hombre, estando para morir y dirigiéndose al discípulo amado san Juan, mostrándole a su amadísima madre, le dice: "Ecce mater tua" y a María santísima le dice: "Ecce filius tuus", constituyendo a la santísima virgen María en refugio de los pecadores y consoladora de los afligidos. ¿Cabe mayor amor en Jesús y en María?
Veamos cómo ha cumplido siempre este oficio de consoladora de afligidos esta madre dolorosísima.
Consoladora de afligidos: Los apóstoles, los discípulos del Señor, aquellas piadosas mujeres que seguían al divino Maestro, todos aquellos fieles de la primitiva Iglesia, en las horas de prueba y de tribulación, ¿dónde encontraron alivio a sus penas, consuelo a su aflicción, consejo a sus dudas, sino en María, madre de Jesús, y madre cariñosa de todos los apenados y atribulados?
Qué escenas tan tiernas y consoladoras presentaría el Cenáculo los días del viernes santo, sábado santo y domingo de Resurrección, en que la santísima Virgen consolaría a cada uno de los apóstoles, de los discípulos, de las piadosas mujeres, recordándoles las enseñanzas del divino maestro, animándoles a esperar el gran triunfo de la Resurrección, prometido por nuestro señor Jesucristo al predecirles su pasión y muerte, terminando siempre con esta sentencia: "et tertia die resurget - y resucitará al tercer día", palabras que la santísima Virgen las conservaba en su corazón sacratísimo.
Después de la Resurrección de Jesús, de su Ascensión a los cielos y de la venida del Espíritu Santo, la virgen María fue la maestra de los apóstoles y de los discípulos del Señor, la compañera de las piadosas mujeres, la madre de toda la naciente Iglesia, el paño de lágrimas de todos los atribulados; y, subida en cuerpo y alma a los cielos, ha continuado siendo no solo la reina y señora de todo lo creado, sino la madre de misericordia y la consoladora de todos cuantos acuden a ella solicitando alguna gracia.
Si estudiamos con detención la liturgia de la santa madre Iglesia, notamos en seguida la piedad y confianza de todas las almas buenas de todos los tiempos, para con esta singular criatura, digna madre de Dios y madre nuestra.
¿Y por qué nuestra santa madre Iglesia tiene tanto cuidado en enseñar a sus fieles desde la más tierna edad, además del Padre nuestro, dos oraciones dedicadas a nuestra amadísima madre celestial, a saber, el Ave María y la Salve, y los cristianos de todo el mundo sienten verdadero fervor al recitar estas dos santas oraciones, sino por ser María el "consuelo de los afligidos" en sus necesidades, tribulaciones y angustias, como lo testifican sus gracias y favores concedidos en todo lugar y tiempo?
Cuántas veces, amadísimos fieles, habréis recitado con fervor y confianza la oración atribuida a san Bernardo, "Acordaos, oh piadosísima Madre, que jamás se oyó decir que ninguno de cuantos han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de vos"; y la razón nos la da mi gran padre san Agustín al decirnos: "como es mejor que todos los santos, así es más solícita de nuestro bien que todos ellos".
Acudamos, amadísimos fieles, con entera confianza y filial amor en todas nuestras necesidades a esta madre de misericordia, consoladora de afligidos; imitemos su paciencia, su resignación y conformidad con la voluntad divina, y de ese modo sentiremos la ayuda de Dios, nuestro Señor, y la consolación espiritual, concedida por mediación de María santísima.
Han oído brevemente cómo María santísima es reina de los mártires por haber sufrido al pie de la Cruz el martirio del corazón; han visto cómo aprendió de Jesús la conformidad con la voluntad de Dios, nuestro Señor; y últimamente han visto qué maternalmente cumple su oficio de consoladora de afligidos…
Oh madre dolorosísima… Grandes favores y prerrogativas os concedió el Altísimo en su milagrosa concepción y grandes aflicciones habéis soportado con vuestro divino hijo Jesús el día de su memorable pasión y muerte… proporcionándoos el Altísimo de esta manera una corona de inmensa gloria para que, así como estuvisteis sufriendo las ignominias de vuestro divino Hijo en la tierra, participéis hoy en el cielo de sus triunfos y sus glorias… Alcanzadnos también a todos nosotros, tus hijos, la gracia de seguir vuestros santos ejemplos en vida, para conseguir en el cielo la dicha de cantar por eternidad de eternidades las misericordias de Dios, nuestro Señor, y vuestras glorias.
Gracia que a todos les deseo.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén".
Fuente: agustinosrecoletos.org
viernes, 30 de marzo de 2018
Saliendo del Pretorio: PENSAD EN LA PASION DE JESÚS"
"PENSAD EN LA PASIÓN DE JESÚS"
Palabras de la Santísima Virgen en las apariciones
de San Sebastián de Garabandal
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