jueves, 18 de febrero de 2016

El poder sanador del Perdón

El perdón de las ofensas
(Mateo cap. 18:21,22)

18:21 Entonces se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?"
18:22 Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete."


Sobre el Perdón

Decide operar en Amor, no en un Amor emocional, sino en el Amor sobrenatural de Jesús. Que amó hasta a sus enemigos y los protegió de sí mismos.



[Ejemplo de los soldados y de Pilato: “Ninguna autoridad tienes sobre mi, sino te fuere dada de arriba…” Jn. 19.11],



AMOR REAL

Perdonar es Señal de que has entrado a operar en el Nivel de Amor Real. Cuando eres real en tu Amor no te importa dar extra. El Amor en acción te separa del espíritu de muerte.



LA DONCELLA Y EL REY

Un Príncipe soltero decidió casarse. Muchas doncellas trataron de conquistarlo pero ninguna pudo ganárselo porque era muy exigente. Finalmente una bella joven le dijo: “Soy capaz de hacer lo que ninguna otra mujer haría.

Durante 100 días, permaneceré frente al Palacio, sin comida, agua, techo ni cobijas. Si cumplo esta hazaña merezco ser la reina”. El Príncipe dijo me parece justo.

Después de 20 días el Príncipe se asomó para ver cómo le iba a su futura prometida y desde lejos mostró aprobación con una sonrisa: “Eres tan cumplidora como valiente”. 

Pasaron otros 30 días y el soberano se sorprendió al ver que la doncella había bajado de peso, así que para animarla elevó una copa de vino que tenía en la mano y expresó su apoyo: “¡Muy bien, bravo!”. 

Al cabo de 90 días, el rey miró por la ventana y notó que la mujer estaba demacrada, esquelética y su cabello era un matojo de greñas alborotadas. Al verla tan decaída, alzó la mano derecha y levantó el pulgar animándola a continuar: “Excelente, seguid adelante, buena mujer”. 

Todo el mundo en el pueblo estaba emocionado porque parecía que la damisela iba a cumplir su promesa y pronto tendrían reina. 

Después de 99 días y 23 horas la mujer estaba sumamente pálida y era obvio que estaba muy enferma. De repente, sucedió algo inesperado. Casi sin fuerzas se levantó y se fue del palacio. Nadie podía creer lo que sucedía. 

Cuando llego a la casa, su padre le preguntó angustiado: "¿Hija mía, por qué renunciaste solo faltaban unos minutos para convertirte en reina?"

A lo que ella respondió: “Soporté las peores calamidades, hubo ocasiones en las que sentía morirme de hambre y frío. Esperé 99 días a que el Príncipe se compadeciera y me liberara de esa tortura, sin embargo lo único que hizo fue alentarme a continuar con mi sufrimiento, demostrándome su desconsideración y egoísmo. Una persona así, no merece mi amor”.
El Padre, de la doncella le pregunto: “Serias capaz de perdonarlo…?”. La joven contesto: “Jamás, ni en esta, ni en la otra vida”. Eclesiastés 9:1-3 

A todo esto me dediqué de lleno, y en todo esto comprobé que los justos y los sabios, y sus obras, están en las manos de Dios; que el hombre nada sabe del amor ni del odio, aunque los tenga ante sus ojos.

Enseñanza: Para la mayoría de la gente es más fácil sufrir que perdonar.

Mantente operando en Amor Incondicional, seriamente. Ese es tu poder. EL amor, no hace nada indebido, no busca lo suyo. Cambia lo feo en maravilloso.

REVELACIÓN
EL PERDON, no es olvidar, porque nadie olvida. Ni agachar la cabeza y decir: “Ya paso y seguir siendo humillado”. O minimizar las cosas. NO.

PERDÓN, es renunciar al derecho de venganza que teníamos por lo que se nos hizo. Es renunciar a la Justicia Propia. Y entregarle a Dios ese derecho. No es minimizar, no es decir al ofensor “¡Ay, qué bueno eres!”. No.

Perdón es: Me dañaste, me lastimaste, cuando te comportaste así, no fuiste una buena persona… pero, voluntariamente, renuncio a mi derecho de venganza y de restitución.

El Perdón es el Primer Milagro Sobrenatural que Dios nos regala para ver cómo lo manejamos. Después de este Milagro del Perdón Sobrenatural podrás calmar las tormentas, caminar donde otros se hunden, multiplicar y producir provisión donde no hay.

Perdonar, es despertar la Naturaleza de Dios en Ti.

"Es que no puedo".
Decídelo.
Y veras que sí puedes.
Hasta que no tomes la decisión de Perdonar, Dios no tiene nada que decir, ni nada sobrenatural que hacer contigo.



En la Biblia TODOS los HOMBRES y MUJERES que perdonaron., eran fuertes, valientes. [Abraham, Jacob, José, Sara, Ana, Abigail, David…Jesús].



Porque para ejercer Poder hay que tener fuerza de voluntad, de carácter y de espíritu. 



El Perdón, no es emocional, es Altamente divino.

El Perdón es una señal de madurez espiritual y madurez psicológica.

El Perdón es un costo que se paga para obtener paz interior. 

Mediante el Perdón, Soltamos las emociones de Ira, Miedo, Venganza y las ganas de “sacarte la piedra”.



POR QUÉ SIGUE DOLIENDO

A veces perdonamos y la herida sigue doliendo. No es porque no hemos perdonado, es porque la cicatrización de las heridas profundas, sana de adentro hacia afuera. Y son más lentas que las superficiales. El Perdón está hecho, pero la cicatrización se da poco a poco.



El Perdón, nunca perderá vigencia. Siempre será un arma divina que tenemos para ser sanados y hacernos poderosos. 


SUCEDEN MUCHAS COSAS…
A nivel emocional, espiritual y aun físico. El Perdón te coloca por encima de la autoridad de tu ofensor.

“Bendecid a quienes os maldicen”. Cuando maldigo al que me maldice, me pongo en el mismo nivel espiritual que el y me hago esclavo de el. Pero cuando lo bendigo, me elevo sobre él. Nada me toca porque estoy arriba de mi ofensor.

El Perdón en un tipo de bendición, de “bien-decir”. Cuando perdonamos mostramos la fuerza  de nuestro ser espiritual.

ILUSTRACIÓN:
En la Alemania dividida, la Alemania Oriental, llenó cientos de camiones de toneladas de basura y se la echó del lado de la Alemania Occidental, para demostrar su odio, amargura, por los alemanes de Occidente.

Días después, los Alemanes de Occidente llenaron cientos de camiones, con sabanas, frazadas, alimentos, fueron y los descargaron en la otra Alemania resentida. Pero en el Cargamento, incluyeron un cartel que decía: “CADA UNO DA DE LO QUE TIENE ADENTRO”.

El ofensor te venció con su ofensa una vez. Pero te vence dos veces cuando te niegas a perdonarlo. 

Cuando lo perdonas, lo derrotas para siempre.

DESATA A LAS PERSONAS
Cuando no perdono a alguien que me ha lastimado, a nivel espiritual, lo que sucede es que ato a esa persona a mi pie. Ahora camino con ella, voy a todos lados con ella, está atada a mí. Y si son muchos, los llevo a todos atados a mí mismo. Aunque nadie los ve, aunque nadie se de cuenta, camino con todos ellos. Llevo algunos atados a mis pies, otros a mis manos, otros a mi cuello.

Hebreos 12:1. “…despojémonos de todo peso…”.
Es una verdad universal. El PESO tienes que sacártelo de encima. De lo contrario, te cansas, te agotas, te sientes pesado, no avanzas.
Tienes que desatar. Cuando desatas, la persona ya no te controla, ya no te maneja, ya no te manipula.
“Perdón significa: Soltar a alguien…renunciar a mi derecho de arrastrarlo por la vida”.
Hebreos 12:15 “…Mira bien…que brotando alguna raíz de amargura…”

Las heridas no resueltas pueden tener una (raíz), o sea una vida interior propia Donde nadie ve. Aunque lo más grave de todo es que se deja de alcanzar la Gracia de Dios.

Cuando nos llenamos de resentimiento nos alejamos del piso de la gracia, nuestro fundamento. Nos autodescalificamos al perdernos Sus Gracias. Eso es literalmente una 'desgracia'.

[Historia de Filemón]. Pablo le dice -v. 22- "perdónalo". 
Sí. Los hombres y mujeres de Dios podemos hacer milagros y el Perdón es uno de ellos. Porque Perdonar es Milagroso.  Cuando perdonamos genuinamente soltamos a esa persona que nos lastimó; no esperamos nada de ella, ni siquiera disculpas, nada.  Sólo lo hacemos.

EL PERDÓN ALEJA DEL VINCULO TOXICO
Algo que ayuda a perdonar es que el que nos lastimó soltó su veneno sobre nosotros, su propia frustración, su propio dolor. Cuando no lo perdonamos, estamos reteniendo esa sustancia tóxica en nuestro sistema y terminamos intoxicados, envenenados.

Perdónalo, Suéltalo y aléjate. 

Si te siguen maltratando, aléjate. Si es tu pareja, busca ayuda.

EL PERDÓN tiene una herencia: La Paz y la Serenidad de Dios.

martes, 16 de febrero de 2016

Francisco de Fátima

Francisco de Fátima
un contemplativo del orden sacral del universo

1908 – 2008. El centenario del nacimiento del bienaventurado pastorcito de Fátima es una ocasión propicia para resaltar las virtudes de Francisco en cuanto místico consolador de Dios.

Tomás Agustín Correa

En mayo de 1946, la hermana Lucía, entonces religiosa dorotea, estuvo en Fátima para identificar los lugares históricos de las apariciones del ángel (1916) y de la Santísima Virgen (1917). En el sitio de los Valinhos (donde tuvo lugar la cuarta aparición de Nuestra Señora, en agosto) había un grupo de personas esperándola, entre ellas Tío Marto, el padre de Francisco y Jacinta. Éste, al verla, dijo con mucha alegría:
— ¡Qué linda moza te has vuelto! ¡Sí que valió la pena que vinieras al mundo! ¿Te acordarás de mi Jacinta y de mi Francisco?
— ¡Pero, tío, cómo no me voy a acordar!
— ¡Si estuviesen vivos, serían como tú!
— ¿Serían como yo? ¡Serían mejores que yo! Nuestro Señor, en esto, se equivocó. ¡Debía haber dejado acá a uno de ellos, y me dejó a mí! 1
Es difícil comparar las gracias
La hermana Lucía siempre tributó gran reconocimiento por las virtudes de sus primos Francisco y Jacinta, que Nuestra Señora llevó al Cielo, respectivamente el 4 de abril de 1919 y el 20 de febrero de 1920. La principal vidente recién comparecería delante de Dios el día 13 de febrero del 2005, cuando sus primos ya habían sido beatificados por Juan Pablo II durante su tercera peregrinación a Fátima, el 13 de mayo del año 2000.
Al conmemorarse el día 11 de junio de este año el centenario del nacimiento del Beato Francisco de Fátima (1908-2008), nada más justo que Tesoros de la Fe consagre un artículo resaltando las cualidades de alma y las gracias especialísimas con que fue favorecido este privilegiado del Cielo, ¡de quien la hermana Lucía señalaba que había tomado enteramente en serio el Mensaje de Nuestra Señora, y que habría sido mejor que ella!
No nos cabe deslindar cuál de las gracias concedidas a uno y a otro de los videntes fue mayor; y menos aún si la correspondencia a la gracia fue mayor en uno que en otro; nos cabe tan sólo describirlas, para que tomemos a los bienaventurados videntes como referencia, y así nuestra correspondencia personal al Mensaje de Fátima sea la mayor posible, según los designios de la Providencia para cada uno de nosotros.
Vidente inmerecidamente olvidado
Las personas que están al corriente de la historia de las apariciones de Fátima —y suponemos que el lector esté entre en esas condiciones— sabe que la Hna. Lucía veía, oía y hablaba con la Santísima Virgen; Jacinta veía y oía; Francisco veía, no obstante no oía ni hablaba. Por eso, tomaba conocimiento de lo que Nuestra Señora decía a través de las otras dos videntes.
Aquí se nota desde luego que la Santísima Virgen estableció una jerarquía entre ellos. Ese hecho llevó a que muchos colocasen la figura de Francisco un tanto de lado, como el menos favorecido de los videntes. Pero ese olvido es inmerecido, pues no considera que el favor de estar allí y ver a Nuestra Señora ya indica un privilegio altísimo, al cual Francisco correspondió admirablemente, como veremos en seguida.
Contemplación sacral de las obras de Dios
El P. Fernando Leite S.J. escribió un bello libro 2 sobre el Beato Francisco. En él dice el sacerdote jesuita:
“Esta pequeñita alma de poeta [Francisco], este carácter bondadoso, este corazón sensible, este contemplativo en embrión amaba todas las cosas. Comprendía que todas son obras de Dios, que después de crearlas las contempló con una mirada complaciente y vio que «todas eran muy buenas» (Gen. 1,31). Él vivía el pensamiento expresado por Cristo a Santa Catalina de Siena: «Yo quiero que tú seas enamorada de todas las cosas, porque todas son buenas, perfectas y dignas de ser amadas, pues todas, excepto el pecado, brotan de la fuente de mi bondad»”.3
Numerosos son los maestros de la doctrina católica que muestran cómo la contemplación de las cosas creadas eleva hasta Dios, porque todas ellas contienen en sí un reflejo de las perfecciones divinas, que la mirada humana percibe y el alma admira, y así es conducida a Dios. Se puede hablar aquí de una contemplación sacral del orden del universo.
Así, por ejemplo, los pequeños videntes se referían a las estrellas como las lámparas de los ángeles, a la Luna como la lámpara de Nuestra Señora, y al Sol como la lámpara de Nuestro Señor. En sus Memorias, la hermana Lucía menciona el hecho:
Francisco “iba con nosotras a la vieja era a jugar mientras esperábamos que Nuestra Señora y los ángeles encendieran sus lámparas. Se animaba también a contarlas, pero nada le encantaba tanto como la bonita salida y puesta del Sol. Mientras pudiera divisar alguno de sus rayos, no investigaba si ya había alguna lámpara encendida.
— «Ninguna lámpara es tan bonita como la de Nuestro Señor», decía él a Jacinta que prefería la de Nuestra Señora porque, decía ella, «no hace daño a los ojos».
Y entusiasmado seguía con la vista todos los rayos que, reflejándose en los cristales de las casas de las aldeas vecinas, o en las gotas de agua esparcidas en los árboles o arbustos de la sierra, los hacían brillar como otras tantas estrellas, a su modo de ver, mil veces más bonitas que las de los ángeles”.4
Por eso, el retrato espiritual que de él traza el P. Fernando Leite es perfecto:
“Francisco se nos presenta como una de esas almas interiores, muy sensibles, de índole contemplativa, que no gustan del bullicio, más amigas de pensar que de hablar, más propensas a oír que a manifestarse, más propensas a estar quietas que a moverse. En casa y dentro de un círculo restringido se sienten bien y son hasta expansivas. Fuera de sus amigos o del ambiente familiar, se cierran discretamente a todo lo que no les interesa, detestando los grandes apretujamientos y las exterioridades. Más tarde [después que comenzaron las apariciones de la Santísima Virgen], veremos a Franciscoaislarse en los montes para meditar y contemplarsosegadamente o huir a la iglesia a fin de estar solo con Jesús.5
En esta última frase, el P. Leite se refiere al tiempo —después de las apariciones— en que Francisco acompañaba a Lucía hasta la escuela, donde ésta iba a aprender a escribir, conforme la orden de la Santísima Virgen. Decía él a su prima: “Mira, ve tú, yo me quedo aquí en la iglesia con Jesús escondido. No vale la pena que vaya a la escuela porque de aquí a poco me voy al Cielo. Al salir, me llamas”.6
Gracias místicas del más elevado grado
El P. Joaquín María Alonso C.M.F. —sacerdote claretiano que, por designación del obispo de Leiría, trabajó desde 1966 hasta su muerte, en diciembre de 1981, en la edición crítica de los documentos referentes a las apariciones de Fátima— concuerda fundamentalmente con el P. Leite. Y va más allá.
Tratando de remediar el olvido inmerecido al que fue relegado Francisco, le consagra un capítulo especial en su obra póstuma poco divulgada, pero preciosa, titulada Doctrina y espiritualidad del mensaje de Fátima. El título del capítulo ya lo dice todo: Francisco, el extático contemplativo.7
El P. Alonso opina que la percepción mística de Francisco era del más alto grado y, por eso, “la propia visión del infierno no lo impresionó tanto, ciertamente porque contempló el misterio de la iniquidad a la luz superior de la contemplación mística.8
Continúa el P. Alonso: “La percepción mística de Francisco estaba toda subordinada al fenómeno que Lucía llama el reflejo”,9 que se daba durante las apariciones, en el cual los videntes se veían como que sumergidos en Dios, y que provocó el siguiente comentario de Francisco: “Esta gente se queda tan contenta sólo porque les decimos que Nuestra Señora mandó rezar el rosario y que fueses a la escuela. ¡Qué sería si supiesen lo que Ella nos mostró en Dios, en su Inmaculado Corazón, en esa luz tan grande! Pero eso es secreto, no se cuenta. Es mejor que nadie lo sepa”.10 La hermana Lucía explica: “Lo que más le impresionaba y absorbía era Dios, la Santísima Trinidad en aquella luz inmensa que nos penetraba en lo más íntimo del alma”.11
Así, “todo nos lleva a la conclusión —comenta el P. Alonso— de que la percepción mística de Francisco era de la más alta calidad entre las gracias místicas. Los efectos, que Lucía llamaba íntimos, producidos en los videntes por las apariciones, en Francisco se producían por simple visión intelectual. De ahí su inefabilidad”.12
De donde la osada afirmación del P. Alonso, de que las “visiones intelectuales altísimas”, concedidas a Francisco, fueron “mucho más perfectas místicamente que las que experimentaron Jacinta y Lucía”.13
Si bien que no precisamos necesariamente concordar con esa valoración de las gracias concedidas a los videntes, ella en todo caso indica que Francisco no fue un participante apagado delaffaire Fátima, sino un protagonista con un papel muy especial, que el P. Alonso se complace en desmenuzar en seguida.
La prioridad de Francisco: consolar a Jesús
Observa el P. Alonso 14“Lucía resaltó bien las diferencias entre la espiritualidad de Francisco y la de Jacinta, en lo que se refiere a la comprensión mística, inteligencia, carácter, etc., y sobre todo en lo que se refiere a la práctica de la reparación, diciendo: «Mientras Jacinta parecía preocupada con el único pensamiento de convertir a los pecadores y librar a las almas del infierno, él sólo parecía pensar en consolar a Nuestro Señor y a Nuestra Señora que estaban tan tristes» 15.”
Sor Lucía narra también la siguiente conversación:
“Un día le pregunté:
— Francisco, ¿qué te gusta más, consolar a Nuestro Señor o convertir a los pecadores para que no vayan más almas al infierno?
— Me gusta más consolar a Nuestro Señor. ¿No te diste cuenta cómo Nuestra Señora, todavía en el último mes, se puso tan triste cuando dijo que no ofendieran más a Nuestro Señor que ya estaba muy ofendido? Yo querría consolar a Nuestro Señor y después convertir a los pecadores para que no le ofendan más”.16
Le era tan clara la prioridad espiritual de consolar a Dios, que a todo propósito la explicitaba. La hermana Lucía cuenta que, cuando ya estaba enfermo, ella “entraba con Jacinta a su cuarto y nos dijo:
— Hoy hablen poco que me duele mucho la cabeza.
— No te olvides de ofrecerlo por los pecadores, le dijo Jacinta.
— Sí, pero lo ofrezco primero para consolar a Nuestro Señor y a Nuestra Señora; y después lo ofrezco por los pecadores y por el Santo Padre”.17
Aún en las vísperas de morir, Francisco le dijo a Lucía:
Tumba de Francisco
— “Estoy muy mal; me falta poco para ir al Cielo.
— Ve, pero no te olvides allí de pedir mucho por los pecadores, por el Santo Padre, por mí y por Jacinta.
— Sí, pediré; pero mira, prefiero que pidas esas cosas a Jacinta, porque yo tengo miedo de que se me olvide en cuanto vea a Nuestro Señor. Sobre todo quiero consolarle a Él”.18
De donde concluye el P. Alonso:
“La contribución de Francisco al Mensaje de Fátima no se da principalmente en el orden apologético. [...] Su importancia proviene de su experiencia inefable de la consolación de Dios, del carácter absolutamente original de su espiritualidad «teocéntrica»; es decir, dirigida primero y antes que todo a restituir a Dios la gloria perdida por el pecado, y sólo después a la salvación de las almas. Esta lección es importante en tiempos en que una actitud horizontalista está haciendo perder el equilibrio, en favor de un antropocentrismo fuera de órbita. Y ahí está la verdadera contribución espiritual de Francisco. Será necesario, por lo tanto, no solamente sacarlo del olvido en que fue mantenido, sino también darle la importancia primordial que tiene, en el interior del Mensaje de Fátima”.19
“Qué luz tan bonita, allí, junto a nuestra ventana”
Ciertamente por eso fue premiado con una visión celestial poco antes de morir. Narra el P. Fernando Leite S.J.:
“Muy temprano, el 4 de abril de 1919, Francisco exclamó:
— «¡Oh madre, qué luz tan bonita, allí, junto a nuestra ventana!»
Y después de algunos minutos de dulce arrobo:
— «Ahora ya no veo».
Poco tiempo después, su rostro se iluminó con una sonrisa angelical y hacia las diez horas de la mañana sin agonía, sin una contracción, sin un gemido, expiró dulcemente”.20
Es lícito suponer que fue el propio Dios —que es luz infinitamente bella— que así se manifestó en el postrero momento al confidente de la Virgen.
Los santos son especiales intercesores de las gracias afines a su escuela espiritual: pidamos al beato Francisco de Fátima que nos obtenga una participación de su deseo jamás desmentido, de consolar a Nuestro Señor y a la Santísima Virgen. Consolación que daremos a Dios aceptando valientemente todos los sufrimientos y disgustos que provengan de nuestra oposición valerosa a este mundo de nuestros días, ¡que se levanta orgullosamente —pero, al final, en vano— contra todos los mandamientos de la ley de Dios!     
Notas.-
1. Cf. Sebastião Martins dos ReisLa vidente de Fátima dialoga y responde sobre las apariciones, Editorial Franciscana, Braga, 1970, p. 123.
2. P. Fernando Leite  S.J.Francisco de Fátima, Editorial A. O., Braga, 4ª ed., 1986, 168 pp.
3. Carta de Santa Catalina de Siena a una abadesa, apud Fray Enrique Fernández  O.P.Una Madre Santa de nuestro tiempo, Editorial Fides, Salamanca, 2ª ed., p. 218; P. Leite, op. cit., pp. 17-18.
4. IV Memoria, pp. 99-100 — nuestras citaciones de las Memorias de la Hermana Lucía son extraídas de la obra del P. Antonio María Martins  S.J.El futuro de España en los documentos de Fátima, Madrid, 1989.
5. P. Leite, op. cit., p. 21.
6. IV Memoria, p. 115.
7. P. Joaquín María Alonso  C.M.F.Doctrina y espiritualidad del mensaje de Fátima, Arias Montano, Madrid, 1990, pp. 113-129.
8. P. Alonso, op. cit., p. 122.
9. P. Alonso, op. cit., p. 123.
10. IV Memoria, p. 106.
11. Idem, p. 107.
12. P. Alonso, op. cit., p. 121.
13. P. Alonso, op. cit., p. 127.
14. P. Alonso, op. cit., p. 126.
15. IV Memoria, p. 116.
16. Idem, p. 115.
17. Idem, p. 116.
18. Idem, p. 122.
19. P. Alonso, op. cit., pp. 128-129.
20. P. Leite, op. cit., p. 154.

Fuente: http://www.fatima.org.pe/

jueves, 11 de febrero de 2016

Los orígenes de Lourdes

Maravillosa lección en los orígenes de Lourdes

Novena y Medalla de la Salud de la Virgen de Lourdes
Un misterioso designio envuelve a los lugares que Dios reserva para grandes acontecimientos futuros. Lourdes es uno de ellos. Pocos recuerdan que en el siglo VIII había allí una ciudadela mahometana que tenía por emir a un tal Mirat, feroz seguidor de Mahoma. 

El año 778, Carlomagno, rey de los francos, sitió la fortaleza. El sarraceno se resistió, y en pleno asedio envió de regalo al gran Carlos una enorme trucha, prueba de su capacidad para soportar el sitio. Según la leyenda, un águila gigante dejó caer al pez en la plaza del castillo



Pida aquí la Novena y la Medalla de la Salud 
Ciudadela de Lourdes


En vista del pez, y apremiado por otros frentes de batalla, Carlos decidió levantar el sitio. Pero Turpin, el combativo arzobispo de Puy-en-Velay, se presentó con mitra y báculo episcopal, armado de coraza y espada, ante el orgulloso Mirat. Lo increpó por su engaño y lo intimó a que se rindiera. El sarraceno respondió que había jurado por Alá jamás entregar sus armas a otro combatiente. 

Pida aquí la Novena y la Medalla de la Salud
El ingenioso arzobispo le propuso, entonces, capitular a los pies de una bella dama llena de bondad, reina del Cielo, a quien hasta el gran Carlos obedecía: la Santísima Virgen. Y el milagro moral se operó: el musulmán se hizo cristiano. Fue bautizado como Lorus, de donde proviene el nombre Lourdes. Entregó sus armas en el santuario de Nuestra Señora de Puy-en-Velay y dedicó el resto de su vida al comando de la fortaleza; uno de los primeros feudos personales de la Santísima Virgen. 


En recuerdo del hecho, hoy el blasón de la ciudad de Lourdes ostenta un águila negra con una trucha plateada en el pico. 

Una maravillosa lección para nuestra época amenazada por el Islam

Fuente: http://www.fatima.org.pe

miércoles, 10 de febrero de 2016

Pecados contra el Espíritu Santo


LOS IMPERDONABLES PECADOS CONTRA EL ESPÍRITU
 SANTO Y LA MISERICORDIA DE DIOS

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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1. AL QUE LA DIGA CONTRA EL ESPÍRITU SANTO, NO SE LE PERDONARÁ

En los Evangelio Sinópticos, es decir Marcos, Mateo y Lucas, se nos dice que hay un pecado y blasfemia que no tendrá perdón nunca, ni en este mundo ni en el otro, ¿cuál es este pecado tan grave y que hay de verdad que nunca podrá ser perdonado?

Evangelio de san Marcos: “Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno”  (Marcos 3,28-29)

Evangelio de san Mateo: “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Por eso os digo: Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro”. (Mateo 12, 30-32)

Evangelio de san Lucas: “A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará”. (Lucas 12, 10)

Estas sentencias, corresponden a una respuesta del Señor a los fariseos, y el punto es si es para atemorizarlos o exhortarlos a que no se blasfeme contra el Espíritu Santo, dada la gravedad que está implícita en esta falta. Porque por otra parte, sabemos que nuestro Padre Dios perdona nuestros pecados, así lo afirma el Hijo: “Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial”, (Mt 6,14) y más adelante nos dice Jesús: “Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados”  (Mt 9, 6). Entonces porque esta obstinación de los Evangelios Sinópticos?,  o porque al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro?. La respuesta no parece tan sencilla, en especial para aquellos que no poseemos un estudio teológico tan afinado. Lo que queda claro, -como lo propone San Agustín, sermones, 71- es que el Señor nos pide, no mostrarnos rebelde al don del Espíritu Santo, por cuyo don se opera el perdón de los pecados.

2. REFLEXION DEL TEXTO BIBLICO

Se lo denomina “blasfemia” (Mt-Lc) o “pecado” (Mc) contra el Espíritu. Añadiéndose por los tres sinópticos que no será perdonado. ¿Por qué esto? ¿Cuál es su naturaleza? Está acusada en el contexto mismo, en el versículo de Mateo 12,24: “Mas los fariseos, al oírlo, dijeron: Este no expulsa los demonios más que por Belcebú, Príncipe de los demonios”.  Ante la expulsión de un demonio por Jesús, los fariseos atribuían este poder del Señor al Príncipe de los demonios, es decir al diablo; atribuían el bien al mal; atribuían la acción de Dios por facultad y obra del Espíritu Santo a una a acción satánica. En estas condiciones, el pecado contra el Espíritu Santo, es imperdonable por su misma naturaleza, aunque no en absoluto, pues Dios puede cambiar el corazón del hombre que por un instante piense y luego llevarlo por caminos  de rectitud y a una condición de perdón. Así nos relata Lucas en los Hechos de los Apóstoles, donde muchos que fueron fariseos, se convirtieron después de la resurrección de Cristo, y el mismo Pedro dice: “pero a mí me ha mostrado Dios que no hay que llamar profano o impuro a ningún hombre”  (Hechos 10,28)

En muchos casos la redacción en la Biblia expresa con extremismo algunas sentencias, como la de Mateo: “pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro”, que en cualquier caso significa nunca, pero por otra parte el mismo Mateo, igual como lo expresa Lucas, dice previamente; “Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará”. Esta contraposición no está en el Evangelio de Marcos. Entonces cual es la diferencia entre el pecado contra el Hijo del hombre en contraposición al del Espíritu Santo? El primero un pecado de ignorancia; el otro, de malicia y desprecio a Dios.

Antonio Royo Marín, O.P., en su Libro Teología Moral para Seglares (BAC), nos aclara sobre este pecado: “Los pecados contra el Espíritu Santo son aquellos que se cometen con refinada malicia y desprecio formal de los dones sobrenaturales que nos retraerían directamente del pecado. Se llaman contra el Espíritu Santo porque son como blasfemias contra esa divina persona, a la que se le atribuye nuestra santificación”.

Cristo calificó de blasfemia contra el Espíritu Santo la calumnia de los fariseos de que obraba sus milagros por virtud de Belcebú (Mt. 12,24-32). Era un pecado de refinadísima malicia, contra la misma luz, que trataba de destruir en su raíz los motivos de credibilidad en el Mesías.

3. NÚMERO (CANTIDAD) Y DESCRIPCIÓN DE LOS PECADOS CONTRA EL ESPÍRITU SANTO

En realidad, los pecados contra el Espíritu Santo no pueden reducirse a un número fijo y determinado. Todos aquellos que reúnan las características que acabamos de señalar, pueden ser calificados como pecados contra el Espíritu Santo. Pero los grandes teólogos medievales suelen enumerar los seis más importantes, la desesperación, la presunción, la impugnación, la envidia del provecho espiritual del prójimo,  la obstinación en el pecado y  la impenitencia deliberada, que se detalla a continuación:

La desesperación. Entendida en todo su rigor teológico, o sea, no como simple desaliento ante las dificultades que presenta la práctica de la virtud y la perseverancia en el estado de gracia, sino como obstinada persuasión de la imposibilidad de conseguir de Dios el perdón de los pecados y la salvación eterna. Fue el pecado del traidor Judas, que se ahorcó desesperado, rechazando con ello la infinita misericordia de Dios, que le hubiera perdonado su pecado si se hubiera arrepentido de él.

La presunción. Que es el pecado contrario al anterior y se opone por exceso a la esperanza teológica. Consiste en una temeraria y excesiva confianza en la misericordia de Dios, en virtud de la cual se espera conseguir la salvación sin necesidad de arrepentirse de los pecados y se continúa cometiéndolos tranquilamente sin ningún temor a los castigos de Dios. De esta forma se desprecia la justicia divina, cuyo temor retraería del pecado.

La impugnación de la verdad conocida. No por simple vanidad o deseo de eludir las obligaciones que impone, sino por deliberada malicia, que ataca los dogmas de la fe suficientemente conocidos, con la satánica finalidad de presentar la religión cristiana como falsa o dudosa. De esta forma se desprecia el don de la fe, ofrecido misericordiosamente por el Espíritu Santo, y se peca directamente contra la misma luz divina.

La envidia del provecho espiritual del prójimo. Es uno de los pecados más satánicos que se pueden cometer, porque con él -no sólo se tiene envidia y tristeza del bien del hermano, sino de la gracia de Dios, que crece en el mundo- (Santo Tomás). Entristecerse de la santificación del prójimo es un pecado directo contra el Espíritu Santo, que concede benignamente los dones interiores de la gracia para la remisión de los pecados y santificación de las almas. Es el pecado de Satanás, a quien duele la virtud y santidad de los justos.

La obstinación en el pecado. Rechazando las inspiraciones interiores de la gracia y los sanos consejos de las personas sensatas y cristianas, no tanto para entregarse con más tranquilidad a toda clase de pecados cuanto por refinada malicia y rebelión contra Dios. Es el pecado de aquellos fariseos a quienes San Esteban calificaba de “duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros siempre habéis resistido al Espíritu Santo” (Hech 7,51).

La impenitencia deliberada. Por la que se toma la determinación de no arrepentirse jamás de los pecados y de resistir cualquier inspiración de la gracia que pudiera impulsar al arrepentimiento. Es el más horrendo de los pecados contra el Espíritu Santo, ya que se cierra voluntariamente y para siempre las puertas de la gracia. “Si a la hora de la muerte—decía un infeliz apóstata—pido un sacerdote para confesarme, no me lo traigáis: es que estaré delirando”.

4. "CREO EN EL PERDÓN DE LOS PECADOS"

Es doctrina de fe, es lo que se nos ha enseñado y a lo cual estamos convencidos de esto, es en el poder de la Iglesia para perdonar todos los pecados, así es que rezamos en nuestra profesión de fe: “creo en el perdón de los pecados”. Al dar el Espíritu Santo a su Apóstoles, Cristo resucitado les confirió su propio poder divino de perdonar los pecados: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos" (Jn 20, 22-23).

La Iglesia: “ha recibido las llaves del Reino de los cielos, a fin de que se realice en ella la remisión de los pecados por la sangre de Cristo y la acción del Espíritu Santo. En esta Iglesia es donde revive el alma, que estaba muerta por los pecados, a fin de vivir con Cristo, cuya gracia nos ha salvado” (San Agustín, Sermón 214, 11).

Destaca nuestro Catecismo Católico: “No hay ninguna falta por grave que sea que la Iglesia no pueda perdonar. "No hay nadie, tan perverso y tan culpable que, si verdaderamente está arrepentido de sus pecados, no pueda contar con la esperanza cierta de perdón" (Catecismo Romano, 1, 11, 5). Cristo, que ha muerto por todos los hombres, quiere que, en su Iglesia, estén siempre abiertas las puertas del perdón a cualquiera que vuelva del pecado (cf. Mt 18, 21-22)” CIC 982.

“Dice san Agustín: “Si en la Iglesia no hubiera remisión de los pecados, no habría ninguna esperanza, ninguna expectativa de una vida eterna y de una liberación eterna. Demos gracias a Dios que ha dado a la Iglesia semejante don” (San Agustín, Sermón 213, 8, 8).

5. ENTONCES, ¿ES ABSOLUTAMENTE IMPERDONABLE ESTE PECADO?

Un aspecto que me parece importante reflexionar, es sobre los convertidos y, los paganos que por no conocer o no tener claridad, o empujados por otros, ofendieron al Espíritu Santo, los mismos judíos que sabían del Espíritu Santo, pero negaron la presciencia de éste en Cristo,  o en la misma Iglesia, o los que niegan que el Espíritu Santo sea la tercera persona de la Trinidad, pero luego al estar en conocimiento de la verdad, ¿acaso, deben estos ser abandonados y considerados como no tienen la posibilidad de salvación?, como dice el Señor: “no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane. (Mt 13, 15)

Entonces, ¿es absolutamente imperdonable este pecado? A pesar de que en el Evangelio se nos dice que: “al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro”. (Mt 12, 30-32), no hay que interpretar rectamente estas palabras. No hay, ni puede haber un pecado tan grave que no pueda ser perdonado por la misericordia infinita de Dios si el pecador se arrepiente debidamente de él en este mundo. Como lo expresa Lucas: “Arrepentíos, pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados”  (Hechos 3,19). Pero, como precisamente el que peca contra el Espíritu Santo rechaza la gracia de Dios y se obstina voluntariamente en su maldad, es imposible que, mientras permanezca en esas disposiciones y sin arrepentirse, se le perdone su pecado. Lo cual no quiere decir que Dios le haya abandonado definitivamente y esté decidido a no perdonarle.

6. LA CONVERSIÓN Y VUELTA A DIOS NO ES IMPOSIBLE

El caso peor, es el hecho del pecador que no desea arrepentirse de haber blasfemado, entonces morirá obstinado en su pecado. Sin embargo, la conversión y vuelta a Dios de hombres malos no es absolutamente imposible, quizá para los hombres sí, pero la Misericordia de Dios siempre será un atractivo, esto es un misterio que solo lo podemos reconocer en nuestros propios corazones. Recordemos que Dios le habló a Caín al corazón, en un dialogo cariñoso e íntimo,  (Génesis 4, 6-7). En efecto, conforme al relato del Génesis, Dios se comporta como un Padre amoroso e invita a Caín a cambiar sus sentimientos y le anima a levantar el rostro abatido, y para eso solo debe obrar bien. Este es un gran detalle que se pone en los labios de Dios, que nos invita a oír la voz de la conciencia del hombre, esta es la voz de Dios que nos susurra y que nos advierte que no debemos actuar mal, es la voz que nos invita a tomar siempre un buen camino. Lo triste es que Caín no quiso oír la voz de Dios, reflejada en la de su conciencia, que le prevenía contra el pecado o crimen, y se decide a lo peor.

Hemos sido creados por Dios, por tanto la amistad con Él se encuentra en nuestro corazón, y lo mejor que podemos tener, es la maravillosa oportunidad de dialogar con toda confianza con El, y si le hemos ofendido, confiar en su misericordia. El Concilio Vaticano II nos lo dice con toda certeza: “La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador" (GS 19,1).

En uno de sus aforismos, la Beata Carmelita Isabel de la Trinidad nos dice: “Vivamos con Dios como con un amigo, tengamos una fe viva para estar en todo unidos a Dios” (H, 576).

Al Señor de la misericordia, que hizo todo los creado con su palabra, le pedimos que al juzgar, tengamos en cuenta su bondad y, al ser juzgados, confiemos es misericordia. (Cfr. Sabiduría 12,22)

El Señor nos bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Fuentes:
www.caminando-con-jesus.org
Biblia de Jerusalén
Catecismo Católico
Diccionario Teológico Ravasi
Antonio Royo Marín, O.P., en su Libro Teología Moral para Seglares    (BAC), pagina 267