domingo, 29 de marzo de 2015

ANTE UN CRUCIFIJO



I


Incienso, luz, armonía
Llevar quiero a tus altares,
¡Oh Dios! Que enfrenas los mares
Y enciendes de un beso el día:
Así, que mi alma te envía
Al altar del firmamento,
Como armonía un acento,
Lleno de santo fervor,
Como perfume el amor,
Como luz, el pensamiento.

II


Cuando ante ti reverente
A orar me postro de hinojos,
Asoma el llanto a mis ojos
Y lo infinito a mi mente:
Y siento sobre mi frente,
Nublada por el desvelo,
Bajar en callado vuelo
El hilo de luz fecundo,
Por donde vienen al mundo
Las bendiciones del cielo.

III


No pretendo comprenderte,
Ni llegar a definirte;
Tan solo aspiro a sentirte,
A admirarte y a quererte.
Quien vaya a ti de otra suerte,
Luchará con la impotencia;
Te busca la inteligencia
De los astros en el fondo,
¡Y tú habitas lo más hondo
Y oculto de la conciencia!

IV


Sin ternura y sin amor
La mente desatentada
Te busca en lo que anonada,
En lo que infunde terror:
En el rayo asolador,
En la batalla cruenta,
En el volcán que revienta,
En el esquilón que brama,
En el torrente, en la llama,
En la noche, en la tormenta.

V


Y el corazón te va a hallar
A donde ve sonreír,
Y hay que amar, y bendecir,
Y lágrimas que enjugar;
Y te mira palpitar,
Prestando vida y calor,
En cuanto respira amor,
En el iris, en la bruma,
En la aroma, en la espuma,
En el nido y en la flor.

VI



No te anuncia el huracán.
Ni del trueno el alboroto,
Como el sordo terremoto
La aparición del volcán.
Tus pasos por doquier van,
Difundiendo la alegría,
Nuncios de luz y armonía;
¡Que sólo la bella aurora
Puede ser la precursora
Del astro que enciende el día!

VII


Cuando los cielos escalas
Llevas soles por joyel,
Y te forman un dosel
Los ángeles con sus alas;
Los mundos te ofrecen galas,
Y tú los huellas triunfal,
Envuelto en leve cendal
Del color de los zafiros,
Y en música de suspiros
Y de liras de cristal.

VIII


Como en el yermo la palma,
Como el astro en el vacío,
Pones en la flor rocío
Y sentimiento en el alma.
Truecas la tormenta en calma,
Y en dulce sonrisa el lloro,
Y llevando tu tesoro
A donde el hombre el estrago.
Con flores de jaramago
El erial bordas de oro.

IX



Mas ¡ay! que mi fantasía
De pintarte forjó el sueño,
Y no te alcanza en su empeño
Por ser humana y ser mía;
Que si a ti sus alas guía,
Y cual la nube ondulando
Altiva se va ensanchando
Y a grandes alturas sube,
Al fin, como sólo es nube,
Se va al subir disipando.

X


¿Y ante ti cuál no se abruma,
Si la de más poderío
Tan sólo encierra el vacío
Como el crespón de la espuma?
¡Qué el filósofo presuma
Alcanzar tu majestad!
¡Qué te niegue la impiedad!
El pensamiento atrevido,
Como en el aire el sonido,
Se pierde en tu inmensidad.

XI


Si alguien quiere tu creencia
Arrojar del pensamiento,
Eres tú el remordimiento
Y te lleva en la conciencia;
Con ansia busca en la ciencia
Cómo empañar tu corona,
Mas la ciencia no le abona,
Y entre dudas y entre asombros
Ve que deshecha en escombros
Su Babel se desmorona..

XII


En vano te envuelve en luz 
Y te da pomposo nombre,
Cuando de ti sabe el hombre
No alcanza a más de la Cruz;
Y si extiende su capuz
La noche en su corazón,
Que no busque salvación
En sus abstracciones fijo,
Que mire hacia el crucifijo;
Allí está la redención.

XIII


Tú, Dios, formaste, al crear
Del universo el espacio,
Con un suspiro el espacio,
Con una lagrima el mar:
Y queriéndonos probar
Que quien te adora te alcanza,
Como señal de bonanza,
Has dibujado en el cielo
La aurora, que es el consuelo,
Y el iris, que es la esperanza.

XIV


Tu purísimo esplendor
El universo colora,
Como el beso de la aurora
Los pétalos de la flor;
Y si tu soplo creador
En el caos se derrama,
El mismo caos se inflama,
Y entre nubes y arreboles,
Brotan estrellas y soles,
Como chispas de la llama.

XV


Así, cuando nada era,
A tu voz jamás oída,
Tomó movimiento y vida
La naturaleza entera;
Surcó el río la pradera,
Dio la flor fragancia suma,
La luz disipó la bruma,
Y tu aliento soberano
La ola hinchó en el Océano
Y la coronó de espuma.

XVI


Mas con ser la suma esencia,
Es tu arrogancia humildad,
Tu riqueza caridad
Y tu justicia clemencia;
Pues quiso tu omnipotencia
Las flores por incensario,
El monte por santuario,
Por águilas golondrinas,
Por toda corona espinas,
Por todo trono el Calvario.

José Velarde

Este poema se publicó en la Ilustración Española y Americana el 22 de noviembre de 1877 y como podrá apreciar tiene algunas modificaciones cuando se publica en el libro

viernes, 27 de marzo de 2015

Virgen de Medjugorje: rezar los misterios Gloriosos del santo Rosario todos los días de Cuaresma, de rodillas y en familia

La Santísima Virgen pidió rezar los misterios Gloriosos del Santo Rosario todos los días, durante esta Cuaresma, de rodillas en familia. (Mensaje recibido por Vicka, el 10 de marzo de 2015, en San Giovanni Rotondo)


Hay una gran diferencia entre cómo reciben los mensajes de la Santísima Virgen la gente de Medjugorje y la mayoría de nosotros, y ello se pone de manifiesto en mensajes como éste. Recuerdo cuando, por los fines de los años ochenta, Mirjana risueñamente reconvenía a los italianos porque preguntaban porqué había que ayunar y porqué dos días. Ella decía “Ustedes hacen preguntas, nosotros no. Para nosotros es suficiente que lo haya pedido la Virgen para que lo hagamos sin cuestionarnos nada”. Me parece que muchos de nosotros, como aquellos peregrinos italianos a quienes se dirigía Mirjana, nos hemos preguntado: ¿por qué pide en Cuaresma rezar los misterios gloriosos y no los dolorosos? Y puestos en tren de preguntar caben otras cuestiones: por qué de rodillas y por qué en familia y hasta por qué todos los días que restan de la Cuaresma.

El porqué rezar el Rosario es, en cambio, evidente por ser la oración mariana por excelencia, su oración preferida y por la que acude intercediendo y atrayendo las gracias de Dios sobre nosotros. En el Rosario clamamos su intercesión cuando más de cincuenta veces repetimos “ruega por nosotros pecadores ahora…”

El Rosario es un compendio del Evangelio en el que vamos repasando la historia de la salvación contemplada desde el corazón de María. Es el rezo que tiene a Cristo en el centro, donde repetimos la oración que el Señor nos enseñó y lo que los Evangelios dicen de María, agregando a ello nuestra petición de su intercesión en el momento actual y a la hora de nuestra muerte. Es la oración que parte de nosotros hacia la Madre de Dios y de Ella al corazón de Cristo. De allí viene toda su eficacia porque es la oración nuestra que la Santísima Virgen hace suya ante su Hijo, que es Dios.

¿Por qué rezar los misterios gloriosos en Cuaresma, en familia y todos los días?

Ante todo es de suponer que al pedir rezar los misterios gloriosos no está por ello excluyendo otros misterios ni prácticas cuaresmales. Tal suposición es lógica porque desde los primeros años nos pide rezar el Rosario completo (los tres clásicos misterios) y aunque no lo repita, eso no ha cambiado. Por tanto nos está diciendo que de todos los misterios sean los gloriosos en especial los que hagamos de rodillas y en familia.

La respuesta del porqué en familia hay que buscarla en mensajes antiguos y repetidos. La Reina de la Paz siempre ha pedido y, toda vez que fuera posible, privilegiado la oración en familia, sea ésta la familia natural o la religiosa. La familia natural es la Iglesia doméstica, esa Iglesia que -en sitios como Medjugorje y en donde imperó o impera el comunismo o totalitarismos religiosos perseguidores del cristianismo- hizo y hace que preserve la fe. Además, como nunca antes de ahora, la familia está expuesta a todo tipo de ataques en este llamado mundo libre; y necesita defenderse con la oración, particularmente con el Rosario. San Juan Pablo II recordaba que “la familia que reza unida permanece unida”. Recordaba también el Santo Padre que la Iglesia recurrió al Rosario en momentos de peligro y de gran dificultad. Por el Rosario se conjuraron guerras y se ganaron batallas decisivas, baste recordar la de Lepanto contra los turcos. En Fátima, la Santísima Virgen pidió a los pastorcitos que rezaran el Rosario por la conversión de los pecadores y por la paz del mundo. En Medjugorje pidió rezar el Rosario completo (en la época los tres misterios) para la paz personal, familiar y del mundo.

¿Por qué de rodillas?

Porque el cuerpo también participa de la oración y de la adoración y el arrodillarse es gesto de humildad, haciéndonos pequeños ante Dios. Es también gesto de súplica intensa y penitente.

¿Por qué los misterios gloriosos?

Porque aún en medio de la dolorosa Pasión y Muerte de nuestro Señor nuestros ojos, los de la fe, deben estar siempre puestos en la victoria de la Resurrección, recordando que Jesucristo está vivo, glorioso y que es Dios Todopoderoso. En este pedido encontramos una similitud con la práctica actual del Via Crucis. Antiguamente el Via Crucis concluía en la decimocuarta estación, o sea en la sepultura del Señor. Luego se le agregó una decimoquinta, la de la Resurrección para que resulte evidente que la sepultura no es la última etapa sino la victoria definitiva del Señor sobre la muerte y el mal. La Resurrección ilumina todo el misterio de la salvación comenzado en la Encarnación.

Hay Resurrección porque antes hubo muerte y esa fue atravesada por el poder de Dios en Cristo Jesús. Esa es la Pascua del Señor, cuando pasa de este mundo al Padre. Por eso, nuestra mirada no debe apartarse de la meta y del mismo hoy del Señor glorioso y resucitado, que ha llamado a su Madre a la gloria, de donde Ella viene a completar nuestra rescate en este tiempo de la historia. Los misterios concluyen con la coronación de María, las letanías que siguen a la recitación del Santo Rosario con la invocación a la Reina de la Paz. Pues, así es como se presenta en Medjugorje, lo que nos indicaría la culminación de la historia de la salvación. O sea, el tan esperado triunfo del Corazón Inmaculado de María. Todo ello alimenta nuestra esperanza en tiempos que se vuelven cada vez más confusos y duros. Estos son los tiempos de la Madre de Dios.

Los gloriosos de rodillas significa clamar al Cielo por el triunfo del Corazón Inmaculado de María.

Todos los días.

Sí, todos los días para que tengamos siempre presente, en el tiempo fuerte que dura la Cuaresma, la victoria definitiva sobre el mal, especialmente cuando el mal y la persecución a los cristianos y a todo lo que es santo arrecian. A Satanás le queda poco tiempo y por eso está cada vez más agresivo y anda con menos sutilezas. Ante la patética realidad nuestra oración debe ser insistente, ferviente, movida desde la fe y la esperanza.

El Rosario que la Reina de la Paz nos pide es oración del corazón, ésa que parte de la humildad y pureza del corazón para elevarse a Dios. Es la oración con el corazón henchido de amor y de gratitud por el Señor que nos ama de amor eterno y por su Madre que viene hasta nosotros por amor, para conducirnos por el camino que lleva a su Hijo, a la gloria.

Que nuestras intenciones sean -como lo pidió el 9 de noviembre por medio de Vicka y a las puertas de Roma- por la Iglesia, porque “está muy necesitada de vuestras oraciones” y por el mundo, especialmente por las familias destruidas y atacadas y por los jóvenes desorientados y atrapados por el Enemigo, para que todos conozcan el amor de Dios.

Al día siguiente dio a la misma vidente este otro mensaje:

“Queridos hijos, los invito una vez más a rezar más y hablar menos, especialmente durante esta Cuaresma. Recen para que se lleve a cabo mi plan que aún está lejos de realizarse. Les pido especialmente orar por las familias y los jóvenes que se encuentran en una situación muy difícil. Los bendigo” (mensaje a Vicka en Monte Sant’Angelo, el 11 de marzo de 2015)

Luego la Virgen partió y, como siempre, saludó diciendo “Vayan en la paz de Dios”. Y mientras la Virgen desaparecía la vidente vio, como cada vez que se va, tres signos: la cruz, el corazón y el sol. Al comentar brevemente las palabras de la Virgen, Vicka subrayó que el plan de la Virgen está lejos de realizarse porque “las oraciones no llegan”.

Huelgan palabras, sobre todo cuando dice que mucho hablamos y poco rezamos. Si el plan de la Virgen está lejos de realizarse es porque no rezamos lo suficiente y no lo hacemos de veras con el corazón (por eso no llegan), recordando además que la oración no está sólo hecha de palabras sino sustentada por obras que la acompañen y sacrificios que se ofrezcan.

P. Justo Antonio Lofeudo

Fuente: virgendemedjugorje.org

miércoles, 25 de marzo de 2015

Corona Franciscana de los Siete Gozos de María


El Rosario franciscano
 
   San Francisco "circundaba de amor indecible a la Madre del Señor Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad y haber tenido misericordia de nosotros. En ella sobre todo, después de Cristo, ponía toda su confianza y por eso la hizo abogada suya y de sus hermanos. Ayunaba en su honor con gran devoción, desde la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo hasta la fiesta de la Asunción" (Buenaventura, Leyenda Mayor, 9,3).

       Los siete gozos de la Virgen es una devoción franciscana parecida al Rosario. Se remonta al siglo XV y está en el origen de la corona de siete misterios que muchos franciscanos y franciscanas llevan colgada en el cordón. Es una oración muy sencilla, asequible para todos los que desean honrar a la Virgen María, reviviendo con ella algunos misterios de la vida de su Hijo Jesucristo.

     La corona franciscana consta de 72 avemarías, con la meditación de las siete principales alegrías que la Virgen experimentó a lo largo de los 72 años que, según la tradición, duró su peregrinación por este mundo.

Introducción
- Dios mío, ven en mi auxilio.
- Señor, date prisa en socorrerme.

- Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Primer gozo - El ángel Gabriel anuncia a María el Nacimiento de Jesús.

- Lc 1,30-31.38 y reflexión

- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria


Oh María, Virgen de la escucha, tú eres la llena de gracia,
tú eres la humilde esclava del Señor. 
Tú has dado libremente tu sí al anuncio del ángel 
y te has convertido en madre del Hijo de Dios hecho hombre.
Enséñanos a decir siempre sí al Señor, aunque nos cueste.


Segundo gozo - María visita a su pariente Isabel

- Lc 1,39-42 y reflexión

 - Padre nuestro, 10 avemarías y gloria


Tú, María, madre del Señor, llevando a Jesús, que ha tomado cuerpo
en ti, vas a visitar con gozosa premura a la anciana prima Isabel,
para ponerte a su servicio. A tu saludo, su hijo es santificado 
por la presencia del Salvador. Enséñanos, Madre de Dios, 
a anunciar y llevar siempre a Jesús a los demás.


Tercer gozo - Jesús, Hijo de Dios, nace de la Virgen María.

- Lc 2,6-7 y reflexión

- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria


Oh María, madre siempre Virgen, en la pobreza de una cueva 
has dado a luz a Jesús, venido al mundo para nuestra salvación.
Tú adoras como Hijo de Dios al que has engendrado.
Guíanos por el camino de una fe viva en Jesús, nuestro Señor y Salvador.


Cuarto gozo - Unos magos de Oriente adoran al niño Jesús en Belén.

- Mt 2,1.11 y reflexión

- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria


Oh María, pobre y humilde de corazón, enséñanos a no juzgar,
sino a confiar únicamente en la misericordia de Dios,
que no hace distinción de personas. Porque, si nuestra fe 
no se traduce en obras, muchos "magos" nos irán por delante
en el reino de los cielos.


Quinto gozo - María y José encuentran al niño Jesús en el Templo.

- Lc 2,43.46.48-49 y reflexión


- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria


Oh María, Virgen del silencio, tú saltas de gozo al encontrar
a Jesús en el templo de Jerusalén, y adoras el misterio
del Hijo de Dios Creador, que en Nazaret vive obediente a sus criaturas.
Enséñanos a buscar siempre a Jesús y a vivir en su obediencia.


Sexto gozo - Jesús resucita victorioso de la muerte y se aparece a los suyos

- Hc 1,14; 2,1-4 y reflexión

- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria


Oh María, fuente del gozo, tú eres la madre del Señor resucitado.
Él es quien ha vencido la muerte. El es nuestra esperanza
en el camino de la vida. Enséñanos, María, a vencer la muerte del
egoísmo, para vivir en la resurrección del amor.


Séptimo gozo - María es elevada al cielo y coronada como reina y primicia de la humanidad redimida.

- Ap 11,19; 12,1 y reflexión

- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria


Oh María, Reina de los ángeles y de los santos, coronada 
de gloria y honor en el gozo sin fin del paraíso,
tú brillas delante de nosotros como estrella de la mañana.
Enséñanos, Madre, a caminar por el mundo con la mirada puesta
allá donde está el gozo auténtico y definitivo.



Letanías de nuestra Señora

Se recitan las Letanías Lauretanas u otras semejantes.


Saludo a la Virgen

 Se puede decir la Salve, o el siguiente Saludo de San Francisco:


Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios,
que eres Virgen hecha Iglesia,
y elegida por el Santísimo Padre del Cielo,
consagrada por él con su santísimo Hijo amado
y el Espíritu Santo Paráclito,
en la que estuvo y está toda la plenitud de la gracia, y todo bien.

Salve, palacio suyo; salve, tienda suya;
salve, casa suya, salve, vestidura suya; 
salve, sierva suya; salve, madre suya,
y todas vosotras, virtudes santas, que por la gracia y la iluminación
del Espíritu Santo sois infundidas en el corazón de los creyentes,
para que de infieles se vuelvan fieles a Dios.



Conclusión

Oremos: Oh Dios, que en la gloriosa resurrección de tu Hijo has devuelto la alegría al mundo entero, concédenos por intercesión de la Virgen María poder gozar de las alegrías sin fin de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

lunes, 23 de marzo de 2015

Cinco visitas a Jesús Sacramentado



Primera visita – En vuestra presencia estoy, Señor, como un mendigo: dadme de limosna una parte de vuestra gracia.

Padre nuestro, Ave y gloria.

Segunda visita – En vuestra presencia estoy, Señor, como un reo delante de su juez; tened piedad de mí, perdonadme.

Padre nuestro, Ave y gloria.

Tercera visita – En vuestra presencia estoy, Señor, como un criado delante de su amo; dadme el alimento espiritual de vuestro cuerpo y sangre, y el vestido de caridad que cubra todos mis pecados.

Padre nuestro, Ave y gloria.

Cuarta Visita - En vuestra presencia estoy, Señor, como un amigo ante otro amigo; estrechadme con el lazo de vuestro divino amor, tan apretadamente que nunca me separe de Vos.

Padre nuestro, Ave y gloria.

Quinta Visita - En vuestra presencia estoy, Señor, como un hijo delante de su padre; no me neguéis la herencia paternal del cielo.

Padre nuestro, Ave y gloria.

Otro Padre nuestro, Ave y Gloria por las intenciones del Sumo Pontífice.

(300 días de indulgencia cada vez)

Tomado de “Mi guía espiritual: Devocionario popular” ordenado por los Padres Claretianos o Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, 3era edición, Editorial Claretiana, 1941



jueves, 19 de marzo de 2015

LOS SIETE DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

 "A otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; el Glorioso San José, tengo experiencia,  que socorre en todas. Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no creyere y verá por experiencia cuan gran bien es recomendarse a ese glorioso Patriarca y tenerle devoción". 
                             (Sta. Teresa de Jesús)


Oración a san José, protector de las familias

Glorioso San José, protector, modelo y guía
de las familias cristianas: 
Te ruego protejas a la mía.
Haz reinar en ella el espíritu de fe y de religión, 
la fidelidad a los mandamientos de Dios y de la Iglesia, 
la paz y la unión de los hijos, 
el desprendimiento de los bienes temporales 
y el amor a los asuntos del cielo.
Dígnate velar sobre todos nuestros intereses.
Ruega al Señor que bendiga nuestra casa.
Otorga la paz a la familia, 
acierto a los hijos en la elección de estado.
Concede a todos los miembros de nuestra
familia y de todas las familias de la tierra, la
gracia de vivir y morir en el amor de Jesús y
de María. Amén.


SIETE DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ
 I
¡Oh castísimo esposo de María Santísima, glorioso San José!, así como fue grande la aflicción y la angustia de vuestro corazón en la perplejidad de abandonar a vuestra purísima Esposa, así fue de inefable la alegría de cuando el Ángel os reveló el soberano misterio de la Encarnación. Por este dolor y este gozo os pedimos que consoléis nuestra alma ahora y en nuestros últimos dolores con la alegría de una vida justa y de una santa muerte semejante a la vuestra, asistidos de Jesús y María.  

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…


II
!Oh felicísimo Patriarca, glorioso San José, que fuisteis escogido para padre adoptivo del Verbo humanado!, el dolor que sentisteis viendo nacer al Niño Jesús en tanta pobreza se trocó súbitamente en celestial alegría al oír la armonía de los ángeles y ver la gloria de aquella noche tan resplandeciente. Por este dolor y este gozo os suplicamos nos alcancéis que, después del camino de esta vida, vayamos a escuchar las alabanzas de los ángeles y a gozar de los resplandores de la gloria celestial.  

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…


III

¡Oh ejecutor obedientísimo de las leyes divinas, glorioso San José, la sangre preciosísima que el Niño Redentor derramó en la Circuncisión os traspasó el corazón; mas el nombre de Jesús os lo confortó, llenándole de alegría. Por este dolor y este gozo alcanzadnos que, quitando de nosotros todo pecado en esta vida, expiremos gozosos, con el nombre santísimo de Jesús en el corazón y en los labios.  

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…


IV
¡Oh fidelísimo Santo, que tomasteis parte en los misterios de nuestra Redención, glorioso San José!, si la profecía de Simeón sobre lo que Jesús y María habían de padecer os causó una pena mortal, os colmó también de un santo gozo anunciándoos la salvación y resurrección que de ahí se seguiría para innumerables almas. Por este dolor y este gozo, alcanzadnos que seamos del número de aquellos que por los méritos de Jesús y la intercesión de la Virgen Madre, han de resucitar gloriosamente.  

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria...


V

¡Oh vigilantísimo Custodio del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José!, ¡cuánto padecisteis en sustentar y servir al Hijo del Altísimo, particularmente cuando tuvisteis que huir a Egipto! Pero, ¡cuánto también gozasteis teniendo siempre con Vos al mismo Dios, y viendo derribarse por tierra los ídolos de los egipcios! Por este dolor y este gozo, alcanzadnos que teniendo lejos de nosotros al tirano infernal, especialmente con huir de las ocasiones peligrosas, caiga de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, y ocupados del todo en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para ellos y muramos felizmente.  

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…


VI
!Oh Ángel de la tierra, glorioso San José !, que admirasteis al Rey del Cielo sujeto a vuestras órdenes: si vuestro gozo al traerle de Egipto se turbó con el temor de Arquelao, tranquilizado después por el Ángel, vivisteis gozoso en Nazaret con Jesús y María. Por este dolor y este gozo, alcanzadnos que, libre nuestro corazón de temores nocivos, gocemos de la paz de la conciencia, vivamos seguros con Jesús y María, y muramos en su compañía.  

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…


VII

!Oh modelo de toda santidad, glorioso San José!, perdido que hubisteis, sin culpa vuestra, al Niño Jesús, le buscasteis, para mayor dolor, durante tres días, y al cabo os gozasteis con sumo júbilo al hallarlo en el templo entre los doctores. Por este dolor y este gozo os suplicamos entrañablemente intercedáis para que no nos suceda jamás perder a Jesús por culpa grave; mas si, por desgracia, lo perdiésemos, haced que lo busquemos con incansable dolor, hasta hallarlo favorable, sobre todo, en nuestra muerte, para ir a gozarle en el Cielo y cantar eternamente con Vos sus divinas misericordias.

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…



lunes, 9 de marzo de 2015

Novena al Espíritu Santo


¿Quién es el Espíritu Santo?


El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, que procede del Padre y del Hijo, quienes lo enviaron al mundo para vivificar y santificar a los hombres.

El nos santifica por medio de la gracia, de las virtudes y de sus dones.
Los dones del Espíritu Santo son disposiciones permanentes, infundidas por Dios, que hacen al hombre dócil, para seguir los impulsos del Espíritu Santo.

¿Cuáles son los dones del Espíritu Santo?

Los dones son: SABIDURÍA, ENTENDIMIENTO, CONSEJO, FORTALEZA, CIENCIA, PIEDAD, Y TEMOR DE DIOS.




Novena al Espíritu Santo


Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. 
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.


Oraciones para empezar todos los días


¡Dios mío! Dios de amor y de verdad. Autor de la santificación de nuestras almas, postrado humildemente ante vuestra soberana Majestad, detesto en la amargura de mi corazón todos mis pecados, como ofensas hechas a Vos, digno de ser amado sobre todas las cesas. ¡Oh bondad infinita!

¡Quién jamás os hubiera ofendido! Perdonadme, Señor, Dios de gracia y de misericordia, perdonadme mis continuas infidelidades; el no haber tenido valor para ejecutar cosa alguna buena, después que tantas veces vuestra misericordia y gracia me han solicitado, reprendido, amenazado e inspirado amorosamente.

Me pesa, me arrepiento de la ingrata correspondencia e indigna ceguedad con que he resistido incesantemente a vuestros dulces y divinos llamamientos. Mas propongo firmemente con vuestro auxilio de no ser ya rebelde a Vos, de seguir en adelante vuestras tiernas inspiraciones con suma docilidad. A este fin, alumbrad, oh fuente de luz, mi entendimiento, fortaleced mi voluntad, purificad mi corazón, arreglad todos mis pensamientos, deseos y afectos, y hacedme digno de gustar los frutos bienaventurados que vuestros dones producen en las almas que os poseen. Concededme las gracias que os pido en esta Novena, si han de ser para mayor gloria vuestra, y para que yo os vea, ame y alabe sin fin en vuestra gloria. Amén.


Invocación al Espíritu Santo


Ven a nuestras almas
¡ Oh Espíritu Santo!
y del cielo envía
de tu luz un rayo.

Ven, padre de pobres,
ven, de dones franco,
ven, de corazones
lucido reparo.

Ven, consolador,
dulce y soberano,
huésped de las almas,
suave regalo.

En los contratiempos
descanso al trabajo,
templanza en lo ardiente
consuelo en el llanto.

Santísima luz de
todo cristiano,
lo intimo del pecho,
llena de amor casto.

En el hombre nada
se halla sin tu amparo,
y nada haber puede
sin Ti, puro y santo.

Con tus aguas puras
lava lo manchado,
riega lo que es seco
pon lo enfermo sano.

Al corazón duro
doblegue tu mano,
y ablande las almas
que manchó el pecado.

Vuelve al buen camino
al extraviado,
y al helado enciende
en tu fuego santo.

Concede a tus fieles
en Ti confiados
de tus altos dones
sacro setenario.

Aumento en virtudes
haz que merezcamos,
del eterno gozo
el feliz descanso.
Amén.



Oraciones finales para todos los días
(excepto el último día)



Himno al Espíritu Santo

¡Ven, oh Creador Espíritu!
nuestras almas visitad,
los pechos, que Vos criasteis,
llene gracia celestial.

Pues sois Paráclito Espíritu,
Don del Padre celestial,
fuente viva, sacro fuego,
unción santa, espiritual.

En tus dones setiforrnes,
tu promesa paternal,
dedo eterno de Dios Padre
nuestras lenguas inflamad.

Ilustrad nuestros sentidos,
el corazón inflamad,
nuestros cuerpos, que son flacos,
con vuestra virtud armad.

Apartad los enemigos,
danos la divina paz
y siendo Vos nuestra guía
huyamos toda maldad.

Par Vos al Padre y al Hijo,
en esta vida mortal
conozcamos, y creamos
siempre tu Divinidad.

A Dios PADRE sea gloria,
al HIJO gloria inmortal
y al Espíritu PARÁCLITO
por toda la Eternidad.
Amén.

Oración


¡Oh Espíritu Santo! Divinísimo consolador de mi alma, fuego, luz y celestial ardor de los corazones humanos, si es para gloria de vuestra Majestad que yo consiga lo que deseo y pido en este día, dignáos concedérmelo benignamente; y sino dirigid mi petición, dándome las gracias que ha de ser para vuestra mayor gloria y bien de la salvación de mi alma. Amén.

Ahora cada uno se recogerá interiormente y pedirá la gracia que más necesite. Hecha la petición, se concluirá todos los días con antífona, verso, respuesta y oración siguientes:

Antífona

No os dejaré huérfanos, aleluya; voy y vengo a vosotros, aleluya; y se alegrará vuestro corazón, aleluya, aleluya.

V. Enviad, Señor, vuestro Santo Espirito, y serán creados.
R. Y renovaréis la faz de la tierra.

Oración

Oh Dios, que habéis instruido los corazones de los fieles con la ilustración del Espíritu Santo, dadnos el sentir rectamente con este mismo Espíritu, y gozar siempre de su consolación. Por Jesucristo Señor nuestro, tu Hijo, que vive contigo y reina en la unidad del mismo Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

A continuación,  rezar la oración del día que corresponda:


Día Primero

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Fuente viva de divinas aguas que, en la creación del mundo, santificasteis las inmensas que rodeaban el mundo y las aguas del Jordán en el bautismo de Jesucristo, Señor nuestro; yo os suplico que seáis en mi espíritu, tan árido y seco, la Sagrada fuente de aguas vivas, que jamás se agote y salte hasta la vida eterna; y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días.

Día Segundo

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Que haciendo sombra con vuestra virtud altísima a la purísima Virgen María, y llenándola al mismo tiempo de gracia, obrasteis de un modo inefable y omnipotente la obra infinita de la Encarnación del Verbo eterno, en el seno virginal de vuestra celestial Esposa: haced sombra a mi alma y concededme la gracia necesaria para que yo sea digno de recibir al mismo Verbo divino hecho hombre y sacramentado por mi amor, y también la especial que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra, y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días

Día Tercero

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Celestial paloma que, abriendo de par en par los cielos, bajasteis sobre Jesús ya bautizado en el Jordán, simbolizando: que desde cl momento en que tomó la naturaleza humana, habitaba en él la plenitud de la Divinidad; bajad sobre la mía pobre y miserable y llenadla del don de sabiduría de consejo, de entendimiento y fortaleza, de ciencia, piedad y temor de Dios; y dadme la gracia que pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días.

Día Cuarto

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Nube lúcida que haciendo en el Tabor sombra a Jesús transfigurado y glorioso, ilustrasteis aquel Santo monte, y amparasteis en su excesivo temor a los Apóstoles, comunicándoles después de la Ascensión de su Divino Maestro mucha luz, fervor y gracia; ilustrad, proteged y fecundad mi alma para que yo sea digno discípulo de Jesús, y dadme la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días.

Día Quinto

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Suave viento que llenó el Cenáculo y dio fuerza y valor a los corazones de cuantos os esperaban, orando fervorosamente unidos con una alma y un corazón: ocupad ¡oh Espíritu de vida y amor! toda la casa de mi pequeño espíritu, mí memoria, entendimiento y voluntad: y dadme la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días.

Día Sexto

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

Oh Espíritu Santo! Luz clarísima que ilustró el entendimiento de los santos Apóstoles, comunicándoles, como Sol divino, toda la luz que necesitaban para su perfección y para la conversión del mundo: llenad ¡oh luz beatísima! todos los senos tenebrosos de mi interior, para que os conozca y dé a conocer a todo el mundo; y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días.

Día Séptimo

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Sagrado fuego que apareciendo visible sobre los Apóstoles el día de Pentecostés, inflamasteis divinamente sus corazones para que, abrasados en vuestro amor, encendiesen después a todo el mundo en las mismas sagradas llamas: encended en vuestros santísimos ardores mi corazón helado, para que, abrasado mi espíritu en ellos, encienda en vuestro divino amor a cuantos tratare; y dadme la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días.

Día Octavo

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Llama ardiente de caridad que con el fuego de vuestro amor inflamando el corazón de los santos Apóstoles y de todos los hombres Apostólicos, les comunicasteis el don de lenguas para la conversión del mundo; inflamad sagrado fuego de amor a mi corazón y mi lengua para que siempre hable gobernado por vuestro Espíritu, y fervoroso en la caridad, inflame a todos para que observen fielmente vuestros divinos mandamientos; y dadme la gracia que pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y el Ave María en honor de la Santísima TRINIDAD, y terminar con la oraciones finales para todos los días.


Día Noveno

Comenzar con la oraciones preparatorias para todos los días.

¡Oh Espíritu Santo! Caridad esencial que, difundida en los corazones humanos, los divinizáis comunicándoles todas las divinas gracias que se incluyen en nuestros siete dones, y comprenden cuanto necesita la vida espiritual, propia de cada uno, y la que deseáis se comunique a todos los hombres: difundidlos, ¡oh Caridad santísima! en mi corazón tan pobre de vuestros siete dones, y que con ellos publique vuestras grandezas. ¡Oh Dios misericordioso! Vos, que antiguamente llenasteis en este dichoso día los pechos apostólicos de vuestra gracia, llenad los nuestros de vuestros divinos carismas, concedednos tranquilos tiempos, confirmad las gracias que os hemos pedido en esta Novena, si son para mayor gloria vuestra y bien de nuestras almas. Amén.

Después de esta oración, en lugar de la antífona, verso, respuesta y oración de todos los días, se dirán las siguientes:

Antífona para el día noveno: 
Hoy se completaron los días de Pentecostés, aleluya; hoy se reproducen los felices gozos, cuando el Espíritu Consolador bajó sobre sus Apóstoles, aleluya; hoy, rayando el resplandor del divino fuego, reposó el Espíritu Santo en forma de lenguas sobre ellos, aleluya; hoy les hace fecundos en palabras, les inflama de su amor y les llena de´ sus innumerables carismas, aleluya, aleluya.

V. Fueron todos llenos del Espíritu Santo, aleluya.
R. Y comenzaron a hablar en varias lenguas, aleluya.

Oración

Oh Dios, que habéis instruido en este día los Corazones de los fieles con la ilustración del Espíritu Santo, dadme el sentir rectamente con este mismo Espíritu, y gozar siempre de su consolación. Por Jesucristo Señor nuestro, tu Hijo, que vive contigo y reina en la unidad del mismo Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.